Esclarecedor testimonio de un militar suizo conocedor del tema sobre el terreno, nada sospechoso de ser un maligno
agente de Putin, que expone y denuncia lo que
la prensa occidental oculta, distorsiona y manipula hasta
convertir la "información" en un burdo e insultante amasijo de la más abyecta propaganda.
Que los improbables lectores lo disfruten.
SCHEERPOST
– 09/04/2022
Traducción del inglés:
Arrezafe
Jacques Baud, exanalista
militar de la OTAN denuncia la cobertura y narrativa de la guerra de
Ucrania por parte de Occidente. Centro
Francés de Inteligencia e Investigación
PRIMERA PARTE: EN EL
CAMINO A LA GUERRA
Durante años, desde Malí
hasta Afganistán, trabajé por la paz y arriesgué mi vida por ella.
No se trata, pues, de justificar la guerra, sino de comprender qué
nos llevó a ella. Observo que los “expertos” que se turnan en
los televisores analizan la situación basándose en información
dudosa, la mayoría de las veces hipótesis convertidas en hechos, y
por lo tanto ya no logramos entender lo que está sucediendo. Así es
como se crea el pánico.
El problema no es tanto
quién tiene la razón en este conflicto, sino cómo toman sus
decisiones nuestros líderes.
Tratemos de examinar las
raíces del conflicto. Comencemos por aquellos
que durante los últimos ocho años se nos han estado mostrando como
"separatistas" o "independentistas" del Donbass.
Es incorrecto. Los referéndums realizados por las dos
autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Luhansk en mayo de 2014 no
fueron referéndums
de "independencia"(независимость),
como
algunos periodistas sin escrúpulos han pretendido, sino de "autodeterminación" o "autonomía"(самостоятельность). El término "pro-ruso" viene a sugerir, tendenciosamente, que Rusia tomó parte del conflicto, que no fue el caso, el
término "rusoparlantes" hubiera sido más honesto y adecuado. Además, hay que precisar que estos referéndums se llevaron a cabo en contra del consejo de
Vladimir Putin.
De hecho, estas
repúblicas no buscaban separarse de Ucrania, sino tener un estatuto
de autonomía que les garantizara el uso del idioma ruso como idioma
oficial. Porque el primer acto legislativo del nuevo gobierno, resultante del derrocamiento del presidente Yanukovych, fue la
abolición, el 23 de febrero de 2014, de la ley Kivalov-Kolesnichenko
de 2012 que hizo del ruso un idioma oficial. Algo así como si en
Suiza supuestos golpistas decidieran que el francés y el italiano
dejaran de ser idiomas oficiales en dicho país.
Esta decisión de abolir el ruso como lengua oficial, que provoca
lógica conmoción en la población ruso-parlante, es seguida de una
feroz represión contra las regiones de habla rusa (Odessa,
Dnepropetrovsk, Kharkov, Lugansk y Donetsk) represión que comenzó en febrero
de 2014 y condujo a una militarización de la situación y algunas
masacres (las más graves en Odessa y Mariupol). A finales del
verano de 2014, sólo resistían las autoproclamadas repúblicas de
Donetsk y Lugansk.
En esta etapa, los estados mayores ucranianos, demasiado
rígidos y estancados en un enfoque doctrinario del arte operacional, sufrieron la tenaz resistencia del
enemigo sin lograr imponerse. El análisis del desarrollo de los combates
entre 2014-2016 en Donbass muestra que el estado mayor ucraniano
aplicó sistemática y mecánicamente los mismos planes operativos.
Sin embargo, la guerra que libraban los autonomistas era entonces muy
parecida a la que pudimos observar en el Sahel: operaciones muy ágiles realizadas con medios ligeros. Mediante un enfoque más flexible y menos
doctrinario, los rebeldes pudieron explotar la rígida inercia de las fuerzas
ucranianas y "emboscarlos" repetidamente.
En 2014, estando yo en la
OTAN y siendo responsable de la lucha contra la proliferación de
armas pequeñas, tratamos de detectar las posibles entregas de armas
rusas a los rebeldes a fin de comprobar si Moscú pudiera estar involucrado en la contienda. La información que recibimos entonces provenía
prácticamente en su totalidad de los servicios de inteligencia
polacos y no "coincidía" con la información de la OSCE: a pesar
de las duras acusaciones, no observamos ninguna entrega de armas o
material militar ruso.
En
la región de Zhytomyr (Ucrania), más de un centenar de reservistas
movilizados desertaron de las unidades militares.
Los rebeldes estaban armados gracias a las deserciones de unidades ucranianas de habla
rusa que se pasan al bando rebelde. A medida que aumentan los
fracasos ucranianos, batallones completos de tanques, artillería y
antiaéreos engrosaron las filas de los autonomistas. Esto es lo que
empuja a los ucranianos a comprometerse con los 'Acuerdos de Minsk'.
Pero, justo después de
firmar los 'Acuerdos de Minsk 1', el presidente de Ucrania, Petro
Poroshenko, lanzó una operación antiterrorista a gran escala
(ATO/Антитерористична операція) contra
Donbass. Bis repetita placent: mal asesorados por los
oficiales de la OTAN, los ucranianos sufrieron una aplastante derrota
en Debaltsevo que los obligó a comprometerse con los 'Acuerdos de
Minsk 2'…
Es fundamental recordar
aquí que los 'Acuerdos de Minsk 1' (septiembre de 2014) y 'Minsk 2'
(febrero de 2015) no preveían ni la separación ni la independencia
de las Repúblicas, sino su autonomía en el marco de Ucrania.
Aquellos que hayan leído los
Acuerdos (y estos son muy, muy, muy pocos) encontrarán que está
claramente escrito que el estatus de las repúblicas debía ser
negociado entre Kiev y los representantes de las repúblicas, para
una solución interna en Ucrania.
Por eso, desde 2014,
Rusia ha exigido sistemáticamente su aplicación y negándose a ser
parte de las negociaciones, porque se trataba de un asunto interno de
Ucrania. Por otro lado, los occidentales –liderados por Francia–
intentaron sistemáticamente sustituir los Acuerdos de Minsk por el "formato de Normandía", que enfrentaba a rusos y ucranianos. Sin
embargo, recordemos que nunca hubo tropas rusas en el Donbass
antes del 23 y 24 de febrero de 2022. Además, los observadores
de la OSCE nunca han observado el menor rastro de unidades rusas
operando en el Donbass. Así, el mapa de inteligencia estadounidense
publicado por el Washington
Post el 3 de diciembre de 2021 no muestra tropas rusas en
Donbass.
En octubre de 2015, Vasyl
Hrytsak, director
del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), confesó que sólo se
habían observado 56 combatientes rusos en el Donbass. Era un hecho
comparable al de los suizos que iban a luchar en Bosnia durante los
fines de semana, en la década de 1990, o al de los franceses que hoy
luchan en Ucrania.
El ejército ucraniano se
encontraba entonces en un estado deplorable. En octubre de 2018, tras
cuatro años de guerra, el
fiscal militar jefe de Ucrania, Anatoly Matios, dijo que Ucrania
había perdido 2.700 hombres en el Donbass: 891 por enfermedades, 318
por accidentes de tráfico, 177 por otros accidentes, 175 por
envenenamiento (alcohol, drogas), 172 por manejo descuidado de armas,
101 por incumplimiento de las normas de seguridad, 228 por asesinato
y 615 por suicidio.
De
hecho, el ejército está socavado por la corrupción de sus cuadros
y ya no cuenta con el apoyo de la población. Según un informe
del Ministerio del Interior del Reino Unido, cuando se convocó a
los reservistas en marzo-abril de 2014, el 70 % no
se presentó
a la primera convocatoria, el 80 % a la segunda, el 90 % a la tercera
y el 95 % a la cuarta. En octubre/noviembre de 2017, el 70
% de las personas convocadas no se presentaron durante la llamada
"campaña
de vuelta de
Otoño
de 2017".
Esto no incluye suicidios
y deserciones
(muchas veces a favor de los autonomistas) que alcanzan hasta el 30%
de la plantilla en la zona ATO. Los jóvenes ucranianos se niegan a
ir a luchar al Donbass y prefieren la emigración, lo que también
explica, al menos en parte, el déficit demográfico del país.
El Ministerio de Defensa
de Ucrania recurrió entonces a la OTAN para que la ayudara a hacer
que sus fuerzas armadas fueran más "atractivas". Habiendo
trabajado ya en proyectos similares en el marco de las Naciones
Unidas, la OTAN me pidió que participara en un programa destinado a
restaurar la imagen de las fuerzas armadas ucranianas. Pero ese es un
proceso largo y los ucranianos querían ir rápido.
Así, para compensar la
falta de soldados, el gobierno ucraniano recurrió a las milicias
paramilitares, compuestas esencialmente de mercenarios extranjeros, a
menudo activistas de extrema derecha. A partir de 2020, dichas
milicias constituyen alrededor del 40% de las fuerzas de Ucrania y
suman
alrededor de 102.000 hombres según Reuters. Estas milicias están
armadas, financiadas y entrenadas por Estados Unidos, Gran Bretaña,
Canadá y Francia, y en ellas participan sujetos de más de 19
nacionalidades, incluidos suizos.
Por lo tanto, los países
occidentales han creado y apoyado claramente las
milicias de extrema derecha ucranianas. En octubre de 2021, el
Jerusalem
Post dio la alarma al denunciar el proyecto Centuria.
Estas milicias han estado operando en el Donbass desde 2014, con
apoyo occidental. Se puede discutir sobre el término "nazi",
pero el hecho es que estas milicias son violentas, transmiten una
ideología nauseabunda y son virulentamente antisemitas.
Estas milicias, derivadas
de los grupos de extrema derecha que lideraron la revolución
Euromaidan en 2014, están formadas por individuos y grupos fanáticos
y brutales. El más conocido de ellos es el regimiento Azov, cuyo
emblema recuerda al de la 2ª SS Das Reich División Panzer,
que es objeto de verdadera veneración en Ucrania, por haber liberado
Jarkov de los soviéticos en 1943 y antes de perpetrar la matanza. de
Oradour-sur-Glane
en 1944, en Francia.
Entre las figuras
célebres del regimiento Azov se encontraba el opositor Roman
Protassevich, detenido en 2021 por las autoridades bielorrusas tras
el caso del vuelo FR4978 de RyanAir. El 23 de mayo de 2021 se habla
del secuestro
deliberado de un avión de pasajeros por parte de un MiG-29 –con
el beneplácito de
Putin, por supuesto– para arrestar a Protassevich, aunque la
información entonces disponible no confirma en modo alguno este
escenario.
Pero, entonces, hay que
demostrar que el presidente Lukashenko es un matón y Protassevich un "periodista" amante de la democracia. Sin embargo, una
investigación bastante reveladora realizada por una ONG
estadounidense en 2020 expuso las actividades militantes de
extrema derecha de Protassevich. El conspirador occidente pone
entonces en marcha una campaña mediática y sin escrúpulos "pulen"
su biografía. Finalmente, en enero de 2022, se publica el
informe
de la OACI que muestra que, a pesar de algunos errores de
procedimiento, Bielorrusia actuó de acuerdo con las normas vigentes
y que el MiG-29 despegó 15 minutos después de que el piloto de
RyanAir decidiera aterrizar en Minsk. Así que nada de complot con
Bielorrusia y menos con Putin. ¡Ah!… y un detalle más:
Protassevich, cruelmente
torturado por la policía bielorrusa, ahora es libre. Quienes
deseen mantener correspondencia con él, pueden acudir a su cuenta
de Twitter.
La etiqueta de "nazi"
o "neonazi" dada a los paramilitares ucranianos se
considera propaganda
rusa. Quizás, pero esa no es la opinión de The
Times of Israel, el Centro
Simon Wiesenthal o del mismísimo Centro
de Contraterrorismo de la Academia West Point. Aunque esto, claro está, sigue
siendo discutible, dado que en 2014, la revista
Newsweek al parecer los asoció con el Estado Islámico.
¡Elijan!
De modo que Occidente
apoya y sigue armando milicias culpables de numerosos
crímenes
contra la población civil de Donbass desde 2014, violaciones, torturas y
masacres. Sin embargo, mientras el gobierno suizo se ha apresurado a
imponer sanciones contra Rusia, no ha adoptado ninguna contra
Ucrania, que ha estado masacrando a su propia población desde 2014.
De hecho, quienes defienden
los derechos humanos en Ucrania han condenado desde hace mucho
tiempo la acciones de estos grupos, condenas que no han sido
secundadas por nuestros gobiernos porque, en realidad, no están tratando de ayudar a Ucrania, sino de combatir a Rusia.
La integración de estos
paramilitares en la Guardia Nacional no estuvo en modo alguno acompañada
de una "desnazificación", como pretenden
algunos. Ejemplo evidente de ello, entre otros muchos, es el
de las insignias del Regimiento Azov.
En 2022, muy
esquemáticamente, las fuerzas armadas ucranianas que luchan contra
la ofensiva rusa se estructuran de la siguiente manera:
– Ejército,
dependiente del Ministerio de Defensa: se articula en 3 cuerpos de
ejército y se compone de formaciones de maniobra (tanques,
artillería pesada, misiles, etc.).
– Guardia Nacional, que
depende del Ministerio del Interior y se articula en 5 comandos
territoriales.
Por lo tanto, la Guardia
Nacional es una fuerza de defensa territorial que no forma parte del
ejército ucraniano. Incluye milicias paramilitares, denominadas "batallones de voluntarios" (добровольчі
батальйоні), también conocidas con el evocador nombre de
"batallones de represalia", compuestas por infantería.
Entrenados principalmente para el combate urbano, ahora aseguran la
defensa de ciudades como Kharkov, Mariupol, Odessa, Kyiv, etc.
(Fin de la primera parte)
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