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Una cosa curiosa del homo
sapiens es que somos lo suficientemente inteligentes como para documentar,
con exquisito detalle, varias tendencias que presagian el colapso de la
civilización moderna, pero no lo suficientemente inteligentes como para librarnos
de nuestra situación autoinducida.
Esto se puso de relieve una vez más
en octubre, cuando los científicos informaron que las poblaciones de insectos
voladores en Alemania han disminuido en un alarmante 75 por ciento en las
últimas tres décadas, acompañadas, en los últimos doce años, por una
disminución del 15 por ciento en las
poblaciones de aves . Las tendencias son similares en otras
partes de Europa donde los datos están disponibles. Incluso en Canadá,
todo, desde la casual observación de los parabrisas, hasta las evaluaciones
científicas formales, muestran una caída en el número de
insectos. Mientras tanto, las poblaciones domésticas de muchas aves que
comen insectos están en caída libre. Ontario
ha perdido la mitad de sus pájaros carpinteros en los últimos 20 años. En
todo el país, especies como halcones nocturnos, golondrinas, martín pescador
y atrapamoscas han disminuido hasta en un 75 por ciento. Las golondrinas
del Gran Vancouver se han
reducido en un 98 por ciento desde 1970. ¿Oímos algo sobre todo esto
en las principales noticias?
Mal, muy mal. La pérdida de la
biodiversidad, que puede convertirse en la pesadilla del siglo, es
causada por muchos factores individuales, pero que interactúan: la pérdida de
hábitat, el cambio climático, el uso intensivo de plaguicidas y varias formas
de contaminación industrial, por ejemplo, suprimen las poblaciones
de insectos y aves. Pero el motivo general es lo que un
ecologista podría llamar el "desplazamiento competitivo" de la vida
no humana por el crecimiento inexorable de la actividad humana.
En un planeta limitado, donde millones
de especies comparten el mismo espacio y dependen de los mismos productos
finitos de la fotosíntesis, la expansión continua de una especie conduce necesariamente a la contracción y extinción de otras. (Políticos, tomen nota: siempre
hay un conflicto entre población humana / expansión económica y la
"protección del medio ambiente").
¿Se acuerdan de los 40 a 60 millones de
bisontes que solían vagar por las grandes llanuras de América del
Norte? Ellos, junto con los millones de ciervos, berrendos, lobos y
bestias menores que una vez animaron los ecosistemas de las praderas, han sido
"competitivamente desplazados", y sus hábitats han sido tomados por
una biomasa mucho mayor de humanos, ganado, cerdos y
ovejas. Y no sólo en las soleadas Grandes Llanuras de Norte América, también por los millones de ganaderos en todo el mundo que dependen, en
parte, de las exportaciones de cereales, aceite de semillas, leguminosas y carne de Norte América.
El desplazamiento competitivo se ha venido produciendo durante mucho tiempo. Los científicos estiman que en los
albores de la agricultura, hace 10.000 años, el homo sapiens representaba
menos del uno por ciento del peso total de los mamíferos en el planeta. (Probablemente sólo había de dos a cuatro millones de personas en la Tierra en ese momento).
Desde entonces, los humanos han crecido hasta representar el 35 por ciento de
una biomasa total mucho más grande; la tasa de animales domésticos y la
dominación humana de la biomasa de mamíferos del mundo se eleva al 98.5
por ciento!
No se necesita buscar más para
explicar por qué las poblaciones silvestres se han
desplomado a nivel mundial en casi un 60 por ciento en el último medio
siglo. Los tigres salvajes han sido expulsados del 93 por ciento de
su habitat histórico y su población se ha reducido a menos de 4.000 en todo el
mundo; los elefantes africanos ha menguado hasta en un 95
por ciento, estimándose en sólo 500.000 en la actualidad; la caza furtiva arrojó cifras sobre el rinoceronte negro: de los ya escasos 70.000 en 1960 a sólo 2.500 a principios de los años noventa. (Con un intenso esfuerzo de
conservación, se han recuperado desde entonces alrededor de 5.000). Y
aquellos que piensan que Canadá todavía es una zona silvestre, prístina
y poco poblada deberían repensarlo: la mitad de las especies silvestres regularmente monitoreadas en este país están en declive, con una caída promedio
de la población del 83 por ciento desde 1970. ¿Mencioné que la población de
orcas residente al sur de British Columbia es de tan sólo 76
animales? Eso se debe, en parte, a que los pescadores han
alejado a las orcas de su alimento favorito, el salmón Chinook que, a su vez, ha sido desplazado de sus arroyos
de desove a través de represas hidroeléctricas, contaminación y
urbanización.
La historia es similar para especies
familiares en todas partes y probablemente peor para la fauna no
carismática. Los científicos estiman que la "moderna" tasa de extinción de especies es de 1.000 a 10.000 veces la tasa
de fondo natural. La economía mundial está afanosamente ocupada
convirtiendo la naturaleza viviente en cuerpos humanos y ganado doméstico, algo que pasa desapercibido a nuestras poblaciones, cada vez más
urbanas. La urbanización aleja a las personas tanto psicológicamente como
espacialmente de los ecosistemas que las respaldan.
Puede que el carro de la masa humana comenzara a rodar hace 10 milenios, pero en los dos últimos siglos
de crecimiento exponencial ha acelerado extraordinariamente el ritmo del
cambio. Tomó toda la historia de la humanidad, digamos 200.000 años, para
que nuestra población alcanzara los mil millones a principios del siglo XIX,
pero sólo 200 años, 1/1000 de tiempo, para alcanzar los 7.600 millones de
hoy. Mientras tanto, la demanda de materia prima en el planeta se ha
elevado aún más: el PIB mundial se ha multiplicado por más de 100 desde
1800, y el promedio de ingresos per cápita en un índice de 13 (aumentando a
25 en los países más ricos ). En consecuencia, el
consumo se ha disparado y la mitad de los combustibles fósiles y
muchos otros recursos utilizados por los humanos se han consumido en los
últimos 40 años. (Ver gráficos)
¿Por qué es importante esto, incluso
para aquellos a quienes realmente no les importa la naturaleza en sí ? Además
de la infamia moral asociada con la extinción de miles de otras formas de vida,
existen razones puramente egoístas para preocuparse. Por ejemplo,
dependiendo de la zona climática, entre el 78% y el 94% de las plantas con
flores, incluidas muchas especies de alimentos para humanos, son polinizadas
por insectos, pájaros e incluso
murciélagos. (Los murciélagos, también en apuros en muchos
lugares, son los polinizadores principales o exclusivos de 500 especies en al
menos 67 familias de plantas). Hasta un 35% de la producción mundial de
cultivos depende más o menos de la polinización animal, lo que garantiza o
aumenta la producción de 87 cultivos alimentarios líderes en todo el mundo.
Pero hay una razón más profunda para
temer el agotamiento y la despoblación de la naturaleza. En ausencia de
vida, el planeta Tierra es sólo una roca húmeda intrascendente con una
atmósfera venenosa que gira inútilmente alrededor de una estrella ordinaria en
las orillas extremas de una galaxia irrelevante. Es la vida misma,
comenzando con innumerables especies de microbios, la que gradualmente generó el
"ambiente" adecuado para la vida en la Tierra tal como la
conocemos. Los procesos biológicos son responsables del equilibrio químico
favorable a la vida de los océanos; las bacterias fotosintéticas y las
plantas verdes han almacenado y mantienen la atmósfera de la Tierra con el
oxígeno necesario para la evolución de los animales; la misma fotosíntesis
extrajo gradualmente miles de millones de toneladas de carbono de la atmósfera,
almacenándolas en cretas, piedra caliza y depósitos de combustibles fósiles, de modo que la temperatura promedio de la Tierra (actualmente alrededor de 15º C) ha permanecido para edades geológicas en la estrecha franja que hace posible la vida basada en agua, incluso cuando el sol se ha estado calentando (es decir, que el clima estable es parcialmente un fenómeno biológico); innumerables especies de bacterias, hongos y una verdadera colección de micro-fauna regeneran continuamente los suelos que cultivan nuestros alimentos. (Desdichadamente, el agotamiento por la agricultura es
incluso más rápido. Según algunas versiones, nos queda, tan sólo, poco más de medio
siglo de tierra
cultivable).
En resumen, el homo sapiens depende
completamente de una rica diversidad de formas de vida destinadas a proporcionar
multitud de funciones básicas, esenciales para la existencia y
supervivencia de la civilización humana. Con una gran crisis
mundial sin precedentes, inducida por los humanos, ¿qué posibilidades hay de
que la integridad funcional de la ecosfera sobreviva a la próxima duplicación
del consumo material que todos esperan antes de mediados de siglo?
Esta es la cuestión: el cambio
climático no es la única sombra que oscurece la puerta de la humanidad. Si
bien no lo sabréis por los medios de comunicación dominantes, la pérdida de biodiversidad podría
suponer una amenaza sobre la existencia misma de la humanidad. Mientras pensamos en ello, agreguemos a la mezcla la degradación del suelo y del paisaje, la posible escasez de alimentos, de energía y de otros recursos. Y si crees que probablemente podremos "manejar"
cuatro de cada cinco de estos problemas ambientales, no importa. La
pertinente versión de la ley de Liebig establece
que, cualquier sistema complejo que dependa de varios insumos esenciales puede
ser eliminado por ese único factor de menor suministro (y aún no
hemos abordado los riesgos adicionales planteados por la agitación geopolítica
que inevitablemente seguiría a la desestabilización ecológica).
Lo cual plantea preguntas que, por supuesto, van más
allá del mero interés académico. ¿Por qué no estamos colectivamente
aterrados o al menos alarmados? Si nuestra mejor ciencia sugiere que
estamos camino al colapso de los sistemas, ¿por qué el colapso y
cómo evitarlo no son los temas principales del discurso político
internacional? ¿Por qué la comunidad mundial no participa en un debate
urgente y comprometido sobre las iniciativas disponibles y los mecanismos institucionales
transnacionales que podrían ayudar a restablecer el equilibrio en la relación
entre los seres humanos y el resto de la naturaleza?
Hay muchas opciones políticas,
desde simples impuestos al consumo, pasando por iniciativas populares de planificación integral para una economía sostenible, hasta una educación general que propicie cambios voluntarios en el estilo de vida, todo lo cual mejoraría las perspectivas de la
sociedad mundial para la supervivencia a largo plazo. Cualidades
humanas únicas, desde una inteligencia consciente (por ejemplo, razonar a partir
de la evidencia), la capacidad de planificar con anticipación, hasta
la conciencia moral, son requisitos indispensables para la tarea, pero permanecen inactivas: hay pocos indicios de voluntad política para reconocer el problema y mucho
menos para elaborar soluciones genuinas (que el acuerdo climático de París no contempla).
¿Conclusión? El mundo parece
negar el inminente desastre; la palabra "C" [¿capitalismo?] permanece silenciada. Todos los
gobiernos desestimaron la advertencia (1992) de los científicos a la
Humanidad, según la cual, "se requiere un gran cambio en nuestra
administración de la Tierra y de la vida en ella, si se quiere evitar la gran
miseria humana", e ignorarán de manera similar la "segunda" (Publicada el 13 de noviembre de 2017, esta advertencia afirma
que la mayoría de las tendencias negativas identificadas 25 años antes "están empeorando").
A pesar de la cascada de evidencias y el análisis detallado de lo contrario, la comunidad mundial, como si de su santo grial contemporáneo se tratara, proclama que el "crecimiento-somos-nosotros". Incluso los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas se basan en la expansión económica como único martillo para cada problemático clavo. Mientras tanto, los gases de efecto invernadero alcanzan niveles máximos históricos, las zonas muertas marinas proliferan, los bosques tropicales caen y las extinciones se aceleran.
A pesar de la cascada de evidencias y el análisis detallado de lo contrario, la comunidad mundial, como si de su santo grial contemporáneo se tratara, proclama que el "crecimiento-somos-nosotros". Incluso los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas se basan en la expansión económica como único martillo para cada problemático clavo. Mientras tanto, los gases de efecto invernadero alcanzan niveles máximos históricos, las zonas muertas marinas proliferan, los bosques tropicales caen y las extinciones se aceleran.
¿Qué está pasando aquí? La
explicación completa de este enigma humano y potencialmente fatal es sin
duda compleja,
pero Herman Melville lo resumió bastante bien en su Moby Dick : "No
hay locura de las bestias de la tierra que no sea infinitamente superada por la
locura de los hombres".



