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14 mayo, 2023

USA: Alimentos adulterados

 




"Según un análisis llevado a cabo por Daily Mail, las cadenas de comida rápida estadounidenses utilizan algas, soja e incluso madera en los componentes de sus menús"


Tyler Durden


Zero Hedge – 14/05/2023

   Traducción del inglés: Arrezafe


Una investigación del Daily Mail podría hacerle reconsiderar su próximo pedido de pollo frito en las cadenas de comida rápida estadounidenses. Dicha investigación revela que estos restaurantes inyectan en sus pollos aditivos, conservantes y proteínas para mantener bajos los costos. Algunos de estos elementos del menú se describen como "premium" o "totalmente de carne blanca", pero lejos de ello, incluyen ingredientes "de bulto" como algas e incluso pulpa de madera. El informe revela que hay más de 120 ingredientes ocultos en las hamburguesas y las croquetas de pollo de los restaurantes de comida rápida, ingredientes que enumeramos a continuación, cadena por cadena:


Mcdonald's


Los McNuggets de pollo de McDonald's, populares desde hace mucho tiempo, fueron fuente de controversia, en 2010, tras la aparición de un vídeo en el que se denunciaba el uso de tinte rosa. La marca se esforzó en desmentirlo, sin embargo, el producto no está elaborado 100 por ciento con carne de pollo. Los McNuggets contienen pollo blanco deshuesado, pero también varios tipos de harinas, saborizantes, especias, ácido, extracto de levadura, dextrosa y concentrados de jugo de limón.


Wendy's


En la hamburguesa de pollo, clásica de Wendy's, sólo el 56 por ciento de la carne es pechuga de pollo. El otro 44 por ciento es una mezcla de agua, harina de trigo, almidón, ácidos, especias y polvos potenciadores del sabor. También incluye aceite de soja refinado, gasificante e ingredientes más inusuales, como pollo en polvo deshidratado y potenciador del "sabor ahumado". El panecillo de la hamburguesa así como la mayonesa, incluyen más de cinco alérgenos, por lo que si padeces alguna alergia conviene que revises la receta antes de comer.


Carl´s Jr.


Según The Daily Meal, los 'bocaditos' de Carl's Jr se diferencian de las demás ofertas del mercado por su distintiva forma de estrella. También su 'sabor a pollo' y su 'sabor a res' incluyen algunos ingredientes inusuales, a saber: tres tipos diferentes de proteína (proteína hidrolizada de soja, de trigo y de maíz) y grasa de res. En cuanto al sándwich de pollo picante, contiene harina de avena en su hamburguesa y celulosa microcristalina en su pan, o lo que es lo mismo, pulpa de madera refinada.


Subway


La cadena ya se enfrentó a críticas en el pasado, algunos de sus productos de pollo estaban elaborados con materia que no era pollo. Subway alegó que su "pollo asado al horno y sus tiras de pollo están hechos 100 por ciento de pollo de carne blanca". Sin embargo, sus productos ciertamente no están hechos sólo de pollo. Su pollo asado al horno contiene aromas, fécula de patata y carragenina, compuesto químico seguro para la ingesta, pero elaborado con diversas algas rojas utilizadas para espesar los alimentos y que no tiene ningún valor nutricional. [Cuando no se infla el precio, se infla el producto. Maravillas del capitalismo. N del T]


Jack in the Box


Jack in the Box tiene varias ofertas a base de aves en su menú, que incluyen filetes de pollo y croquetas. Estos productos a menudo contienen trigo y leche, por lo que quienes padezcan alergias deben consultar la lista de ingredientes. La carne del "pollo con palomitas de maíz" también contiene 'trazas de avena', entre otros ingredientes, y las tiras de pechuga de pollo con carne de costilla, agua y almidón de patata.


Whataburger


Según The Daily Meal, una proporción significativa de las tiras de pollo al estilo sureño de la cadena, no son carne de pollo pura, un 12 por ciento de cada oferta contiene ingredientes como agua, fosfato de sodio y proteína derivada de los frijoles de soja, un ingrediente común en los alimentos procesados utilizado como fórmula rentable para aumentar su volumen y potencialmente peligrosa para quienes padezcan alergia a la soja.


Burger King


Según The Daily Meal, los nuggets de pollo de Burger King también contienen una gran cantidad de sabores añadidos a la pechuga de pollo y la carne de costilla. Estos incluyen extracto hidrolizado de levadura y otros potenciadores del sabor, incluido el guanilato disódico, un tipo de sal que a veces se usa junto con MSG, también conocido como E627. Productos nocivos para quienes no pueden comer huevos, leche, trigo, gluten o apio.


Dominó's


Conocido por su pizza y su tradicional pollo tierno o nugget, también hay ingredientes adicionales en las ofertas de aves de corral de este gigante de la comida rápida. Su pollo a la parrilla contiene decenas de ingredientes que incluyen almidón de maíz modificado, almidón alimentario modificado y aceite de mantequilla lipolizado. El almidón modificado generalmente se usa como agente espesante, estabilizador o emulsionante y para hacer que los alimentos duren más.


Dairy Queen


Las tiras de pollo de Dairy Queen contienen un porcentaje sustancial de ingredientes distintos de la carne pura. Los buñuelos de lomo de pollo crudos contienen hasta un 18 por ciento de una solución de agua, proteína de soja hidrolizada, sal y fosfatos de sodio. El fosfato de sodio se usa para mejorar la textura del pollo y ayudar a mantenerlo fresco por más tiempo. Según un representante de Dairy Queen: "Nuestras tiras de pollo son 100% pollo de carne blanca sazonada. Cada tira de pollo es un solo lomo marinado y empanado para obtener el máximo sabor. Si bien proporcionamos nuestras listas de ingredientes al público en DairyQueen.com, nos abstenemos de proporcionar la receta exacta o el porcentaje de ingredientes por motivos competitivos". [¡Mira, se abstienen de dar a conocer la "receta exacta", como los bancos! N del T]


Arby's


Según informa The Daily Meal, el filete de pollo con suero de leche contiene un sorprendente ingrediente que ayuda a mejorar su sabor: concentrado de proteína. Comúnmente consumido por atletas y culturistas, la proteína de suero se agrega con frecuencia a otros alimentos para potenciar su textura, su sabor y su conservación.


White Castle


La forma en que esta cadena oferta su pollo supone en sí una pista de que no es 100 por cien carne. Estos anillos contienen una extensa lista de ingredientes, incluido el conservante carragenina, derivado de algas marinas, y pollo cocido en polvo.


Un estudio reciente de Imperial's School of Public Health concluyó que un mayor consumo de alimentos ultra-procesados (como los anteriores) podría suponer un mayor riesgo de desarrollar cáncer mortal.


Uno podría preguntarse por qué BlackRock, el administrador de activos más grande del mundo que posee billones de dólares, no ha sacudido la industria de comida rápida que, según Imperial's School of Public Health, está sirviendo a sus consumidores alimentos poco saludables que podrían contribuir potencialmente al cáncer. ¿No se supone que la 'S' en ESG (Environmental, Social, and Governance)[1] promueve la salud y la seguridad de la sociedad y mejora la calidad de vida? Tal vez Larry Fink [presidente de BlackRock] esté preocupado por cuestiones más importantes, como el cambio climático y la identidad de género.


[1] (Medio ambiente sociedad y gobernanza)



04 julio, 2022

Maria Zakharova, portavoz de exteriores de Rusia, a la ministra de exteriores alemana Annalena Baerbock.

 


  Transcripción del inglés: Arrezafe


Las emociones siguen a flor de piel en torno al mito artificialmente creado del apocalipsis alimentario mundial, supuestamente provocado por Rusia debido al bloqueo de cereales en Ucrania.

Lo más sorprendente es que ni las cifras, ni los hechos, ni los datos de organismos internacionales, ni los propios datos de la producción de alimentos de los países occidentales lo confirman.

Nada de todo esto se tiene en cuenta al insistir en dicho mito.

Este panorama ha sido inventado y difundido en manuales y cifras abstractas que nada tienen que ver con los hechos concretos.

Ni las cifras reales de producción global de alimentos, ni a las entregas de cereales a los países occidentales pueden incidir en esta campaña de desinformación.

Este relato inventado ha alcanzado una escala global.

Solo miren las irracionales e inaceptables declaraciones de la ministra de Relaciones Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock: "Rusia está utilizando conscientemente el hambre como arma militar y tomando como rehén a todo el mundo".

No solo miente, sino que miente con arrogancia y cinismo.

Annalena Baerbock olvida que fue su país el que históricamente usó el hambre como arma y tomó a la gente como rehén, destruyendo a la población civil para tratar de borrar a nuestro país de la faz de la tierra.

Repito: Rusia no impide la exportación de cereales de Ucrania.

El Ministerio de Defensa de Rusia abre corredores seguros todos los días e informa a sus socios y a la Organización Marítima Internacional sobre los mismos.

Estamos listos para garantizar el paso seguro de los barcos mercantes extranjeros desde el Bósforo hasta las aguas territoriales de Ucrania y de regreso.

Esto ha sido discutido repetidamente en todos los niveles.

Por supuesto, esto está sujeto a que los barcos sean inspeccionados en busca de equipo y provisiones militares y a que no estén escoltados por barcos de guerra, aviones o drones extranjeros.

¿Cuál es el verdadero obstáculo para la exportación de cereales de Ucrania?

Ahora mismo son las autoridades ucranianas las responsables de garantizar el paso seguro de los buques mercantes en sus aguas territoriales mediante el desminado y la navegación segura.

Además, Rusia está lista para exportar decenas de millones de toneladas de su propio grano si se levantan las prohibiciones occidentales.

¿Le preocupa a Occidente prevenir el hambre en el mundo?

Entonces que deje de bloquear la cadena de suministro de alimentos, que es lo que están haciendo Washington, Bruselas y Londres.

Permítanme recordarles que las prohibiciones occidentales se aplican a los barcos que hacen escala en puertos rusos, al servicio de barcos rusos en puertos extranjeros, al seguro de envío y a las transferencias bancarias.

Han hecho todo lo posible para escalar artificialmente esta situación.

Pero lo están haciendo Washington, Londres y Bruselas.

Desafortunadamente, EEUU, Gran Bretaña y la UE no están dispuestos a aceptar la responsabilidad de sus propias acciones ni siquiera para eliminar el riesgo del hambre mundial del que siempre hablan.

Se están llevando a cabo conferencias sobre cómo evitar el hambre en el planeta.

Los mismos que están desarrollando nuevas restricciones a los servicios logísticos, financieros y económicos están discutiendo sesudamente en la mesa de negociación qué hacer para distribuir alimentos libremente a todos los países.

¿Qué es esto? ¿Cinismo? ¿Estupidez? ¿Descaro?

Yo creo que esto es un crimen.



Y a propósito de crímenes:




25 mayo, 2020

¿Cuál es la relación entre el coronavirus y nuestra alimentación?



INVESTIG'ACTION 25/05/2020

Muchas de las enfermedades infecciosas se transmiten del animal al hombre. La ganadería industrial, con sus animales hacinados en espacios diminutos y atiborrados de antibióticos podría provocar nuevas crisis sanitarias todavía más graves que la actual. Staf Henderickx nos explica por qué es necesario cambiar este peligroso modelo. (IGA)

La mundialización de las enfermedades

Cuando hablamos de mundialización, solemos referirnos a la economía, pero también hay mundialización de enfermedades, se llaman pandemias. La pandemia del coronavirus es un buen ejemplo de este tipo de mundialización. Hay que anotar que hasta ahora, las pandemias más famosas han sido provocadas por el virus de la influenza.

No se debe confundir un simple resfriado provocado por los rinovirus o adenovirus con el virus de la gripe. Es cierto que en mi profesión estamos acostumbrados a que esto siempre se confunda. Lo que pasa es que el virus de la influenza nada tiene que ver con un simple resfriado, al contrario, este virus es muy perverso porque cada año puede ser completamente diferente al del año anterior. La mal llamada 'gripe española' de 1918, que mató a 20 millones de personas, fue un buen ejemplo de esto.

Muchas de las pandemias tienen su origen en enfermedades transmitidas por los animales. A estas enfermedades se les llama zoonosis y consisten básicamente en que el virus o la bacteria vive en un animal huésped, y después se contagia al ser humano si se produce un contacto entre ambos.

El sida y el Ebola son dos buenos ejemplos de unos virus que existían previamente en los monos. Por otro lado, los insectos también ayudan a propagar los virus porque actúan como huésped intermediario entre el animal y el hombre. Por eso, muchos de nuestros antepasados de la edad media, se contagiaron de la bacteria de la peste a través de la mordedura de las pulgas que habían estado en contacto con ratas. No podemos negar que tener contacto con animales salvajes o insectos exóticos es un peligro evidente para la transmisión de enfermedades. Incluso el contacto directo con algunos pájaros como los pericos, puede provocar la psitacosis (ornitosis). Recordemos que, en Bélgica, unas 123 personas se contagiaron de esta neumonía peligrosa después de visitar una exposición avícola organizada en 1983.

En el 2003, una neumonía muy grave provocada por un coronavirus desconocido se dio en Guandong, China. A esa enfermedad se la conoce como SARS (Severe Acute Respiratory Syndrome o SRAS Síndrome respiratorio agudo grave). Un coronavirus muy similar a éste ha estado sobreviviendo alojado en la civeta, un animal muy apreciado en la gastronomía China. En diciembre del año 2019 se comenzaron a dar muchos casos de neumonías en Wuhan. Los investigadores identificaron el agente patógeno con el nombre de coronavirus SARS-COV-2. Muchos de los infectados por este agente habían visitado un mercado de animales donde, además de pollos, también se vendían murciélagos y serpientes. De hecho, según las últimas investigaciones, parece que esta enfermedad proviene de los murciélagos puesto que se ha descubierto en estos animales un coronavirus similar en un 95% al del ser humano.

Las personas comemos lo que sea

Lo que debemos concluir de todo esto es que debemos tener mucho cuidado con el contacto directo con animales exóticos. Y por supuesto no se debe comer animales carnívoros, como murciélagos o monos, porque éstos viven juntos en grandes grupos y es muy peligroso (1). Para poner un freno a este tipo de consumo es necesario hacer una concienciación social y cultural en aquellos países consumidores. En realidad, no es que en China tengan un aprecio particular por estos animales, lo que pasa es que, hasta los años 60, este país tuvo oleadas de hambrunas tan graves que hizo que los chinos buscasen fuentes de proteínas donde fuere.

Pero la industria de la carne en Europa tampoco se libra. Por ejemplo, en Gran Bretaña hace unos años, la harina con la que se alimentaba a las vacas se componía de pezuñas, plumas, serrín, periódicos, cadáveres de ovejas y bóvidos enfermos. Esta harina contenía una gran cantidad de priones, o sea, proteínas animales. Por culpa de esta alimentación, cientos de miles de vacas se pusieron enfermas: sufrían vértigos y desequilibrios espantosos hasta que morían. Los priones fueron identificados como la causa principal de esta enfermedad cerebral. La gente consumió carne de esas vacas enfermas. O sea que, aunque después las sacrificasen por millones, ya era demasiado tarde. Otro caso relacionado con carne contaminada de hamburguesas fue el de una niña británica que murió por la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob.

Ahora que estamos viendo el impacto del coronavirus en el planeta, buena parte de la humanidad, y sobre todo su parte más holgada económicamente, debería preguntarse qué es lo que vamos a hacer con este panorama de consumo masivo de carne que hemos creado.

Las enfermedades no conocen fronteras



La mejor manera de desarrollar agentes patógenos, es arrejuntando cantidades enormes de seres humanos o animales en un espacio cerrado. Y esta es la razón de que la industria de la ganadería industrial sea un peligro para la salud pública. De hecho, está comprobado que estos lugares promueven la transmisión de agentes patógenos entre animales, pero también entre animales y humanos. Parece que no nos acordamos del pánico que provocó la gripe aviar en 1997, cuando se descubrió que una variante del virus de la gripe podía transmitirse de las aves de corral a los seres humanos. En Hong Kong 17 personas contrajeron el virus de la gripe aviar. Murieron cinco. En octubre del 2006, la Organización Mundial de la Salud avisó de que 256 personas habían contraído esa enfermedad en diez países diferentes y el 59% habían fallecido. Millones de aves de corral fueron sacrificadas en el mundo entero. Se limitó el transporte de las mismas y se pusieron en marcha campañas de vacunación por todos lados.

En el 2009, la llamada gripe mexicana, mató a 17 483 personas en todo el mundo. Se le llamó la “gripe porcina” puesto que se detectó un virus influenza similar en los cerdos. En realidad, la ganadería industrial no solo es un terreno fértil para la propagación de virus peligrosos, sino para el desarrollo de todo tipo de bacterias.

Cuanta más cantidad de animales vivan en un mismo recinto, más probabilidades hay de que una infección se propague entre estos animales ya de por sí debilitados por las condiciones en las que viven.

La solución que se aporta, es que utilicemos enormes cantidades de antibióticos para prevenir las infecciones de animales en las ganaderías industriales. Y es por eso que hoy en día, la mitad de todos los antibióticos consumidos en el mundo se dedican a la ganadería industrial. En los Estados Unidos llegan incluso al 75% porque los antibióticos aumentan la masa de carne entre un 5 y un 15%. Estas prácticas macabras están afortunadamente prohibidas en Europa. La legislación europea marca un límite máximo de residuos de estos medicamentos (LMR). Además, cuando el ganadero tiene que suministrar antibióticos a los animales, tienen que hacerlo con mucha antelación previa al sacrificio y consumo. Por otro lado, la publicad directa –dirigida a los ganaderos– para la promoción de antibióticos está prohibida, excepto en Gran Bretaña. Está prohibida en teoría, ya que en la práctica no es así puesto que en el año 1992 se descubrieron residuos excesivos en el 7.3% de los animales sacrificados en Bélgica y en 1993 este porcentaje aumentó al 15.3%. Un punto positivo es que desde 2007, la utilización de antibióticos en ganadería ha disminuido de un tercio, pero esto no quita que Bélgica siga estando a la cabeza de Europa en el uso de estos medicamentos. En el 2010, se suministraron 89 toneladas de sulfamidas, 80 toneladas de penicilina y 74 toneladas de tetraciclinas. Además, existe una práctica nefasta que consiste en suministrar antibióticos a todo el rebaño completo de animales para asegurarse de que ningún animal contraiga enfermedades. Estas prácticas disminuyen los efectos de los antibióticos.


La producción industrial masiva también ha alcanzado al sector del pescado. La costa occidental de Escocia está completamente invadida por unas granjas marinas principalmente ligadas a cuatro empresas: Marine Harvest, Sea Farms, Lighthouse Caledonia y Grieg Seafood Hjaltland. Las cuatro empresas cotizan en la bolsa de Oslo. Los pescados que están criados industrialmente se amontonan en jaulas y son muy sensibles a las enfermedades. Para que no se parasiten ni se infecten, se les suele tratar con insecticidas y antibióticos.

En el 2012, el gobierno creó una taskforce (grupo de trabajo) para tratar de resolver el problema de estas bacterias. El presidente del AMCRA (Antimicrobial Consmumption and Resistance in Animals – Consumo y resistencia antimicrobiana en los animales) se esfuerza por tratar de reducir a la mitad el consumo de antibióticos en animales para el año 2020. Personalmente, no creo que sea probable que lo consiga.

La industria alimentaria alega que las dosis de antibióticos presentes en la carne son tan pequeñas que el peligro es mínimo. Pero esto no es cierto. La realidad es que el uso masivo de antibióticos en la ganadería industrial provoca que las bacterias resistan a los antibióticos. Hoy en día, mueren al año en la Unión Europea 25.000 personas por causas relacionadas con estos microbios hiperresistentes, o por consumo de comida contaminada. Pero el principal peligro, que está a la vuelta de la esquina, es que, en algún momento, algunas de estas bacterias podrían transmitirse del animal al hombre… Y después de hombre a hombre. Esto sería una verdadera catástrofe mundial. Algunos expertos en salud pública publicaron un artículo en The Lancet, diciendo que esta situación nos llevaría a una pandemia con 62 millones de víctimas, principalmente entre las capas de población más indefensas de los países pobres.

La ganadería industrial trae otros peligros adicionales. En estas explotaciones ganaderas, a veces se encuentren substancias tóxicas dentro de la cadena alimenticia. Bélgica se vio envuelta en un escándalo de este tipo en 1999. Bélgica cría 55 millones de pollos al año, y lo que ocurrió es que una parte de estos pollos se contaminó de PCB y dioxinas provenientes de aceite de transformadores. Y hay que saber que incluso en una proporción mínima, estas substancias son muy cancerígenas. Por esta razón, cantidades gigantescas de carne de pollo y de cerdo, así como productos lácteos y huevos tuvieron que retirarse de los supermercados. Siete millones de pollos junto con 60.000 puercos fueron sacrificados y la producción de unas 2000 empresas del sector quedaron paralizadas durante meses.

Los intereses detrás de la industrialización masiva de carne y pescado


El mundo financiero y los bancos siempre están al acecho de inversiones que les den beneficios. Pero muchos sectores industriales están en crisis y ya no son interesantes para estos avispados inversores. Por esta razón, al final del siglo XX, el sector bancario encabezado por Goldman Sachs se abalanzó hacia el sector de la agricultura masiva. Preveían que podían ganar mucho dinero invirtiendo en este sector, así que invirtieron masivamente en todas las fases del agrobusiness: desde la producción, al almacenamiento, el transporte, la transformación, el comercio y el consumo. Así que este negocio ha crecido exponencialmente. Y cómo no, las empresas grandes absorben a las pequeñas. A esto se le ha puesto el nombre de foodopoly. Las cuatro principales agromultinacionales (Cargill, Tyson Foods, BRF y Alltech) controlan el 42 % del mercado mundial de la alimentación, 82% de la carne de res, 63% de la carne de cerdo y 53% de la carne de pollo. En el 2011, la industria americana de la carne facturaba 186.000 millones de dólares. O sea, más que el PNB de un país como Hungría. La industria de la carne y del pescado esta formada por multinacionales que cotizan en bolsa, y como sabemos la bolsa es un lugar donde, más que en ningún otro lugar, se pone el beneficio por encima de todo. Lo que prevalece es ganar el máximo dinero posible, no importa que una comida de pésima calidad sea el resultado. Y mientras tantos, la concentración de animales aglomerados en establos gigantescos se va convirtiendo en un problema cada vez más alarmante para la salud pública mundial.

¿Qué podemos hacer con todo esto?

Afortunadamente, la humanidad ha progresado mucho en el conocimiento médico. Ahora disponemos de antibióticos contra las bacterias y vacunas contra los virus. Gracias a ello hemos logrado controlar las pandemias e incluso erradicarlas de la faz de la tierra. De hecho, antes de las campañas de vacunas de 1957, unas cien personas al año morían de tétanos, principalmente jóvenes. En una visita que hice a Indonesia pude ver con mis propios ojos en una sala de hospital, como muchísimos jóvenes enfermos de tétanos se debatían entre la vida y la muerte. Pero frente a estos avances médicos siempre está la otra cara de la moneda. Y la otra cara es que las bacterias tienen cada vez más resistencia a los antibióticos y el desarrollo de vacunas requiere de cada vez más tiempo. Así que ha llegado el momento de que cojamos el toro por los cuernos y enfrentemos la realidad.

Durante toda su vida, un belga consume de media 1800 animales: 891 pollos, 789 pescados, 42 cerdos, 7 ovejas, 5 vacas, 24 conejos, 43 pavos y 1/3 de caballo. Es decir, demasiado, lo miremos como lo miremos. Los médicos recomiendan comer como mucho 300 gramos de carne a la semana. Es cierto que el consumo de carne de los belgas ha bajado de 100 a 86 kilos, pero sería muy aconsejable que todos sin excepción, reduzcamos nuestro consumo de carne y que comamos solo carne de origen ecológico. La mayoría de los estudios aseguran que los vegetarianos están más sanos que los que comen carne. Se trata de una elección personal, pero simplemente con buenas intenciones no cambiaremos el mundo.

De la misma manera que los gobernantes han tomado medidas radicales y masivas para evitar la catástrofe de la epidemia del coronavirus, también deberían hacer uso de su radicalidad para ponerle solución a los problemas de la ganadería industrial de animales. En el año 2008, en el marco de la ONU, cuatrocientos científicos de cincuenta países diferentes pusieron sobre la mesa el informe IAASTD (International Assessment of Agricultural Knowledge, Science and Technology for Development [Evaluación internacional de los conocimientos, de las ciencias y de las tecnologías agrícolas para el desarrollo] donde se afirma que la agricultura de los pequeños productores es la mejor solución a largo plazo para nuestra seguridad alimentaria. Este informe se llevó a cabo a través de la colaboración de personal vinculado a la política, a la industria, al consumo, a la ciencia, al campesinado, a las ONG y a otras organizaciones de ciudadanos. Sus conclusiones estaban claras. Tenemos que orientar nuestros esfuerzos hacia una agricultura diversificada y a pequeña escala que ofrezca una solución a la crisis climática y a la biodiversidad, pero también a la salud pública. El mensaje está claro, pero los gobiernos continúan apoyando el peligroso modelo de la producción alimentaria a gran escala.

Las dos fuentes principales de riqueza, o sea, la naturaleza y el trabajo humano, están hoy en día al servicio de la acumulación capitalista. Esta es una situación absurda si tenemos en cuenta las consecuencias catastróficas que esto provoca en el plano social y ecológico. Tenemos que volver a la idea de que nadie es dueño de la tierra, y menos los grandes capitalistas del agrobusiness. Solo la estamos tomando prestada y trabajando por un tiempo limitado. Y tenemos la misión sagrada de ceder a las generaciones venideras una tierra en buen estado. Además, debemos volver a armonizar el trabajo humano con la naturaleza. Solo así lograremos sobreponernos a las pandemias más desastrosas.

Staf Henderickx, Lommel, 15 marzo del 2020.

Traducido al español de la versión francesa de Jean-Marie Flemal por Enrique Cebrián para Investig’Action

Nota:
1- Anotemos que el origen exacto del Covid-19 todavía no está claro. Según un estudio de la Universidad de agricultura del sur de China, el eslabón entre el murciélago y el hombre podría ser el pangolín, un animal muy apreciado en Asia.

18 marzo, 2017

CARNIVORISMO SALVAJE – Carlo Frabetti



Al igual que sus parientes más próximos, los grandes simios, el hombre es un animal básicamente frugívoro, pero con la ventajosa opción del carnivorismo. Tan ventajosa que probablemente nos salvó de la extinción, pues cuando escasean los alimentos vegetales (por ejemplo, a causa de una glaciación o de la desertización de los bosques) puede ser fatal depender exclusivamente de ellos.

La necesidad de conseguir carne en épocas de carestía severa llevó a nuestros remotos antepasados a formar grupos de cazadores armados de palos y piedras y preparados para trabajar en equipo, con objeto de aumentar sus posibilidades de éxito frente a las grandes presas (las más deseables, pero también las más peligrosas). Y esta acertada estrategia de supervivencia tuvo varios efectos colaterales.

Uno de ellos fue la domesticación de algunos lobos y chacales que empezaron a participar espontáneamente en las cacerías para aprovechar los huesos y otras partes que los hombres no solían comer (pues no poseían las poderosas fauces de los carnívoros ni sus aparatos digestivos especializados). Los antepasados de los perros ayudaban a los nuestros a localizar y a acosar a las presas, y a cambio se llevaban una parte del botín. Así encontró el hombre a su mejor amigo.

Otra consecuencia de la caza en equipo fue, seguramente, la exaltación de la violencia y el aumento del prestigio social de la fuerza bruta, con la consiguiente relegación de las mujeres (menos corpulentas y a menudo limitadas en su actividad física por los largos períodos de gestación) y la consolidación de la camaradería masculina. Para recolectar frutos no hay que ser muy fuerte: las mujeres, e incluso los niños, pueden hacerlo tan bien o mejor que los hombres; pero para enfrentarse a un búfalo o a un mamut conviene estar bien provisto de músculos y de testosterona.

Y, por último, el carnivorismo, que empezó siendo una opción de emergencia, se convirtió en un hábito. La carne es adictiva: su consumo produce una leve intoxicación que se traduce, como otras intoxicaciones moderadas (café, alcohol, tabaco, etc.), en una forma de excitación o embriaguez que puede crear dependencia (de modo que la expresión “embriagarse de sangre” no es mera metáfora). Por otra parte, el carnivorismo tiene algunas ventajas. La carne (al igual que el pescado, los huevos y los productos lácteos) es rica en proteínas y contiene todos los aminoácidos necesarios para nuestro organismo, mientras que ningún alimento vegetal los aporta todos por sí solo (hay que combinar un cereal con una legumbre, por ejemplo, arroz con frijoles, para ingerir juntos los ocho aminoácidos esenciales). Además, la carne es un alimento muy versátil y fácil de conservar: se puede cocinar de muchas maneras, ahumar, desecar, embutir... Todo ello ha hecho que muchos crean que la carne es indispensable, el “plato fuerte” de nuestra gastronomía. Nada más falso.

Comer carne no solo es innecesario, sino que además es insano. La propia Organización Mundial de la Salud lo advirtió hace más de treinta años, aunque luego las presiones comerciales y políticas le impidieron insistir en ello. El consumo de carne sobrecarga nuestro aparato digestivo de primates y favorece la aparición de tumores. Y además, debido a la contaminación ambiental, con la carne no solo ingerimos sus propias toxinas (como la cancerígena prolactina), sino también las que los animales que comemos acumulan a lo largo de su vida (como el mercurio y otros metales pesados que el organismo es incapaz de eliminar). Por no hablar del colesterol: incluso las carnes más magras contienen un alto porcentaje de grasas saturadas. Por no hablar de las vacas locas, los cerdos apestados, los pollos griposos...

Pero no solo hay poderosas razones dietéticas y sanitarias para evitar el carnivorismo, sino también éticas, económicas y ecológicas, es decir, políticas.

Dejo para otra ocasión las consideraciones éticas directamente relacionadas con el respeto a los animales. Aunque para afirmar que “los animales no tienen derechos porque no tienen deberes” hay que ser tan estúpido como Fernando Savater (por la misma regla de tres, tampoco tendrían derechos los niños pequeños y los discapacitados mentales), la mayoría de la gente considera que podemos maltratar y comernos tranquilamente a parientes tan próximos como los grandes mamíferos. Es una aberración moral que muy pocos han denunciado –entre ellos hay que destacar al filósofo australiano Peter Singer (1)– y que requeriría un análisis en profundidad; pero como no es necesario reconocer los derechos de los animales para estar de acuerdo con los demás argumentos en contra del carnivorismo, me centraré en los de más peso, que son los económicos.

La producción de carne es un negocio ruinoso (para la sociedad, claro, no para los fabricantes de hamburguesas) y una de las principales causas del hambre en el mundo. Para producir un kilo de proteína cárnica hacen falta diez kilos de proteína vegetal, lo que significa que con la soja y el grano que consume el ganado solo en Estados Unidos, se podría alimentar a toda la humanidad. Mientras los etíopes se mueren de hambre, el cuarenta por ciento de los campos de Etiopía se dedica al cultivo de soja destinada a la alimentación de las vacas estadounidenses. El carnivorismo, además de violar los derechos de los animales, constituye un salvaje (nunca mejor dicho) atentado contra los derechos humanos.

¿Por qué, entonces, solo una pequeña parte de la izquierda defiende la causa del vegetarianismo? Porque los hábitos ligados a nuestras pulsiones más básicas (y el hambre es la primera) se consideran “naturales”, y son, por tanto, difícilmente asequibles a la reflexión, al asalto dialéctico de la razón. Y así, el arquetipo del macho armado, ora cazador ora guerrero, sigue presidiendo nuestra salvaje cultura patriarcal, nuestra despiadada sociedad competitiva, depredadora, carnívora.




(1). Peter Singer es el máximo impulsor del denominado “Proyecto Gran Simio” (y el coeditor, junto con Paola Cavalieri, del libro homónimo).
Entre sus libros cabe destacar Liberación animal (1975), Ética práctica (1979), En defensa de los animales (1986), Repensar la vida y la muerte (1994), Una izquierda darwiniana (1999) y, en colaboración con Jim Mason, The Way We Eat (2006).