08 enero, 2018

LA FRANCOCRACIA ESPAÑOLA Y LA “CUESTIÓN CATALANA” (1ª Parte) - Ángeles Diez


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8/1/2018
Hace apenas unos días, trabajando con mis alumnos sobre el origen histórico de los Estados Nacionales, un alumno de ciencias políticas me planteaba con candidez:
“¿Nos está diciendo usted que los Estados Nacionales, y en concreto el Estado Español, es el resultado de la guerra, del monopolio de la violencia y de una nacionalización fracasada? ¿Está diciendo que este Estado es un Estado franquista?”.
Teniendo como telón de fondo la “cuestión catalana” no me quedó más remedio que proponer a toda la clase una reflexión teórica que permitiera tomar distancia de los esquematismos, los lugares comunes y la propaganda mediática, así como de su propia subjetividad –en la clase sólo hay un alumno catalán-.
Una cuestión que nos compromete política y afectivamente tiene que ser tratada en sus partes y la relación de éstas con su conjunto, desde la historia y con una distancia sociológica que nos permita, después del análisis, posicionarnos políticamente y en relación a nuestros principios. Pero sin amputar la realidad acorde con nuestros deseos, ni tratar la historia como una demostración empírica de nuestro propio sesgo afectivo o nuestra historia vital.
Lo primero siempre es hacer explícitos nuestros prejuicios y los lugares comunes ya que éstos serán los principales obstáculos a batir o a ratificar.
Decía Bourdieu que “El hecho se conquista contra la ilusión del saber inmediato” y que el sociólogo no ha saldado todavía las cuentas con la “sociología espontánea” que le llevan a realizar sistematizaciones ficticias sobre hechos que se nos presentan como evidencias.
No hay nada más difícil, sin duda, que separar la percepción y la ciencia, o dicho de otro modo, las prenociones (ideas preconcebidas) que nos llevan a considerar como cierta una determinada interpretación de la realidad, que la mayor parte de las veces es la construcción social que en un momento histórico concreto es hegemónico, y que suele estar precocinada por los medios masivos[1].
Así, la primera prenoción que habría que poner en cuarentena es que “El Estado Español es un Estado de Derecho” en los mismos términos en que lo es la República Francesa o el Estado Británico.
La segunda prenoción, que deriva sin duda de la propaganda de los medios masivos y de los discursos políticos de todos los signos del espectro español, es que un Estado de Derecho es aquel que se rige por leyes que emanan del parlamento, que a su vez es el legítimo representante de la soberanía y que detrás de las leyes no hay otra cosa que la voluntad popular expresada a través del voto.
Una tercera preconcepción sería que no hay dos Españas sino una sola, que se ve tensionada y fracturada por algunos políticos sin escrúpulos.
Y finalmente una cuarta sería que el nacionalismo es incompatible con el internacionalismo.
El Derecho, el poder y el soberano
Históricamente los Estados nacionales europeos, tal y como los conocemos hoy en día, fueron estructuras políticas, jurídicas y administrativas que se fueron consolidando durante siglos (de finales del siglo XV al XIX) y a partir de la guerra. Proceso que pareció cerrado (en Europa) a principios del siglo XX pero que volvió a abrirse con la caída de los países del Este dando lugar a nuevos Estados nacionales europeos.
La hipótesis más plausible, y la que de facto se dio históricamente, es la weberiana que sostiene que estas estructuras burocratizadas, con un territorio más amplio que la de las Ciudades Estado medievales pero menor que la de los Imperios, fueron las que triunfaron y se universalizaron porque eran más eficaces para la expansión del capitalismo.
Más allá de las causas, lo cierto es que históricamente primero se formaron estas estructuras jurídico-administrativas y sólo después se inició el proceso de nacionalización, es decir, de construcción de una identidad común a los habitantes de un territorio que los hacía identificarse con las estructuras estatales y aceptar a un único poder soberano.
La nacionalización fue un proceso complejo que se apoyó en algunos casos en la lengua, en otros en la religión, en otros en las tradiciones y legado común en la mitología o en una religión civil (caso de Estados Unidos).
Fueron las revoluciones burguesas en Europa las que, a partir del siglo XVIII, emprendieron el camino de la nacionalización para resolver las dos cuestiones clave del orden jurídico-político moderno: la soberanía y la unidad de poder.
Controlar y someter a las poblaciones de un territorio, así como mantener las fronteras –o ampliarlas si fuera necesario sólo pudo hacerse combinando la coacción y el consenso; en dosis variables según las necesidades de cada coyuntura histórica.
Así, la violencia y el pacto fueron las dos caras de un mismo proceso de construcción de los Estados nacionales europeos.
Cuando pregunto en clase “¿qué hay detrás de la ley?”, mis alumnos suelen encogerse de hombros o soltar toda una retahíla de lugares comunes tales como “un contrato entre el parlamento y los ciudadanos”, “consenso” “legitimidad”…. Pero casi ninguno recurre a los datos históricos para reconocer que, en realidad, detrás de la ley no hay otra cosa que violencia; que los Estados de Derecho –una realidad histórica y no universal resultaron de la correlación de fuerzas en un momento histórico concreto en el que una clase, una élite o el grupo hegemónico consiguió imponerse y posteriormente legitimarse.
Como ya dijera Marx, el Estado de Derecho no es otra cosa que el Estado burgués. Después, lo podemos vestir de lagarterana para que parezca una democracia o filosofar sobre el espíritu y el cuerpo de las leyes haciendo de la crítica pura metafísica.
El Estado franquista se dotó de leyes, no sólo para imponer el orden social de los vencedores, sino que trató por todos los medios de ganar la legitimidad (aceptación, consenso) que le negaba su génesis golpista.
Sin embargo, sólo la Transición, con su ropaje modernizador, el apoyo europeo y la retórica progre parecieron ser eficaces en el intento.
Además del monarca Juan Carlos, tres personajes reflejan a la perfección la continuidad franquista: Adolfo Suárez –Secretario general del Movimiento y primer presidente de la Transición, Manuel Fraga Iribarne –ministro franquista y diputado en la “democracia”, y Rodolfo Martín Villa –ministro de Gobernación e Interior durante el franquismo, posteriormente diputado y presidente de empresas como Endesa, Sogecable, etc. condecorado en junio del 2017 por ser uno de los redactores de la Constitución.
FELIPE VI ENTREGA A RODOLFO MARTÍN VILLA, EXMINISTRO FRANQUISTA,
LA MEDALLA CONMEMORATIVA DE LAS CORTES CONSTITUYENTES. 28 DE JUNIO DE 2017.

La caracterización del Estado Español actual no puede sustraerse de su acontecimiento fundador: la llamada Guerra civil.
El Golpe de estado que impuso una dictadura y que abortó tanto la consolidación de un Estado burgués de derecho como la posibilidad de un Estado socialista promovido por una parte de las fuerzas republicanas.
La dictadura, consentida y apoyada primero por los fascismos en auge y después por las democracias burguesas conformó un Estado nacional católico que perdura hasta nuestros días y que, en las fiestas navideñas ha tenido imágenes tan vívidas como la bandera española, que floreció a raíz del referéndum catalán, y la banderola del niño Jesús colgando de multitud de balcones.
La nacionalización del territorio conquistado necesaria para crear una legitimidad inexistente y la unidad de poder, se apoyó en la represión generalizada (somos el segundo país del mundo en número de desaparecidos sin recuperar ni identificar después de Camboya)[2] y en la ideología católica.
Las leyes franquistas y las posteriores, incluida la constitución del 78, no han sido capaces de borrar las huellas de su origen, como sí lo han hecho otros Estados europeos.
El Estado franquista trató por todos los medios de prolongarse en el tiempo pero ninguno de esos dos pilares aguantó la presión de la crisis económica internacional.
Objetivamente el régimen no podría sobrevivir si no se construía un nuevo relato político homologable al europeo y éste se hizo a partir del término modernización. Que en clave de continuidad política significaría: Monarquía, cuerpos de seguridad del Estado, ejército y tribunales convenientemente maquillados.
El capitalismo familiar español se insertaba mal en la lógica globalizadora de la economía mundial. Unidas estas dificultades al desgaste de las instituciones, la presión del movimiento obrero y de las clases medias en formación, fue el tardofranquismo como señala Emmanuel Rodríguez López quien preparó una Transición que permitiera la continuidad de los privilegios y de los poderes fácticos.
Por supuesto, contando con el acuerdo de los “agentes sociales” (sindicatos y partidos) para controlar al movimiento obrero y su extensión en los barrios e impedir que emergiera una opción política capaz de romper realmente con el Franquismo.
Los famosos Pactos de la Moncloa (27 de Octubre de 1977) firmados por el gobierno presidido por Adolfo Suárez, los partidos políticos con representación parlamentaria, las asociaciones empresariales y los sindicatos (CCOO y posteriormente UGT)[3], fueron unos pactos preconstitucionales que unidos a los Principios del Movimiento Nacional [4jurados por el Rey Juan Carlos– sellaban la continuidad franquista.
“Juro por Dios y sobre los Santos Evangelios, cumplir y hacer cumplir las Leyes Fundamentales del Reino y guardar lealtad a los principios que informan el Movimiento Nacional” proclamó Juan Carlos el 22 de noviembre de 1975.
EL REY JUAN CARLOS DE BORBÓN JURA LAS LEYES FUNDAMENTALES FRANQUISTAS EL 22 DE NOVIEMBRE DE 1975. EN UNA SEGUNDA FILA SE VE AL GENERAL ALFONSO ARMADA. FOTO: LUIS MILLÁN / EFE

LOS FIRMANTES DE LOS PACTOS DE LA MONCLOA

Las palabras de su sucesor, el Rey Felipe VI, en una locución de seis minutos tras el Referendum catalán del 1 de Octubre de 2017 en su defensa de la Constitución, traen ciertas reminiscencias de esos Principios del Movimiento a los que su padre juró lealtad:
“Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que es la Ley que reconoce, protege y ampara sus instituciones históricas y su autogobierno”.
Acusaba al Gobierno de la Generalitat de “deslealtad inadmisible” como si la Constitución del 78 fuera una Carta otorgada por el mismo Dios o por el espíritu franquista.
IMAGEN DE FELIPE VI TOMADA POR EL DIARIO LA VANGUARDIA

La foto de TVE del 2 de febrero de 2011 que recogía la imagen del presidente Zapatero, empresarios y sindicatos dándose las manos tenía como pie de foto “La reedición de los pactos de la Moncloa 3 décadas después”.
ARRIBA FIRMA DE LOS PACTOS DE LA MONCLOA (25 DE OCTUBRE DE 1977).
 DEBAJO, FIRMA DEL PACTO DE REFORMA DE LAS PENSIONES (2 DE FEBRERO DE 2011)

Y la portada del diario ABC –baluarte sostenedor de la dictadura franquista que continúa publicándose hoy sacaba en su portada del 27 de diciembre de 2017 la foto del gobierno, la patronal y los sindicatos CCOO y UGT firmando un nuevo pacto, esta vez, con el título: Las fotos que necesita España.

Tras la muerte del dictador, los medios de comunicación y los sociólogos, los profesionales del engaño, se dieron a la tarea de construir un nuevo discurso político y de limpiar los rastros malolientes del Derecho franquista.
Modernidad, estabilidad, paz social y Estado de Derecho han sido las palabras máscara o los eufemismos de ese relato.
Modernidad para ocultar la sobreexplotación de la mano de obra, la desindustrialización, la flexibilidad y precarización, la especulación inmobiliaria…
Estabilidad para justificar el control salarial, la desigualdad, los rescates de los bancos… Paz social para reprimir la disidencia, modificar el código penal, negar la existencia de presos políticos… y finalmente Estado de Derecho para legitimar la continuidad del Estado neo-franquista, bloquear cualquier proyecto democratizador y aplastar en la “espiral del silencio” cualquier cuestionamiento de la constitución, de la bandera o de la unidad territorial.
Dichas palabras se han introducido en la carne y en la sangre de las masas en los cerebros de mis alumnos, de modo que han sido incapacitados a pensar fuera de ellas. De forma natural e inconsciente nos hemos entregado esas palabras y parece que somos incapaces de pensar fuera de ellas lo que ocurre en Cataluña y en el resto del territorio.
Pero “¿Y si la lengua culta se ha formado a partir de elementos tóxicos o se ha convertido en portadora de sustancias tóxicas?” decía Victor Klemperer hablando de la lengua del Tercer Reich. Pues puede que eso que llamamos desde la academia Democracia y Estado de Derecho, puede que en el caso de España no sea exactamente lo mismo que es nombrado en otros países.
La sustancia franquista del Estado español y el brazo incorrupto de Santa Teresa

El dictador Francisco Franco veía en Teresa de Ávila la “santa de la raza” y durante cuarenta años mantuvo en su dormitorio la reliquia de la Santa, conocida como el “brazo incorrupto de santa Teresa”.
Para el dictador era un talismán de buena suerte y fue llevado a sus pies moribundos en el hospital de la Paz para conjurar su muerte y proporcionarle la vida eterna.
El resultado de las componendas de la Transición fue un régimen muy particular, ni dictadura franquista ni democracia, sino una Francocracia.
Un régimen ni muy distinto al franquismo ni muy distinto a los Estados europeos pero sí muy radicalmente distinto al proyecto de Estado de Derecho al que apuntaba la Segunda república.
Dentro del conjunto de virtudes que podemos encontrar en el “proceso catalán” la más importante, desde mi punto de vista, es la de haber hecho visible la sustancia franquista del Estado nacional español, sus límites (sin duda más numerosos) y su potencialidad para ser otra cosa (más bien ninguna).
También ha hecho emerger el talante y el signo conservador, incluso reaccionario, de importantes masas de población en todo el territorio del Estado, incluidas las consideradas como progresistas.
Que la izquierda (no sólo política sino cultural) era marginal era algo sabido pero que el conservadurismo estaba tan generalizado era más desconocido.
Los sociólogos han sostenido durante años que el ciudadano medio español era más bien apático o indiferente ante cuestiones políticas. Por usar un término más académico “desafecto”.
Pero la realidad es que estamos ante una sociedad profunda y mayoritariamente conservadora capaz de apoyar medidas, leyes y corrupciones dignas de cualquier estado autoritario.
El despliegue de banderas nacionales (con o sin escudo), el aplauso del encarcelamiento de líderes políticos y sociales, la promoción y celebración de la fuga de empresas de Cataluña, la celebración constante de la Guardia Civil, los Informativos nacionales donde los éxitos del turismo y el futbol ocupan tres cuartas partes del tiempo informativo, son sólo síntomas del fascismo realmente existente en el Estado Español.
El supremacismo españolista y la utilización del Derecho para reprimir muestran los límites de la francocracia y también la potencialidad de los acontecimientos en Cataluña.
Para el Partido Popular, heredero por vía sanguínea del franquismo, la rebelión catalana ha devuelto como un boomeran su pretensión modernizadora.
Ciudadanos (Cs), con el apoyo de la pequeña burguesía catalana –y seguramente capital ultraconservador internacional dan una imagen moderna al franquismo español homologándolo al neofascismo que se extiende por toda Europa.
El rechazo de Ciudadanos a presentar candidatura después de unas elecciones catalanas bajo Estado de excepción no tiene otra explicación que el cálculo racional a futuro: no quemar sus oportunidades de gobernar en un futuro próximo de hipotética liquidación del Partido Popular y desgaste del independentismo.
Clases populares, lumpen, pequeña burguesía arruinada o apunto de estarlo por la concentración global de capital, clases medias temerosas, intelectuales timoratos… para unos chivo expiatorio para otros víctima propiciatoria, la cuestión catalana puede llegar a ser la clave de bóveda de la francocracia.
España es un Estado de Derecho” ha sido la consigna repetida hasta el aburrimiento por los paraperiodistas, el gobierno español y todo el espectro político. Ha sido el mantra con el que intentar resolver, por arte de birlibirloque, la “cuestión catalana”.
Pero dicha “cuestión” no podrá resolverse nunca desde un Estado franquista ni desde unos partidos cuyas máximas siguen siendo las de un Estado apuntalado por los tribunales y los cuerpos de seguridad.
Tras la represión en Cataluña han sido constantes y reiterados los homenajes a la Guardia Civil y a los cuerpos de seguridad tratando de lavar una y otra vez su imagen vinculada a la dictadura franquista.
EL CORONEL SÁNCHEZ CORBÍ, QUE FUERA CONDENADO POR TORTURAS,
 INFORMA SOBRE EL HALLAZGO DEL CUERPO DE DIANA QUER

La exaltación de Manuel Sánchez Corbí, coronel jefe de la UCO (Unidad Central Operativa), por la detención del presunto asesino de la joven Diana Quer, está en esa misma línea.
Y no deja de ser escalofriante ver a este coronel de la guardia civil con el pecho condecorado sabiendo que fue condenado a 4 años de cárcel y 6 de inhabilitación por torturas a Kepa Urra en 1992[5]. Sin duda otra imagen ilustrativa de la francocracia española.

Notas
[1] Desde mi punto de vista, como ya he argumentado en otros textos, hoy en día prácticamente toda la información que nos llega a través de los medios masivos es propaganda y opinión, al servicio de los intereses de las Corporaciones en las que se insertan estas empresas, o de los grupos de poder que monopolizan las instituciones del Estado.
[2] Según la Plataforma de Víctimas de Desapariciones Forzadas por el Franquismo.
[3] Los firmantes fueron finalmente Adolfo Suárez en nombre del gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo (por UCD), Felipe González (por el Partido Socialista Obrero Español), Santiago Carrillo (por el Partido Comunista de España), Enrique Tierno Galván (por el Partido Socialista Popular), Josep Maria Triginer (por el Partido Socialista de Cataluña), Joan Reventós (por Convergencia Socialista de Cataluña), Juan Ajuriaguerra (por el Partido Nacionalista Vasco) y Miquel Roca (por Convergència i Unió). Manuel Fraga (por Alianza Popular) no suscribió el acuerdo político, pero sí el económico.
[4] Los Principios del Movimiento Nacional o Ley de Principios Fundamentales del Movimiento (1958) fue una de las siete leyes Fundamentales del régimen de Franco que establecía los principios en los que se basaba el régimen y los ideales de Patria, familia y religión.
[5] Información tomada de El País, el 14 de febrero de 1998, https://elpais.com/diario/1998/02/14/espana/887410814_850215.html


Ángeles Diez, es Doctora en Ciencias Políticas y Sociología, profesora de la Universidad Complutense de Madrid.


06 enero, 2018

INFORME SOBRE LA TORTURA EN EL PAÍS VASCO ENTRE 1960 Y 2014 - Entrevista a Paco Etxeberria por Ramón Sola para Gara



En un largo e impresionante currículum, el estudio sobre la tortura no ha sido un trabajo más para Paco Etxeberria. Lo explica con el rigor científico que le caracteriza, pero a la vez con una mirada muy humanista; en primer plano, siempre las víctimas.
Empiezo por donde usted comenzó la presentación; dijo que ha sido su trabajo más duro. Conociendo su currículum, es una afirmación relevante. ¿Duro por el número de casos, por la cantidad, o duro por la esencia de los hechos?
Es mi trabajo más difícil porque es el más sensible de todos, y también porque recoge información de un periodo muy largo, desde mi propia generación a la actualidad. Y cada caso es muy duro. Si en vez de 4.000 hubieran sido 1.500, haría la misma reflexión. Cada caso analizado individualmente ha sido muy duro; preguntar a personas mayores, o no tanto, grabarlo en vídeo y demás cosas a mí me ha supuesto una afectación.
¿Cómo lo cuentan esas personas que han sufrido la tortura?
Vienen pensando que es cosa de un par de minutos, una especie de test, y se sorprenden cuando nos alargamos a la hora de explicar cosas y responder a preguntas que igual no se esperan. Hay personas cuyo relato parece que se agota en cinco minutos, porque lo que hacen es reducirlo, simplificarlo. Esto se sabe perfectamente en la intervención forense en materia de víctimas; vienen con una idea pensada, que no inventada, para que sea explicable hacen un esfuerzo por resumirlo. Pero como es una entrevista dirigida por una persona que sabe hacer una entrevista siquiátrica, tú te vas dando cuenta de cuáles son los aspectos que esa persona quiere pasar por encima y ahí hay que andar con cuidado para no revictimizar. Cuando viene una persona y dice ‘me hicieron el quirófano y ya prefiero hablar de otra cosa’, y tú le dices ‘no, explícame cómo ha sido, ¿cuántas veces? ¿cuánto tiempo pasó entre una y otra?’, pues ahí se producen situaciones de una emoción... La mayoría de esos testimonios acaban llorando. Y es que no hay palabras para explicarlo correctamente.
¿Por ejemplo?
Una mujer, después de explicarme todo lo que le habían hecho, que era muy horroroso, me decía luego: ‘lo peor eran las humillaciones’. ¿Y por qué? Pues porque las humillaciones son lo que se le ha quedado grabado en el cerebro, son eso por lo que se despierta algunas noches. Los tortazos no le dejan dolor hoy, pero las humillaciones sí. Y lo que eso significa para esa mujer probablemente es incomprensible para el resto...
Entiendo por tanto que ¿solo les cuentan una pequeña parte de todo lo que les pasó?
Sí. No nos podemos hacer una idea. En perspectiva forense, en estos casos hay que tener en cuenta la simulación y la disimulación. La gente puede simular cosas, acrecentarlas. Por ejemplo, cuando dicen ‘me estuvieron pegando toda la noche’, tú les dices ‘no puede ser, si te pegan toda la noche te habrías muerto’. Es una manera de contarlo, porque esa vivencia de interrogatorios toda una noche con golpes al principio, en el medio y al final es tan poderosa... Y del mismo modo, hay cosas que se disimulan. Una mujer decía ‘yo no me reconocía como mujer, porque no me pude cambiar de ropa en siete días’. A quien lo oiga igual le parece una cosa menor, pero en la vivencia de esa persona el asunto tiene muchísimo más fondo, más recorrido, y se hace difícil profundizar ahí. O cuando te dicen que las desnudaron y se reían de ellas, o cuando te explican el pánico que les provocaba oír ‘vamos a la bañera’... ¿Cómo mides eso? Es muy difícil.
Fíjate hasta qué punto llega el estrés; hay quien sufre alucinaciones y cree que es porque le han dado algún tipo de medicamento, pero yo llego a la conclusión de que no ha sido así, de que es por el estrés. Alucinaciones como escuchar voces de personas que no existen –por ejemplo el aitona que ya se murió– o como pensar que las paredes se mueven –que aparece en varios casos– o notar que puedes meter la mano por la pared. Eso es fruto del estrés al que se llega.
Por cierto, lo que nos han dicho algunas personas coincide totalmente con lo que dijeron en su momento, por ejemplo en los antiguos archivos de audio de Eva Forest que se han rescatado y digitalizado. Cuando ahora han vuelto a hablar, el testimonio coincide plenamente.
¿Esas personas saben por qué las torturaron? ¿Qué objetivos perciben, aparte del de sacarles información?
Seguramente sigue existiendo una mezcla entre infligir un castigo y sacarles información. Pero siempre me sorprenden casos como las personas que te dicen que antes de empezar a hablar ya les hicieron la bañera. A los interrogatorios ya iban totalmente dominados. Esto se hacía en otro tiempo. Luego hay gente con la que en el segundo o tercer día se han dado cuenta de que no tienen nada que ver con el asunto e incluso les han pedido disculpas entre comillas, con frases como ‘tampoco te hemos tratado tan mal’. Y esas personas, que no tienen una militancia, ni siquiera se pueden creer lo que les ha pasado...
¿Cómo se sienten después de contarlo? ¿Es reparador?
Sí, es reparador. Algunos luego nos han escrito para decirnos que han superado un poco la situación, aunque el trance siempre es incómodo; primero decidirlo, luego venir, que tú les preguntes y repreguntes... Nos agradecen a nosotros y al Gobierno Vasco que esto haya sido posible. Cuando ya llegamos al final en la recogida de testimonios, una de las preguntas que les hacemos es ‘¿qué piensas que van a decir las personas que no creen en esto, que tradicionalmente han dicho que es un invento?», y ellas terminan diciendo ‘bueno, es su problema, yo he contado lo que he vivido, me da igual’.
Otro punto importante es que luego desde el Gobierno Vasco se les ha enviado el testimonio. Y para esas personas es relevante que vayan a su casa y en el buzón tengan una carta con un membrete del Gobierno Vasco en el que les digan que tienen derecho a rectificar lo que quieran, o darse de baja incluso... En muchos de esos casos, la persona ha reunido a los hijos y les ha puesto el DVD, porque ahí hay algo que nunca les han querido o podido contar, y esos hijos han quedado conmovidos. Me he encontrado en la calle a hijos que me han dado las gracias porque siempre habían sabido algo de sus padres pero nunca se habían atrevido a preguntar. Ahora ha existido la oportunidad de sacarlo todo.
La tortura no era algo extraño para Paco Etxeberria, usted sabía de algunos casos desde los años 80 cuando era forense en Gipuzkoa. Pero ¿hay cosas que todavía le han sorprendido, hay descubrimientos?
Que sean miles de casos, eso no me sorprende. Hay gente que dice que una persona torturada es aquella que, habiéndolo sufrido, luego logra probarlo con sentencia firme del Tribunal Supremo, y que si no, no es un torturado. Bueno, pues entonces con Franco no se torturó a nadie, porque no hay una sola sentencia que lo pueda acreditar. Entonces me dicen ‘bueno, no es lo mismo una dictadura que una democracia’. ¿Qué pasa? Que la tortura es el crimen mejor escondido, por la forma en que se produce. Hacer un ejercicio de demostración sobre la tortura es lo más difícil.
En mi recorrido personal tengo certidumbres. Mi profesor de Medicina Forense ya explicaba que fue torturado, y del mismo modo he tenido alumnos en la facultad de Medicina que fueron detenidos y torturados. Es algo que me he encontrado por tanto, por arriba y por abajo, sin ir a buscarlo. Y en el País Vasco, de esto sabemos todos bastante; hasta me resulta un poco raro que alguien diga que no ha conocido un caso cercano. Entonces, que sean miles de casos a mí no me ha sorprendido.
Lo que sí me puede sorprender es que haya personas que aún tengan sus dudas, por falta de confianza en mí, en la Universidad, en el Gobierno Vasco... Por ejemplo, veo que viene una persona y me cuenta su caso y me dicen que eran cinco en el grupo y que tuvieron un recorrido parecido; ¿y dónde están los otros cuatro entonces? porque no han venido, o alguno ha venido un año después... eso sí me sorprende. También me sorprende que en instancias como sindicatos se queden pensando cuando les pides información; ¡fíjate si han sido perseguidos los sindicalistas aquí y no tomaron nota de ello, no lo recuerdan! Hay gente torturada que no tiene ni medio papel en casa y tiene que decirle al abogado que lo busque en archivos inmensos. A menudo esos papeles se destruyeron por miedo; hablo de partes de baja, el certificado del médico del pueblo...
Algo que me ha sorprendido, pero esta vez positivamente, es que aquí en los años 80 unos médicos constituyeron un grupo contra la tortura. Trabajaron muy a escondidas y habilitaron un sistema para atender a los torturados, a muchos detenidos que quedaban en libertad sin ninguna acusación... Fue a raíz de la muerte de Joxe Arregi y de Esteban Muruetagoiena. Por supuesto no era una asociación reglada, no se podía, se llevó todo con mucha precaución. Pero lograron trabajar de modo asistencial y hemos podido acceder a toda esa información, que estaba guardada en algunos sitios y que nos han facilitado porque han creído en la bondad de este trabajo. Ves esa documentación y compruebas cómo para proteger a la víctima tuvieron que poner cosas genéricas como «mujer, administrativa, de 23 años» y sus iniciales.
Y la gente más joven del equipo de investigación, que quizás no ha conocido siquiera la tortura en Euskal Herria, ¿cómo lo ha vivido?
Muy duro, muy duro. Terrible.
¿Les ha costado creerlo?
Hay gente que ha acabado ahora la carrera de Criminología, no tienen ni 22 años, alumnos buenos que nos han ayudado mucho. Cuando yo iba con uno o dos a hablar con una persona torturada, luego les preguntaba ‘¿créeis que ha dicho la verdad o que nos ha engañado de arriba a abajo?’. Y me decían ‘no, nos lo hemos creído de arriba a abajo’. Han quedado conmovidos por la situación, medida a título individual. Y esos jóvenes ahora están en condiciones de reemplazarnos a nosotros para trabajar esto desde la centralidad de la víctima, que me parece muy importante, porque aquí hablamos de víctimas, no de victimarios, esto no es una instancia de Justicia.
Ellos no tenían esa experiencia y captan inmediatamente que lo que ha pasado es algo absolutamente intolerable. Antes no, pero en la sociedad actual a los 20 años son plenamente conscientes de sus derechos, de que no puede venir un policía y pegarles unas tortas, ¡y aquí ha pasado mucho más! Culturalmente todos cada vez toleramos menos esto, aunque el recorrido haya sido muy lento y en eso tenemos la culpa todos. ¡Que no, que esto no puede ser, no puede ser! Cuando yo les digo a estos alumnos que en el colegio en que yo estudiaba daban tortazos los frailes... y seguro que era uno de los mejores colegios a los que mis padres me podían mandar. Ahora todo eso ya no se tolera, sería un escándalo.
«A escala individual, todas las autoridades te dicen que esto ha sido así, pero luego...»
En la presentación dijo que al hacer este trabajo ninguna de las instancias con las que se han cruzado lo han visto negativo o inadecuado. Entonces, ¿por qué ahora sí se les trasladan críticas públicas? PSE, PP, sindicatos policiales...
Pues porque esto produce una incomodidad a todos. Y yo me incluyo. A todos. Y todos quiere decir, por ejemplo, mi propia universidad. ¿Hicimos lo suficiente? No lo sé. Al final, el informe traslada críticas a las autoridades, a los aparatos judiciales, quizás también a los medios de comunicación... No todos los medios han querido hablar lo suficiente, o bien han dicho ‘todavía no’, o ‘ya veremos’... Por eso la incomodidad alcanza a muchas personas. Pero cuando diseñamos el proyecto yo no me encontré con que nadie se enfadara. Cuando se habla a escala individual con las autoridades, sean las que sean, todas te dicen que efectivamente ha sido así, pero sin embargo luego sale un discurso que parece redactado por una maquinaria distinta y que introduce otros parámetros: ‘no ha sido para tanto’, ‘no hay que ser equidistantes’... Y la tortura ha afectado a muchos: directores de cine, cirujanos, profesores de universidad, sacerdotes, gente de banca, sindicalistas, gente que no tenía nada que ver y se vio afectada en un tiempo en que había muchas detenciones...
Con la enorme afección humana que tiene la tortura, el número altísimo de casos y lo pequeño que es este país, ¿cómo es posible que todo esto haya sido tan negado, ocultado, silenciado...? ¿No es lo más sorprendente?
¡Es que no ha estado silenciado! Este tema aparece todos los años de una y otra forma. Lo que faltaba era configurar un censo, y además no solo bastaba hacer una lista, sino que había que poner un nivel de prueba a cada caso. ¿Y todo esto para qué? Primero para evaluar la dimensión. Y luego para aplicar las medidas de prevención y de reconocimiento que sean necesarias. Ese era el encargo y hemos llegado adonde hemos podido. Pero aún viene gente a decirnos que a ver si puede contarlo, porque hace un año o seis meses estaba en duda...
Y a quien aún diga que no tenemos pruebas... Oiga, aparte de los testimonios, hay 26.000 documentos, nunca se había logrado tanto. Y eso ha ocurrido porque se ha producido una confianza. Imagine que ponemos en marcha este trabajo y no se genera esa confianza y lo acabamos con 47 casos de torturados, los que tienen sentencia y un puñado más. Hubiera sido tremendo.
Usted viene de los 80 en Gipuzkoa, cuando se quemó el coche de un forense por señalar torturas. Luego se ha perseguido judicialmente a quienes las denunciaban. Hay una estrategia de presión continua hacia quienes investigan esto. ¿Ha sentido miedo o preocupación al hacer este trabajo?
No. Yo me siento orgulloso de haber podido contribuir en este apartado concreto del Plan de Paz. A todos nos toca hacer algo. No he tenido preocupación sobre eso. Sí sobre otras cosas, del estilo de cómo trasladar toda la información a un informe. Ese informe puede tener 60 páginas, 600 o 6.000. Puedes orientarlo de una manera o de otra. Y con eso te puedes equivocar. Esa ha sido la gran preocupación de estos meses.
Y luego, ¿por qué seleccionas un ejemplo y no otro? Por ejemplo, aquí no desarrollamos el caso de Esteban Muruetagoiena, pero daría para un informe entero tan voluminoso como este. Un hombre que es médico, que muere no en sede policial sino a los días de quedar en libertad tras casi diez días de incomunicación, con un informe de autopsia que dice que tenía los tímpanos rotos, ¿y por qué tenía los tímpanos rotos?... eso pasa hoy y habría habido más escándalo, pero entonces no [1982]. O las fotos de Amparo Arangoa, que se afirma oficialmente que tenía un problema nefrológico, ¡no, tenía buena salud, el problema renal se le suscita por las palizas que recibió! O Tasio Erkizia, que cuando le detienen por primera vez es sacerdote, a las 48 horas lo tienen que hospitalizar y casi se muere, está en la UVI mes y pico ¿tú sabes lo que es eso?, y se señaló también que tenía un problema nefrológico... Ahora coges el informe médico y se lo puedes pasar a un especialista de Holanda o de Japón y que diga qué le parece. Eso ha sido lo difícil. Miedo no he tenido, y presión tampoco, yo creo que en este momento ya no existe eso.
También me preocupa que el caso individual se diluya. Hemos recogido muchos datos y me inquieta que alguien que por ejemplo ha buscado insistentemente el certificado del médico del pueblo acabe diciendo «y yo, ¿dónde estoy ahí?».
«De la reunión con la Ertzaintza yo salí emocionado»
ELA-Ertzaintza ha revelado que el mismo lunes en que se hizo público el informe usted y Jonan Fernández estuvieron en Oiartzun presentándoselo también a la Ertzaintza. ¿Cuál era el objetivo y cómo fue la reunión?
¿Quién lo ha dicho? ¿ELA? Sí, es verdad. Fue esa misma tarde. Me pareció una reunión extraordinaria. Cuando tú explicas todo esto internamente a gente que tiene una responsabilidad en la Ertzaintza y lo primero que dicen algunos de los allí presentes es ‘¿cómo podemos ayudaros a que esto que habéis hecho sirva para que no vuelva a ocurrir absolutamente nunca un caso equivalente?’ o te dicen ‘¿cómo podemos mejorar lo que nos toca?’... Pues esa fue la primera reflexión y yo salí emocionado de la reunión. Es cierto que también hubo otros comentarios, como la diferenciación entre torturas y malos tratos. Pero la primera reflexión fue exactamente esa. Y a mí eso me sitúa en que estamos en el siglo XXI y que culturalmente es una situación diferente a la que hemos vivido antes. Cuando acabó la reunión se levantaron un montón de agentes y nos dijeron: «Felicidades, esto era necesario».
Diría que mi auténtico descanso en este proyecto ha sido al final de ese lunes, por la noche, cuando salí de esa reunión. Quizás iba pensando que podía haber malos entendidos, que se podía complicar todo... y no ocurrió así. Y en el fondo es lo que yo esperaba, encontrar ese discurso que en otro tiempo ha faltado, cuando había políticos que ante sentencias confirmadas incluso por el Tribunal Supremo salían a hacer ejercicios de encubrimiento. Por eso en el informe he puesto una frase de Joaquín Navarro Estevan, el que fue juez decano de San Sebastián: «La existencia de torturas es obvia. Hay que partir de la realidad de que se cometen torturas para erradicarlas plena y efectivamente. Pretender ignorar esa realidad es contribuir a su consolidación». Es decir, supone ser un encubridor. ¡Es que esto lo dice un juez!
¿Tienen en mente o ven factible hacer una reunión similar con la Guardia Civil o la Policía española, que son los responsables de más casos de este informe? ¿Es posible emplazar también a instancias de Madrid?
Yo no tengo ningún apuro para hacerlo. Empiezo por otra cuestión: sé que tengo que aceptar todas las críticas que se hagan a este informe, son necesarias y son pertinentes, van a servir para mejorar este trabajo, bienvenidas sean. Y si esto hay que presentarlo en cualquier otro sitio, no tengo ningún problema. Ningún problema en ir a decir los resultados que nos han salido y también lo que pensamos. Y lo que nos ha salido es que miles de ciudadanos de la Comunidad Autónoma del País Vasco, porque aquí no se incluye a Navarra, han dicho a lo largo del tiempo todo esto.
Amnistía Internacional suele decir que la humanidad se divide al 50% entre los que no se lo quieren creer y los que no se lo pueden creer, y que entre unos y otros no dejan margen... pues habrá que darse cuenta de que si no se reconocen las cosas, no se pueden superar nunca. Cómo se produce ese reconocimiento ya es algo que dependerá de las autoridades, pero yo tengo toda la impresión de que hacerlo es perfectamente posible.
Acabamos, ¿para qué debe servir este trabajo?
Tiene que servir para reconocer los hechos, globalmente hablando y yo no sé si individualmente también. Eso habrá que gestionarlo a través de una reglamentación o una ley; ahí está la de Ley de Víctimas de 2016, que ha sido recurrida ante el Constitucional y que es un tema a resolver. Y culturalmente, tiene que servir para que nos demos cuenta de que no soportamos esto, de que no puede ser. Yo conozco un montón de gente en la Policía que trabaja mucho y honradamente, y tiene que hacerse imposible que alguien se desvíe de lo correcto.
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05 enero, 2018

La domesticación del proletariado - Floreal M. Romero




Extraído de Dos textos para emprender la salida del capitalismo, de Floreal M. Romero. (Texto completo en pdf aquí)

Como apunta Bookchin, en “Rehacer la sociedad”, confundimos a menudo capitalismo e industria, cuando en realidad esta última es anterior al capitalismo. La gran diferencia estriba en que aún no estaba sometida a los imperativos de una ya consolidada «sociedad de mercado»(1)
Hasta el siglo XVI inclusive, destacaron manufacturas de tipo industrial, sobre todo textiles, en Florencia, Brujas, Amberes, Londres, Segovia, Lyon, etc., donde se elaboraban prendas de vestir y velas de barcos. Desde la Baja Edad Media, también se incrementaron los astilleros y los altos hornos para la fabricación de acero. Todo ello en una época de auge del comercio de ultramar, de guerras, así como de un incremento de la población urbana en toda Europa; sin comparación, no obstante, con la de Londres. Industrias de baja intensidad y situadas en unas pocas concentraciones mecanizadas funcionaban mayormente gracias a la energía humana y a la fuerza animal. Como señala Bookchin, contrariamente a la propuesta de Polanyi, la «sociedad de mercado» no fue resultado de los avances tecnológicos, sino más bien del capitalismo agrario que precedió a la industrialización capitalista a ultranza, y que obligaba a aumentar cada vez más las fuerzas productivas. A partir de entonces, no es que se produjera una ruptura —como sugiere el desacertado término de «Revolución Industrial»—, sino más bien una puesta en marcha —lenta y titubeante al principio— de una imparable aceleración del proceso de investigación científica, generalizado y apoyado por el Estado, para un desarrollo tecnológico sin precedentes de las fuerzas de producción.
Y es que para afianzar la industrialización capitalista no bastan unos cuantos inventos técnicos aquí y allá, sino que se precisa de un progreso generalizado que abarque un gran número de sectores y que estos se apoyen dinámicamente entre sí. Esta sinergia, dentro de un conjunto de técnicas coherentes, es la que forma un sistema técnico, a saber, una serie de interdependencias técnicas entre sectores económicos clave. En este proceso constitutivo, los llamados «recursos humanos», o sea el proletariado, no podían escapar a la lógica que les obligaba a integrarse en ese sistema técnico con vista a maximizar las fuerzas de producción. Más allá de la mera fuerza brutal represiva para hacer encajar esos «recursos», fue necesario moldear a esa multitud de campesinas y campesinos, niñas y niños, recién expropiados, hacinados en las ciudades y explotados en los talleres (factories) para convertirles en un «proletariado» domesticado para las fábricas, eficaz, en esa pieza clave del sistema técnico moderno concebido para una maximización de las fuerzas productivas. Fue significativa la imposición del «tiempo-reloj» para reemplazar al «tiempo-natura» por la que se regían las jornadas laborales. Metódicamente aplicada, resultó ser una auténtica ofensiva ideológica lanzada por los empresarios a finales del siglo XVII contra las viejas costumbres laborales. Así, se inculcó esa nueva disciplina del tiempo mediante la creación de “escuelas para el pueblo”, la instalación de relojes en plazas, casas e iglesias, sistemas para fichar en las fábricas, etc. Con un fondo puritano y moralista, impusieron nuevos refranes, empezando por «el ocio es la madre de todos los vicios», para concluir con la célebre máxima de «el tiempo es dinero». A partir entonces no ha cesado el proceso inherente al capitalismo de querer convertirnos en máquinas, semejantes a esas, cada vez más sofisticadas, que nos imponen sus propios ritmos, en la vida cotidiana y en el trabajo, a la vez que controlan nuestra capacidad de mantenerlas en un estado óptimo de funcionamiento.

(1) Como bien dice Karl Marx: «El capitalismo termina por imprimir su marca en el cuerpo social en cuanto transforma definitivamente todas las relaciones sociales en relaciones de dinero».


03 enero, 2018

Menguantes y menguados - Alejandro Floría Cortés



Dentro de no mucho tiempo, si no debemos admitir que ya está sucediendo, la mayor parte de la sociedad será completamente ajena a contenidos elementales de las disciplinas de Humanidades. De la misma forma que en las enseñanzas medias su pérdida de protagonismo ya es patente, estas materias no tardarán en desaparecer de las Universidades por cuestiones de una rentabilidad mal entendida. A partir de aquí, la exigua oferta no logrará la suficiente espectacularidad como para salir de los museos y las bibliotecas. Nos estamos adentrando en un nuevo Medioevo cultural, acaso preludio de otro de mayor alcance, y no nos estamos dando cuenta, deslumbrados por las chucherías de una tecnología bien ideologizada.

La escasez del hábito de la lectura y la escritura, la ausencia de espacios de crítica y reflexión, el gusto por la velocidad de las píldoras de información digitales, la estudiada permeabilidad a los mantras virales, el tecno-optimismo desbordante, el post-todo, la pre-nada y la inexistencia de una prensa rigurosa y crítica, en lugar de esta consagrada a la propaganda, serán los catalizadores de una reacción que consumirá la creatividad disruptiva, la visión de conjunto y el ya escaso entendimiento de lo colectivo y lo común. ¿Para qué iba a querer esas cosas?, se preguntará alguien entre orejeras. ¿Para qué iba a querer esas cosas?, se preguntará alguien que nunca se pregunta nada.

En el ámbito de la Historia, que ya está sometida a un exhaustivo programa de olvido (o des-memoria), se terminará por no saber qué pasó, ni cómo, ni porqué, más allá de resúmenes en los libros de texto tan sesgados como "apretados" y de interesadas recreaciones comerciales. La Geografía, por su parte, no irá más allá de situar las fronteras que definirán las zonas de confort de incuestionados patrones de consumo y de terror. Así, la secuencia histórica del colonialismo, la dependencia económica, el imperialismo y la globalización llegará a resultar conspiranoica, la política local e internacional se reducirá a una clave maniquea de fácil consumo: buenos y malos, nosotros y ellos. Este simplismo trasladado a lo cotidiano generará amplio disconfort en las estructuras de cercanías: laborales, familiares, vecinales...

Tampoco se encontrará interés en la Antropología, porque en nuestro egoísmo y en nuestro engreimiento, todo será y todo se explicará, circularmente, como viene siendo habitual, por el Hombre Moderno, que es el Hombre del Norte, infantilizado y cobarde genocida de lo otro. El interés en lo no estandarizado, en lo que no esté sujeto a la norma, a la convención de la epistemología dominante será objeto de rechazo y de distanciamiento por la incomprensión que acompaña a la ignorancia. La imposibilidad de compartir un pensamiento o una alternativa no-convencional puede resultar sencillamente aterrador, pero no son pocos quienes ya se llenan la boca con “los límites de lo posible”, enésima reformulación matemática con pretensiones que no esconde más que una profunda mediocridad.

La Literatura más exitosa, como buena gestora de residuos peligrosos, versará, seguramente, sobre la auto-ayuda individual, jamás colectiva, y sobre la neo-nueva empresa. Predominarán las listas de libros que se venden en los aeropuertos, los nuevos libros de poemas serán las in-experiencias de niños pijos que no quieren rimar y el teatro formará parte de los programas del Instituto de Mayores y Servicios Sociales. No habrá nada más clásico que un partido de fútbol entre Fly Emirates y Qatar Airways. La Literatura consolidará el estropicio al que con tanta devoción se han aplicado los medios con el lenguaje. Las ciencias de la comunicación se reducirán a los protocolos y procedimientos de los gabinetes de prensa. Al miedo de decir algo se sumará la realidad de no saber qué decir.

La Sociología resultará más incómoda todavía porque ya hace siglos que advertía todo lo que se iba a perder con una Economía que no era tal cosa: Igualdad, Libertad, Justicia, Equidad, Comunidad, Colectivo,... y se reducirá a una rama de investigación subsidiaria de la Mercadotecnia, hasta que se popularice la quema de libros; algo parecido sucederá con la Nueva y Única Psicología Positiva de la Necesidad y el Deseo, esa máquina de hacerse con tu dinero que insiste en lo guay y especial que eres y en ese potencial desbordante de tu actitud y en lo provisional de ese Rivotril. Estas Neo-Humanidades se atreverán incluso con la cosa médica y amenazarán, sin rubor, con curar el cáncer.

Las Bellas Artes tendrán apellidos conocidos, el Derecho se debatirá entre lo legal y lo legítimo, la Economía se prostituirá, la Filosofía se reducirá, tristemente, al modo en el que uno elija tomarse las cosas... Todo el mundo hablará idiomas con trescientas palabras, qué soberbia, y diría que el CitySpeak de BladeRunner no está tan lejos, especialmente después de oír una mezcla de nigeriano, inglés y canario en un andamio en el que yo también estaba trabajando. Mal asunto para las Filologías. La Política seguirá siendo esa herramienta que permitirá que todo parezca seguir igual, contribuyendo a asimilar con sus deformidades, las más grotescas distopías.

Los hombres se menguan los unos a los otros, decía Unamuno en “Del sentimiento trágico de la vida”. Qué razón tenía.