17 septiembre, 2020

Cultura y Poder: acerca de un libro de Michael Parenti

 




El mundo de la vida – 23/10/2011


Imaginemos por un instante que Johannes Kepler y Tycho Brahe contemplan juntos una puesta de sol. Brahe es un fiel seguidor de Aristóteles y Ptolomeo: para él, la tierra se encuentra en un punto fijo alrededor del cual giran el sol y el resto de los cuerpos celestes. Kepler, uno de los protagonistas de la revolución científica del siglo XVII, está convencido de que es la tierra la que gira teniendo al sol como centro. ¿Observan ambos astrónomos lo mismo mientras disfrutan esa escena crepuscular? ¿Tienen acaso la misma experiencia visual?


Los mismos fotones son emitidos desde el sol, y atraviesan nuestra atmósfera. Cómo los dos observadores tienen una visión normal, dichos fotones pasarán a través de sus córneas, humor acuoso, iris, lentes, y del cuerpo vidrioso de sus ojos para afectar sus retinas y provocar similares cambios electroquímicos en sus células de selenio. No hay dudas: los dos astrónomos ven lo mismo… pero no tienen la misma experiencia visual.


Existe una marcada diferencia entre el estado físico y la experiencia visual. Los conocimientos, la cultura, los esquemas mentales ejercen más influencia que las reacciones en la retina. Más que un estado fotoquímico, la observación es una experiencia. Son las personas quienes ven, no sus ojos. Las cámaras fotográficas y los globos del ojo son ciegos.


Los intentos de localizar en los órganos de la vista algo que pueda denominarse visión deben de ser rechazados: para Tycho Brahe, el sol realiza su cotidiano paseo teniendo a la tierra como centro; para Kepler la tierra gira hacia sus espaldas, mientras el sol permanece inmóvil.


Hace unos años se sometió a un grupo de ciegos de nacimiento a una operación con técnicas quirúrgicas nuevas. La vista les había sido devuelta. Todos los mecanismos fisiológicos para la visión estaban totalmente constituidos. Sin embargo, no era mucho lo que podían ver, más allá de vagas formas y sombras. Eran incapaces de distinguir objetos específicos.


Los investigadores concluyeron que los seres humanos no ven con sus ojos, sino con su cerebro. Aquellos ciegos de nacimiento tenían todo lo necesario para ver, pero eran incapaces de organizar sus percepciones visuales.


Con el ejemplo de los astrónomos empleado en la obra Patrones de descubrimiento, el filósofo e historiador de la ciencia norteamericano N.R. Hanson, prestaba apoyo hace más de cuatro décadas a la entonces reciente teoría de los paradigmas elaborada por Thomas Kuhn en su ya clásica La estructura de las revoluciones científicas.


El caso de los ciegos lo he extraído de la obra La batalla de la cultura, del politólogo (también norteamericano) Michael Parenti, publicada por la editorial Ciencias Sociales. Tanto las páginas en que Parenti recurre a la física óptica como el capítulo "Observación" de la obra de Hanson se refieren a un mismo caso aunque con dos propósitos diferentes. ¿El caso? La observación neutral es un mito. ¿El propósito? Hanson quería demostrar que la observación está cargada de teoría; Parenti, que la percepción de los seres humanos está configurada culturalmente. Es a la obra de este último a la que quiero referirme en lo que sigue.


Como el concepto de cultura es central en su libro, Parenti la define como un componente del poder social: es el panorama completo de creencias y prácticas convencionales dentro de cualquier sociedad, de ahí que el profesor se proponga explorar aquellos aspectos que se manifiestan en los conflictos sociales, tales como el género, la raza, la ciencia, la identidad sexual, el New Age y otros temas.


Por mucho que sus ideas armonicen con la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt, el autor, de orientación marxista, no pretende elaborar una teoría; antes bien, se contenta con exponer una ristra de ejemplos ilustrativos de la sociedad contemporánea, algunos de los cuales, a pesar de su extraordinaria sordidez, son poco conocidos.


Estamos ante un punto de vista que se aleja de las acostumbradas caricaturas ideológicas para presentar una visión matizada, equilibrada de los problemas culturales contemporáneos. Una perspectiva que advierte que la cultura es cualquier cosa menos neutral, pues tiene mucho de transmisión selectiva de los intereses de las élites dominantes.


"Los publicistas, eruditos y profesores pueden trabajar libremente en tanto se mantengan dentro de ciertos parámetros ideológicos. Cuando entran a territorio prohibido, manifestando o haciendo cosas iconoclastas, experimentan las restricciones estructurales impuestas a su subcultura profesional por la jerarquía social más elevada."


En apoyo a esta afirmación, Parenti cita el caso de Gary Webb, ganador de un premio Pulitzer y en la cumbre de su carrera periodística hasta que escribió un artículo que relacionaba la contra nicaragüense, subvencionada por la CIA, con el comercio de drogas en varias ciudades norteamericanas. El debate nacional que ello suscitó lo hizo caer en picada, mientras era desprestigiado con una fuerza descomunal. Su propia noción de periodismo neutral se desvaneció como consecuencia de aquellos ataques, lanzados incluso por sus propios colegas. Sólo tuvo que escribir algo censurado, tocar la tecla sensible, para caer en desgracia. En 2004 se suicidó.


Para Parenti, las creencias culturales no existen en un vacío social, de modo que hasta los tabúes aparentemente irracionales pueden tener su origen en consideraciones racionales: el comportamiento humano está orientado a resolver problemas prácticos. Veamos el ejemplo de las vacas sagradas de la India, desde la perspectiva del antropólogo Marvin Harris, citado por nuestro autor.


Algunos expertos occidentales aseguran que es inútil la adoración de las vacas en la India. Estas producen poca leche, su carne no puede ser comida, y para colmo deambulan por doquier creando complicaciones, mientras los pobres campesinos pasan hambre. Cuando una vaca se enferma, se reza por ella, y cuando un ternero nace se llama urgente a un sacerdote para bendecir el nacimiento. A simple vista, es cierto que parece un acto estúpido abstenerse de comer de esa alimenticia carne, sobre todo cuando se pasa hambre, pero Harris no comparte esta opinión.


Las vacas producen bueyes, que son imprescindibles para el trabajo en las granjas. Cuando el que nace es un cebú jorobado, estamos ante un animal que resiste las frecuentes sequías de la India, que casi nunca enferma, se recupera pronto cuando lo hace, sobrevive con poco y trabaja hasta el día de su muerte.


Y aunque en comparación con las vacas americanas, las de la India producen diez veces menos, esto es suficiente para la supervivencia de las familias más pobres, que aprovechan la inmunidad legal de las sacras reses para hacerlas pastar en los patios de los ricos, y lograr de este modo una más justa redistribución de valores calóricos.


Como es natural, si no se sacrifica ganado vacuno, este crece constantemente debido a las atenciones que recibe, y entonces la cantidad de estiércol que produce es astronómica: 700 millones de toneladas que sirven para fertilizar la tierra y para cocinar en las casas, debido a su llama limpia y lenta.


Nos dice Parenti que precisamente a causa del alto consumo de carne de res en los Estados Unidos, el 75% de los cultivos se utilizan para alimentar el ganado y no a la gente. Si los indios hicieran lo mismo sería el fin de miles de familias pobres.


Todo esto para mostrar cómo una costumbre, componente idiosincrásico de una cultura tan antigua como la India, está lejos de ser una simple superstición inútil y, a pesar de su apariencia mítica, se orienta a resolver el más importante de los problemas: el de la supervivencia.


Las tradiciones tienen un sentido. Este puede ser resolver un problema práctico como el que acabamos de ver, o mantener vivo el tejido originario del alma de un pueblo. ¿Qué sucede entonces cuando la cultura se convierte en un artículo de consumo? Parenti señala que G. P. Elliot se quejaba de la seudocultura como algo prefabricado, producto de la ideología y de la tecnología, mas no de las costumbres y la tradición. Pero mucho antes, Horkheimer y Adorno acuñaron el término de "industria cultural" para referirse a la creación artificial de entretenimiento masivo. Una industria que idiotiza y enajena.


La cultura comercializada masivamente, advierte Parenti, nos aparta del pensar demasiado en cosas más importantes. Entretenerse es más fácil que sentirse informado. Cuando se quiere entretener a todos se busca el más bajo denominador común. Entonces,


"Los gustos del público se convierten en algo armónico con la cultura basura, las ofertas de lo inútil, lo grosero, lo tremendamente violento, lo estimulante de momento y lo desesperadamente superficial. Estos contenidos a menudo tienen un verdadero contenido ideológico. Incluso si fuera supuestamente apolítica, la cultura del entretenimiento (…) es política en su impacto, propalando imágenes y valores que tienen que ver con lo sexista, racista, autoritario, materialista y militarista."


Nótese que lo que plantea el autor es la idea inversa a la que supone una industria del entretenimiento complaciente con los intereses populares. Es el suministro el que crea la demanda. Hay todo un conjunto de razones, diferentes al gusto popular, para determinar el proceso de selección de un programa televisivo, o de los libros que acepta una librería.


En este último caso, la industria editorial, dominada por unas pocas poderosas sociedades, impone una censura. Los libros que estas grandes editoras publican tienen mucha más posibilidad de distribución, propaganda y ubicación en bibliotecas y estantes que las pequeñas editoriales. El mundo del arte no es algo aparte del mercado del arte, del mismo modo que – diría yo- la producción de literatura no es algo aparte del mercado literario.


La influencia de la ideología dominante no se limita al ámbito cultural. Muchas investigaciones científicas se divulgan y subvencionan de acuerdo a marcados intereses comerciales. Así, las compañías de tabaco financian investigaciones que afirmen que el cigarro no hace daño; las petroleras a aquellas según las cuales el calentamiento global es un cuento de hadas; la industria química, por su parte, preferirá los estudios que demuestren las bondades de los pesticidas.


En plena armonía con la Historia popular de la ciencia, de su coterráneo el historiador Clifford D. Conner, Parenti recuerda las muchas veces en que los científicos se han puesto al servicio de determinadas ideologías. Ciencias como la psiquiatría se han mostrado como efectivos mecanismos de control.


Durante siglos no pocos hombres, detentando el poder y la autoridad que confiere el halo de las Ciencias Medicas, han declarado a las mujeres seres inferiores y a los negros deficientes morales y mentales .


A finales del siglo XIX y todavía en el XX, se inventaron enfermedades como la ninfomanía y la dependencia masturbatoria. También en esta época se creía que la histeria era una enfermedad causada por el útero, al punto que eminentes doctores como William Goodell aconsejaban la extirpación de este órgano femenino como medida más efectiva.


El eminente psiquiatra Benjamin Rush, entendía la cordura como "la práctica de hábitos regulares", mientras la locura era “todo lo contrario” (dudo que alguien encuentre una mejor justificación para reprimir cualquier manifestación contra el orden establecido). Según el padre de la psiquiatría americana, el mejor remedio para la demencia era la flagelación, el terror, el uso del "miedo acompañado de dolor y el sentimiento de vergüenza" (¿y existirá alguna justificación más adecuada para la tortura?); de hecho, afirmaba Rush, la inmovilización total y el confinamiento de las partes del cuerpo producía efectos tan tranquilizantes en el paciente que el prestigioso científico se había deleitado aplicándolos.


Pero si los casos de los sabios Goodell y Rush aun no le parecen suficientes, habrá que mencionar el resultado de una investigación que en 1851 publicó el doctor Samuel Cartwright titulada Informe sobre enfermedades y peculiaridades psíquicas de la raza negra, donde concluía que la drapetomania, es decir aquella extraña enfermedad que motivaba a los negros a huir de la esclavitud, "era un desarreglo como cualquier otra alienación mental, y mucho mas curable, como regla general."



La cura que proponía el doctor, basado en sus rigurosas investigaciones era la aplicación de latigazos para los primerizos y, en caso de reincidencia (imagino que por ser un estado de empeoramiento de la enfermedad), el corte de orejas, los grilletes, el hierro caliente o la castración.


¿Y que decir de la adición que hizo, en 1952, la Asociación Americana de Psiquiatría de la homosexualidad a la lista de enfermedades emocionales en su Manual de Diagnóstico y Estadística de Enfermedades Mentales? Ahora a los homosexuales se les podía discriminar sobre la base de criterios científicos, a pesar de que en el citado Manual no se explicaban esos mismos criterios. Eso sí, como los programas de modificación del comportamiento, el confinamiento institucional, los medicamentos, y la cirugía del cerebro no habían logrado curar la homosexualidad, se concluyó que esta era una enfermedad bien difícil de tratar.


Apunta Parenti que ni la inclusión en aquel año, ni su exclusión en 1974 tuvieron nada que ver con la ciencia:


"La lista de 1952 fue la respuesta a una cultura homofóbica y a una larga práctica dentro de la psiquiatría. Y la decisión de 1974 de quitarla de la lista fue la respuesta a la lucha política llevada a cabo por los gays contra esa cultura homofóbica. Ambas decisiones demuestran : a) cómo los sesgos culturales penetran en los sistemas de creencias, incluyendo los sistemas científicos que presumen de estar libres de sesgos culturales, y b) cómo la cultura no siempre es un concepto fijo e inmutable, sino que a veces la puede cambiar una agitación consciente y organizada."


El etnocentrismo y el imperialismo cultural son temas que no escapan a la mira de Parenti. El etnocentrismo es la tendencia a considerar a los demás de acuerdo con las características preferidas de nuestro propio grupo, con el consecuente desprecio cuando "el otro" se muestra diferente a nosotros; el imperialismo cultural, por su parte, es el aliado del imperialismo político-económico: el saqueo, la conquista, las guerras, la expropiación de tierras, de trabajo, de capital, de recursos naturales, de mercado, en fin, el peso del poderío militar de una nación descargado sobre otra, trae como consecuencia la perdida de modos de vida, de ritos, artes, costumbres, mitos, música, dioses e idiomas. En una palabra, el imperialismo cultural es la imposición de nuestra cultura, y lleva por tanto una alta dosis de etnocentrismo.


Muestras de etnocentrismo son las guerras de religiones, la masacre de los cristianos a los judíos, la lucha entre musulmanes y cristianos, las matanzas entre chiíes y suníes, el proceso de colonización industrial en las poblaciones indígenas, las expropiaciones de obras de arte o la supuesta inferioridad del "África más oscura".


Parenti muestra no obstante una posición equilibrada a la hora de juzgar en práctica ambas nociones. El error de muchos teóricos es pretender resolverlo todo con teorías, discursar con fórmulas, desprender consecuencias no de la realidad, sino de sus notas, de sus lecturas. Si la realidad contradice criterios bien establecidos, entonces hay que revisar esa realidad. De este modo, es muy fácil llegar al dogmatismo.


De ahí que el profesor se muestre escéptico ante la suposición radicalmente opuesta al etnocentrismo de considerar que cada cultura es feliz con sus tradiciones. Declarar que sociedad con un alto grado de injusticia social debe comprenderse desde sus propias pautas, y por tanto que hay que abstenerse a juzgarla es en sí mismo un acto de injusticia.


La sociedad islámica puede tomarse por ejemplo. El estricto puritanismo y la misoginia reinante generan un nivel de estrés que se estima la causa del más alto nivel de accidentes de tráfico del mundo, así como de los extraordinarios porcentajes de diabetes y de la alta tensión sanguínea.


"Como cualquier sociedad en la que hay una represión intensa, en Arabia Saudí existe gran cantidad de hipocresía. Por ley y por principios religiosos a nadie le está permitido tener una antena de televisión por satélite. Sin embargo el país es el mayor consumidor de televisión por satélite de Oriente medio. Por ley y por principios no puede haber bancos que cobren intereses, no obstante el 90 % de los bancos saudíes están basados en el sistema de intereses. Por ley y por principios las imágenes y practicas sexuales deben estar fuera de la vista y de la mente, pero los hombres ven pornografía en internet en forma regular."


En fin, que respetar otras culturas no significa aceptarla en todos sus aspectos, concluye Parenti, que examina luego con detalle las terribles injusticias cometidas contra las mujeres, la esclavitud infantil, las violaciones incestuosas, el matrimonio heterosexual como institución fundamental de la civilización, aunque todo indique lo contrario, los mitos racistas, el hiperindividualismo, las ventajas y desventajas de la New Age, las nociones de "paradigmas", "objetividad" y "opinión disidente", entre otras. Siempre nos ofrece el autor datos sorprendentes, sucesos inesperados, realidades que a pesar de su actualidad nos parecen las más crueles pesadillas.


La obra de Parenti nos invita a movernos a contracorriente, a resistirnos a las falsedades de una cultura cuya trivialidad no es para nada inocente, y detrás de la cual siempre ocultarán su rostro la ideología y el poder.


16 septiembre, 2020

Intervención de Ángeles Maestro en Parla en representación de CAS



La Haine - 16/09/2020

Ayer lunes 14 de septiembre, delante de centros sanitarios de todo el Estado se retoman las asambleas populares. Ya no hay aplausos y sí mucha indignación ante la penosa situación de la sanidad pública.


Todo sigue empeorando, sobre todo en los barrios obreros, mientras las únicas medidas que toman los gobiernos es transferir recursos públicos a las empresas privadas. Aumentan los conciertos con clínicas privadas, se privatiza los rastreadores, las PCRs, mientras se despiden a los sanitarios contratados.


Ángeles Maestro, médica, intervino ayer en Parla, en representación de la Coordinadora Antiprivatizacion de la Sanidad (CAS)


13 septiembre, 2020

Las pandemias que no se combaten en América Latina — Marcos Roitman Rosenmann

 



laJornada


¿Hay vacuna para la pobreza? ¿Existe remedio para la evasión de capitales? ¿Se puede luchar contra el hambre? ¿Son viables una vivienda digna y una educación pública de calidad? Estas son algunas preguntas sobre las cuales reflexionar en medio de una hipersensibilización sobre las consecuencias humanas del Covid-19. Mientras los pobres mueren de enfermedades menos espectaculares, causas de la pobreza, y para las cuales hay cura como el sarampión o la difteria, la carrera por ver quién patenta primero la vacuna contra el Covid-19 concentra la atención mundial. No nos engañemos, a sus promotores les mueve la codicia. El beneficio económico. Detrás no hay causa humanitaria, interés por el bien común o preocupación social. Para saber de qué hablamos, baste señalar que mil 600 millones de personas, es decir, 22 por ciento de la población mundial, no reciben atención médica, sin olvidar los 115 millones, menores de cinco años, afectados por desnutrición crónica. A lo cual debemos sumar los 700 niños muertos diariamente por diarrea. Según Manos Unidas, organización nada proclive a la exageración, en 2020 se podría haber evitado la muerte de 5.4 millones menores de cinco años. Sin embargo, el hambre, la falta de condiciones higiénicas, la explotación infantil, el desempleo, la trata de mujeres no son considerados pandemia. Morir por esas causas es algo natural. La necropolítica hace su aparición como forma de organización social del capitalismo. Achille Mbembe, teórico que acuñó el concepto, señala que el poder de la muerte y la política de la muerte, refleja los diversos medios por los cuales, en nuestro mundo contemporáneo, las armas se despliegan con el fin de una destrucción máxima de las personas y de la creación de mundos de muerte, formas únicas y nuevas de existencia social en las que numerosas poblaciones son sometidas a condiciones que le confieren el estatus de muertos vivientes.


La pandemia del Covid-19, y de todas las demás, evidencia la condición de muertes vivientes en las calles de Quito, Lima, Santiago, Bogotá, Río de Janeiro o Sao Paulo. Los cadáveres abandonados en las calles, producto de una des articulación del sistema sanitario, convertido en negocio para las empresas de capital riesgo, atentan contra la dignidad humana. Los gobiernos que han privatizado la salud, quebrado el sistema sanitario, desprotegiendo a sus ciudadanos, son responsables. Aplican la necropolítica como arma de guerra. Y lo seguirán haciendo con o sin vacuna contra el Covid-19. Así ocurre con otras enfermedades donde el tratamiento es propiedad de una empresa. La pobreza, desnutrición o falta de higiene no son negocio. A las farmacéuticas les tiene sin cuidado su erradicación. No realizan investigación básica, sólo aplicada y con fines de rentabilidad. En este caso, hablamos de beneficios estratosféricos, que engrosarán la fortuna de empresarios, especuladores y consejos de administración. De esta pandemia unos pocos saldrán con los bolsillos llenos. La economía de mercado se encargará de ello. Con sólo pensar en la posibilidad de vender 2 mil millones de dosis para restablecer el equilibrio entre el virus y la inmunidad de rebaño, las ganancias serán obscenas. Siempre ha sido igual. Basta ver el tratamiento contra la hepatitis C. Su costo aproximado es de 1.5 euros y la dosis se vende por alrededor mil euros. Otro tanto ocurre con la vacuna contra la meningitis, del laboratorio británico Glaxo Smith Kline, cuya inversión en I+D fue de 300 millones de euros. En tres años de comercialización (2015-2018) han obtenido beneficios por mil 200 millones. ¿Y para el tratamiento de Covid-19?, mientras no existe una vacuna, el Remdesivir es un paliativo que reduce el tiempo de recuperación, en otros términos, libera antes una cama de hospital. Su costo de producción, según los especialistas, no supera los cinco euros, la empresa lo vende en 2 mil euros. A la hora de promover una investigación de cualquier enfermedad, la medida se realiza en términos de costo-beneficio.


Médicos Sin Fronteras, en un estudio de 2018, señaló que una vacuna o medicamento, en un país pobre cuesta 68 veces más que en uno desarrollado. No se discute la necesidad de encontrar una vacuna contra el Covid-19. Pero su distribución y venta no está pensada para toda la población. Los millones de ciudadanos que han soportado el confinamiento bajo el hambre, recurren a las ollas comunes, la solidaridad de clase y la resistencia para hacer frente a la pandemia. La crisis humanitaria no está en Venezuela, está en países donde el hambre, la evasión de impuestos, la pobreza, la desigualdad y la explotación se han cronificado, son pandemia y no interesa combatirlas.


10 septiembre, 2020

Bielorrusia, los entresijos — Elsa Claro



CUBADEBATE - 02/08/2020


Dos caminos emergen ante Bielorrusia, sumergida en un conflicto de ecuaciones sospechosas. Tienen probabilidades de triunfo aquellos deseosos de emigrar hacia un capitalismo más agresivo. En proporciones difíciles de medir, tampoco se descarta la prevalencia de quienes desean mantener un modelo de desarrollo que aportó en los últimos 25 años estabilidad y avances económicos palpables a escala de nación o de los más comunes bolsillos.


Tras su independencia en los 90, Belarús, bajo mandato de Alexander Lukachenko, mantuvo casi intactos varios mecanismos organizativos y estructuras de importancia de la etapa soviética. Entre las principales, está mantener bajo conducción del estado los principales activos nacionales. La gratuidad de servicios básicos fue parte de los factores predominantes, en contraste con la pérdida de tan estimables ejercicios, en repúblicas colindantes.


El esquema transitado no careció de espacios para la actividad privada. Solo se mantuvo la preeminencia de las estatales. Esa praxis no impidió crecimientos de cierta importancia (entre el 6% y sobre el 10%) durante bastante tiempo. Luego no se trata de una sociedad con altas tasas de desempleo, en la miseria, o desprotegidas, ni carente de atenciones político-sociales.


Pero fue un escenario siempre sometido presiones externas. Occidente procurando influir o cambiar la experiencia bielorrusa –a veces con relativo éxito, al menos aparente– y sectores internos inconformes apoyando ese empuje exterior o empeñados en cambiar una política por su contraria. No lo dicen con claridad aún, pero desearían un modelo socioeconómico contrapuesto, de corte neoliberal por ejemplo, con la consabida venta de industrias y otros recursos al mejor postor, sobre todo extranjeros.


¿Cómo se explica la masividad de las protestas actuales? La administración Lukachenko mantuvo niveles de desenvolvimiento general apropiados para la población, pero se le achaca haber descuidado el fenómeno Covid-19. La elevada cifra de contagiados y sus efectos en todos los órdenes, particularmente en la economía, permiten que muchos se sumen a una tendencia que, en lo fundamental, no comparten.


Como en procesos parecidos, hay gente que sabe muy bien qué desea y otros algo confusos y los suficientemente disgustados como para no percatarse del empleo de símbolos como las banderas –¿de dónde habrán sacado tantas en tan corto tiempo?– que se están utilizando en las manifestaciones actuales. Las mismas usadas por las fuerzas hostiles a la revolución bolchevique, retomadas después por quienes apoyaron a los nazis durante la invasión hitleriana.


Pandemia y crisis económica reúne combustible suficiente para alterar sensibilidades y el orden, máxime si la impaciencia es alimentada con factores ideológicos furtivos, pero de experimentado uso. La falta de imaginación para procurar o esconder actos impugnables hace que se parezcan tanto los hechos pasados y actuales como para dudar de su veracidad. El drama bielorruso es, de momento, la última peripecia de una hipotética sublevación popular por la “libertad”. Pero se parece tanto al golpe en Bolivia, que repugna. Sería más dable creer en la autenticidad de las protestas postelectorales ocurridas en Bielorrusia si no fueran tan semejantes a sus antecesoras en el espacio postsoviético. Dígase Georgia o Ucrania antes de esta.


Sin duda, en cualquier país no toda la población concuerda con su gobierno. El presidente bielorruso admitió en un mitin con obreros fabriles que conoce la existencia de personas insatisfechas y se compromete a resolver aquello en lo cual se ha fallado. “¿Quieren un cambio? ¡¿Qué, vamos a cambiar?! ¿Quieren reformas? Díganme cuáles, ¡empezaremos mañana!, formuló Lukachenko en uno de los encuentros con trabajadores. Siempre habrá inconformes, oponentes, o, como parece ser el caso, fuerzas empeñadas en apoderarse de la jefatura del país basados en intereses o voluntades propias o al servicio de ajenos. Las dos posibilidades, parece, van unidas y conjuradas con la normal etapa que se vive en el mundo.


Por el modo en que se expresan varios componentes de fuera o dentro, uno de los grandes objetivos alojados en los actuales sucesos, sería el plan de crear un cordón sanitario entre el Báltico y el Mar Negro. Es decir, un blindaje para países occidentales que tendrían una avanzada en su favor con el corredor de Suwalki, franja de territorio (96 Km.) en las inmediaciones de Lituania y Polonia.


¿Qué significa ese espacio geográfico? Ante todo, es de gran valor estratégico por tratarse de la única vía de comunicación terrestre entre los países bálticos y el resto de Europa. Un punto toca Kaliningrado, enclave en los límites más occidentales de Rusia y una de las razones para la movilización del ejército bielorruso hacia esa área y, como se aprecia, en una u otra medida, coacciona a Minsk y por extensión a Moscú.


Bajo pretexto de una mítica amenaza rusa, la OTAN está aumentando su presencia en Europa del Este y militarizando la región del mar Negro, e intensificando sus actividades de reconocimiento a lo largo de las fronteras rusas”. El criterio pertenece al el experto militar estadounidense Lyle J. Goldstein cuando advirtió sobre el peligro de una confrontación militar entre EE.UU. y Rusia, particularmente en torno al mar Negro, sobre el cual sobrevuelan cazas de combate y aviones espías del Pentágono, con indeseable e injustificada frecuencia.


La denuncia de Lukachenko sobre el peso y el apoyo externo del conflicto no es una simple evasiva ni manía persecutoria. De acuerdo con los manuales de Gene Sharp, teórico norteamericano de cuyas instrucciones se sirvieron las llamadas revolución de colores, y algunas primaveras árabes, establece el uso de esferas organizadas de la sociedad (estudiantiles, laborales, religiosas) para desafiar la autoridad del gobierno que se desea derrocar.


Un recurso, entre los más interpuestos, es poner en tela de juicio un resultado electoral y valerse de ese subterfugio para crear un estado de ánimo colectivo al cual los más interesados arrastran a inconformes desprevenidos o díscolos involucrados. El precepto se usó en varios momentos e intensidad (Yugoslavia, Georgia, Ucrania) y tiene dos expresiones recientes en Latinoamérica de imposible olvido. La conspiración contra Evo Morales con infundadas acusaciones de plagio en los comicios, sin pruebas, pero con apoyo externo evidentísimo. La falsedad se corroboró por organismos internaciones, pero ya tarde.


De forma similar se actuó con Venezuela (se pretende repetir otro tanto allí con las legislativas de diciembre) pero con la peculiaridad de –ante el fracaso de anteriores ardides– haber echado mano de un presidente espurio reconocido con excesiva velocidad por norteamericanos y europeos. Nada causal que los complotados en Bielorrusia insten a que se haga como entonces, entregándole un poder paralelo a Svetlana Tajinovskaya, la oponente electoral, radicada en Lituania, apenas desatado el destructor órdago en su país. Ni ella ni quienes la secundan pueden ocultar los antecedentes pro occidentales que les tipifican. Es de suponer entonces que no estamos ante patriotismo o pasión por la democracia. Los citados eventos y sus cultores, por supuesto, no son idénticos en cada caso. Solo se parecen demasiado.


Algunos politólogos y críticos habituales de Lukashenko, le acusan de coquetear con el gobierno norteamericano al cual denuncia ahora como instigador esencial de los actuales acontecimientos. “Estados Unidos lo planea y lo dirige todo y los europeos le siguen el juego”, planteó en un contacto con trabajadores de una cooperativa agrícola. En la última etapa el secretario de estado Mike Pompeo visitó Minsk ofertando todo el petróleo que necesite Belarus y una posible rebaja de sanciones. El clásico divide y vencerás, en ese caso empleado para alejar a Rusia de Minsk, antes de que se ejecute una alianza integradora de ambos sujeta a estudio.


No son los únicos antecedentes destacados de antemano. Las autoridades rusas alertaron sobre el empeño manifiesto para sacar a Bielorrusia de los pactos y asociaciones vinculados al desarrollo o la seguridad regional. Sería un objetivo más para la desestabilización en marcha e ingrediente añadido en busca de nutrir concepto como el de la “amenaza rusa”, recurso tras el cual se esconde el despliegue de contingentes armados y vehículos de combate de la OTAN en naciones bálticas fronterizas, para, como dijera el canciller ruso, Serguei Lavrov, mantener en constante alerta y desgaste a Rusia, con provocaciones y amenazas, freno para su destacada proyección internacional.


Ante los actuales sucesos, Vladimir Putin advirtió lo improcedente de las intromisiones extranjeras en Bielorrusia y la presión contra el presidente de ese país tomando de excusa las elecciones del 8 de agosto. En conversaciones telefónicas con Enmanuel Macron y Ángela Merkel ha dicho a los jefes de estado francés y de Alemania que “es inadmisible cualquier intento de injerencia” tendente a una “mayor agudización de la crisis”.


Entre Moscú y Minsk existe un acuerdo militar de defensa mutua. Que Moscú sea un objetivo nada secundario, es creíble, se evidencia en el cerco ofensivo montado en torno a las fronteras de la Federación hace años, convirtiendo en miembros de la OTAN a antiguos afilados al Pacto de Varsovia, y llevando hasta los límites del territorio ruso bases norteamericanas de diverso linaje militar.


Ese comprometido ángulo del asunto tiene que ver con el despliegue misiles de mediano alcance en Alemania, Polonia y Rumanía por parte de EE.UU. y el propósito de hacer lo mismo en suelo de Ucrania, cuando, encima, se decidió el traslado de una importante cantidad de efectivos norteamericanos desde las bases germanas hacia las polacas, donde la administración ultraconservadora en el poder, mantiene hostilidad permanente nada oculta, hacia Rusia y la misma Bielorrusia.


Nadie sabe dónde desembocará este conflicto generosamente alimentado por ajenos. Hasta el momento, ninguno de los procesos provenientes de experimentos anteriores logró descollar como ejemplo inverso al mal que se dijo conjurar. Luego al pairo se queda el grave dilema.



09 septiembre, 2020

LA VELEIDAD DE UN SOCIALISTA DE DERECHAS

 


A pocos meses de la carta de Felipe González en apoyo a Martín Villa, acusado de crímenes de Estado, aparece otra también firmada por González en 1976 ofreciendo el apoyo del PSOE a los familiares de las víctimas a los que ahora pide que se les procese.


Luis Miguel Sánchez Tostado, criminólogo y escritor.


A diferencia de Alemania, donde sí se realizó una depuración del nazismo para afrontar la democracia, en España el aparato judicial franquista pasó incólume el proceso a la Transición democrática. Fue entonces cuando se vio la enorme trampa que ocultaba la Ley de Amnistía de 1977. La ONU, a través de su Comité de Derechos Humanos, amonestó a España hasta en tres ocasiones por mantener en vigor la Ley de Amnistía, recordando que los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles y no pueden ser amparables por amnistías. Ante las peticiones y reprobaciones reiteradas de la ONU para la derogación de la Ley de Amnistía, los gobiernos de Zapatero y de Rajoy miraron para otro lado.


Cierto es que dicha ley contribuyó a frenar la desestabilización social dejando las cárceles vacías de presos políticos, pero fue un error por parte de la oposición democrática no prever la reparación del gigantesco número de víctimas del franquismo y aceptar en su articulado que no pudieran ser juzgados “las autoridades, funcionarios y agentes del orden público” que participaron en las matanzas de la dictadura y la Transición, y menos aún desatender las peticiones de las víctimas sobre exhumaciones.


En vista de que en España el poder judicial lo impedía, las víctimas buscaron justicia al otro lado del Atlántico. En Argentina, país en el que las leyes de punto y final fueron derogadas por el gobierno de Raúl Alfonsín para sentar en el banquillo a los responsables de los crímenes de la dictadura de Videla, la jueza María Servini se hizo cargo de la instrucción. Basándose en el principio de jurisdicción universal, y en un auto de 286 páginas, ordenó a la Interpol la detención de veinte altos cargos franquistas, entre ellos ocho exministros, dos militares, seis policías y un médico,[1] para ser juzgados por “hechos atroces de lesa humanidad” cometidos durante la dictadura y la Transición. La causa había sido incoada en 2010 a raíz de una querella presentada por familiares de algunas víctimas a la que posteriormente se sumaron más de 150 querellantes por crímenes de Estado durante la Transición española.


Sobre Rodolfo Martín Villa, ministro clave en la Transición, pesaba la extrema dureza con la que reprimió a huelguistas a través de las Fuerzas de Seguridad, que causaron numerosos muertos al emplear fuego real contra los manifestantes. Durante el tiempo que ostentó la cartera de Gobernación (actual Ministerio del Interior), al igual que durante el mandato de su predecesor Manuel Fraga, se movilizaron las cloacas del Estado. Algunos de sus policías, recibiendo instrucciones superiores, participaron en la guerra sucia organizando atentados mortales como el caso Scala, para desacreditar a la CNT, o el asesinato frustrado en Argelia del líder independentista canario Antonio Cubillo, a través de sicarios contratados por el Ministerio.​ Martín Villa tuvo como hombre de confianza al sanguinario comisario Roberto Conesa, tristemente célebre por sus torturas a los detenidos.



Miembros de la Policía Armada reprimiendo una manifestación en 1976.

Durante la Transición española hubo 714 muertes violentas, miles de encarcelados, cientos de torturados, 200 librerías incendiadas y 6 intentos de golpe de Estado.


El gobierno español se negó a colaborar con la Justicia argentina y, tanto la Audiencia Nacional como el ejecutivo de Mariano Rajoy, se negaron a practicar las extradiciones solicitadas, entre otras la de policías torturadores como Antonio González Pacheco (Billy el Niño), alegando la prescripción de los hechos y la vigencia de la Ley de Amnistía. La Fiscalía General remitió instrucciones a todas las fiscalías del país para impedir la colaboración con la causa argentina estableciéndose una “ley de silencio”, pese a que los delitos que se denunciaban estaban considerados de lesa humanidad y nunca prescriben.


Para forzar a la oposición a abandonar sus exigencias y aceptar la reforma de Suárez, el franquismo mantuvo y utilizó su aparato represivo vulnerando derechos humanos y libertades. Rodolfo Martín Villa, que desde 1962 venía ocupando altos cargos en el tardofranquismo, fue uno de los principales artífices de esta política represiva. Entre 1976 y 1979, siendo ministro del Gobierno, se produjeron al menos 90 víctimas mortales como consecuencia de la violencia de Estado. Martín Villa fue condecorado por Franco hasta en cinco ocasiones y tres más en democracia, la última en 2017 de manos del rey Felipe VI.


Pese a todo, la querella argentina continuó y, el pasado 3 de septiembre de 2020, ya con 86 años de edad, tuvo que declarar por videoconferencia ante el juzgado argentino que le acusa de, al menos, 12 muertes a manos de las Fuerzas de Seguridad que él dirigía.


La pasada primavera, y con una clara intención de condicionar a la jueza instructora, cuatro ex presidentes del gobierno (Aznar, Rajoy, González y Zapatero), junto a algunos líderes sindicales y otros cargos de la Transición, remitieron cartas a la magistrada ensalzando los valores del ex ministro de Gobernación. Rajoy se refirió a las falsedades de la acusación, Aznar se permitió aconsejar a la jueza que tuviera “la misma posición” que los tribunales españoles de no permitir ningún procesamiento y Zapatero se aferró a la Ley de Amnistía como el pacto de punto y final de la Transición. Pero la más desconcertante fue la del socialista Felipe González, desde hace tiempo alejado de su primigenio progresismo. González se mostró ofendido por la causa y, en dos momentos de su carta, insistió a la jueza “depurar responsabilidades con los responsables de estas denuncias y la campaña de acoso contra Rodolfo Martín Villa”. Los familiares de las víctimas, indignados, han mostrado su repulsa a que presidentes socialistas “apoyen a un genocida” y remitan cartas para “presionar y extorsionar al poder judicial de otro país».[2]


Hace un par de días, la asociación Martxoak, compuesta por familiares de los cinco obreros asesinados por la Policía el 3 de marzo de 1976 en Vitoria cuando salían de una asamblea, hizo pública otra carta muy distinta suscrita por Felipe González fechada el 31 del mismo mes, en la que, en nombre del PSOE, se dirigía a los familiares de las víctimas en estos términos:



Carta remitida por Felipe González a la familia de Pedro Martínez Ocio, una de las víctimas de la matanza de Vitoria, el 31 de marzo de 1976.

Fuente: Asociación de Víctimas Martxoak (Martxoak3 #M3moria)


Queridos amigos: En nombre del Partido Socialista Obrero Español, queremos por la presente expresarles nuestro más sentido pésame por la triste pérdida que han sufrido en los últimos acontecimientos de Vitoria. Queremos decirles que el PSOE está a su disposición para cualquier tipo de ayuda que ustedes necesiten en estos momentos difíciles. No duden en dirigirse a nosotros.[3]

Carta enviada por Felipe González a la familia del joven de 27 años Pedro María Martínez Ocio, una de las víctimas de la matanza de Vitoria.


En aquel momento, González puso su partido a disposición de las víctimas para cualquier tipo de ayuda. Cuarenta y cuatro años después, defiende a Martín Villa, perpetúa la impunidad y solicita que se proceda contra los denunciantes, familiares de las víctimas a las que mostró su apoyo en 1976. Una veleidad más de un socialista, de hace tiempo escorado a la derecha, cuyo Gobierno también se vio involucrado en las cloacas del Estado y en la guerra sucia antiterrorista con el escándalo del GAL, que conluyó con el encarcelamiento del ministro del Interior y del Secretario de Estado del Interior.


Más información en mi libro La Transición oculta, de próxima aparición.


[1] Los procesados por la magistrada María Servini fueron: Antonio Carro Martínez (exministro, convalidó las penas de muerte de 1974 y los fusilamientos de 1975), Licinio de la Fuente, Antonio Barrera de Irimo, José Utrera Molina (exministros, por la pena de muerte de 1974), Fernando Suárez González (exministro, por los fusilamientos de 1975), Rodolfo Martín Villa (exministro, por la matanza de Vitoria), Alfonso Osorio García, (exministro, ídem), Jesús Cejas Mohedano (exjuez, por los fusilamientos de 1975), Carlos Rey González (capitán auditor, por la ejecución de 1974), Antonio Troncoso de Castro (coronel, por el proceso de Burgos y otros), Jesús González Reglero (policía, por torturas a Alfredo Rodríguez Bonilla y Francisca Villar en la DGS), Ricardo Algar Barón (policía, por torturas a José Mª Galante Serrano en la DGS), Pascual Honrado de la Fuente (policía, por torturas a Gerardo Iglesias Argüelles, exsecretario del PCE), Jesús Martínez Torres (policía, por torturas a José Aznar Cortijo), Benjamín Solsona Cortés (policía, por torturas a Juan José López Hernando y Francisco Camarasa Yáñez), Atilano del Valle Oter (policía, por tentativa de homicidio, disparos y arrojar por la ventana a Miguel Jiménez Hinojosa), Félix Criado Sanz (policía, por torturas a Jon Etxabe Garitacelaya) y Abelardo García Balaguera (médico, por robo del bebé de Adela Carrasco Martínez).

[2] Público, 2 de septiembre de 2020.

[3] Carta enviada a la familia de Pedro María Martínez Ocio, una de las víctimas de la matanza de Vitoria, publicada el 3 de septiembre de 2020 en Twitter por Martxoak 3 #M3moria.

07 septiembre, 2020

AL CENTRO DE LA INJUSTICIA

C H I L E






Al centro de la injusticia - Isabel Parra


Chile limita al norte con el Perú

y con el Cabo de Hornos limita al sur.

Se eleva en el oriente la cordillera

y en el oeste luce la costanera.


Al medio están los valles con sus verdores

donde se multiplican los pobladores.

Cada familia tiene muchos chiquillos

con su miseria viven en conventillos.


Claro que algunos viven acomodados,

pero eso con la sangre del degollado.

Delante del escudo más arrogante

la agricultura tiene su interrogante.


La papa nos la venden naciones varias

cuando del sur de Chile es originaria.

Delante del emblema de tres colores

la minería tiene muchos bemoles.


El minero produce buenos dineros,

pero para el bolsillo del extranjero.

Exuberante industria donde laboran

por unos cuantos reales muchas señoras.


Y así tienen que hacerlo porque al marido

la paga no le alcanza pal mes corrido.

Pa no sentir la aguja de este dolor

en la noche estrellada dejo mi voz.


Linda se ve la patria señor turista,

pero no le han mostrado las callampitas*.

Mientras gastan millones en un momento,

de hambre se muere gente que es un portento.


Mucho dinero en parques municipales

y la miseria es grande en los hospitales.

Al medio de Alameda de las Delicias,

Chile limita al centro de la injusticia.


* Callampa: Vivienda muy pobre, construida con materiales de desecho.


03 septiembre, 2020

Harry Truman: un criminal de guerra en el centro de Atenas — Nikos Mottas

 


In Defense of Communism – 18/04/2018

Traducción del inglés: Arrezafe


Hace dos días, las fuerzas policiales griegas, siguiendo órdenes del gobierno de SYRIZA-ANEL, agredieron brutalmente a los manifestantes contra la guerra cuando intentaban derribar la estatua del presidente estadounidense Harry Truman. Esta estatua de 3,2 metros –"un fósil del sangriento imperialismo norteamericano", como la denominó el KKE en un comunicado– se encuentra en el centro de la capital griega desde 1963.


Los acontecimientos recientes nos dan la oportunidad de recordar quién era realmente Harry Truman. Representante del imperialismo estadounidense, Truman fue el autor del crimen de guerra más horrendo del siglo anterior. Nos referimos a los bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki en 1945.


"Estando en posesión de bomba, la hemos usado... Continuaremos usándola hasta que destruyamos por completo el poder militar de Japón. Sólo su rendición nos detendrá... Damos gracias a Dios porque la ha puesto en nuestras manos, y no en las de nuestros enemigos, y oramos para que Él nos guíe para usarla en su senda y para sus propósitos".


Estas horripilantes palabras fueron pronunciadas el 9 de agosto de 1945 por el presidente de los Estados Unidos, Truman, durante un discurso por radio al pueblo estadounidense. Hacía tres días que el terrorista Enola Gay había lanzado la bomba atómica llamada “Little boy” en Hiroshima y otra bomba estaba sembrando muerte, destrucción y caos en Nagasaki.



Harry Truman no solo era un asesino de masas, sino también un cínico mentiroso. Le había mentido a su propia gente, por cuanto la razón para el uso de la bomba atómica no fue poner fin a la Segunda Guerra Mundial o propiciar la rendición de Japón. Otro imperialista notable, un "carnicero" como Truman, Winston Churchill había dicho: "Sería un error suponer que el destino de Japón fue decidido por la bomba atómica. Su derrota estaba asegurada antes de que cayera la primera bomba".


Japón estaba completamente aislado y no tenía otra opción que rendirse. La verdadera razón oculta del uso de las bombas atómicas por parte del gobierno de Estados Unidos fue la de intimidar a la Unión Soviética. Al lanzar las bombas y sembrar la muerte y el terror en Japón, la administración Truman estaba enviando un mensaje amenazante al movimiento de la clase trabajadora en todo el mundo que se había fortalecido a través de la lucha antifascista de la Segunda Guerra Mundial.


Numerosos funcionarios estadounidenses, así como académicos, han revelado las descaradas mentiras de Truman. Por ejemplo, el grupo US Strategic Bombing Survey, que había sido asignado por el propio presidente Truman para estudiar los ataques aéreos en Japón, estaba redactando en un informe elaborado en julio de 1946:


"Basado en una investigación detallada de todos los hechos y respaldado, según el testimonio de los líderes japoneses sobrevivientes involucrados, es la opinión del Estudio que ciertamente antes del 31 de diciembre de 1945 y con toda probabilidad antes del 1 de noviembre de 1945, Japón se habría rendido incluso si las bombas atómicas no hubieran sido lanzadas, incluso si Rusia no hubiera entrado en guerra e incluso si no se hubiera planeado o contemplado invasión alguna".


Por su parte, el entonces Comandante Supremo de todas las Fuerzas Aliadas que luego se convirtió en presidente de los Estados Unidos, el general Dwight Eisenhower, dijo: "Los japoneses estaban listos para rendirse y no era necesario golpearlos con esa cosa espantosa". Podríamos citar muchos testimonios de varios oficiales del Ejército de Estados Unidos (almirante Leahy, general MacArthur, subsecretario de Guerra McLoy, etc.) que confirman todo lo anterior.


La historia ha documentado los tremendos efectos del holocausto nuclear en Hiroshima y Nagasaki. Truman y su administración son responsables de más de 200.000 muertes y cientos de miles de víctimas posteriores al ataque relacionadas con la radiación.


"Héroe" para la burguesía griega – "Carnicero" para el pueblo.


El criminal de guerra Harry Truman, que sembró la destrucción en Japón, es el mismo carnicero que, tres años después, ordenó el bombardeo de las heroicas guerrillas del Ejército Democrático de Grecia (DSE) en las montañas de Grammos. Fue durante la Guerra Civil Griega cuando Estados Unidos intervino para ayudar a la clase burguesa griega contra el Ejército Democrático de Grecia. En febrero de 1948, el general estadounidense James Van Fleet llegó a Atenas y se convirtió en el comandante en jefe del ejército burgués griego.



Lunes, 16 de abril de 2018: manifestantes pacifistas que intentan derribar la estatua de Truman en Atenas


En 1949, las montañas de Grammos en el norte de Grecia se convirtieron en el campo donde la fuerza aérea estadounidense utilizó por primera vez las bombas de Napalm B. Solo en una batalla, en Grammos, los estadounidenses lanzaron 338 bombas de napalm sobre posiciones del DSE. Años más tarde, las bombas de napalm fueron utilizadas por los asesinos estadounidenses en numerosas guerras imperialistas: de Corea a Vietnam y de la Guerra del Golfo de 1991 al bombardeo de Yugoslavia por parte de la OTAN.


La clase burguesa griega tenía, y todavía tiene, sobrados motivos para honrar al asesino de masas llamado Harry Truman. En 1963, sin notificar al Ayuntamiento, el gobierno griego ordenó la instalación de la estatua de Truman (un “regalo” de la organización anticomunista grecoamericana AHEPA) enclavada en el centro de Atenas.


La estatua de Harry Truman en el corazón de la capital griega es un repulsivo símbolo-fósil de las atrocidades del imperialismo estadounidense. Es un monumento que nos recuerda las intervenciones y guerras imperialistas cometidas por los asesinos del pueblo, así como nuestra deuda por la lucha continua contra la barbarie del sistema explotador capitalista y los modernos “Trumans” que lo sirven.


31 agosto, 2020

Sanidad: Cuba vs USA — Michael Parenti


 

Transcripción del inglés: Arrezafe


Creo que es mejor en Cuba, donde me lesioné la pierna, una lesión muy grave en el tendón de Aquiles, fui a un hospital y me operaron, y nadie me hizo ese examen que te hacen en Estados Unidos, el primer examen que te hacen cuando vas a una urgencia clínica –ya puedes estar sangrando por tres lugares–, el examen de tu billetera para ver si tienes cobertura médica. Y si no la tienes, te envían a un hospital público que puede estar al otro lado de la ciudad mientras todavía estás sangrando. Me fue mejor en Cuba, donde me operaron y no tuve que pagar ni un centavo, y volví aquí enyesado y traté de conseguir un médico ortopédico y no pude. Podía pagar, les dije que sí, que pagaría, y me dijeron, “oh, sabemos que pagarás, no aceptamos ningún otro tipo de paciente, pero ya están todas las citas reservadas”. Y finalmente encuentro a un tipo que acaba de terminar la facultad de medicina, y entré cojeando a su oficina, y él miró la escayola y me dijo que la próxima semana y que son 50 dólares. Puedo decirlos que nunca me molestó tanto pagar 50 dólares. Me fue mejor en Cuba, un país pobre en el que recibí buena atención médica. En un país rico me trataron como un mendigo y un paria. Me fue mejor en Cuba, donde no vi a ningún niño con la barriga hinchada, hambriento y mendigando, no vi a nadie mendigando. Me fue mejor en Cuba que en Washington DC, donde vivía y caminando por la calle veía gente desorientada y en una miseria total, pidiendo comida, pidiendo dinero, durmiendo en pasadizos en el país más rico del mundo. En Cuba me fue mejor. Y cuando hablas de libertad, eso es libertad. Y cuando hablas de opresión, eso es opresión, dormir en un soportal, eso es opresión. ¿Queréis saber qué es opresión?, duerman en los soportales del 'País de los Libres' y el 'Hogar de los Valientes' y todos sabréis lo que es opresión. ¿Queréis saber qué es la opresión? pensad en esos tipos ahí sentados preguntándose si van a volarse los sesos porque no pueden pagar la hipoteca de su casa y no pueden alimentar a sus hijos mientras ven como todo se desmorona. Ahí es donde [Cuba] es mejor, ante esas realidades, y eso es parte de la libertad.


Lo de 'la Amenaza Roja' es propaganda que trata de dirigir el descontento popular, "no creas que estás tan mal porque mira, allá es mucho peor, y además existe una amenaza externa, no te quejes que aquí estamos atravesando momentos muy serios". ¿Qué ha estado haciendo Regan durante sus seis años de mandato? ¿Que ha estado haciendo? Ha estado distrayendo a la gente de los problemas reales de sus vidas, se ha negado a hablar de servicios públicos, del subempleo, de las crisis de las ciudades, excepto de vez en cuando para hacer una pequeña broma, como la otra noche en la que habló de un tipo que estaba viviendo de la asistencia social en un alquiler de treinta y seis mil dólares en un hotel, sobre lo cual dijo “me suena bastante bien”, sin señalar que el precio fue una estafa al gobierno que debería haber estado vigilante y que el tipo alojado en ese hotel vivía en una pequeña habitación sucia y abarrotada porque nadie se preocupó de ofrecerle ningún otro lugar.


¿Qué ha estado haciendo Regan durante todos esos años? Te ha estado hablando de Gadafi, Gadafi, Gadafi y del terrorismo, y de la amenaza soviética, del imperio del mal, de nuestra defensa, de esto y lo otro y lo de más allá. Unidos en torno a la bandera, olvidamos las realidades de nuestra propia vida y esto es lo que las élites gobernantes se proponen tenazmente, conducirnos en todo momento a las fantasías de su mundo, porque la gente sigue gravitando en torno a la realidad y eso es un problema para ellos. La gente preocupada sigue gravitando en torno al trabajo, el hogar y la educación de sus hijos, sus facturas médicas y ese tipo de cosas. Por eso lo de 'la amenaza roja' es tan importante, porque cumple la función de desviar la atención de la realidad.