Plaza de Lenin (Donetsk)
LA
HAINE
– 07/09/2022
En
Donbás causan risa las afirmaciones del presidente-comediante
Zelenski, que los rusos se bombardean a sí mismos y a su propia
gente para culpar a Kiev
Desde
Donetsk, el reportero Alejandro Kirk describe la vida cotidiana en
esa ciudad asediada por la artillería ucraniana, y la esperanza de
muchos en la zona del Donbás, de que Rusia responda con más energía
y decisión hacia el centro del poder del régimen ucraniano, en
Kiev.
"Buenos
Días Donetsk", como los matinales de televisión (o la película
sobre la guerra de Vietnam), es el chiste entre los pocos
corresponsales extranjeros que permanecen aquí: buenos días, buenas
tardes y buenas noches a cañonazos.
El
área urbana de Donetsk es uno de los lugares más acosados por la
artillería ucraniana en el Donbás: con estruendos nos despertamos y
vamos a la cama de noche. Con estruendos disfrutamos de un café o
una cerveza, o de un paseo por los muchos parques de la ciudad y sus
hermosos lagos artificiales, todo de la era soviética. Con
estruendos escribo estas líneas. En cualquier momento el estruendo
puede caer en tu cabeza.
En
cada uno de esos estruendos hay una casa, un edificio, un mercado
destruidos, personas heridas o muertas. Siempre civiles. Esto ocurre
diariamente desde 2014 en toda la periferia de la ciudad, y ahora
incluye el centro, donde están las instituciones estatales, muchas
escuelas, universidades, hospitales, centros comerciales, hoteles.
En
promedio, todos los días alrededor de 300 proyectiles de obuses,
cohetes y misiles se descargan sobre Donetsk y sus alrededores. Hay
cuentas de Telegram que informan en minutos de cada ataque,
precisando destino, origen, calibre y consecuencias.
Los
artilleros ucranianos son precisos. En la periferia destruyen
inmuebles todos los días pero en el centro eso rara vez ocurre,
excepción hecha de dos escuelas y el edificio administrativo
central.
Los
proyectiles caen siempre cerca. Cerca del Teatro, de los hoteles
principales, del Parlamento, de los restaurantes y cafés, de la casa
de Gobierno. Rompen vidrios, matan uno que otro de los pocos
transeúntes, y mantienen vivo su mensaje: podemos golpear donde
queramos y a la hora que nos dé la gana.
Objetivos
especiales de Ucrania son los servicios básicos: agua, electricidad,
comunicaciones. Se trata de un castigo a la población civil,
principalmente, porque rara vez golpean objetivos militares. Si lo
hicieran, sería más fácil para las fuerzas rusas y las milicias de
Donetsk ubicar el origen del fuego y destruirlo. Según informaciones
oficiales, gran parte del fuego viene de zonas urbanas, pobladas, que
sirven de escudo humano.
En
Donetsk, en cambio, no hay artillería ni puestos de combate en
residencias o escuelas. En realidad no se ven en ningún lado, y
cuando se escuchan disparos, principalmente de los lanzacohetes
múltiples Grad, emplazados en camiones, es desde las zonas rurales
aledañas.
Todos
sabemos que el fuego viene del oeste, de las zonas muy cercanas aun
bajo control ucraniano. Los automóviles se estacionan
preferiblemente en el lado oriental de los edificios, y por ahí es
más seguro caminar. Un periodista ruso me comentó que en San
Petersburgo (Leningrado) aun hay carteles callejeros, de la época de
la Guerra, sobre el lado más seguro de la calle, opuesto a la
dirección del fuego alemán.
El
viernes 2 de septiembre, cerca de las 19 horas cayeron cinco
proyectiles en pleno centro. El ruido es enorme y uno sabe a donde ir
a reportear. Camino dos cuadras y encuentro una mujer anciana muerta
frente al Parlamento, su hija desesperada. Dos cráteres en la
avenida principal de la ciudad, que es flanqueada por jardines de
rosas; Donetsk se enorgullece de ser "la ciudad de las rosas".
Hago
un "standup" rápido y lo envío al canal por Telegram, con
las imágenes de la destrucción y el cuerpo tapado de la víctima.
Caminamos
dos cuadras más y llegamos al arbolado y bien mantenido boulevard
Pushkin, zona de restaurantes y cafés. Dos cráteres más alrededor
del Teatro Dramático. El quinto impacto fue en el tope de un
edificio alto. Llegan los servicios de emergencia, los especialistas
militares, comienza inmediatamente la reparación de los cables del
trolley, y observo con deleite (si cabe) a dos chicas fumando
relajadas en el porche de un restaurante, a unos 20 metros.
Otro
"standup", imágenes de los vidrios quebrados del teatro,
de las esquirlas de metralla repartidas por todos lados. Nuevo envío
al canal, fin de la jornada, por ahora.
Nos
vamos a otro restaurante cercano, llamado Happy Life, popular entre
los periodistas, y bebemos una cerveza para comentar. Es una terraza
frente al Boulevard. Está semiocupado, hay varios soldados con sus
novias o esposas, conversan, ríen. La vida sigue, y uno piensa que
gente asi es imbatible, pero hay señales de que la paciencia se va a
agotando.
"¿Por
qué Rusia no acaba de una vez con esto?"
Recorremos
habitualmente zonas semiaisladas o descuidadas de las repúblicas
populares de Donetsk y Lugansk. Son pequeñas comunidades recién
liberadas a las que no llega aun la asistencia humanitaria organizada
y sistemática. Gente que no tiene nada, ni puede ir a ninguna parte,
y a quienes llevamos una modesta ayuda en alimentos y agua en un
furgón Uaz ("Bujanka") comprado por el periodista ruso
Nikita Tretyakov con ese único fin.
La
ayuda se financia con contribuciones privadas de usuarios del canal
Telegram de su agencia de noticias Regnum. El proyecto lleva tres
meses y hemos hecho hasta ahora 18 viajes, a menudo por zonas minadas
y bajo ataque constante. Casi siempre nos guían soldados de las
milicias que encontramos por ahí, y que conocen bien el terreno, para
evitar las minas dejadas allí por los ucranianos.
En
el trayecto, reporteamos. Hablamos con las personas, casi nunca con
funcionarios. Nos cuentan que muchas veces han podido sobrevivir
porque los soldados rusos y milicianos comparten con ellos sus
raciones de comida y agua. Este solo hecho, reiterado, marca una
diferencia notable con el comportamiento de los batallones nazis y de
las tropas ucranianas.
Hay
agradecimiento, pero también pena. Han perdido mucho, y tienen
urgencia en rehacer sus vidas. La pregunta que se va repitiendo más
y más es: "¿Por qué Rusia no acaba de una vez con esto?"
Esta
misma pregunta se hace aun más urgente en la región de Zhaporozhye,
donde se ubica la central nuclear más grande de Europa, construida
por la Unión Soviética en los años 80, y que desde hace tres
semanas es objeto constante de ataques ucranianos, e incluso intentos
de apoderarse de ella por sorpresa.
En
todos lados causan risa las afirmaciones del presidente de Ucrania,
Volodimir Zelenski, que los rusos se bombardean a sí mismos y a su
propia gente para culpar a Kiev.
La
escala de este conflicto es pequeña, si se quiere ver así. Rusia no
ha comprometido más de 150 mil soldados profesionales (de 900.000
que componen su ejército), que van lentamente venciendo a una fuerza
numéricamente muy superior. No ha usado Moscú todavía su inmenso
poder militar.
Para
dimensionar la escala, conviene retroceder a agosto-septiembre de
1943, cuando la misma zona de Zaporozhye era escenario de la batalla
por el rio Dnieper, entre soviéticos e invasores alemanes. El frente
se extendía por 1300 kilómetros. En la batalla participaron cuatro
millones de soldados y murieron cerca de 400 mil en menos de un mes
de combates.
"Cuatro
misiles a la Rada (Parlamento) y a los bancos en Kiev y esto se
acaba", me dijo un vecino de Pervomaisk (Primero de Mayo) en la
RP de Lugansk, tras un insólito ataque a un edificio residencial, un
cohete Himars de la OTAN, que destruyó nueve pisos de un solo golpe.
El
vocero militar de Donetsk, Eduard Basurin admite que los nuevos
obuses de 155 mm y los lanzacohetes múltiples Himars presentan un
problema que no tiene solución táctica: son de alta movilidad, se
disparan de distancias lejanas y es muy difícil ubicarlos. Por eso,
dijo, la respuesta se concentra en los depósitos de municiones y
bases militares.
Para
el Jefe de Gobierno de la RP de Donetsk, Denis Pushilin, el dilema de
los nuevos armamentos de la OTAN en manos ucranianas plantea la
necesidad de ampliar la zona de seguridad de la república a por lo
menos 70 o incluso 130 kilómetros de las fronteras. O sea, cerca de
Kiev.
Moscú
asegura que todo va de acuerdo a su plan, y que se cumplirán todos
sus objetivos, sea por negociaciones o por la fuerza:
desnazificación, desmilitarización y neutralidad de Ucrania. Para
Rusia, esta es una "operación militar especial" limitada,
no una guerra total, que involucraría la movilización de reservas y
un ataque frontal a todo el territorio ucraniano.
Tan
es así, que en el curso de la Operación, el ministerio de Defensa
ruso ha organizado juegos militares internacionales y una conferencia
internacional de seguridad y defensa, y en estos días tienen lugar
maniobras combinadas de amplio alcance en el extremo oriente, con
participación de varios países, incluida China.
La
facilidad aparente con que la artillería ucraniana golpea, está al
parecer destinada a crear la impresión mediática de que han logrado
detener el avance ruso, que están recuperando territorio, y que
ellos tienen la iniciativa estratégica. Tal era la convicción de un
grupo de periodistas occidentales que llegó hasta la zona en dias
pasados, para unirse a un tour del Ministerio de Defensa ruso en el
Donbás y Zaporozhye.
En
el campo de batalla, sin embargo, los intentos de contraofensiva han
fracasado, incluidas dos incursiones de comandos a través de un lago
para apoderarse por sorpresa de la Central Nuclear, coincidiendo con
la visita de una comisión investigadora de la Agencia Internacional
de Energía Atómica de la ONU, presidida por el argentino Rafael
Grossi.
Ucrania
heredó de la URSS una industria potente, asi como tecnología y
ciencia avanzadas, pero hoy es un país empobrecido por 30 años de
abandono, saqueos, corrupción y desindustrialización. Es visible
cuando se recorren los territorios hoy controlados por Rusia. El país
depende enteramente de Occidente para pagar sueldos y salarios, y
mantener la guerra. En los últimos seis meses ha recibido -en
calidad de préstamos y ventas- asistencia similar a todo el
presupuesto militar anual de Rusia.
No
obstante, todas las consideraciones geopolíticas carecen hoy de
importancia para los ciudadanos comunes que viven bajo el azote de la
artillería. Como muchos, el primer secretario del Partido Comunista
de Donetsk, Boris Litvinov, opina que Rusia debe aumentar la fuerza
del ataque y dirigir su estrategia hacia donde se toman las
decisiones: Kiev. Para Litvinov, Ucrania ha demostrado que es un
Estado que no justifica su existencia, y debe ser desmantelado cuanto
antes.
Muchos
por aquí coinciden con él.
Alejandro
Kirk es corresponsal de HispanTV en Donbás.
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