Mondoweiss
– 14/12/2020
Traducción del inglés:
Arrezafe
Los mismos líderes
europeos que hace unos años marcharon en París gritando "Je
suis Charlie", defendiendo los derechos inalienables de libertad
de expresión de los europeos blancos para ofender a los musulmanes,
insultando y ridiculizando a su Profeta, ahora están haciendo cola
para prohibir la libertad de expresión cuando la crítica se dirige contra
Israel.
MANIFESTANTES A
FAVOR DE JEREMY CORBYN REUNIDOS FRENTE A LA SEDE DEL PARTIDO
LABORISTA ANTES DE UNA REUNIÓN DEL COMITÉ EJECUTIVO NACIONAL SOBRE
SI ADOPTAR, EN SU TOTALIDAD, LA DEFINICIÓN DE ANTISEMITISMO DE LA
IHRA (ALIANZA INTERNACIONAL PARA EL RECUERDO DEL HOLOCAUSTO).
(CRÉDITO DE LA FOTO: BEN CAWTHRA / SIPA USA)
El periódico israelí
Haaretz ha publicado
esta semana un informe
extenso y fascinante que ofrece una instantánea inquietante del
clima político que emerge rápidamente en Europa sobre el tema del
antisemitismo. El artículo documenta una especie de reinado de
terror cultural, político e intelectual en Alemania desde que el
parlamento aprobó una resolución, el año pasado, que equipara el
apoyo a los boicots no violentos contra Israel, en solidaridad con
los palestinos oprimidos por Israel, con el antisemitismo.
El artículo se refiere a
Alemania, pero cualquiera que lo lea verá un fuerte paralelismo con
lo que está sucediendo en otros países europeos, especialmente el
Reino Unido y Francia.
Los mismos líderes
europeos que hace unos años marcharon por las calles de París
gritando "Je suis Charlie", defendiendo los derechos
inalienables de libertad de expresión de los europeos blancos de
ofender
a los musulmanes, insultando y ridiculizando a su Profeta, ahora
hacen cola para prohibir la libertad de expresión cuando se trata de
Israel, un estado que se niega a poner fin a su beligerante ocupación
de tierras palestinas. Los líderes europeos han demostrado
repetidamente que están dispuestos a aplastar la libertad de
expresión de los palestinos y de quienes se solidarizan con ellos
para evitar ofender a ciertos sectores de la comunidad judía.
La situación se reduce a
esto: los musulmanes europeos no tienen derecho a ofenderse por los
insultos a su religión, pero los judíos europeos tienen todo el
derecho a ofenderse por las críticas a un estado agresivo del Medio
Oriente con el que se identifican. Visto de otra manera, las
prioridades seculares perversas de la cultura dominante europea ahora
colocan la santidad de un estado militarizado, Israel, por encima de
la santidad de una religión con mil millones de seguidores.
Culpabilidad por
asociación
Esto ni siquiera es un
doble estándar. No puedo encontrar una palabra en el diccionario que
transmita la escala y el grado de hipocresía y mala fe involucradas.
Si el erudito judío
estadounidense Norman Finkelstein escribiera la continuación de su
apasionado libro The
Holocaust Industry, sobre el uso cínico del Holocausto para
enriquecer y empoderar a una organización judía a expensas de los
sobrevivientes reales del Holocausto, podría verse tentado de
titularlo La Industria del Antisemitismo.
En el clima actual en
Europa, que rechaza cualquier pensamiento crítico en relación con
amplias áreas de la vida pública, mi anterior observación bastaría
para ser denunciado por antisemita. Es por eso que el artículo de
Haaretz, mucho más valiente que cualquier cosa que se lea en un
periódico del Reino Unido o de Estados Unidos, no oculta lo que está
sucediendo en Alemania. Lo llama una "caza de brujas". Lo
que Haaretz viene a decir es que el antisemitismo ha sido politizado
y convertido en un arma, una conclusión evidente que en la
actualidad hará posible que te expulsen del Partido Laborista
británico, incluso si eres judío.
La historia de Haaretz
destaca dos desarrollos importantes en la forma en que el
antisemitismo ha sido, en palabras de intelectuales y líderes
culturales citados por el periódico, "instrumentalizado"
en Alemania.
Las organizaciones judías
y sus aliados en Alemania, como informa Haaretz, están armando
abiertamente el antisemitismo, no solo para dañar la reputación de
los críticos más duros de Israel, sino también para forzar a salir
del dominio público y cultural, mediante una especie de "culpa
asociada al antisemitismo", a cualquiera que se atreva a
criticar a Israel.
Las asociaciones
culturales, festivales, universidades, centros de investigación
judíos, centros de estudios políticos, museos y bibliotecas se ven
obligados a escudriñar el pasado de aquellos a quienes desean
invitar, no vaya a ser que las organizaciones judías locales
detecten la más mínima transgresión contra Israel. Eso ha creado
una atmósfera tóxica y paranoica que inevitablemente mata la
confianza y la creatividad.
Pero la psicosis es aún
más profunda. Israel, y todo lo relacionado con él, se ha
convertido en un tema tan inflamable –y que puede arruinar carreras
en un instante–, que la mayoría de las figuras políticas,
académicas y culturales en Alemania ahora prefieren evitarlo por
completo. Israel, como pretendían sus partidarios, se está
volviendo rápidamente intocable.
Un caso digno de
análisis, señalado por Haaretz, es Peter Schäfer, un respetado
profesor de estudios del antiguo judaísmo y cristianismo que se vio
obligado a dimitir como director del Museo Judío de Berlín el año
pasado. El crimen de Schäfer, a los ojos del establishment
judío de Alemania, fue que organizó una exposición sobre Jerusalén
que reflejaba las tres tradiciones religiosas de la ciudad,
incluyendo, claro está, la musulmana.
Inmediatamente fue
acusado de promover “distorsiones históricas” y denunciado como
“antiisraelí”. Un reportero del Jerusalem Post –periódico de
derecha que ha estado en connivencia
activa con el gobierno israelí para difamar a los críticos de
Israel– se puso en contacto con Schäfer mediante una serie de
provocadores correos electrónicos que incluían preguntas como:
"¿Aprendiste la lección equivocada del Holocausto?" y
"Los expertos israelíes me informan que usted difunde el
antisemitismo, ¿es eso cierto?"
Schäfer observa:
“La acusación de
antisemitismo es un garrote que permite dar un golpe mortal, y los
elementos políticos interesados en ello lo están utilizando, sin
duda… Poco a poco, el personal del museo entró en un estado de
pánico. Luego, por supuesto, también comenzamos a hacer
verificaciones de antecedentes. Cada vez más envenenada la atmósfera
y nuestro trabajo”.
Otra víctima destacada
de estas organizaciones judías declara a Haaretz:
“A veces uno piensa
si ir a tal conferencia o invitar a determinado colega, porque eso
significa que tendré que lidiar durante semanas con una tormenta de
mierda, tiempo que necesito para otras cosas porque a mí me pagan
como conferenciante. Hay un tipo de 'obediencia anticipada' o
'autocensura previa' ”.
Sacando los pies del tiesto
No hay nada inusual en lo
que está sucediendo en Alemania. Las organizaciones judías están
provocando estas "tormentas de mierda" –diseñadas para
paralizar la vida política y cultural de cualquiera que se involucre
en la más leve crítica de Israel– en los más altos niveles del
gobierno. ¿No me creen? Aquí está Barack Obama, explicando en su
reciente autobiografía sus esfuerzos como presidente de Estados
Unidos para frenar la expansión de los asentamientos ilegales de
Israel. Al principio, se le advirtió
que, o abandonaba o se enfrentaría a la ira del lobby de Israel:
“Los miembros de
ambos partidos estaban preocupados por cruzar los límites del Comité
de Asuntos Públicos de Israel Estadounidense (AIPAC). Aquellos que
criticaban en demasía la política israelí se arriesgaban a ser
etiquetados como 'antiisraelíes' (y posiblemente antisemitas) y a
enfrentarse a un oponente bien financiado en las próximas
elecciones”.
Cuando aún así Obama
siguió adelante en 2009 y propuso una modesta congelación de los
asentamientos ilegales de Israel:
“Los teléfonos de
la Casa Blanca comenzaron a sonar sin parar, los miembros de mi
equipo respondían llamadas de periodistas, de líderes de
organizaciones judías estadounidenses, de partidarios prominentes y
miembros del Congreso, todos preguntándo por qué nos metíamos con
Israel ... este tipo de presión continuó durante gran parte de 2009
".
Señala además:
"El ruido orquestado
por Netanyahu tuvo el efecto deseado de absorver nuestro tiempo,
ponernos a la defensiva y recordarme que las diferencias políticas
normales con un primer ministro israelí, incluso uno que presidía
un frágil gobierno de coalición, imponían un costo político que
no existía cuando traté con el Reino Unido, Alemania, Francia,
Japón, Canadá o cualquiera de nuestros otros aliados más
cercanos".
Sin duda, Obama no se
atreve a dejar por escrito todos sus pensamientos sobre el primer
ministro israelí, Benjamin Netanyahu, o los lobbistas
estadounidenses que trabajaban en su nombre. Pero las declaraciones
de Obama sí muestran que, incluso un presidente de Estados Unidos,
supuestamente la persona más poderosa del planeta, terminó
palideciendo ante este tipo de asalto implacable. Para el resto de
los mortales, probablemente el precio sea mucho más elevado.
Sin libertad de
expresión sobre Israel
Fue esta misma
movilización de presión organizada judía –orquestada, como
señala Obama, por Israel y sus partidarios en los EEUU y Europa–
lo que terminó dominando los cinco años de Jeremy Corbyn como líder
del Partido Laborista de Gran Bretaña, transformando, casi de la
noche a la mañana, a un buen y reconocido activista antirracista en
un antisemita.
Ésta es la razón por la
que su sucesor, Sir Keir Starmer, ha subcontratado parte de la
supervisión organizativa laborista sobre asuntos judíos e israelíes
a la muy conservadora Junta de Diputados de Judíos Británicos, como
queda patente en los 10 Compromisos de la Junta firmados por
Starmer”.
LA
JUNTA DE DIPUTADOS DE LOS JUDÍOS BRITÁNICOS "DIEZ PROMESAS
PARA PONER FIN A LA CRISIS DEL ANTISEMITISMO"
Es parte de la razón por
la cual Starmer recientemente expulsó a Corbyn del partido y luego
desafió
las demandas de sus miembros de que fuera reintegrado adecuadamente,
después de que Corbyn expresara su preocupación por la forma en que
las acusaciones de antisemitismo habían sido "urdidas por
razones políticas" para dañarlo a él y al Partido Laborista.
(Cabe señalar que el derechista Starmer estaba a su vez feliz de
utilizar el antisemitismo como pretexto para eliminar la agenda
socialista que Corbyn había tratado de recuperar para el Partido
Laborista). Es por eso que Starmer ha impuesto una prohibición
total a los electores militantes que discuten la suspensión de
Corbyn. Y es por eso que el secretario de educación del laborismo se
ha unido al partido conservador gobernante amenazando con privar de
sus fondos a las universidades si permiten la libertad de expresión
sobre Israel en el campus.
Dos tipos de judíos
Pero el artículo de
Haaretz plantea otra cuestión fundamental para comprender cómo
Israel y el establishment judío en Europa están politizando
el antisemitismo para proteger a Israel de las críticas. El
potencial talón de Aquiles de su campaña son los disidentes judíos,
aquellos que rompen con la supuesta línea de la “comunidad judía”
y crean un espacio en el que otros, ya sean palestinos u otros no
judíos, puedan criticar a Israel. Estos disidentes judíos sirven
para recordar que, por extremas que sean, las críticas a Israel no
deben ser tachadas de antisemitismo.
Sin embargo, Israel y las
organizaciones sionistas se han propuesto erosionar esa idea
promoviendo una distinción entre dos tipos de judíos: buenos judíos
(leales a Israel) y malos judíos (desleales a Israel).
Haaretz informa que a
funcionarios en Alemania, como Felix Klein, el comisionado de
antisemitismo del país, y Josef Schuster, presidente del Consejo
Central de Judíos en Alemania, se les permite definir no solo quién
es antisemita, por lo general apoyándose en Israel como referente,
sino que también determinan quiénes son buenos judíos, aquellos
políticamente afines a ellos, y quiénes son malos judíos, aquellos
que no están de acuerdo con ellos.
Figuras como Klein y
Schuster han alentado al gobierno alemán, a las autoridades locales,
a los medios de comunicación, a las universidades y a las
instituciones culturales a perseguir a los judíos alemanes
“disidentes”, e incluso a judíos israelíes que viven y trabajan
en Alemania, a ser expulsados del espacio público y cultural del
país.
Cuando, por ejemplo, un
grupo de académicos judíos israelíes en Berlín mantuvo una serie
de discusiones referentes al sionismo el año pasado en el sitio web
de su escuela de arte, un periodista israelí pronto reveló la
historia de un "escándalo" que involucraba a partidarios
del boicot que recibían fondos del Gobierno alemán. Horas más
tarde, la escuela de arte había clausurado el sitio, mientras que el
Ministerio de Educación alemán emitió un comunicado aclarando que
no había proporcionado fondos a dicha escuela. La embajada israelí
calificó oficialmente las discusiones sostenidas por estos israelíes
como “antisemitas”, y una fundación alemana que documenta el
antisemitismo agregó a dicho grupo a la lista de incidentes
antisemitas de su registro.
Descritos como 'kapos'
Tan represiva se ha
vuelto la atmósfera cultural y política en Alemania que se ha
producido una incipiente reacción airada entre los líderes
culturales. Algunos de ellos se han atrevido a publicar una carta
protestando contra el papel de Klein, comisionado de antisemitismo.
Haaretz informa:
“El zar del
antisemitismo, acusa la carta, está trabajando 'en sinergia con el
gobierno israelí' en un esfuerzo 'por desacreditar y silenciar a los
oponentes de las políticas de Israel' y está incitando a la
'instrumentalización' que socava la verdadera lucha contra el
antisemitismo.
Figuras como Klein se
han centrado tanto en condenar las críticas a Israel realizadas
desde la izquierda, incluida la izquierda judía, que apenas han
notado el "grave peligro que enfrentan los judíos en Alemania
debido al aumento del antisemitismo de extrema derecha",
argumenta la carta.
Una vez más, se puede
ver el mismo panorama en toda Europa. En el Reino Unido, el opositor
Partido Laborista, que debería ser un espacio seguro para quienes
lideran la lucha contra el racismo, se está depurando de los judíos
que critican a Israel y utilizando difamaciones de antisemitismo
contra prominentes antirracistas, especialmente de otras minorías
oprimidas.
Sorprendentemente,
Naomi Wimborne-Idrissi, una de las fundadoras de Jewish Voice for
Labor, que apoya a Corbyn, fue recientemente suspendida por Starmer's
Labor. Naomi acababa de aparecer en un vídeo conmovedor en el que
explicaba las formas en que las organizaciones judías estaban
utilizando el antisemitismo para difamar a los judíos de izquierda
como ella, tildándoles de "traidores" y "kapos",
términos incendiarios que, como señala Wimborne-Idrissi, se
refieren al “judío preso de un campo de concentración que
colaboró con las autoridades [nazis], personas que colaboraron en la
aniquilación de su propio pueblo”.
Al suspenderla, Starmer
apoyó efectivamente esta campaña de difamación contra los judíos
de izquierda promovida por establishment sionista del Reino
Unido.
Anteriormente, Marc
Wadsworth, un distinguido activista negro contra el racismo, fue
igualmente suspendido
por los laboristas cuando expuso los esfuerzos de Ruth Smeeth
–entonces parlamentaria laborista, judía y exfuncionaria del grupo
de presión israelí BICOM– para reclutar medios de comunicación
en apoyo de su campaña destinada a calumniar a los opositores
políticos de izquierda acusándolos de antisemitas.
En consonancia con el
rápido deterioro del pensamiento crítico en las organizaciones
sociales, constituidas para defender las libertades básicas, Smeeth
fue nombrado recientemente director de la organización para la
“libertad de expresión” Index on Censorship. En ella puede ahora
trabajar para reprimir las críticas a Israel –y atacar a los
"judíos malos"– bajo el pretexto de luchar contra la
censura. En la nueva realidad invertida, censurable no es difamar y
silenciar a un "judío malo" como Wimborne-Idrissi, sino
criticar a Israel por sus constantes violaciones de los derechos
humanos, critica ahora vista a menudo como crimen de “ofensa”.
El niño que gritó 'que viene el lobo'
El artículo de Haaretz
ayuda a contextualizar la actual "caza de brujas"
antisemitas de Europa, que tiene como objetivo a cualquiera que
critique a Israel o se solidarice con los palestinos oprimidos o se
asocie con esas personas. Es una prolongación de la anterior campaña
del establishment judío contra "el tipo de judío
equivocado", como lo identifica Finkelstein en The Holocaust
Industry. Pero esta vez las organizaciones judías están practicando
un juego político mucho más arriesgado y más peligroso.
Haaretz teme, con razón,
que el liderazgo judío en Europa no solo esté silenciando al judío
común, sino que esté degradando el significado –la contundencia–
del antisemitismo en el hecho mismo de politizarlo. Las
organizaciones judías corren el riesgo de alienar a la izquierda
europea, que históricamente las ha apoyado contra el odio al judío
de la derecha. Súbitamente, el antirracismo europeo se encuentra
identificado y difamado de neonazi en ciernes.
Si quienes apoyan los
Derechos Humanos y exigen el fin de la opresión de los palestinos
son etiquetados como antisemitas, será cada vez más difícil
distinguir entre el falso e instrumentalizado "antisemitismo"
atribuido a la izquierda y el verdadero odio a los judíos de la
derecha. Es probable que los difamadores del antisemitismo, y sus
compañeros de viaje como Keir Starmer, terminen sufriendo su propio
síndrome del “niño que gritó que viene el lobo”.
O como señala Haaretz:
“El tema que está
molestando a los críticos de la resolución del Bundestag
[parlamento alemán] es si la extensión del concepto de
antisemitismo para abarcar las críticas a Israel no está afectando
adversamente la batalla contra el antisemitismo. El argumento es que
la facilidad con la que se formula la acusación podría tener el
efecto de erosionar el concepto en sí".
La Industria del
Antisemitismo
Vale la pena señalar las
características compartidas de la nueva Industria del Antisemitismo
con las discusiones anteriores de Finkelstein sobre La Industria del
Holocausto.
En su libro, Finkelstein
identifica a los "judíos equivocados" con personas como su
madre, que sobrevivió a un campo de exterminio nazi mientras el
resto de su familia perecía. Estos judíos sobrevivientes, argumenta
Finkelstein, fueron valorados por la Industria del Holocausto sólo
en la medida en que sirvieron como una herramienta de promoción para
que el establishment judío acumulara más riqueza y estatus
cultural y político. De lo contrario, las víctimas fueron ignoradas
porque el mensaje del Holocausto real –en contraste con la
representación del mismo del liderazgo judío– era universal: que
debemos oponernos y luchar contra todas las formas de racismo
porque conducen a la persecución y al genocidio.
En cambio, la Industria
del Holocausto promovió una lección particularista e interesada
según la cual el Holocausto prueba que los judíos están oprimidos
de manera única y que, por lo tanto, merecen una solución única:
un estado, Israel, al que los estados occidentales deben dar un
margen de maniobra único para cometer crímenes en violación de las
normas y leyes internacionales. La Industria del Holocausto, muy
distinta de los hechos reales del Holocausto, está profundamente
entrelazada y racionalizada por la perpetuación del proyecto
colonial y racista de Israel.
En el caso de la
Industria del Antisemitismo, el "judío equivocado" vuelve
a aparecer. Esta vez, la caza de brujas tiene como objetivo a los
judíos de izquierda, los judíos que critican a Israel, los que se
oponen a la ocupación y los que apoyan un boicot a los asentamientos
ilegales o al propio Estado de Israel. Una vez más, el problema con
estos "judíos malos" es que aluden a una lección
universal, una que dice que los palestinos tienen al menos tanto
derecho a la autodeterminación, a la dignidad y la seguridad en su
patria histórica, como los inmigrantes judíos que huyeron de la
persecución europea.

En contraste con los
"judíos malos", la Industria del Antisemitismo exige que
se extraiga una conclusión particularista sobre Israel, tal como la
Industria del Holocausto llegó anteriormente a una conclusión
particularista. Proclama que, negar a los judíos un estado es
abandonarlos indefensos a merced del eterno virus del antisemitismo.
En esta concepción, el Holocausto puede ser singularmente
aborrecible, pero está lejos de ser único, pues los no judíos,
dadas las circunstancias propicias, son muy capaces de llevar a cabo
otro Holocausto. Por lo tanto, los judíos deben estar siempre
protegidos, siempre en guardia, siempre armados (en el caso de
Israel, sus bombas nucleares) a mano.
Tarjeta 'Salir de la
cárcel'
Esta visión busca, por
supuesto, ignorar o marginar a otras víctimas del Holocausto
(romaníes, comunistas, homosexuales) y demás víctimas del racismo.
Necesita crear una jerarquía de racismos, una competencia entre
ellos, en la que el odio a los judíos esté en la cima. Así es como
llegamos a un absurdo: que el antisionismo –tergiversado como el
rechazo de un refugio para los judíos, cuando lo que en realidad
rechaza es un estado étnico colonial que oprime a los palestinos–
es lo mismo que el antisemitismo.
Increíblemente, como
aclara el artículo de Haaretz, los funcionarios alemanes están
oprimiendo a los "judíos malos" a instancias de las
organizaciones judías, para evitar, según ellos, el resurgimiento
de la extrema derecha y los neonazis. Por lo tanto, las críticas a
Israel hechas por el "judío malo" no solo se descartan
como ideológicamente erróneas o engañosas, sino que se convierten
en una prueba de que estos judíos están en connivencia, o al menos
alimentan, a los que odian a los judíos.
De esta manera, Alemania,
el Reino Unido y gran parte de Europa han llegado a justificar la
exclusión del "judío equivocado" –aquel que defiende
los principios universales en beneficio de todos– del espacio
público. Lo cual, por supuesto, es exactamente lo que Israel quiere,
porque, anclado como está en una ideología de exclusividad étnica
como un “Estado Judío”, tiene necesariamente que rechazar la
ética universal.
Lo que vemos aquí es la
ilustración de un principio en el corazón de la ideología estatal
del sionismo: Israel necesita el antisemitismo. Israel, literalmente,
tendría que inventar el antisemitismo si no existiera.
Esto no es una hipérbole.
La idea de que el "virus del antisemitismo" yace
semi-dormido en cada no judío esperando una oportunidad para brotar
en su anfitrión, es la razón fundamental de Israel. Si el
Holocausto fue un evento histórico excepcional, si el antisemitismo
fue un racismo antiguo que en su encarnación moderna siguió los
patrones de prejuicio y odio familiares en todos los racistas, desde
el fanatismo anti-negro hasta la islamofobia, Israel no solo sería
redundante sino una abominación, porque se ha erigido para desposeer
y abusar de otro grupo, los palestinos.
El antisemitismo es la
tarjeta de Israel para "salir de la cárcel". El
antisemitismo sirve para absolver a Israel del racismo que encarna
estructuralmente y que sería imposible pasar por alto si Israel se
viera privado del equivocado poder que le proporciona el
antisemitismo como arma.
Un espacio vacío
El artículo de Haaretz
nos dispensa un servicio genuino, no solo recordándonos que existen
los “judíos malos”, sino también saliendo en su defensa, algo
que los medios europeos ya no están dispuestos a hacer. Defender a
los “judíos malos”, como Naomi Wimborne-Idrissi, es contaminarse
con la misma mancha de antisemitismo que justificó la expulsión de
estos judíos del espacio público.
Haaretz registra el
esfuerzo de algunas instituciones culturales valientes en Alemania
para protestar, para mantener la lucha contra este nuevo macartismo.
Su posición puede ser derrotada. Si así fuerae, es posible que tú
ni te enteres.
La controversia
fraudulenta del 'antisemitismo laborista' ha empoderado a los
elementos más matones de la comunidad judía británica organizada.
Caso en cuestión: la
Campaña contra el antisemitismo exige efectivamente que el profesor
David Feldman se mantenga callado o sea despedido.
https://t.co/QWvNg84c2E
JamieSW (@jsternweiner) 4
de diciembre de 2020
Una vez que los "judíos
malos" han sido acallados, como ya lo han sido los palestinos y
aquellos que se solidarizan con ellos; cuando las redes sociales han
eliminado las plataformas críticas con Israel como enemigas de los
judíos; cuando los medios de comunicación y los partidos políticos
imponen este silencio de manera tan absoluta que ya no necesitan
tachar a nadie de antisemita porque estos “antisemitas” han
desaparecido; cuando la “comunidad” judía habla con una sola voz
porque sus otras voces han sido eliminadas; cuando la censura sea ya
completa, tú ni siquiera te enterarás.
No quedará constancia de
lo que se perdió. Habrá simplemente un espacio vacío, una pizarra
en blanco, donde alguna vez existieron discusiones sobre los crímenes
de Israel contra los palestinos. En cambio, lo que escucharás será
solo lo que Israel y sus partidarios quieren que escuches. Tu
ignorancia será felizmente completa.
Una versión de este
ensayo apareció por primera vez en el
blog de Jonathan Cook