LA
HAINE.ORG – 15/11/2023
Hezbolá es consciente de
que un movimiento revolucionario no puede limitarse a un solo país,
de ahí la necesidad de actuar para hacer frente al imperialismo en
todos los frentes.
Traducción al
castellano: Ángeles Maestro
Este artículo está
incluido en el libro “Marxismos y pensamiento crítico en el sur
global” (https://lahaine.org/fK2R),
coordinado por Néstor Kohan y Nayar López Castellanos
y publicado en 2023 por la editorial Akal.
Leila Ghanem
¿Por qué estamos
debatiendo este tema hoy?
Porque el problema es muy
actual y acuciante. Lo situaron en primer plano nuestros enemigos de
clase, que desde 2003 trabajan con todo su arsenal para manipular a
las sociedades de Oriente Medio utilizando como ariete la cuestión
religiosa. No obstante, en mi opinión, el concepto islámico como
ideología de lucha contra el poder central siempre ha estado latente
en las sociedades islámicas, pero se vinculó al socialismo a
finales de los años setenta, con el auge del movimiento de
liberación nacional en los "3As" de Asia, América Latina
y África, y que culminó en Bandung con un predominio del "discurso
socialista".
Le sucedió nueva fase
que llamaré (inspirada en la cueva de Alí Babá en Las Mil y Una
Noches) "¡ábrete Sesamo!". En ese momento la "apertura
económica" del mercado había socavado el sector público, la
industria pesada y la soberanía alimentaria al derrotar la reforma
agraria... para entrar en el infernal ciclo McNamara del dúo
deuda-pobreza. En este preciso momento se inició el retorno
posmoderno al predominio del "discurso religioso".
El hecho de que hoy en
día los EE.UU. e Israel designen a la resistencia libanesa, en este
caso a Hezbolá, como un enemigo estratégico a derribar en primer
lugar, y que el grueso de su política exterior se dirija contra el
eje de Siria, Irán y la resistencia libanesa, muestra que nosotros,
como marxistas, estamos atrasados en el análisis de los actuales
movimientos de resistencia que luchan con las armas en el Líbano,
Palestina, Irak y Yemen, contra el imperialismo yanqui en primer
lugar, contra sus lacayos y contra el estado colonial de apartheid
israelí y las monarquías petroleras en el Golfo.
Citaré brevemente el
ejemplo de Hezbollah, que es la vanguardia de estos movimientos de
resistencia.
La cuestión que enfrentamos los marxistas es cómo
evaluar estos movimientos de resistencia antiimperialista y qué
actitud debemos adoptar en base a este análisis.
Notemos aquí que no se
trata sólo de analizar las teologías de la liberación islámica,
sino también de evaluar las experiencias que hasta ahora han
permanecido al margen de nuestros debates, incluso dentro de la
izquierda árabe, que tiene actitudes perplejas sobre el tema, que
provienen en parte de la influencia de las ideas anti-religiosas de
la ilustración en el ámbito de los intelectuales de izquierda.
El marxismo y la
dimensión cultural
Partimos de la premisa de
que el marxismo no se ocupó de la dimensión cultural por razones
que requieren un análisis separado de las corrientes de pensamiento
de la época y de la dinámica del movimiento social; pero ni Marx
(en contra de una lectura dogmática de su obra) ni los marxistas
antidogmáticos plantean que las ideas, las religiones, las creencias
no tengan influencia en el curso de la Historia.
Es esta una de las tesis
fundamentales defendidas por Maxime Rodinson, quien reivindica una
filiación marxista del Islam refiriéndose a Karl Marx quien
proclamó en un famoso texto que "No es la conciencia de los
hombres la que determina su ser; es, por el contrario, su ser social
el que determina su conciencia". (Prefacio a la Contribución a
la crítica de la economía política, Ediciones sociales, París,
1947). En otras palabras, son las condiciones materiales en las que
viven y producen los seres humanos las que determinan la forma en que
piensan (y actúan). Rodinson señala que "quienes debaten si el
Islam ha sido favorable o desfavorable al capitalismo comparten 'el
mismo supuesto implícito', 'que los hombres de un tiempo y una
región, que las sociedades obedecen estrictamente a una doctrina
previa, constituida fuera de ellas, siguen sus preceptos, impregnan
su espíritu, sin una transformación esencial, sin adaptarlo a sus
condiciones de vida y a las formas de pensamiento que implícitamente
sugeridas por ellas". (Maxim Rodinson: El Islam y el
Capitalismo; ed.2014. prensa universitaria)
Rodinson analiza en
detalle, no sólo la relación entre el Islam y el capitalismo, sino
también entre el socialismo y el Islam.
¿Basta el carácter
anticolonial para analizar el impacto de ciertos movimientos de
teología de la liberación, incluidos los movimientos de resistencia
de obediencia islámica, en la dinámica de la historia y la lucha de
clases, o es necesario que esta última tenga un programa
socio-económico favorable al reparto de la riqueza, como afirman
muchos partidos comunistas?
La cuestión parece
crucial hoy en día, teniendo en cuenta lo lejanas que parecen las
perspectivas de una revolución anticapitalista y que el islamismo
radical tiene como principal objetivo los movimientos anticoloniales.
Traigo aquí el ejemplo de la batalla asesina librada por el Daesh,
Al Nusra, los Wahhabitas, la Hermandad Musulmana contra Hezbollah y
que aún no ha desaparecido. Detrás de todos ellos está el apoyo
financiero y logístico de una alianza tripartita: el Occidente
imperialista, Israel y las monarquías petroleras. En otras palabras,
¿la lucha anticolonial y antiimperialista es independiente de la
cuestión ideológica inscrita en la lucha de clases? Esta es la
esencia de nuestro debate aquí.
Aquellos que han
investigado estas cuestiones, especialmente los del tercer mundo, han
visto la necesidad de plantear otra pregunta ya formulada en el siglo
XIX por el bolchevique tártaro Sultán Galiev, a la que volveremos
más tarde. Esta pregunta es la siguiente:
¿El marxismo era
eurocéntrico?
En 1961, en "Los
condenados de la Tierra", Frantz Fanon escribió: "Los
análisis marxistas siempre deben distenderse ligeramente cada vez
que se aborda el problema colonial".
Esta idea es un excelente
punto de partida para reexaminar la problemática poscolonial en el
marco de lo que el historiador indio Dipesh Chakrabarty ha llamado la
"provincialización de Europa". Existe, por una parte, una
concepción según la cual la provincialización es sinónimo de
particularización, y por lo tanto de relativización, del
"pensamiento europeo eurocentrista", y en particular del
pensamiento marxista.
Existe, por otra parte,
una concepción de la "provincialización como distensión"
que subraya la necesidad de una extensión y un desplazamiento de las
fronteras de la teoría marxista más allá de Europa como condición
de posibilidad de una auténtica universalización.
De ahí que
una de las cuestiones que es necesario dilucidar es la de la
nacionalización del marxismo, cuya identificación habitual con una
cuestión "simple" de "adaptar el marxismo a
condiciones singulares" no restaura la complejidad en la medida
en que, como ha demostrado Gramsci, esa "nacionalización"
entraña verdaderos procesos de adaptación teórica y práctica. El
ejemplo más famoso sigue siendo el de la "sinización del
marxismo" emprendida por Mao Zedong. De hecho, como escribe Arif
Dirlik - que también es un crítico incansable de los estudios
poscoloniales - "una de las mayores fortalezas de Mao como líder
fue su capacidad para traducir el marxismo a un idioma chino".
Sultán Galiev o el
nacional-comunismo
En este marco, analizando
la trayectoria del bolchevique tártaro Mirsaid Sultan Galiev, es
interesante referirse a una experiencia poco conocida: la del
"comunismo musulmán nacional" tal como se desarrolló en
la Rusia soviética, y luego en la URSS, desde 1917 hasta finales de
los años 20.
1 - Como su nombre
indica, se trata de un comunismo musulmán que plantea, más que
nunca, la cuestión de la relación entre, por una parte, los
movimientos de emancipación europeos o de "origen blanco"
y, por otra, el Islam y los grupos que lo integran en lo referente a
sus reivindicaciones políticas;
2 - Estamos ante un
movimiento de emancipación antiimperialista que se desarrolló
vinculado a un proceso revolucionario en el corazón mismo del
imperio (ruso), una situación histórica cuyo precedente más
ilustre es el de la conexión entre las revoluciones francesa y
haitiana a finales de los siglos XVIII y XIX;
En esta época, Sultán
Galiev sentó los fundamentos teóricos e ideológicos del comunismo
nacional musulmán, que pueden dividirse en tres puntos:
- El primero se refiere a
las relaciones de clase y, correlativamente, a la relación entre la
revolución social y la revolución nacional. Reiterando la
oposición leninista de las naciones opresoras y oprimidas, pide "la
venganza de los oprimidos contra los opresores" y declara que
"todos los pueblos musulmanes colonizados son pueblos
proletarios".
- El segundo punto se
refiere a la relación entre la revolución socialista y el Islam. Si
Sultán Galiev defiende la idea de que "como todas las demás
religiones del mundo", el Islam está "condenado a
desaparecer", subraya no obstante que "de todas las
"grandes religiones" del mundo, el Islam es la más joven,
por lo tanto la más sólida y la más fuerte por la influencia que
ejerce" y que la ley islámica (la Sharia) presenta
prescripciones verdaderamente "positivas" y progresistas:
la "obligatoriedad de la enseñanza", "la obligación
de comerciar y trabajar", "la ausencia de propiedad privada
de la tierra, el agua y los bosques", etc., - prescripciones que
como Sultán Galiev sugiere, sin decirlo explícitamente, podrían
ser incorporadas y sustentar una futura sociedad comunista.
- En tercer lugar, para
Galiev, la singularidad del Islam radica, por otra parte, en el hecho
de que "durante el siglo pasado, todo el mundo musulmán fue
explotado por el imperialismo de Europa Occidental". El Islam ha
sido y sigue siendo una "religión oprimida y empujada a actuar
a la defensiva", una opresión que ha generado un profundo
"sentido de solidaridad" unido a un fuerte deseo de
emancipación. Para Sultán Galiev, no hay incompatibilidad entre la
revolución socialista y el Islam: no se debe trabajar por la
destrucción del Islam, sino más bien por su desespiritualización,
su "marxistización".
- El último enfoque se
refiere a la exportación de la revolución bolchevique o, en
palabras del propio Sultán Galiev, la canalización de la "energía
revolucionaria" nacida en Rusia más allá de sus fronteras.
Para el Sultán Galiev, el "foco revolucionario" europeo ya
se ha extinguido, mientras que Oriente constituye "un material
muy rico y muy 'inflamable'". En esta perspectiva, la revolución
anticolonial se convierte en la condición de posibilidad de la
revolución europea y mundial, y no al revés: "Privado de
Oriente y aislado de la India, Afganistán, Persia y otras colonias
asiáticas y africanas, el imperialismo occidental perecerá y morirá
de muerte natural".
Lenin: los pueblos de
oriente y la cuestión nacional
Un cliché persistente
plantea que, acorralado por las derrotas de la revolución en Europa
después de 1917, Lenin se volvió hacia el Este y abandonó la idea
sagrada del "la cuna (europea) de la revolución mundial"
por despecho.
Para Matthieu Renault,
que se ha interesado mucho por esta cuestión, se trata de una
percepción infundada. Si bien es cierto que el pensamiento de Lenin
sobre los límites de la revolución manifestaba una afinidad
singular con quienes afirman intransigentemente la necesidad de una
"revolución colonial", en realidad estaba apostando por
las naciones oprimidas, los campesinos pobres, por la ruptura de las
relaciones coloniales, como condición para la sinergia con la
revolución socialista.
El interés de Lenin por
las luchas de liberación nacional se remonta a sus primeros escritos
sobre el desarrollo del capitalismo en Rusia, marcados, como señaló
con razón. L. R. James -y no es casualidad que fuera un teórico
marxista no europeo, en este caso caribeño, quien lo señalara- por
la imperativa y progresiva descentralización revolucionaria, de una
traducción del marxismo en un contexto diferente al de Europa
occidental, sin ser radicalmente ajeno a él.
Es el itinerario de tal
descentralización, el que debe ser explorado a través de dos
fuentes: la primera se refiere a las reflexiones de Lenin, antes de
1917, sobre la cuestión de la autodeterminación nacional y las
luchas por la independencia, y la segunda, la manera en que, después
de 1917, trató de responder a la demanda de descolonización del
Imperio Ruso a partir del caso de las colonias musulmanas de Asia
Central.
Las luchas de
liberación nacional, o la revolución impura
En julio de 1903, en
vísperas del Segundo Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de
Rusia (SDPWR), Lenin publicó un artículo en Iskra, "La
cuestión nacional en nuestro programa", en el que se trataba de
la defensa del derecho a la autodeterminación de las naciones, el
derecho a la separación política de un Estado, que no debe
confundirse con el (supuesto) derecho a la autonomía
nacional-cultural dentro de un Estado, al que Lenin se opuso con
vehemencia. El "Derecho de las Naciones a la Autodeterminación"
es una poderosa crítica al eurocentrismo que rige el enfoque de la
cuestión nacional por Rosa Luxemburgo y sus seguidores.
Para Lenin, "afirmar
que el imperialismo ejerce ahora su dominio sobre el mundo entero
transgrediendo todos los límites territoriales establecidos" no
debe llevar a una negación, sino más bien a una insistencia en lo
acuciante del problema de las "fronteras de los Estados
establecidas sobre la opresión nacional".
Si Lenin nunca cuestiona
el papel de vanguardia del "proletariado avanzado", no
niega, dialécticamente, que las guerras nacionales y periféricas
tienen el poder de introducir gérmenes de contagio revolucionario en
el corazón mismo de las potencias imperialistas: "La dialéctica
de la historia hace que las pequeñas naciones... jueguen el papel de
uno de los fermentos, uno de los bacilos, que favorece la entrada de
la fuerza verdaderamente capaz de luchar contra el imperialismo, a
saber: el proletariado socialista."
Lenin y los musulmanes
de Rusia
El 20 de noviembre de
1917, el día después de que los bolcheviques tomaran el poder,
Lenin apeló a "todos los trabajadores musulmanes de Rusia y el
Este" para que se unieran a ellos en la revolución en marcha:
¡Musulmanes de Rusia, tártaros del Volga y Crimea, kirguises y
sartanos de Siberia y Turkestán, turcos y tártaros de
Transcaucasia, chechenos y montañeses del Cáucaso! ¡Todos vosotros
cuyas mezquitas y casas de oración han sido destruidas, cuyas
creencias y costumbres han sido pisoteadas por los zares y opresores
de Rusia! De ahora en adelante, vuestras creencias y costumbres,
vuestras instituciones nacionales y culturales son libres e
inviolables. ¡Organizad vuestra vida nacional libremente y sin
obstáculos! Es vuestro derecho. Sabed que vuestros derechos, como
los de todos los pueblos de Rusia, están protegidos por el poder de
la Revolución, por los soviets de diputados obreros, soldados y
campesinos".
Si las relaciones entre
el poder soviético y las poblaciones musulmanas del imperio ruso,
durante y después de la revolución, resultaran mucho más
tumultuosas de lo que sugiere este llamamiento a una unión libre
(revolucionaria), éste expresa el profundo deseo de Lenin de una
ruptura radical con las políticas de opresión de las minorías
nacionales y religiosas que habían marcado toda la historia del
zarismo. El símbolo inaugural de este deseo es la restitución,
ordenada por él, del Corán de Othman, una de las copias más
antiguas del texto sagrado, a los musulmanes de Rusia.
Lenin desempeñó
entonces un papel importante en los procesos más o menos tormentosos
de la creación de las primeras repúblicas soviéticas musulmanas,
en particular en la crisis de Bachkire de 1919-1920, pero se interesó
especialmente por el caso del Turquestán ruso (Asia Central),
conquistado en la segunda mitad del siglo XIX por los ejércitos
zaristas y sometido a la explotación colonial en sentido estricto.
Allí se observa el desarrollo de los monocultivos (en particular de
algodón), la división espacial entre las ciudades-pueblos de
nativos por una parte, de colonos por otra -cuyo número había
aumentado considerablemente después de la terminación en 1906 de la
construcción de la línea de ferrocarril que unía Moscú con
Tashkand-, y también, una oposición frontal entre unos y otros -los
ocupantes rusos, ucranianos, alemanes (étnicos) y judíos, divididos
nacionalmente en el resto de Rusia, apareciendo aquí sobre todo,
unidos, como blancos contra musulmanes. Lenin pregresivamente se dio
cuenta de que, más que en cualquier otro lugar, es en Turkestán
donde el desafío de la descolonización del Imperio Ruso debe ser
asumido.
El 22 de abril de 1918,
Lenin y Stalin enviaron un mensaje de saludo "Al Congreso de los
Soviéticos del Territorio de Turquestán en Tashkand",
asegurando a este último el apoyo del Consejo General.
En opinión de Lenin, el
proceso revolucionario en Asia Central debería servir de modelo,
fuente de inspiración y de "importación", para los
movimientos de liberación nacional a nivel internacional,
especialmente en el Oriente musulmán. Es un laboratorio de la
combinación indispensable de la revolución socialista y de las
luchas anticoloniales. No sólo es el derrocamiento del poder burgués
existente, sino también la destrucción definitiva de todo rastro
del legado dejado por las prácticas colonialistas.
Estos son elementos
teóricos que deberían permitirnos analizar un movimiento de lucha
armada anticolonial con obediencia islámica: Hezbollah, tal y como
anuncié al principio.
Hezbollah la última
resistencia armada
Hezbollah nació en 1982
tras la ocupación israelí del Líbano. Sus miembros son musulmanes
chiítas que pueblan el sur del Líbano y la Bekaa, que son las
regiones del Líbano que proporcionan la mayoría absoluta de la mano
de obra en la industria agrícola y el tercer sector. Los chiítas
del Líbano son predominantemente de origen proletario o campesino.
La revolución islámica iraní dirigida por el ayatolá Jomeini
contra el Sha de Irán, títere del imperialismo y miembro de la
OTAN, iba a desempeñar un papel de trampolín para los militantes
chiítas, hasta entonces marginados y no organizados en sindicatos.
Hay que recordar que esta
misma población constituía la base de los militantes de la
izquierda libanesa. Lamentablemente, esta última no tenía un
verdadero programa de lucha armada contra el ocupante. En 1982,
durante la invasión colonial israelí del Líbano y la salida
forzosa del brazo armado de la resistencia palestina dirigida por
Yasser Arafat a Túnez, exigida por los Estados Unidos e Israel,
mientras que los militantes de la izquierda libaneses arrojaban sus
armas a las calles para escapar de las represalias, los militantes de
Hezbolá recogieron estas armas para prepararse para la lucha.
Hezbolá se presentó
desde el principio como un movimiento de liberación nacional y no
como un partido religioso, aunque su discurso se inspira en la
historia del movimiento chiíta, en particular en la revuelta de
Hussein que se levantó contra el Califa Omeya sobre la base de tres
grandes directrices:
1- La posesión de la
tierra;
2- La gestión de las
finanzas y los impuestos sobre el comercio;
3- La distribución justa
de la riqueza.
El chiísmo está en
contra de la propiedad privada y a favor de una gestión colegiada de
las finanzas que permita una distribución justa de la riqueza a
todos los musulmanes sin distinción de clases. Para los omeyas,
ceder el terreno a los insurgentes era ir en contra del desarrollo de
la sociedad y el comercio. Hussein y sus hombres fueron horriblemente
masacrados en Karbala, en el Iraq, en un enfrentamiento heroico
porque el equilibrio de poder no les era favorable en el Iraq: Desde
ese acontecimiento, la batalla de Karbala ha entrado en la mitología
de todos los chiítas. Cuando Nassrallah anuncia con firmeza en sus
discursos que "no dejaremos las armas aunque todos los
imperialistas se reúnan contra nosotros", evoca en la mente
de sus combatientes y de la población protectora de la resistencia
el ejemplo del mártir el Hussein.
En la carta fundacional
de Hezbolá hay fragmentos de las demandas de Al-Imam Hussein de
justicia social y protección de los "desfavorecidos". Pero
Hezbollah se ha radicalizado sobre el terreno adaptando sus
principios a las necesidades de la época. Encontramos así una
flexibilización del concepto religioso (entre la carta de 1985 y la
de 2009). La última carta vuelve a centrar los objetivos y la visión
de Hezbolá en "el papel de la mujer en la sociedad, la
independencia del poder judicial, la defensa del multicomunismo, la
lucha contra la corrupción, la descentralización y la preservación
de todas las libertades públicas".
En la actualidad, es
prácticamente el único movimiento de resistencia armada
antiimperialista de gran envergadura a escala internacional, en
condiciones difíciles marcadas por la movilización total de los
servicios de espionaje para desarmar esta resistencia o incluso
ponerle fin.
Este movimiento de resistencia ha logrado reunir a su
alrededor a organizaciones marxistas, incluyendo al FPLP, que
colaboran estrechamente con ellas. Hezbollah para el pueblo palestino
es el verdadero portador de esperanza para su liberación del yugo
colonial. Los discursos de Nassrallah son seguidos en las bases de
los militantes de Hamas, Jihad y Fath.
Hezbolá es consciente de
que un movimiento revolucionario no puede limitarse a un solo país,
de ahí la necesidad de actuar para hacer frente al imperialismo en
todos los frentes. Por eso ha enviado tropas para luchar contra el
ejército mercenario de Daesh y Al Nusra entrenados y financiados por
la CIA y las monarquías petroleras del Golfo.
En 2006 y 2009 Hezbollah
organizó dos foros internacionales para llamar a la convergencia de
causas entre las luchas armadas anticoloniales en el Líbano,
Palestina e Iraq, y la lucha de los pueblos de América Latina contra
el capitalismo y la hegemonía estadounidense, las luchas contra el
sistema capitalista que él llama en su jerga "fuente del mal";
más de 400 delegaciones estuvieron presentes.
Hezbollah no pudo
reaccionar a tiempo durante las grandes manifestaciones de 2019 por
razones de seguridad. Se mantuvo escéptico ante una mezcla dispar de
una verdadera revuelta social y la presencia activa de las ONG
pagadas por las embajadas, en particular las estadounidenses, para
expulsar a Hezbollah del gobierno: Esto provocó un gran debate entre
los partidarios de la resistencia.
La resistencia está
activa en el campo social a través de hospitales, escuelas y
orfanatos. A principios de 2006, según un informe de IRIN, el
movimiento financiaba 4 hospitales, 12 clínicas, 12 escuelas, 2
centros de equipamiento agrícola, programas sociales y ambientales,
proporcionando servicios gratuitos o de bajo costo a algunas de las
regiones más desfavorecidas del país. Una de sus instituciones de
la Jihad al-binâ desempeñó un papel importante en la
reconstrucción del Sur y de los barrios chiítas de Beirut.
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