13 agosto, 2020

"El capitalismo no es la solución, es el problema" ——— David Harvey

 


Observatorio de la crisis - 08/07/2020


Es posible que cuando salgamos de los tormentos infligidos por COVID-19, nos encontremos con un panorama político en el que la reforma del capitalismo esté presente.


Incluso antes de que el virus atacara habían algunos indicios que proponían una mutación. Los líderes empresariales que se reunieron en Davos, por ejemplo, oyeron algunas voces que les alertaban que debían reducir la obsesión por los beneficios y el descuido por los impactos sociales y medioambientales que produce el capitalismo. Ante la creciente irritación pública, se les aconsejó que se protegieran en alguna forma de "ecocapitalismo" o “capitalismo con conciencia”.


Tras cuarenta años de políticas neoliberales, con la embestida del virus se ha puesto en evidencia el lamentable estado de la salud pública. La austeridad aplicada a todo lo que no sean gastos militares o subsidios a las grandes corporaciones (aunque sean inmensamente ricas) ha dejado un sentir amargo y un creciente malestar entre la ciudadanía. Por el contrario, la adopción de medidas por parte del estado para hacer frente a la pandemia ha producido cierta esperanza entre la población.


El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, ha dicho recientemente que cuando salgamos de la actual crisis “no sólo se requerirá reimaginar el horizonte económico, social y político, sino que también deberemos reconciliar el interés del pueblo con el poder político”. Para los que hemos vivido la pesadilla provocada por el virus en Nueva York esta declaración, que implica la intervención del Estado, parece lógica.


Desgraciadamente, la salida de la crisis que propone Cuomo va en otro sentido. El gobernador demócrata decidió que para “reimaginar” la economía y las relaciones sociales era necesario reclutar a un selecto club de multimillonarios integrado por Michael Bloomberg (para organizar los análisis), Bill Gates (para coordinar las iniciativas de educación) y el ex CEO de Google, Eric Schmidt (para recalibrar las comunicaciones y las funciones gubernamentales).


Al parecer, la oleada democrática que se ha hecho evidente en la calle aún no ha llegado con suficiente fuerza a las cúpulas del poder político. Para Cuomo, la reconstrucción y reimaginación del sistema debe amoldarse a las necesidades del capital y a lo que decida una élite capitalista “progre”.


Las ciudades que necesitamos


Durante una larga historia de gobiernos burgueses, en Estados Unidos ha habido periodos de reformas; a principios del siglo XX con gobiernos liberales, el New Deal en los años treinta con Roosevelt y la llamada Gran Sociedad con Johnson en los años sesenta. Parece que ahora, de nuevo, las clases dominantes están construyendo un consenso para otra reforma cosmética del sistema.


En ese contexto, se está pensando en reconstruir la vida urbana a fin de promover no sólo formas más racionales –y ecológicas– de desarrollo económico, sino también formas más adecuadas de organizar la vida cotidiana.


Además de causar un daño directo incalculable a la calidad de la vida cotidiana, el coronavirus también ha revelado la enorme cantidad de podredumbre que hay bajo el brillo superficial el consumismo ostentoso, del individualismo indulgente y de las intervenciones arquitectónicas extravagantes.


Con este espíritu, las reflexiones del Consejo Editorial del New York Times (NYT) sobre "Las ciudades que necesitamos" invita a hacer algunos comentarios. El tema central es bastante simple: “Alguna vez las ciudades funcionaron. Pero, ahora no funcionan. Tenemos que cambiarlas”.


Detrás de esto hay una visión algo nostálgica de una época en la que "las ciudades norteamericanas eran el motor del progreso económico de la nación, el escaparate de su riqueza y cultura, el objeto de la fascinación y admiración mundial".


Para el NYT, “en aquellos buenos tiempos las ciudades proporcionaban las claves para liberar el potencial humano; pues tenían una infraestructura de escuelas y colegios públicos, bibliotecas y parques, agua potable limpia y segura y buenos sistemas de transporte publico”, a pesar de que estaban “deformadas por el racismo, desangradas por las ganancias de las élites y afectadas por la contaminación y las enfermedades”, pero, por encima de todo, esas ciudades “ofrecían oportunidades”.


Según el NYT, ahora el virus a puesto al descubierto que "nuestras áreas urbanas están encadenadas por demarcaciones invisibles e impermeables de enclaves de riqueza y privilegio, de bloques separados por terrenos baldíos y viejos edificios donde los trabajos son escasos y la vida es muy dura y a menudo demasiado corta".


La esperanza de vida en los suburbios más pobres es de sólo sesenta años, en comparación con los noventa años de los barrios más ricos. Para aclarar este punto, el NYT publicó mapas con las diferencias de esperanza de vida en las ciudades de EEUU.


¿Todos juntos ahora?


Es indiscutible que las oportunidades de la vida dependen del código postal de donde uno nace. La letanía de fracasos del sistema es demasiado larga y está lejos de ser invisible, como observa el New York Times.


Durante el último medio siglo la infraestructura de las ciudades se ha deteriorado considerablemente. Las escuelas públicas ya no preparan a los estudiantes. Los trenes subterráneos no son confiables. El agua tiene plomo en proporción alarmante. La falta de viviendas asequibles exige extensos y tediosos viajes para los trabajadores de bajos salarios en un transporte público que falla continuamente. Miles de personas sin hogar acampan en las calles, en los autobuses y en el Metro. El mapa de las oportunidades educativas muestra las diferencias de ingresos y de riqueza, lo que sirve para cristalizar y profundizar las divisiones raciales y de clase.


La conclusión del Consejo Editorial del NYT es que "los ricos necesitan mano de obra y los pobres necesitan capital. Y la ciudad necesita de todos". Y todos “deberíamos unirnos para crear una urbanización más satisfactoria y equitativa”.


Esta es una conclusión absurda porque lo que hace es confirmar la primacía de las estructuras económicas que están en la raíz de la mayoría de los problemas de la vida urbana contemporánea.


Sin duda, los ricos necesitan mano de obra porque es la mano de obra la que los hace ricos. Pero es el capital el que se ha llevado la riqueza producida por los trabajadores.


Es el capital el que ha reducido el trabajo a la precariedad, a propiciado los desplazamientos tecnológicos, la desindustrialización y los demás males que dejan a las ciudades con una población incapaz de sobrevivir sin recurrir a la caridad de los bancos de alimentos y de los vales de comida. Es el capital el que produce una población que no puede pagar el alquiler y mucho menos pagar una hipoteca.


En los 80 Ronald Reagan sentenció "el estado no es la solución a nuestros problemas, el estado es el problema". Bueno, yo pienso que hasta que no nos demos cuenta de que "el capital no es la solución de nuestros problemas, porque el capital es el problema” estaremos perdidos.


El capital construye Hudson Yards y no viviendas asequibles para los que tratan de sobrevivir con menos de 40.000 dólares al año. Mientras los capitalistas puedan hacer esto, todo intento de reforma, por muy bienintencionado que sea, se verá absorbido por los ciclos de acumulación del capital en beneficio de unos pocos.


El capital seguirá funcionando independientemente de las inhumanas consecuencias sociales y ecológicas que produce, dejando a una importante parte de población en situación de atroz pobreza .


Una melodía familiar


El New York Times, en una exhortación llena de esperanza, apuesta por unos seres angelicales y desinteresados: "reducir la segregación requiere que los americanos ricos compartan, pero no necesariamente que se sacrifiquen" dice el Consejo Editorial del periódico.


La receta para los editorialistas es, "construir vecindarios más diversos y desconectar las instituciones públicas de la riqueza privada…. en última instancia, estas políticas enriquecerán la vida de todos los estadounidenses haciendo que las ciudades en las que viven y trabajan sean de nuevo un modelo para todo el mundo”.


Tengo ochenta y cuatro años, y he escuchado este tipo de cosas demasiadas veces antes como para tomarlas en serio. En 1969, me mudé a un Baltimore segregado un año después de que gran parte de la ciudad fuera incendiada tras el asesinato de Martin Luther King.


No tardé mucho en cansarme de esa “sentida moralidad” – del tipo que el New York Times resucita– la "ética" de aquellos que ingenuamente creen que todo saldrá bien si los ricos de buena voluntad reconocieran que nuestros destinos están entrelazados, por qué todos estamos juntos en esta ciudad.


Escribí un libro sobre toda esta experiencia, Social Justice and the City, en el que traté como abordar a largo plazo del problema urbano del capitalismo. Aquí nos hallamos, cincuenta años más tarde, y pareciera que estamos listos para repetir ingenuamente una creencia que comete exactamente el mismo iluso error.


En aquel entonces estaba muy claro que el mercado capitalista –que requiere de la escasez para funcionar– era el principal culpable de este sórdido drama humano. Pensar en esos términos ayudó a explicar por qué casi todas las políticas concebidas para el alivio de la desigualdad urbana terminan siendo crucificadas por una contradicción subyacente.


Si nos dedicamos a la "renovación urbana" nos limitaremos solo a desplazar la pobreza de los centros de lujo (ya por 1872 Engels explicó que esta era la única solución que la burguesía tenía para los problemas urbanos). Ahora, si no aplicamos esta “solución” y nos quedamos de brazos cruzados veremos cómo se produce una continua decadencia de la ciudades.


"Disimular el gueto" –como se llamó entonces– no ha funcionado en ninguna parte. Y la dispersión de la población pobre tampoco ha funcionado. Este último enfoque puede dispersar un poco el gueto, pero no reduce los niveles de pobreza ni disminuye la discriminación racial.


La frustración con tales resultados llevó a la conclusión política de que los pobres deben cargar con la culpa de su lamentable condición, y por eso viven encerrados en distintas "culturas de la pobreza". La única respuesta adecuada, dijo Daniel Patrick Moynihan, es una "negligencia benigna".


Esta apreciación presagiaba el tropo neoliberal de la responsabilidad personal y del espíritu emprendedor, una idea que culpa a las víctimas, y que la vez evade el tipo de preguntas incómodas por los fracasos de los políticos reformistas. Pocos especialistas examinaron las fuerzas que gobiernan el corazón del sistema económico capitalista. (Moynihan resulta, por cierto, ser el mentor político y modelo de Cuomo).


Turismo emocional


En esos días hay todo tipo de soluciones ideadas para enfrentar los graves problemas urbanos… excepto las que combatan la economía de mercado. Sin embargo, es la economía de mercado la que produce inevitablemente una espiral de empobrecimiento como la a revelado crudamente por la pandemia.


Si el 40% de los 30 millones de personas – que ahora están desempleadas – ganaban menos de 40.000 dólares al año, seguramente hay que reconocer la bancarrota del capitalismo contemporáneo en cuanto a la satisfacción de las necesidades humanas básicas.


La política neoliberal de responsabilidad personal y formación de “capital humano” que se desarrolló en la década de 1970 sólo ha demostrado ser una buen y conveniente método de dominación de la clase capitalista. Esta estrategia le permitió huir de los fracasos reformistas de la década de 1960, mientras que se llenaban a manos llenas las faltriqueras.


Es vital, por lo tanto, someter la base de nuestra sociedad a un examen riguroso y crítico. Esta es una tarea inmediata. Pero permítanme decir primero lo que esta tarea no implica.


A principios de los años 70, llegue a la conclusión que no se trata de otra investigación empírica de las condiciones sociales de nuestras ciudades. De hecho, cartografiar la patente de inhumanidad del hombre en nuestra sociedad puede resultar contraproducente. Lo digo en el sentido que esta actitud permite al liberal o la progresista pretender que ellos están contribuyendo a una solución cuando en realidad lo que están haciendo es salvar al capital. Este tipo de empirismo es irrelevante, aunque pueda hacernos ganar un Premio Nobel.


Ya hay suficiente información disponible para proporcionar todas las pruebas que necesitamos. Nuestra tarea no está en ese campo. Ni tampoco en lo que puede llamarse "masturbación moral", característico de montaje masoquista que muestran los medios de comunicación sobre las injusticias diarias a las que se somete la población urbana.


No sirve de nada golpearnos el pechos y compadecernos antes de replegarnos a nuestro espacio de confort. Esto también es contrarrevolucionario, ya que sólo sirve para expiar la culpa sin obligarnos a enfrentar los problemas fundamentales, y mucho menos a hacer algo al respecto.


Tampoco es una solución el turismo emocional que nos lleva a trabajar “por los pobres por un tiempo" con la esperanza de que podamos ayudarles a mejorar su suerte (ofreciéndonos, por ejemplo de voluntarios en un comedor de beneficencia o haciendo donaciones a un banco de alimentos ,aunque esto puede ser útil a corto plazo).


¿Y qué pasa si ayudamos a una comunidad escolar a construir un lugar de recreo durante un verano? Lamentablemente sólo descubriremos que la escuela va seguir deteriorando en el próximo otoño. Estos son los caminos que no llevan a ninguna parte. Simplemente sirven para desviarnos de la tarea esencial que tenemos entre manos.


Un nuevo marco


La tarea inmediata es ni más ni menos que la construcción consciente de un nuevo marco político que aborde la cuestión de la desigualdad, a través de una crítica profunda y exhaustiva de nuestro sistema económico y social.


Necesitamos movilizarnos colectivamente para formular conceptos, categorías, teorías y argumentos, que podamos aplicar a la tarea de lograr una transformación social.


Estos conceptos y categorías no pueden ser formulados con abstracción de la realidad social. Deben ser forjados de manera realista con respecto a los eventos y acciones que se desarrollan a nuestro alrededor.


Las pruebas empíricas, los expedientes y las experiencias adquiridas en la comunidad pueden y deben utilizarse. Y la ola de empatía política que está creciendo en todos aquellos que han vivido la amenaza mortal de la pandemia debe ser transformada en energía y organización revolucionaria. Esa ola no llegará a nada si no se consolida.


Se dice que el virus no discrimina. ¡Pues no es cierto! La mayoría de la población tiene que lidiar con dos terribles opciones; por un lado el desalojo de su vivienda y la inanición por el desempleo o, por el otro, mantenerse de los servicios básicos con riesgo para sus vidas en beneficio de la ciudad y las redes de cuidado de los más ricos, y todo esto trabajando por un mísero salario.


¿En qué código postal residen esos trabajadores? ¿Qué proporción de ellos son gente de color, inmigrantes latinos y latinas? ¿ Poseen portátiles sus niños?


Hay una angustiosa continuidad de miseria durante el último siglo y medio. Seguramente es hora de romper con esta larga y bien conocida historia. Necesitamos hacer una ruptura con el sistema, y trazar la creación de formas de urbanización más democráticas y socialmente justas, animadas por una economía política distinta y una estructura diferente de relaciones sociales.


Las disparidades que propugnaron los levantamientos urbanos de la década de 1960 todavía están con nosotros. De hecho, son heridas más profundas que nunca. Unos pocos meses más de encierro y es casi seguro que los levantamientos volverán. Pero recuerden: "el capital no es la solución, es el problema".


* Este artículo fue escrito en mayo, antes de que comenzaran las protestas en curso.

10 agosto, 2020

3 doctrinas pulverizadas en 30 segundos

 


Transcripción: Arrezafe


Ex-musulmán pulveriza 3 religiones en 30 segundos


Social experimentalist –Obviamente, tú sabes que has sido adoctrinado. ¿No?


Joven judío –Soy consciente de que lo propio de la educación, desde que naces, es, en efecto, adoctrinar. Pero también reconozco que la mayoría de la gente, pasada su adolescencia comenzarán a tener sus propias opiniones y a pensar de manera más crítica sobre cuando se les ha inculcado. Yo he pensado críticamente sobre estas cosas y he llegado a la conclusión de que son verdad.


Ex musulman –¿No es sorprendente que la mayoría de los musulmanes, cuando se hacen mayores y críticos, descubren que el Islam es la verdadera religión; que la mayoría de los judíos cuando se hacen mayores y críticos, como tú dices, descubren que el Judaísmo es la verdadera religión; y que la mayoría de los cristianos, cuando crecen y devienen críticos, descubren que el Cristianismo es la verdadera religión? ¿No es mucha coincidencia?


Joven judío –Bueno, me has dejado perplejo... Me has desconcertado...


Social experimentalist –No hay respuesta... No hay respuesta.


Leyenda final

"Por supuesto, la respuesta es que naciste por azar en el seno de la “verdadera” religión".

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08 agosto, 2020

Claves de un Estado criminal: Dios, Patria y Capital — Ángeles Diez

 

F.A.I. - 08/08/2020

"Los fundadores de la Nueva Inglaterra eran a la vez ardientes sectarios y renovadores exaltados. Unidos por los lazos más estrechos de ciertas creencias religiosas, se sintieron libres de todo prejuicio político" (A. Tocqueville)


Empecemos por Obama. Porque ni Donald Trump es un desquiciado ignorante ni Obama fue un inteligente progresista. En contra de la imagen hábilmente construida por su maquinaria de relaciones públicas, Obama (con su fiel escudera Hillary Clinton), sembró el planeta de guerra y reemplazó la captura de presuntos terroristas de la Administración Bush por el asesinato –así lo describe el periodista de investigación Jeremy Scahill[1].


No fue Trump quien autorizó el bombardeo de Yemen (2009), ni quien invadió el espacio aéreo de Paquistán para ajusticiar a Bin Laden (2011), ni fue él quien asesinó a ciudadanos estadounidenses en Yemen (2011). Tampoco fue Trump quien declaró a Venezuela una “amenaza inusual y extraordinaria” en dos ocasiones (2015 y 2017), ni quien incrementó las operaciones encubiertas en todo el mundo. Tampoco fue él sino Obama quien nombró director de la CIA a John Brennan -defensor de las “técnicas mejoradas de interrogatorios” (tortura) y artífice de los ataques con drones– (2013).


Cuando analizamos la política internacional imperialista de EEUU y reducimos nuestro análisis a factores de orden geopolítico, estratégico o económico no conseguimos explicarnos actuaciones aparentemente irracionales que van incluso en contra de sus intereses nacionales a medio o largo plazo. Acabamos asignando a sus presidentes un marchamo de maldad y crueldad irracional que nos sitúa mal a la hora de desarrollar estrategias de resistencia y confrontación con el imperialismo. Más allá de las diferencias evidentes entre Obama y Trump, o entre Clinton y Bush, o entre Carter y Reagan, existe un hilo conductor que une las distintas administraciones, ya sean demócratas o republicanas, una lógica común que se sitúa en un espacio ideológico o, más bien, teológico-político.


De modo que, no hablemos de un presidente, ni de una determinada administración. Hablemos de un Estado, hablemos de la génesis de un Estado que desde el mismo momento en que se constituyó como tal emprendió una cruzada expansionista hacia el Oeste con la biblia en una mano y el fusil en la otra.


Saqueadores de tierra y exterminadores de indígenas. Porque la expansión del nuevo Estado no fue simplemente una guerra por la supervivencia contra Inglaterra, decía Howard Zinn, sino una guerra para el desarrollo de la economía capitalista en donde la tierra era fundamental para los especuladores ricos (incluido George Washington). Una república fuerte y grande, argumentaban los padres fundadores[2], necesaria para proteger mejor los intereses de la comunidad frente a las "fracciones" internas y los enemigos externos. Una patria, en fin, con un sistema y una organización política diseñada contra las mayorías, por y para las élites económicas[3]. Los principios de liberalismo –libertades civiles, imperio de la ley y libre mercado- al servicio de La riqueza de las naciones (Adam Smith, 1776) formaron parte del ADN del nuevo Estado y se mantienen hasta hoy en que la hegemonía estadounidense declina irremediablemente.


Estados Unidos vino al mundo como un Estado capitalista, sin el lastre feudal de la vieja Europa, dispuesto a materializar un proyecto bíblico no sujeto a más principio moral que la acumulación de riqueza. Así, la guerra de Estados Unidos contra el mundo es una guerra sin fronteras y sin límites, como tampoco puede tenerlos el Capital.


No es que los Estados europeos del XIX, en plena expansión territorial repartiéndose África y Oriente, fueran menos crueles, piénsese en el Congo –que antes de ser belga fue del sanguinario Leopoldo II–, o en la India británica. Pero ocurre que cuando EEUU toma el relevo de la hegemonía mundial después de la Segunda Guerra Mundial la profecía del Destino manifiesto, sobre la que se construyó el nuevo Estado, ya iba de la mano de un desarrollo técnico sin precedentes. Por eso, la advertencia de Eisenhower[4] sobre el peligro que supondría la influencia del complejo industrial militar caería en saco roto, y por eso, las distintas formas de guerra con las que siembran el mundo son una consecuencia lógica de un sistema y una ideología imparables desde el ámbito de la razón o desde los principios morales.


Estados Unidos emprendió el dominio del mundo inspirado en una religión civil de base puritana y calvinista[5] que fue el fundamento de su visión de pueblo elegido cuya misión sería guiar al resto de las naciones. Con esta base ideológica se han convertido en el Estado criminal más mortífero de la historia. ¿Por qué el más cruel de los Estados? Porque hablamos de un Estado moderno, guiado por una racionalidad técnica capitalista y una religiosidad fundamentalista de corte racista, ambos factores se han retroalimentado a lo largo de los años y han marcado el rumbo tanto de su política exterior como de su política doméstica.


Si hiciéramos una genealogía del poder estadounidense siguiendo las enseñanzas de Foucault hallaríamos un Estado cuya expansión y dominio imperialista forma parte de su naturaleza y su identidad. Encontraríamos unos principios y un desarrollo técnico capaces de aniquilar el planeta, circunstancia ésta que no se había dado anteriormente en la historia. El lanzamiento de las dos bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki (6 y 9 de agosto de 1945) cuando ya se había ganado la guerra son el ejemplo paradigmático. De ahí que conmemorar el 9 de agosto como Día internacional de los crímenes estadounidenses contra la humanidad, tiene todo el sentido.


El patriotismo, el racismo, el fundamentalismo religioso y el culto al dinero, son las claves que necesitamos explorar para desarrollar estrategias eficaces de lucha antiimperialista porque, desde mi punto de vista, son las claves que explican la estructura del Estado norteamericano y permiten anticipar sus movimientos más allá de las coyunturas. Ya José Martí en su artículo sobre La verdad de Estados Unidos en 1894 anunciaba la necesidad de publicar, no el crimen o la falta accidental que pueden ocurrir en todos los pueblos sino "aquellas calidades de constitución que, por su constancia y autoridad, demuestran las dos verdades útiles a nuestra América: –el carácter crudo, desigual y decadente de los Estados Unidos– y la existencia, en ellos continua, de todas las violencias, discordias, inmoralidades y desórdenes de que se culpa a los pueblos hispanoamericanos". [6]


Dentro de estas cualidades de constitución de las que hablaba el prócer cubano encontramos, desde mediados del siglo XIX, la doctrina del Destino Manifiesto. Ésta será la bandera que enarbolará EEUU para justificar su derecho a la expansión territorial como parte de un designio providencial. A su vez, la imposición de una forma particular de ver la "democracia" (coincidente con sus intereses económicos) se convertiría en su práctica habitual para establecer relaciones con otros Estados.


Marcos Reguera, en su tesis de doctorado sobre el Imperio de la democracia en América, nos dirá que el término Destino manifiesto se convirtió en una pieza clave de la identidad estadounidense durante el siglo XIX y nos ayuda a entender "cómo el sistema democrático americano fue adoptando un carácter imperialista que será central tanto para su proceso de construcción nacional como en su propia autopercepción" [7]. La concepción de la patria a modo de destino divino vinculada al desarrollo material capitalista es un tándem identitario que será difícil limitar ni desde principios morales universales, ni desde el Derecho internacional, ni siquiera desde una racionalidad económica liberal.


Porque la patria para el monstruo norteño, en cuyas entrañas vivió Martí, no es equivalente al nacionalismo en el sentido europeo ni latinoamericano. Más bien se inscribe dentro de un imaginario mítico que conjuga el aislacionismo (no existe nada distinto a Estados unidos que merezca la pena) y la providencia (pueblo elegido y guiado por Dios). Así vemos que, para la mayor parte del pueblo norteamericano, Dios gobierna a través de sus presidentes y todos ellos juran sobre la biblia; la suya particular, la de los que les precedieron o aquella que incorpora un particular capital simbólico. El expresidente Obama es miembro de la Iglesia Unida de Cristo[8] y realizó su juramento de toma de posesión utilizando dos biblias, la tradicional de Abraham Lincoln y la de Martin Luther King [9]. También Trump utilizó dos biblias, la de Lincoln y la que le regaló su madre; lo simbólico universal y lo particular individual se amalgaman uniendo la suma de individualidades en un universo simbólico común: La nación predestinada.


Casi todos los discursos de los presidentes americanos terminan con una frase que es el final de un ritual que se repite: «Dios bendiga América», y en todos los dólares nos encontramos con otra frase: "In God We Trust" (Confiamos en Dios). Jim Dotson nos dice que la frase "En Dios confiamos" refleja lo que significa ser estadounidense. Dios es el equivalente simbólico del dinero y se inscribe en la tradición blanca protestante fundadora de las 13 colonias de las que surgiría el nuevo país[10] . Cuando vemos en las películas estadounidenses esas escenas en la que en cada hotel de carretera hay una biblia en la mesilla de noche, o en las que asesinos en serie siguen patrones del texto sagrado, sin duda estamos viendo algo que va más allá de un recurso dramático[11].


Según datos recientes, 73% de los estadounidenses se declaran cristianos y solo el 20% no se identifica con ninguna religión (2019). Tampoco resulta casual el fenómeno, tan norteamericano, de los telepredicadores; ni que las iglesias evangélicas se hayan convertido es uno de los instrumentos de injerencia, incluidos golpes de Estado y financiación del terrorismo (muy al estilo yihadista) en toda América latina. El reciente golpe de Estado en Bolivia muestra la clara influencia de estas iglesias y del despliegue de telepredicadores por toda la región con vínculos estrechos con sus matrices estadounidenses.


La guerra Mundo de EEUU se plantea a menudo como una cruzada evangélica: "llevar la democracia", "defender el mundo libre", "acabar con el mal"... Tradicionalmente las corporaciones mediáticas han servido a este propósito religioso elaborando imágenes que se han adaptado a los discursos proféticos, por ejemplo, presentando las invasiones, los asesinatos, las extorsiones, los saqueos, etc. como cruzadas salvadoras contra enemigos terroríficos y demoníacos, generalmente personificados en los gobernantes de los países a los que atacar (Milosevich, Sadam, Gadafi, Chávez, Maduro,….)


Sorprendentemente, el melting pot de culturas que han arribado a EEUU durante siglos no han conseguido dotar a ese Estado de una impronta identitaria distinta de esa idea de Patria omnipresente y todo poderosa con un destino providencial. Por el contrario, para muchos de los grupos de emigrantes la imagen de tierra prometida, de continente vacío, o de tierra desierta a la espera de ser cultivada, que los padres fundadores llevaron al continente ha sido su carta de integración[12]. Tal vez eso cambie en poco tiempo como resultado de la crisis mundial de la Covid 19, o tal vez el conservadurismo político consiga asignar a la providencia divina, como muchas otras veces, el castigo por no ser fieles seguidores de su destino.


La expansión territorial de EEUU no sólo se fundamentará en "la excepcionalidad de sus instituciones políticas –nos dice Marcos-, sino en el particularismo racial de la población. El concepto político de Destino manifiesto con su impronta maltusiana que justificaba la expansión racial anglosajona dejará de usarse tras la Segunda Guerra Mundial y dará paso a otros conceptos como la excepcionalidad americana (American Exceptionalism), El mundo libre (Free World) o El siglo americano (American Century) que conformarán una filosofía racista que “desde el darwinismo social propugnaba el predominio de Estados Unidos sobre otras naciones como parte de la ley de la supervivencia de la nación más apta"[13]


Dentro de la tradición puritana y calvinista, el sociólogo Max Weber, encontró una conexión estrecha entre esa ética protestante y el enriquecimiento personal[14]. La riqueza se convertía en un pasaporte al reino de los cielos. La forma de enriquecerse en el capitalismo pasa inevitablemente por el imperialismo y por tanto por la guerra. El general del cuerpo de marines Smedley Butler (1881-1940), siendo uno de los militares más condecorados de la historia de EEUU, tras retirarse en 1934 escribió “La guerra es una estafa” en donde describe cómo su país hacía la guerra con el único objetivo real de incrementar sus ganancias. Llegó a decir: "Fui premiado con honores, medallas y ascensos. Pero cuando miro hacia atrás, considero que podría haber dado algunas sugerencias a Al Capone. Él, como gánster, operó en tres distritos de una ciudad. Yo, como marine, actué en tres continentes. El problema es que cuando el dólar estadounidense gana apenas el seis por ciento, aquí se ponen impacientes y van al extranjero para ganarse el ciento por ciento. La bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera."[15]


Un elemento no menos importante que permea el Estado junto con el conservadurismo político de corte religioso es el antiintelectualismo. Se trata de una corriente ideológica que, desde mi punto de vista, ha permitido la continuidad y reproducción de esa teología política dotándola de un soporte popular que ha legitimado las actuaciones criminales del Estado norteamericano y lo continúa haciendo. Presidentes como Trump, Bush o Reagan, que desprecian a los "expertos" y se vanaglorian de su ignorancia entran dentro de una tradición antielitista y autoritaria fuertemente arraigada en el pueblo norteamericano. En un artículo para la revista Newsweek, Isaac Asimov describía lo que él llamaba el culto a la ignorancia en Estados Unidos, de la siguiente forma: "En Estados Unidos hay un culto a la ignorancia, y siempre lo ha habido. El antiintelectualismo ha sido esa constante que ha ido permeando nuestra vida política y cultural, amparado por la falsa premisa de que democracia quiere decir que «mi ignorancia vale tanto como tu saber".[16]


La combinación del desprecio de cultura, el culto al dinero y la exaltación de las emociones encontrará su máxima expresión en el desarrollo del consumo a partir de los años 50. A diferencia de lo que ocurre en otros países y también muy alejado del ascetismo fundacional, EEUU se convertirá tras la II Guerra Mundial, con el desarrollo de la producción en masa en el lugar de la desmesura, del exceso, en el comer y, por qué no, en el matar.


Estas claves ideológicas ayudan a explicar, que no a justificar en absoluto, la expansión imperialista estadounidense, incluida esas cualidades constitutivas de las que hablara Martí, pero no son suficientes para entender la magnitud de las atrocidades cometidas a lo largo de los últimos decenios. Los crímenes contra la humanidad se sitúan en una escala superior que sólo se puede sostener en el tiempo gracias a la impunidad.


En los últimos años, a medida que el poder hegemónico de Estados Unidos retrocedía, las distintas administraciones han blindado a sus presidentes, sus secretarios de Estado, sus soldados… Ciertamente el poder y la impunidad suelen ir de la mano (muchos en nuestro país conocen de esa alianza en relación a los crímenes del franquismo). Se da la impunidad cuando se controlan las instituciones, cuando se maneja el Derecho internacional a discreción y cuando el silencio convierte en cómplices a sociedades enteras. En el caso de Estados Unidos, no es sólo una forma de actuación internacional. Una mentalidad guiada por la providencia y ebria de desmesura, sólo parece tener freno ante un poder equivalente, en general, otros Estados con bombas atómicas o con una determinación tal que desequilibre la cuenta de resultados.


Durante años, mantener la hegemonía norteamericana ha significado controlar las organizaciones internacionales, bien mediante el chantaje de su financiación, bien colocando en su dirección a personajes afines. Pero en los últimos años, a medida que han ido extendiendo la guerra por todo el planeta, esto ha sido insuficiente. Por tanto, el siguiente paso ha sido tergiversar las resoluciones, desconocer a las propias instituciones, rechazar la firma de tratados etc. En esa dirección, es el secretario de Estado norteamericano, Michael Pompeo, quien en marzo del año pasado prohibió los visados al personal de la Corte Penal Internacional (CPI) que participara en investigaciones de ciudadanos estadounidenses en cualesquiera de los territorios en los que se extiende la jurisdicción de la CPI.[17] Pero nada de esto es novedoso, recordemos que Estados Unidos ha sido el único país condenado por la Corte Internacional de Justicia de la Haya por cometer terrorismo internacional —técnicamente, por el uso ilegal de la fuerza— contra Nicaragua, y que, cuando se le ordenó pagar reparaciones, no sólo rechazó el fallo de la Corte sino que rechazó su jurisdicción.


Pero la impunidad de un Estado criminal también se da al interior de EEUU ya que, como decíamos al principio, no es una cuestión de una u otra administración. En este país los policías no gozan de legitimidad sino del poder de saberse impunes. Policías blancos que asesinan a afroamericanos, empresas que contaminan el agua, el aire…. El movimiento “Blacks Lives Matter” (las vidas negras importan) surgió a consecuencia de la absolución del policía que asesinó al adolescente afroamericano Trayvon Martin (2013)


Así pues, conmemorar el 9 de Agosto como el día internacional de los crímenes estadounidenses contra la humanidad, no sólo implica evidenciar la naturaleza de un Estado criminal –sus cualidades de constitución- sino apostar por romper la impunidad que tiende a perpetuar su dominio. Porque en el fondo, no es posible convencer a un fundamentalista religioso de que está equivocado. Solo tiene sentido hacer justicia: impedir que el crimen quede sin castigo.


Notas:


1. Entrevista al periodista Jeremy Scahill, con motivo de la presentación de su libro “Guerras sucias, el mundo es un campo de batalla”, en El Confidencial, “Bush cazaba… Obama asesina” https://www.elconfidencial.com/mundo/2013-10-16/bush-cazaba-obama-asesina_42073/

2. Se consideran Padres fundadores de EEUU a George Washington, primer presidente de EEUU de 1789 a 1797, Thomas Jefferson, tercer presidente entre 1801 y 1809, y Benjamin Franklin, político, científico, inventor y defensor acérrimo de la unión colonial (1706-1790).

3. Ángeles Diez, Medios de comunicación y democracia. Cómo se excluyó al pueblo del gobierno y cómo se le convenció de lo contrario. 31/05/2010 en https://rebelion.org/como-se-excluyo-al-pueblo-del-gobierno-y-como-se-le-convencio-de-lo-contrario/

4. En un discurso televisado el 17 de enero de 1961 al terminar su mandato como presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, advertía sobre los peligros de la gran influencia del “Complejo industrial militar, sobre la política norteamericana. http://carpetashistoria.fahce.unlp.edu.ar/carpeta-3/fuentes/la-guerra-fria/el-complejo-industrial-militar-segun-eisenhower

5. A finales del XVIII cuando estalló la revolución americana la mitad de los habitantes eran puritanos y dos tercios eran calvinistas (Andrés González Martín, The american religión of winning y la religión civil norteamericana)

6. José Martí, La verdad sobre Estados Unidos, en Patria 23/3/1894

7. Marcos Reguera, Tesis de doctorado: “El imperio de la democracia en América. John L. O’Sullivan y la formación del concepto de Destino Manifiesto” pág. 22. Una tesis fundamental para ayudar a profundizar en el imperialismo estadounidense. ↑

8. Protestante Digital, “Obama aclara su fe cristiana evangélica como miembro de la iglesia Unida de Cristo”, https://protestantedigital.com/print/21015/Obama_aclara_su_fe_cristiana_evangelica_como_miembro_de_la_Iglesia_Unida_de_Cristo

9. Recordemos que Martin Luther King era pastor de la iglesia baptista

10. Kennedy ha sido el único presidente no protestante de EEUU, era católico y tuvo dificultades en su campaña electoral ya que se le acusaba de estar supeditado a agentes extranjeros.

11. La película Seven dirigida por David Fincher en 1995 que narra la persecución de un asesino en serie que actúa siguiendo los siete pecados capitales es uno de los mejores ejemplos.

12. Esta ideología profética es un lazo que une a EEUU con el proyecto sionista del Estado judío en Palestina (junto con la emigración judía a EEUU tras la II Guerra Mundial y sus intereses geoestratégicos en la zona) Un Ente sionista que no podría subsistir en la zona sin el subsidio incondicional de la potencia norteamericana y sin el despliegue de un sistema de apartheid más terrible aún que el sudafricano.

13. Marcos Reguera, op. Cit. Pág. 33

14. Max Weber, La ética protestante y el espíritu del Capitalismo.

15. Smedley Butler, La guerra es una estafa. En https://www.docdroid.net/SizLkOR/butler-smedley-d-la-guerra-es-una-estafa-pdf#page=5 ↑

18. I. Asimov, El antiintelectualismo en Estados Unidos, Newsweek, 21-1-1980, en https://alexiscondori.com/translation/0014-asimov-antiintelectualismo-culto-ignorancia

17. https://elpais.com/elpais/2019/04/08/opinion/1554738101_453213.html

06 agosto, 2020

“Para no importunar al magnate de la Casa Blanca, cientos de funcionarios se cosen la boca con hilos de burocracia y silencian lo que les queda de conciencia para que el horror no les quite el sueño.” ———— Fernando Buen Abad


RESUMEN LATINOAMERICANO – 06/08/2929


9 DE AGOSTO – DÍA INTERNACIONAL DE LOS CRÍMENES ESTADOUNIDENSES CONTRA LA HUMANIDAD.


¿Hay un plan para encubrir los crímenes contra la Humanidad? Sí, se llama Capitalismo.


Quedarse quieto es hacerse cómplice. Ésta no es una denuncia cómoda para tranquilizar conciencias pequeño-burguesas. Es denuncia y es autocrítica. Mientras Trump y sus jaurías criminales reprimen, humillan y encarcelan a familias de “inmigrantes”; todos los Crímenes Estadounidenses se coagulan en las injusticias fronterizas y la inmensa mayoría de nosotros aporta su cuota de ignorancia, indolencia e inutilidad funcionales. Algunos claman al cielo y oran, otros se subliman mentando madres. Algunos hacen donativos, limosnas y gestos compungidos. Otros alzan los hombros y siguen viendo su noticiero favorito.


La única solidaridad concreta ocurre desde abajo, de la mano del pueblo que mira en el que sufre sus propios sufrimientos. Para no importunar al magnate de La Casa Blanca, cientos de funcionarios se cosen la boca con hilos de burocracia y silencian lo que les queda de conciencia para que el horror no les quite el sueño. Algunos abogados fabricaron trincheras de “jurisprudencia” a prueba de toda vergüenza y desde ahí pontifican deyecciones leguleyas expelidas por el “Estado de derecho” y los “tratados internacionales”.


Se exhiben muy pulcros para el tecnicismo y muy puntuales para la cobranza. Van y vienen de congreso en congreso, de conferencia en conferencia, de burocracia en burocracia… mientras los niños aprenden, tras las rejas, que viven en un mundo donde ser pobre se castiga, no importa de dónde vengas ni qué edad tengas. Castigo inclemente sin delito, sin juicio ni defensa. “La única forma de salvar la vida de las personas detenidas es su liberación”, dice el periodista Jacob Soboroff, que ingresó a estas cárceles del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) donde, ya en 2008, vio niñas y niños encerrados en jaulas. Soboroff lo relata en su nuevo libro Separated: Inside an American Tragedy (Separados: una tragedia estadounidense).


Es uno más de los Crímenes Estadounidenses contra la Humanidad, convertido en mercancía “mediática”. Mercancía del horror prefabricado por intereses de clase a cuyo servicio está el Estado, para venderla en el mercado de la dominación de una clase sobre otra. Esta vez usando a los niños, sin clemencia, sin defensa, sin piedad. En el alma de esa violencia está la complacencia de gobiernos reformistas y oportunistas escupiendo a mansalva discursos legalistas. Se descargan, minuto a minuto, ráfagas de violencia ideológica para esconder la tortura a que son sometidos los más indefensos en el imperio oligarca de la indefensión social. No importa el horario, no importa el tema y no importa el impacto… siempre hay violencia a destajo contra niñas y niños victimados tras las rejas del imperio. Y parece tan “natural”. “Según diferentes cables, en mayo ICE tenía a unos 184 menores, pero los activistas creen que pueden ser más, después de trascender que el gobierno federal está deteniendo a los niños en hoteles de Texas y Arizona antes de deportarlos a sus países de origen.”


Esto no es una arenga contra la solidaridad genuina, es una reflexión contra esa violencia infiltrada en las cabezas de los pueblos para naturalizar todo lo que el capitalismo impone como modelo para mentalidades dóciles, cómplices de las aberraciones del saqueo y la explotación que reinan planetariamente. “Casi 2.000 niños han sido separados de sus padres desde que el fiscal general, Jeff Sessions, anunció la política que determina que los funcionarios de seguridad interna deriven todos los casos de ingreso ilegal a los EE.UU. para procesamiento.”


Esto es un llamado de atención no sólo sobre el papel que cumple el aparato de Estado y gobiernos gerenciadores de esclavitudes a diestra y siniestra, sino también contra las jaurías de burócratas que, con toda impunidad, violan los derechos humanos. El plan de exterminio contra las “familias de inmigrantes”, desatado por Trump, es una declaración de guerra a la que debemos presentar frentes de lucha de todo tipo y a toda costa. Los niños y las niñas enjaulados no pueden defenderse y menos si encuentran otra forma de violencia agazapada en la indiferencia, la ignorancia y la apatía nuestras.


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Estados Unidos. Policías detienen a mujer afrodescendiente y sus hij@s a punta de pistola en Colorado

Policías de la ciudad de Aurora, en el estado de Colorado, en Estados Unidos, detuvieron a una familia negra a punta de pistola el domingo, tras confundir su vehículo con otro que había sido robado.


En el vídeo se puede observar como la policía ordena a una mujer y a tres niñ@s acostarse boca abajo en el suelo de un estacionamiento. Dos de las menores, de entre seis y 17 años de edad, esposadas.




05 agosto, 2020

HACIA UN FRENTE DE SALVACIÓN POPULAR — redRoja




redRoja – 91/94/2020


(Se impone el rescate de nuestro pueblo, y no el de los emporios financieros y empresariales que lo parasitan)


El colapso sanitario que ya nadie niega ha puesto a la orden del día las reivindicaciones de los colectivos en lucha por la defensa de la Sanidad Pública: mayores recursos presupuestarios, empezando por revertir los brutales recortes de la anterior década, y anular las privatizaciones que han pretendido hacer de la salud un negocio que, además, discrimina entre pacientes según su clase social. Vemos cómo la sanidad pública se desborda mientras los hospitales de gestión privada con financiación pública miran para otro lado y las aseguradoras privadas, en medio de la tragedia, pretenden hacer su particular agosto con la angustia de la gente. Por todo ello, hoy se hace indispensable nacionalizar de forma definitiva la sanidad privada, derogando la ley 15/97. Pero esto no es suficiente en la actual coyuntura de emergencia sanitaria y social. Hay que asegurar al máximo el suministro del material hospitalario y de protección interviniendo en el ámbito empresarial, incluyendo la industria farmacéutica. En el aspecto laboral, dicha protección tiene que acabar con esa hiriente imagen de trabajadores forzados a realizar su labor sin condiciones de seguridad. Al tiempo, se impone una planificación social del confinamiento para poner freno al abandono en que han sido sumidos amplios sectores de la población tras el parón en seco de los ya de por sí escasos servicios sociales. Y se requiere una intervención en el ámbito de la vivienda ante la incertidumbre que pesa sobre miles de familias respecto a cómo van a asegurar el pago de sus alquileres e hipotecas.


Pero esta emergencia sanitaria ha acelerado y agravado la profunda crisis socioeconómica que ya se venía anticipando. De momento, más de 1,7 millones de trabajadores han sido afectados por los ERTE facilitados por el gobierno. Asistimos a una auténtica avalancha de más de 200.000 de ellos siendo los más grandes los de El Corte Inglés, Securitas Direct, Seat, Burger King, Iberia, Renault… a la espera del ERTE de Inditex que afectará a otros 25.000 trabajadores. A nadie se le escapa que, dada la recesión que nos amenaza y la dependencia endémica del turismo, muchos de estos trabajadores acabarán perdiendo sus trabajos de forma definitiva. Pero, además, innumerables empresas no están recurriendo a los ERTE, sino al despido individual y definitivo.


El gobierno ha aprobado una serie de medidas que, aunque anunciadas como un “escudo social”, más bien podrían catalogarse de un escudo para la banca y las grandes empresas. El Estado avalará 117.000 millones para que la banca pueda administrar más préstamos a su antojo y con total seguridad. Obviamente serán los grupos financieros los que decidirán a qué empresa los prestan y a cuál no. Más que probablemente, la lógica financiera los llevará a conceder este dinero a las grandes corporaciones con las que los bancos están entrelazados. Y además, sin riesgo alguno: efectivamente, cuando se produzca un impago, el Estado será el aval. ¿Qué pasará con las 150.000 pequeñas empresas y con los tres millones de autónomos sobre los que se cierne la amenaza de cierre definitivo de sus actividades? Por su parte, la UE ha aprobado que el BCE compre 750.000 millones de euros en activos. ¿Qué duda cabe de que la parte de ellos que se destine a España servirá para comprar bonos de esos mismos bancos y grandes corporaciones?


Todas estas medidas a favor del gran capital anticipan un nuevo rescate que, si no se culmina en los mismos términos que la vez anterior, es porque el propio sistema cuenta con menos margen de maniobra y se están exacerbando las peleas dentro de la misma UE. Precisamente los Estados dominantes de esta Unión Europea quieren utilizar la crisis para, vía el arma de la deuda, conquistar sectores enteros de los países más débiles, como ya ocurriera, entre otros, con Grecia hace unos años. Hay que alertar, pues, sobre la utilización propagandística del coronavirus para tapar la podredumbre y la barbarie intrínsecas a un sistema dominado por el parasitismo financiero, que ya ni siquiera es capaz de estabilizar “su” propia economía real productiva. Y en consecuencia, igualmente hay que inmunizarse cuanto antes ante la utilización perversa del estado de alarma, que dicta el confinamiento, para amordazarnos aún más y sofocar la capacidad de lucha redoblada que vamos a requerir.


Debemos aprender de las experiencias acumuladas de la primera gran réplica de la crisis sistémica de 2007-2008, de la que todavía arrastramos los recortes sociales y laborales que fueron el contrapunto del primer gran rescate del gran capital “patrio”. Y también hemos de retener las lecciones de las mareas de movilizaciones iniciadas en 2011, en gran medida sofocadas en el altar de un reformismo cada vez más imposible y del ilusionismo y de la politiquería electoralistas. De aquel ciclo de masivas y dispersas movilizaciones sectoriales, quedó pendiente fundirlas en un torrente único que abrazara un programa común que no se limitara a exigencias particulares, ni a la crítica de uno u otro gobierno de turno al servicio del gran capital, sino que apuntara al cuestionamiento del poder político real. Hoy toca culminar esa tarea.


Como respuesta a la crisis económica que se está fraguando y para revertir las crueles consecuencias sociales y laborales que esta tendrá, proponemos a las organizaciones obreras y al activismo social impulsar un frente común dedicado a salvar al pueblo y no al gran capital. Urge la unificación de todos los sectores en lucha y a que hagan suyo un conjunto mínimo de medidas que, sin ser de ningún sector en particular, lo son de todos: una alternativa política común que apunte claramente a la disputa del poder real, sin el cual ninguna de las medidas que cualquier sector plantee tendrá garantías de obtenerse y mantenerse.




1) La expropiación de la banca privada, que parasita a través del crédito arbitrario al resto de la sociedad asfixiando a la propia economía real productiva. Un parasitismo que cada vez se da más en fuerte competencia internacional, con el rescate bancario como arma de lucha entre potencias extranjeras. Como contrapunto, creación de una sólida banca pública que relance la producción.


2) La negativa a pagar la llamada “deuda pública”, herramienta artificialmente creada por el capital financiero internacional y nacional para mantenernos sometidos indefinidamente a su chantaje. Solo el pago de los intereses de la Deuda ha supuesto ya 31.400 millones al año, 86 millones de euros al día. Recursos que podrían destinarse a rescatar al pueblo.


3) La ruptura con los dictados de la UE, cuyos gerifaltes han optado por el “sálvese quien pueda”, incluso ante el drama experimentado en los marcos estatales italiano y español, consagrándonos en nuestra condición de patio trasero de los poderes centrales de ese bloque imperialista.


4) Finalmente, se impone la intervención de las grandes empresas de producción y distribución, evitando así la fuga de capitales que ya se está produciendo y que contribuye sobremanera a dejar a millones de trabajadores de forma crónica en el paro, e incluso literalmente desahuciados en la calle.


Solo así podremos hacer realidad lo más necesario:


5) Implementar la planificación racional y democrática de la economía en función de las necesidades reales de la población y no al servicio de la especulación y el beneficio de los oligarcas. Hoy, la quiebra ya constatada de sectores como la construcción y el turismo nos permite repensar nuestro modelo de desarrollo.


Este programa político es susceptible de ser modificado y precisado dentro siempre del espíritu rupturista con el (des)orden económico existente. Pero, en cualquier caso, es necesario dar a estas ideas una cristalización política. El enemigo pondrá en valor su experiencia y nosotros tenemos que hacer lo mismo. Si en el anterior periodo de crisis no fue posible, no hay tiempo ya que perder. Hacemos un llamamiento al pueblo y al activismo sindical, social y político. Es el momento de aparcar nuestras legítimas diferencias y ponernos manos a la obra para ir conformando un Frente de Salvación Popular, para que esta crisis no la pague el pueblo sino la oligarquía financiera y económica que la ha provocado.


Saludamos también a las redes de auto-apoyo popular que se han creado y que, no por casualidad, han surgido allí donde el activismo se ha mantenido con fuerza. Para materializar esta propuesta será vital contar con el poder popular de base.


Construir poder popular desde cada rincón, pero con un programa unitario de ruptura. Tal es la estrategia que necesitamos para que los sectores populares y sus distintos destacamentos puedan hacer frente a esta avalancha y pasar al contraataque.


04 agosto, 2020

Seis meses de prisión por robar dos quesos


A. L. H. - 31/01/2020

Seis meses de cárcel por robar dos quesos de 14 euros


El condenado, cartagenero de 22 años, intentó irse sin pagar, pero fue retenido por la vigilante y el encargado.


El asunto se resolvió en su momento en un juicio rápido, el joven recurrió y ahora la Audiencia Provincial ha desestimado su recurso y, por tanto, confirmado la sentencia de un juzgado de Lo Penal que condenaba a un cartagenero de 22 años a pasar seis meses en prisión por robar dos quesos de un supermercado de El Palmar, en Murcia.


Borbón se aleja, la República se acerca