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29 agosto, 2026

Terrorismo de izquierda y Santa Inquisición ‘new age’ — Fernando Buen Abad

 


PIA – 27/08/2026


Cada ciclo del desarrollo imperial estadounidense fabrica vocabularios destinados a convertir conflictos históricos en anomalías rebeldes


Hoy, la expresión "terrorismo de izquierda", empleada como categoría política indiscriminada, participa de esa operación al fundir experiencias, procesos, tradiciones intelectuales y luchas sociales heterogéneas dentro de una misma "nueva" figura criminal.


Esa emboscada no persigue precisión conceptual. Aspira a cancelar la inteligibilidad del conflicto mediante una distorsión ideológica que sustituye el examen de las causas por la condena preventiva de cualquier impugnación al orden dominante.


Cuando un representante del poder estatal convierte esa fórmula en instrumento diplomático o jurídico, la controversia deja de pertenecer al terreno de las ideas para ingresar en un dispositivo de disciplinamiento belicista donde la sospecha precede a la evidencia y la obediencia adquiere rango de virtud cívica. La historia demuestra que toda inquisición comienza con una redefinición del lenguaje.


Aquella Santa Inquisición fue una institución creada por la Iglesia católica durante la Edad Media con el propósito de investigar y sancionar la herejía, entendida como cualquier creencia o práctica que se apartara de la doctrina oficial. Existieron diferentes tribunales inquisitoriales en varios países; los más conocidos fueron la Inquisición española, establecida en 1478, la portuguesa y la romana.


Para ello, los tribunales recibían denuncias, investigaban a los acusados y llevaban a cabo procesos judiciales. Se empleó la tortura como método de interrogatorio y las sanciones podían incluir penitencias, multas, confiscación de bienes, prisión e incluso la entrega del condenado a las autoridades civiles para la aplicación de la pena de muerte.


Toda palabra despojada de complejidad dialéctico-histórica reduce el horizonte del pensamiento y amplía la discrecionalidad del castigo. La acusación remplaza al argumento. El expediente desplaza a la investigación. La lealtad al imperio ocupa el lugar reservado al conocimiento. Bajo esa arquitectura, universidades, sindicatos, centros culturales, periodistas, científicos y organizaciones populares quedan sometidos a una vigilancia que transforma la discrepancia en amenaza existencial. El resultado consiste en una pedagogía del miedo cuya eficacia depende menos de la represión abierta que de la normalización cotidiana de la autocensura.


Marco Rubio ha recurrido con frecuencia a ese repertorio discursivo para presentar cualquier cuestionamiento estructural al capitalismo como expresión de radicalismo comunista amenazante. Puesta la mira contra México y contra Cuba especialmente. La estrategia responde a una lógica geopolítica que convierte diferencias económicas y demandas populares en problemas de seguridad nacional. Desaparece la explotación y el plus producto como categoría analítica. Desaparecen las relaciones sociales que producen desigualdad. Desaparecen las contradicciones entre capital y trabajo. Permanece únicamente un enemigo abstracto cuya existencia justificaría mecanismos extraordinarios de vigilancia, represión, sanción y exclusión. Aquello que debería discutirse mediante evidencia histórica termina administrado mediante categorías policiales.


Una operación semejante invierte el orden racional de la investigación social. Ninguna sociedad debería ser acosada cognitivamente mediante ideologías burguesas.


Las transformaciones históricas nacen de la lucha de clases y de los conflictos materiales en las relaciones verificables, de formas específicas de apropiación de la riqueza, de distribuciones desiguales del poder y de disputas permanentes por el control del trabajo humano. Negar esa dinámica equivale a borrar el fundamento mismo de su historia. Y la conciencia de clase emerge precisamente cuando los individuos reconocen que los intereses privados se infiltran como conciencia colectiva para la dominación y así descubren que el sufrimiento perenne posee raíces históricas.


La criminalización del pensamiento crítico intenta impedir ese reconocimiento.


Siempre que la pobreza aparece desconectada de la concentración de la riqueza, y que la precarización laboral se explica mediante fracasos individuales; siempre que la desigualdad adquiere apariencia de fenómeno natural, el conflicto estructural de clase se disfraza tras una narrativa moralizante. Las mayorías dejan de percibirse como sujetos históricos para contemplarse únicamente como administradoras aisladas de dificultades personales. La fragmentación constituye entonces una forma de gobierno mucho más eficiente que la coerción permanente.


Una tradición humanista crítica nos recuerda que ninguna libertad florece donde el miedo organiza el conocimiento. La investigación científica exige contraste de hipótesis, crítica sistemática, revisión permanente de evidencias y apertura intelectual.


Un poder que define de antemano las conclusiones aceptables degrada la ciencia hasta convertirla en protocolo burocrático. La cultura pierde capacidad creadora cuando la sospecha sustituye al diálogo. La filosofía renuncia a su función emancipadora cuando acepta fronteras impuestas por intereses ajenos a la búsqueda de la verdad. La universidad deja de formar ciudadanos capaces de comprender la complejidad histórica para producir administradores obedientes de consensos prefabricados. La experiencia histórica enseña igualmente que ninguna hegemonía permanece invulnerable.


Todo intento por clausurar el pensamiento crítico alimenta nuevas preguntas acerca del origen de las prohibiciones. La censura revela aquello que procura ocultar. Y tal persecución intelectual confirma la fragilidad de un orden incapaz de sostenerse mediante razones compartidas. El conflicto entre trabajo y capital reaparece entonces bajo formas renovadas porque pertenece a la organización material de la producción y no a la voluntad subjetiva de propagandistas o gobernantes.


Una defensa auténtica de la dignidad humana exige rechazar toda inquisición contemporánea, cualquiera que sea el vocabulario empleado para legitimarla. El pensamiento crítico constituye patrimonio universal porque permite reconocer vínculos entre experiencia individual y estructura histórica, entre sufrimiento cotidiano y organización económica, entre cultura y poder. Reducir esa capacidad a una etiqueta criminal como "terrorismo de izquierda" representa un ataque contra la inteligencia colectiva antes que contra una corriente política determinada. La emancipación intelectual comienza allí donde el lenguaje recupera precisión, la investigación recobra autonomía y la conciencia revolucionada descubre que la historia permanece abierta mientras existan mujeres y hombres dispuestos a comprenderla para transformarla.


Fernando Buen Abad Domínguez, Doctor en filosofía


Este artículo ha sido publicado en el portal cubadebate.cu


Foto de portada: Jim Watson, AFP


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28 agosto, 2026

Escarbamos en el terreno de nuestras tradiciones radicales — Vijay Prashad

 

Cuando el imperialismo convierte el conocimiento, la tecnología y el arte en instrumentos de sometimiento, las tradiciones radicales enseñan otra lección: los pueblos oprimidos pueden apoderarse de esas herramientas y transformarlas en armas de liberación.


Tricontinental. Boletín 35 – 27/08/2026


Sliman Mansour (Palestina), Rituals Under Occupation [Rituales bajo la ocupación], 1988.


Queridas amigas y amigos,


Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.


Dedicado a Sliman Mansour (1947-2026), un pintor amable y generoso de la emancipación palestina.


En enero de 1968, 470 personas delegadas de 70 países se reunieron en Cuba para el Congreso Cultural de La Habana. Llegaron de naciones en guerra, de sociedades socialistas en construcción, de movimientos de liberación nacional que luchaban contra el colonialismo y de centros imperiales donde lxs intelectuales habían comenzado a rebelarse contra el poder. Vietnam resistía al ejército más poderoso de la Tierra. El asesinato del Che Guevara tres meses antes no había extinguido la convicción de que el imperialismo podía ser derrotado; solo la había intensificado.


El imperialismo, comprendían las personas delegadas, no sobrevive solo con el fusil y el banco. También utiliza escuelas, emisoras de radio, editoriales, laboratorios, museos y la imaginación. Enseña a las personas colonizadas a ver sus propias historias como atrasadas, sus lenguas como provincianas y sus artes populares como materia prima en espera de ser refinada por la metrópoli. Frente a esta maquinaria, el congreso convocó a lo que Fidel Castro describió como “un Vietnam en el campo de la cultura”: una lucha organizada por los medios mediante los cuales los seres humanos se comprenden a sí mismos y comprenden su poder. Nuestro dossier más reciente, Un Vietnam en el campo de la cultura: el Congreso Cultural de La Habana, 1968 (agosto de 2026), toma su título de la frase de Fidel Castro y vuelve al congreso en el año del centenario de su nacimiento.




El Congreso Cultural de La Habana nos ofrece el terreno sobre el cual encontrarnos con el tema de este boletín: las tradiciones radicales. Una tradición radical no es un altar al pasado. La palabra radical proviene del latín radix, raíz. Ir a la raíz es descubrir las luchas que originaron el pensamiento y la belleza de un pueblo y llevar sus posibilidades inconclusas al presente. La tradición no es lo que permanece inmutable. Es lo que el pueblo rehace continuamente mientras lucha por realizar su humanidad y por florecer dentro de la naturaleza, y no mediante su destrucción.


Uno de los ejemplos más claros de esta tradición radical en este período surgió a partir de la reelaboración anticolonial de Calibán, la figura esclavizada de La tempestad (1610-1611), de William Shakespeare. En el Caribe y América Latina, Calibán se convirtió en una forma de pensar no en el regreso a un pasado intacto, sino en la transformación de lo que el colonialismo había impuesto: la lengua, la literatura y el conocimiento, como armas contra el dominio colonial. Dos obras afinaron esta lectura anticolonial: la obra de teatro Une tempête [Una tempestad] (1969), de Aimé Césaire, y el ensayo Calibán (1971), de Roberto Fernández Retamar. En la obra de Shakespeare, Próspero (la civilización europea) se apodera de una isla, esclaviza a Calibán (el colonizado) y le enseña su idioma para poder darle órdenes. Césaire dramatiza el rechazo de Calibán a ese mando colonial. Su Calibán exige ser llamado X, lo que sugiere tanto la violencia que borra su nombre como la libertad que quiere disfrutar. Césaire deja a Próspero y a Calibán atrapados en un mundo colonial en deterioro. Próspero no puede imaginarse sin el sujeto que domina, mientras que el rechazo de Calibán a ser colonizado fractura su mundo. Calibán no pide una mejor representación dentro del orden de Próspero. Disputa el orden mismo. Para Fernández Retamar, Calibán no es una sombra vergonzosa al borde de la civilización latinoamericana, es su pueblo colonizado. Próspero invadió su tierra, mató a sus ancestros, lo esclavizó y le impuso una lengua. ¿Qué otra cosa puede hacer Calibán, pregunta Fernández Retamar, sino usar esa lengua para maldecir a Próspero?


La maldición es apenas el comienzo. Calibán no se limita a rechazar la lengua del colonizador: se apodera de ella. La ciencia, la tecnología, la literatura y los conceptos políticos acumulados en los centros imperialistas fueron posibles gracias a la riqueza y el trabajo extraídos del mundo colonizado. Fernández Retamar rechaza la idea de que pertenecen naturalmente a Occidente. Su recuperación no es imitación, sino restitución. Recuperarlos es desenterrar las raíces de un mundo que el colonialismo intentó monopolizar y volver sus instrumentos hacia la liberación. Calibán convierte la lengua del mando en una lengua de revuelta: en la tradición radical que atesoramos. Pasé una hora conversando con el equipo de Tank Magazine sobre el ensayo de Fernández Retamar y su contexto.


Camilo Egas (Ecuador), Sueño de Ecuador, 1939.


¿A quién se le permite representar la razón y a quién se le confina a la emoción? En La Habana, esta no era una pregunta abstracta. Los debates sobre la negritud enfrentaron este problema directamente. René Depestre señaló la formulación de Léopold Senghor según la cual “la emoción es negra, como la razón es blanca” como ejemplo del peligro que enfrentaba una revuelta cultural anticolonial. Depestre honró la afirmación original de la negritud de las culturas negro-africanas frente a la deshumanización racial, pero advirtió que, separada de la lucha de clases, podía convertirse en esencialismo racial y ser capturada por élites reaccionarias. En Haití, el noirisme [ideología racial esencialista] de François Duvalier había convertido la defensa de la cultura negra en una ideología de Estado que aterrorizaba al pueblo y a la izquierda en nombre de la autenticidad negra. El congreso rechazó, pues, tanto la asimilación liberal como el esencialismo racial. El racismo no podía ser derrotado admitiendo a unas pocas personas colonizadas en la casa del amo, ni convirtiendo las categorías coloniales en verdades permanentes. Requería una transformación de las relaciones materiales que reproducen continuamente la raza como jerarquía.


La tradición radical aparece, sin embargo, también en obras cuya política permanece limitada o irresuelta. El laberinto de la soledad (1950), de Octavio Paz, escrito lejos de la política revolucionaria de La Habana, se acerca a la herida colonial de México mediante máscaras, silencios, fiestas y soledad: los hábitos de ocultamiento y distancia formados en una sociedad marcada por la conquista. Paz comprendió que la conquista sobrevive dentro de las formas de la subjetividad. El sujeto colonizado y poscolonial puede llevar una máscara no porque no haya nada debajo de ella, sino porque la historia ha hecho peligrosa la exposición. La soledad se vuelve a la vez herida y defensa. Sin embargo, el laberinto nunca es meramente psicológico, porque sus muros fueron construidos mediante la conquista, la jerarquía racial, el poder de clase y la relación irresuelta de México con la modernidad. La tradición radical comienza donde el relato de Paz llega a su límite: la soledad se rompe con la lucha colectiva. La asamblea campesina, el comité de huelga, la brigada de alfabetización, el taller de teatro y la emisora comunitaria hacen más que expresar a un pueblo existente: ayudan a hacer nacer uno nuevo. Incluso el relato de Paz apunta más allá de sí mismo hacia este hecho.


Benjamin Silva (Brasil), Masacre de Tlatelolco, 1968.


Una pregunta afín surgió en Irán a partir de la obra de Jalal Al-e Ahmad (1923-1969): ¿cómo puede un pueblo apoderarse del conocimiento moderno sin someterse a las categorías y dependencias del poder imperial? Al-e Ahmad, que pasó del entorno comunista del Partido Tudeh a un antiimperialismo de inflexión religiosa, publicó en 1962 su célebre polémica Gharbzadegi, título traducido con frecuencia como Occidentosis. Leído ampliamente en Irán, también entre sectores de ulemas [clérigos], el libro describía una sociedad golpeada por Occidente, no simplemente porque importaba mercancías extranjeras, sino porque había comenzado a inhalar las categorías de Occidente como si fueran oxígeno. El resultado era una suerte de mal aliento civilizacional: la exhalación rancia de la imitación, la dependencia y la autoalienación. La tecnología llega sin la capacidad social de dirigirla, la élite local se convierte en intermediaria de bienes y deseos importados y se enseña a un pueblo a experimentar su propio mundo como una carencia.


La polémica de Al-e Ahmad podría haberse leído como una retirada romántica hacia un pasado no contaminado, pero su intuición más potente apunta a otra parte. Quería tanto un reconocimiento de nuestras propias tradiciones como una radicalización de ellas para el mundo moderno. Aquí es donde la pregunta de Al-e Ahmad se encuentra con las preocupaciones de La Habana. En el congreso no se rechazó la ciencia ni la tecnología por ser occidentales. Se preguntó quién es su dueño, con qué fines se organizan y de quién es el trabajo que las hace posibles. Las personas delegadas describieron a médicos formados a expensas públicas en el Tercer Mundo y extraídos por el centro imperial. Conocimientos locales recopilados como “materia prima científica” y devueltos en forma de políticas, vigilancia e intervención militar. La respuesta a la occidentosis no es, por tanto, la pureza, sino la soberanía: la capacidad colectiva de apoderarse del conocimiento moderno, redirigirlo hacia la necesidad social y transformar la sociedad en el proceso.


Bahman Mohasses (Irán), Il Minotauro fa paura alla gente per bene [El minotauro asusta a la gente de bien], 1966.


Los movimientos de liberación representados en La Habana ya ponían en práctica esta soberanía. Mostraron que la cultura no era algo que debiera preservarse en aislamiento ni posponerse hasta después de la victoria, sino un medio a través del cual se construía la liberación misma. En Vietnam, los informes mensuales del Frente Nacional de Liberación contaban a las personas liberadas del analfabetismo junto a las victorias militares, mientras los equipos de cine trabajaban desde sótanos bajo el bombardeo. En las zonas liberadas de Guinea-Bissau, Angola y Mozambique, las escuelas, las imprentas, los talleres de artistas y las canciones revolucionarias formaban los cimientos de una nueva sociedad antes de que llegara la independencia formal. La liberación misma era un acto de cultura.


La misma comprensión animaba a Lotus. Publicada por primera vez en marzo de 1968 como Afro-Asian Writings [Escritos Afroasiáticos], la revista ayudó a construir la infraestructura cultural que La Habana había reclamado: un hogar multilingüe para escritorxs de África y Asia, y más tarde de América Latina. Sus páginas rechazaban el arreglo colonial en el que lxs escritorxs del Sur aguardaban el reconocimiento de Londres, París o Nueva York. Lotus hizo visible otra geografía literaria: la resistencia palestina podía hablar con la liberación vietnamita, la lucha sudafricana con la poesía egipcia y las naciones recién descolonizadas con quienes aún luchaban por la libertad. Un solo ejemplo captura lo que esta infraestructura hizo posible. En 1972, Lotus publicó una obra de teatro, Ughniyyat al-Mawt [Canción de muerte], del dramaturgo egipcio Tawfiq al-Hakim. Gracias a las redes de la revista, la obra fue traducida al hindi e interpretada ese mismo año en Nueva Delhi. También fue traducida al amárico y una función fue transmitida por la televisión estatal etíope. Una historia sobre una familia rural egipcia cuya vendetta se vio trastornada por la educación de un hijo en El Cairo pudo así viajar más allá de Egipto y hablar a públicos que enfrentaban sus propios dilemas de tradición, modernidad y transformación social.


Wifredo Lam (Cuba), Tercer Mundo, 1966.


Hoy necesitamos la urgencia de Lotus. El aparato mediático que enfrentó La Habana se ha convertido en un denso sistema de plataformas, algoritmos, extracción de datos y propiedad concentrada. No se limita a censurar: inunda el mundo de imágenes, fragmenta la experiencia común en corrientes personalizadas, convierte la atención en propiedad y hace que la solidaridad parezca lejana incluso cuando la guerra llega al instante a nuestras pantallas. El racismo y el colonialismo se renuevan mediante viejas jerarquías vestidas con ropas digitales. Los pueblos del mundo son invitados a consumir las imágenes de otros pueblos mientras se les impide construir relaciones duraderas con sus luchas.


Una nueva visión cultural del mundo no puede ensamblarse a partir de consignas de diversidad suministradas por las mismas instituciones que financian la guerra y el saqueo. Debe surgir de las luchas contra el racismo, el colonialismo, el patriarcado y la explotación capitalista. Debe recuperar el sentido total de la cultura afirmado en La Habana: la cultura como arte y educación, pero también como salud, ciencia, trabajo, deporte, medios de comunicación, tecnología y organización de la vida cotidiana. La persona trabajadora intelectual en el centro de este proyecto no es una genia solitaria erguida sobre el pueblo, sino alguien cuyo conocimiento se coloca dentro de un proceso colectivo. El horizonte de este proyecto no es el reemplazo de una élite por otra, sino la ampliación de la vida intelectual hasta que la división entre quienes piensan y quienes hacen comience a desaparecer. Las tradiciones radicales no nos dan ni un mapa completo ni un refugio del presente. Nos ofrecen métodos: el recorrido de Paz por las máscaras que dejó la conquista; el rechazo de Césaire al guion colonial; la apropiación de la lengua del amo por parte de Fernández Retamar; la alarma de Al-e Ahmad ante la imitación dependiente; el común literario internacionalista construido por Lotus; y la insistencia de La Habana en que la revolución debe transformar la totalidad de la vida.


Paritosh Sen (India), Rain over Benares, India [Lluvia sobre Benarés, India], 1962.


Hemos heredado la tormenta. Nuestra tarea es emanciparnos de ella.


Cordialmente,


Vijay


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31 octubre, 2025

EL LARGO TENTÁCULO DEL SIONISMO COLONIALISTA

 



"Tensiones en Koh Phangan y la vecina Koh Samui, en la provincia de Surat Thani, que involucran a turistas y empresarios israelíes.


Entre las acusaciones figuran la adquisición de terrenos mediante testaferros tailandeses y el establecimiento de negocios que atienden exclusivamente a visitantes israelíes". (Bangkok Post -10/10/2025)


"Soldados israelíes arrestados en una fiesta con drogas en Koh Phangan.


SURAT THANI - Cuatro hombres israelíes que afirmaban ser soldados celebrando la paz en Oriente Medio fueron arrestados mientras estaban de fiesta y consumiendo drogas en una villa de lujo en Koh Phangan la madrugada del martes.


Respondiendo a una denuncia por ruido, la policía registró la villa en Ban Sri Thanu alrededor de las 2:40 de la madrugada e informó que cuatro hombres israelíes, de entre 26 y 27 años parecían estar ocultando algo. Se les encontró sentados sobre pequeños paquetes que contenían 0,59 gramos de cocaína y 1,37 gramos de éxtasis en polvo.


Los detenidos declararon que eran soldados de vacaciones y que habían estado de fiesta con entre 10 y 15 compatriotas para celebrar el fin de la guerra entre Israel y Hamás.


Los cuatro israelíes arrestados fueron llevados al Hospital Koh Phangan, donde dieron positivo por consumo de cocaína y metanfetamina.


Según el inspector de la policía, el teniente coronel Winit Boonchit, los sospechosos declararon haber comprado las drogas a otros israelíes que estaban en la fiesta, pero que desconocían sus nombres”. (Bangkok Post – 14/10/2025)


La policía de inmigración interroga a dos ciudadanos israelíes en el Hotel Arcana de Koh Phangan durante una redada el 17 de octubre de 2025.


La policía de inmigración allanó el Hotel Arcana, Koh Phangan, el 18 de octubre de 2025.


"En el restaurante y cafetería Blessings Home and Cafe, en la aldea de Thong Sala, los agentes descubrieron a dos trabajadores de Myanmar, empleados ilegalmente, sirviendo café y manejando dinero en efectivo en el bar.


El Sr. Panupong, ciudadano tailandés registrado como empleador, fue acusado de permitir que extranjeros trabajaran sin autorización legal. Sin embargo, la investigación reveló que la Sra. Yara, ciudadana israelí que figuraba como directora de la empresa, era la verdadera propietaria. Ella es la tercera israelí sospechosa buscada por las autoridades y enfrentará cargos por operar un hotel sin autorización.


La policía también arrestó al Sr. Sean Gal, ciudadano israelí que trabajaba como gerente de hotel, por trabajar excediendo los límites de su visa". (Khaosod – 18/10/2025)


"Koh Phangan bajo la lupa: Aumento de turistas israelíes y preocupaciones inmobiliarias

(Fuente: Noticias de la PBS tailandesa)

Resumen:

En un reciente reportaje de la cadena tailandesa PBS, la isla de Koh Phangan, en la provincia de Surat Thani, ha sido objeto de atención debido al rápido aumento de visitantes y residentes israelíes. El reportaje analiza cómo muchos israelíes han comenzado a comprar o alquilar propiedades, en ocasiones a través de intermediarios tailandeses, lo que ha generado preocupación entre los residentes y las autoridades locales.


Los residentes han manifestado su frustración ante problemas como los choques culturales, los negocios ilegales, los alquileres impagados y el turismo desregulado. Las autoridades están reforzando la vigilancia, inspeccionando los negocios y revisando las políticas de visado.


El informe también aborda el surgimiento de comunidades israelíes en la isla, incluyendo reuniones de Shabat y letreros en hebreo, y destaca la inquietud local sobre la seguridad y el asentamiento a largo plazo.

Temas clave:

● Rápida afluencia de turistas e inversores israelíes

● Uso de nombres de “nominados” tailandeses en la propiedad de tierras y negocios

● Tensiones entre los lugareños y los extranjeros residentes de larga duración

● Medidas enérgicas del gobierno y revisión de la política de visados

● Preocupaciones sobre el respeto cultural y el equilibrio comunitario"

(Fuente: Koh Samui News & Info – 21/10/2025)


"La creciente preocupación por los colonos israelíes en Koh Phangan centra la atención nacional.


PATTAYA, Tailandia – La creciente presencia de ciudadanos israelíes en Koh Phangan ha generado preocupación entre los residentes locales, quienes denuncian problemas generalizados que van desde daños ambientales hasta violaciones de las leyes tailandesas. Se alega que algunos extranjeros han estado comprando terrenos, construyendo casas, operando negocios e infringiendo las normas locales, lo que ha provocado temores de que Koh Phangan se esté convirtiendo cada vez más en una "segunda sucursal de Tel Aviv".


Los residentes de Koh Phangan, especialmente en zonas como Ban Sri Thanu, Hin Kong y Chalok Lam, han manifestado su creciente preocupación por la magnitud del asentamiento sionista. Señalan que cientos de ciudadanos israelíes han establecido residencias permanentes, apropiándose de terrenos privilegiados, incluyendo parcelas frente al mar y zonas boscosas adyacentes a parques nacionales. Según informes, estos colonos han participado en actividades como la construcción ilegal, la deforestación y el soborno a funcionarios locales.


Según informes, algunos de los colonos son militares en activo o retirados que utilizan Koh Phangan como lugar de ocio y recuperación. Los lugareños también han denunciado casos de comportamiento irrespetuoso, como disputas por pagos e infracciones reiteradas de las normas de la comunidad.


En Ban Sri Thanu, la presencia israelí se ha consolidado como una microcomunidad con un centro judío Jabad que funciona como núcleo cultural, ofreciendo servicios religiosos y apoyo social. La zona también alberga operadores turísticos especializados en Israel, escuelas con una mayoría de estudiantes israelíes y complejos residenciales destinados principalmente a ciudadanos israelíes.


Las autoridades locales han confirmado un aumento de los problemas legales relacionados con la comunidad israelí. Entre 2023 y 2025, los informes policiales registran 20 casos que involucran a ciudadanos israelíes, incluyendo trabajar sin permisos, permanecer en el país con visas vencidas, operar negocios no autorizados, robo, delitos relacionados con drogas, agresión, uso de moneda falsificada y desacato a la autoridad. En 2025, destacaron casos relacionados con la operación de guarderías sin licencia, servicios turísticos no autorizados y negocios ilegales de alquiler de autos.


La administración provincial respondió formando un grupo de trabajo especial el 10 de octubre, integrado por el Departamento de Tierras, el Departamento de Desarrollo Empresarial, la policía regional, las autoridades de inmigración y los organismos de seguridad. El grupo de trabajo se centra en cuatro áreas clave:


1 Verificar la propiedad de la tierra por parte de entidades extranjeras y comprobar posibles lagunas legales.

2 Seguimiento de las transacciones financieras y los documentos de la empresa para identificar la verdadera propiedad.

3 Velar por el cumplimiento de la normativa sobre permisos de trabajo en coordinación con el Ministerio de Trabajo para prevenir el empleo ilegal.

4 Perseguir con todo el rigor de la ley a los delincuentes, incluidos los colaboradores o funcionarios implicados en actividades ilegales.


Entre las medidas adicionales se incluyen el seguimiento de nuevos grupos de inversión, flujos financieros, empresas turísticas, redes de accionistas y la coordinación con los organismos de seguridad regionales. Las estimaciones actuales indican que alrededor de 2000 ciudadanos israelíes residen en Koh Phangan, de los cuales aproximadamente 500 llevan años residiendo allí y se dedican a actividades comerciales, como el sector inmobiliario, el alquiler de vehículos y la gestión de empresas. Se están llevando a cabo investigaciones sobre la legalidad de sus actividades.


El gobernador de Surat Thani, Theerut Supaviboolpol, enfatizó el papel de las autoridades locales en el control de la propiedad extranjera de tierras y en garantizar el cumplimiento de la ley tailandesa. Por su parte, el teniente general de policía Sitthichai Lokanphai, comandante regional de la policía del sur de Tailandia, prometió mano dura contra cualquier extranjero que intente realizar actividades ilegales en las siete provincias del sur. «La gente honrada vive con comodidad y seguridad, pero a los delincuentes les resultará difícil en cualquier lugar», afirmó. El subcomandante de policía de la Región 8, el coronel Saranyu Chamnanchai, confirmó que las autoridades ya han tomado medidas contra las empresas de propiedad extranjera que intentaron eludir la ley tailandesa mediante accionistas tailandeses testaferros, garantizando así la correcta regulación de la propiedad extranjera.


Las autoridades señalan que este problema no es del todo nuevo. Tensiones similares surgieron en Pai, Mae Hong Son, lo que puso de manifiesto los desafíos que plantean las políticas de exención de visado y el impacto del asentamiento extranjero a largo plazo en las comunidades locales. Las autoridades siguen insistiendo en que todos los ciudadanos extranjeros deben cumplir con la ley tailandesa, y las investigaciones en curso tienen como objetivo frenar la ocupación ilegal y, al mismo tiempo, salvaguardar los derechos y el medio ambiente de la población local". (Pattaya Mail – 19/10/2025)




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20 abril, 2025

Los alumnos aventajados de Trump en América Latina

 


Diario Red – 19/04/2025


El magnate mandatario estadounidense ha puesto el foco en América Latina. Para defender los intereses imperiales de Estados Unidos, se valdrá de aliados locales como Javier Milei, Daniel Noboa, José Raúl Mulino o Nayib Bukele.


Donald Trump busca seguidores en América Latina… y no precisamente de bajo rango. Las bases de la ultraderecha latinoamericana acostumbran ya a ser fanáticas trumpistas, fundamentalmente porque han validado el relato mentiroso de la extrema derecha norteamericana sobre "lo woke". El movimiento Make America Great Again (MAGA) es el principal impulsor de las nuevas corrientes del viejo odio contra las mujeres, las diversidades o los migrantes.


Pero no son estos los seguidores que le interesan a Trump; al fin y al cabo, ya cuenta con ellos. No, el Gobierno estadounidense pretende asegurar el favor de ciertos gobiernos en la región, más allá de que le rían las gracias influencers ultraderechistas de tres al cuarto bajo la manida excusa de la "batalla cultural". Y para ello “seduce” a presidentes y líderes afines que están en disposición de arrodillarse ante el jefe: el argentino Javier Milei, el ecuatoriano Daniel Noboa, el panameño José Raúl Mulino y el salvadoreño Nayib Bukele, entre otros.


Trump se juega mucho en la región, pues América Latina es plenamente estratégica para un Estados Unidos que parece abrir una nueva etapa en su ciclo imperial decadente. Recursos naturales, energéticos y minerales se suman a las exigencias logísticas y militares de un gobierno que ha puesto sus ojos sobre el continente americano en detrimento de otros como Europa. Y para hacer valer sus intereses, la administración Trump echa mano de los gobiernos cipayos locales, pues esta estrategia es siempre menos violenta que la de la injerencia explícita.


El imperialismo estadounidense tiene una larga experiencia en esto. Así como Oriente Medio, Asia Central o el Sudeste Asiático han exigido a Washington “mancharse” de manera más clara mediante guerras o masacres, en el caso de América Latina, quizá por su cercanía, la estrategia ha sido distinta. Por supuesto, Estados Unidos fue un actor crucial en el establecimiento de dictaduras militares en la región, aunque a menudo su penetración fue a través de las embajadas y de políticos cómplices desde el terreno. Sin duda una injerencia menos cruda, aunque igualmente dañina.


El siglo XXI no es una excepción y, ante lo que se evidencia como un "repliegue americano" como parte del largo ciclo de Pivot to Asia que Estados Unidos promulga en su estrategia contra China, Trump vuelve a activar viejos mecanismos de intervención imperial en América Latina. Para ello, el (no tan) nuevo enfoque para la región es claro: hay gobiernos "muy buenos" (es decir, alineados con los norteamericanos) y gobiernos "muy malos" (es decir, pragmáticos e independientes o directamente confrontativos con Washington). Queda poco espacio para los grises.


En este sentido, Donald Trump perfila a sus súbditos en la región y les recompensa: Javier Milei en Argentina, Daniel Noboa en Ecuador, José Raúl Mulino en Panamá o Nayib Bukele en El Salvador. Estos son algunos de los alumnos aventajados del trumpismo en América Latina, pues de ellos espera Trump obtener sendos réditos estratégicos y económicos a cambio de apoyo cuando lo necesiten. Entretanto, el gobierno de Estados Unidos espera ver emerger futuros gobiernos aliados en la región y, para ello, no dudará en participar directa o indirectamente de las diversas competencias electorales que tengan lugar.


De todos ellos espera obtener grandes cosas… y a todos ellos espera poder ayudarles para que se perpetúen en sus respectivos países. Por supuesto, Trump está dispuesto a deshacerse de cualquiera de ellos si su legitimidad se viene abajo y, entonces, "si te he visto no me acuerdo"… pero, mientras tanto, todos ellos aceptan una sumisión temporalmente ventajosa para sus gobiernos.


Javier Milei está plenamente dispuesto a entregar considerables concesiones a Estados Unidos en el proceso de subasta de los activos públicos argentinos. A su vez, pretende facilitar, mediante mecanismos como el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) la penetración del capital privado estadounidense en los recursos minerales y energéticos del país. A cambio, recibe el apoyo de un Fondo Monetario Internacional que nuevamente ha endeudado al país y, de paso, invitaciones personales a Mar-a-Lago. Ciertamente, Milei le sale muy barato a Trump.


José Raúl Mulino amagó con plantarse frente al impulso del imperialismo trumpista contra Panamá, solo para terminar haciendo enormes concesiones. Panamá ha cancelado su participación en la Ruta de la Seda de China y, además, ha firmado un acuerdo que permite el despliegue de tropas estadounidenses en suelo nacional panameño. A su vez, Daniel Noboa pretende modificar la Constitución de Ecuador para que Estados Unidos pueda instalarse militarmente en el país.


El caso de El Salvador es también llamativo. A cambio de un lugar destacado en el ecosistema de la ultraderecha occidental y en conferencias como la CPAC, Bukele ha aceptado asumir parte de la agenda migratoria y racista del gobierno de Trump, poniendo a su disposición su macrocárcel, el CECOT, donde se violan sistemáticamente los derechos humanos. Eventualmente, podría incluso permitir el establecimiento de una suerte de Guantánamo en el departamento salvadoreño de San Vicente. A cambio, es probable que Trump brinde reconocimiento diplomático y apoyo financiero al gobierno de Bukele cuando así lo necesite.


Por supuesto, los perjudicados son los pueblos que pierden soberanía y agravan su dependencia con Estados Unidos. Incluso aquellos gobiernos que puedan ver temporalmente aliviadas sus cargas (es el caso del gobierno argentino), lo hacen a un precio altísimo: someter la política exterior nacional a los intereses norteamericanos y alejarse de la imprescindible integración regional.


Claro que para dirigentes como Noboa, Bukele, Mulino o Milei es muy jugoso. Son poderes cipayos, históricamente asociados a nivel político, económico y cultural con el hegemón del norte, por lo que no hallan contradicción alguna en semejante sumisión. Al contrario, con seguridad encuentran cierto gusto al vender sus países al Tío Sam.


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15 noviembre, 2024

DIEZMANDO POBLACIONES ENTERAS

 


Tocqueville (1951, vol. 9, pp. 243-244), mientras profetiza una «nivelación universal» en Occidente (cayendo en flagrantes contradicciones), por otro lado advierte el abismo que se está abriendo entre Occidente y el resto del mundo. El que «varios millones de hombres», los occidentales, se hayan convertido en «los dominadores de toda su especie», es un hecho que estaba «claramente previsto en los designios de la Providencia». De un modo análogo, J. S. Mill (1946, p. 291), mientras por un lado pone en guardia contra un proceso de democratización cuyo avance impetuoso en Occidente condena a los ricos al aislamiento y la impotencia, por otro celebra el «despotismo vigoroso» que ejercen Occidente y sus clases dominantes a escala internacional. Lejos de ser algo negativo, esta relación de desigualdad extrema debe extenderse hasta abarcar todo el globo; el «despotismo directo de los pueblos adelantados» sobre los atrasados ya es «la condición ordinaria», pero debe convertirse en «general».


La relación de desigualdad extrema que se instaura a escala internacional no se limita al poder político y militar. Tocqueville (1951, vol. 1.1, p.3) escribe: «El descubrimiento de América abre mil caminos nuevos a la fortuna y brinda poder y riqueza al oscuro aventurero». Con este aliciente algunos ciudadanos franceses pueden decidirse a emigrar a las colonias y en particular a Argelia: «Para hacer que vayan habitantes a ese país es preciso, en primer lugar, darles grandes posibilidades de hacer fortuna», hay que reservarles «las tierras más fértiles, las mejor regadas» (Tocqueville 1951, vol. 3.1, pp. 259 y 321 -322). De este modo la expansión colonial por América y Argelia estimula una prodigiosa movilidad vertical que pone la riqueza al alcance de individuos de extracción popular, lo que confirma el proceso de «nivelación universal». Pero esto es solo una cara de la moneda: el propio liberal francés reconoce que a causa del proceso de colonización, en Argelia la población árabe «se muere literalmente de hambre» y en América los indios están a punto de ser borrados de la faz de la tierra (Tocqueville 1951, vol. 15.1, pp. 224-225 y vol. 1.1, pp. 339 y 355). De modo que el enriquecimiento de los «aventureros» y colonos, si bien atenúa las desigualdades en la metrópoli o dentro de la comunidad blanca, abre un abismo cada vez más hondo entre los conquistadores y los pueblos sometidos. Al adoptar constante y exclusivamente el punto de vista del «mundo cristiano», es decir, de Occidente, Tocqueville no advierte la relación que existe entre estos aspectos contradictorios del mismo fenómeno, o por lo menos los soslaya para mantenerse firme en su visión de una marcha imparable de la igualdad de condiciones y la extinción no solo de las «castas», sino de las propias «clases».


Se puede decir que el Manifiesto del partido comunista replica a los dos autores liberales [Tocqueville y J. S. Mills] cuando afirma: «La moderna sociedad burguesa, que ha salido de las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Únicamente ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas luchas por otras nuevas» (MEW, 4; 463). Sí, con el acceso de las masas populares al derecho al voto y el fin de la discriminación censitaria, la riqueza pierde su significado político inmediato, pero justo a partir de este momento puede celebrar su triunfo: la miseria masiva atañe a una esfera privada en la que no tiene derecho a inmiscuirse el poder público. Es un triunfo que la burguesía capitalista también puede celebrar a escala internacional, impulsando el expansionismo colonial y esclavizando y diezmando poblaciones enteras.


Extraído de LA LUCHA DE CLASES, de Domenico Losurdo.


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