05 septiembre, 2014

¿Es posible romper con el capitalismo desde la ciudad?


Cuestionario para la charla del 26 de abril de 2014 en la librería Eleutheria, de Madrid.

En el contexto de crisis ecológica, económica, política y social, los ataques contra el territorio se acentúan ¿Cómo impedir la destrucción del territorio desde la ciudad? 

Ciudad no es el nombre correcto para llamar a las aglomeraciones urbanas actuales, esclavas de los vehículos, sin límites, sin unidad y sin proyecto común. Es más propio el término de conurbación. Las movilizaciones en defensa del territorio pueden originarse en ella, pues la conurbación no deja de ser parte del territorio, aunque sea parte destruida. La defensa del territorio es también una defensa de la ciudad en el verdadero sentido de la palabra, al menos tanto como la defensa de la ciudad es en buena parte desurbanización. Por otro lado, la mercantilización completa del territorio, arruina lo que podía quedar de libre y gratuito en el modo de vida rural, que queda totalmente convertido en un modo de vida suburbano. Desde el lado creativo, se puede combatir perfectamente la destrucción territorial desde las barriadas urbanas estableciendo puentes con el campo, bien para instalarse allí, bien para llevarlo a la conurbación. No es necesario extenderse sobre los grupos de consumo y los huertos urbanos. Desde el lado de la resistencia, dado que el campo se halla casi despoblado, los contingentes necesarios para oponerse a los ataques han de venir forzosamente de las conurbaciones. Resumiendo: tanto en el campo como en la conurbación hay que impulsar modos de vida no capitalistas, es decir, todo lo que se pueda al margen de la economía y del Estado, al tiempo que se organiza la resistencia contra las constantes agresiones territoriales.

¿Es compatible esta oposición con el modo de vida urbano actual?

Es evidente que existe una enorme oposición entre el espacio tal como lo conforma la mercancía, y tal como sería si albergara una humanidad liberada. Lo mismo sucede con el tiempo. La forma de vivir que impone el capitalismo, pagando y cobrando por todo, es absolutamente incompatible con un modo de vida biológica y culturalmente equilibrado, solidario y libre.

¿Cómo sería la defensa del territorio desde la ciudad? La defensa de los barrios, ¿sería un buen punto de partida para defender la tierra? 

La decisión de combatir, tanto dentro como fuera de la conurbación, resulta de la toma de conciencia del conflicto real que han provocado las contradicciones del sistema de dominación, las cuales son bien visibles en la destrucción del territorio y en la exclusión social. La contradicción principal, que le viene de fuera, es la que existe entre unas necesidades ilimitadas debidas al crecimiento y unos recursos muy limitados que la tecnología no puede prolongar. En contrapartida, la mayor contradicción interna reside en la misma producción capitalista, cuando el precio del trabajo, siempre a la baja, y el estallido de las burbujas crediticias, no permiten alcanzar la cota de consumo necesaria para obtener suficientes beneficios. O dicho de otro modo, cuando la extracción de plusvalía no basta para asegurar la reproducción ampliada de capitales. La lucha social desde las barriadas está adoptando un doble aspecto; por una parte, la creación de circuitos de abastecimiento, transporte y formación al margen de la economía y del Estado; por la otra, la puesta en marcha de medios de autoorganización y autodefensa como las asambleas de barrio, las comisiones y los piquetes. Son indicadores de la descolonización de la vida cotidiana y la desestatización de la vida pública. 

Qué hacer con el concepto de clase en el marco de la defensa del territorio. ¿Existe la clase obrera? ¿Hay lucha de clases? 

El capitalismo, al apoderarse de toda la sociedad y extenderse por ella a todos los niveles, genera constantes antagonismos y estos son fuente de conflictos. La sociedad capitalista se halla dividida. Cuando un fragmento o parte es consciente de sí misma, de su fuerza y de sus posibilidades, forma una clase. Las clases no son factores sociales estables; evolucionan y se transforman de acuerdo con el resultado cambiante de las alianzas y los enfrentamientos entre sí. Son productos históricos. Desde que un poder separado llega a constituirse, hay una clase dominante y una población dominada. Que esta llegue a formar una clase para sí depende de la conciencia que pueda nacer de su resistencia a la dominación y de sus intentos por liberarse de ella. En las actuales condiciones de producción y consumo, los trabajadores no forman una clase. No quieren salirse del sistema; solamente aspiran a prosperar dentro de él. No son capaces de la menor autonomía; siempre actúan a través de mediadores. Eso es así porque el conflicto laboral no trasciende al capitalismo, no plantea su superación, sino que se mantiene siempre en su terreno: el trabajo nunca ha sido sino la otra cara del capital. La lucha por los salarios o el empleo ignora expresamente la naturaleza del trabajo y sus consecuencias. Ejemplos recientes: los mineros nunca se han planteado el impacto en el medio ambiente de las actividades extractivas; los obreros que fabrican automóviles o refrescos, o los que construyen autopistas o centrales nucleares, no se cuestionan jamás la finalidad de lo que están haciendo. No se preguntan por la utilidad social del trabajo, y mucho menos persiguen su abolición como mercancía: sencillamente desean su conservación y una mejor remuneración. Lo que realmente quieren es mantener el acceso a las mercancías, no desertar de su mundo; llevar un modo de vida consumista que han interiorizado, no desprenderse de él. La mercancía es la vida cuando la vida no es más que mercancía. Cuando cualquier otra cosa no cuenta, el acceso seguro al mercado lo es todo. Esas luchas pues, no disuelven las condiciones presentes, porque nada tienen que ver con la lucha de clases. Cuando el imperio de la mercancía es total, la clase antagónica, verdaderamente anticapitalista, no puede forjarse desde dentro, desde el trabajo, sino desde fuera, desde el vivir. En el combate por el ágora, por la justicia social; en la agroecología, en la defensa del territorio. Allí es donde mejor puede desprenderse el trabajador de la alienación que le coloca fuera de sí. Por encima de cualquier estatuto del trabajo está la constitución de la libertad. 

Si hay un éxodo urbano hacia el campo, ¿cómo sería esa transición poblacional, si fuera insostenible vivir en la ciudad? ¿Cómo afectaría al campo, a lo rural? 

La imposibilidad de supervivencia en las conurbaciones empujaría la población al campo sin duda, pero los efectos sobre el territorio dependerían de cómo se realizara el proceso. Si fuera de manera consciente, la ruralización no sería traumática ni desastrosa. Daría lugar a comunidades vecinales. Si se lleva a cabo inconscientemente, por el mordisco del hambre, la ruralización será desordenada y depredadora, ocasionando caos y violencia, pues dominarían las bandas de desesperados y las mafias. Dará lugar a miniestados militaristas. Que la humanidad del fin de la civilización transcurra por vías populistas y fascistas, o al contrario, escoja los caminos de la emancipación, no dependerá más que del desenlace de un proceso de luchas sociales más intenso que todos los del pasado. 

¿Cómo serían las alianzas entre las luchas en teoría cada vez más numerosas en defensa del territorio y otras luchas más tradicionales? 

Las luchas de tipo laboral, contra los recortes en sanidad, contra los desahucios o contra el encarecimiento del transporte público o de la electricidad, son legítimas y necesarias, pues para quien ha quedado atrapado en la sociedad de mercado la supervivencia es lo primero. Pero sólo la defensa del territorio puede darles perspectivas anticapitalistas y catalizar la formación de comunidades. La conexión de unas luchas con otras no es fácil, porque la integración que domina en unas y la segregación que debería hacerlo en otras, son fenómenos opuestos. Además, casi siempre la defensa del territorio discurre por cauces ciudadanistas, que aíslan los problemas y tratan de compatibilizarlos con el progreso capitalista. Es algo muy evidente en los conflictos “nimby” (no en mi casa, pero sí en otra parte) y en las formas de rentabilizar la exclusión conocidas como “economía social”. Así pues, en las actuales circunstancias, cuando la radicalización no parece deseable a la mayoría, de producirse una conexión lo más probable sería que se impusieran mecanismos integradores. 

¿Cómo será el equilibrio, inestable en apariencia, entre la crisis ecológica y la crisis del valor en el capitalismo? 

No hay equilibrio, hay interacción. Quienes tras la debacle financiera apuntan a la crisis del “valor”, proclaman la perdida de función del dinero, su expresión material, lo que no es cierto. El “corralito” argentino no se ha vuelto a repetir. La confianza en el dinero no se ha evaporado y por consiguiente éste conserva su valor de cambio; traduce ese valor. El desarrollo capitalista, aunque zigzagueando, sigue adelante, por lo que el descenso de la tasa de ganancia, la caída del “valor”, aún puede compensarse, principalmente con la destrucción del territorio: eólicas, fracking, cultivos transgénicos, incineradoras, infraestructuras… Por lo demás, la crisis reviste variados aspectos: económico, cultural, político, ecológico, energético, demográfico, alimentario, sanitario, urbano… Es una crisis global, signo de la quiebra de los sistemas metropolitanos y, en general, de la fragilidad del capitalismo contemporáneo. 

Cuando el barco se hunde –cuando el desarrollo se vuelve problemático– buscar la causa primera o la relación entre todas no es lo importante, pues lo que urge es ponerse a salvo y organizar tanto la supervivencia en colectividad como el desmantelamiento de la megamáquina.

03 septiembre, 2014

¿Dónde estamos?

Miquel Amorós


Según Brecht, son sombríos los tiempos en que la gente pide que se le descargue de la preocupación de defender sus intereses reales y su libertad. Son los tiempos del cínico, que abomina de la sociedad y desprecia sus convenciones, y son los tiempos también del disidente, que no quiere someterse a los hechos consumados y, a contracorriente, toma partido por la libertad. La disidencia no significa exilio interior porque actúa, y por lo tanto, corre riesgos. Es fundamentalmente resistencia y secesión. Esta posición obliga a liberarse de gran parte del bagaje teórico de la época anterior y a penetrar en la nueva sólo con lo puesto, ya que no se trata de conservar la memoria de un pasado y comunicarla de forma ortodoxa a los nuevos individuos conscientes, sino de incitar a pensar, de provocar un diálogo entre los que se reconocen iguales sin temor a contradecirse. Para encontrar soluciones primero hay que suscitar preguntas. La crisis del pensamiento revolucionario no podrá ser remontada sino en condiciones de libre discusión; en una situación de crisis, el anquilosamiento ideológico y su consecuencia principal, el vacío teórico, son la verdadera catástrofe. No se puede permitir que el enemigo se despache a gusto cuando tiene de su parte fuerzas ingentes: la pérdida de esa batalla, la de las ideas, acarrea la derrota de todas las demás.

Es necesario sacar conclusiones tanto de la constatación de la capacidad del capitalismo de superar sus propias contradicciones o de instalarse cómodamente en ellas, como de la evidente incapacidad de los obreros en hacer su revolución y de la disolución del proletariado como clase social. Todo ello implica la superación capitalista del conflicto, la desaparición de las crisis generales, y por consiguiente, la refutación de una supuesta necesidad histórica objetiva que nos conducía, inevitablemente, hacia la lucha final. Y nos sitúa teóricamente en la posición de los anarquistas y de los socialistas premarxistas, que deducían la lucha por la emancipación humana de la perversidad del mundo y de la voluntad consciente de los oprimidos. Las frecuentes crisis parciales que se dan a causa de la imposición constante de condiciones de vida peores que las anteriores puede generar ilusiones respecto a un retorno de la lucha de clases, o sea, a un replanteamiento de la cuestión social, pero en vano. La cuestión social no puede mostrarse espontáneamente como conflicto que emana de un antagonismo entre dos partes irreconciliables en tanto que lucha de clases, porque la derrota definitiva del proletariado industrial ha eliminado la posibilidad de una crisis total –y por lo tanto, la posibilidad de un conflicto real–y favorece que las luchas actuales sean débiles y manipulables, y en consecuencia, recuperables por el sindicalismo, los partidos, los ecologistas o el humanitarismo de izquierdas.

Walter Benjamin apuntaba que el fracaso del proletariado histórico residía en su “progresismo”, en la creencia burguesa del progreso: “Nada ha corrompido tanto a la clase trabajadora alemana como la idea de nadar a favor de la corriente. El desarrollo técnico era el sentido con el cual creía estar nadando. A partir de ello no había más que dar un paso para caer en la ilusión de que el trabajo en las fábricas, por hallarse en la dirección del progreso técnico, constituía de por sí una acción política. La antigua moral protestante del trabajo celebraba su resurrección en forma secularizada entre los obreros alemanes (…) Tal concepción no quiere ver más que los progresos del dominio sobre la naturaleza y se desentiende de los retrocesos de la sociedad” (Tesis de filosofía de la historia). La moral obrerista apartaba a los trabajadores del planteamiento de la cuestión histórica por excelencia, la cuestión del progreso. La mayor parte de la crítica social ha considerado siempre que los avances científicos y técnicos eran aliados absolutos del proceso emancipador y jamás imaginó que, en tanto que creadores de nuevas servidumbres, iban a hacer de la dominación algo insuperable. Así pues, los obreros eran separados de la producción automatizada – la cual ya no podían concebir claramente como obra suya ni por otra parte cuestionarla- sin hacer la crítica de la máquina, sin rebelarse con la el maquinismo como sus predecesores, hace casi dos siglos. La superioridad de aquellos obreros luditas residía en que ellos sí que sabían a qué miseria les condenaban.

No se podrá ir a ningún lado si no se rompe con la concepción de la revolución como reapropiación del aparato productivo existente, ni se admite que la emancipación humana pasa por la destrucción del sistema industrial. Consignas que pertenecían al “estadio anterior del desarrollo económico objetivo” como la ocupación de las fábricas, el control obrero de la producción o la autogestión generalizada, han envejecido y son palpablemente equívocas; solamente partiendo de ese punto podremos identificar las necesidades reales de los individuos y elaborar una crítica auténticamente subversiva. Lo cierto es que, al contrario de lo que decía Marx, hay que renunciar a transformar el mundo con ayuda de todos los grandes recursos propios de este mundo, e intentar conseguir su redención a espaldas del sistema dominante, con todos los medios ajenos a la dominación.

La idea directora de la crítica revolucionaria ha de ser la de la autonomía de la técnica. En nuestra sociedad el hombre es servidor de la máquina y la técnica abarca todos los sectores de la existencia, determinando a la vez las relaciones de los individuos con la naturaleza y las relaciones – hoy en estado de anomia- que mantienen los individuos entre sí. No queda ningún aspecto de las relaciones humanas que no haya sido tecnificado y, por lo tanto, relegado al control de expertos. Ya no es el sistema económico el que determina la naturaleza de la técnica, la política y el grado de complejidad del mundo. Es la técnica la que, fundamentándose en el conocimiento científico, ha ordenado la economía al dictado de sus propias exigencias y se ha apoderado de la sociedad entera, mientras que los individuos han acabado siendo perfectamente equiparables y reemplazables por máquinas. La ideología humanista burguesa se ha deshecho y el “hombre”, es decir, el burgués idealizado, ha dejado de ser la medida de todas las cosas. Quienes hacen historia son las máquinas, los humanos solo las padecen. 

La técnica es la falsa conciencia de una época de individuos reificados, convertidos en cosas. La tecnociencia moderna impone una organización social determinada donde la regla general es la tendencia de la élite a acumular poder sin control. La novedad consiste en que esa concentración de poder no se realiza mediante la expansión del aparato estatal, es decir, no sigue el modelo de la burocratización, sino la línea eminentemente técnica de la eficacia y el rendimiento.

La civilización industrial ha sido creada por la técnica. Desde entonces, la historia mundial es cada vez más historia de la técnica. En los albores del proceso, los socialistas utópicos reconocieron en la máquina, o lo que es lo mismo, en el crecimiento explosivo de la capacidad de producción, la amenaza de un desarrollo cultural que fragmentaría al individuo y atacaría la raíz misma de la libertad y la vida, y trataron de conjurarlos con proyectos basados en el control de los medios técnicos y en el rechazo del sistema de mercado, ignorando cualquier consideración económica. Posteriormente, el socialismo político y el sindicalismo fueron manifestaciones de tendencias a la autoprotección de los destrozos del mercado, pero a costa de un compromiso con la máquina. Según Karl Polanyi “La industrialización fue un compromiso, nada fácil, entre el hombre y la máquina, en el cual el hombre se perdió y la máquina encontró su camino” (El sustento del hombre).

Un programa que contemple la reorganización de la sociedad sobre bases descentralizadas y comunitarias, sobre el “ágora”, a través del desmantelamiento de la producción actual, del control asocial de los medios técnicos y de la adopción de tecnologías descentralizadoras, de la supresión del mercado y del espectáculo, de la desaparición del transporte privado, de la recuperación del campesinado, etc, ha de saber que está pidiendo explícitamente un retorno a las condiciones precapitalistas, al trabajo artesano a la fiesta, a la tradición y a los lazos comunitarios, a los ritmos vitales relajados, al derecho consuetudinario, a la economía del sustento y a la sociedad del estatus, en donde “lo que importa no es la utilidad de uno sino lo que se es" (Cicerón). Pero no es un retorno en el tiempo, no es una vuelta al pasado: es una liberación que sueña más que calcula y que carga con la experiencia de dos siglos de capitalismo y de absolutismo tecnológico; es un viaje por encima del cadáver de los nuevos señores feudales del mercado mundial.

En la actualidad, la escolarización prolongada, el reciclaje y la asistencia social, son los medios empleados profusamente para mantener a una parte cada vez mayor de la población fuera de la producción, por cuanto que se ha convertido en fuerza productiva innecesaria que hay que desmovilizar, métodos que corren a cargo del Estado y que son presentados como logros sociales y expresión de un supuesto “bienestar”. Por estos procedimientos, jóvenes, parados y demás excluidos, son apartados de los circuitos de la productividad, pero son conservados como consumidores. La mundialización ha disparado los gastos sociales al punto de afectar otras necesidades más significativas del Estado como la dotación policial y la compra de armamento. Ante el recurso a los impuestos, los estrategas del poder han promovido políticas tendentes a la creación de un espacio de dispersión de fuerzas productivas inútiles, mediante el fomento de actividades “sin ánimo de lucro” financiadas por el Estado con desgravaciones fiscales. En lo esencial, se trata de que el Estado vaya cediendo la gestión de los servicios sociales y del reciclaje de los individuos a organizaciones inofensivas de voluntarios o de colectivos juveniles adictos, o simplemente a cretinos “sin fronteras”, de modo a desarrollar una economía intermedia que neutralice a los inservibles para el mercado globalizado del trabajo. Dicha economía, destinada a crecer en los próximos años –llamada en Francia “economía social”– es responsable de más del 6% del empleo. Un objetivo económico de este tercer sector (ni público ni privado), consiste en alcanzar la autofinanciación con la constitución de comunidades autosuficientes y el establecimiento de redes de comercio paralelo (llamado “justo”), aderezados con la ideología filantrópica y ecologista de rigor. La denuncia de tales prácticas, por las ilusiones que pueden generar, es tan importante para los desertores del sistema como lo fue la denuncia del ecologismo en la luchas contra la contaminación. La deserción no tiene nada que ver con los paliativos. La deserción no coopera con la dominación ni acepta su dinero; sabe que el establecimiento de condiciones de vida humanas no resultará del hecho de ocupar las posiciones abandonadas en los mercados internacionales por los propietarios del mundo. No ofrece soluciones sino que le pide cuentas: la deserción se aparta del sistema pero sin dejarlo tranquilo.

Sabemos que la economía globalizada está transformando íntegramente a la naturaleza en materia de gestión económica, lo que significa que la tierra fértil, los bosques, la pesca o el agua dulce, por ejemplo son considerados elementos estratégicos de la mundialización, como el petróleo, los pesticidas y la energía nuclear, y disfrazados de constituyentes de la “seguridad nacional”, asunto en realidad de las altas instancias reguladoras del mercado. Ahí no son admitidos los ecologistas porque todavía no son un poder fáctico y no pueden aspirar más que a una participación de base en la gestión de los efectos nocivos ambientales. Se trata de una economía de guerra que no quiere camuflar la miseria ni tampoco incrementar el control sobre la población, sino que, con el mismo pretexto de racionalización con que antaño burocratizaba el mundo, hoy se desentiende de la nocividad no rentable, coloca a la gente desechable para el mercado en economías de subsistencia y descentraliza el control social, poniéndolo en manos de dirigentes “no gubernamentales”. Es una operación de aislamiento del pauperismo dentro del propio sistema que lo produce, a través de economías marginales gestionadas por una pléyade paraestatal de ONGs, sindicatos, fundaciones, iglesias, etc, pero también por rackets independientes como mafias, sectas o bandas, encargadas de los aspectos menos aceptables de dichas economías, como la protección o el contrabando. Se trata entonces de consagrar una nueva división de la sociedad entre excluidos e integrados en el mercado, y que se está materializando en el desarrollo imparable de incontrolados ghettos. 

La gestión del caos ya no es de interés específico para la dominación. Se domina todo dominado sólo una parte: es la ley de la rentabilidad represiva decreciente la que determina las dimensiones de la pirámide policial. La producción de mercancías produce por igual lo insoportable y los hombres capaces de soportarlo. Los progresos de la alienación no suceden en medio de la pasividad de las masas sino con su participación activa y entusiasta. Nunca se ha resaltado lo bastante el papel contrarrevolucionario de la miseria, del lado malo que, al desarticular la lucha, detiene el movimiento que hace la historia. Y se ha olvidado el efecto ideológico del desclasamiento que ha producido la proletarización del mundo. Wilhelm Reich señaló el papel de la ideología dominante como fuerza material -bautizándola como plaga emocional- de la contrarrevolución, la cual se alimenta de la falta de dominio de los individuos sobre sus propias vidas. En la base del sometimiento yace un conflicto emocional y afectivo que desactiva el potencial rebelde de los individuos. Pero resulta que el corolario de la proletarización mundial es la liquidación del individuo, que, “como todos los procedimientos individualistas de producción, aparece históricamente anticuado y a la zaga de la técnica” (Adorno, Minima Moralia). Y la desaparición del individuo, su transformación en muchedumbre vacía, aislada y sustituible, abre el momento de la reflexión, del repliegue, de la contradicción, y obliga a nuevos planteamientos. Adorno sigue diciendo que “quienes no deseen entregarse de lleno al individualismo de la producción espiritual ni lanzarse de cabeza al colectivismo de la sustituibilidad igualitaria y despectiva del hombre, están obligados a un trabajo en común libre y solidario bajo una común responsabilidad”. Inicialmente son dichos colectivos los únicos que están en conflicto con el sistema, pero ese conflicto todavía no afecta a sus fundamentos, porque no contiene en sí mismo un proyecto superador, es decir, aún no es histórico. A medida que el movimiento social desaparece, que los desposeídos son una masa incapaz de movimiento propio, los antagonismos no se perciben y las crisis no suceden. De la parte de los oprimidos no puede salir nada peculiar, ninguna iniciativa histórica. 

En su propia situación no encontrarán las condiciones para comenzar una lucha que no sea mera negatividad y descontento. Entonces son los grupos de disidentes quienes ocupan el lugar de la “organización de clases”, ya que clase no hay. Quienes contraponen a la inactividad social la difusión de sus puntos de vista. Quienes propugnan un movimiento social sin tildarse ellos de movimiento social. Quienes se camuflan dentro de las luchas y critican la miseria de la vida cotidiana. Son, hegelianamente hablando, la conciencia de lo afirmativo, y están en el terreno de los utópicos, recordándonos la posibilidad real de un sistema nuevo, quienes diagnostican y no recetan, quienes preparan sus experimentos sociales sin anunciar panaceas. Quienes nos dicen, como Babeuf, que no creen “que la posibilidad eventual de un retorno al estado de la comunidad sea una fantasía” (El Tribuno del pueblo).

Es importante la propia existencia coordinada de quienes se oponen a la dominación porque demuestra la posibilidad al margen de ella. Estos grupos avanzan negativamente, sin definir demasiado un proyecto positivo, pues ahora importa más saber lo que no se quiere, y la experiencia colectiva merece mucho más interés como negación de una sociedad condenable que como afirmación particular de una práctica limitada. Es la capacidad de vivir afuera lo que dificulta la reproducción y lo que, si consigue generalizarse, ha de disolverlas. Por ahora lo único que pueden ofrecer a sus contemporáneos es un lugar donde ejercer sus cualidades, un medio para comenzar a concertarse y construir una sociedad dentro de otra y a la vez, aparte. Un proyecto de acción colectiva de ese estilo coloca en el mismo plano las virtudes dela sociabilidad, el amor a la libertad y las capacidades revolucionarias. Y la negación de ese proyecto adopta la forma del carácter. Reemprendiendo una vieja polémica anarquista, se debe recalcar el lado colectivo de la acción, la pasión común, frente a la individualidad, demasiado afectada por el carácter, pero sin olvidar que el factor subjetivo, la voluntad individual, ha de ser la fuerza motriz de la historia. El intento de excluir el capitalismo de nuestras vidas no es una llamada a la marginalidad; no es más que el empeño por conservar y ampliar las relaciones humanas en nuestro entorno, y dicho intento es ahora el punto central de la acción, el elemento a partir del cual se van a elaborar proyectos de exclusión más ambiciosos.

Quien apuesta contra el capitalismo está apostando por la revolución y reivindicará sus formas autónomas de lucha que son, según la crítica radical de los sesenta, “la parte no vencida de un proyecto vencido”. Pero lo que distinguirá como revolucionario a comunas, coordinadoras, consejos, asambleas, etc, será su talante, su función y su acción, o sea, su contenido. Y éste ha de ser antiindustrial, societario, libertario. Porque el primer objetivo de toda revolución es “la constitución de un espacio público donde aparezca la libertad, la constitutio libertatis” (Hannan Arendt, Ensayo sobre la Revolución). El resto llegará desde allí o no llegará.

Este escrito de Miguel Amorós ha aparecido en el libro “Golpes y contragolpes, la acción subversiva en la más hostil de las condiciones”, editado por Pepitas de calabaza y Oxígeno.
               pepitas@pepitas.net
               oxigeno@pepitas.net

30 agosto, 2014

LA INSUMISIÓN ELECTORAL

http://argelaga.wordpress.com/2014/07/23/la-insumision-electoral/

Escrito de Miquel Amorós para fundamentar la negativa de una compañera a participar en la mesa electoral donde había sido designada.
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“El sufragio universal, en tanto que elemento activo en una sociedad basada en la desigualdad económica y social, nunca será para el pueblo otra cosa que un señuelo, y que en manos de los demócratas burgueses nunca será nada más que una odiosa mentira, el instrumento más seguro para consolidar con una apariencia de liberalismo y justicia, y en detrimento de los intereses y de la libertad populares, la eterna dominación de las clases explotadoras y propietarias.” Bakunin

Si bien estas palabras fueron escritas en 1870, es decir, hace ya siglo y medio, su vigencia no puede ser más absoluta. Lo que era verdad en los albores de la sociedad burguesa, no deja de serlo aun con mayor contundencia en sus postrimerías. Aprovechemos las circunstancias para deshacer un equívoco interesado y precisar que cuando se habla de “democracia”, en realidad se trata de parlamentarismo, la forma política mejor adaptada a la prevalencia de los intereses oligárquicos. La multiplicación de elecciones a los distintos parlamentos no ha hecho más que perfeccionar las herramientas mediante las cuales las masas dirigidas cooperan en la construcción de su propia cárcel. Los parlamentos, lejos de representar la voluntad popular, lo que en verdad representan es la legitimación de la corrupción política y del despotismo económico y financiero. La voluntad popular es una pura entelequia, un fantasma incapaz de materializarse en algo distinto a una casta política asociada a intereses privados corporativos.

Las fantasías políticas son un alimento que no engorda. Tanto se podría llamar al parlamentarismo democracia como dictadura pues goza atributos de ambos; lo que sí es cierto es que no se corresponde en absoluto con la voluntad popular. Ésta solamente puede nacer de la libertad, de los espacios de discusión libres, no de los monopolios mediáticos, de la indiferencia, el conformismo o la sumisión. ¿Cómo podría pues reconocerse a un parlamento que no es sino la correa legislativa de la opresión? El mejor de los parlamentos es el que no existe. Por lo tanto, si una verdadera voluntad popular consiguiera expresarse, no podría hacerlo en ellos. Nunca como hoy nos hizo menos falta el parlamento –no hablemos ya de la política- y nunca como hoy dicho parlamento nos ha tiranizado tanto.

Los parlamentos no son la solución; son el problema. Sólo representan a la minoría dominante. El ritual seudodemocrático que los legitima, las elecciones, es una farsa. Nadie que no se haya resignado a los hechos consumados, a la razón de la fuerza, a la violencia capitalista, podrá reconocerse en ellos: la dignidad, la razón, la justicia se lo impiden. No puede hacer dejación de su conciencia y de su integridad en favor de la ley, pues ésta no es obra de personas ecuánimes y justas; es más, si tal hiciera, estaría colaborando con la injusticia y la opresión. El interés real de la sociedad oprimida obliga moralmente a la desobediencia.

Que no se entienda nuestro rechazo del parlamentarismo como un rechazo de la democracia. Lo que abominamos es del Estado y de sus principales tentáculos, no de la democracia antiestatal, horizontal, asamblearia, la que realmente nos protegería. El Estado parlamentario, lejos de protegernos, simplemente nos atemoriza, nos amenaza, nos impone maneras de vivir sumisas. Nos permite existir bajo condiciones enteramente dispuestas por él.

“Existen leyes injustas: ¿debemos estar contentos de cumplirlas, trabajar para enmendarlas y obedecerlas hasta cuando lo hayamos logrado, o debemos incumplirlas desde el principio?” David Henry Thoreau

Thoreau, el padre de la desobediencia civil hizo lo último. Es evidente que una ley que reafirme el dominio de la clase dominante es una ley espuria, promulgada en comisiones espurias emanadas de parlamentos espurios. Y que debido a su naturaleza profundamente arbitraria y a su carácter discutible y dudoso, violente las conciencias que tratan de regirse por consideraciones éticas, apelando a la libertad y al bien común. La ley ilegítima ha de tropezar primero con el derecho a la defensa de las propias convicciones, y por lo tanto, con el deber de desobedecerlas. Pero las constituciones paridas por los parlamentos no reconocen por razones obvias ni la objeción de conciencia ni la desobediencia. Precisamente su carácter ilegítimo impulsa a los legisladores a defender mediante castigos ejemplares la farsa legal. De otra forma ofrecería facilidades para ser desenmascarados.

La ley electoral no prohíbe la abstención, puesto que ésta no altera los resultados; sin embargo obliga a participar en las mesas electorales a quienes son unilateralmente designados para ello, bajo pena de multas y prisión. No tiene en cuenta el conflicto posible entre la normativa electoral y los principios morales de los individuos. Estamos entonces ante un derecho conculcado por la norma jurídica, el de resistir a los mandatos de la autoridad –siempre usurpadora- que violan las convicciones morales; en resumen, el derecho natural a resistir la tiranía política.

La mayoría no son todos. A pesar de que una gran parte de la población, por inconsciencia, por costumbre, por beneficiarse de ello, o por cualquier otra razón, acepta irresponsablemente la autoridad estatal originada en los parlamentos -autoridad que consolida la desigualdad social y el dominio de una clase enquistada en la política y las finanzas- hay una minoría a la que repugna colaborar con la injusticia, negándose por razones de conciencia a acatar el ordenamiento vigente en materia de elecciones. Siente que como mínimo su derecho al desacuerdo ha estado conculcado y que su opinión no ha sido tenida en cuenta, por lo que recurre a la insumisión, enfrentándose a las leyes que regulan la servidumbre.

La insumisión electoral, más todavía que la abstención, es una forma pacífica de disidencia que se desprende de un no-reconocimiento personal de los partidos, el parlamentarismo y el Estado, entidades en las que el disidente no se siente representado. Es el rechazo concreto de una normativa odiosa e inicua que vulnera las convicciones libertarias del elegido. El insumiso, mediante su negativa a participar en nada que legalice políticamente la dominación, antepone su conciencia al nefasto ordenamiento legislativo, y decide arrostrar las consecuencias de su insumisión antes de dar un sólo paso hacia el atropello y la desigualdad. La insumisión es la cara opuesta a la servidumbre voluntaria típica de las mayorías ovejunas.

La tiranía opresora no duraría un segundo si nadie consintiera en sufrir su yugo. Cesando de aceptar la tiranía, sin ni siquiera necesidad de lucha, todos recobrarían la libertad. Pero revolcándose los individuos en el barro de la sumisión, se complacen en vivir como han nacido, sin exigir otro derecho que el que se les ha otorgado. No obstante, a pesar del empeño que ponen los dirigentes en envilecer a todo el mundo, siempre hay quien no acata de buena gana lo que antaño otros solamente acataron a la fuerza, y trata de recuperar al menos un poco de la libertad que a aquellos les arrebataron. A los insumisos, las palabras de Etienne de La Boëtie en tiempos en que los ejércitos de Henri II sembraban el terror en Francia les han de resultar familiares:

“Resolveos a no ser esclavos y seréis libres. No se necesita para esto pulverizar al ídolo; será suficiente no querer adorarlo; el coloso se desploma y cae a pedazos por su propio peso, ya que la base que lo sostenía llega a faltarle.”

19 agosto, 2014

Gaza 2014: La contribución de Europa a las matanzas de Israel

Jean Feyder

Action Solidaire Tiers Monde

Intervención del autor durante la manifestación organizada por CPJPO el 7 de agosto 2014.

Los crímenes cometidos por Israel durante las últimas semanas en Gaza no habrían sido posibles sin la complicidad de los Estados occidentales, Estados Unidos en primer lugar, pero también los Estados europeos.

En el plano militar existen graves complicidades entre Europa e Israel por medio de la cooperación de 13 de los 28 Estados miembros, en particular Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, España y Bélgica. El valor de las licencias de exportación de armas a Israel emitidas por los gobiernos de la Unión Europea (UE) ha pasado de 157 millones de euros en 2011 a 630 millones en 2012, es decir, ha tenido un aumento del 290%. Algunos especialistas calculan que el valor real de esta cooperación se eleva a miles de millones de euros y no a cientos de millones.

La cooperación militar, sobre todo nuclear, se desarrolló entre Francia e Israel a partir de 1956. Se suspendió con el presidente de Gaulle en 1967 antes de que el presidente Sarkozy la relanzara. Funciona gracias a unos imperios económicos en Francia, como el grupo Lagardère. Se trata de un imperio en primer lugar mediático. Controla televisiones como MCM, radios como Europe 1 y RMF, diarios como France Dimanche, le Journal du Dimanche y Nice-Matin, revistas como Paris Match, Marie-Claire, Télé 7 Jours y Elle, y editoriales como Hachette y Grasset.

Pero Lagardère también es un gran comerciante de armas con EADS, principal consorcio militar europeo. EADS también controla Airbus. La sociedad EADS colabora estrechamente con la empresa Israel Aircraft Industries, especializada en la fabricación de drones. Esta asociación opera con la cooperación del Estado francés cuya Dirección General de Armamento (DGA) ha puesto en marcha un programa de dos mil millones de euros en previsión de fabricar 40 drones para Europa. ¿Para que sirven estos aviones no tripulados? Para espiar a la población palestina con el fin de preparar los ataques del ejército israelí. Pero la operación en Gaza nos ha enseñado que algunos de estos aviones están equipados con cargas y atacan blancos en el suelo. Las últimas semanas nos han demostrado la terrible eficacia de esta cooperación en la fabricación y puesta a punto de estos artefactos de muerte y destrucción. Volveré enseguida sobre ello.

Paso a Italia. Sin duda más que cualquier otro país europeo, Italia ha ofrecido un apoyo concreto para este último ataque israelí a Gaza. Cuando empezaron las masacres a principios de julio ofreció a Hatzerim, una base aérea en el Negev, dos aviones de adiestramiento a reacción M-346. Estos aviones (los más "avanzados" de su tipo, según los fabricantes) se utilizan para adiestrar a los pilotos en operaciones que simulan las que se han ejecutado durante el pasado mes de julio a costa de 1.800.000 gazatíes.

Los dos aviones son los primeros de un lote de treinta aviones de adiestramiento M-346 comprados por Israel en 2012 a Alenia Aermacchi, una empresa de Finmeccanica Group, el primer fabricante de armas italiano. Forman parte de un mercado público "recíproco" que favorece con mucho a Israel. Los 28 aviones restantes se tienen que entregar en 2016. 

El próximo mes de septiembre Cerdeña tienen intención de acoger unos ejercicios militares internacionales. En ellos debe participar el ejército del aire israelí, el mismo que bombardea a las mujeres y niños de Gaza.

Alemania lleva a cabo una cooperación militar con Israel desde la década de 1950. En los últimos años ha proporcionado a Israel equipamientos para los carros de combate israelíes Merkava 3 y Merkava 4 que ocuparon el Sur de Líbano en 2006 y Gaza ya en 2009. También le suministra baterías de defensa antiaérea tipo Patriot. Otros dominios de cooperación cubren equipamientos de comunicaciones y los sistemas electrónicos y ópticos. Esta operación siempre se ha mantenido bajo un fuerte secretismo. Es lo que quiso denunciar el premio Nobel de literatura Günther Grass hace dos años cuando escribió en Süddeutsche Zeitung el poema "Was gesagt werden muss" [Lo que hay que decir]. Quiso revelar que Israel es una potencia nuclear que amenaza la paz mundial y puso en tela de juicio el suministro a Israel por parte de su país de submarinos susceptibles de ser equipados después con cabezas nucleares. Advertía que Alemania podría resultar cómplice en caso de un ataque nuclear preventivo de Israel a Irán. En 2005 Berlín y Tel-Aviv cerraron un contrato de venta de submarinos convencionales tipo Dolphin, el sexto de cuyos ejemplares estaba a punto de ser entregado. Grass había denunciado el "silencio generalizado" que pesa sobre esta cuestión y hablaba de una "mentira pesada" porque "el veredicto de antisemitismo caerá automáticamente" sobre quien rompa el silencio. Este artículo de Grass desencadenó una enorme polémica en Alemania**.

En el caso de Reino Unido existe una estrecha colaboración entre el gobierno británico y el ocupante israelí. Esta pasa especialmente por una cooperación con la empresa de armamento israelí, Elbit Systems, el mayor productor de equipamiento para los drones. Es el primer exportador del mundo de estos aviones sin piloto.

El drone Hermès de Elbit es el más utilizado por el ejército israelí, sobre todo en Gaza, donde se ha utilizado contra la población civil gazatí el drone 450, equipado con dos misiles de alcance medio. En 2010, 2011 y 2012 se exportó a Israel el material para drones fabricado en esta fábrica de Birmingham y estos drones se están utilizando en las actuales masacres de Gaza, sobre todo el Hermes 450, que ya había causado multitud de víctimas durante la ofensiva "Plomo Fundido" en 2008/2009.

Como la mayoría de las empresas de armamento israelíes, Elbit se beneficia de la ocupación israelí en Palestina. La industria israelí "de protección de la patria" utiliza la ocupación como laboratorio para probar el funcionamiento de sus métodos de ocupación y de control, y a los y las palestinas como cobayas involuntarios. Esta tecnología israelí se vende a continuación a regímenes que también están interesados en la represión de las personas pobres y marginadas, como, por ejemplo, Estados Unidos, donde Elbit ha ganado un lucrativo contrato de 155 millones de dólares para suministrar técnicas de vigilancia a la frontera entre México y Arizona.

El colmo de la perversión del sistema es que en las Bolsas estadounidenses las acciones de Elbit se negocian a la alza desde el inicio de esta última ofensiva israelí contra Gaza. Su cotización ha aumentado un 6,1%.

Tengo que añadir que toda esta cooperación militar de los europeos se hace en violación de un Código de Conducta de la Unión Europea, que en 2008 se convirtió en posición común, por lo que es jurídicamente vinculante. Según la posición común, "los Estados miembros están determinados a impedir las exportaciones de tecnologías y de equipamientos militares que se podrían utilizar con fines de represión interna o de agresión internacional, o contribuir a la inestabilidad regional". Entre los ocho criterios que se enumeran en la posición común figura "el respeto de los derechos humanos en el país de destino final" y el "respeto del derecho humanitario internacional por parte de este país". Otro criterio se refiere a la "preservación de la paz, la seguridad y la estabilidad regionales".[1]

Al hacerse público el reparto de las exportaciones por destinatarios, se consta que desde 2001 y en un periodo de ocho años veinte Estados de la UE exportaron en diversos grados material militar a Israel. Entre estos veinte Estados figura Luxemburgo con la concesión de una licencia. Francia totaliza el 50 % de las exportaciones [2]. Todo esto demuestra que la hipocresía de Europa es flagrante.

Un único punto positivo: el gobierno español decidió suspender provisionalmente su cooperación militar con Israel. Reino Unido anuncia que quiere revisar sus licencias de exportación militar.

Alto a toda cooperación militar europea con Israel. Hay que saber que Israel no puede actuar solo, sino únicamente con el apoyo de gobiernos y de multinacionales que tienen nombres y direcciones. Para un grupo de militantes británicos de BDS [boicot, desinversión y sanciones a Israel] es el momento de que, con el fin de aislar a Israel, el movimiento de solidaridad con Palestina pase a una velocidad superior en sus acciones contra aquellos que apoyan a Israel de esta manera y se aprovecha del apartheid israelí. Nueve militantes ingleses de este grupo que actuaban en el marco de la campaña de BDS dieron ejemplo y ocuparon el tejado de la empresa Elbit cerca de Birmingham. Cerraron la fábrica de armas israelíes. Exigen que el gobierno británicos deje de colaborar militarmente con Israel y que cierre definitivamente la fábrica Elbit Systems, el mayor productor de equipamiento para los drones.

"Cuando nuestros gobernantes apoyan crímenes contra la humanidad, la sociedad civil tiene que actuar", afirmaban en un comunicado, que añadía que lo que compra el gobierno británico son estos drones que se han probado masacrando a palestinos y palestinas. El primer ministro británico David Cameron tiene sangre palestina en las manos y es urgente que deje de fomentar la ocupación, el apartheid y el colonialismo israelíes decretando inmediatamente el embargo militar de Israel, empezando por estos drones que son un elemento clave del arsenal de la muerte israelí.

Acabo recordando que en el reciente llamamiento que el CPJPO* dirigió a nuestro gobierno también le pedíamos que se comprometiera en favor de la detención de toda cooperación militar con Israel y podríamos añadir que esta petición se hace igualmente en aplicación de la posición común de 2008. ¡Que Europa respete por fin sus propias leyes!

* N. de la t.: Comité por una Paz Justa en Oriente Medio.

** N. de la t.: Véase, "Günter Grass y el antisemitismo", Ernesto Gómez Abascal,



[2] Ibid.


13 agosto, 2014

Grecia. Carta de la compañera anarquista Pola Roupa, miembro de Lucha Revolucionaria en clandestinidad

(Traducido por lxs compañerxs de Contrainfo)
Nikos y Pola, durante el juicio en su contra

El 16 de julio de 2014, el compañero Nikos Maziotis, miembro de Lucha Revolucionaria, cae sangrando por la bala de un policía, tras una furiosa persecución que desataron los perros armados del régimen. El compa da la batalla contra los pacos que le perseguían. Todo el aparato estatal festeja por el arresto del “buscado más peligroso” del país. Lo mismo hace el criminal y verdadero cabecilla terrorista Samaras, que con su gobierno tomó las riendas de los anteriores gobiernos a favor de los memorandos en la campaña del más grande genocidio social que ha ocurrido en el país en tiempos de “paz”. Samaras usa el arresto de Maziotis como herramienta para estabilizar su tambaleante gobierno y para sostener un régimen político y económico con cimientos podridos, que desde hace años se ha desacreditado en las conciencias sociales.

El arresto de un revolucionario del rango político de Nikos Maziotis es para el régimen político y económico, no solo en Grecia, sino a nivel internacional, un “gran éxito”, como se expresó por los Estados Unidos. Eso es porque el arresto del compa se percibe por parte de nuestros enemigos como un golpe a la lucha por el derrumbe del régimen, como un golpe a la lucha por la liberación del yugo del capitalismo y del Estado, como un golpe a la lucha por la revolución social. El tamaño de la amenaza que representa Maziotis para el régimen se refleja en los altos tonos de las asquerosas celebraciones del Poder político en Grecia y el extranjero. Porque el compa y Lucha Revolucionaria, organización a la cual pertenece, están intrínsecamente ligados a la desestabilización política del sistema, minando este régimen podrido. Están ligados a la firme guerra contra la dominación y la barbarie contemporánea. Están ligados a la lucha por el derrocamiento del Estado y del capitalismo, están ligados a la revolución social. El compa Nikos Maziotis estuvo y continúa dedicado a la revolución. Por eso luchó, por eso lucha, por eso le consideran como el mayor peligro para el régimen. Así que el peso político de este caso debe ser el parámetro primordial para la solidaridad con el compañero.

Actualmente, Maziotis está preso de la guerra social y de clase. No es justo que esté él en la prisión. Lo justo sería estar libre, luchando por la revolución social. Lo justo sería que en su lugar estuviesen los responsables de la miseria del pueblo griego, los que votaron y aplican los memorandos, llevando cadenas y siendo juzgados por los tribunales populares. Debería estar allí la élite económica, los ricos que chupan la sangre de los proletarios, la élite política y sus siervos. Lo justo sería que estuviesen atados con cadenas Samaras, Venizelos, Papandreou, Papademos y sus organizaciones criminales, los de la Troika y los altos mandos de la Unión Europea. Los patrones griegos y extranjeros, que para sus intereses económicos se devasta el país y la gente que vive en este. Estos son los verdaderos terroristas y ladrones. Estos son los brutales criminales y asesinos.

Los festejos por el arresto fueron acompañados por los esperados ataques de la propaganda estatal que fue reproducida y en gran medida creada por los altavoces del Poder, los medios de comunicación masiva. Ataques que buscaban manchar el carácter revolucionario del compañero y que tuvieron como bandera el enfrentamiento armado en la zona de Monastiraki, donde el compa se presenta como “pistolero sin escrúpulos” que abre fuego indiscriminadamente, mientras que los pacos “luchan para neutralizarlo” sin usar armas. Se supone que los pacos dispararon solo una bala, y esta para “neutralizar” al compa. Que asquerosos mentirosos y que hipócritas son, tanto los del aparato estatal, como también los sapos del régimen en los noticiarios! “Estaba disparando entre la gente”. ¿Quién eligió el lugar de este enfrentamiento? ¿Quién comenzó la persecución? ¿O es que Maziotis debería haber abandonado el arma y rendirse sin luchar?

Los pacos optaron conscientemente por llevar a cabo un enfrentamiento armado en un sitio lleno de gente. El compa fue obligado a defenderse. Después de hacer desaparecer lo más rapido posible de la publicidad uno de los turistas que declaró que fue baleado por un policía, afirmaban constantemente a través de los media que dispararon sólo una vez, mientras que el compa ocho. Pero aún con la única sospecha de que la persona que perseguían fuera Maziotis, estaban dispuestos a disparar incluso con armas automáticas para que no les escapase. Porque lo que estaba en jaque para ellos era de gran importancia política y no les interesaba para nada si la operación iba a realizarse entre decenas de personas. Tampoco si alguien moría. Al fin y al cabo, echarian la culpa al compa. ¿Quien podría desmentirles?

En cuanto a las ridículas afirmaciones de que supuestamente le habían localizado unos días antes, estas fueron dichas dentro del contexto de la propaganda estatal para no admitir que se trataba meramente de un suceso aleatorio. Esto es algo que se nota también de sus versiones contradictorias. Por una parte afirman que el compa fue reconocido por una secreta poco antes del enfrentamiento y por otra parte que le había reconocido otro secreta los días anteriores en alguna parada del metro. Si fuera verdad que le habían localizado los días anteriores, nos habrían ya arrestado. Una chivata y un infortunio dieron paso a la persecución. Pero claro, no podrían admitir que la persecución comenzó al azar. Toda la propaganda acerca de la supuesta localización tuvo lugar para afirmar al público que el aparato represivo, y especialmente las fuerzas “antiterroristas”, son productivas y efectivas. Solo que esto queda muy lejos de la realidad. Todo el periodo anterior estuvimos continuamente entre ellos. Nos estabamos moviendo por todas partes. Pasábamos a su lado. Les podíamos ver, mientras que ellos no podían vernos a nosotrxs.

Desde el arresto de mi compañero, yo paso a ser la “buscada más peligrosa”. Yo y mi hijo, para quien los espantapajaros del régimen en los medios de comunicación masiva “informan” con exceso de grosería sobre un montón de datos suyos, mientras que al mismo tiempo están felicitando con una asquerosa hipocresía a los mecanismos de persecución por no publicar la fotografía que tienen de él. Solo que ahora, con cada dato que los pacos tienen en sus manos, van a barrer el país para encontrarlo. Por lo demás, se supone que no se busca a mi hijo. Como había afirmado en el pasado una vergonzosa periodista al servicio de la policía, a través del hijo esperaban capturarnos. Ahora, a través del hijo esperan capturarme a mi.

A mi compañero le tienen gravemente herido en sus manos. Su venganza era algo que se esperaba. No les es suficiente con tener a Maziotis con la mano destruida por una bala, con su serio estado de salud, que a pesar de que se ha hecho publica la necesidad de una monitorización médica cercana y de nuevas operaciones, le obligaron a un traslado vengativo a una cárcel que se sabe que no dispone de médicos ni para las necesidades elementales de los presos. No cabe duda que su estado se ha empeorado, sólo por el traslado mismo. Conozco de primera mano qué tipo de traslados imponen a lxs luchadorxs armadxs. Cuando me obligaron a un traslado mientras estaba embarazada, acabé en el hospital con una hemorragia, donde tuve que permanecer internada para no perder el hijo. Es obvio que tienen miedo. Tienen al compa en sus manos, con su brazo destrozado, y aun así siguen teniendo miedo.

En lo que tiene a ver conmigo, en serio, ¿esperaban y siguen esperando que me fuese a entregar? No les voy a hacer ese favor. Que vengan a arrestarme. En realidad, mis perseguidores no lo creen. Es por eso que allanaron la casa de mi familia, la registraron e interrogaron a mi madre y mi hermana, buscando en vano algun rastro. Sus declaraciones en los mass media, según las que me encuentro en una posición dificil y que puede ser que me entregase por mi misma, no son nada más que un último esfuerzo de presión. Mis perseguidores me conocen. Me conocieron el 10 de abril de 2010, cuando me tenían en sus manos embarazada, y a pesar de sus ridiculos intentos de aterrorizarme yo no les decía ni mi nombre y lo único que recibieron fueron mis escupitajos. Conocen mi posicionamiento político del periodo que estuve encarcelada, conocen la postura política que mantuve durante todo el proceso del juicio. Fue, soy y seré miembro de la Lucha Revolucionaria. Si piensan que me pueden doblegar, están equivocados.

El arresto de nuestro compa fue un golpe. Nuestro compa Lambros Foundas pintó con su sangre las estrechas calles de Dafni, y Nikos Maziotis las de Monastiraki. La Lucha Revolucionaria ha dado su sangre por la causa de la revolución social. Pero no serán nuestros enemigos los que dirán la última palabra.

El campo de acción está abierto para la Lucha Revolucionaria. El campo social es nuestro campo, no el suyo. Para nuestros enemigos es un campo hostil, salvaje, que lo pueden controlar sólo con la violencia. El Estado y el Capital saquean, aterorizan, asesinan cada día, exterminan para que se salve el régimen. En el nombre de la “limpieza de la podredumbre” están masacrando a millones de humanos que se consideran inecesarios para la reproducción del capitalismo. Al mismo tiempo bombardean la sociedad con estúpidos cuentos sobre “recuperación económica” y “salida del país del túnel de la crisis”. Cuentos que dan risas, pero también indignación, a los pobres, los hambrientos, los desarrapados de este país.

El 16 de julio en Monastiraki tuvo lugar un combate. Un combate desigual, entre un revolucionario y decenas de perros armados del Estado. Un combate tan desigual, como lo es en este periodo histórico la lucha por la revolución. Una lucha entre unxs pocxs revolucionarixs y un aparato numeroso y armado hasta los dientes. Sólo que esta lucha, la lucha revolucionaria, no es una cuestion numérica. Es una cuestion de alma. Es una causa de creencia en la justicia revolucionaria. Una causa de creencia en la revolución. A combatir contra un sistema asesino, criminal por su naturaleza, que se reproduce a través de la explotación, la opresión, incluso mediante el exterminio físico de personas. Un sistema que se reproduce a través de la violencia. La violencia de la política de la economia, la violencia que ejerce la élite económica y política para mantener vivo el podrido sistema capitalista, para garantizar sus intereses, para continuar dominando. Los resultados de esta violencia los experimentamos todos nosotros los últimos 4 años que el país se ha hundido en el torbellino de la crisis, con los millones de desempleados y trabajadores ocasionales, con los salarios de hambre, con la transformación del trabajo en tráfico de esclavos, con las peores condiciones de esclavitud asalariada vividas por la gente en este país. Los resultados de esta violencia que asesina los vimos y los vemos en los famélicos, los niños desnutridos, los que mueren de hambre, que acaban enfermos, que pierden la vida, en los suicidios que aumentan continuamente. Los vemos en los contenedores de basura, donde los hombres-ratones, con su dignidad quebrantada, buscan por un trozo de pan. Esta violencia “encubierta” del sistema en el centro de la crisis se ha transformado en un arma de destrucción masiva.

No cabe duda alguna que es justo combatir la injusticia. Combatir un sistema que para consolidar el orden mediante la cruda violencia de sus mecanismos represivos está encarcelando, apaleando, asesinando humanos de segunda clase, sean estos resistentes, huelgistas y manifestantes o migrantes empobrecidos. Que está construyendo mazmorras de “maxima seguridad” con el objetivo de aniquilar políticamente, moralmente, psicológicamente, e incluso físicamente a lxs luchadorxs armadxs, para aplastar la voluntad por la lucha revolucionaria armada. Un sistema cuya justicia impone la legalización de cada tipo de violencia estatal (el caso con los migrantes ahogados en Farmakonisi y las responsabilidades de los maderos de la marina fue archivado), pero también la violencia racista contra empobrecidos obreros (los terratenientes productores de fresas y los capataces en Manolada fueron absueltos por el ataque asesino con fusiles contra los campesinos migrantes). Además, a nivel internacional, en el nombre de la consolidación del nuevo orden mundial a través de las guerras contra el “terrorismo”, se legitima la masacre de un pueblo entero en Palestina.

La lucha revolucionaria es un asunto de creencia en la necesidad de combatir a los opresores. Para que se devuelva así a los verdaderos criminales, a los verdaderos terroristas y asesinos que componen el sistema, un porcentaje de la violencia que ejercen. Porque sólo con la acción revolucionaria armada pueden entender que no serán inmunes para siempre.

Sobre todo, la lucha revolucionaria es un asunto de profunda e irreductible creencia en la justicia revolucionaria, la justicia de la abolición de cada forma de explotación y represión, la destrucción del Estado y el capitalismo. La justicia de una sociedad de igualdad económica, sin ricos y pobres, sin amos y esclavos. La justicia de una sociedad de personas verdaderamente libres.

Lucha Revolucionaria, en el periodo que ha estado activa, desde el 2003 hasta el día de hoy, lleva a cabo una lucha armada dinámica contra la totalidad de las formas de violencia del régimen antes mencionadas. Ministerios, tribunales, fuerzas policiales, bancos, la bolsa de Atenas, la embajada estadounidense, el Banco de Grecia, estos han sido los objetivos de la organización. Actuando con coherencia dio respuestas significativas a la violencia estatal, la violencia de la élite económica y política, la violencia de la justicia del régimen y escribió páginas importantes en la historia revolucionaria de estas tierras, y también a nivel internacional.

Actuó y habló de la crisis económica en tiempos donde el silencio se extendía sobre el fraude del régimen por “la estabilidad eterna del sistema” y la “próspera economía griega”. Más tarde, con el inicio de la crisis, desmintió todas las voces dominantes que hablaban de “la fortificada e inatacable economia griega”, además de las percepciones superficiales, las impregnadas por la propaganda dominante que no podían comprender la magnitud de la tormenta que se acercaba.

Habló y actuó por la revolución y la organización social revolucionaria en tiempos donde estos asuntos habían sido enterrados bajo el moho del fraudulento bienestar social. Mantuvo y sigue manteniendo encendida la llama de la revolución social, la llama de la libertad. Marcó, determinó, inspiró muchas personas, formó y sigue formando conciencias.

Por todo eso, fue, es y será una amenaza política seria para el régimen. Por todo eso luchó, lucha y seguirá luchando Lucha Revolucionaria. Por todo eso continuaré luchando yo también.

Libertad al compa Nikos Maziotis

Honor para siempre al compa Lambros Foundas

Viva la revolución social

Pola Roupa

8 de agosto de 2014 

http://publicacionrefractario.wordpress.com/2014/08/12/grecia-carta-de-la-companera-anarquista-pola-roupa-miembro-de-lucha-revolucionaria-en-clandestinidad/#more-6707

Pincha aquí para acceder a la lectura de la declaración política de Pola Roupa en los juzgados especiales de las prisiones de Koridallos.

04 agosto, 2014

Gaza y la otredad


Loam

Hagamos el sano ejercicio de despojar al "simio sapiens" de sus múltiples y variopintas etiquetas. Despojémosle de sus documentos y demás señas de identidad artificial (cultural). ¿Qué nos queda entonces? Nos queda lo esencial, lo que realmente importa a fin de cuentas: una frágil criatura mortal debatiéndose con la existencia.

Antes que judío, musulmán, cristiano, copto o budista; antes que amarillo, cobrizo, negro o blanco; antes que europeo, asiático, americano o africano; antes que cualquier otra condición culturalmente adquirida o impuesta, el ser humano es PERSONA, es decir, posee (porque si no no lo es) un sentido solidario y responsable de la otredad, reconoce y se identifica con el otro por todo cuanto es común en ambos, por todo cuanto NO es prescindible. Prescindible es la religión, la nacionalidad, la raza (si es que tal cosa existe), el género e incluso la ideología... Lo que NO es prescindible es el respeto a la vida propia y ajena, que no es lo mismo, pero es igual. El enemigo, entonces, es una ficción, un artificio hábilmente urdido por el poder y el dominio, un concepto que brota de la impotencia y el terror de los aterrorizados, ciegos e incapaces de reconocer al otro, incapaces de reconocer y respetar la vida.


A esa ceguera, a esa incapacidad intolerante, despótica y criminal, asumida como un valor, a esa violencia perpetrada contra la vida es a la que yo me opongo, no importa quién, cuándo, ni cómo se ejerza.


¡CON GAZA, CONTRA EL INVASOR!