Kolozeg.org
– 12/07/2024
El saliente tarugo
epiléptico de madera noruega que se hace pasar por Secretario
General de la OTAN ofreció una gran actuación.
Somos el mundo. Somos el
pueblo. Somos la OTAN. Y vamos a por ti, dondequiera que estés, lo
quieras o no.
Llamémoslo la última
versión popular del “orden internacional basado en reglas”,
debidamente bautizado en el 75º aniversario de la OTAN en
Washington.
Bueno, la Mayoría Global
ya había sido advertida, pero los cerebros bajo el tecnofeudalismo
tienden a quedar reducidos a papilla.
Por tanto, conviene hacer
un pequeño recordatorio, que ya se había indicado en el primer
párrafo de la Declaración
conjunta sobre la cooperación entre la UE y la OTAN, publicada
el 9 de enero de 2023:
“Movilizaremos aún más
el conjunto de instrumentos a nuestra disposición, ya sean
políticos, económicos o militares (la cursiva es mía),
para perseguir nuestros objetivos comunes en beneficio de nuestros
mil millones de ciudadanos”.
Corrección: apenas un
millón, porción de la plutocracia del 0,1%. Desde luego, no mil
millones.
Pasamos a la Declaración
de la Cumbre
de la OTAN de 2024, obviamente redactada, con mediocridad
estelar, por los estadounidenses, con el debido asentimiento de los
otros 31 miembros vasallos.
Así pues, aquí está la
principal trilogía “estratégica” de la OTAN para 2024:
1. Decenas de miles
de millones de dólares adicionales en “asistencia” al nuevo y
desastroso país de Ucrania; la abrumadora mayoría de estos fondos
se destinarán al complejo industrial y militar de lavado de dinero.
2. Imposición
forzosa de gastos militares adicionales a todos los miembros.
3. Masiva
exageración de la “amenaza china”.
En cuanto a la canción
principal del programa NATO 75, en realidad hay dos. Además de
“Amenaza China” (créditos finales), la otra (créditos
iniciales) es “Ucrania Libre”. La letra dice algo así: Parece
que estamos en guerra contra Rusia en Ucrania, pero no se dejen
engañar: la OTAN no participa en la guerra.
Bueno, incluso están
montando una oficina de la OTAN en Kiev, pero eso es sólo para
coordinar la producción de una serie bélica de Netflix.
Esos autoritarios
malignos
El saliente epiléptico
tarugo de madera noruego, que se hizo pasar por Secretario General de
la OTAN –antes de la llegada de su sustituto holandés Gouda–,
ofreció una actuación espectacular. Entre sus momentos más
destacados se encuentra su feroz denuncia de “la creciente alianza
entre Rusia y sus amigos autoritarios en Asia”, como “los líderes
autoritarios de Irán, Corea del Norte y China”. Estas entidades
malignas “quieren que la OTAN fracase”, por lo que hay mucho
trabajo por hacer “con nuestros amigos en el Indo-Pacífico”.
El término
“Indo-Pacífico” es una invención burda de “orden
internacional basado en reglas”. Nadie en Asia, en ningún lugar,
lo ha usado jamás; todo el mundo se refiere a Asia-Pacífico.
En la declaración
conjunta se acusa directamente a China de fomentar la “agresión”
rusa en Ucrania: Pekín es descrito como un “facilitador decisivo”
del “esfuerzo bélico” del Kremlin. Los guionistas de la OTAN
incluso amenazan directamente a China: China “no puede permitir la
mayor guerra en Europa en la historia reciente sin que esto afecte
negativamente a sus intereses y reputación”.
Para contrarrestar tal
malignidad, la OTAN ampliará sus “alianzas” con los estados del
“Indo-Pacífico”.
Incluso antes de la
declaración de la cumbre, el Global
Times ya estaba perdiendo la calma con todas estas tonterías:
“Según la propaganda de los EEUU y la OTAN, parece ser que China
se ha convertido en la 'clave' para la supervivencia de Europa,
controlando el destino del conflicto entre Rusia y Ucrania como una
'potencia decisiva'”.
El grosero festival
retórico desplegado en Washington definitivamente no hará mella en
Beijing: el Hegemón sólo quiere “penetrar más profundamente a
Asia, tratando de establecer una ‘OTAN Asia-Pacífico’ a fin de
implementar la ‘Estrategia Indo-Pacífica’ de Estados Unidos”.
El Sudeste Asiático, a
través de canales diplomáticos, está básicamente de acuerdo: con
la excepción de los descarriados filipinos, comprados y pagados,
nadie en Asia-Pacífico quiere una turbulencia tan grave como la que
la OTAN ha desatado en Europa.
Zhou
Bo, avezado investigador del Centro de Seguridad y Estrategia
Internacional de la Universidad de Tsinghua y oficial retirado del
EPL, también desestimó las maquinaciones del Indo-Pacífico,
incluso antes de la cumbre: tuvimos un excelente intercambio al
respecto a fines del año pasado en el Foro de Astaná, en Kazajstán.
Pase lo que pase, el
Excepcionalismo seguirá funcionando a toda maquina. La OTAN y Japón
han acordado establecer una línea de “información de seguridad
extremadamente confidencial” las 24 horas del día. Así pues,
cuenten con el dócil Primer Ministro japonés Fumio Kishida para
realzar el “papel central” de Japón en la construcción de una
OTAN asiática.
Todo el que tenga un poco
de cerebro, desde Urumqi hasta Bangalore, sabe que el lema de los
excepcionalistas en toda Asia es “hoy Ucrania, mañana Taiwán”.
La absoluta mayoría de la ASEAN (y esperemos que la India) no caerá
en esa trampa.
Lo que está claro es que
el circo OTAN-75 aniversario no tiene ni idea de lo que ocurrió en
la reciente cumbre
de la OCS en Astaná, especialmente cuando se trata de la OCS,
que ahora se posiciona como nodo clave para lograr un nuevo acuerdo
de seguridad colectiva a nivel de Eurasia.
En cuanto a Ucrania, una
vez más Medvedev Unplugged, con estilo inimitable, expuso
la posición rusa:
“La Declaración de la
Cumbre de Washington del 10 de julio menciona “el camino
irreversible de Ucrania” hacia la OTAN. Para Rusia, dos posibles
formas al final de ese camino son aceptables: o Ucrania desaparece, o
la OTAN desaparece. O mejor aún, ambas cosas.”
Al mismo tiempo, China
está realizando ejercicios militares en Bielorrusia, apenas unos
días después de que Minsk se convirtiera oficialmente en miembro de
la OCS. Traducción: olvidémonos de la “expansión” de la OTAN a
Asia, cuando Pekín ya está dejando en claro que está muy presente
en el supuesto “patio trasero” de la OTAN.
Una declaración de
guerra contra Eurasia
Michael Hudson ha
recordado una vez más a cuantos tienen una pizca de cerebro, que el
espectáculo belicista de la OTAN no tiene nada que ver con el
internacionalismo pacífico. Se trata más bien de “una alianza
militar unipolar estadounidense que conduce a la agresión militar y
las sanciones económicas para aislar a Rusia y China. O, más
concretamente, para aislar a los aliados europeos y otros de su
antiguo comercio e inversión con Rusia y China, haciendo que esos
aliados sean más dependientes de Estados Unidos”.
La declaración de la
OTAN de 2024 es en realidad una renovada declaración de guerra,
híbrida o de cualquier otro tipo, contra Eurasia, así como contra
Afro-Eurasia (sí, hay promesas de “alianzas” progresando en
todas partes, desde África hasta Oriente Medio).
El proceso de integración
de Eurasia tiene que ver con la integración geoeconómica, que
incluye, fundamentalmente, corredores de transporte que conectan,
entre otras latitudes, el norte de Europa con Asia occidental.
Para el Hegemón, ésta
es la peor pesadilla: la integración de Eurasia alejando a Europa
occidental de Estados Unidos e impidiendo ese eterno sueño húmedo:
la colonización de Rusia.
Así pues, sólo se
podría aplicar el plan A con absoluta brutalidad: Washington
–literalmente– bombardeó la integración ruso-alemana (Nord
Stream 1 y 2, y más) y convirtió las tierras vasallas de los
asustados y desconcertados europeos en un lugar potencialmente muy
peligroso, justo al lado de una frenética Guerra Caliente.
Así pues, una vez más,
volvamos a ese primer párrafo del comunicado conjunto UE-OTAN de
enero de 2023. Eso es lo que afrontamos hoy, tal como se refleja en
el título de mi último libro, Eurasia
v. NATOstan: La OTAN –en teoría– está totalmente
movilizada, en términos militares, políticos y económicos, para
luchar contra cualquier fuerza de la Mayoría Global que pueda
desestabilizar la Hegemonía Imperial.
★