Mostrando entradas con la etiqueta Marcos Roitman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marcos Roitman. Mostrar todas las entradas

23 noviembre, 2017

La domesticación del pensamiento – Marcos Roitman



La Jornada. 08/07/2017

Siga la flecha. En una sociedad algorítmica, mutamos en robots. Muchos son los indicios. No busque respuestas al margen del sistema. Compórtese. Sea políticamente correcto. Seres acríticos, sin capacidad de juicio, incapaces de reflexionar, previsibles y pendientes de la voz del amo. Nos dan órdenes y las cumplimos rauda y velozmente. Cada vez que lo hacemos esperamos ser gratificados. El premio, a diferencia de los animales domésticos, son mercancías, coches, apartamentos, joyas, etc., o su equivalente general, dinero. Otras, el resultado es vanidad y orgullo. Ego contenido para señalar las diferencias de estatus y posición de clase. Nos complace el reconocimiento público. Ser los machos alfa de la manada o en su defecto el líder.

Con los animales, el proceso de domesticación sigue el mismo itinerario. Una orden cumplida, una recompensa. Es cosa de observar espectáculos en los parques acuáticos. Focas, delfines, orcas, obtienen, más o menos sardinas, en función del ejercicio realizado. Si por casualidad los animales domésticos alteran nuestra existencia, no hay rubor en someterlos hasta desfigurar su naturaleza. La castración, sin ir más lejos. Así, el propietario, dueño del animal, evita los cantos, aullidos o maullidos en periodo de celo. Los destruimos, a cambio les brindamos seguridad, un techo donde vivir y comida. Nos sirven de compañía, satisfacen nuestros deseos. Sólo les pedimos sumisión, y levantar la patita a la voz del amo.

¿Pero qué sucede si no cumple la orden? No hay que ser muy listo, el premio se convierte en castigo. La desobediencia se penaliza. Si las recompensas no surten efectos, el animal será declarado peligroso, no apto para vivir entre humanos. Mejor sacrificarlo. Como mucho se le perdonará la vida, pasando el resto de su existencia en una jaula, aislado y en condiciones miserables. Los ejemplos de castigos son variados, no haremos una lista, pero sabemos cuál es su función, crear miedo y violentar el cuerpo. Así, los vemos temblar cuando se les recuerda que defecar y mear en el salón está penalizado. Saben la respuesta, pero no han podido frenar sus instintos, la domesticación, tiene sus límites. Cada cierto tiempo, se les recordará quien manda para evitar indisciplinas, sublevaciones o malos comportamientos. Otro tanto ocurre con los seres humanos, temerosos de perder el empleo, se someten a vejaciones múltiples. Es preferible callar que levantar la voz. Amenazas, presiones, calumnias todo será utilizado como mecanismo represivo y de coerción.

Seguramente usted ya está reflexionando. Haciendo comparaciones y sometiendo lo dicho a un juicio reflexivo. En otras palabras, ejerciendo la facultad de pensar. No somos homo sapiens, somos dos veces sapiens, sabemos que sabemos y eso nos hace únicos, como especie. Pensar, anticipa medir las acciones, enjuiciarlas y contrastarlas por sus resultados. No es posible aceptar la injusticia, el hambre, la esclavitud, el tráfico humano, la explotación, la desigualdad. Menos aún justificar guerras, levantar muros fronterizos.

Sin embargo, el miedo se ha ido apoderando lentamente de nuestra existencia. Cambiamos derechos y libertades por seguridad. Asesinatos, secuestros, robos, violaciones, catástrofes provocadas, crisis inducidas, guerras étnicas. No hay espacio público que no se encuentre tocado por la inseguridad y el miedo. Tampoco en la esfera privada. La dualidad público-privado ha perdido su significado en un mundo en el cual se nos exige sumisión completa al poder. Podemos ser asaltados, trasformados en rehenes, violados, convertidos en carne de cañón del crimen organizado. La violencia se extrema y permea al conjunto de actividades. El miedo se extiende y se generaliza. Vivimos con miedo. La salida resulta obvia, trocamos miedo por seguridad. Somos capaces de renunciar a cualquier cosa, ser sumisos, con tal de no padecer las angustias de una sociedad sumida en la desconfianza.

Las consecuencias son palpables. Si el poder piensa en verde, nosotros pensamos en verde, si en rojo, nosotros en rojo, si en amarillo, pues en amarillo, y así cuantas veces sea necesario. Nos adaptamos y queremos ser gratificados por ello. Hemos aprendido la lección. No se puede ser la oveja negra, la manzana podrida, el inconformista, el crítico. Mejor seguir el libro de instrucciones para convertirse en un animal de compañía, dócil y siempre dispuesto a complacer al amo. ¿Cómo hemos llegado a esta situación deshumanizante?

Primero, renunciando a la conciencia. Acallando la memoria. Ya no juzgamos las acciones del poder, acatamos órdenes. Segundo, disciplinando el pensar, obedeciendo ciegamente y creyendo ser libres, cuanto más esclavo somos. Tercero, siendo sumiso y socialconformista. Llevando una vida sosegada y placentera, convertidos en caricaturas de seres humanos.

El proceso de domesticación teje sus redes, creando un sucedáneo para la facultad de pensar, la llamada inteligencia artificial y el consabido pensamiento positivo. Aunque usted sea explotado, ninguneado, insultado y menospreciado, siempre habrá una acción positiva que le alegre el día. Todo está dispuesto para hacer de la actividad de pensar un delito. A partir de ese instante su ejercicio será perseguido y criminalizado.

El proceso de deshumanización se yergue para apuntalar un orden social totalitario y represivo. Es necesario, enfrentarse al proceso de domesticación, recuperar la capacidad de pensar secuestrada por el sistema, y perder el miedo, sin caer en actitudes imprudentes y temerarias. Hay que ser osados pero no idiotas. Hablamos de no dejarse avasallar, de romper el círculo del miedo, en nuestra especie, ser indomables.






____________________________________

...Y un vídeo que podríamos titular "Oligarcas en fuga" 


Maestros de la Sección 22 de la Coordinadora Nacional, al grito de "Esos son, esos son los que roban a la nación" y "Fuera Peña", impidieron el paso a los invitados que pretendían llegar a la inauguración del Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca, México.


.

07 agosto, 2015

La alargada sombra de los intocables en España / Marcos Roitman



No soy partidario de escribir artículos basados en experiencias personales cuando se trata de cuestionar el poder político. Sin embargo, en esta ocasión no puedo dejar de hacerlo en tanto su significado sobrepasa la mera anécdota, situándose en la parte más siniestra de funcionamiento de una sociedad donde los caciques mantienen intacto su poder. No hace mucho, entre las colaboraciones habituales que envío a La Jornada se publicó un artículo sobre la figura del ex presidente de gobierno de la corona española, Felipe González. Eran de suponer críticas en uno u otro sentido. Debo confesar que me sentí halagado por la mayoría de ellas. Otras, las menos, recurrieron al insulto personal y la descalificación, sacando a relucir toda mi parentela.


El artículo en cuestión: “Felipe Gonzalez, la impudicia de un político indecente”, se reprodujo y tomó vida propia en España. Las redes se encargaron de publicitarlo, aunque curiosamente las habituales lo ignoraron. Por alguna razón misteriosa, ninguna consideró oportuno editarlo. Cada quien selecciona y fija los temas relevantes para sus páginas web. A los pocos días, Luis Hernández Navarro escribía su columna desentrañando más los negocios del susodicho. Corrió la misma suerte: las páginas web llamadas de izquierda o progresistas españolas lo ignoraron.

Sin embargo, lo destacable está en otro lugar. La sensación de no poder hablar o levantar la voz contra quienes se han convertido en seres intocables para España y su relato transicional. El poder de Felipe Gonzalez, transformado en cacique, agarrota, frena cualquier crítica, intimida y levanta un muro de personajillos serviles que hacen de cortafuegos. En España los caciques se han reproducido, actúan por encima de la ley con el beneplácito de las instituciones. Felipe González goza de ese estatus de gran cacique.

Tal vez desde la muerte del dictador Francisco Franco, Felipe González sea el único político intocable. Ni siquiera Adolfo Suárez o el incombustible José María Aznar han conseguido acceder a tal privilegio. El miedo a despertar su ira provoca auténtico pánico. Forma parte de ese selecto grupo al cual pertenecen terratenientes, grandes empresarios y aristócratas, cuyo poder permea toda la sociedad. Hasta su reciente fallecimiento, han sido caciques venerados por la sociedad cortesana en España el banquero Emilio Botín; el presidente del grupo Planeta, José Manuel Lara Bosch; el fundador del Grupo Prisa, Jesús Polanco; los fundadores de El Corte Inglés, Ramón Areces e Isidoro Álvarez, o la duquesa de Alba. Entre los vivos destacan el dueño del holding Zara, Amancio Ortega; los herederos de la banca March, dirigida por Carlos March; el grupo ACS con Florentino Pérez a la cabeza. Nombres propios cuya sola mención hace temblar a propios y extraños. Dueños de empresas, medios de comunicación, terratenientes, banqueros, forman parte de la plutocracia que hoy controla la vida política en España. Poco se puede hacer contra ellos. Son el IBEX 35.


En España no se puede escribir contra la plutocracia. No existe libertad de prensa ni libertad de expresión. Primero la autocensura juega ese papel fiscalizador de mordaza, miedo y cobardía. Mejor no hablar de ellos, ni mencionarlos ni atacarlos. Si algún medio de prensa lo hace, mejor valore sus consecuencias. Se acabaron los ingresos por publicidad. Y si se trata de una publicación impresa, de la noche a la mañana podrán surgir problemas en la distribución, costos de papel, y si la cosa es grave habrá presiones para cerrar el medio en cuestión. En definitiva, evite los conflictos y manténgase alejado de la crítica al poder real. Hable de fútbol, corrupción, narcotraficantes, inmigración ilegal, inauguraciones de hospitales, viajes oficiales, escándalos de faldas, guerras, tráfico de armas, etcétera. Es decir, del poder formal. No hay problemas, siempre y cuando no despierte a la bestia.

Si la autocensura no funciona, y nos encontramos con un artículo peligroso, el consejo de redacción debe actuar de filtro, para ese efecto están los corre, ve y dile. Informan y pasan el dato. Si eso no es suficiente, habrá que llamar al director y evitar que se publique. Y si tampoco funciona, se intimida con acudir a los tribunales y exigir daños y perjuicios. Todo un conjunto de triquiñuelas para lograr convencer al osado colaborador de no publicar su crítica. Por ello, agradezco a La Jornada su edición, símbolo de libertad de la libertad de prensa y compromiso con la verdad. En España ese artículo fue censurado en periódicos y medios digitales.

Eso sí, sea usted un fiel servidor de los intereses plutocráticos de caciques y se verá recompensado. Reconózcalos como padres de la patria, artífices de los cambios democráticos y la regeneración política, enaltezca sus valores y transfórmelos en mecenas con vocación de servicio público. A cambio obtendrá una recompensa económica nada desdeñable. El poder sabrá reconocer sus méritos.


Su carrera profesional irá en ascenso, no tendrá obstáculos, y si los hubiese, ellos se encargarán de eliminarlos. Está en nómina, es su empleado. Le darán órdenes y cuando consideren cumplida su función, lo tirarán a la cuneta, otro ocupará su lugar. Su dignidad habrá perecido en el camino, aunque en su haber podrá contarles a sus amigos que ha cenado, conocido secretos de alcoba y algún chascarrillo de la plutocracia. En su nómina hay gentes del arte y la cultura, científicos, deportistas y ex presidentes latinoamericanos.

Marcos Roitman

Del blog: escomberoides