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04 octubre, 2022

EL MUNDO VISTO DESDE SAMARKANDA — Daniele Perra

 


Gеополитика.ru – 03/10/2022


" No preguntes al gorrión cómo vuela el águila "

(Proverbio chino)


" Es bastante fácil desenmascarar al proamericano que se disfraza de europeo. Hace uso y abuso de la palabra 'Occidente' "

(Jean Thiriart)


A los "occidentales", dice el ex general de las Fuerzas Aéreas del Ejército Popular de Liberación chino Qiao Liang, les gusta presumir de que no hay guerras entre "democracias" [1]. Esta creencia, para ser justos, es bastante reductora (por no decir bastante banal). De hecho, como sostenía el "geopolítico militante" Jean Thiriart en los años ochenta, si es cierto que el gran rival militar de Estados Unidos es Rusia, es igualmente cierto que su gran rival económico (el que potencialmente supone la amenaza más grave para su hegemonía mundial) es Europa Occidental [2].


En las páginas de Eurasia se ha intentado a menudo presentar pruebas (claras) de que EEUU no sólo está en guerra con Rusia, sino más generalmente contra Europa en su conjunto (los ataques/sabotaje del 27 de septiembre a los corredores energéticos Nord Stream 1 y 2, que coincidieron con la inauguración de un gasoducto que une los campos de gas noruego con Polonia a través del mar Báltico, también podrían formar parte de este contexto) [3]. Con motivo de la agresión de la OTAN a Serbia, el tipo de cambio entre el euro (recién creado) y el dólar pasó de 1 a 1,07, a 1 a 0,82, una caída de más del 30%. Del mismo modo, a principios de febrero, en el punto álgido de la presión ucraniana contra las repúblicas separatistas del Donbás y antes del inicio de la Operación Militar Especial, el euro valía 1,14 por dólar. Hoy (en el momento de escribir este artículo) cotiza a 0,96 (más de tres puntos por debajo de la paridad).


Gobernada por una élite política colaboracionista dispuesta a hacer del Viejo Continente lo que la India fue para el imperio colonial británico, Europa parece condenada a seguir anclada en una mentalidad de Guerra Fría de enfrentamiento entre bloques, en un momento en que la aceleración impuesta a la dinámica geopolítica por los acontecimientos (crisis pandémica e intervención directa de Rusia en el conflicto ucraniano) está transformando rápidamente el sistema mundial en un sentido multipolar.


Si, por un lado, al empujar a Rusia hacia el este se ha separado (momentáneamente) lo que se ha definido como los "dos gigantes del medio", por otro, se ha hecho realidad una de las "pesadillas geopolíticas" de Washington: la construcción de un bloque capaz de excluir a Estados Unidos del espacio euroasiático mediante la cooperación estratégica entre Rusia, China e Irán. Esto ha frustrado los esfuerzos de aquel Henry Kissinger que desde principios de los años 70 había intentado (no sin éxito) separar a la URSS y a la República Popular China atrayendo a Pekín a la órbita geoeconómica de Estados Unidos (como exportador de productos baratos e importador de títulos de deuda estadounidenses) gracias a la llamada política de puertas abiertas (un paso facilitado además por la administración Clinton con la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio en condiciones favorables, excepto cuando se bombardeó "por error" la embajada china en Belgrado para impulsar la transferencia de capital de Hong Kong a Wall Street).


El "idilio" chino-estadounidense, desde la perspectiva neoliberal occidental, debía convertir a China en el centro manufacturero mundial, siempre que la brecha tecnológica y militar entre Washington y Pekín se mantuviera inalterada y que la balanza comercial no se inclinara demasiado hacia el Este.


Por el contrario, el crecimiento económico de China (que también se ha traducido en un aumento del gasto militar), aumentando su poder relativo (especialmente en términos de proyección de influencia), la ha convertido en un rival directo de Estados Unidos. Ni que decir tiene que, como ha demostrado John J. Mearsheimer, esta rivalidad no tiene nada que ver con el aspecto ideológico. El politólogo estadounidense, de hecho, en el sexto capítulo de su texto seminal La tragedia de las grandes potencias (2001), pone el ejemplo de Italia en la primera mitad del siglo XX mostrando cómo los gobiernos liberales prefascistas no eran menos agresivos que el dirigido por Benito Mussolini [4]. Por consiguiente, un choque con los intereses franceses y británicos en la zona del Mediterráneo o de Oriente Medio habría sido inevitable en cualquier caso (Italia, por ejemplo, ya había empezado a prestar apoyo militar al imamato taydita yemení contra la penetración colonial británica en Adén desde mediados de la década de 1920, en una época en la que el Estado aún no había adquirido un carácter totalitario) [5].


Del mismo modo, la Unión Europea, Rusia y China, sean democráticas o autoritarias, liberales o estatistas en materia económica, poco importa. Sin embargo, representan una amenaza cuando su creciente poder (militar o económico, o ambos) pone en peligro el sistema mundial basado en la hegemonía norteamericana dentro de las instituciones internacionales (BM y FMI sobre todo) y en el poder del dólar como moneda de referencia en el comercio.


Si la Unión Europea, rehén de su propia clase dirigente y de la Alianza Atlántica, tiene poco margen de maniobra para escapar de las garras "occidentales" (aunque algunos intentos de "aislarla" del resto de Eurasia, como el TTIP, han fracasado), China y Rusia están construyendo los cimientos de un nuevo orden que hará ineficaces los esfuerzos occidentales por "contener" su expansión.


A este respecto, no se puede olvidar que en el siglo XIX Gran Bretaña libró las llamadas "guerras del opio" precisamente para mantener a China fuera del comercio marítimo. Así, la voluntad actual del Partido Comunista Chino, bien resumida por el discurso del presidente Xi Jinping en la reunión de la Organización de Cooperación de Shangai (conocida por su acrónimo inglés SCO) en Samarcanda (14-16 de septiembre de 2022), se erige también como una nueva expresión de resurgimiento nacional frente a ese oscuro periodo de la historia china (a mediados del siglo XIX y mediados del siglo XX) que en China sigue siendo conocido como "el siglo de las humillaciones" y de los "tratados desiguales".


En su discurso, Xi, además de las habituales referencias históricas a la Ruta de la Seda como fuente de inspiración para la interacción cultural y comercial pacífica entre los países que abrazaron el proyecto y la OCS, se centró en varios puntos cruciales para el desarrollo de los programas de integración euroasiáticos. En primer lugar, subrayó la necesidad de que los miembros de la propia Organización de Shanghai actúen en comunidad de propósitos para frustrar los intentos de injerencia externa en sus asuntos internos. En este sentido, el presidente chino habló específicamente de los intentos de crear "revoluciones de colores" que socavan la estabilidad regional [6].


No es de extrañar que, en el momento en que Teherán se incorporó oficialmente a la OCS, una ola de protestas (más o menos vehementes, más o menos espontáneas) se extendiera por todo el país, de una manera que recuerda a los procesos de desestabilización apoyados por Occidente en otros escenarios (desde los antiguos países soviéticos hasta Oriente Medio) e incluso en el propio Irán (piénsese en el llamado "Movimiento Verde" de 2009, nacido tras la reelección de Mahmud Ahmadineyad), con la diferencia sustancial de que la República Islámica (a pesar de la crisis inducida por el régimen de sanciones trumpista) parece tener todavía los anticuerpos y las estructuras para hacer frente a tales desafíos (a los que hay que añadir los empujes disruptivos operados por algunos grupos abiertamente apoyados por los servicios de espionaje norteamericanos e israelíes, especialmente en el Kurdistán, en las zonas fronterizas con Azerbaiyán y en Beluchistán, donde, desde principios de los años 80, operan grupos separatistas bajo la supervisión del Irak de Saddam Hussein en clave antiiraní y antipaquistaní).


Xi también centró su atención en Afganistán (presente en la cumbre como país que solicita el estatus de socio de diálogo de la OCS). De hecho, Kabul, a ojos del presidente chino, es fundamental para el proyecto de interconexión continental tras la retirada de EEUU. Sin embargo, es crucial que Afganistán construya una estructura política amplia e inclusiva que pueda eliminar el terreno que alimenta el terrorismo y pone en riesgo a toda la región de Asia Central [7]. La lucha de los talibanes contra el autodenominado "Estado Islámico" (ISIS-Khorasan) y el esfuerzo por erradicar el cultivo de la adormidera (que, para ser justos, el mulá Omar ya había intentado remediar a finales de la década de los noventa hasta el año 2000 para conseguir la aceptación de la "comunidad internacional"), tras veinte años de ocupación occidental en los que la producción de drogas no sólo no disminuyó sino que aumentó exponencialmente (de 70.000 hectáreas de cultivo de adormidera en 2001 pasaron a 300.000 en 2017)[8], representan en este sentido una clara señal de la buena disposición afgana hacia la cooperación con los países vecinos (indispensable en un momento en el que Estados Unidos, en silencio general, congeló más de 9.000 millones de dólares que los gobiernos títeres prooccidentales habían transferido a las instituciones de crédito norteamericanas).


No menos relevantes fueron las referencias de Xi Jinping a la construcción de un sistema de pagos internacionales en las respectivas monedas locales que aceleraría el proceso de desdolarización de las economías euroasiáticas y facilitaría la próxima creación de un banco de desarrollo interno dentro de la OCS.


Este paso es extremadamente importante, dado que la Organización de Shanghai involucra al 40% de la población mundial, ¼ del PIB global, abarca la mayor masa continental del mundo y tiene hasta cuatro potencias nucleares (China, India, Pakistán y Rusia) en su seno. Números que aumentan aún más si el sistema BRICS se conecta a la OCS.


Paradójicamente, el régimen de sanciones impuesto a Rusia tras la Operación Militar Especial, lejos de reafirmar el unipolarismo (si excluimos el control norteamericano sobre Europa), ha acelerado la vía multipolar. De hecho, "la imposibilidad inducida por las sanciones de utilizar los circuitos de VISA y Mastercard ha inducido a Moscú a utilizar el Huawei Pay y el Union Pay chinos, y ha devuelto un nuevo impulso al proyecto puesto en marcha por los BRICS en 2015, consistente en la creación de su propio sistema único de pagos transnacionales (Brics Pay) que permita utilizar sus respectivas monedas nacionales como base directa de intercambio para los pagos exteriores, evitando la intermediación del dólar y, por tanto, el necesario tránsito por los bancos estadounidenses"[9]. Y de nuevo: "Al interconectar los sistemas de pago (el brasileño Elo, el ruso Mir, el indio RuPay y el chino Union Pay; Sudáfrica no tiene infraestructura propia), Brics Pay es un candidato a suplantar gradualmente los circuitos de VISA y Mastercard en el cuadrante asiático (donde Union Pay ya ha superado a VISA desde 2015, en términos de transacciones globales, reduciendo drásticamente el poder de chantaje de Washington [... ...] Del mismo modo, la expulsión del SWIFT penaliza a las instituciones crediticias rusas, pero desenmascara la instrumentalidad de lo que se configura como el principal sistema de regulación de los pagos internacionales para las lógicas de poder euroatlantistas, con el resultado de reforzar la tendencia a buscar soluciones alternativas"[10]. Las soluciones se encuentran en el uso y el refuerzo (o incluso la unificación) de los ya existentes CIPS - Sistema de Pagos Internacionales Transfronterizos (China), SPFS - Sistema de Transferencia de Mensajes Financieros (Rusia), UPI - Interfaz de Pagos Unificada (India).


En conclusión, Xi elogió el espíritu de Shanghai, que sigue siendo fuerte y firme después de 20 años. Se resume en cinco puntos que representan tanto los pilares del nuevo sistema multipolar como lo que Rusia y China han identificado como el proceso de "democratización" de las relaciones internacionales. Los cinco puntos son:


1. La confianza política. Guiados por la visión de forjar una amistad y una paz duraderas entre los Estados miembros de la OCS, respetamos los intereses fundamentales de cada uno y la elección de la vía de desarrollo, y nos apoyamos mutuamente para lograr la paz, la estabilidad, el desarrollo y el rejuvenecimiento.

2. Una cooperación en la que todos salgan ganando. Satisfacemos los intereses mutuos, nos mantenemos fieles al principio de la consulta y la cooperación para obtener beneficios compartidos, reforzamos la sinergia entre nuestras respectivas estrategias de desarrollo y seguimos el camino de la cooperación de beneficio mutuo hacia la prosperidad común.

3. La igualdad entre las naciones. Estamos comprometidos con el principio de igualdad entre todos los países, independientemente de su tamaño, el principio de toma de decisiones por consenso y el principio de abordar los problemas mediante consultas amistosas. Rechazamos la práctica de la coacción de los grandes y fuertes contra los pequeños y débiles.

4. Apertura e inclusión. Apoyamos la coexistencia armoniosa y el aprendizaje mutuo entre diferentes países, naciones y culturas, el diálogo entre civilizaciones y la búsqueda de un terreno común dejando de lado las diferencias. Estamos dispuestos a establecer asociaciones y desarrollar una cooperación beneficiosa para todos con otros países y organismos internacionales que compartan nuestra visión.

5. Equidad y justicia. Estamos comprometidos con los propósitos y principios de la Carta de la ONU; abordamos las principales cuestiones internacionales por sus propios méritos; y nos oponemos a la búsqueda de nuestra propia agenda a expensas de los derechos e intereses legítimos de otros países[11].


La enumeración de los cinco puntos que constituyen el "espíritu de Shanghái" en el discurso de Xi Jinping y la elección de Samarcanda ("perla de la Ruta de la Seda") como destino del primer viaje oficial del presidente chino al extranjero desde el inicio de la pandemia del Covid 19 tienen sin duda un fuerte valor cultural y simbólico. En primer lugar, Xi Jinping quiso enviar un claro mensaje estratégico a los intentos de Estados Unidos de cercar a China haciendo hincapié en la capacidad de proyección terrestre (y no sólo marítima) de la Nueva Ruta de la Seda, que se presenta como un proyecto complementario a las estrategias nacionales de desarrollo de los países miembros y a los diálogos con la OCS.


En segundo lugar, quería enviar un mensaje claro a los mismos miembros de la OCS y a los socios del diálogo cuyos intereses contrapuestos han llevado a un enfrentamiento bélico abierto (no sin la intromisión de Occidente). Este es el caso del enfrentamiento entre Armenia y Azerbaiyán (un conflicto en el que Turquía, socio dialogante de la OCS, ya está directamente implicada como principal proveedor de apoyo militar a Bakú y que podría implicar también a Irán), las tensiones entre Tayikistán y Afganistán y, más recientemente, el enfrentamiento entre Tayikistán y Kirguistán, Este último es atravesado por el corredor ferroviario China-Kirguistán-Uzbekistán, que representa un nudo crucial para la Nueva Ruta de la Seda, ya que permitiría, una vez completado, llegar tanto a Oriente Medio (a través de Afganistán) como a Europa (a través de Irán y Turquía) mucho antes que la línea ya existente a través de Kazajstán.


Este es también el contexto de la posición oficial de China sobre el conflicto en Ucrania, que se ha mantenido (con pocas diferencias sustanciales) igual desde 2014: "La parte china mantiene una postura objetiva y justa sobre la cuestión ucraniana, insiste en el respeto a la independencia, la soberanía y la integridad territorial de Ucrania, se opone a cualquier fuerza externa que interfiera en los asuntos internos de Ucrania y apoya la resolución del problema ucraniano políticamente de forma pacífica. Creemos que la solución definitiva a la crisis ucraniana pasa por mantener dos equilibrios, es decir, comprender el equilibrio entre los intereses de las diferentes regiones y las diferentes nacionalidades de Ucrania, y lograr un equilibrio en las relaciones con Rusia y Europa, para no convertir a Ucrania en un puesto de confrontación, sino en un puente de comunicación entre Oriente y Occidente"[12].


Esto explicaría también el mal disimulado descontento de Pekín con la decisión rusa de intervenir directamente en el conflicto, especialmente a la luz de los repetidos intentos norteamericanos de utilizarlo como arma para intensificar la propaganda del choque entre bloques opuestos y poner de rodillas al tejido industrial europeo. De hecho, China no tiene especial interés en ver la recesión económica de la eurozona. Al igual que no tiene ningún interés en una cesura geográfica (aunque sea momentánea) entre Rusia y Europa (o en una nueva espiral bélica con resultados potencialmente nefastos) en un momento en el que el control ruso sobre el puerto estratégico de Mariupol abre importantes escenarios para la utilización de las infraestructuras y el gigantesco complejo industrial de Azovstal (no por casualidad los azovitas, con civiles como escudos humanos, optaron por atrincherarse allí mismo, conscientes de que Moscú no intentaría destruir completamente la zona) como instrumentos de interconexión norte-sur y oeste-este del continente.


Desde la perspectiva rusa, la cumbre de Samarkanda tuvo el mérito de reavivar el tradicional enfoque estratégico de Moscú, que mira hacia Oriente y el mundo islámico cuando Europa le da la espalda. Incluso antes de personalidades como el teórico del "comunismo nacional islámico" Mirza Sultan Galiev (1892-1940), el "marxista atípico" Karl Radek (que invitó al Congreso posrevolucionario de los Pueblos Orientales a ese Enver Pasha que se unió a la revuelta "basmatiana" en lugar de ayudar a sofocarla)[13], y los exponentes del euroasianismo clásico, este enfoque había sido adoptado por Ismail Bej Gaspir Ali (1851-1914). Este último, tártaro de Crimea y figura central del movimiento conocido como "jadidismo" (de usul-i-jadid, "nuevo método"), destinado a difundir la cultura científica moderna entre los pueblos musulmanes del espacio imperial ruso, al igual que Konstantin Leont'ev, creía que Moscú debía seguir una política de alianza mutuamente beneficiosa con países como Turquía y Persia. Rusia obtendría el tan codiciado acceso a los "mares cálidos", mientras que Turquía y Persia podrían liberarse del asfixiante abrazo europeo que continuamente pretendía enfrentarlas entre sí y, alternativamente, en confrontación directa con la propia Rusia. "Una alianza entre el zar blanco y el califa del islam", dijo Ismail Bej "Gasprinsky", "cambiaría por completo las cartas con las que se juega en Europa desde hace tres siglos.


Hoy, como entonces, sólo a través de una cooperación cada vez más estrecha entre realidades políticas y culturales extremadamente diferentes (como las que se dan en el seno de la OCS o de los BRICS) puede superarse el enfoque occidental de las relaciones internacionales basado en la política del divide y vencerás.




NOTAS


[1] Qiao Liang, El arco del imperio con China y Estados Unidos en los extremos, Ediciones LEG, Gorizia 2021, p. 112.

[2] J. Thiriart, El imperio euro-soviético de Vladivostok a Dublín, Edizioni all'insegna del Veltro, Parma 2018, p. 54.

[3] "Se han registrado fugas de gas cerca de la isla danesa de Bornholm, en el mar Báltico. El gobierno federal alemán cree que es posible que los gasoductos de Nord Stream hayan sido dañados por los ataques". Ver Fuga de gas de Nord Stream 1 y 2: burbujas en el mar. Operador de red: "Daños en 3 líneas de alta mar", 27 de septiembre de 2022, www.rainews.it. También hay que dejar claro que si se tratara de una operación de inteligencia asistida por la OTAN, sería un ataque directo de la OTAN a los intereses vitales de un país miembro, aunque, por el momento, el Nord Stream 1 está fuera de servicio por mantenimiento y el 2 nunca ha entrado en funcionamiento.

[4] J. J. Mearsheimer, The tragedy of great powers politics, Northon and Company, Nueva York 2014, p. 171.

[5] F. Sabahi, Historia de Yemen, Mondadori, Milán-Turín 2010, p. 36.

[6] Cumbre de Samarcanda: discurso de Xi Jinping (traducido por Giulio Chinappi), www.cese-m.eu.

[7] Ibidem.

[8] N. Piro, La narrativa del opio afgano es errónea, intentemos reescribirla, www.nicopiro.it.

[9] G. Gabellini, 1991-2022. Ucrania. El mundo en la encrucijada. Orígenes, responsabilidades, perspectivas, Arianna Editrice, Bolonia 2022, p. 250.

[10] Ibidem, pp. 250-251.

[11] Cumbre de Samarkanda: discurso de Xi Jinping, ibid.

[12] AA.VV., Interpretación de la filosofía diplomática china en la nueva era, Anteo Edizioni, Cavriago 2021, p. 33.

[13] En absoluto fue víctima, a diferencia de muchos de sus compañeros de partido, de un sesgo antioriental, dijo Radek desde el escenario del Congreso: 'Camaradas, apelamos al espíritu de lucha que en el pasado animó a los pueblos de Oriente cuando, guiados por grandes conquistadores, marcharon sobre Europa [...] Sabemos, camaradas, que nuestros enemigos nos acusarán de evocar la figura de Gengis Kan y de los califas del Islam [...] y cuando los capitalistas europeos dicen que se trata de la amenaza de una nueva barbarie, de una nueva invasión huna, nosotros les respondemos: ¡Viva el Oriente Rojo! ' (en C. Mutti, Introducción a N. S. Trubeckoj, El legado de Gengis Kan, S.E.B., Milán 2005). El objetivo de Karl Radek era crear una alianza entre el bolchevismo ruso y el nacionalismo alemán y turco contra el enemigo común: el imperialismo británico. Para ello, invitó a Bakú a Enver Pasha, antiguo exponente de los Jóvenes Turcos y Ministro de Guerra otomano durante los años de la Primera Guerra Mundial. Los bolcheviques esperaban, con su ayuda, poner fin a la rebelión de los basmatianos ("bandoleros") heredada de la Rusia zarista y que estalló tras la imposición del servicio militar obligatorio para las poblaciones musulmanas de Asia Central. Sin embargo, una vez en Bujara, Enver Pascia se unió al levantamiento y asumió el liderazgo con el título de "Comandante de Campo de todos los ejércitos musulmanes, yerno del Califa y representante del Profeta". Aprovechando la propagación de los sentimientos panislámicos y panprotestantes, su idea era crear un enorme estado musulmán que abarcara toda Asia Central, además de Irán y Afganistán. Sin embargo, su proyecto duró poco. Enver Pasha murió en combate en 1922, mientras que la revuelta se fue apagando poco a poco hasta desaparecer por completo en la década de 1930.

[14] G. R. Capisani, Los nuevos Khans. Peoples and States in Desovietised Central Asia, BEM, Milán 2007, p. 94.


Fuente


Traducción de Enric Ravello Barber


★


01 julio, 2022

Tras la cortina de hojalata: BRICS+ vs OTAN/G7 — Pepe Escobar

 


Kolozeg.Org – 01/07/2022

   Traducción del inglés: Arrezafe


Occidente se halla nostálgicamente atrapado en políticas de 'contención' obsoletas, esta vez contra la integración del Sur Global. Desafortunadamente para ellos, el resto del mundo sigue adelante y unido.


Érase una vez un Telón de Acero que dividía el continente europeo. Acuñado por el ex primer ministro británico Winston Churchill, dicho término se refería a los esfuerzos de la entonces Unión Soviética por crear una frontera física e ideológica con Occidente, que por su parte siguió una política de contención frente a la expansión e influencia del comunismo.


Situándonos rápidamente en la era contemporánea del tecno-feudalismo, ahora existe lo que debería llamarse una cortina de hojalata, fabricada por un occidente colectivo temeroso y despistado, a través del G7 y la OTAN: esta vez, esencialmente para contener la integración del Sur Global. .


BRICS contra el G7


El ejemplo más reciente y significativo de esta integración ha sido la presentación de BRICS+ en la cumbre virtual de la semana pasada organizada por Beijing, que fue mucho más allá de establecer las lineas de un 'nuevo G8', y mucho menos una alternativa al G7.


Sólo contemplando a los interlocutores de los cinco BRICS históricos (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica): encontramos un microcosmos del Sur Global que abarca el Sudeste Asiático, Asia Central, Asia Occidental, África y América del Sur, situando de verdad el “Global” en el Sur Global.


En marcado contraste con la propaganda del G7, los claros y reveladores mensajes del presidente ruso, Vladimir Putin, durante la cumbre de Beijing, realmente dirigidos al conjunto del Sur Global:


– Rusia cumplirá con sus obligaciones de suministro de energía y fertilizantes.


– Rusia espera una buena cosecha de cereales y suministrar hasta 50 millones de toneladas a los mercados mundiales.


– Rusia garantizará el paso de los barcos de cereales por aguas internacionales, pese al minado de los puertos ucranianos realizado por Kiev.


– La situación negativa del cereal ucraniano se ha inflado artificialmente.


– El fuerte aumento de la inflación en todo el mundo es el resultado de la irresponsabilidad de los países del G7, no de la Operación Z en Ucrania.


– El desequilibrio de las relaciones mundiales se ha estado gestando durante mucho tiempo e inevitablemente ha desembocado en la erosión del derecho internacional.


Un sistema alternativo


Putin también abordó directamente uno de los temas clave que los BRICS han estado discutiendo en profundidad desde el 2000: el diseño y la implementación de una moneda de reserva internacional.


"El Sistema Ruso de Mensajería Financiera está abierto para la conexión con los bancos de los países BRICS".


“El sistema de pago MIR ruso está ampliando su presencia. Estamos explorando la posibilidad de crear una moneda de reserva internacional basada en la canasta de monedas BRICS”, manifestó el líder ruso.


Esto es inevitable tras las histéricas sanciones occidentales posteriores a la Operación Z: la completa desdolarización impuesta a Moscú, y el aumento del comercio entre las naciones BRICS. Por ejemplo, para 2030, una cuarta parte de la demanda de petróleo del planeta provendrá de China e India, con Rusia como principal proveedor.


El “RIC” en BRICS simplemente no puede correr el riesgo de quedar excluido de un sistema financiero dominado por el G7. Incluso la India, que camina sobre la cuerda floja, está empezando a entrar en la corriente.


¿Quién habla por la 'comunidad internacional'?


En su etapa actual, los BRICS representan el 40 por ciento de la población mundial, el 25 por ciento de la economía mundial, el 18 por ciento del comercio mundial y contribuyen con más del 50 por ciento al crecimiento económico mundial. Todos estos indicadores están en alza.


Sergey Storchak, CEO del banco ruso VEG, lo enmarcó de manera bastante diplomática:


“Si las voces de los mercados emergentes no se escuchan, en los próximos años debemos pensar muy seriamente en establecer un sistema regional paralelo, o tal vez un sistema global.”


Ya se está discutiendo activamente un "sistema regional paralelo" entre la Unión Económica de Eurasia (EAEU) y China, coordinado por el Ministro de Integración y Macroeconomía, Sergey Glazyev, quien recientemente escribió un sorprendente manifiesto que amplía sus ideas sobre la soberanía económica mundial.


Desarrollando el 'mundo en desarrollo'


Lo que suceda en el frente financiero transeuroasiático procederá en paralelo con una estrategia de desarrollo china hasta ahora poco conocida: la Iniciativa de Desarrollo Global (GDI), anunciada por el presidente Xi Jinping en la Asamblea General de la ONU el año pasado.


GDI puede verse como un mecanismo de apoyo de la estrategia general, que sigue siendo la Iniciativa Belt and Road (BRI), que consiste en corredores económicos que interconectan Eurasia hasta su península occidental, Europa.


En el Diálogo de Alto Nivel sobre Desarrollo Global, parte de la cumbre BRICS, el Sur Global aprendió un poco más sobre el GDI, una organización creada en 2015.


En pocas palabras, el GDI tiene como objetivo impulsar la cooperación internacional para el desarrollo complementando la financiación de una gran cantidad de organismos, por ejemplo, el Fondo de Cooperación Sur-Sur, la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el Fondo Asiático de Desarrollo (ADF) y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM).


Las prioridades incluyen: “reducción de la pobreza, seguridad alimentaria, respuesta y vacunas contra el COVID-19”, industrialización e infraestructura digital. Posteriormente, se estableció un grupo de Amigos de GDI a principios de 2022 y ya ha atraído a más de 50 países.


BRI y GDI deberían avanzar en conjunto, incluso cuando el propio Xi dejó en claro durante la cumbre BRICS que “algunos países están politizando y marginando la agenda de desarrollo al construir muros y aplicar sanciones paralizantes a otros”.


Una vez más, el desarrollo sostenible no es exactamente la taza de té del G7, y mucho menos de la OTAN.


Siete contra el mundo


El principal objetivo declarado de la cumbre del G7 en Schloss Elmau, en los Alpes bávaros, es "proyectar la unidad", como en los incondicionales del occidente colectivo (incluido Japón), unidos en un "apoyo" sostenible e indefinido al irremediablemente fallido estado ucraniano.


Eso forma parte de la “lucha contra el imperialismo de Putin”, pero también está “la lucha contra el hambre y la pobreza, la crisis sanitaria y el cambio climático”, como dijo el canciller alemán Scholz al Bundestag.


En Baviera, Scholz presionó por un Plan Marshall para Ucrania: un concepto ridículo, considerando que Kiev y sus alrededores bien podrían reducirse a un estado insignificante para fines de 2022. La noción de que el G7 puede funcionar para “prevenir una hambruna catastrófica”, según Scholz, alcanza un paroxismo rídiculo, ya que la hambruna que se avecina es una consecuencia directa de la histeria de las sanciones impuestas por el G7.


El hecho de que Berlín invitara a India, Indonesia, Sudáfrica y Senegal como complementarios al G7 sirvió de cómico alivio adicional.


La cortina de hojalata está levantada


Sería inútil esperar de la asombrosa colección de mediocridades "unidas" en Baviera, bajo la líder de facto de la Comisión Europea (CE), la Führer Ursula von der Leyen, algún análisis sustancial sobre la ruptura de las cadenas de suministro globales y las razones por las que obligó a Moscú a reducir los flujos de gas a Europa. En vez de ello, culparon a Putin y Xi.


Bienvenido a la Cortina de Hojalata, una reinvención del siglo XXI del Intermarium, desde el Báltico hasta el Mar Negro, ideada por el Imperio de las Mentiras, completa con el oeste de Ucrania absorbido por Polonia, los Tres Enanos Bálticos: Bulgaria, Rumania, Eslovenia, Chequia e incluso Suecia y Finlandia, aspirantes a la OTAN, todos los cuales estarán protegidos de “la amenaza rusa”.


Una UE fuera de control


El papel de la UE, imperando sobre Alemania, Francia e Italia dentro del G7, es particularmente instructivo, especialmente ahora que Gran Bretaña ha vuelto al estatus de estado insular intrascendente.


Cada año se emiten hasta 60 'directrices' europeas que deben trasladarse imperativamente al derecho interno de cada Estado miembro de la UE, en la mayoría de los casos sin debate alguno.


Además, hay más de 10.000 'normas' y 'expertos' de la Comisión Europea (CE) en Bruselas emiten 'recomendaciones' a cada gobierno, directamente extraídas del canon neoliberal, con respecto a los gastos, ingresos y 'reformas' (sobre salud, educación, pensiones) que deben ser obedecidas.


Por lo tanto, las elecciones en todos los países miembros de la UE no tienen ningún sentido. Los jefes de los gobiernos nacionales (Macron, Scholz, Draghi...) son meros ejecutores. No se permite ningún debate democrático: la 'democracia', al igual que los 'valores de la UE', no son más que cortinas de humo.


El gobierno real lo ejerce un puñado de apparatchiks elegidos por compromiso entre los poderes ejecutivos, actuando de una manera supremamente opaca.


La CE está totalmente fuera de cualquier tipo de control. Así fue como una insólita mediocridad como Ursula von der Leyen, anteriormente la peor ministra de Defensa de la Alemania moderna, fue catapultada hacia arriba para convertirse en el actual Führer de la CE, dictando su política exterior, energética e incluso económica.


¿Qué representan?


Desde la perspectiva de Occidente, la Cortina de Hojalata, a pesar de todos sus siniestros matices de la Guerra Fría 2.0, es simplemente un comienzo antes del plato principal: una dura confrontación en Asia-Pacífico, rebautizada como "Indo-Pacífico", un calco de la estafa de Ucrania diseñada para contener el BRI y el GDI de China.


Como contragolpe, es esclarecedor observar cómo el Ministerio de Relaciones Exteriores de China ahora destaca detalladamente el contraste existente entre BRICS (y BRICS+), y el combo imperial AUKUS/Quad/IPEF.


De hecho, BRICS significa multilateralismo: centrarse en el desarrollo global, cooperar para la recuperación económica y mejorar la gobernanza mundial.


La estafa urdida por los Estados Unidos, por otro lado, representa la mentalidad de la Guerra Fría, explotando a los países en desarrollo, agrupándose para contener a China y estableciendo una política de “Estados Unidos primero” destinada a consagrar el “orden internacional basado en reglas” monopolista.


Sería un error esperar que las luminarias del G7 reunidas en Baviera entiendan lo absurdo de imponer un precio máximo a las exportaciones rusas de petróleo y gas, por ejemplo. Si eso realmente sucediera, Moscú no tendría problemas para cortar completamente el suministro de energía al G7. Y si se excluyen otras naciones, el precio del petróleo y el gas que importan aumentaría drásticamente.


BRICS allanando el camino a seguir


Así que no es de extrañar que el futuro sea ominoso. En una sorprendente entrevista en la televisión estatal de Bielorrusia, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, resumió cómo “Occidente teme la competencia honesta”.


De ahí, el extremismo de la cultura de la cancelación y “supresión de todo lo que contradiga de alguna manera la visión y ordenamiento neoliberal del mundo”. Lavrov también resumió la hoja de ruta encaminada a beneficiar al conjunto del Sur Global:


“No necesitamos un nuevo G8. Ya tenemos estructuras… principalmente en Eurasia. La EAEU está promoviendo activamente los procesos de integración con la República Popular China, alineando la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China con los planes de integración de Eurasia. Los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático están examinando de cerca estos planes. Varios de ellos están firmando acuerdos de zona de libre comercio con la EAEU. La Organización de Cooperación de Shanghai también es parte de estos procesos… Hay una estructura más allá de las fronteras geográficas de Eurasia”.


“Son los BRICS. Esta asociación depende cada vez menos del estilo occidental de hacer negocios y de las reglas occidentales para las instituciones monetarias, financieras y comerciales internacionales. Prefieren métodos más equitativos que no hagan depender ningún proceso del papel dominante del dólar o de cualquier otra moneda. El G20 representa plenamente a los BRICS y a cinco países más que comparten las posiciones de los BRICS, mientras que el G7 y sus seguidores están del otro lado de las barricadas”.


“Este es un serio equilibrio. El G20 puede deteriorarse si Occidente lo utiliza para avivar la confrontación. Las estructuras que mencioné (SCO, BRICS, ASEAN, EAEU y CIS) se basan en el consenso, el respeto mutuo y el equilibrio de intereses, más que en la exigencia de aceptar realidades mundiales unipolares”.


¿Cortina de hojalata? Más bien cortina rasgada.


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16 mayo, 2022

Ucrania es apenas el primer acto — Augusto Zamora

 



Empezaremos con un dato económico. En la década de los 50, después de la Segunda Guerra Mundial, EEUU representaba el 50 por ciento del producto Interior Bruto Mundial. Es decir, sólo EEUU tenía el 50 por ciento de la riqueza que producía el planeta. Desde esa base de poder se expandió por el mundo y estableció una red impresionante de bases militares y desarrolló una presencia mundial que todavía perdura.


Sin embargo, al día de hoy, en 2022, el PIB de EEUU es apenas del 18 al19% del PIB Mundial; un PIB que medido en términos de capacidad de poder adquisitivo es inferior al PIB de China. En efecto, tenemos una inversión de la situación económica mundial, en relación a la que existía en la década de los 50 del siglo pasado.


Sin embargo, con la destrucción o suicidio de la Unión Soviética, en las élites estadounidenses se instaló un alto nivel de euforia colectiva: ante la desaparición la URSS se declararon los vencedores de la guerra fría y propugnaron el llamado "New American Century".


De manera resumida, el “Nuevo Siglo Americano” significaba que EEUU era la única superpotencia mundial y que en tal condición podía modelar el mundo en conformidad con sus intereses. Con esta visión de híper potencia lanzaron un conjunto de guerras de agresión; la primera fue contra una Yugoslavia reducida en ese momento a Serbia y Montenegro. Después continuaron con las agresiones a Irak, Afganistán y una segunda invasión a Irak… poco más tarde le tocó a Libia.


En Siria lo intentaron, pero intervino Rusia. El intervencionismo norteamericano no se detuvo porque a continuación, organizaron un golpe de estado en Ucrania. Y en este punto las cosas empezaron torcerse para los estadounidenses. Se dieron cuenta que no les sería fácil establecerse como la potencia hegemónica global durante el presente siglo


En paralelo, se estaba generando una situación geopolítica nueva: una alianza entre Rusia y China. Y, aunque sus orígenes se remontan a los principios del siglo 21 esta alianza se consolida realmente cuando asciende al poder Xi Jinping en China. Entonces, el presidente ruso, Vladimir Putin, inicia un proceso de acercamiento que se va ensanchando hasta convertirse en lo que han llamado una Asociación Estratégica.


Una asociación que es económica, energética, política, esta alianza comparte una visión estratégica: es necesario un nuevo orden internacional que comprenda que el mundo es hoy una sociedad multipolar. En otras palabras, se acabó un único polo de poder. La realidad es que han surgido al menos cuatro polos: China Rusia India y EEUU.


Europa, la Unión Europea, que podría haber sido el quinto polo perdió la ocasión de constituirse en un modelo autónomo, y de hacer de Europa un sujeto internacional activo, al plegarse totalmente a las políticas norteamericanas.


A pesar de su enorme poder económico científico técnico cultura la Unión Europea ya no cuenta entre los actores importantes de este nuevo mundo que nace. Y, ahora con la operación de Rusia en Ucrania –la primera guerra geopolítica del siglo 21– se está acelerando rápidamente las contradicciones existentes entre los EEUU y la alianza de Rusia con China.


Los planes de Estados Unidos


EEUU tienen un plan estratégico que definió e hizo público en el año 2018. Consiste esencialmente en crear dos frentes políticos económico-militares; uno es el Frente del Atlántico que está conformado por la Unión Europea y la OTAN (que son las dos caras de una misma moneda). El otro es el Frente del Pacífico que regenta directamente EEUU apoyándose en Japón, Australia y Corea del Sur.


Esta división de tareas tiene como propósito crear una gran pinza, cercando por un lado a Rusia con el apoyo de la OTAN y por el otro a China con una red de alianzas que tienen como fundamento material los tratados bilaterales con Australia, Japón y Corea del Sur. Por el momento, esta red ha dado otro paso adelante con el Pacto llamado AUKUS, acrónimo de una alianza militar entre Australia, Reino Unido y EEUU.


Esta estrategia es una repetición de lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial, esta guerra se desarrolló, básicamente en dos frentes; el Frente Europeo que era el Frente del Atlántico contra la Alemania Nazi y la Italia Fascista (y sus aliados) y el Frente del Pacífico conducido por EEUU.


En realidad, fue la desmedida de ambición de Japón lo que llevó a los estadounidenses a abrir el frente militar que iba desde Filipinas hasta la península de Corea con China como epicentro. Estados Unidos combatió a un Japón que tenia desplegada sus fuerzas en un arco geográfico inmenso y que además tenía un gravísimo problema: los japoneses no disponían ni de minerales ni de energía, ni de petróleo.


De forma que a EEUU le resultó relativamente fácil la derrotar al Imperio del Sol Naciente. No podía ser de otra manera, entre otras razones, porque el 50% del potencial militar de Japón estaba destinado a la guerra contra China. En realidad, los japoneses combatieron contra los estadounidenses con sólo un tercio de su capacidad militar; los otros dos tercios los tenía en el amplio frente que va desde Filipinas a Corea.


EEUU logró derrotar a Japón y decidió participar en el Frente Atlántico con el filmado y archí-famoso desembarco de Normandía. Esta acción militar ha generado en Europa lo que llamo el síndrome de Normandía, algo muy similar al síndrome de Estocolmo porque para los europeos occidentales comunes ese desembarco fue como la llegada de Superman, Batman y Acuaman juntos.


Esta sorprendente idea ha quedado tan interiorizada en la psiquis europea, básicamente porque durante décadas el cine y los medios de comunicación han machacado a los pueblos de Europa con esa imagen de triunfo. Los europeos creen que el desembarco de Normandía les permitió a los aliados ganar la Segunda Guerra Mundial. Esto, aunque ya la Unión Soviética había quebrado la espina dorsal del ejército nazi. De hecho, mientras los angloestadounidenses combatían en Bélgica, el Ejército Rojo estaba a menos de 80 kilómetros de Berlín.


De cualquier manera, la ocupación estadounidense de Europa Occidental ha determinado que el viejo continente haya sido incapaz de generar su propia autonomía el juego de poder global. En muchos aspectos recuerdan el poder Imperial de Inglaterra en el siglo 19. En el siglo 21, por el momento, solo hay tres grandes protagonistas, pero hay otro país que es clave: la India, a la que EEUU intenta atraerse desesperadamente al frente del Pacífico.


Realmente los aliados que EEUU tienen en el Pacífico, con la excepción de Japón, son muy débiles. El único país que podría aportar un peso definitivo por población, por posición geográfica y por potencial militar es la India.


Entre tanto, India es un país históricamente aliado de Rusia. Lo es desde los tiempos de la Unión Soviética y hace poco, en diciembre en un viaje de Putin a Nueva Delhi, la India y Rusia renovaron su pacto estratégico para un desarrollo económico, político y militar por otros 10 años. De hecho, la India se ha negado a ser un peón más en el juego EEUU. Los indios tienen sus propios intereses y quieren un lugar en el tablero internacional de zonas que ahora ya no vamos a llamar de influencia, sino de confluencia y cooperación.


¿Por qué el cambio de este termino? El concepto de zona de influencia es un concepto del pasado y este es un dato del cual se habla muy poco en el mundo occidental y también en América Latina, que lamentablemente sigue siendo el furgón de cola del mundo occidental.


En "Nuestra América" no se entiende los procesos que se están dando en Eurasia y que tienen como eje la relación entre Rusia, China y la India. Se trata de proceso que está creando un nuevo orden mundial y que por el momento se ha traducido en tres importantes lugares de encuentro; uno es la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) que es un el anticipo de una sociedad internacional más plural y democrática, otro son los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) que quiere representar a todos los continentes de nuestro planeta y el tercero es el foro más relevante, pero menos conocido: es el lugar donde Rusia, India y China se reúnen para tratar sus asuntos y negocios.


De hecho, estas reuniones suelen pasar desapercibidas, aunque tratan temas muy sustantivos como la relación entre China e India por las disputas fronterizas. Rusia es el país que sirve de bisagra entre las dos potencias más pobladas del mundo. Estos encuentros han logrado algo inédito en la historia reciente. Han conseguido reunir a dos países “enemigos” en un lugar donde pueden hablar sin estar matándose mutuamente. Hoy se sientan en la misma mesa la India y China.


En pocas palabras en Eurasia hay un movimiento muy importante. En septiembre de este año Irán se incorporará formalmente a la OCS. En Eurasia se está configurando una nueva sociedad internacional. En esta cuestión hay que señalar un elemento de lo que está en juego: cuando se fundó las Naciones Unidas- la fundaron 50 países, de los cuales sólo 13 naciones no eran occidentales (metieron Nuestra América con Occidente). Ahora las Naciones Unidas la componen 193 estados y los llamados países occidentales son la absoluta minoría, ya no digamos los países europeos.


Sin embargo, si uno toma el mapa y miramos donde están los organismos internacionales de las Naciones Unidas nos daremos cuenta que un grupo de diez países concentra prácticamente el 90 por ciento de las sedes de estos organismos. Veamos; la sede de las Naciones Unidas está en Nueva York, su segunda sede en importancia está en Ginebra, la UNESCO está en París, la FAO está en Roma la Organización Internacional de la Energía Atómica está en Viena y así sucesivamente, un grupo de países occidentales acapara todo el sistema de organismos internacionales, incluyendo los especializados.


Y ojo, hay otra cosa que es una auténtica barbaridad en el siglo XXI. Por un pacto no escrito, entre EEUU y Europa Occidental, el presidente del Banco Mundial debe ser siempre un estadounidense y el presidente del Fondo Monetario Internacional (FMI) será siempre un europeo.


Esto es una barbaridad para los países del tercer mundo porque a fin de cuentas los que presiden estos organismos especializados del sistema de Naciones Unidas- proceden del oligopolio bancario financiero occidental que aprovecha su dominio sobre esos organismos para reventar, literalmente, a los países del llamado tercer mundo en su beneficio.


Contra ese mundo, dominado por los anglosajones, es que están trabajando los países de la OSC encabezados por India, Rusia y China. Su objetivo es cambiar un modelo que mantiene la tiranía de occidente sobre el resto del orbe.


Para darnos cuenta del panorama geopolítico de este siglo 21, debemos tener una idea cabal de cómo está distribuido el sistema de Naciones Unidas, de cómo está organizado el orden internacional. Debemos entender porqué Rusia y China están empecinados en cambiar el modelo actual de las relaciones internacionales.


Chinos y rusos lo dejaron clarísimo en la declaración que suscribieron el 4 de febrero pasado. Ambas potencias piensan que hay que cambiar un modelo que encubierto es de hecho una tiranía de Occidente. Proponen un modelo multipolar más democrático basada en la Carta de las Naciones Unidas. Entre un cambio más profundo, por ejemplo, la sede de la FAO debería trasladarse al Sahel en África (la zona más afectada por los problemas alimentarios) o la UNESCO debería instalarse en Alejandría (en la magnifica biblioteca que reconstruyó el gobierno egipcio). En el fondo se trata de reconocer la importancia de los pueblos y culturas que no son occidentales.


Ahora bien, para que el sistema de Naciones Unidas sea un sistema realmente mundial de lo que debemos hablar es de dinero y no de cuestiones de carácter simbólico. Como decía al principio, en la década de los 50 del pasado siglo Estados Unidos tenia el 50 por ciento del PIB mundial, sin embargo, ahora que tiene apenas el 19 o 18 por ciento, sigue empeñado en mantener su hegemonía muy por encima de sus posibilidades.


Esta realidad nos acerca a dos panoramas bastante poco alegres:


Tal como hemos explicado anteriormente un escenario puede ser un conflicto militar global desatado por Estados Unidos para combatir a Rusia y China. Lo haría en dos frentes, uno en el océano atlántico, otro en el océano pacífico.


El otro escenario es una catástrofe financiera en el propio Estados Unidos ya que se trata de un país sobre-endeudado que sigue gastando lo que no tiene. (Y cuidado, porque en última instancia somos todos nosotros, la gran mayoría del mundo, los que al utilizar el dólar como moneda de intercambio internacional estamos manteniendo el sistema bajo la dominación norteamericana).


Para decirlo de otra de otra manera: si EEUU tuviera que responder por todos los dólares con los que ha inundado el mundo la crisis que se producirá será muchísimo peor que la de 2008. Los estadounidenses, no tienen como responder. No pueden hacer frente a todos los dólares circulantes. Estamos en el borde de una crisis que no se puede silenciar y que los expertos calculan que puede estallar alrededor de 2030.


Naturalmente el más peligroso de estos escenarios es el bélico, pero, por desgracia una cosa puede llevar a la otra y por lo tanto hablar de hegemonía estadounidense en el siglo XXI ya no tiene sentido.


La verdad es que vivimos un conflicto global provocado por unos EEUU que intentan desesperadamente mantener una hegemonía que se le escapa por todas partes. Este es el panorama real y sobre esto hay que estudiar y trabajar.


Son muchos los que no entienden las raíces de esta situación y uno de nuestros mayores problemas es la poca conciencia sobre la existencia de un conflicto que ha sido originado por una profunda crisis de Estados Unidos. Lo de Ucrania es apenas el primer acto o la primera válvula de una bomba de tiempo que, al parecer, formará parte de esta época.


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