24 diciembre, 2015

Cómo la No-Violencia protege al Estado - Peter Gelderloos

Párrafos extraídos del libro  de Peter Gelderloos Cómo la No-Violencia protege al Estado, descargar en pdf aquí.


Lo que han conseguido las ONG’s, junto con la cultura oficial del castigo y su “Guerra Contra el Crimen” es pacificar la rebelión social. Además, se ha manipulado la potente historia de resistencia de este país para sembrar la mentira en la mente de cada rebelde, basada en que todas las victorias conseguidas por los movimientos sociales se deben a la no violencia. Es un Estado que no permite ninguna autonomía dentro de sus fronteras (ni afuera, considerando la experiencia de America Latina), y la no violencia funciona como el Estado dentro de la resistencia.

A causa de la hegemonía que lxs partidarios de la no violencia ejercen, las críticas a la no violencia están excluidas de la mayoría de los periódicos, medios alternativos y demás foros a los que suelen acceder los movimientos antiautoritarios. La no violencia se mantiene como un artículo de fe, y como una clave para la inclusión total del movimiento. La gente antiautoritaria y anticapitalista que sugiere o practica la militancia se encuentra de repente abandonada por lxs mismxs pacifistas con lxs que ha participado en la última protesta. Una vez aisladxs, lxs militantes pierden el acceso a los recursos y a la protección y pasan a ser chivos expiatorios de los medios o a ser criminalizadxs por el gobierno.

Existe un patrón para la manipulación y la tergiversación de la historia que es evidente en cada una de las victorias que lxs activistas no violentxs reivindican. La posición pacifista requiere que el éxito sea atribuible a las tácticas pacifistas y sólo a éstas; mientras que el resto de nosotrxs cree que el cambio proviene de todo el espectro de tácticas presente en cualquier situación revolucionaria, siempre que se desplieguen de forma efectiva. Porque ningún conflicto social relevante exhibe una uniformidad de tácticas e ideologías; lo cual nos permite afirmar que todos estos conflictos muestran tácticas pacifistas e indudablemente no pacifistas. Pero lxs pacifistas deben borrar aquellas narraciones de la historia que discrepan con ellxs o, alternativamente, acusar de sus fracasos a la presencia, en el mismo contexto, de la lucha violenta.


El aspecto más lamentable de la reivindicación de lxs pacifistas de que la independencia de la India sea una victoria de la no violencia, es que esta reivindicación juega un papel en la elaboración de una Historia que sirva a los intereses de la supremacía blanca de los estados imperialistas que colonizaron el Sur. El movimiento de liberación en la Índia fracasó. Los británicos no fueron forzados a abandonar la Índia. Más bien, escogieron transferir el territorio del dominio colonial directo al dominio neocolonial. ¿Qué tipo de victoria permite al bando perdedor dictar cuándo y cómo ascenderá el gobierno que ha ganado?

El movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos es uno de los episodios más importantes de la Historia pacifista. En todo el mundo, la gente lo ve como un ejemplo de victoria no violenta. Pero, como otros ejemplos discutidos aquí, ni fue una victoria, ni fue no violenta. El movimiento tuvo éxito al acabar con la segregación de derecho y con la expansión de la minúscula pequeña burguesía negra, pero ésa no fue la única demanda de la mayoría de lxs participantes del movimiento. Querían la igualdad política y económica completa, y muchxs también querían la liberación negra en forma de nacionalismo negro, intercomunalismo negro u otras formas de independencia del imperialismo blanco. No se logró ninguna de estas demandas: ni la de igualdad ni, desde luego, la de la liberación.


La no violencia, en el contexto moderno, es una posición que implica privilegio. Partiendo del hecho de que el típico pacifista es, evidentemente blanco y de clase media, se hace evidente que el pacifismo, como ideología, proviene de un contexto privilegiado. Ignora que la violencia ya está aquí; que la violencia es una parte inevitable y estructuralmente integral de las jerarquías sociales corrientes; y que es la gente de color quien se ve más afectada por esta violencia. El pacifismo asume que la gente blanca que crece en los suburbios, con todas sus necesidades básicas cubiertas, puede aconsejar a las personas oprimidas -muchas de las cuales son personas de color- que sufran esta violencia con paciencia, esperando que ellxs logren convencer al Gran Padre Blanco a través de las demandas de su movimiento o a que dicho movimiento consiga conectar con la legendaria “masa crítica” de la siempre hablan.


Para lxs pacifistas, la gente de color de los guettos de Estados Unidos no se “puede” defender de la brutalidad policial o expropiar los recursos para sobrevivir para liberarse de la servidumbre económica. Deben esperar a que halla el suficiente número de gente de color con mayores privilegios económicos (los “esclavos de casa” del análisis de Malcolm X1) y que se halla concienciado a la gente blanca a unirse con la gente negra para cogerse de las manos y cantar canciones. Después de lo cual, creen, el cambio vendrá de manera segura. La gente que habita en Latinoamérica debe sufrir pacientemente, como verdaderos mártires, mientras lxs activistas blancxs en los Estados Unidos “dan testimonio” de sus vivencias en el Sur y escriben al Congreso. La gente de Irak tampoco debe defenderse. Sólo si mueren como civiles sus muertes serán contabilizadas y lloradas por lxs activistas pacifistas blancxs que, el día menos pensado, lograrán llevar adelante una protesta lo suficientemente grande como para detener la guerra. Lxs indígenas deben también esperar, sólo un poquito más (es decir, otros 500 años) bajo la sombra del genocidio, muriendo lentamente en sus tierras, marginadxs, hasta que... Bueno, no son una prioridad ahora mismo, así que quizás sea hora de organizar una manifestación o dos para ganarse la atención y la empatía de los poderosos. ¿O quizás podrían hacer una huelga, comprometidos con la no cooperación gandhiana? Pero espera, la mayoría de ellos ya están desempleados, ¡no están cooperando, están totalmente excluidos del funcionamiento del sistema!

Lxs pacifistas deben saber, imagino que inconscientemente, que la no violencia es una posición privilegiada, así que hacen frecuente uso del tema de la raza sacando a lxs activistas de color fuera de su contexto y usándolos de manera selectiva como portavoces de la no violencia. De modo que Gandhi y Martin Luther King Jr. se han vuelto representativos de toda la gente de color.

Nelson Mandela lo fue también, hasta que los pacifistas blancos cayeron en la cuenta de que Mandela usó la no violencia selectivamente, y que de hecho estuvo implicado en actividades de liberación de carácter violento, como atentados y preparación de un levantamiento armado. Incluso Gandhi y King estuvieron de acuerdo en que era necesario apoyar a los movimientos de liberación armada (citando como ejemplos Palestina y Vietnam, respectivamente) allí donde no hubo una alternativa no violenta, priorizando claramente los objetivos sobre las tácticas. Pero la mayoría de lxs pacifistas blancxs de hoy borran esta parte de la historia y se recrean en la no violencia para proteger su comodidad, aún mientras se reivindiquen como los sucesores de Martin Luther King Jr. y Gandhi. Uno tiene la impresión que si Martin Luther King Jr. hubiera venido difrazado a una de estas vigilias pacifistas, no se le habria permitido hablar. Como él apuntó:
A parte de los intolerantes y reaccionarios, [el racismo] parece ser una enfermedad que se extiende incluso entre aquellos blancos a quienes les gusta mirarse a sí mismos como “iluminados”. Me referiría especialmente a aquellos que aconsejan “¡Esperad!” y aquellos que dicen que empatizan con nuestros objetivos, pero que no aprueban nuestros métodos de acción directa en busca de estos mismos objetivos. Me dirijo a los hombres que se atreven a sentir que tienen algún derecho -paternalista- de fijar cuál es la hora de la liberación de otros hombres.En los últimos años, debo decir, me he he sentido gravemente decepcionado con estos blancos “moderados”. A menudo me siento inclinado a pensar que constituyen un mayor impedimento para el progreso negro que un Consejo de Ciudadanos Blancos o que el Ku Kux Klan.
La revisión pacifista de la Historia que elimina los ejemplos militantes de lucha contra la supremacía blanca no puede ser desvinculada de un racismo que es inherente a la posición no violenta. Es imposible reivindicar apoyo para la gente negra, y mucho menos solidarizarse con sus luchas cuando grupos tan significativos como el Black Panther Party, el American Indian Movement, el Brown Berets o el Vietcong son activamente ignorados en favor de un dibujo homogéneo de la lucha anti-racista que admite en su cuadro sólo a aquellos elementos que no contradicen su autocomplaciente visión de la revolución, que ha sido siempre favorecida, principalmente, por activistas blancos. Las pretensiones de brindar su apoyo y solidaridad se vuelven aún más pretenciosas cuando los pacifistas blancos hacen un borrador de las reglas de tácticas aceptables y las imponen a través del movimiento, negando la importancia de la raza, la proveniencia de clase y otros factores contextuales.


La gente a quien más afecta un determinado sistema de opresión debería estar al frente de la lucha contra él aunque el pacifismo produzca, una y otra vez, organizaciones y movimientos de gente blanca que va iluminando el camino y liderando la manera de salvar a los demás. Y es que el imperativo de la no violencia anula el respeto básico de confiar en la gente para que se libere a sí misma. Siempre que lxs pacifistas blancxs se involucren con una causa que afecte a la gente de color, y la gente de color afectada no se limite a su definición de la no violencia, lxs activistas blancxs se situarán a sí mismxs en el rol de profesores y guías, creando una dinámica que es, claramente, colonial. Por supuesto, ésta es, sin duda, una función propia del privilegio blanco (una visión del mundo socialmente construida enseñada y difundida entre toda la gente identificada por la sociedad como “blanca”). Lxs militantes activistas blancxs pueden incurrir e incurren en errores similares cuando su falta de respeto se alía con el color, dictando cuál es el más apropiado y ortodoxo método de lucha.


Lxs pacifistas blancxs (incluso pacifistas negrxs burguesxs) tienen miedo de la total abolición del sistema capitalista supremacista blanco. Predican la no violencia para la gente en la base de la jerarquía racial y económica, precisamente porque la no violencia es inefectiva, y cualquier revolución lanzada por “esa gente”, siempre que siga siendo no violenta será incapaz de eliminar las posiciones de privilegio de la gente blanca y de lxs ricxs. Aunque los tipos de no violencia que buscan abolir los propósitos del Estado para, de esta manera, transformarlo, hacen que la no violencia requiera que lxs activistas traten de tener influencia sobre las estructuras de poder, y por lo tanto que se aproximen a éste. Todo lo cual significa que la gente privilegiada, que tiene mayor acceso al poder, mantendrá el control del movimiento y se erigirán como los guardianes e intermediarios que permiten a las masas dirigir sus voces hacia el poder.

Una generación después del fracaso del movimiento por los derechos civiles, la resistencia negra dio nacimiento al hip-hop, que las fuerzas de la cultura dominante -como la industria discográfica, las fábricas de ropa y las empresas (esto es, lxs negocios blancos)- capitalizaron y compraron. Esas fuerzas capitalistas culturales, que han sido protegidas mediante el desarme de la gente negra y enriquecidas por el desarrollo de la esclavitud, hace que se “suavicen” las letras. Lxs artistas del hip-hop afianzados en los mayores sellos discográficos, han abandonado la glorificación de la violencia antisistema y la han sustituido por un incremento de la violencia contra las mujeres -más de moda-. La aparición de la no-violencia en el caso de la gente negra, no les dota de armas o aboga por la lucha contra la policía. Es, de hecho, el reflejo del triunfo de una violencia previa.

La masiva violencia interpersonal del Ku Klux Klan fue sustituida por la violencia sistematizada y menos visible de la policía. Al mismo tiempo, el poder cultural de las élites blancas, en sí mismo aumentó y se mantuvo a través de todo tipo de violencias económicas y gubernamentales, usadas para convencer a la cultura negra de fomentar la celebración de algunas de las mismas construcciones ideológicas que justificaron el secuestro, la esclavización y el linchamiento de sus gentes, mientras la rabia producida por generaciones de abuso se canaliza en ciclos de violencia dentro de las comunidades negras, lejos de canalizarla en contra todas aquellas autoridades que se lo merecen. En la dinámica de poder descrita en este breve esbozo histórico, y en tantas otras historias de opresión racial, la gente que insiste en la no violencia como método para el y la oprimidx, si tuviera que tener algún rol, terminaría haciendo el trabajo de la estructura de poder supremacista blanca, lo quiera o no.

Lxs únicxs partidarixs de la no violencia a los que les he escuchado negar incluso la legitimidad de la autodefensa, siempre han sido blancxs y aunque hayan tenido a sus “Oscar Romero”, ellxs y sus familias no han tenido que sobrevivir personalmente bajo una amenaza constante como resultado de su activismo. Llevo mucho tiempo creyendo que su aversión hacia la violencia tiene tanto que ver con una cuestión de principios, como con una cuestión de privilegios e ignorancia. Y más allá de la mera autodefensa, el hecho de que ciertos individuos se hayan enfrentado a la posibilidad de tener que contratacar para sobrevivir o para mejorar sus vidas, depende en buena parte del color de su piel y de su posición dentro de las múltiples jerarquías de opresión, nacionales y globales. Son estas experiencias las que ignora la no violencia, al considerar la violencia como un tema meramente ético o como una libre elección.

En última instancia, lxs activistas no violentxs dependen de la violencia del Estado para proteger sus “logros”, y no oponen resistencia a la violencia del Estado cuando es usada contra lxs militantes (de hecho, a menudo la animan). Negocian y cooperan con la policía armada en sus manifestaciones. Y, aunque lxs pacifistas honoran a sus “presxs de conciencia”, sé por experiencia, que tienden a ignorar la violencia del sistema carcelario en los casos en los que quien está presx ha cometido un acto de resistencia violenta o de vandalismo (por no mencionar un delito apolítico). Cuando estaba cumpliendo una sentencia de prisión de seis meses por un acto de desobediencia civil, me llovió el apoyo de lxs pacifistas de todo el país. Pero, en conjunto, mostraron una falta de preocupación increíble hacia la violencia institucionalizada, encajando los 2.2 millones de bajas del War on Crime del gobierno. Parece que la única forma de violencia a la que se oponen de una manera consistente es a la rebelión contra el Estado.


El mismísimo signo de la paz es una perfecta metáfora de su función. En lugar de alzar un puño, lxs pacifistas alzan sus dedos índice y anular para formar una uve. Esta uve significa victoria y es el símbolo de lxs patriotas que se regocijan en la paz que sigue al triunfo de una guerra. En conclusión, la paz que lxs pacifistas defienden es la de lxs militares vencedorxs, la de un Estado sin oposición que ha conquistado toda resistencia y monopolizado la violencia hasta tal punto que la violencia ya no necesita ser visible. Ésta es la Pax Americana.


El patriarcado es una forma de organización social que produce lo que reconocemos comúnmente como sexismo. Pero va más allá del prejuicio individual o sistémico contra las mujeres. Consiste, en primer lugar, en la falsa división de las personas en dos categorías rígidas (hombre y mujer) que se afirman como naturales y morales. (Mucha gente perfectamente sana no encaja en ninguna de estas categorías fisiológicas, y muchas culturas no occidentales reconocen -y todavía lo hacen, si no han sido ya destruidas- más de dos sexos y géneros.) El patriarcado intenta destruir, social e incluso físicamente, a cualquiera que no encaje en una de estas dos categorías o que rechace este “binarismo de género”. El patriarcado continúa definiendo roles claros (económicos, sociales, emocionales, políticos) para los hombres y las mujeres y afirma (falsamente), que estos roles son naturales y morales. Bajo el patriarcado, la gente que no encaja o que rechaza estos roles de género es neutralizada mediante la violencia y el ostracismo. Se les hace parecer y sentir fexs, sucixs, temibles, despreciables, inútiles. El patriarcado es dañino para todxs, y es reproducido por cualquiera que viva en él. Haciendo honor a su nombre, pone a los hombres en una posición dominante y a las mujeres en una posición sumisa. Las actividades y características que están tradicionalmente asociadas al “poder”, o al menos al privilegio, pertenecen mayoritariamente a los hombres. El patriarcado otorga casi exclusivamente a los hombres la habilidad y el derecho al uso de la violencia.

Con el género, como con la raza, la no violencia es una posición inherentemente privilegiada. La no violencia asume que en lugar de defendernos a nosotrxs mismxs de la violencia, podemos sufrir la violencia pacientemente hasta que una parte suficiente de la sociedad pueda ser movilizada a oponerse a ello pacíficamente (o que podamos esperar a “transformar” cualquier agresión que nos amenace individualmente.) Muchas de lxs que proponen la no violencia no la presentarán meramente como una práctica política acotada, sino como una filosofía que merece penetrar en el mismísimo tejido social y arrancar la violencia de raíz en todas sus manifestaciones. Pero el pacifismo parece no haberle dado a la violencia del patriarcado su consideración justa. Después de todo, en las guerras, en las revoluciones sociales y en la vida diaria, las mujeres y las personas transgénero son, dentro de la sociedad patriarcal, las receptoras primarias de la violencia.

Si sacamos esta filosofía fuera de la impersonal arena política y la ponemos en un contexto más real, la no violencia implica que es inmoral que una mujer se defienda de un atacante o que estudie autodefensa. La no violencia implica que para una mujer maltratada es mejor marcharse que movilizar a un grupo de mujeres para darle una paliza y echar al marido maltratador de casa. La no violencia implica que es mejor ser violada que sacar un bolígrafo del bolsillo y hundirlo en la yugular del agresor (porque hacerlo supondría alimentar un supuesto ciclo de violencia y animar futuras violaciones). El pacifismo simplemente no resuena en las realidades diarias de la gente, a menos que esta gente viva en una extravagante burbuja de tranquilidad en la que toda forma de reactiva y pandémica violencia civil haya sido expulsada por la violencia sistémica y menos visible de la policía y de las fuerzas militares.

En el caso de la violación y otras formas de violencia contra las mujeres, la no violencia implica las mismas lecciones que el patriarcado nos ha enseñado durante milenios: glorificar la pasividad -“poner la otra mejilla” y “dignificar el sufrimiento”- frente a la opresión. Todas las historias, mandamientos, parábolas y leyes contenidas en el Antiguo Testamento, uno de los textos más lúcidos que define cómo conservar y poner en práctica el patriarcado, aconsejan a las mujeres sufrir pacientemente la injusticia y rezar para que la divina Autoridad intervenga. (Esta prescripción es parecida a la fe que tiene el pacifismo en que los medios de comunicación diseminen imágenes del sufrimiento dignificado para motivar a las autoridades a que ejecuten la justicia). Dado que el patriarcado prescribe claramente una violencia masculina unilateral, las mujeres estarían interrumpiendo esta dinámica de poder, no reforzándola, sino reapropiándose de su capacidad de ejercer violencia. En este sentido, el hecho de que las mujeres reclamen la habilidad y el derecho al uso de la fuerza no pone fin por sí mismo al patriarcado, pero es una condición necesaria para la liberación de género, así como una forma útil de empoderamiento y de protección a corto plazo.


La gente partidaria de la no violencia que hace una limitada excepción con la autodefensa porque reconoce hasta qué punto es erróneo decir que las personas oprimidas no pueden o deben protegerse a sí mismas, no tiene estrategias viables para tratar con la violencia sistémica. ¿Sirve la autodefensa para defenderse de un marido maltratador, pero no para hacer saltar por los aires una fábrica emisora del dióxido que intoxica tu leche materna? ¿Qué hay acerca de una campaña más coordinada para destruir la empresa a la que pertenece la fábrica y es responsable de liberar los contaminantes? ¿Es autodefensa matar al general que envía a los soldados que violan a las mujeres en una zona de guerra? ¿O deben las pacifistas permanecer a la defensiva, solo respondiendo a ataques individuales y sometiéndose a sí mismas a la inevitabilidad de tales ataques hasta que la táctica no violenta haga cambiar de alguna forma al general o provoque el cierre de la fábrica, en un futuro incierto?

Lxs activistas no violentxs, tratando de presentarse a sí mismxs como estratégicxs, a menudo impiden que se haga realidad toda estrategia, con sus intrépidas simplificaciones del tipo de “la violencia es la carta más fuerte que juega el Estado. Tenemos que seguir el camino de la mínima resistencia y golpearles allí donde son más débiles” . Ya es hora de hacer la distinción entre llevar a cabo estrategias y hacer eslóganes, y volvernos un poco más sofisticadxs.

En primer lugar, empecemos con algunas definiciones. (Las definiciones que voy a dar para los siguientes términos no son universales, pero cuanto más las utilicemos de forma regular, más adecuadas serán para nuestros propósitos). Una estrategia no es ni un objetivo, ni un eslogan, ni una acción. La violencia no es una estrategia, y tampoco lo es la no violencia. Estos dos términos (violencia y no violencia) son fronteras situadas alrededor de una diversidad de tácticas. Una diversidad limitada de tácticas constreñirá las opciones disponibles para generar estrategias, cuando en realidad las tácticas deben fluir siempre desde la estrategia, y la estrategia, a su vez, desde el objetivo. Desafortunadamente, a día de hoy, a menudo la gente parece hacerlo a la inversa, llevando a cabo tácticas que quedan fuera de las respuestas habituales o de la organización de las tácticas dentro de una estrategia, sin tener más que una vaga conciencia del objetivo.

El objetivo es el destino. Es la condición que denota la victoria. Por supuesto, hay objetivos próximos y objetivos últimos. Podría ser más realista evitar una aproximación lineal y visualizar los objetivos últimos como un horizonte, como el destino más lejano que podemos imaginar, el cual cambiará cuando los pasos que, otrora nos parecían lejanos, se vuelvan claros, emerjan nuevos objetivos y veamos que jamás alcanzaremos un Estado utópico y que se mantenga estático. Para lxs anarquistas, que desean un mundo sin jerarquías coercitivas, los objetivos últimos de hoy en día parecen ser la abolición de una serie de interconexiones de sistemas que incluyen al Estado, al capitalismo, al patriarcado, la supremacía blanca y las formas de civilización ecocidas. Este objetivo último está muy lejos, tan lejos que a muchxs de nosotrxs esta distancia nos impide pensar en él, porque si lo hiciéramos, descubriríamos que creer en él no es posible. Concentrarse en las realidades inmediatas es vital, pero ignorar el destino asegura que nunca lleguemos allí.


La estrategia es el camino, el plan de juego para alcanzar el objetivo. Es la sinfonía coordinada de movimientos que guía hacia el jaque mate. Lxs revolucionarixs en potencia de los Estados Unidos, y probablemente de cualquier sitio, suelen ser lxs más negligentes en materia de estrategias. Tienen una idea tosca del objetivo, y están intensamente involucradxs en las tácticas, pero a menudo renuncian completamente a la creación e implementación de una estrategia que sea viable. En cierto modo, lxs activistas no violentxs tienen, normalmente, cierta ventaja sobre lxs activistas revolucionarixs, así como a menudo tienen estrategias bien desarrolladas para la búsqueda de objetivos a corto plazo. El sacrificio de una cosa por otra tiende a resultar en una total evasión de los objetivos de medio y largo plazo, probablemente porque los objetivos a corto plazo y las estrategias pacifistas los encaminan hacia callejones sin salida, y les resultaría demasiado desmoralizador si se dieran cuenta de ello.

Finalmente, tenemos las tácticas, que son las acciones o los tipos de acciones que producen determinados resultados. Idealmente, estos resultados tienen un efecto compuesto: construyen el momento o concentran la fuerza a lo largo de las líneas trazadas por la estrategia. Escribir cartas es una táctica. Lanzar un ladrillo contra una ventana es una táctica. Es frustrante que toda la controversia entre “violencia y no violencia” se desarrolle, simplemente, discutiendo sobre tácticas, cuando la mayoría de la gente no se ha siquiera cuestionado si nuestros objetivos son compatibles y si nuestras estrategias son compatibles o contraproducentes. Frente al genocidio, la extinción, la prisión y un legado de milenios de dominación y degradación, ¿traicionamos a nuestrxs aliadxs o renegamos de la participación en la lucha por aspectos triviales como romper ventanas o usar las armas? ¡Le hierve a uno la sangre!


La educación no hará, necesariamente, que la gente apoye la revolución, e incluso si lo hace, no construirá poder. Contrariamente a la máxima de la era de la información, la información no es poder. Recordemos que Scientia est potentia (conocimiento es poder) es la consigna de aquellxs que ya están al timón del Estado. La información, por sí misma es inerte, pero guía el uso efectivo del poder; tiene lo que los estrategas militares llamarían un “efecto multiplicador de la fuerza”. Si para empezar tenemos un movimiento social con fuerza cero, podemos multiplicar esa fuerza tantas veces como deseemos y aun así seguiremos teniendo un cero bien grande y gordo. Unos buenos conocimientos pueden guiar los esfuerzos de un movimiento social empoderado, justamente, tal y como una información útil guía las estrategias de los gobiernos, pero la información por sí misma no cambiará nada. Hacer circular ociosamente información subversiva en el contexto actual sólo sirve para dar al gobierno más oportunidades para afinar su propaganda y sus estrategias dirigentes. La gente que trata de instruir así a lxs demás en su manera de hacer la revolución está arrojando gasolina en una pradera en llamas mientras espera que el tipo correcto de combustible detendrá el fuego antes de que les queme a ellxs.

Lxs activistas no violentxs que usan la estrategia del lobby, intentan urdir una política real pasiva para ejercer influencia, pero el único camino para utilizar su influencia contra el Estado, si es en busca de unos intereses diametralmente opuestos a los del Estado, sería el de amenazar la misma existencia del Estado. Solamente tal amenaza puede hacer reconsiderar al Estado otros intereses, porque el interés principal del Estado es su perpetuación. En su interpretación histórica de la revolución Mexicana y de la redestribución de tierras, John Tutino señala: “Solamente lxs rebeldes más persistentes y a menudo violentxs, como lxs Zapatistas, reciben tierras de los nuevos líderes de México. La lección estaba clara: ‘Solo aquellxs que amenazaron al régimen tuvieron tierras; así, aquellxs que solicitan la tierra deben amenazar al régimen’”. Esto se dió desde un gobierno supuestamente aliado con lxs revolucionarixs agrarixs mexicanxs; ¿qué pretenden obtener lxs pacifistas de los gobiernos cuyo agradecido electorado está comprometido con las empresas oligarcas? Frantz Fannon expresó el mismo sentimiento de un modo similar en relación con Argelia:
Cuando en 1956... El Frente de Liberación Nacional, en un famoso panfleto, estableció que el colonialismo sólo pierde su dominio cuando siente el cuchillo en su garganta, ningúnx argelinx encontró estos términos demasiado violentos. El panfleto sólo expresaba lo que todo argelinx sentía en su corazón: que el colonialismo no es una máquina pensante, ni tampoco un cuerpo dotado de facultades racionales. Es violencia en su estado natural y sólo se rinde cuando se enfrenta con una violencia aún mayor.
Las lecciones de Argelia y la revolución Mexicana se aplican a lo largo de la historia. La lucha contra la autoridad será violenta porque la autoridad es, en sí misma, violenta y la inevitable represión no es más que una escalada de esa violencia. Incluso un “buen gobierno” no distribuirá el poder hacia abajo a menos que sea amenazado con la pérdida de todo su poder. Funcionar como un lobby en vistas al cambio social significa una pérdida de los escasos recursos que tenemos en los movimientos radicales. ¿Te imaginas qué pasaria si todos los millones de dólares y los cientos de miles de horas de voluntarixs progresistas e incluso radicales que se conformaron como lobby para luchar por una legislación determinada o para evitar la reelección de algún político se hubieran dedicado a fundar centros sociales activistas, clínicas libres, grupos de apoyo a presxs, centros de resolución de conflictos para movimientos sociales y escuelas libres? Deberíamos, en realidad, tender hacia la fundación de un movimiento revolucionario serio. En lugar de esto se desperdician una enorme cantidad de esfuerzos.

Mientras que una estrategia de desobediencia generalizada puede ser útil para lxs trabajadorxs, resulta que no tiene ninguna relevancia para aquellas poblaciones todavía marginalizadas y “sobrantes” que hay en el mundo, como es el caso de muchas naciones indígenas arrasadas por la expulsión o el exterminio; porque su participación no es vital para el funcionamiento del Estado agresor. Los Aché, en el Amazonas, no pagan ningún impuesto al gobierno, y no trabajan en ningún empleo que puedan abandonar. La campaña genocida no depende de su cooperación o no cooperación. A quienes las autoridades querrían ver tan sólo totalmente abandonadas a su suerte o muertas, no les vale de nada la desobediencia.

La no violencia también conduce a malas estrategias mediáticas. Los códigos de conducta no violentos para las acciones de protesta contradicen la regla número uno de las relaciones mediáticas, que es: “Mantente siempre en el mensaje”. Lxs activistas no violentxs no necesitan emplear los códigos de la no violencia para seguir comportándose de modo pacíficx. Lo hacen para reforzar la conformidad ideológica y para asegurar su liderazgo sobre la multitud. También lo hacen como una manera de cubrirse las espaldas, ya que si ningún “elemento incontrolable” actúa violentamente durante una protesta, pueden proteger a su organización de ser demonizada en los medios de comunicación. A la mínima de cambio, hacen hondear rápidamente el código de la no violencia como una prueba de que no fueron responsables de esa violencia, y se postran ante el orden reinante. Llegados a este punto, ya han perdido la guerra con los medios de comunicación.

Darse cuenta de que esto es una guerra puede ayudarnos a decidir qué estrategias debemos elaborar para este largo recorrido. Esto va dirigido, sobre todo, a aquellxs de nosotrxs que vivimos en Norteamérica, Europa, y en cualquier otra parte del mundo en la que vivamos bajo la ilusión de la democracia. El gobierno finge que no nos mataría nunca si no desafiamos su autoridad, pero esto es tan sólo una débil apariencia. En su discurso anual dirigido al Congreso, el 3 de Diciembre de 1901, el presidente Theodore Roosevelt, hablando del enemigo del día, declaró: “Deberíamos hacer la guerra con implacable eficiencia no sólo contra lxs anarquistas, sino contra todxs aquellxs simpatizantes activxs y pasivxs de la anarquía”. Cien años después, en septiembre del 2001, el presidente George W. Bush anunció: “O estás con nosotrxs, o estás con lxs terroristas”. A parte de mostrar qué poco han cambiado nuestros gobiernos en cien años, esta cita propone una interesante cuestión. Por supuesto podemos negar la exigencia de Bush de que si no nos alineamos con Osama Bin Laden entonces deberíamos declarar lealtad a la Casa Blanca. Pero si insistimos en la deslealtad, entonces, a pesar de nuestras afiliaciones personales, es evidente que Bush nos ha juzgado como terroristas, y el Departamento de Justicia ha manifestado que nos perseguirá como tales (en su campaña contra el entorno radical activista etiquetado como “ecoterrorista”; en el espionaje de la disidencia por parte de la Joint Terrorism Task Force; y en el hostigamiento, represión y deportación de lxs inmigrantes y musulmanxs, que ha sido la principal actividad nacional de “seguridad” del gobierno desde el 11 de Septiembre). Podríamos reconocer con orgullo que “terrorista” ha sido durante décadas la etiqueta que el gobierno ha escogido para lxs luchadorxs por la libertad, y hay que decir, además, que este honor nos es otorgado prematuramente, dado el estado de nuestro movimiento. Pero la resistencia, tan pacificada en los Estados Unidos, no se siente a gusto en el rol de luchadora por la libertad. En lugar de aceptar la guerra que ya existe, nos hemos dejado arrastrar bajo el lado más “seguro” de la dicotomía de Bush, tanto si lo admitimos como si no, y la no-violencia ha sido nuestra excusa.

Lxs pacifistas se engañan a sí mismxs relacionando el activismo revolucionario con una actuación impulsiva e irracional y como una única responsable de la “cólera”. De hecho, el activismo revolucionario, en algunas de sus manifestaciones, tiene una pronunciada vena intelectual. Tras los disturbios de Detroit en 1967, una comisión del gobierno encontró que la/el típicx participante de los disturbios (además de estar orgullosx de su raza y ser hostil hacia lxs blancxs y lxs negros de clase media) “está sustancialmente mejor informadx sobre la política que lxs Negros que no se mezclaron en los disturbios”. George Jackson se educó a sí mismo dentro de la prisión, y en sus escritos enfatizó la necesidad de lxs militantes negrxs de estudiar las relaciones históricas con sus opresorxs y a aprender los “principios científicos” de la guerra de guerrillas urbana. Lxs Panteras leen a Mao, Kwame Nkrumah y Frantz Fanon, e insisten a sus miembrxs para que se eduquen en las teorías políticas que hay detrás de su revolución. Cuando finalmente fue capturado y llevado a juicio, el anarquista New Afrikan, Kumasi Balagoon, rechazó la legitimidad de la corte y proclamó en una declaración el derecho de lxs negrxs a liberarse -lxs pacifistas pueden acceder a este texto con facilidad-:
Los rituales legales no tienen ningún efecto en el proceso histórico de la lucha armada de las naciones oprimidas. La guerra continuará y se intensificará, así que prefiero estar en la cárcel o en la tumba que hacer cualquier otra cosa que no sea luchar contra lxs opresorxs de mi gente. La New Afrikan Nation, así como la Native Americans Nation están colonizadas en los presentes límites de los Estados Unidos. Tenemos el derecho a resistir, a expropiar el dinero y las armas, a matar a lxs enemigxs de nuestro pueblo, a atentar contra ellxs y a hacer cualquier otra cosa que nos ayude a ganar; y ganaremos.
No cabe duda de que lxs palestinxs causan molestias al Estado israelí, y que el Estado de Israel no se preocupa por el bienestar de lxs palestinxs. Si lxs palestinxs no hubieran convertido la ocupación israelí y cada agresión sucesiva en algo tan costoso, toda la tierra palestina estaría ocupada, excepto por unas pocas reservas de trabajadorxs sobrantes necesarixs para complementar la economía israelí, y lxs palestinxs serían ya un recuerdo lejano en la larga sucesión de pueblos extinguidos. La resistencia palestina, incluidas las inmolaciones, ha ayudado a asegurar la supervivencia de Palestina frente a un enemigo mucho más poderoso.


La verdadera pregunta es ¿quién está alienadx por la violencia, y por qué tipo de violencia? Un anarquista escribió al respecto:
Incluso si lo estuvieran, ¿a quién le importa si las clases medias y altas están alienadas por la violencia? Ya tuvieron su revolución violenta y están viviendo en ella justo ahora. Más allá de esto, la idea de que las clases medias y altas están alienadas por la violencia es completamente falsa… Apoyan la violencia siempre que se trate de romper huelgas, de brutalidad policial, de cárceles, de guerra, de condenas o penas de muerte. A lo que realmente se oponen es a la violencia que va dirigida a expulsarles a ellxs [del poder] y a [eliminar] sus privilegios.
A causa de la naturaleza del Estado, toda lucha por la liberación en cualquier momento puede convertirse, probablemente, en una lucha armada. De hecho, un buen número de gente está implicada en la lucha armada para liberarse justo ahora, -esto incluye a lxs iraquíes, a lxs palestinxs, a lxs Ijaw en Nigeria, algunas naciones indígenas en el Sur de América y a lxs Papúa, en Nueva Guinea, y, en menor grado, a grupos antiautoritarios en Grecia, Italia y en otras partes-. Mientras escribo esta frase, activistas indígenas, anarquistas, y sindicalistas armados sólo con ladrillos y palos, están manteniendo barricadas en Oaxaca contra un inminente asalto militar. Muchxs de ellxs han sido asesinadxs ya y, como el ejército golpea una vez tras otra, deben decidir si aumentan o no la miltancia de sus tácticas para mejorar su capacidad de autodefensa, a riesgo de consecuencias más graves. No diré que la lucha armada es una necesidad ideológica, pero para mucha gente, en muchos lugares, se ha convertido en una necesidad para derrocar, o simplemente defenderse contra el Estado.


Debemos aceptar, siendo realistas, que la revolución es una guerra social, no porque nos guste la guerra, si no porque reconocemos que el status quo es una guerra de baja intensidad y desafiar al Estado tiene como resultado una intensificación de esta guerra. Debemos aceptar también que la revolución precisa del conflicto interpersonal, porque ciertas clases de personas están empeñadas en defender las instituciones centralizadoras que debemos destruir. La gente que sigue deshumanizándose a sí misma actuando como agentes de la ley y del orden deben ser derrotadxs por cualquier medio que sea necesario, hasta que ya no puedan impedir la realización autónoma de las necesidades de la gente.



19 diciembre, 2015

Hablemos de violencia - Javier Trasancos



Hablemos de violencia 


"Al río que todo lo arranca lo llaman violento, pero nadie llama violento al lecho que lo oprime.”

Vuelvo a comenzar un artículo con una cita del gran dramaturgo Bertolt Brecht.

Y es que, como ya sabrás, un chaval de 17 años le ha propinado un remoquete al presidente del gobierno pues todos los medios se han apresurado a difundir la noticia y, como si de una competición se tratara, buscar toda la información posible para confeccionarle un perfil político y personal con el que la opinión pública lo identifique.

Les ha faltado tiempo para calificarlo como un “enfermo mental”, “conflictivo” o “antifascista aficionado del Pontevedra C.F.” (indispensable esto último). ¿No te recuerda al asesinato de Jimmy? Me pregunto cuánto tardarán en sacar el titular “Rajoy no había denunciado”, a no, perdón, que ésto no es un caso de violencia machista.

Como era de esperar, un episodio así ha incendiado las redes sociales, en las cuales, uno de los principales debates ha surgido a raíz de los tuits de ciertas personas y organizaciones que condenaban la acción en sí y afirmaban que “la violencia nunca estaba justificada”, “en democracia no cabe la violencia” o “la democracia está por encima de la violencia”. Como por ejemplo Pedro Sánchez, candidato a la presidencia del Gobierno español por el PSOE, la cuenta oficial de Podemos y otros numerosos nombres del panorama político estatal.


La disputa consistía en la doble moral de estas personas a la hora de condenar o justificar la violencia. Por ejemplo, Pedro Sánchez, ¿por qué afirma que la violencia nunca está justificada cuando se presenta como candidato a la presidencia del gobierno por un partido que ha cometido terrorismo de Estado, apoya al régimen sionista de Israel y ha acelerado el proceso para efectuar los desahucios? ¿Por qué no condena también las cargas en las manifestaciones o las torturas en las comisarías? ¿Y Podemos? ¿Por qué declara que en democracia no hay cabida para la violencia cuando lleva al responsable de los bombardeos de Libia de cabeza de lista por Zaragoza? ¿Y en Cádiz por qué lleva en su lista a un Guardia Civil que se ha declarado a favor de las pelotas de goma? ¿Acaso esto no es violencia también? Lo mismo es que me estoy equivocando en mi planteamiento y lo que tendría que preguntar es si de verdad ésto es una democracia.

Y aquí es cuando yo decido seleccionar esta cita para el artículo. Porque es muy fácil condenar a un menor que ha agredido al presidente del gobierno, seguramente sin plantearse bien lo que hacía, porque no tiene ni pies ni cabeza. Pero, ¿cuándo se condena a un Estado que ejerce la violencia cada día? En cada desahucio, en cada devolución en caliente, en cada denuncia por malos tratos que no supone ninguna solución, en cada vulneración de los derechos de las trabajadoras, en cada arma vendida a Israel, etc. En todos estos casos se está ejerciendo violencia por parte del Estado. Y es que, la violencia está muy lejos de ser un hecho fenoménico en una sociedad con Estado. Es todo lo contrario, forma parte de su naturaleza. Y si no, ¿qué es un estado? Engels, en su obra “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” lo describía así:

“El Estado no es, en modo alguno, un Poder impuesto desde fuera a la sociedad; ni es tampoco ‘la realidad de la idea moral’, ‘la imagen y la realidad de la razón’, como afirma Hegel. El Estado es, más bien, un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de desarrollo; es la confesión de que esta sociedad se ha enredado consigo misma en una contradicción insoluble, se ha dividido en antagonismos irreconciliables, que ella es impotente para conjurar. Y para que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismas y no devoren a la sociedad en una lucha estéril, para eso se hizo necesario un Poder situado, aparentemente, por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el conflicto, a mantenerlo dentro de los límites del ‘orden’. Y este Poder, que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella, es el Estado”.

¿Qué quiere decir con esto? Pues que el Estado es el órgano que está al servicio de la clase dominante y que le sirve a ésta para perpetuar su posición privilegiada en la sociedad mediante aparatos ideológicos o represivos. Para legitimarlo, nos intentan engañar con la idea de que su función es la conciliar a las clases, tener el mismo papel que un árbitro en un partido de fútbol, cuyo trabajo es que ambos equipos estén en igualdad de condiciones. Ante esta tergiversación Lenin escribió esto en “El Estado y la Revolución”:

“De una parte, los ideólogos burgueses y especialmente los pequeñoburgueses, obligados por la presión de hechos históricos indiscutibles a reconocer que el Estado sólo existe allí donde existen las contradicciones de clase y la lucha de clases, “corrigen” a Marx de manera que el Estado resulta ser el órgano de la conciliación de clases. Según Marx, el Estado no podría ni surgir ni mantenerse si fuese posible la conciliación de las clases. Para los profesores y publicistas mezquinos y filisteos — ¡que invocan a cada paso en actitud benévola a Marx! — resulta que el Estado es precisamente el que concilia las clases. Según Marx, el Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase por otra, es la creación del “orden” que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando los choques entre las clases. En opinión de los políticos pequeñoburgueses, el orden es precisamente la conciliación de las clases y no la opresión de una clase por otra. Amortiguar los choques significa para ellos conciliar y no privar a las clases oprimidas de ciertos medios y procedimientos de lucha para el derrocamiento de los opresores.”

Por tanto, se podría decir que ejercer la violencia es la función de un Estado. Ejercer esa violencia con un propósito: mantener un orden social concreto en el cual, los empresarios y banqueros estén en una situación de privilegio frente a las trabajadoras.


Esa violencia se ve reflejada de dos formas. De forma ideológica, naturalizando el orden establecido. Ésto se da por ejemplo en el sistema educativo, la producción artística, los medios de comunicación, etc. Y de forma represiva, mediante las detenciones políticas, la ilegalización de organizaciones, el terrorismo de Estado, y demás prácticas que se llevan a cabo cada día en todos los Estados del mundo. Quizás haya alguien que piense que esa violencia ideológica no sea real pero, me pregunto ¿Acaso no es violencia manipular a las personas para que piensen en contra de sus intereses? Haciéndoles pensar que son las culpables de su desahucio, por ejemplo, produciéndoles un sentimiento de culpabilidad que les conducirá a un más que probable suicidio.

Por tanto, como parte de esa violencia ideológica, el Estado se encargará de hacer ver la violencia que no sirve a sus intereses como algo necesariamente condenable y naturalizará a ojos de la sociedad su propia violencia. A grandes rasgos, podemos afirmar que la necesidad primaria de un Estado es el monopolio de la violencia para mantener a una clase social en el poder. En el caso de nuestro Estado, a las oligarquías empresariales y banqueros. Como dijo el defensor de los derechos de los negros en Estados Unidos, Malcolm X: “Si no estáis prevenidos ante los Medios de Comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido”.

Javier Trasancos para A Jierro 24 Horas


10 diciembre, 2015

Venezuela - ¿Quién es Henrique Capriles Radonski?


Nacido en 1972, Henrique Capriles Radonski procede de dos de las más poderosas familias venezolanas, las cuales se encuentran a la cabeza de varios conglomerados industriales, inmobiliarios y mediáticos (Capriles) y poseen el Circuito Nacional de Exhibiciones (Cinex), segunda cadena de cines del país (Radonski).  Su familia es propietaria del diario Últimas Noticias, de mayor difusión nacional, cadenas de radios y un canal de televisión.

En los años 80, militó en el partido de extrema derecha Tradición, Familia y Propiedad.

Capriles fue elegido diputado en 1999 por el Estado de Zulia por el partido de derecha COPEI. Contra todo pronóstico y a pesar de su inexperiencia política, fue nombrado inmediatamente presidente de la Cámara de Diputados, convirtiéndose en el más joven diputado en dirigir la Cámara baja del Parlamento.  En realidad, logró imponerse a los otros aspirantes con mayor trayectoria política gracias al poder económico y financiero de su familia que financió las campañas de muchos diputados.

En 2000, fundó el partido político Primero Justicia con el conservador Leopoldo López y se alió con el International Republican Institute, rama internacional del Partido Republicano estadounidense. El presidente de la época era George W. Bush, el cual brindó un amplio apoyo a la nueva formación política que se oponía a Hugo Chávez, particularmente mediante el National Endowment for Democracy (NED).  Según el New York Times, “La National Endowment for Democracy se creó hace 15 años para llevar a cabo públicamente lo que ha hecho subrepticiamente la Central Intelligence Agency (CIA) durante décadas. Gasta 30 millones de dólares al año para apoyar partidos políticos, sindicatos, movimientos disidentes y medios informativos en docenas de países”. Según Allen Weistein, padre de la legislación donde se establecía la NED, “mucho de lo que hacemos hoy ya lo hacía la CIA de manera encubierta hace 25 años”.  Carl Gershman, primer presidente de la NED, explicó la razón de ser de la Fundación en junio de 1986: “Sería terrible para los grupos democráticos del mundo entero ser vistos como subvencionados por la CIA. Vimos eso en los años 60 y por eso pusimos término a ello. Es porque no pudimos seguir haciéndolo que se creó [la NED]”.

Durante su mandato de alcalde de la municipalidad de Baruta, Capriles firmó varios acuerdos con el FBI estadounidense para formar a su policía municipal, y recibió fondos de la embajada de Estados Unidos para esa misión.


Henrique Capriles participó activamente en el golpe de Estado contra Hugo Chávez organizado por Estados Unidos en abril de 2002. Alcalde de Baruto, procedió al arresto de numerosos partidarios del orden constitucional, entre ellos Ramón Rodríguez Chacín, entonces Ministro de Interior y Justicia, el cual fue violentamente agredido por los partidarios del golpe frente a las cámaras de televisión.  Al respecto, las palabras de Rodríguez Chacín son esclarecedoras: “Les hice ver [a Henrique Capriles y Leopoldo López, quienes llegaron para arrestarlo] el riesgo, el peligro que había para mi integridad física [de salir frente a la multitud], que la situación se iba a escapar de sus manos, sugerí salir por otro lugar, el sótano y la respuesta que recibí de Capriles, precisamente, fue que no, porque las cámaras estaban al frente del edificio. Ellos querían sacarme en frente de las cámaras, para exhibirme, no sé, supongo que para vanagloriarse ellos, a pesar del riesgo”.

Unos días antes del golpe de Estado, Capriles apareció ante las cámaras de televisión con los dirigentes de su partido político Primero Justicia para reclamar la renuncia de Hugo Chávez, de los diputados de la Asamblea Nacional, del Fiscal de la República, del Defensor del Pueblo y del Tribunal Supremo de Justicia. Tras el golpe del 11 de abril, la primera decisión de la junta golpista fue precisamente disolver todos estos órganos de la República.

En abril de 2002, Primero Justicia fue el único partido político en aceptar la disolución por la fuerza de la Asamblea Nacional que ordenó la junta golpista de Pedro Carmona Estanga.

Durante el golpe de Estado de abril de 2002, Capriles también participó en el asedio a la embajada cubana de Caracas, que organizaron la oposición venezolana y la extrema derecha cubanoamericana. Estaba presente Henry López Sisco, cómplice del terrorista cubano Luis Posada Carriles, responsable de más de un centenar de asesinatos, entre ellos el atentado contra el avión de Cubana de Aviación el 6 de octubre de 1976 que costó la vida a 73 pasajeros.

Tras cortar el agua y la electricidad, Capriles, quien pensaba que el vicepresidente de la época Diosdado Cabello, se había refugiado en la entidad diplomática, entró y exigió del embajador revisar el lugar, violando así el Artículo 22 de la Convención de Viena, que estipula que las representaciones diplomáticas son inviolables.  Germán Sánchez Otero, entonces embajador cubano en Venezuela, le respondió lo siguiente: “Si usted conoce el derecho internacional debe saber que tanto Venezuela como Cuba tienen derecho a que un ciudadano sea evaluado para recibir asilo político en cualquier sede diplomática. Un demócrata, un humanista, no puede admitir que haya niños sin agua, sin electricidad y sin comida”.  Al salir de la embajada, Capriles, lejos de calmar la multitud alterada, declaró a la prensa que no había podido revisar la representación diplomática y que estaba en la imposibilidad de confirmar o no la presencia de Cabello, lo que suscitó nuevas tensiones.


Por su participación en el golpe de Estado, Capriles fue enjuiciado y encarcelado de modo preventivo por sustraerse a la justicia.  El fiscal de la República, Danilo Anderson, encargado del caso Capriles fue asesinado en noviembre de 2004 en un atentado con coche bomba.  En 2006, los tribunales absolvieron a Capriles.  En 2008, se abrió un nuevo juicio penal que todavía está en curso.

Tras su elección en 2008 como gobernador del Estado de Miranda, Capriles expulsó de las instalaciones de la región a los funcionarios encargados de los programas sociales que elaboró el gobierno de Chávez.

En su programa electoral, Capriles promete luchar contra la delincuencia. No obstante, desde su llegada al poder en Miranda, la inseguridad se incrementó haciendo del Estado uno de los tres más peligrosos de Venezuela. Entre 2011 y 2012, la tasa de homicidios aumentó más de un 15%.  A pesar de este balance, Capriles, reelegido en 2012, todavía se niega a aceptar la implantación de la Policía Nacional Bolivariana en el territorio que dirige.

Entre 2008 y 2012, Capriles despidió a más de mil funcionarios en el Estado de Miranda –que trabajaban en el sector cultural– por considerarlos sospechosos de ser partidarios del antiguo gobernador chavista Diosdado Cabello, y procedió al cierre de decenas de bibliotecas.

En 2012, Capriles se reunió secretamente en Colombia con el general Martin Demsey, Jefe del Estado Mayor de Estados Unidos. No se filtró nada de esas conversaciones.

Capriles no deja de reclamarse del antiguo presidente brasileño Lula da Silva. No obstante, éste brindó varias veces su apoyo a Hugo Chávez, particularmente en las últimas elecciones de octubre de 2012. “Tu triunfo será nuestro”, declaró en un mensaje al Presidente Chávez.

En caso de victoria en las elecciones presidenciales del 14 de abril de 2013, Capriles prometió la amnistía para Pedro Carmona Estanga, antiguo presidente de Fedecámaras que encabezó la junta militar durante el golpe de Estado, actualmente prófugo de la justicia y refugiado en Colombia.

El programa presidencial de Capriles es de esencia neoliberal y preconiza una aceleración de las privatizaciones en una economía controlada en más del 70% por el sector privado, una autonomía y una descentralización.  En caso de victoria de Capriles, la empresa petrolera nacional Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), no se encontrará bajo control político. El programa de Capriles prevé la suspensión de la ayuda financiera que otorga PDVSA al Fondo de Desarrollo Nacional (FONDEN), el cual financia las infraestructuras y los programas sociales.


Capriles impondrá un aumento del precio de la gasolina que se consume en el mercado nacional.

Se cancelarán las reformas agrarias que realizó el gobierno de Chávez y se restituirán las tierras a los latifundistas.

La Ley de Pesca, de la cual se beneficiaron decenas de miles de trabajadores del mar, también se abrogará.

Capriles autorizará en Venezuela el cultivo de organismos genéticamente modificados.

Capriles propone “incorporar en el sistema educativo básico y medio, temas demostrativos sobre la conexión entre propiedad, progreso económico, libertad política y desarrollo social”.

Capriles prevé otorgar independencia total al Banco Central de Venezuela, con el fin de evitar todo control democrático sobre las políticas financieras y monetarias, y le prohibirá “financiar el gasto público”.

Capriles anunció que pondría fin a la relación especial con Cuba, lo que afectará los programas sociales en los campos de la salud, la educación, el deporte y la cultura.

Capriles pondrá término a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), organismo de integración regional.

Capriles suprimirá el programa Petrocaribe que permite actualmente a 18 países de América Latina y el Caribe, o sea 90 millones de personas, conseguir petróleo subvencionado y asegurar su abastecimiento energético.

Capriles prevé firmar tratados de libre cambio (TLC), particularmente con Estados Unidos y la Unión Europea.

Capriles prevé volver a otorgar la concesión hertziana al canal RCTV, que emite ahora vía cable y satélite, a pesar de su participación abierta en el golpe de Estado de abril de 2002.

Capriles prohibirá todos los programas políticos en el canal nacional Venezolana de Televisión, dejando así el monopolio del debate ciudadano a los canales privados.

Capriles prevé “supervisar y controlar la proliferación de emisoras de radio […] y regular el crecimiento de las emisoras de radio comunitarias”.

Capriles eliminará el FONDEN, fondo especial destinado a financiar los programas sociales.

Capriles pondrá término a la regulación de precios que permite a toda la población adquirir los productos de primera necesidad.



fuente: http://www.cubadebate.cu/opinion/2013/03/19/50-verdades-sobre-henrique-capriles-radonsky-candidato-a-la-presidencia-de-venezuela/#.Vml2GPnhChc

08 diciembre, 2015

¿Quién tiene que pedir perdón? - subcomandante Marcos


¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo? ¿Los que, durante años y años, se sentaron ante una mesa llena y se saciaron mientras con nosotros se sentaba la muerte, tan cotidiana, tan nuestra que acabamos por dejar de tenerle miedo? ¿Los que nos llenaron las bolsas y el alma de declaraciones y promesas? ¿Los muertos, nuestros muertos, tan mortalmente muertos de muerte "natural", es decir, de sarampión, tosferina, dengue, cólera, tifoidea, mononucleosis, tétanos, pulmonía, paludismo y otras lindezas gastrointestinales y pulmonares? ¿Nuestros muertos, tan mayoritariamente muertos, tan democráticamente muertos de pena porque nadie hacía nada, porque todos los muertos, nuestros muertos, se iban así nomás, sin que nadie llevara la cuenta, sin que nadie dijera, por fin, el "¡YA BASTA!", que devolviera a esas muertes su sentido, sin que nadie pidiera a los muertos de siempre, nuestros muertos, que regresaran a morir otra vez pero ahora para vivir? ¿Los que nos negaron el derecho y don de nuestras gentes de gobernar y gobernarnos? ¿Los que negaron el respeto a nuestra costumbre, a nuestro color, a nuestra lengua? ¿Los que nos tratan como extranjeros en nuestra propia tierra y nos piden papeles y obediencia a una ley cuya existencia y justeza ignoramos? ¿Los que nos torturaron, apresaron, asesinaron y desaparecieron por el grave "delito" de querer un pedazo de tierra, no un pedazo grande, no un pedazo chico, sólo un pedazo al que se le pudiera sacar algo para completar el estómago?

¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo?

¿El presidente de la república? ¿Los secretarios de estado? ¿Los senadores? ¿Los diputados? ¿Los gobernadores? ¿Los presidentes municipales? ¿Los policías? ¿El ejército federal? ¿Los grandes señores de la banca, la industria, el comercio y la tierra? ¿Los partidos políticos? ¿Los intelectuales? ¿Galio y Nexos? ¿Los medios de comunicación? ¿Los estudiantes? ¿Los maestros? ¿Los colonos? ¿Los obreros? ¿Los campesinos? ¿Los indígenas? ¿Los muertos de muerte inútil?

¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo?

Bueno, es todo por ahora.

Salud y un abrazo, con este frío ambas cosas se agradecen (creo), aunque vengan de un "profesional de la violencia".

Subcomandante Insurgente Marcos

05 diciembre, 2015

HISTORIA TRIUNFAL DE ESPAÑA - Antonio Orihuela


HISTORIA TRIUNFAL DE ESPAÑA

Si vencimos a los neandertales,
si vencimos a los tartesios,
si vencimos a los iberos,
si vencimos a los celtas,
si vencimos a los hispanorromanos,
si vencimos a los visigodos,
si vencimos a los musulmanes,
si vencimos a los herejes,
si vencimos a los rojos…

¿Quiénes somos nosotros?


REVOLUCIÓN

Íbamos a tomar el Palacio de Invierno,
pero nos llegó la orden de desahucio de nuestras casas.


LEY HISTÓRICA

Un rey es un bandido que triunfó.
Un ahorcado es un bandido que fracasó.

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fuente: http://vocesdelextremopoesia.blogspot.com.es/2015/12/4-poemas-de-salirse-de-la-fila-de.html