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24 noviembre, 2019

EE.UU. y la construcción del golpe en Bolivia




Por: Silvina Romano, Tamara Lajtman, Aníbal García Fernández y Arantxa Tirado


Aunque Evo Morales haya salido victorioso en los comicios del 20 de octubre (por un margen un poco mayor al 10 por ciento) la oposición declaró inválidos los resultados y provocó una escalada de violencia para justificar un golpe de Estado cívico, policial y militar.

Por lo menos desde el 21F los medios de comunicación nacionales y extranjeros fabricaron matrices de opinión falsas para deslegitimar a Evo y al proceso de cambio ante la opinión pública. Finalizados los comicios, la oposición rechazó los resultados, denunció fraude y se negó a participar en la auditoría conducida por la Organización de Estados Americanos (OEA) a propuesta del Gobierno boliviano, tras el informe preliminar de la OEA que cuestionaba la imparcialidad de las elecciones y denunciaba irregularidades en el conteo provisorio de los votos. Dicho informe contribuyó con un recuento de sufragios que no fue representativo y con declaraciones de su representante, que contrastaban con otros informes más completos, como el de CEPR(1) o la investigación del profesor de la Universidad de Michigan y experto electoral, Walter R. Mebane(2).

Los comités cívicos (dirigidos por empresarios de ultraderecha) salieron a “calentar” las calles con grupos de choque, amenazando y golpeando a ciudadanos, sobre todo indígenas. La Policía Nacional se replegó a los cuarteles exigiendo un alza salarial. Grupos civiles armados y uniformados amedrentaron a dirigentes del Movimiento al Socialismo (MAS), ministros y cargos públicos para obligarlos a renunciar, y prendieron fuego a sus casas, incluso, violentando a sus familias. Finalmente, el Ejército se volteó y pidió/sugirió la renuncia de Evo. Para evitar el derramamiento de sangre, él y el vicepresidente, Álvaro García Linera, presentaron su renuncia.

Bolivia en la geopolítica de EE.UU.

Por detrás de la manufacturación de la idea de “fraude electoral”, hay que considerar la importancia geopolítica y geoestratégica del territorio boliviano y los intereses del sector público-privado estadounidense, reflejados en más de un siglo de intervenciones en el país andino(3). El MAS, gestionando en la dirección de políticas más soberanas, rompió esta dinámica y provocó la hostilidad de EE.UU. hacia el Gobierno boliviano.

La disputa por el acceso y apropiación de los recursos naturales puede ser apreciada en los cables de Wikileaks(4) e informes de think tanks estadounidenses en los que se hace explícita la importancia de determinados recursos bolivianos (en especial, el litio y el gas) y la necesidad de eliminar los obstáculos para garantizar el acceso a los mismos. En definitiva, dejan percibir un clima de “guerra por los recursos” en la que China se dibuja como gran rival.

En un artículo titulado “El papel de Bolivia en la transición energética amenazado por la incertidumbre del litio”, el Atlantic Council -think tank referente del establishment imperialista fundado en 1961 en el marco de la Guerra Fría plantea que:

“Bolivia tiene un alto potencial para ser crucial en el desarrollo de litio (…) el mayor inhibidor de la inversión extranjera es la reputación de Bolivia que tiene un clima de inversión inseguro. Después de asumir el cargo en 2006, Morales nacionalizó la industria de hidrocarburos de Bolivia, despojando la propiedad de compañías extranjeras. Además de los reparos sobre la ideología de Morales, existe su control sobre el poder: Morales ha lanzado un referéndum público para permitirle enmendar el límite constitucional del mandato, declarando su candidatura para las elecciones del próximo año a pesar de alcanzar el límite de mandato decretado constitucionalmente. (…) El litio puede convertirse en un problema geopolítico. China ya tiene una producción nacional significativa y ha comprado una gran parte de la compañía de litio más grande de Chile, consolidando cierto control sobre el suministro de litio” [6 de agosto de 2018](5).

Por su parte, el Clima de Inversiones de Bolivia 2019, publicado por el Departamento de Estado de EE.UU. (DoE), menciona que “la falta de seguridad jurídica, las denuncias de corrupción y los incentivos de inversión poco claros son impedimentos para la inversión en Bolivia”(6),

Más de un año antes de las elecciones, Stratfor (consultora que realiza investigaciones de inteligencia para el Gobierno estadounidense) plantea, en una serie de informes, un escenario posible (¿deseado? ¿buscado?) de disturbio, inestabilidad y posibles sanciones de EE.UU. frente a una victoria de Evo Morales:

“Las elecciones de 2019 serán el momento clave para la inestabilidad política en Bolivia (…) Una elección muy disputada, en donde proliferen las acusaciones de fraude electoral, podría prender la llama en una escena política interna ya tensa. Las manifestaciones se extenderían, particularmente en provincias orientales como Santa Cruz, centro de la oposición política boliviana. (…) Esa situación podría provocar un breve período de confrontación política posiblemente violenta en todo el país” [3 de enero de 2018](7).
“La amenaza de la nacionalización y la fuerte intervención estatal permanecerán siempre presentes si Morales logra la reelección, una perspectiva que podría desalentar a los inversores extranjeros interesados en las reservas de litio del país” [15 de junio de 2018](8)
“Una ola prolongada de protestas también traería consigo riesgos políticos para el gobierno de Morales. (…) sofocar violentamente las protestas postelectorales correría el riesgo de atraer la atención negativa de los Estados Unidos en forma de sanciones selectivas.
Las sanciones pueden hacer poco para revertir un resultado electoral, pero podrían amenazar las finanzas de los funcionarios del gobierno boliviano y pueden influir en su voluntad de buscar otro mandato en el poder” [20 de septiembre de 2018](9).

EE.UU. y la postura oficial: antes de las elecciones y después del golpe

Desde 2017, diversos comunicados oficiales, declaraciones de autoridades del Gobierno y proyectos de ley dan cuenta de la incidencia del Gobierno estadounidense de cara a las elecciones presidenciales en Bolivia. 








OEA y medios de comunicación: actores del lawfare electoral

El caso de Bolivia puede representar una arista del lawfare (guerra por la vía judicial) en su versión electoral, al asentarse en el uso de la ley como un arma para lograr objetivos políticos. En este caso, abuso de las normas de organismos internacionales, como la OEA, para interferir en el derrotero político de Bolivia (aspecto que fue subrayado por la delegación mexicana en la reunión del Consejo Permanente de la OEA del 23 de octubre) y desconocimiento de la legislación y las autoridades bolivianas. Lo importante es que esta injerencia se muestre a la opinión pública no sólo como conveniente sino como necesaria para rescatar la legalidad del proceso democrático. Cuando la misión desembarca en Bolivia, llega con una serie de juicios (prejuicios) y declaraciones que clasificaron al proceso electoral como irregular, dudoso, tal vez fraudulento, desde un inicio. Esto reproduce la práctica de, ante todo, la práctica de culpar a un líder, grupo o sector político, sin contar con las pruebas fehacientes para ello. Se instala, además, la sospecha y duda sobre la actuación de las instituciones soberanas de un Estado, sentando precedentes muy peligrosos de desconocimiento supranacional de las soberanías nacionales emanadas de la voluntad popular.

La legitimidad de la OEA –y su impacto en la opinión pública– depende de la articulación con los medios, porque allí se generan el linchamiento y las acusaciones que se traducen en la deslegitimación del proceso electoral en sí mismo. Para dar algunos ejemplos, medios concentrados de EE.UU. y la UE, como la BBC(30), New York Times(31), Washington Post(32), The Guardian(33); France 24(34), sumados a agencias de prensa como Reuters(35), instalaron que lo normal u obligatorio era ir a una segunda vuelta, aun cuando no se había concluido el conteo de los votos. También arengan sobre las protestas y la represión por parte del Gobierno (manipulando los números sobre cantidad de manifestantes y las acciones de la Policía para controlar la protesta); finalmente todos los argumentos apuntan a que esta actitud de parte del MAS y de Evo Morales se deben al autoritarismo o al carácter “dictatorial” del Estado boliviano y llevarán a Bolivia a repetir la experiencia venezolana.

Asistencia para el desarrollo (del golpe)

La ayuda para el desarrollo estadounidense a América Latina y el Caribe, y su rol en la “promoción de la democracia” –principalmente a través de instituciones como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID)–puede ser cuestionada desde distintas aristas. Más de medio siglo de institucionalización de la asistencia en Bolivia, que ha superado los 5 mil millones de dólares y se incrementó de manera significativa en el siglo XXI, incluso en los primeros años del Gobierno de Morales, han contribuido a la dependencia externa y al debilitamiento del Estado en lugar de reducir la pobreza.

Agencias como la USAID, la Fundación Nacional para la Democracia (NED), el Instituto Republicano Internacional (IRI) y el Instituto Democrático Nacional (DNI) lograron un impacto profundo en la vida política boliviana bajo el argumento de promover la “democracia representativa” y el libre mercado, por medio de asesoramiento y financiamiento de líderes y partidos políticos(36). Como ejemplo, hay que destacar que una de las claves para el impulso de los grupos opositores al gobierno del MAS se dio con la implementación del programa Fortalecimiento de las Instituciones Democráticas (FIDEM) por la USAID en octubre de 2006 al direccionar recursos a los gobiernos departamentales.37 A partir de 2005 la Oficina de Iniciativas de Transición (OTI) de USAID dirigió la mayoría de su financiación a los proyectos separatistas de la Media Luna (Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija)(38).

El frustrado golpe cívico-prefectural en 2008 –que llevó a la expulsión del embajador Philip Goldberg y de la DEA de Bolivia– marcó una reducción en la asistencia, alcanzando uno de los niveles más bajos (2.979.682 dólares) tras la expulsión de la USAID en 2013. Entre todo el período 2013-2018 USAID destinó 70.681.620 dólares en asistencia económica a Bolivia(39) que, a partir de 2014, pasa a ser canalizada a través de otras agencias y se incrementa vertiginosamente superando los 56 millones en 2015 (año previo a la realización del referéndum constitucional de febrero de 2016)(40).

Los proyectos financiados por la NED en 2018 estuvieron claramente orientados a los comicios presidenciales, enfocándose principalmente al “apoyo” de partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación. Destacan los siguientes:(41)




En noviembre de 2018 la Fundación Observatorio de Derechos Humanos y Justicia y la Fundación de los Derechos Humanos presentaron una denuncia en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA contra la repostulación de Morales(42) Ambas organizaciones son financiadas por la NED:(43)


Asistencia militar

Otro brazo fundamental de la asistencia es el militar. Durante el periodo neoliberal la participación de las Fuerzas Armadas (FF. AA.) en tareas de seguridad interna respondía a lineamientos externos. La militarización de la lucha contra las drogas se concretó por medio de convenios bilaterales entre Bolivia y EE.UU., seguidos de la aplicación de planes, operativos, creación de fuerzas especiales, etc. Entre los principales resultados de ese proceso se destacan las graves violaciones a los derechos humanos, inestabilidad política y social, así como la pérdida de soberanía estatal en materia de definición de políticas(44)

Parte fundamental de la asistencia militar fue el envío de oficiales a cursos de entrenamiento en Fort Benning, Georgia, donde funciona la heredera de la Escuela de las Américas, el Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad, por el cual han pasado alrededor de 4211 militares desde 1949 hasta 2004. En el periodo de 2000-2004 son unos 350 militares, entre los que se encuentra el nuevo comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia, el general de Brigada Sergio Orellana Centellas, quien asistió en 2003 al curso “Operaciones cívico-militares”(45).

Aunque se puedan destacar avances significativos de la estrategia contrahegemónica llevada a cabo por el Gobierno del MAS en el ámbito de la seguridad, defensa y, en particular, en la definición de políticas de drogas, la actual coyuntura demuestra que no se ha logrado romper de manera definitiva con la lógica securitaria estadounidense. Ejemplo concreto de ello es que altos mandos de las FF.AA. Y funcionarios del Gobierno involucrados en el proceso golpista, además del general Orellana, pasaron por academias e instituciones estadounidenses:

El general Vladimir Yuri Calderón, comandante general de la Policía, fue agregado policial en Washington hasta diciembre de 2018.
El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Williams Kaliman, fue agregado militar en EE. UU. entre 2013 y 2016. Además asistió en Fort Benning al curso “Comando y Estado Mayor en 2003”(46).
Manfred Reyes Villa, exalcalde de Cochabamba y excandidato presidencial fue, asimismo, alumno en Fort Benning.
General Remberto Siles Vásquez (implicado en audio 12)(47) coronel Julio César Maldonado Leoni (implicado en audio 8(48) y 9(49), coronel Óscar Pacello Aguirre (implicado en audio 14)(50) y coronel Teobaldo Cardozo Guevara (implicado en audio 10)(51) asistieron a la Escuela de las Américas(52).

Red de derechas

Mientras la cooperación fluye de forma directa a través de los canales estadounidenses y las organizaciones locales, también opera de modo menos visible como eslabón de una “red de derechas” nacional, regional e internacional a través de fundaciones, medios de comunicación y ONGs(54).

Algunos miembros de la derecha local –vinculados al proceso golpista– con proyección privilegiada en medios y redes son los siguientes:

Raúl Peñaranda: Director FIDES, agencia de noticias miembro de la Agencia Nacional de Noticias, a su vez, miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa (campaña directa en contra de gobiernos progresistas). Tuvo un rol protagónico en el montaje del “Caso Zapata”, previo al referéndum de febrero de 2016 (21F). Recibe financiamiento de la NED. Se vincula con universidades estadounidenses como Harvard, a través de cursos, y un premio brindado por la Fundación Nieman (vinculada a la Sociedad Interamericana de Prensa en programas de lucha por la “libertad de expresión”). Impartió cursos en el International Republican Institute. Consigna en Twitter: #VayanseDeUnaVez

Oscar Ortíz Antelo: diputado por Unidad Demócrata. En 2008 crea la Fundación Nueva Democracia y desde entonces cuenta con financiamiento de la NED. Ya formaba parte del circuito de la NED, a través de sus vínculos con la Alternativa Democrática para las Américas y la Unión de Partidos Latinoamericanos(55) Todos organismos de la derecha latinoamericana que, a su vez, se asocian a organizaciones dedicadas a la “formación de líderes”, como la Fundación Atlas(56) o la Red Liberal de América Latina (RELIAL)(57) La misma Fundación se especializa en juventud, mujeres y liderazgo (rubros comunes en las ONGs del nuevo milenio), que lo vinculan a Estudiantes por la Libertad58 de la Red Atlas, por ejemplo. Estos cursos de verano, seminarios y becas son financiados por la Fundación Konrad Adenauer (alemana), a la vez que reciben financiamiento de la NED.

Carlos Mesa: candidato opositor al MAS y expresidente de Bolivia. Implicado en campaña y montaje previo al 21F. Directamente involucrado en rol desestabilizador de la OEA. Reunión previa con Andrés Pastrana, expresidente de Colombia, quien a su vez tiene relación con Fernando Camacho (el que se sumó al no reconocimiento de los resultados profesado por Mesa). Inició su relanzamiento a la Presidencia con un vídeo en youtube. Consignas en Twitter: #EsAhoraONunca #UnaBoliviaMejor #YaEsDemasiado.

Waldo Albarracín: Decano de la Universidad Mayor de San Andrés, y miembro del Consejo Nacional en Defensa de la Democracia (CONADE). Uno de los principales implicados en el golpe. En rueda de prensa en La Paz, instó a la resistencia civil para defender el voto y garantizar la segunda vuelta en el país (ElDiario.es)(59). Albarracín está vinculado a Logos International University (una universidad religiosa con sede en Miami, que le otorgó un Honoris Causa)(60). La agencia Bloomberg(61) y CNN62 son algunos de los medios concentrados que replican la opinión de Albarracín y lo colocan en la opinión pública internacional.

Jhanisse Vaca Daza: Directiva de la ONG Rios de pie (Standing Rivers) la cual ha utilizado su plataforma de manera permanente para diseminar información manipulada y generar un rechazo hacia las políticas del Gobierno a nivel nacional. Esta plataforma es financiada por el Freedom Fellowship de la Human Right Foundation (HRF) de EE. UU. Cuando fueron los incendios en la Amazonía boliviana, Ríos de Pie logró posicionar en Twitter el hashtag #BoliviaUnida y #Evoesfraude(63). Desde entonces, sus publicaciones tomaron una postura antigubernamental y posicionando en redes que las elecciones en Bolivia serían fraudulentas.

Egresada de la universidad Estatal Kent en Ohio, estudio también en Harvard Kennedy School en el programa “Liderando movimientos no violentos para el progreso social”. En dicha escuela estuvieron también fuerzas de la derecha venezolana como Ricardo Hausmann, Leopoldo López, Juan Ignacio Hernández y Carlos Vecchio. Vaca Daza está vincualda con Leopoldo López a través de su hermano Thor Halvorsenn64 y su fundación “Human Rights Foundation”(65).

Ivan Arias Durán: protagonista del operativo encubierto previo al golpe. Se reunió con el opositor Jaime Antonio Alarcón Díaz y otros miembros de los comités cívicos, donde acordaron obtener equipos de votación rápida para las elecciones presidenciales, a fin de utilizarlos para manipular la opinión pública sobre los resultados electorales y declarar fraude. Hay una referencia de la Fundación Jubileo, la Unión Europea, la Embajada de los Estados Unidos y la Iglesia Evangélica(66). Publicó en Página 7 una columna de opinión titulada “Evo, perdiste”(67).

De las fundaciones que tuvieron rol protagónico destacan:

Human Rights Foundation (financiada por gobierno noruego): el 26 de febrero en México vía el Oslo Freedom Forum se llevó a cabo un evento que juntó a la extrema derecha latinoamericana y de otras partes del mundo(68). Promueve activamente la oposición a Cuba y Venezuela por diferentes vías, especialmente a través de conferencias de líderes de derecha.

Fundación Milenio: ha tenido un rol protagónico en la crítica y desmoralización a la política económica del gobierno del MAS. Es un think tank de economía (neoliberal), también financiado por la NED, encargado de elaborar informes anuales sobre el estado de la economía de Bolivia(69). Dichos informes son promocionados por el Center for International Private Enterprise (CIPE, dependiente de la NED)(70) A pesar de estos múltiples vínculos, la fundación se autodefine en su página web como “centro de pensamiento independiente, inspirado en el propósito de modernizar las estructuras nacionales y crear las condiciones propias de una sociedad abierta, democrática, pluralista e integrada en el mundo”. Tiene llegada directa a la prensa hegemónica (El Diario, Página 7, El Deber, Correo del Sur), de modo que la “opinión experta” pasa a alimentar o condicionar la “opinión pública”.

Conclusiones

Estudiar históricamente los golpes de Estado en América Latina es urgente, y sobre todo para Bolivia, país que en el siglo XX fue el que más golpes tuvo y que desde la llegada de Evo había construido continuidad institucional en un país divido racialmente y con fuertes diferencias de clase y género. El golpe a Evo concatena varias experiencias golpistas de finales de siglo XX y lo que va del siglo XXI. El cerco mediático construido con terror en distintos medios nacionales (como en el golpe a Chávez en 2002), la insubordinación policial (como a Correa en 2010), el pedido de fuerzas de extrema derecha de no aceptar una reelección más de Evo y de nuevas elecciones sin él (como en Brasil con Lula), el intento de consumar el golpe de Estado legitimándolo desde la comunidad internacional con el nombramiento de un nuevo Gobierno de facto que se pretende validar por unas futuras nuevas elecciones (como en Honduras, contra Zelaya, en 2009), el eminente golpe con tácticas de terror social (como en las distintas “guarimbas” en Venezuela), la autoproclamación de Áñez (como la de Juan Guaidó en Venezuela) y el respaldo de EE.UU., y posiblemente, el intento de judicialización (el cual comenzó con Fernando Lugo en Paraguay y siguió por varios países de Nuestra América).


NOTAS

55 La Unión de Partidos Latinoamericanos fue creada en 1992, integrada entre otros, por el Partido Conservador de Colombia, el partido Propuesta Republicana (PRO) de Argentina, el Movimiento Demócrata Social de Bolivia, el Partido Conservador de Nicaragua, etc. A su vez, este grupo de partidos forma parte de la Unión Democrática Internacional (UDI), fundada en 1983 por la vanguardia del neoliberalismo, Margaret Thatcher y George H.W. Bush, entre otros.
56 Think tank fundado por conservadores “libertarios” de EE. UU., especializado en promover la creación de organizaciones neoliberales y la formación de jóvenes líderes, particularmente en América Latina y Europa del Este. Entre sus principales “benefactores” se encuentran los hermanos Koch (millonarios, conservadores de derecha).
57 Organismo dedicado a la “defensa de la democracia liberal, la libertad y responsabilidad individual, el respeto a la propiedad privada, la promoción de un gobierno limitado, el impulso a la economía de mercado y la primacía del Estado de Derecho”. La junta honorífica es encabezada por Mario Vargas Llosa. Ver: http://relial.org/.
58 Es uno de los aliados de la RED ATLAS a nivel mundial y es una de las principales redes de formación de liderazgos neoliberales. Ejemplo de evento en Bolivia: https://i2.wp.com/eju.tv/wpcontent/uploads/2015/04/afiche-conferencia-01-682x1024.jpg



15 noviembre, 2019

Bolivia: Cartografía de un golpe de Estado —————— Katu Arkonada




¿Cómo se ha podido desmoronar el proceso político que más igualdad generó en el país más desigual de América Latina y el Caribe?
Quizás en la misma pregunta está la respuesta.

La derecha nacional e internacional nunca le perdonó a Evo Morales, un indígena aymara, que se tuvo que campesinizar para hacer frente a los estragos del neoliberalismo, que nacionalizara los recursos naturales de Bolivia el 1º de mayo de 2006, tan sólo tres meses después de tomar posesión, y convocara a una Asamblea Constituyente que otorgaba derechos como nunca en la historia a las mayorías sociales, al sujeto indígena originario campesino.

Y por eso le dieron un golpe de Estado en cuanto pudieron. En cuanto se acumularon suficientes errores sobre los que montarse. En cuanto se generó el clima social adecuado para poder consumarlo sin que pudiera ser revertido.

Hoy el golpe de Estado en Bolivia traza una línea que divide no ya a los antimperialistas, sino a los demócratas, de quienes se amparan en cualquier error cometido por el gobierno de Evo Morales para justificar o mirar para otro lado ante el golpe contra la democracia que supone lo sucedido en el país andino-amazónico.

Porque un golpe cívico-policial, con la complicidad de las fuerzas armadas, y empujado por una oleada de violencia sin precedentes que quemaba casas de militantes del MAS-IPSP o secuestraba personas, dirigida por la derecha racista y reaccionaria, es un golpe de Estado se mire por donde se mire, sin eufemismos.

Y si Galeano escribía que la historia de América Latina es la historia del saqueo de sus recursos naturales, parece innecesario subrayar que también es la historia de la injerencia estadounidense sobre su patio trasero. Injerencia mediante golpes de Estado, pero también mediante mecanismos de dominación como la Organización de Estados Americanos (OEA). Una OEA que tiene responsabilidad directa en el golpe no sólo por omisión, sino por acción, manipulando a la opinión pública nacional e internacional sin presentar una sola prueba de fraude, tan sólo las irregularidades propias de cualquier proceso electoral, y que de ninguna manera variaban el resultado final de la misma: la victoria de Evo Morales y el Movimiento al Socialismo por más de 10 puntos de diferencia sobre Carlos Mesa. También en algún momento habrá que depurar responsabilidades sobre quién al interior del gobierno boliviano empujó para aceptar como vinculante una auditoría de la OEA y Almagro, que es lo mismo que decir del Departamento de Estado estadounidense, ante un escenario de retroceso de la integración política latinoamericana, donde los cipayos locales de EEUU han destruido la Unasur y vaciado la CELAC.

Porque tampoco cabe ninguna duda del rol jugado por EEUU en la crisis posterior al triunfo electoral. A pesar de haber sido expulsados de Bolivia el embajador, la DEA y la Agencia para el Desarrollo estadounidenses, la oficina de la CIA al interior de la embajada en La Paz ha seguido operando los últimos años, fragmentando el movimiento social en varias partes del país.

Se hace necesario aquí reconocer la grandeza y liderazgo de Evo Morales, que ha preferido renunciar a un proceso que tanta sangre alteña y boliviana costó en los años anteriores a 2006. No es casualidad que esta crisis política se salde sin un solo muerto por represión gubernamental, en contraste con lo que sucede en Chile, Ecuador, Honduras o Haití, en este caso con el silencio cómplice de la OEA.

Un Evo que ha preferido asilarse en México, cuando podía haberse atrincherado en el Chapare y liderar la contraofensiva ante el vacío de poder que se abre en una Bolivia sin gobierno, sin quorum en la Asamblea Legislativa Plurinacional para nombrar a una presidenta interina (el MAS tiene 2/3 de la Asamblea), sin ningún liderazgo opositor nacional más allá de los liderazgos regionales, y donde la resistencia al golpe continúa creciendo, sobre todo a partir del núcleo irradiador de El Alto. Las contradicciones entre el heterogéneo bloque opositor, el ejército, la policía y las élites económicas no van a tardar en salir a la luz, y será necesario desnudar los intereses detrás del golpe de Estado.

En esta época de posverdad, donde se justifica un golpe de Estado sin que nadie, incluida la propia OEA, haya mostrado una sola prueba de fraude, ya habrá tiempo de analizar los errores cometidos por el gobierno popular de Evo Morales. Pero ahora son tiempos de resistencia. De cuidar a los compañeros y compañeras perseguidas por sus ideas políticas, y de generar un movimiento mundial de solidaridad con el proceso de cambio boliviano y su presidente indígena, antimperialista, anticapitalista y anticolonialista. Tiempos de organizar la resistencia interna, que va a ser de larga duración.

Ya habrá tiempo de reflexionar por qué no pudieron, con una potencia de fuego, político, económico y mediático, diez veces superior, con la revolución bolivariana, donde a pesar de todos los errores se pudo construir no sólo una unidad cívico-militar, sino un pueblo con conciencia crítica y un partido que no fue vaciado por el Estado y fue clave para la movilización popular.

Bolivia no es Venezuela, ni el proceso de cambio la revolución bolivariana. Pero Evo sí es Chávez, es Allende, es Mandela, es todas y cada una de las personas que luchan por un mundo mejor, con justicia social y ambiental.

Evo somos todos y todas.


13 noviembre, 2019

Golpe en Bolivia liderado por un líder paramilitar fascista, fanático cristiano y millonario con apoyo extranjero — Max Blumenthal y Ben Norton




The Grayzone – 12/11/2019
Traducción del inglés: Arrezafe

El líder golpista boliviano Luis Fernando Camacho es un multimillonario de extrema derecha que surgió de los movimientos fascistas en la región de Santa Cruz, donde Estados Unidos ha alentado el separatismo. Ha solicitado el apoyo de Colombia, de Brasil y de la oposición venezolana.

Cuando Luis Fernando Camacho irrumpió en el abandonado palacio presidencial de Bolivia, en las horas posteriores a la repentina renuncia del presidente Evo Morales el 10 de noviembre, mostró al mundo facción del país que está en desacuerdo con el espíritu plurinacional que su depuesto líder socialista e indígena había propiciado.

Con una Biblia en una mano y una bandera nacional en la otra, Camacho inclinó su cabeza en oración sobre el sello presidencial, cumpliendo su juramento de purgar al país de la herencia indígena del gobierno y "devolver a Dios el palacio quemado".

"Pachamama nunca volverá al palacio", dijo, refiriéndose al espíritu andino de la Madre Tierra. "Bolivia le pertenece a Cristo".

El lider y opositor de ultraderecha Luis Fernando Camacho
ante una biblia en el Palacio Presidencial tras el golpe

La oposición de extrema derecha boliviana había derrocado al presidente izquierdista Evo Morales ese día, siguiendo las demandas del liderazgo militar del país de que renunciara.

Prácticamente desconocido fuera de su país, en el que nunca había ganado una elección democrática, Camacho se lanzó al vacío. Es un poderoso multimillonario nombrado en los Papeles de Panamá, y un fundamentalista cristiano ultraconservador preparado por un paramilitar fascista conocido por su violencia racista, con una base en la rica región separatista boliviana de Santa Cruz.

Camacho proviene de una familia de élites corporativas que durante mucho tiempo se han beneficiado de las abundantes reservas de gas natural de Bolivia. Su familia perdió parte de su riqueza cuando Morales nacionalizó los recursos del país para financiar sus vastos programas sociales, que redujeron la pobreza en un 42 por ciento y la pobreza extrema en un 60 por ciento.

En el período previo al golpe, Camacho se reunió con líderes de gobiernos de derecha en la región para discutir sus planes destinados a desestabilizar a Morales. Dos meses antes del golpe de Estado, twitteó agradecido: “Gracias Colombia! ¡Gracias, Venezuela!”, exclamó quitándose el sombrero ante la operación golpista de Juan Guaido. También reconoció al gobierno de extrema derecha de Jair Bolsonaro, declarando: "¡Gracias Brasil!"

Camacho había pasado años liderando una organización separatista abiertamente fascista llamada Unión Juvenil Cruceñista. Grayzone editó los siguientes clips de un documental histórico promocional que el grupo publicó en sus propias cuentas de redes sociales:


Mientras Camacho y sus fuerzas de extrema derecha sirvieron como el músculo detrás del golpe, sus aliados políticos esperaron para cosechar los beneficios.

El candidato presidencial que la oposición de Bolivia había presentado en las elecciones de octubre, Carlos Mesa, es un privatizador "pro-empresarial" con amplios vínculos en Washington. Los cables del gobierno de EEUU, publicados por WikiLeaks, revelan que mantuvo correspondencia regular con funcionarios estadounidenses en sus esfuerzos por desestabilizar a Morales.

Actualmente, Mesa figura como experto en el Diálogo Interamericano, un grupo de expertos con sede en DC financiado por USAID, el brazo de poder blando del gobierno de EEUU, en varios gigantes petroleros y en una gran número de corporaciones multinacionales activas en América Latina.

Evo Morales, un ex agricultor que se dio a conocer en los movimientos sociales antes de convertirse en el líder del poderoso partido político de base, Movimiento Hacia el Socialismo (MAS), fue el primer líder indígena de Bolivia. Muy popular en las importantes comunidades nativas y campesinas del país, ganó numerosas elecciones y referendos democráticos durante un período de 13 años, a menudo con mayorías.

El 20 de octubre, Morales ganó la reelección por más de 600,000 votos, lo que le dio un poco más del margen del 10 por ciento necesario para derrotar al candidato presidencial opositor Mesa en la primera vuelta.

Los expertos, que hicieron un análisis estadístico de los datos de votación públicamente disponibles en Bolivia, no encontraron evidencia de irregularidades o fraude. Pero la oposición afirmó lo contrario y salió a las calles en semanas de protestas y disturbios.

Los acontecimientos que precipitaron la renuncia de Morales fueron indiscutiblemente violentos. Las pandillas opositoras de derecha atacaron a numerosos políticos electos del partido gobernante izquierdista MAS. Luego saquearon la casa del presidente Morales, mientras incendiaron las casas de varios otros altos funcionarios. Los familiares de algunos políticos fueron secuestrados y retenidos como rehenes hasta que renunciaron. Una mujer alcalde socialista fue torturada públicamente por un grupo de mafiosos.


Tras la salida forzada de Morales, los golpistas arrestaron al presidente y al vicepresidente del cuerpo electoral del gobierno y obligaron a los otros funcionarios de la organización a renunciar. Los seguidores de Camacho procedieron a quemar banderas de Wiphala que simbolizan la población indígena del país y la visión plurinacional de Morales.

La Organización de Estados Americanos, una organización pro-estadounidense fundada por Washington durante la Guerra Fría como una alianza de países anticomunistas de derecha en América Latina, ayudó a sellar el golpe boliviano. Exigió nuevas elecciones, alegando que hubo numerosas irregularidades en la votación del 20 de octubre, sin citar ninguna evidencia. Luego, la OEA permaneció en silencio cuando Morales fue derrocado por su ejército y los funcionarios de su partido fueron atacados y obligados violentamente a renunciar.

Al día siguiente, la Casa Blanca de Donald Trump alabó con entusiasmo el golpe, y lo proclamó como un "momento significativo para la democracia" y una "señal fuerte para los regímenes ilegítimos en Venezuela y Nicaragua".

Emergiendo de las sombras para liderar un violento golpe de extrema derecha

Mientras que Carlos Mesa condenó tímidamente la violencia de la oposición, Camacho la incitó, ignorando los llamados a una auditoría internacional de las elecciones y enfatizando su demanda maximalista de purgar a todos los partidarios de Morales del gobierno. Era el verdadero rostro de la oposición, oculto durante meses detrás de la figura moderada de Mesa.

Camacho, un empresario multimillonario de 40 años del bastión separatista de Santa Cruz, nunca se postuló para un cargo. Al igual que el líder golpista venezolano Juan Guaidó, de quien más del 80 por ciento de los venezolanos nunca había oído hablar hasta que el gobierno de EEUU lo ungió como supuesto "presidente", Camacho era una figura oscura hasta que el intento de golpe en Bolivia dio en el blanco.

Primero creó su cuenta de Twitter el 27 de mayo de 2019. Durante meses, sus tweets fueron ignorados, generando no más de tres o cuatro retweets y 'me gusta'. Antes de las elecciones, Camacho no tenía un artículo de Wikipedia, y había pocos perfiles reflejados en los medios en español o inglés.

Camacho hizo un llamado a una huelga el 9 de julio, publicando vídeos en Twitter que obtuvieron poco más de 20 visitas. El objetivo de la huelga era tratar de forzar la renuncia del órgano electoral del gobierno boliviano, el Tribunal Supremo Electoral (TSE). En otras palabras, Camacho estaba presionando a las autoridades electorales del gobierno para que renunciaran más de tres meses antes de las elecciones presidenciales.

No fue hasta después de las elecciones que Camacho se convirtió en el centro de atención y se convirtió en una celebridad por los conglomerados de medios corporativos como la red local de derecha Unitel, Telemundo y CNN en Español.

De repente, los tweets de Camacho que pedían la renuncia de Morales se iluminaban con miles de retweets. La maquinaria golpista había sido activada.

Los principales medios como el New York Times y Reuters siguieron ungiendo al Camacho no electo como el "líder" de la oposición boliviana. Pero incluso mientras atraía la atención internacional, se omitieron factores clave de los antecedentes del activista de extrema derecha.

No se mencionaron las conexiones profundas y bien establecidas de Camacho con los paramilitares extremistas cristianos, conocidos por la violencia racista y los carteles comerciales locales, así como por los gobiernos de derecha en toda la región.

Fue en los paramilitares fascistas y en la atmósfera separatista de Santa Cruz donde se formaron las políticas de Camacho y donde se definieron los contornos ideológicos del golpe.


Perfil de un paramilitar fascista de estilo franquista

Luis Fernando Camacho fue preparado por la Unión Juvenil Cruceñista, o Unión Juvenil de Santa Cruz (UJC), una organización paramilitar fascista que ha sido vinculada a los complots de asesinato contra Morales. El grupo es conocido por agredir a izquierdistas, campesinos indígenas y periodistas, además de defender una ideología profundamente racista y homofóbica.

Desde que Morales asumió el cargo en 2006, la UJC ha hecho campaña para separarse de un país que, según los miembros de la UJC, había sido superado por una “satánica masa indígena”.

El UJC es el equivalente boliviano de la Falange de España, el RSS supremacista hindú de la India y el batallón neonazi Azov de Ucrania. Su símbolo es una cruz verde que tiene fuertes similitudes con logotipos de movimientos fascistas en todo Occidente, y se sabe que sus miembros utilizan saludos 'Sieg Heil' al estilo nazi.

Dirección del vídeo: https://twitter.com/i/status/1194137427474038784

Incluso la embajada de Estados Unidos en Bolivia describió a los miembros de la UJC como "racistas" y "militantes", señalando que "han atacado con frecuencia a personas e instalaciones pro-MAS / gubernamentales".


Tras visitar a miembros de la UJC en 2007, el periodista Benjamin Dangl los describió como los "nudillos de bronce" del movimiento separatista de Santa Cruz. "La Unión Juvenil es conocida por golpear y azotar a los campesinos que marchan por la nacionalización del gas, arrojar piedras a los estudiantes que se organizan contra la autonomía, arrojar cócteles molotov en la estación de televisión estatal y asaltar brutalmente a miembros del movimiento sin tierra que luchan contra los monopolios de la tierra", escribió Dangl.

"Cuando tengamos que defender nuestra cultura por la fuerza, lo haremos", dijo un líder de la UJC a Dangl. "La defensa de la libertad es más importante que la vida".


Camacho fue elegido vicepresidente de la UJC en 2002, cuando tenía solo 23 años. Abandonó la organización dos años después para construir el imperio comercial de su familia y ascender en las filas del Comité Pro-Santa Cruz. En dicha organización fue tutelado por una de las figuras más poderosas del movimiento separatista, un oligarca boliviano-croata llamado Branko Marinkovic.

En agosto, Camacho tuiteó una foto con su "gran amigo", Marinkovic. Esta amistad fue crucial para establecer las credenciales del activista de derecha y forjar las bases del golpe que se formaría tres meses después.


El padrino croata de Camacho y propulsor de poder separatista

Branko Marinkovic es un importante terrateniente que aumentó su apoyo a la oposición de derecha después de que algunas de sus tierras fueran nacionalizadas por el gobierno de Evo Morales. Como presidente del Comité Pro-Santa Cruz, supervisó las operaciones del motor principal del separatismo en Bolivia.

En una carta de 2008 a Marinkovic, la Federación Internacional de Derechos Humanos denunció al comité como "actor y promotor del racismo y la violencia en Bolivia".

El grupo de derechos humanos agregó que "condena la actitud y los discursos secesionistas, sindicalistas y racistas, así como los llamados a la desobediencia militar, de los cuales el Comité Cívico Pro-Santa Cruz es uno de los principales promotores".

En 2013, el periodista Matt Kennard informó que el gobierno de los Estados Unidos estaba trabajando en estrecha colaboración con el Comité Pro-Santa Cruz para alentar la balcanización de Bolivia y socavar a Morales. "Lo que ellos [EEUU] presentaron fue cómo podrían fortalecer los canales de comunicación", dijo el vicepresidente del comité a Kennard. "La embajada dijo que nos ayudarían en nuestro trabajo de comunicación y que tienen una serie de publicaciones en las que exponían sus ideas".

En un perfil de 2008 de Marinkovic, el New York Times reconoció las corrientes subterráneas extremistas del movimiento separatista de Santa Cruz que presidió el oligarca. Describió el área como "un bastión de grupos abiertamente xenófobos como la Falange Socialista Boliviana, cuyo saludo de la mano se inspira en la Falange fascista del ex dictador español Franco".

La Falange Socialista Boliviana fue un grupo fascista que proporcionó refugio seguro al criminal de guerra nazi Klaus Barbie durante la Guerra Fría. Experto en tortura de la Gestapo, Barbie fue reutilizado por la CIA a través de su programa Operación Cóndor para ayudar a exterminar el comunismo en todo el continente. (A pesar de su nombre anticuado, como los nacionalsocialistas alemanes, este grupo extremista de extrema derecha era violentamente antiizquierdista, comprometido a matar a los socialistas).

La Falange boliviana llegó al poder en 1971 cuando su líder, el general Hugo Banzer Suárez, derrocó al gobierno izquierdista del general Juan José Torres Gonzales. El gobierno de Gonzales enfureció a los líderes empresariales al nacionalizar las industrias y provocó la hostilidad de Washington al expulsar al Cuerpo de Paz, que consideraba un instrumento de penetración de la CIA. La administración de Nixon, con los brazos abiertos, le dio inmediatamente la bienvenida a Banzer y lo celebró como un baluarte clave contra la propagación del socialismo en la región. (Un despacho especialmente irónico de 1973 aparece en Wikileaks mostrando al Secretario de Estado Henry Kissinger agradeciendo a Banzer por felicitarlo por su Premio Nobel de la Paz).

El legado golpista del movimiento persistió durante la era de Morales a través de organizaciones como la UJC y figuras como Marinkovic y Camacho.

The Times señaló que Marinkovic también apoyó las actividades de la UJC, describiendo al grupo fascista como "un brazo casi independiente del comité dirigido por el Sr. Marinkovic". En una entrevista al periódico estadounidense, un miembro de la junta de la UJC manifestó: "Protegeremos a Branko con nuestras propias vidas".

Marinkovic ha defendido el tipo de retórica nacionalista cristiana familiar para las organizaciones de extrema derecha de Santa Cruz, llamando, por ejemplo, a una “cruzada por la verdad" e insistiendo en que Dios está de su lado.

La familia del oligarca proviene de Croacia, donde tiene doble ciudadanía. Marinkovic ha sido perseguido por los rumores de que los miembros de su familia estuvieron involucrados en el poderoso movimiento fascista Ustashe del país.

El Ustashe colaboró abiertamente con los ocupantes nazis alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Sus sucesores volvieron al poder después de que Croacia declarara su independencia de la ex Yugoslavia, un antiguo país socialista que fue balcanizado intencionalmente por una guerra de la OTAN, de la misma manera que Marinkovic esperaba que Bolivia lo fuera.

Adolph Hitler con el fundador del Ustashe, Pavelić en 1941

Marinkovic niega que su familia fuera parte de la Ustashe. Afirmó en una entrevista con el New York Times que su padre luchó contra los nazis.

Pero incluso algunos de sus simpatizantes son escépticos. Un analista de los Balcanes de la firma de inteligencia privada Stratfor, que trabaja en estrecha colaboración con el gobierno de los EEUU y es conocida popularmente como la "CIA en la sombra", produjo un perfil general sobre Marinkovic, especulando: "Todavía no conozco su historia completa, pero yo Apostaría mucho $$$ que los padres de este tipo son de primera generación (su nombre es demasiado eslavo) y que eran simpatizantes de Ustashe (léase: nazis) que huían de los comunistas de Tito después de la Primera Guerra Mundial”.

El analista de Stratfor extrajo un artículo de 2006 del periodista Christian Parenti, que había visitado a Marinkovic en su rancho en Santa Cruz. La "reforma agraria de Evo Morales podría conducir a una guerra civil", advirtió Marinkovic a Parenti en el inglés con acento tejano que aprendió mientras estudiaba en la Universidad de Texas, Houston.

Hoy, Marinkovic es un ferviente partidario del líder de extrema derecha de Brasil Jair Bolsonaro, cuya única queja sobre el dictador chileno Augusto Pinochet fue que "no mató lo suficiente".

Marinkovic también es un admirador público de la oposición de extrema derecha de Venezuela. "Todos somos Leopoldo", tuiteó en apoyo de Leopoldo López, quien ha estado involucrado en numerosos intentos de golpe de estado contra el gobierno de izquierda electo de Venezuela.

Si bien Marinkovic negó cualquier papel en la actividad militante armada en su entrevista con Parenti, en 2008 fue acusado de desempeñar un papel central en un intento de asesinar a Morales y sus aliados del partido Movimiento hacia el Socialismo.

Le dijo al New York Times menos de dos años antes de que se desarrollara el complot: “Si no hay una mediación internacional legítima en nuestra crisis, habrá confrontación. Y desafortunadamente, será sangriento y doloroso para todos los bolivianos”.

Un complot de asesinato vincula el derecho de Bolivia a los fascistas internacionales

En abril de 2009, una unidad especial de los servicios de seguridad bolivianos irrumpió en una habitación de un hotel de lujo y mató a tres hombres que, según se dice, estaban involucrados en un complot para matar a Evo Morales. Otros dos quedaron sueltos. Cuatro de los presuntos conspiradores tenían raíces y vínculos húngaros o croatas con la política de derecha en Europa del Este, mientras que otro era un irlandés de derecha, Michael Dwyer, que solo había llegado a Santa Cruz seis meses antes.

Michael Dwyer, acusado de complot para asesinar, blandiendo sus armas

Se decía que el líder del grupo era un ex periodista izquierdista llamado Eduardo Rosza-Flores que se había vuelto fascista y pertenecía al Opus Dei, culto católico tradicionalista que surgió en España bajo la dictadura de Francisco Franco. De hecho, el nombre en clave que Rosza-Flores asumió en el complot del asesinato fue "Franco", por el fallecido Generalísimo.

Durante la década de 1990, Rosza luchó en nombre del Primer Pelotón Internacional de Croacia, o PIV, en la guerra para segregarse de Yugoslavia. Un periodista croata manifestó a Time que "el PIV era un grupo notorio: el 95% de ellos tenía antecedentes penales, muchos formaban parte de grupos nazis y fascistas, desde Alemania hasta Irlanda".

Para 2009, Rosza regresó a su hogar en Bolivia para una cruzada en nombre de otro movimiento separatista en Santa Cruz. Y fue allí donde lo mataron en un hotel de lujo, sin una fuente aparente de ingresos y una enorme reserva de armas.

Más tarde, el gobierno publicó fotos de Rosza y un co-conspirador posando con sus armas. La publicación de correos electrónicos entre el cabecilla e Istvan Belovai, un ex oficial de inteligencia militar húngaro que sirvió como agente doble para la CIA, cimentó la percepción de que Washington participó en la operación.

Rosza y Dwyer con las armas incautadas en Bolivia

Posteriormente, Marinkovic fue acusado de proporcionar 200.000 dólares a los conspiradores. El oligarca boliviano-croata, que inicialmente huyó a los Estados Unidos, donde se le concedió asilo, y que luego se mudó a Brasil, donde reside en la actualidad, negó cualquier participación en el plan para matar a Morales.

Como informó el periodista Matt Kennard, había otro hilo que vinculaba la trama a los Estados Unidos: la supuesta participación de un líder de una ONG llamado Hugo Achá Melgar.

"Rozsa no vino aquí solo, lo trajeron", dijo a Kennard el investigador principal del gobierno boliviano. "Hugo Achá Melgar lo trajo".

La Fundación de Derechos Humanos desestabiliza a Bolivia

Achá no era solo el jefe de una ONG común y corriente, había fundado la filial boliviana de la Human Rights Foundation (HRF), un equipo internacional de derecha que es conocido por albergar una "escuela para la revolución" para activistas que buscan un cambio de régimen en los estados seleccionados por el gobierno de los Estados Unidos.

HRF está dirigido por Thor Halvorssen Jr., hijo del fallecido oligarca venezolano y activo de la CIA Thor Halvorssen Hellum. Primo primero del veterano conspirador golpista venezolano Leopoldo López, Halvorssen era un ex activista republicano universitario que se posicionó en contra de la corrección política y otros duendes familiares de derecha.

Después de una breve carrera como productor de cine de extrema derecha, en el que supervisó un escandaloso documental "anti-ambientalista" financiado por una corporación minera, Halvorssen cambió de marca como promotor del liberalismo y enemigo del autoritarismo global. Lanzó el HRF con subvenciones de multimillonarios de derecha como Peter Thiel, fundaciones conservadoras y ONG's, incluida Amnistía Internacional. Desde entonces, el grupo ha estado a la vanguardia de la capacitación de activistas para la acción insurreccional desde Hong Kong hasta el Medio Oriente y América Latina.

Aunque Achá recibió asilo en los EEUU, HRF ha seguido impulsando el cambio de régimen en Bolivia. Como Wyatt Reed informó para The Grayzone, el "compañero de libertad" de HRF, Jhanisse Vaca Daza, ayudó a desencadenar la etapa inicial del golpe culpando a Morales por los incendios en el Amazonas que consumieron partes de Bolivia en agosto, movilizando protestas internacionales contra él.

En aquel momento, Daza se hizo pasar por un estudiante "activista ambiental" y de la no violencia que expresó sus preocupaciones en llamamientos moderados para pedir más ayuda internacional a Bolivia. A través de su ONG, Ríos de Pie, ayudó a lanzar el hashtag #SOSBolivia, que señaló la inminente operación de cambio de régimen respaldada por el extranjero.

Cortejando a la derecha regional, preparando el golpe

Mientras Daza de HRF propició protestas ante las embajadas bolivianas en Europa y Estados Unidos, Fernando Camacho permaneció entre bastidores, presionando a los gobiernos de derecha en la región para consagrar el próximo golpe.

En mayo, Camacho se reunió con el presidente de extrema derecha de Colombia, Ivan Duque. Camacho estaba ayudando a encabezar los esfuerzos regionales con el fin de socavar la legitimidad de la presidencia de Evo Morales en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, buscando bloquear su candidatura en las elecciones de octubre.

Camacho con el presidente de Colombia Ivan Duque en Mayo

Ese mismo mes, el agitador boliviano de derecha también se reunió con Ernesto Araújo, canciller de la administración ultraconservadora de Jair Bolsonaro en Brasil. En dicha reunión, Camacho se aseguró con éxito el respaldo de Bolsonaro para el cambio de régimen en Bolivia.

Este 10 de noviembre, Araújo apoyó con entusiasmo la expulsión de Morales, declarando que "Brasil apoyará la transición democrática y constitucional" en el país.

Después, en agosto, dos meses antes de las elecciones presidenciales de Bolivia, Camacho se reunió con funcionarios del régimen golpista de Venezuela designado por Estados Unidos. Entre ellos, Gustavo Tarre, el falso embajador venezolano de Guaidó en la OEA, que anteriormente trabajó en el grupo de expertos del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) en Washington. Tras la reunión, Camacho tuiteó su agradecimiento a los golpistas venezolanos, así como a Colombia y Brasil.


Mesa y Camacho: un matrimonio de conveniencia capitalista

De vuelta en Bolivia, Carlos Mesa ocupó el centro de atención como candidato presidencial de la oposición.

Su imagen erudita y sus propuestas de política centrista lo ubican en un universo político aparentemente alternativo de los derechistas que escupen fuego como Camacho y Marinkovic. Para ellos, él era un líder conveniente y un candidato aceptable que prometió defender sus intereses económicos.

"Puede ser que no sea mi favorito, pero voy a votar por él, porque no quiero a Evo", manifestó Marinkovic a un periódico argentino de derecha cinco días antes de las elecciones.

De hecho, fueron los pragmáticos intereses financieros de Camacho los que parecieron necesitar su apoyo a Mesa.

La familia Camacho ha formado un cartel de gas natural en Santa Cruz. Como informó el medio boliviano Primera Línea, el padre de Luis Fernando Camacho, José Luis, era dueño de una compañía llamada Sergas que distribuía gas en la ciudad; su tío, Enrique, controlaba Socre, la compañía que administraba las instalaciones locales de producción de gas; y su primo, Cristian, que controla otro distribuidor local de gas llamado Controgas.

Según Primera Linea, la familia Camacho estaba usando el Comité Pro-Santa Cruz como un arma política para instalar a Carlos Mesa en el poder y garantizar la restauración de su imperio comercial.

Mesa tiene una historia bien documentada de facilitar los objetivos de las empresas transnacionales a expensas de la población de su propio país. El político neoliberal y personalidad de los medios sirvió como vicepresidente cuando el presidente Gonzalo "Goni" Sánchez de Lozada, respaldado por Estados Unidos, provocó protestas masivas con su plan de 2003 urdido para permitir que un consorcio de corporaciones multinacionales exportaran el gas natural del país a los Estados Unidos a través de un puerto chileno.

Las fuerzas de seguridad de Bolivia entrenadas en los Estados Unidos se enfrentaron a las grandes protestas con una brutal represión. Tras presidir el asesinato de 70 manifestantes desarmados, Sánchez de Lozada huyó a Miami y fue sucedido por Mesa.

En 2005, Mesa también fue expulsado por grandes manifestaciones motivadas por su protección de las empresas privatizadas de gas natural. Con su fallecimiento, la elección de Morales y el surgimiento de los movimientos indígenas socialistas y rurales se perfilaban ya el horizonte.

Los cables del gobierno de los Estados Unidos publicados por WikiLeaks muestran que, después de su destitución, Mesa continuó la correspondencia regular con funcionarios estadounidenses. Un memorando de 2008 de la embajada de Estados Unidos en Bolivia reveló que Washington estaba conspirando con políticos de la oposición en el período previo a las elecciones presidenciales de 2009, con la esperanza de socavar y finalmente desbancar a Morales.

La nota señalaba que Mesa se había reunido con el Encargado de Negocios de la embajada de los Estados Unidos y les había dicho en privado que planeaba postularse para presidente. El cable recordó: “Mesa nos dijo que su partido será ideológicamente similar a un partido socialdemócrata y que esperaba fortalecer los lazos con el partido Demócrata. 'No tenemos nada en contra del partido Republicano, y de hecho hemos recibido apoyo del IRI (Instituto Republicano Internacional) en el pasado, pero creemos que compartimos más ideología con los demócratas', agregó”.


Hoy, Mesa desempeña un cargo como "experto" interno en el Diálogo Interamericano, grupo de expertos neoliberal con sede en Washington que se centra en América Latina. Uno de los principales donantes del Diálogo es la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), subsidiaria del Departamento de Estado que estuvo expuesta en cables diplomáticos clasificados publicados en Wikileaks por dirigir estratégicamente millones de dólares a grupos de oposición, incluidos aquellos "opuestos a la visión de Evo Morales para Comunidades indígenas".

Otros principales financiadores del Diálogo incluyen titanes petroleros como Chevron y ExxonMobil; Bechtel, que inspiró las protestas iniciales contra la administración en la que sirvió Mesa; el Banco Interamericano de Desarrollo, que se ha opuesto enérgicamente a las políticas de orientación socialista de Morales; y la Organización de Estados Americanos (OEA), que ayudó a deslegitimar la victoria de reelección de Morales con dudosas afirmaciones de recuentos de votos irregulares.

Rematando el trabajo

Cuando en octubre Carlos Mesa desencadenó protestas en todo el país al acusar al gobierno de Evo Morales de cometer fraude electoral, el incendiario lema de la ultra derecha aclamada por sus seguidores "Macho Camacho" surgió de las sombras. Detrás de él estaba la fuerza de choque separatista incondicional que lideró en Santa Cruz.


Mesa se desvaneció en la distancia cuando Camacho emergió como la auténtica cara del golpe, uniendo sus fuerzas con la retórica intransigente y la simbología fascista que define a la paramilitar Unión Juvenil Cruceñista.

Cuando declaró la victoria sobre Morales, Camacho exhortó a sus seguidores a "terminar el trabajo, comenzar las elecciones, comenzar a juzgar a los criminales del gobierno, meterlos en la cárcel".

Mientras tanto, en Washington, la administración Trump emitió una declaración oficial celebrando el golpe de estado de Bolivia, declarando que "la partida de Morales preserva la democracia".
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México exige en la OEA respeto 

a la voluntad política de bolivianos



C H I L E