Mostrando entradas con la etiqueta Norman Finkelstein. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Norman Finkelstein. Mostrar todas las entradas

28 mayo, 2025

Norman Finkelstein: "Netanyahu es un reflejo de la sociedad israelí"


"Netanyahu no es tanto un orquestador como un reflejo de la sociedad israelí. No es un agente extraordinario, es un reflejo de la sociedad israelí. Por eso me resulta muy difícil hablar con cualquier israelí, porque creo que todos son cómplices partícipes del genocidio en Gaza. Recuerden, Israel es un ejército de ciudadanos. Israel tiene, según él, un ejército de ciudadanos, pero cuando se comete un genocidio, eso significa que todos son responsables, pues ese ejército representa a toda la sociedad israelí".


Norman Finkelstein







https://youtu.be/JAT9NQ4WkE0?feature=shared


09 octubre, 2024

Este dogma ha conferido a Israel licencia absoluta para obrar a su antojo — Norman Finkelstein

 


Fragmento extraído del libro La industria del Holocausto, de Norman Finkelstein.


II Embaucadores, mercachifles y un poco de historia


«La conciencia del Holocausto», como señala el reputado escritor israelí Boas Evron, es en realidad «un adoctrinamiento propagandístico oficial, una producción masiva de consignas y falsas visiones del mundo, cuyo verdadero objetivo no es en absoluto la comprensión del pasado, sino la manipulación del presente». En sí mismo, el holocausto nazi no promueve ningún programa político concreto. Puede, con la misma facilidad, motivar la oposición o el apoyo a la política israelí. Pero, refractada a través de un prisma ideológico, «la memoria del exterminio nazi» llegó a convertirse, en palabras de Evron, «en poderosa herramienta en manos de los dirigentes israelíes y los judíos del extranjero»(1). El holocausto nazi se convirtió en el Holocausto.


Dos son los dogmas fundamentales que sustentan la estructura del Holocausto: (1) el Holocausto constituye un acontecimiento histórico categóricamente singular; (2) el Holocausto marca el clímax del eterno e irracional odio gentil a los judíos. En el discurso público previo a la guerra de junio de 1967, no se encuentra ni rastro de estos dogmas, y, aunque luego llegaron a convertirse en pilares de la literatura sobre el Holocausto, tampoco se encuentra rastro de ellos en los estudios serios sobre el holocausto nazi(2). Por otra parte, ambos dogmas se basan en tendencias importantes del judaísmo y del sionismo.


En la época inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, el holocausto nazi no se categorizó como fenómeno singularmente judío, y mucho menos como una singularidad histórica. La comunidad judía organizada de EEUU, en concreto, hizo lo imposible por enmarcarlo en un contexto universalista. Pero, después de la guerra de junio, la solución final nazi se situó en un marco radicalmente distinto. «La idea principal y primera que surgió de la guerra de 1967, y que llegaría a ser emblemática, del judaísmo estadounidense», según rememora Jacob Neusner, fue que «el Holocausto […] era algo único, sin parangón en la historia de la humanidad»(3). En un ensayo revelador, el historiador David Stannard ridiculiza la «pequeña industria de los hagiógrafos del Holocausto que argumentan con toda la energía y la ingenuidad de los fanáticos religiosos que la experiencia judía fue única»(4). A fin de cuentas, no es difícil demostrar que el dogma de la singularidad es absurdo.


En un nivel básico de análisis, todo acontecimiento histórico es único, aunque solo sea en virtud de sus coordenadas espacio-temporales, y, a la vez, todo acontecimiento histórico posee rasgos distintivos y rasgos compartidos con otros hechos históricos. La anomalía del Holocausto es que su singularidad se considere absoluta. ¿Qué otro hecho histórico, cabría preguntar, se clasifica básicamente en función de su categórica singularidad? La estrategia utilizada es aislar los rasgos distintivos del Holocausto con objeto de situarlo en una categoría exclusiva. Lo que queda por esclarecer es por qué muchos de los rasgos que tiene en común con otros acontecimientos se consideran triviales en comparación con los que lo singularizan.


Todos los teóricos del Holocausto están de acuerdo en señalar que el Holocausto es algo único, pero pocos, si es que hay alguno, se ponen de acuerdo al explicar los motivos de que así sea. Cada vez que un argumento en pro de la singularidad del Holocausto es refutado, enseguida se aduce otro nuevo para sustituirlo. Y el resultado de esto es, según Jean-Michel Chaumont, que hay múltiples argumentos contradictorios que se anulan entre sí: «El conocimiento no se acumula. Por el contrario, el argumento nuevo que trata de superar al anterior siempre parte de cero»(5). Dicho de otro modo: la singularidad es una premisa básica de la estructura del Holocausto; la tarea que debe realizarse es demostrar su veracidad, en tanto que demostrar su falsedad equivale a negar el propio Holocausto. Tal vez el problema radica en la premisa, y no en las pruebas. Aun cuando el Holocausto no fuera un fenómeno único, ¿qué más daría? Si el holocausto nazi no fuese el primer acontecimiento de su categoría, sino el cuarto o el quinto en una serie de catástrofes comparables, ¿cómo se modificaría nuestra visión del mismo?


La última adición a los alegatos en favor de la singularidad del Holocausto es The Holocaust in Historical Context, de Steven Katz. Citando casi cinco mil títulos en el primero de los tres volúmenes proyectados para su estudio, Katz da un repaso a toda la historia humana con objeto de demostrar que «el Holocausto es fenomenológicamente único en virtud del hecho de que nunca antes había sucedido que un Estado se propusiera, tanto en el plano de los principios intencionales como en el de la política práctica, aniquilar físicamente a todo hombre, mujer y niño pertenecientes a un pueblo concreto». Con objeto de clarificar su tesis, Katz explica: « es singularmente C. puede compartir A, B, D… X con ▲, pero no puede compartir C. Y, además, puede compartir A, B, D… X con todos los ▲, pero no puede compartir C. Todo lo esencial depende, por así decirlo, de que sea singularmente C […]. Si a n le falta C, ya no es […]. Por definición, no se permiten excepciones a esta regla. Al compartir A, B, D… X con , ▲ puede ser como en estos y otros aspectos […], pero, en lo que concierne a nuestra definición de singularidad, cualesquiera ▲ a los que les falte C no son […]. Como es lógico, en su totalidad es algo más que C, pero nunca será si le falta C». Traducción: un hecho histórico que contiene un rasgo distintivo es un hecho histórico distinto. Para evitar toda confusión, Katz pasa luego a explicar que emplea el término fenomenológicamente «en un sentido que no es husserliano, ni shutzeano, ni scheleriano, ni heideggeriano, ni merleau-pontyano». Traducción: el estudio de Katz es un sin sentido fenomenal(6). Aun cuando la evidencia sustentara la tesis fundamental de Katz, y no es así, eso solo demostraría que el Holocausto contiene un rasgo distintivo. Y lo verdaderamente raro sería que no fuera así. Chaumont deduce que el estudio de Katz no es más que «ideología» disfrazada de «ciencia», y de esto vamos a hablar más a continuación(7).


De afirmar que el Holocausto es algo único a aseverar que no se puede comprender racionalmente apenas hay un paso. Si el Holocausto carece de precedentes históricos, habrá que colocarlo por encima de la historia y no podrá ser explicado con la lógica histórica. De hecho, el Holocausto es único porque es inexplicable, y es inexplicable porque es único.


Estas mistificaciones, denominadas por Novick «la sacralización del Holocausto», tienen a su mejor representante en Elie Wiesel. Tal como observa Novick con acierto, para Wiesel, el Holocausto es, efectivamente, una religión mistérica. Wiesel salmodia que el Holocausto «conduce a la oscuridad», «niega todas las preguntas», «se sitúa fuera, si no más allá, de la historia», «es imposible tanto de comprender como de describir», «no puede ser explicado ni visualizado», nunca será «comprendido ni transmitido», marca la «destrucción de la historia» y una «mutación de escala cósmica». Sólo el sacerdote-superviviente (léase: sólo Wiesel) está capacitado para desentrañar su misterio. Y, aun así, reconoce Wiesel, el misterio del Holocausto es «incomunicable»; «ni siquiera podemos hablar de él». Por tanto, a cambio de una tarifa de 25.000 dólares (más una limusina con chófer), Wiesel da conferencias en las que desvela que el «secreto de la verdad» de Auschwitz «radica en el silencio»(8).


Según esta interpretación, comprender racionalmente el Holocausto equivaldría a negarlo. Pues la racionalidad refuta la singularidad y el misterio del Holocausto. Y comparar el Holocausto con los sufrimientos de otros grupos es, en opinión de Wiesel, una «traición absoluta a la historia judía»(9). Hace unos años, la parodia de un tabloide de Nueva York llevaba el siguiente titular: «Michael Jackson y sesenta millones más mueren en holocausto nuclear». En la sección de cartas al director se publicó una airada protesta de Wiesel: «¿Cómo se atreven a llamar Holocausto a lo que sucedió ayer? Solo ha habido un Holocausto […]». En sus nuevas memorias, Wiesel demuestra que la realidad puede imitar la parodia al reconvenir a Simón Peres por hablar «sin la menor vacilación de “los dos holocaustos” del siglo XX: Auschwitz e Hiroshima. No debería haberlo dicho»(10). Una de las frases favoritas acuñadas por Wiesel dice así: «La universalidad del Holocausto radica en su singularidad»(11). Mas, si el Holocausto es incomparable e inexplicablemente único, ¿cómo puede tener una dimensión universal?


El debate sobre la singularidad del Holocausto es estéril. Los razonamientos a favor de la singularidad del Holocausto han llegado a constituir una especie de «terrorismo intelectual» (Chaumont). Quienes ponen en práctica los procedimientos comparativos al uso en la investigación académica deben, como medida previa, hacer infinidad de advertencias para evitar que les acusen de «trivializar el Holocausto»(12).


La premisa de que la maldad del Holocausto no tiene parangón es un subapartado de la argumentación que sostiene que el Holocausto es un fenómeno único. Por muy terribles que hayan sido los sufrimientos de otros, sencillamente no son comparables. Claro está que los defensores de la singularidad del Holocausto siempre niegan esta implicación, mas sus refutaciones no son sinceras(13).


Las argumentaciones que defienden la singularidad del Holocausto son insostenibles desde el punto de vista intelectual, y deshonrosas desde el punto de vista moral, mas, a pesar de todo, perduran. Y hay que preguntarse por qué. En primer lugar, un sufrimiento especial confiere unos derechos especiales. En opinión de Jacob Neusner, la maldad incomparable del Holocausto no sólo sitúa a los judíos como un grupo aparte, sino que también les otorga «derechos sobre los demás». Para Edward Alexander, la singularidad del Holocausto es un «capital moral»; los judíos deben «reclamar su soberanía» sobre esta «valiosa propiedad»(14).


La singularidad del Holocausto –este «derecho» sobre los demás, este «capital moral»– es, en efecto, la mejor coartada de Israel. «La singularidad del sufrimiento judío –arguye el historiador Peter Baldwin– refuerza las exigencias morales y emocionales que Israel puede hacer […] a otras naciones»(15). Así pues, según Nathan Glazer, el Holocausto, al poner de manifiesto la «peculiar singularidad de los judíos», les otorgó el «derecho a considerarse especialmente amenazados y particularmente merecedores de cualesquiera esfuerzos necesarios para la supervivencia»(16) (cursiva en el original). Por citar un ejemplo típico: siempre que se explica la decisión de Israel de crear armas nucleares, se evoca el fantasma del Holocausto(17). Como si fuera el único motivo de que Israel quisiera convertirse en potencia nuclear.


Hay un factor más en juego. Afirmar la singularidad del Holocausto es como declarar que los judíos son especiales. No es el sufrimiento de los judíos el que concede su condición única al Holocausto, sino el hecho de que los judíos sufrieran. Dicho de otro modo: el Holocausto es especial porque los judíos son especiales. En este sentido, Ismar Schorsch, rector del Seminario Teológico Judío, ridiculiza el alegato en favor de la singularidad del Holocausto diciendo que es «una desagradable versión profana de la condición de pueblo elegido»(18). Elie Wiesel derrocha vehemencia para defender la excepcionalidad del Holocausto, y tampoco la escatima a la hora de hablar de la excepcionalidad de los judíos. «En nosotros, todo es diferente.» Los judíos son «ontológicamente» especiales(19). Como hito que señala el clímax del odio gentil milenario hacia los judíos, el Holocausto dio testimonio no solo del sufrimiento singular de los judíos, sino también de la singularidad judía.


Durante la Segunda Guerra Mundial y en la posguerra, como nos informa Novick, «la expresión “abandono de los judíos” no habría sido comprendida prácticamente por ningún miembro del gobierno [de EEUU], ni tampoco por nadie de fuera del gobierno, judío o gentil». Las tornas se volvieron después de junio de 1967. «El silencio del mundo», «la indiferencia del mundo», «el abandono de los judíos»: todos estos temas se incorporaron al núcleo del «discurso sobre el Holocausto»(20).


Apropiándose de un principio básico del sionismo, la estructura del Holocausto presenta la solución final de Hitler como el clímax del milenario odio gentil a los judíos. Los judíos perecieron porque todos los gentiles, ya fueran perpetradores o colaboradores pasivos, deseaban que murieran. Según Wiesel, «el mundo libre y “civilizado”» puso a los judíos en manos «del verdugo. Hubo quien actuó como asesino y quien guardó silencio»(21). No hay la menor evidencia histórica que respalde la existencia de ese impulso asesino de los gentiles. El laborioso esfuerzo de Daniel Goldhagen por demostrar una variante de esta argumentación en Hitler’s Willing Executioners puede considerarse como mucho literatura cómica(22). Lo cual no impide que la utilidad política de esta línea de argumentación sea considerable. Podría señalarse, de paso, que la teoría del «eterno antisemitismo» en realidad resulta práctica para los antisemitas. Como comenta Arendt en Los orígenes del totalitarismo, «el que esta doctrina fuera adoptada por los antisemitas profesionales es absolutamente lógico; proporciona la mejor coartada posible para todo tipo de atrocidades. Si es cierto que la humanidad lleva más de dos mil años empeñada en asesinar a los judíos, matar a los judíos debe de ser una ocupación normal, e incluso humana, y el odio a los judíos queda justificado sin necesidad de recurrir a argumentación alguna. Lo más sorprendente con respecto a esta explicación es que haya sido adoptada por muchísimos historiadores objetivos y por un número de judíos aún mayor»(23).


El dogma del Holocausto del eterno odio gentil ha valido tanto para justificar la necesidad de un Estado judío como para dar cuenta de la hostilidad dirigida contra Israel. El Estado judío es la única salvaguarda posible contra el próximo (e inevitable) estallido de antisemitismo homicida; y, a la inversa, el antisemitismo homicida está detrás de todo ataque e incluso detrás de toda maniobra defensiva en contra del Estado judío. La novelista Cynthia Ozick dio una explicación sencilla de las críticas a Israel: «El mundo quiere eliminar a los judíos […], el mundo siempre ha querido eliminar a los judíos»(24). Si todo el mundo desea que los judíos desaparezcan, lo realmente extraño es que sigan vivos… y que, a diferencia de buena parte de la humanidad, no estén precisamente muriéndose de hambre.


Por otra parte, este dogma ha conferido a Israel licencia absoluta para obrar a su antojo: puesto que los gentiles siempre están empeñados en asesinar a los judíos, estos tienen todo el derecho a protegerse comoquiera que lo estimen conveniente. Sean cuales fueren los métodos a que recurran los judíos más expeditivos, incluidas la agresión y la tortura, todo constituye una legítima defensa. Deplorando la «lección» del eterno odio gentil que se ha extraído del Holocausto, Boas Evron observa que «es a todas luces equivalente a cultivar deliberadamente la paranoia […]. Esta mentalidad […] perdona de antemano cualquier trato inhumano que se inflija a los no judíos, ya que la mitología dominante sostiene que “todo el mundo colaboró con los nazis para destruir a la comunidad judía”, y, en consecuencia, los judíos lo tienen todo permitido en su relación con otros pueblos»(25).


Según la estructura ideológica del Holocausto, el antisemitismo gentil, además de ser imposible de erradicar, siempre es irracional. Sobrepasando con mucho los análisis del sionismo clásico, y no digamos ya los estudios académicos al uso, Goldhagen argumenta que el antisemitismo está «divorciado de la realidad de los judíos», «no es fundamentalmente una respuesta nacida de una evaluación objetiva de los actos judíos» y es «independiente de la condición y de los actos de los judíos». Así pues, es una patología psicológica de los gentiles, y el «ámbito donde reside» es «la mente» (comillas en el original). Movidos por «argumentos irracionales», los antisemitas, según Wiesel, «sencillamente se sienten agraviados por la existencia de los judíos»(26). «Sin contar con que lo que los judíos hagan o dejen de hacer nada tiene que ver con el antisemitismo –observa críticamente el sociólogo John Murray Cuddihy–, ¡cualquier intento de explicar el antisemitismo refiriéndose a la contribución judía al antisemitismo es en sí mismo un ejemplo de antisemitismo!» (cursiva en el original)(27). La cuestión no es, evidentemente, que el antisemitismo sea justificable, ni tampoco que haya que culpar a los judíos de los crímenes cometidos contra ellos, sino que el antisemitismo se desarrolla en un contexto histórico específico en el que existe un juego de intereses concomitante. «Una minoría de talento, bien organizada y mayoritariamente exitosa puede inspirar conflictos que derivan de tensiones intergrupales objetivas», señala Ismar Schorsch, aunque dichos conflictos «frecuentemente se presenten bajo la forma de estereotipos antisemitas»(28).


La esencia irracional del antisemitismo gentil se infiere de manera inductiva de la esencia irracional del Holocausto. A saber: la solución final de Hitler estuvo excepcionalmente falta de racionalidad; fue «la maldad por la maldad», un asesinato de masas «sin sentido»; la solución final hitleriana representó el momento culminante del antisemitismo gentil; en consecuencia, el antisemitismo gentil es esencialmente irracional. Juntas o por separado, estas proposiciones no resisten siquiera un escrutinio superficial(29). Pero, eso sí, políticamente resultan muy útiles.


Al eximir a los judíos de toda culpa, el dogma del Holocausto inmuniza a Israel y a la comunidad judía estadounidense contra la censura legítima. La hostilidad árabe o la afroamericana «no son fundamentalmente una respuesta nacida de una evaluación objetiva de la actuación de los judíos» (Goldhagen)(30). Veamos lo que dice Wiesel sobre la persecución de los judíos: «Durante dos mil años […] siempre estuvimos amenazados […]. ¿Por qué? Por ningún motivo». O sobre la hostilidad árabe hacia Israel: «Debido a que somos quienes somos y a lo que nuestra patria, Israel, representa (el corazón de nuestras vidas, el sueño de nuestros sueños), cuando nuestros enemigos traten de destruirnos, lo harán tratando de destruir Israel». O de la hostilidad que el pueblo negro siente hacia los judíos estadounidenses: «El pueblo que obtuvo en nosotros su inspiración no nos lo agradece, sino que nos ataca. Nos encontramos en una situación muy peligrosa. Volvemos a ser el chivo expiatorio en todos los frentes […]. Ayudamos a los negros; siempre les ayudamos […]. Los negros me dan lástima. Hay algo que deberían aprender de nosotros: la gratitud. No hay pueblo en el mundo que conozca tan bien la gratitud como nosotros; estamos eternamente agradecidos»(31). Siempre castigado, siempre inocente: tal es la carga de ser judío(32).


En el marco de referencia del Holocausto, el dogma del eterno odio gentil valida asimismo el dogma complementario de la singularidad. Si el Holocausto señaló el clímax del milenario odio gentil a los judíos, la persecución de los no judíos durante el Holocausto fue algo meramente accidental, y la persecución de los no judíos a lo largo de la historia no pasa de ser episódica. Se mire por donde se mire, el sufrimiento judío durante el Holocausto fue excepcional.


El sufrimiento judío fue único porque los judíos también lo son. El Holocausto fue único porque no fue racional. En el fondo, su ímpetu derivó de una pasión absolutamente irracional, aunque a la vez muy humana. El motivo del odio que los judíos inspiraban al mundo gentil era la envidia, los celos: el resentimiento. Según Nathan y Ruth Ann Perlmutter, el antisemitismo surgió de «los celos y el resentimiento que sentían los gentiles porque los judíos superasen a los cristianos en el mundo mercantil […]. Los judíos, mejor dotados y en inferioridad numérica, inspiraban rencor a los gentiles, peor dotados y mucho más numerosos»(33). Así pues, aunque fuera de una manera negativa, el Holocausto vino a confirmar la condición de pueblo elegido de los judíos. Como los judíos son mejores, o tienen más éxito, sufrieron la ira de los gentiles, que luego los asesinaron.


En un breve aparte, Novick se pregunta: «¿Qué se diría del Holocausto en Estados Unidos» si Elie Wiesel no fuera su «principal intérprete?»(34). No es difícil dar con la respuesta: antes de la guerra de junio de 1967, el mensaje universalista de Bruno Bettelheim, superviviente de los campos de concentración, tenía gran resonancia entre los judíos estadounidenses. Después de la guerra de junio, se arrinconó a Bettelheim para entronizar a Wiesel. La preeminencia de Wiesel está en función de su utilidad ideológica. Singularidad del sufrimiento judío/singularidad de los judíos, gentiles siempre culpables/judíos siempre inocentes, defensa incondicional de Israel/defensa incondicional de los intereses judíos: Elie Wiesel es el Holocausto.


NOTAS:

1 Boas Evron, «Holocaust: The Uses of Disaster», Radical America, julio-agosto de 1983, p. 15.

2 Véase en Finkelstein y Birn, Nation, primera parte, sección 3, una diferenciación entre la literatura sobre el Holocausto y los estudios serios sobre el holocausto nazi.

3 Jacob Neusner (ed.), Judaism in Cold War America, 1945-1990, vol. II: In the Aftermath of the Holocaust, Nueva York, 1993, p. VIII.

4 David Stannard, «Uniqueness as Denial», en Alan Rosenbaum (ed.), Is the Holocaust Unique?, Boulder, 1996, p. 193.

5 Jean-Michel Chaumont, La concurrence des victimes, París, 1997, pp. 148-149. La disección que hace Chaumont del debate sobre la «singularidad del Holocausto» es un auténtico tour de force. Sin embargo, su tesis fundamental no persuade, al menos en lo que atañe al ámbito estadounidense. Según Chaumont, el fenómeno del Holocausto tuvo su origen en una búsqueda de reconocimiento público para los sufrimientos pasados que los judíos supervivientes emprendieron con retraso. Mas lo cierto es que los supervivientes apenas tuvieron nada que ver con el impulso inicial que colocó el Holocausto en el primer plano de la actualidad.

6 Steven T. Katz, The Holocaust in Historical Context, Oxford, 1994, pp. 28, 58, 60.

7 Chaumont, La concurrence, p. 137.

8 Novick, The Holocaust, pp. 200-201, 211-212. Wiesel, Against Silence, vol. I, pp. 158, 211, 239, 272, vol. II, pp. 62, 81, 111, 278, 293, 347, 371, vol. III, pp. 153, 243. Elie Wiesel, All Rivers Run to the Sea, Nueva York, 1995, p. 89. La tarifa de Wiesel nos ha sido comunicada por Ruth Wheat, de la Agencia de Conferencias Bnai Brith. «Las palabras –según Wiesel– son una aproximación horizontal, en tanto que el silencio nos ofrece una aproximación vertical. Te sumerges en él». ¿Se lanzará Wiesel en paracaídas sobre sus conferencias?

9 Wiesel, Against Silence, vol. III, p. 146.

10 Wiesel, And the Sea, p. 95. Comparemos estas dos noticias:

– Ken Livingstone, antiguo miembro del Partido Laborista que se presenta como independiente a las elecciones para la alcaldía de Londres, ha encolerizado a los judíos británicos al decir que el capitalismo global ha provocado tantas víctimas como la Segunda Guerra Mundial. «El sistema financiero internacional mata cada año a más personas de las que perecieron en la Segunda Guerra Mundial, pero al menos Hitler estaba loco, ¿no es así?». […] John Butterill, parlamentario conservador, dijo que estas declaraciones de Livingstone eran «un insulto para todas las personas que fueron asesinadas y perseguidas por Adolf Hitler». Además, Butterill afirmó que las acusaciones lanzadas por Livingstone contra el sistema financiero global encerraban claras alusiones antisemitas («Livingstone’s Words Anger Jews», International Herald Tribune, 13 de abril de 2000).

– El presidente cubano, Fidel Castro […], acusó al sistema capitalista de provocar año tras año tantas muertes como la Segunda Guerra Mundial al volver la espalda a las necesidades de los pobres. «Las imágenes que vemos de madres y niños de regiones enteras de África sometidas al azote de las sequías y otras catástrofes nos recuerdan los campos de concentración de la Alemania nazi.» Refiriéndose a los tribunales que juzgaron los crímenes de guerra después de la Segunda Guerra Mundial, el dirigente cubano dijo: «No tenemos un Nuremberg que pueda juzgar el orden económico que se nos ha impuesto, en el que cada tres años mueren de hambre y de enfermedades que podrían prevenirse más hombres, mujeres y niños de los que murieron en la Segunda Guerra Mundial». […] En Nueva York, Abraham Foxman, director nacional de la Liga Anti-Difamación, dijo: […] «La pobreza es grave, dolorosa y puede ser mortal, pero no es lo mismo que el Holocausto ni que los campos de concentración». (John Rice, «Castro Viciously Attacks Capitalism», Associated Press, 13 de abril de 2000.)

11 Wiesel, Against Silence, vol. III, pp. 156, 160, 163, 177.

12 Chaumont, La concurrence, p. 156. Chaumont señala asimismo con acierto que la defensa de la inconcebible maldad del Holocausto es irreconciliable con la afirmación concomitante de que sus perpetradores eran absolutamente normales (p. 310).

13 Katz, The Holocaust, pp. 19, 22. «Tratar de argumentar que la defensa de la singularidad del Holocausto no es una comparación ofensiva equivale a adentrarse en el terreno de las ambigüedades –observa Novick–. ¿Quién cree que defender la singularidad no equivale a defender la superioridad?» (cursiva en el original). Lamentablemente, el propio Novick incurre en comparaciones ofensivas. Sostiene que, aunque sea un asunto moralmente elusivo en el contexto estadounidense, «la repetida airmación de que todo lo que los Estados Unidos puedan haberles hecho a los negros, a los nativos norteamericanos, a los vietnamitas y a otros palidece en comparación con el Holocausto es una afirmación verídica». (The Holocaust, pp. 197, 15).

14 Jacob Neusner, «A “Holocaust” Primer», p. 178. Edward Alexander, «Stealing the Holocaust », pp. 15-16, en Neusner, Aftermath.

15 Peter Baldwin (ed.), Reworking the Past, Boston, 1990, p. 21.

16 Nathan Glazer, American Judaism, 2.ª ed., Chicago, 1972, p. 171.

17 Seymour M. Hersh, The Samson Option, Nueva York, 1991, p. 22. Avner Cohen, Israel and the Bomb, Nueva York, 1998, pp. 10, 122, 342.

18 Ismar Schorsch, «The Holocaust and Jewish Survival», Midstream, enero de 1981, p. 39. Chaumont demuestra convincentemente que la defensa de la singularidad del Holocausto se originó a partir del dogma religioso de la condición de pueblo elegido de Israel, y que solo adquiere un sentido coherente en este contexto. La concurrence, pp. 102-107, 121.

19 Wiesel, Against Silence, vol. I, p. 153. Wiesel, And the Sea, p. 133.

20 Novick, The Holocaust, pp. 59, 158-159.

21 Wiesel, And the Sea, p. 68.

22 Daniel Jonah Goldhagen, Hitler’s Willing Executioners, Nueva York, 1996 [ed. cast.: Los verdugos voluntarios de Hitler, Madrid, Taurus, 1998]. Véase una crítica en Finkelstein y Birn, Nation.

23 Hannah Arendt, The Origins of Totalitarianism, Nueva York, 1951, p. 7 [ed. cast.: Los orígenes del totalitarismo, Madrid, Taurus, 1974].

24 Cynthia Ozick, «All the World Wants the Jews Dead», Esquire, noviembre de 1974.

25 Boas Evron, Jewish State or Israeli Nation, Bloomington, 1995, pp. 226-227.

26 Goldhagen, Hitler’s Willing Executioners, pp. 34-35, 39, 42. Wiesel, And the Sea, p. 48.

27 John Murray Cuddihy, «The Elephant and the Angels: The Incivil Irritatingness of Jewish Theodicy», Robert N. Bellah y Frederick E. Greenspahn (eds.), Uncivil Religion, Nueva York, 1987, p. 24. Además de este artículo, véase, del mismo autor, «The Holocaust: The Latent Issue in the Uniqueness Debate», P. F. Gallagher (ed.), Christians, Jews, and Other Worlds, Highland Lakes, NJ, 1987.

28 Schorsch, The Holocaust, p. 39. Dicho sea de paso, la suposición de que los judíos constituyen una minoría «de talento» también es, a mi parecer, «una desagradable versión profana de la condición de pueblo elegido».

29 Un examen en profundidad de este tema rebasa el ámbito del presente ensayo, mas consideremos tan solo la primera proposición. La guerra de Hitler contra los judíos, que tal vez sí fue irracional (asunto ya de por sí complejo), no constituye de ninguna manera un hecho histórico excepcional. Recordemos, por ejemplo, la tesis fundamental del tratado de Joseph Schumpeter sobre el imperialismo: «Las inclinaciones arracionales e irracionales, puramente instintivas, hacia la guerra y la conquista desempeñan un papel muy importante en la historia de la humanidad […]. Innumerables guerras –tal vez la mayoría de las guerras– se han librado sin […] intereses razonados o razonables». (Joseph Schumpeter, «The Sociology of Imperialism», Paul Sweezy (ed.), Imperialism and Social Classes, Nueva York, 1951, p. 83.)

30 Eludiendo explícitamente el marco de referencia del Holocausto, un estudio reciente del antisemitismo realizado por Albert S. Lindemann parte de la premisa de que «sea cual fuere la fuerza del mito, no es cierto que toda la hostilidad hacia los judíos, tomados individual o colectivamente, se haya basado en visiones fantásticas o quiméricas de ellos, o en proyecciones sin relación alguna con una realidad palpable. Siendo seres humanos, los judíos han sido tan capaces como cualquier otro grupo de provocar hostilidad en el mundo cotidiano y profano». (Esau’s Tears, Cambridge, 1997, p. XVII.)

31 Wiesel, Against Silence, vol. I, pp. 255, 384.

32 Chaumont señala con acierto que este dogma del Holocausto es muy eficaz para conferir mayor aceptabilidad a otros crímenes. La insistencia en la radical inocencia de los judíos –por ejemplo, la ausencia de cualquier motivo racional para su persecución, y no digamos ya para su aniquilación– hace que «se presuponga un estatus “normal” para otras persecuciones y asesinatos que se den en otras circunstancias, y se crea así una división de facto entre los crímenes incondicionalmente intolerables y los crímenes con los que uno debe –y, por tanto, puede– convivir». (La concurrence, 176.)

33 Perlmutter, Anti-Semitism, pp. 36, 40.

34 Novick, The Holocaust, p. 351 n. 19.










10 noviembre, 2023

"Cuando veo a toda esta gente, veo nazis" — Norman Finkelstein

 


"No creo que sean simplemente peones, son personajes como Ursula von der Leyen, a quien denomino La Princesa Nazi, cuya imagen es la un comandante de un campo de concentración. Es fácil imaginarla con su uniforme impecable y el látigo en la mano, pavoneándose por el campo de concentración de Majdanek. Ella es de esa calaña, por eso se siente en Israel como en casa, esta Über-nórdica.


Lo mismo ocurre con Jens Stoltenberg. […] Cuando veo a toda esta gente, veo nazis, son Übermensch nazis".


Norman Finkelstein


https://youtu.be/ly3HZecaCVo?si=vcJgh2snRVmqGCS4



07 octubre, 2023

"Los arrogantes opresores supremacistas judíos humillados" — Norman Finkelstein

 



NORMAN FINKELSTEIN – 07/10/2023


Dolores Ibarruri, La Pasionaria, proclamó durante la Guerra Civil Española que: "Es mejor morir de pie que vivir para siempre de rodillas". Durante los últimos 20 años, el pueblo de Gaza, la mitad de los cuales son niños, ha permanecido encerrado en un campo de concentración. Hoy traspasaron los muros del campo. Si honramos la resistencia armada de John Brown a la esclavitud; si honramos a los judíos que se rebelaron en el gueto de Varsovia, entonces la coherencia moral exige que honremos la heroica resistencia en Gaza. Por mi parte, nunca veré ofensa (al contrario, me alegra cada fibra de mi alma) en las escenas de los niños sonrientes de Gaza, mientras sus arrogantes opresores supremacistas judíos han sido finalmente humillados.



Rehenes: aprendiendo de Israel


Ya han comenzado a brotar las lágrimas de cocodrilo por los rehenes israelíes tomados por militantes de Gaza. Pero Israel ha mantenido como rehenes durante casi 20 años a 2,1 millones de habitantes de Gaza, incluido un millón de niños, en una de las zonas más densamente pobladas del planeta. De hecho, Israel fue el único país del mundo que legalizó la toma de rehenes. El venerado presidente del Tribunal Superior israelí, Aharon Barak, sostuvo en 1997 que "una detención es legal si está diseñada para promover la seguridad del Estado, incluso si el peligro para la seguridad del Estado no emana de los propios detenidos", y que "la detención... a efectos de la liberación de... soldados capturados y desaparecidos, es de un interés vital para el Estado". (Esta decisión no fue revocada hasta el año 2000.) Si el pasado sirve de guía, los dirigentes de Gaza cambiarán a los israelíes por algunos de los 4, 500 palestinos retenidos en prisiones israelíes por supuestos "motivos de seguridad". Gaza sólo está siguiendo el libro escrito por Israel.


Todo este coro de calumnias, que el partido del orden, en sus orgías de sangre, no deja nunca de alzar contra sus víctimas, sólo demuestra que el burgués de nuestros días se considera el legítimo heredero del antiguo señor feudal, para quien todas las armas eran buenas contra los plebeyos, mientras que en manos de éstos toda arma constituía por sí sola un crimen.


Karl Marx, La Guerra Civil en Francia



11 junio, 2021

Israel y el ejército más cobarde del mundo — Norman Finkelstein

 


Transcripción de la intervención del profesor Norman Finkelstein, el 8 de Junio de 2021.

Transcripción del inglés: Arrezafe


En la guerra del 47 al 49 entre el Estado de Israel y los estados árabes vecinos, Israel conquistó alrededor del 80 por ciento de lo que se llamó Palestina bajo mandato británico, habiendo dos territorios que no estaban bajo el control israelí. Esos dos territorios se denominaron Cisjordania, que fue ocupada por Jordania, y la Franja de Gaza, que quedó bajo jurisdicción egipcia. Así que el 80% de Palestina había caído en poder del Estado de Israel y el 20 por ciento restante, la orilla occidental, incluida Jerusalén Oriental y Gaza, que como he dicho estaba bajo la jurisdicción de Egipto, quedaba fuera del control israelí.




En 1948, en el transcurso de la creación de Israel, en torno al 90 por ciento de la población árabe palestina fue expulsada del territorio que devino Israel, y ese 90 por ciento expulsado pasó a denominarse la cuestión de los refugiados palestinos. En ese momento, se estima que alrededor de 750.000 palestinos fueron expulsados. La cifra actual, considerando a los descendientes de los expulsados originarios, es de aproximadamente 5,7 millones de refugiados palestinos, un gran número de los cuales terminaron en en campos de refugiados en Cisjordania y en Gaza. Así pues, hoy, alrededor del 70 por ciento de la población de Gaza está compuesta por refugiados hijos y nietos de refugiados palestinos de 1948.


Combatientes de la Haganah expulsan a los palestinos 
de Haifa, el 12 de mayo de 1948

Voy a situarme directamente en 1967. En 1967 hubo otra guerra entre Israel y los estados árabes vecinos. En el curso de dicha guerra Israel conquistó la Franja de Gaza y Cisjordania, de tal modo que ahora el 100 por ciento de lo que se llamó Palestina bajo mandato británico, quedó bajo control israelí. De ese 100 por ciento, el 80 por ciento era el Estado de Israel tal como fue creado en 1948 y el 20 por ciento pasó a llamarse territorios palestinos ocupados, que comprendían Cisjordania, incluidas Jerusalén oriental y la franja de Gaza. En este punto quiero avanzar nuevamente para tratar de dar una idea de cómo hemos llegado a la situación actual.


En 2006 se llevaron a cabo por primera vez elecciones democráticas en los territorios palestinos ocupados y como resultado de dichas elecciones, el movimiento islámico Hamas obtuvo la mayoría de votos y por tanto era oficialmente el parlamento elegido por los palestinos. Inmediatamente después de esas elecciones, en las que el expresidente estadounidense Jimmy Carter tomo parte como observador declarándolas libres y justas. Inmediatamente después, Israel, Estados Unidos y más tarde la Unión Europea, impusieron un bloqueo férreo a Gaza. En otras palabras, el pueblo de Palestina fue castigado por haber participado en unas elecciones democráticas y haber elegido un gobierno al que Estados Unidos e Israel no apoyaban. Y ese es el origen del aspecto más brutal de la situación en la que se encuentra actualmente Gaza, es decir, sometida a un brutal bloqueo.


En 2007, Israel, Estados Unidos y elementos de la autoridad palestina intentaron un golpe de estado para derrocar al gobierno democráticamente elegido en Gaza, es decir a Hamas. Hamas frustró el golpe y en ese momento consolidó su poder en Gaza. La reacción de EE UU, Israel y la UE fue endurecer aún más el bloqueo de Gaza, un bloqueo que ha sido universalmente condenado por ser una forma de castigo colectivo ilegal según el derecho internacional y a todas luces inmoral. Es un bloqueo criminal, en el sentido literal, porque como Human Rights Watch señala, la negación sistemática, metódica y sostenida a un pueblo del derecho a salir y regresar a su país está tipificado en el derecho internacional de Crimen de Lesa Humanidad.


Situación en Gaza según el derecho internacional.


Número uno. Como ya señalé, un gran número de refugiados que fueron expulsados de 1947 a 1949, habitan hoy en Gaza y conforman, como dije, el 70 por ciento de la población. La negación de los derechos de los palestinos refugiados en Gaza, la negación de su derecho a regresar a sus hogares en Israel, de donde fueron expulsados, es un Crimen de Lesa Humanidad según el derecho internacional. Así que ese es el crimen contra la humanidad número uno. Ahora, la negación del derecho de las personas en Gaza a salir y a regresar libremente a su tierra natal, a saber, Gaza, la negación de ese derecho, la negación de la libertad de movimiento es un segundo crimen contra la humanidad. La denegación del derecho a salir y entrar libremente en Gaza agrava el bloqueo brutal que ha causado una situación humanitaria catastrófica en Gaza. Antes de continuar, quiero enfatizar lo que creo que es el factor más grave de esta situación, un hecho que todos deberíamos tener en cuenta cuando oimos hablar de Gaza, y ese hecho es que la mitad o más de la población de Gaza son niños menores de 18 años. De modo que, aproximadamente, tal vez más de 1 millón 500.000 niños, a los cuales se les niega el derecho a la libertad de movimiento, están siendo bloqueados en Gaza.


Así pues, tenemos el crimen de la expulsión de los refugiados, el crimen del bloqueo y además el crimen de las condiciones de vida impuestas a la población de Gaza, la mitad de la cual son niños. En este momento, el desempleo en Gaza es de alrededor del 60 por ciento, en general entre los jóvenes es más alto, alrededor del 70 al 75 por ciento, y el 80 por ciento de la población de Gaza depende de la ayuda humanitaria porque, dadas las condiciones, no puede disfrutar de un mínimo nivel de vida. El 96 por ciento del agua de Gaza no es apta para el consumo humano. Así pues, a los dos primeros crímenes, el crimen de la expulsión de los palestinos, agravado por el criminal bloqueo de Gaza, tenemos que añadir el crimen de las condiciones de vida –dada la situación, de infravida– que se le han impuesto a la población de Gaza. A esos tres crímenes infligidos al pueblo de Gaza hemos de añadir las periódicas masacres que Israel perpetra contra su población. Así, tenemos en 2000 la operación Hierro Fundido, en 2012 la operación Pilar Defensivo, y en 2014 la operación Margen Protector.


De esas tres masacres, –aún no hemos abordado la actual– tomemos la tercera, la llamada Operación Margen Protector. Durante la Operación Margen Protector, Israel mató a aproximadamente 550 niños palestinos y destruyó sistemática y metódicamente 18.000 hogares palestinos. Así pues, además de los tres crímenes contra la humanidad que ya he descrito, tenemos este cuarto Crimen Contra la Humanidad: las sistemáticas masacres que Israel inflige al pueblo de Gaza.


Me gustaría agregar, porque es un hecho que hay que tener siempre presente cuando analizamos la situación, cuales son las dimensiones físicas de Gaza. He dado algunos datos a tener en cuenta, es una numerosa población de refugiados con un considerable número de niños. Permitirme agregar uno más: Gaza es un lugar muy pequeño. ¿Cuál es la longitud de Gaza? La longitud de Gaza es un maratón. Un maratón, sí, que en medidas estadounidenses son 26.2 millas. La longitud de Gaza es de 25 millas. ¿Qué significa eso? Significa que si eres un buen corredor podrías ir de extremo a extremo de Gaza en unas tres horas. La longitud de Gaza equivale a una carrera de tres horas, solo una carrera de tres horas de un extremo al otro. ¿Es ancha? Bueno, el doble del Central Park, el parque de Nueva York. Si duplicas su tamaño, ese es el ancho de Gaza. La extensión de Gaza es pues de un maratón por dos Central Park. Esas son las dimensiones físicas de uno de los lugares más densamente poblados del mundo, la mitad de cuya población, insisto, son niños. Niños confinados en un área sometida a bloqueo cuya longitud es de 41 kilómetros de largo por 6 y 12 kilómetros de ancho.




A dicho panorama hemos de agregar la completa indefensión de la población. No es cierto y la evidencia no respalda la aseveración de que Gaza posea algún tipo de armamento que pueda considerarse en absoluto sofisticado. ¿A qué me refiero con esto? Tomemos el último ataque de Israel a Gaza. Daré algunos datos que tal vez os interese saber. Como recordareis, al comienzo del último ataque israelí contra Gaza se habló mucho sobre la sofisticación de los nuevos cohetes lanzados desde Gaza. La mayoría de la gente se lo creyó. ¿Hay algo de verdad en ello? Bueno, tenemos información rigurosa que puede rebatir dicha afirmación. Algunos datos básicos. Recordaréis que al comienzo del último ataque israelí se dijo que Hamas estaba lanzando aproximadamente "400 cohetes diarios". Dijeron que era la exhibición más inusual debido a la abundante cantidad de cohetes que se estaban lanzando. También se dijo que la Cúpula de Hierro, la cúpula protectora israelí, no estaba funcionando en los primeros días. Si lees los periódicos de aquellos momentos, en ellos se decía que Cúpula de Hierro no estaba funcionando. Luego, haciéndose eco de los portavoces del estado de Israel, dijeron que la Cúpula de Hierro no estaba equipada para manejar un aluvión de cohetes tan denso.


Vale. Entonces tenemos, por un lado, 400 supuestos cohetes disparados contra Israel, y por otro lado una Cúpula de Hierro que, según reconoció el propio Israel, no funcionaba o "no podía manejar un aluvión de cohetes tan denso". La conclusión lógica es que se deberían haber producido daños masivos a la infraestructura civil en Israel. Daños masivos, porque estamos hablando de 400 cohetes diarios durante la primera semana y una Cúpula de Hierro ineficaz. Sin embargo, cuando vas y miras el sitio web israelí, que narra a diario el daño a la infraestructura civil infligido por los cohetes de Hamas, no obtienes casi nada. De hecho, durante los primeros seis días no mencionaron ningún daño a la infraestructura civil. Al séptimo día mencionaron algunos daños en algunos edificios y algunos vehículos, eso es todo lo que comunicaron. Así que has de plantearte, si es que los medios de comunicación israelíes y occidentales no te han lavado el cerebro, la pregunta más obvia. Si cientos y cientos y cientos y cientos de supuestos cohetes apuntando a áreas civiles densamente pobladas de Israel –porque dijeron que los cohetes estaban llegando a Jerusalén, a Tel Aviv, a Ashkelon, zonas densamente pobladas– no han producido daños, seguramente ello es debido a que Israel tiene un sistema de defensa civil muy sofisticado, lo cual explica por qué hubo tan pocas muertes de civiles: estaban en los refugios antiaéreos.


De acuerdo, esa es una explicación perfectamente plausible. Pero, como todos sabemos, las escuelas no van a los refugios antiaéreos, las casas no van a los refugios antiaéreos, los edificios gubernamentales no van a los refugios antiaéreos, por lo que deberían haberse producido daños masivos en dichas estructuras. Pero no los hubo, y así pues la única conclusión razonable a la que cabe llegar es que no eran cohetes, eran fuegos artificiales, no eran cohetes e Israel no estaba bajo ninguna amenaza existencial, no se enfrentaba a un asalto militar sin precedentes por parte del sofisticado armamento tecnológico de Hamas, todo ello es un falaz sinsentido.


Haceos una pregunta simple, otra más, una pregunta que os libere del masivo lavado de cerebro de los medios. Gaza es un lugar pequeño escudriñado y sometido a una estrecha (y esta sí sofisticada) vigilancia tecnológica por parte del Estado de Israel. Además, los ex miembros de la Autoridad Palestina de Fatah que viven en Gaza, actúan como espías de la autoridad palestina y por tanto como espías del Estado de Israel. Pregúntate cómo es posible. Hasta el final de la última masacre israelí en Gaza se dispararon, según Israel, 4300 cohetes contra Israel. Ahora pregúntale a los "periodistas": ¿Es posible que se hayan ocultado 4300 cohetes en la franja de Gaza? ¿Que ninguno de los sofisticados sistemas de la sofisticada vigilancia electrónica israelí, haya podido detectar nada de eso? ¿Que ninguno de los miles de colaboradores de la Autoridad Palestina en Gaza supiera, ni tuviera el más mínimo conocimiento de la existencia de todos estos cohetes ocultos? ¿Que nadie supiera dónde estaban ubicadas todas esas supuestas fábricas de cohetes que, según Israel, había en Gaza? ¿Dónde estaban? ¿Un montón de fábricas de cohetes en un área de "un maratón x dos parques"?


Y entonces te haces otra sencilla pregunta. Gaza ha estado bajo un hermético bloqueo desde 2006 y ciertamente desde 2013, tras del derrocamiento del gobierno de la Hermandad Mulsumana en Egipto. Ahora te planteas: si Israel no solo estaba confiscando cualquier cosa que pudiera ser útil para fabricar armas, sino cualquier cosa a la que Israel denomina “artículo de doble uso”. Un artículo de doble uso es aquel que, en determinadas circunstancias, podría usarse para construir un arma. Entonces ¿cómo entró en Gaza todo el material necesario para poder fabricar 4300 cohetes? ¿Cómo?¿Cómo entró todo ese material? ¿Dónde diablos radica el milagro de poder introducir de contrabando en Gaza el material para construir fábricas y 4300 cohetes? Y por cierto, según dicen ellos, eso es solo un pequeño porcentaje del número total de cohetes en posesión de Hamas, porque como resultado del alto el fuego no todos los cohetes habrían sido utilizados. 


En fin, cuando sumas todos estos factores –que como he dicho estaré encantado de escuchar lo que los medios tienen que decir al respecto, para informarme e iluminarme– cuando sumas todos esos factores, digo, llegas a la conclusión de que no se pudieron disparar cohetes contra Israel. No se han disparado cohetes contra Israel, no hubo cohetes porque no hubo daños, no podría haberlos porque no se podrían haber ocultado en Gaza durante tanto tiempo sin ninguna alerta de la inteligencia israelí, no pudo haberlos porque no había infraestructura ni material para fabricar verdaderos cohetes en Gaza. Así que, como dije antes y reitero con pesar, Gaza sigue siendo una población civil con un gran numero de niños y totalmente indefensa que hace dos semanas volvió a sufrir otro ataque, el cuarto ataque brutal. El primero con la operación Plomo Fundido en 2008, el segundo con la operación Pilar Defensivo en 2012, y el tercero con la operación Margen Protector en 2014. Eso sin contar a los cientos de palestinos que fueron asesinados durante la gran marcha del retorno por francotiradores israelíes que atacaron a niños, periodistas, médicos y personas discapacitadas que ni siquiera estaban cerca de la valla perimetral cuando fueron blanco criminal de los francotiradores que los hirieron de muerte o los lisiaron de por de vida.


Ha vuelto a suceder de nuevo, hace dos semanas, contra una población civil absolutamente indefensa y con una abrumadora mayoría de niños. El punto de inflexión llegó, como siempre, cuando Israel tuvo que tomar una decisión. La decisión era muy sencilla: aceptar el alto el fuego o acometer una invasión terrestre. E Israel decidió –porque en 2014 durante la operación Margen Protector, 66 soldados israelíes murieron durante la invasión terrestre de Gaza, que para Israel es un número alto– que no iban a acometer la invasión terrestre porque no querían sufrir bajas entre sus soldados.


Y entonces, lo que le hicieron a Gaza en 2008, en 2012, en 2014 lo han vuelto a hacer, una vez más, con la que han denominado operación Guardián de las Murallas o algún nombre idiota de esos que el ejército más cobarde de la Tierra da a sus operaciones. Y quiero subrayar eso: el ejército más cobarde de la Tierra. Porque, como están aterrorizados ante la posibilidad de sufrir una sola baja en combate, simplemente atormentan, torturan, asesinan y destruyen Gaza y a su población civil por control remoto, sin enfrentarse a ninguna amenaza proveniente de Gaza. Excepto que hubiese habido una amenaza real y significativa, solo entonces este ejército cobarde habría invadido Gaza. En cuyo caso y debido al odio del que estos asesinos y torturadores se han hecho merecedores, creo que la población de Gaza, desde el niño hasta la bisabuela celebrarían la perspectiva de poder destrozar, uno por uno, a estos cobardes, asesinos y torturadores que han arruinado y destruido tantas vidas de este desventurado e indefenso pueblo mediante control remoto.