10 agosto, 2020

3 doctrinas pulverizadas en 30 segundos

 


Transcripción: Arrezafe


Ex-musulmán pulveriza 3 religiones en 30 segundos


Social experimentalist –Obviamente, tú sabes que has sido adoctrinado. ¿No?


Joven judío –Soy consciente de que lo propio de la educación, desde que naces, es, en efecto, adoctrinar. Pero también reconozco que la mayoría de la gente, pasada su adolescencia comenzarán a tener sus propias opiniones y a pensar de manera más crítica sobre cuando se les ha inculcado. Yo he pensado críticamente sobre estas cosas y he llegado a la conclusión de que son verdad.


Ex musulman –¿No es sorprendente que la mayoría de los musulmanes, cuando se hacen mayores y críticos, descubren que el Islam es la verdadera religión; que la mayoría de los judíos cuando se hacen mayores y críticos, como tú dices, descubren que el Judaísmo es la verdadera religión; y que la mayoría de los cristianos, cuando crecen y devienen críticos, descubren que el Cristianismo es la verdadera religión? ¿No es mucha coincidencia?


Joven judío –Bueno, me has dejado perplejo... Me has desconcertado...


Social experimentalist –No hay respuesta... No hay respuesta.


Leyenda final

"Por supuesto, la respuesta es que naciste por azar en el seno de la “verdadera” religión".

08 agosto, 2020

Claves de un Estado criminal: Dios, Patria y Capital — Ángeles Diez

 

F.A.I. - 08/08/2020

"Los fundadores de la Nueva Inglaterra eran a la vez ardientes sectarios y renovadores exaltados. Unidos por los lazos más estrechos de ciertas creencias religiosas, se sintieron libres de todo prejuicio político" (A. Tocqueville)


Empecemos por Obama. Porque ni Donald Trump es un desquiciado ignorante ni Obama fue un inteligente progresista. En contra de la imagen hábilmente construida por su maquinaria de relaciones públicas, Obama (con su fiel escudera Hillary Clinton), sembró el planeta de guerra y reemplazó la captura de presuntos terroristas de la Administración Bush por el asesinato –así lo describe el periodista de investigación Jeremy Scahill[1].


No fue Trump quien autorizó el bombardeo de Yemen (2009), ni quien invadió el espacio aéreo de Paquistán para ajusticiar a Bin Laden (2011), ni fue él quien asesinó a ciudadanos estadounidenses en Yemen (2011). Tampoco fue Trump quien declaró a Venezuela una “amenaza inusual y extraordinaria” en dos ocasiones (2015 y 2017), ni quien incrementó las operaciones encubiertas en todo el mundo. Tampoco fue él sino Obama quien nombró director de la CIA a John Brennan -defensor de las “técnicas mejoradas de interrogatorios” (tortura) y artífice de los ataques con drones (2013).


Cuando analizamos la política internacional imperialista de EEUU y reducimos nuestro análisis a factores de orden geopolítico, estratégico o económico no conseguimos explicarnos actuaciones aparentemente irracionales que van incluso en contra de sus intereses nacionales a medio o largo plazo. Acabamos asignando a sus presidentes un marchamo de maldad y crueldad irracional que nos sitúa mal a la hora de desarrollar estrategias de resistencia y confrontación con el imperialismo. Más allá de las diferencias evidentes entre Obama y Trump, o entre Clinton y Bush, o entre Carter y Reagan, existe un hilo conductor que une las distintas administraciones, ya sean demócratas o republicanas, una lógica común que se sitúa en un espacio ideológico o, más bien, teológico-político.


De modo que, no hablemos de un presidente, ni de una determinada administración. Hablemos de un Estado, hablemos de la génesis de un Estado que desde el mismo momento en que se constituyó como tal emprendió una cruzada expansionista hacia el Oeste con la biblia en una mano y el fusil en la otra.


Saqueadores de tierra y exterminadores de indígenas. Porque la expansión del nuevo Estado no fue simplemente una guerra por la supervivencia contra Inglaterra, decía Howard Zinn, sino una guerra para el desarrollo de la economía capitalista en donde la tierra era fundamental para los especuladores ricos (incluido George Washington). Una república fuerte y grande, argumentaban los padres fundadores[2], necesaria para proteger mejor los intereses de la comunidad frente a las "fracciones" internas y los enemigos externos. Una patria, en fin, con un sistema y una organización política diseñada contra las mayorías, por y para las élites económicas[3]. Los principios de liberalismo –libertades civiles, imperio de la ley y libre mercado- al servicio de La riqueza de las naciones (Adam Smith, 1776) formaron parte del ADN del nuevo Estado y se mantienen hasta hoy en que la hegemonía estadounidense declina irremediablemente.


Estados Unidos vino al mundo como un Estado capitalista, sin el lastre feudal de la vieja Europa, dispuesto a materializar un proyecto bíblico no sujeto a más principio moral que la acumulación de riqueza. Así, la guerra de Estados Unidos contra el mundo es una guerra sin fronteras y sin límites, como tampoco puede tenerlos el Capital.


No es que los Estados europeos del XIX, en plena expansión territorial repartiéndose África y Oriente, fueran menos crueles, piénsese en el Congo –que antes de ser belga fue del sanguinario Leopoldo II, o en la India británica. Pero ocurre que cuando EEUU toma el relevo de la hegemonía mundial después de la Segunda Guerra Mundial la profecía del Destino manifiesto, sobre la que se construyó el nuevo Estado, ya iba de la mano de un desarrollo técnico sin precedentes. Por eso, la advertencia de Eisenhower[4] sobre el peligro que supondría la influencia del complejo industrial militar caería en saco roto, y por eso, las distintas formas de guerra con las que siembran el mundo son una consecuencia lógica de un sistema y una ideología imparables desde el ámbito de la razón o desde los principios morales.


Estados Unidos emprendió el dominio del mundo inspirado en una religión civil de base puritana y calvinista[5] que fue el fundamento de su visión de pueblo elegido cuya misión sería guiar al resto de las naciones. Con esta base ideológica se han convertido en el Estado criminal más mortífero de la historia. ¿Por qué el más cruel de los Estados? Porque hablamos de un Estado moderno, guiado por una racionalidad técnica capitalista y una religiosidad fundamentalista de corte racista, ambos factores se han retroalimentado a lo largo de los años y han marcado el rumbo tanto de su política exterior como de su política doméstica.


Si hiciéramos una genealogía del poder estadounidense siguiendo las enseñanzas de Foucault hallaríamos un Estado cuya expansión y dominio imperialista forma parte de su naturaleza y su identidad. Encontraríamos unos principios y un desarrollo técnico capaces de aniquilar el planeta, circunstancia ésta que no se había dado anteriormente en la historia. El lanzamiento de las dos bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki (6 y 9 de agosto de 1945) cuando ya se había ganado la guerra son el ejemplo paradigmático. De ahí que conmemorar el 9 de agosto como Día internacional de los crímenes estadounidenses contra la humanidad, tiene todo el sentido.


El patriotismo, el racismo, el fundamentalismo religioso y el culto al dinero, son las claves que necesitamos explorar para desarrollar estrategias eficaces de lucha antiimperialista porque, desde mi punto de vista, son las claves que explican la estructura del Estado norteamericano y permiten anticipar sus movimientos más allá de las coyunturas. Ya José Martí en su artículo sobre La verdad de Estados Unidos en 1894 anunciaba la necesidad de publicar, no el crimen o la falta accidental que pueden ocurrir en todos los pueblos sino "aquellas calidades de constitución que, por su constancia y autoridad, demuestran las dos verdades útiles a nuestra América: –el carácter crudo, desigual y decadente de los Estados Unidos– y la existencia, en ellos continua, de todas las violencias, discordias, inmoralidades y desórdenes de que se culpa a los pueblos hispanoamericanos". [6]


Dentro de estas cualidades de constitución de las que hablaba el prócer cubano encontramos, desde mediados del siglo XIX, la doctrina del Destino Manifiesto. Ésta será la bandera que enarbolará EEUU para justificar su derecho a la expansión territorial como parte de un designio providencial. A su vez, la imposición de una forma particular de ver la "democracia" (coincidente con sus intereses económicos) se convertiría en su práctica habitual para establecer relaciones con otros Estados.


Marcos Reguera, en su tesis de doctorado sobre el Imperio de la democracia en América, nos dirá que el término Destino manifiesto se convirtió en una pieza clave de la identidad estadounidense durante el siglo XIX y nos ayuda a entender "cómo el sistema democrático americano fue adoptando un carácter imperialista que será central tanto para su proceso de construcción nacional como en su propia autopercepción" [7]. La concepción de la patria a modo de destino divino vinculada al desarrollo material capitalista es un tándem identitario que será difícil limitar ni desde principios morales universales, ni desde el Derecho internacional, ni siquiera desde una racionalidad económica liberal.


Porque la patria para el monstruo norteño, en cuyas entrañas vivió Martí, no es equivalente al nacionalismo en el sentido europeo ni latinoamericano. Más bien se inscribe dentro de un imaginario mítico que conjuga el aislacionismo (no existe nada distinto a Estados unidos que merezca la pena) y la providencia (pueblo elegido y guiado por Dios). Así vemos que, para la mayor parte del pueblo norteamericano, Dios gobierna a través de sus presidentes y todos ellos juran sobre la biblia; la suya particular, la de los que les precedieron o aquella que incorpora un particular capital simbólico. El expresidente Obama es miembro de la Iglesia Unida de Cristo[8] y realizó su juramento de toma de posesión utilizando dos biblias, la tradicional de Abraham Lincoln y la de Martin Luther King [9]. También Trump utilizó dos biblias, la de Lincoln y la que le regaló su madre; lo simbólico universal y lo particular individual se amalgaman uniendo la suma de individualidades en un universo simbólico común: La nación predestinada.


Casi todos los discursos de los presidentes americanos terminan con una frase que es el final de un ritual que se repite: «Dios bendiga América», y en todos los dólares nos encontramos con otra frase: "In God We Trust" (Confiamos en Dios). Jim Dotson nos dice que la frase "En Dios confiamos" refleja lo que significa ser estadounidense. Dios es el equivalente simbólico del dinero y se inscribe en la tradición blanca protestante fundadora de las 13 colonias de las que surgiría el nuevo país[10] . Cuando vemos en las películas estadounidenses esas escenas en la que en cada hotel de carretera hay una biblia en la mesilla de noche, o en las que asesinos en serie siguen patrones del texto sagrado, sin duda estamos viendo algo que va más allá de un recurso dramático[11].


Según datos recientes, 73% de los estadounidenses se declaran cristianos y solo el 20% no se identifica con ninguna religión (2019). Tampoco resulta casual el fenómeno, tan norteamericano, de los telepredicadores; ni que las iglesias evangélicas se hayan convertido es uno de los instrumentos de injerencia, incluidos golpes de Estado y financiación del terrorismo (muy al estilo yihadista) en toda América latina. El reciente golpe de Estado en Bolivia muestra la clara influencia de estas iglesias y del despliegue de telepredicadores por toda la región con vínculos estrechos con sus matrices estadounidenses.


La guerra Mundo de EEUU se plantea a menudo como una cruzada evangélica: "llevar la democracia", "defender el mundo libre", "acabar con el mal"... Tradicionalmente las corporaciones mediáticas han servido a este propósito religioso elaborando imágenes que se han adaptado a los discursos proféticos, por ejemplo, presentando las invasiones, los asesinatos, las extorsiones, los saqueos, etc. como cruzadas salvadoras contra enemigos terroríficos y demoníacos, generalmente personificados en los gobernantes de los países a los que atacar (Milosevich, Sadam, Gadafi, Chávez, Maduro,….)


Sorprendentemente, el melting pot de culturas que han arribado a EEUU durante siglos no han conseguido dotar a ese Estado de una impronta identitaria distinta de esa idea de Patria omnipresente y todo poderosa con un destino providencial. Por el contrario, para muchos de los grupos de emigrantes la imagen de tierra prometida, de continente vacío, o de tierra desierta a la espera de ser cultivada, que los padres fundadores llevaron al continente ha sido su carta de integración[12]. Tal vez eso cambie en poco tiempo como resultado de la crisis mundial de la Covid 19, o tal vez el conservadurismo político consiga asignar a la providencia divina, como muchas otras veces, el castigo por no ser fieles seguidores de su destino.


La expansión territorial de EEUU no sólo se fundamentará en "la excepcionalidad de sus instituciones políticas –nos dice Marcos-, sino en el particularismo racial de la población. El concepto político de Destino manifiesto con su impronta maltusiana que justificaba la expansión racial anglosajona dejará de usarse tras la Segunda Guerra Mundial y dará paso a otros conceptos como la excepcionalidad americana (American Exceptionalism), El mundo libre (Free World) o El siglo americano (American Century) que conformarán una filosofía racista que “desde el darwinismo social propugnaba el predominio de Estados Unidos sobre otras naciones como parte de la ley de la supervivencia de la nación más apta"[13]


Dentro de la tradición puritana y calvinista, el sociólogo Max Weber, encontró una conexión estrecha entre esa ética protestante y el enriquecimiento personal[14]. La riqueza se convertía en un pasaporte al reino de los cielos. La forma de enriquecerse en el capitalismo pasa inevitablemente por el imperialismo y por tanto por la guerra. El general del cuerpo de marines Smedley Butler (1881-1940), siendo uno de los militares más condecorados de la historia de EEUU, tras retirarse en 1934 escribió “La guerra es una estafa” en donde describe cómo su país hacía la guerra con el único objetivo real de incrementar sus ganancias. Llegó a decir: "Fui premiado con honores, medallas y ascensos. Pero cuando miro hacia atrás, considero que podría haber dado algunas sugerencias a Al Capone. Él, como gánster, operó en tres distritos de una ciudad. Yo, como marine, actué en tres continentes. El problema es que cuando el dólar estadounidense gana apenas el seis por ciento, aquí se ponen impacientes y van al extranjero para ganarse el ciento por ciento. La bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera."[15]


Un elemento no menos importante que permea el Estado junto con el conservadurismo político de corte religioso es el antiintelectualismo. Se trata de una corriente ideológica que, desde mi punto de vista, ha permitido la continuidad y reproducción de esa teología política dotándola de un soporte popular que ha legitimado las actuaciones criminales del Estado norteamericano y lo continúa haciendo. Presidentes como Trump, Bush o Reagan, que desprecian a los "expertos" y se vanaglorian de su ignorancia entran dentro de una tradición antielitista y autoritaria fuertemente arraigada en el pueblo norteamericano. En un artículo para la revista Newsweek, Isaac Asimov describía lo que él llamaba el culto a la ignorancia en Estados Unidos, de la siguiente forma: "En Estados Unidos hay un culto a la ignorancia, y siempre lo ha habido. El antiintelectualismo ha sido esa constante que ha ido permeando nuestra vida política y cultural, amparado por la falsa premisa de que democracia quiere decir que «mi ignorancia vale tanto como tu saber".[16]


La combinación del desprecio de cultura, el culto al dinero y la exaltación de las emociones encontrará su máxima expresión en el desarrollo del consumo a partir de los años 50. A diferencia de lo que ocurre en otros países y también muy alejado del ascetismo fundacional, EEUU se convertirá tras la II Guerra Mundial, con el desarrollo de la producción en masa en el lugar de la desmesura, del exceso, en el comer y, por qué no, en el matar.


Estas claves ideológicas ayudan a explicar, que no a justificar en absoluto, la expansión imperialista estadounidense, incluida esas cualidades constitutivas de las que hablara Martí, pero no son suficientes para entender la magnitud de las atrocidades cometidas a lo largo de los últimos decenios. Los crímenes contra la humanidad se sitúan en una escala superior que sólo se puede sostener en el tiempo gracias a la impunidad.


En los últimos años, a medida que el poder hegemónico de Estados Unidos retrocedía, las distintas administraciones han blindado a sus presidentes, sus secretarios de Estado, sus soldados… Ciertamente el poder y la impunidad suelen ir de la mano (muchos en nuestro país conocen de esa alianza en relación a los crímenes del franquismo). Se da la impunidad cuando se controlan las instituciones, cuando se maneja el Derecho internacional a discreción y cuando el silencio convierte en cómplices a sociedades enteras. En el caso de Estados Unidos, no es sólo una forma de actuación internacional. Una mentalidad guiada por la providencia y ebria de desmesura, sólo parece tener freno ante un poder equivalente, en general, otros Estados con bombas atómicas o con una determinación tal que desequilibre la cuenta de resultados.


Durante años, mantener la hegemonía norteamericana ha significado controlar las organizaciones internacionales, bien mediante el chantaje de su financiación, bien colocando en su dirección a personajes afines. Pero en los últimos años, a medida que han ido extendiendo la guerra por todo el planeta, esto ha sido insuficiente. Por tanto, el siguiente paso ha sido tergiversar las resoluciones, desconocer a las propias instituciones, rechazar la firma de tratados etc. En esa dirección, es el secretario de Estado norteamericano, Michael Pompeo, quien en marzo del año pasado prohibió los visados al personal de la Corte Penal Internacional (CPI) que participara en investigaciones de ciudadanos estadounidenses en cualesquiera de los territorios en los que se extiende la jurisdicción de la CPI.[17] Pero nada de esto es novedoso, recordemos que Estados Unidos ha sido el único país condenado por la Corte Internacional de Justicia de la Haya por cometer terrorismo internacional —técnicamente, por el uso ilegal de la fuerza— contra Nicaragua, y que, cuando se le ordenó pagar reparaciones, no sólo rechazó el fallo de la Corte sino que rechazó su jurisdicción.


Pero la impunidad de un Estado criminal también se da al interior de EEUU ya que, como decíamos al principio, no es una cuestión de una u otra administración. En este país los policías no gozan de legitimidad sino del poder de saberse impunes. Policías blancos que asesinan a afroamericanos, empresas que contaminan el agua, el aire…. El movimiento “Blacks Lives Matter” (las vidas negras importan) surgió a consecuencia de la absolución del policía que asesinó al adolescente afroamericano Trayvon Martin (2013)


Así pues, conmemorar el 9 de Agosto como el día internacional de los crímenes estadounidenses contra la humanidad, no sólo implica evidenciar la naturaleza de un Estado criminal –sus cualidades de constitución- sino apostar por romper la impunidad que tiende a perpetuar su dominio. Porque en el fondo, no es posible convencer a un fundamentalista religioso de que está equivocado. Solo tiene sentido hacer justicia: impedir que el crimen quede sin castigo.


Notas:


1. Entrevista al periodista Jeremy Scahill, con motivo de la presentación de su libro “Guerras sucias, el mundo es un campo de batalla”, en El Confidencial, “Bush cazaba… Obama asesina” https://www.elconfidencial.com/mundo/2013-10-16/bush-cazaba-obama-asesina_42073/

2. Se consideran Padres fundadores de EEUU a George Washington, primer presidente de EEUU de 1789 a 1797, Thomas Jefferson, tercer presidente entre 1801 y 1809, y Benjamin Franklin, político, científico, inventor y defensor acérrimo de la unión colonial (1706-1790).

3. Ángeles Diez, Medios de comunicación y democracia. Cómo se excluyó al pueblo del gobierno y cómo se le convenció de lo contrario. 31/05/2010 en https://rebelion.org/como-se-excluyo-al-pueblo-del-gobierno-y-como-se-le-convencio-de-lo-contrario/

4. En un discurso televisado el 17 de enero de 1961 al terminar su mandato como presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, advertía sobre los peligros de la gran influencia del “Complejo industrial militar, sobre la política norteamericana. http://carpetashistoria.fahce.unlp.edu.ar/carpeta-3/fuentes/la-guerra-fria/el-complejo-industrial-militar-segun-eisenhower

5. A finales del XVIII cuando estalló la revolución americana la mitad de los habitantes eran puritanos y dos tercios eran calvinistas (Andrés González Martín, The american religión of winning y la religión civil norteamericana)

6. José Martí, La verdad sobre Estados Unidos, en Patria 23/3/1894

7. Marcos Reguera, Tesis de doctorado: “El imperio de la democracia en América. John L. O’Sullivan y la formación del concepto de Destino Manifiesto” pág. 22. Una tesis fundamental para ayudar a profundizar en el imperialismo estadounidense. ↑

8. Protestante Digital, “Obama aclara su fe cristiana evangélica como miembro de la iglesia Unida de Cristo”, https://protestantedigital.com/print/21015/Obama_aclara_su_fe_cristiana_evangelica_como_miembro_de_la_Iglesia_Unida_de_Cristo

9. Recordemos que Martin Luther King era pastor de la iglesia baptista

10. Kennedy ha sido el único presidente no protestante de EEUU, era católico y tuvo dificultades en su campaña electoral ya que se le acusaba de estar supeditado a agentes extranjeros.

11. La película Seven dirigida por David Fincher en 1995 que narra la persecución de un asesino en serie que actúa siguiendo los siete pecados capitales es uno de los mejores ejemplos.

12. Esta ideología profética es un lazo que une a EEUU con el proyecto sionista del Estado judío en Palestina (junto con la emigración judía a EEUU tras la II Guerra Mundial y sus intereses geoestratégicos en la zona) Un Ente sionista que no podría subsistir en la zona sin el subsidio incondicional de la potencia norteamericana y sin el despliegue de un sistema de apartheid más terrible aún que el sudafricano.

13. Marcos Reguera, op. Cit. Pág. 33

14. Max Weber, La ética protestante y el espíritu del Capitalismo.

15. Smedley Butler, La guerra es una estafa. En https://www.docdroid.net/SizLkOR/butler-smedley-d-la-guerra-es-una-estafa-pdf#page=5

18. I. Asimov, El antiintelectualismo en Estados Unidos, Newsweek, 21-1-1980, en https://alexiscondori.com/translation/0014-asimov-antiintelectualismo-culto-ignorancia

17. https://elpais.com/elpais/2019/04/08/opinion/1554738101_453213.html

06 agosto, 2020

“Para no importunar al magnate de la Casa Blanca, cientos de funcionarios se cosen la boca con hilos de burocracia y silencian lo que les queda de conciencia para que el horror no les quite el sueño.” ———— Fernando Buen Abad


RESUMEN LATINOAMERICANO – 06/08/2929


9 DE AGOSTO – DÍA INTERNACIONAL DE LOS CRÍMENES ESTADOUNIDENSES CONTRA LA HUMANIDAD.


¿Hay un plan para encubrir los crímenes contra la Humanidad? Sí, se llama Capitalismo.


Quedarse quieto es hacerse cómplice. Ésta no es una denuncia cómoda para tranquilizar conciencias pequeño-burguesas. Es denuncia y es autocrítica. Mientras Trump y sus jaurías criminales reprimen, humillan y encarcelan a familias de “inmigrantes”; todos los Crímenes Estadounidenses se coagulan en las injusticias fronterizas y la inmensa mayoría de nosotros aporta su cuota de ignorancia, indolencia e inutilidad funcionales. Algunos claman al cielo y oran, otros se subliman mentando madres. Algunos hacen donativos, limosnas y gestos compungidos. Otros alzan los hombros y siguen viendo su noticiero favorito.


La única solidaridad concreta ocurre desde abajo, de la mano del pueblo que mira en el que sufre sus propios sufrimientos. Para no importunar al magnate de La Casa Blanca, cientos de funcionarios se cosen la boca con hilos de burocracia y silencian lo que les queda de conciencia para que el horror no les quite el sueño. Algunos abogados fabricaron trincheras de “jurisprudencia” a prueba de toda vergüenza y desde ahí pontifican deyecciones leguleyas expelidas por el “Estado de derecho” y los “tratados internacionales”.


Se exhiben muy pulcros para el tecnicismo y muy puntuales para la cobranza. Van y vienen de congreso en congreso, de conferencia en conferencia, de burocracia en burocracia… mientras los niños aprenden, tras las rejas, que viven en un mundo donde ser pobre se castiga, no importa de dónde vengas ni qué edad tengas. Castigo inclemente sin delito, sin juicio ni defensa. “La única forma de salvar la vida de las personas detenidas es su liberación”, dice el periodista Jacob Soboroff, que ingresó a estas cárceles del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) donde, ya en 2008, vio niñas y niños encerrados en jaulas. Soboroff lo relata en su nuevo libro Separated: Inside an American Tragedy (Separados: una tragedia estadounidense).


Es uno más de los Crímenes Estadounidenses contra la Humanidad, convertido en mercancía “mediática”. Mercancía del horror prefabricado por intereses de clase a cuyo servicio está el Estado, para venderla en el mercado de la dominación de una clase sobre otra. Esta vez usando a los niños, sin clemencia, sin defensa, sin piedad. En el alma de esa violencia está la complacencia de gobiernos reformistas y oportunistas escupiendo a mansalva discursos legalistas. Se descargan, minuto a minuto, ráfagas de violencia ideológica para esconder la tortura a que son sometidos los más indefensos en el imperio oligarca de la indefensión social. No importa el horario, no importa el tema y no importa el impacto… siempre hay violencia a destajo contra niñas y niños victimados tras las rejas del imperio. Y parece tan “natural”. “Según diferentes cables, en mayo ICE tenía a unos 184 menores, pero los activistas creen que pueden ser más, después de trascender que el gobierno federal está deteniendo a los niños en hoteles de Texas y Arizona antes de deportarlos a sus países de origen.”


Esto no es una arenga contra la solidaridad genuina, es una reflexión contra esa violencia infiltrada en las cabezas de los pueblos para naturalizar todo lo que el capitalismo impone como modelo para mentalidades dóciles, cómplices de las aberraciones del saqueo y la explotación que reinan planetariamente. “Casi 2.000 niños han sido separados de sus padres desde que el fiscal general, Jeff Sessions, anunció la política que determina que los funcionarios de seguridad interna deriven todos los casos de ingreso ilegal a los EE.UU. para procesamiento.”


Esto es un llamado de atención no sólo sobre el papel que cumple el aparato de Estado y gobiernos gerenciadores de esclavitudes a diestra y siniestra, sino también contra las jaurías de burócratas que, con toda impunidad, violan los derechos humanos. El plan de exterminio contra las “familias de inmigrantes”, desatado por Trump, es una declaración de guerra a la que debemos presentar frentes de lucha de todo tipo y a toda costa. Los niños y las niñas enjaulados no pueden defenderse y menos si encuentran otra forma de violencia agazapada en la indiferencia, la ignorancia y la apatía nuestras.



Estados Unidos. Policías detienen a mujer afrodescendiente y sus hij@s a punta de pistola en Colorado

Policías de la ciudad de Aurora, en el estado de Colorado, en Estados Unidos, detuvieron a una familia negra a punta de pistola el domingo, tras confundir su vehículo con otro que había sido robado.


En el vídeo se puede observar como la policía ordena a una mujer y a tres niñ@s acostarse boca abajo en el suelo de un estacionamiento. Dos de las menores, de entre seis y 17 años de edad, esposadas.




05 agosto, 2020

HACIA UN FRENTE DE SALVACIÓN POPULAR — redRoja




redRoja – 91/94/2020


(Se impone el rescate de nuestro pueblo, y no el de los emporios financieros y empresariales que lo parasitan)


El colapso sanitario que ya nadie niega ha puesto a la orden del día las reivindicaciones de los colectivos en lucha por la defensa de la Sanidad Pública: mayores recursos presupuestarios, empezando por revertir los brutales recortes de la anterior década, y anular las privatizaciones que han pretendido hacer de la salud un negocio que, además, discrimina entre pacientes según su clase social. Vemos cómo la sanidad pública se desborda mientras los hospitales de gestión privada con financiación pública miran para otro lado y las aseguradoras privadas, en medio de la tragedia, pretenden hacer su particular agosto con la angustia de la gente. Por todo ello, hoy se hace indispensable nacionalizar de forma definitiva la sanidad privada, derogando la ley 15/97. Pero esto no es suficiente en la actual coyuntura de emergencia sanitaria y social. Hay que asegurar al máximo el suministro del material hospitalario y de protección interviniendo en el ámbito empresarial, incluyendo la industria farmacéutica. En el aspecto laboral, dicha protección tiene que acabar con esa hiriente imagen de trabajadores forzados a realizar su labor sin condiciones de seguridad. Al tiempo, se impone una planificación social del confinamiento para poner freno al abandono en que han sido sumidos amplios sectores de la población tras el parón en seco de los ya de por sí escasos servicios sociales. Y se requiere una intervención en el ámbito de la vivienda ante la incertidumbre que pesa sobre miles de familias respecto a cómo van a asegurar el pago de sus alquileres e hipotecas.


Pero esta emergencia sanitaria ha acelerado y agravado la profunda crisis socioeconómica que ya se venía anticipando. De momento, más de 1,7 millones de trabajadores han sido afectados por los ERTE facilitados por el gobierno. Asistimos a una auténtica avalancha de más de 200.000 de ellos siendo los más grandes los de El Corte Inglés, Securitas Direct, Seat, Burger King, Iberia, Renault… a la espera del ERTE de Inditex que afectará a otros 25.000 trabajadores. A nadie se le escapa que, dada la recesión que nos amenaza y la dependencia endémica del turismo, muchos de estos trabajadores acabarán perdiendo sus trabajos de forma definitiva. Pero, además, innumerables empresas no están recurriendo a los ERTE, sino al despido individual y definitivo.


El gobierno ha aprobado una serie de medidas que, aunque anunciadas como un “escudo social”, más bien podrían catalogarse de un escudo para la banca y las grandes empresas. El Estado avalará 117.000 millones para que la banca pueda administrar más préstamos a su antojo y con total seguridad. Obviamente serán los grupos financieros los que decidirán a qué empresa los prestan y a cuál no. Más que probablemente, la lógica financiera los llevará a conceder este dinero a las grandes corporaciones con las que los bancos están entrelazados. Y además, sin riesgo alguno: efectivamente, cuando se produzca un impago, el Estado será el aval. ¿Qué pasará con las 150.000 pequeñas empresas y con los tres millones de autónomos sobre los que se cierne la amenaza de cierre definitivo de sus actividades? Por su parte, la UE ha aprobado que el BCE compre 750.000 millones de euros en activos. ¿Qué duda cabe de que la parte de ellos que se destine a España servirá para comprar bonos de esos mismos bancos y grandes corporaciones?


Todas estas medidas a favor del gran capital anticipan un nuevo rescate que, si no se culmina en los mismos términos que la vez anterior, es porque el propio sistema cuenta con menos margen de maniobra y se están exacerbando las peleas dentro de la misma UE. Precisamente los Estados dominantes de esta Unión Europea quieren utilizar la crisis para, vía el arma de la deuda, conquistar sectores enteros de los países más débiles, como ya ocurriera, entre otros, con Grecia hace unos años. Hay que alertar, pues, sobre la utilización propagandística del coronavirus para tapar la podredumbre y la barbarie intrínsecas a un sistema dominado por el parasitismo financiero, que ya ni siquiera es capaz de estabilizar “su” propia economía real productiva. Y en consecuencia, igualmente hay que inmunizarse cuanto antes ante la utilización perversa del estado de alarma, que dicta el confinamiento, para amordazarnos aún más y sofocar la capacidad de lucha redoblada que vamos a requerir.


Debemos aprender de las experiencias acumuladas de la primera gran réplica de la crisis sistémica de 2007-2008, de la que todavía arrastramos los recortes sociales y laborales que fueron el contrapunto del primer gran rescate del gran capital “patrio”. Y también hemos de retener las lecciones de las mareas de movilizaciones iniciadas en 2011, en gran medida sofocadas en el altar de un reformismo cada vez más imposible y del ilusionismo y de la politiquería electoralistas. De aquel ciclo de masivas y dispersas movilizaciones sectoriales, quedó pendiente fundirlas en un torrente único que abrazara un programa común que no se limitara a exigencias particulares, ni a la crítica de uno u otro gobierno de turno al servicio del gran capital, sino que apuntara al cuestionamiento del poder político real. Hoy toca culminar esa tarea.


Como respuesta a la crisis económica que se está fraguando y para revertir las crueles consecuencias sociales y laborales que esta tendrá, proponemos a las organizaciones obreras y al activismo social impulsar un frente común dedicado a salvar al pueblo y no al gran capital. Urge la unificación de todos los sectores en lucha y a que hagan suyo un conjunto mínimo de medidas que, sin ser de ningún sector en particular, lo son de todos: una alternativa política común que apunte claramente a la disputa del poder real, sin el cual ninguna de las medidas que cualquier sector plantee tendrá garantías de obtenerse y mantenerse.




1) La expropiación de la banca privada, que parasita a través del crédito arbitrario al resto de la sociedad asfixiando a la propia economía real productiva. Un parasitismo que cada vez se da más en fuerte competencia internacional, con el rescate bancario como arma de lucha entre potencias extranjeras. Como contrapunto, creación de una sólida banca pública que relance la producción.


2) La negativa a pagar la llamada “deuda pública”, herramienta artificialmente creada por el capital financiero internacional y nacional para mantenernos sometidos indefinidamente a su chantaje. Solo el pago de los intereses de la Deuda ha supuesto ya 31.400 millones al año, 86 millones de euros al día. Recursos que podrían destinarse a rescatar al pueblo.


3) La ruptura con los dictados de la UE, cuyos gerifaltes han optado por el “sálvese quien pueda”, incluso ante el drama experimentado en los marcos estatales italiano y español, consagrándonos en nuestra condición de patio trasero de los poderes centrales de ese bloque imperialista.


4) Finalmente, se impone la intervención de las grandes empresas de producción y distribución, evitando así la fuga de capitales que ya se está produciendo y que contribuye sobremanera a dejar a millones de trabajadores de forma crónica en el paro, e incluso literalmente desahuciados en la calle.


Solo así podremos hacer realidad lo más necesario:


5) Implementar la planificación racional y democrática de la economía en función de las necesidades reales de la población y no al servicio de la especulación y el beneficio de los oligarcas. Hoy, la quiebra ya constatada de sectores como la construcción y el turismo nos permite repensar nuestro modelo de desarrollo.


Este programa político es susceptible de ser modificado y precisado dentro siempre del espíritu rupturista con el (des)orden económico existente. Pero, en cualquier caso, es necesario dar a estas ideas una cristalización política. El enemigo pondrá en valor su experiencia y nosotros tenemos que hacer lo mismo. Si en el anterior periodo de crisis no fue posible, no hay tiempo ya que perder. Hacemos un llamamiento al pueblo y al activismo sindical, social y político. Es el momento de aparcar nuestras legítimas diferencias y ponernos manos a la obra para ir conformando un Frente de Salvación Popular, para que esta crisis no la pague el pueblo sino la oligarquía financiera y económica que la ha provocado.


Saludamos también a las redes de auto-apoyo popular que se han creado y que, no por casualidad, han surgido allí donde el activismo se ha mantenido con fuerza. Para materializar esta propuesta será vital contar con el poder popular de base.


Construir poder popular desde cada rincón, pero con un programa unitario de ruptura. Tal es la estrategia que necesitamos para que los sectores populares y sus distintos destacamentos puedan hacer frente a esta avalancha y pasar al contraataque.


04 agosto, 2020

Seis meses de prisión por robar dos quesos


A. L. H. - 31/01/2020

Seis meses de cárcel por robar dos quesos de 14 euros


El condenado, cartagenero de 22 años, intentó irse sin pagar, pero fue retenido por la vigilante y el encargado.


El asunto se resolvió en su momento en un juicio rápido, el joven recurrió y ahora la Audiencia Provincial ha desestimado su recurso y, por tanto, confirmado la sentencia de un juzgado de Lo Penal que condenaba a un cartagenero de 22 años a pasar seis meses en prisión por robar dos quesos de un supermercado de El Palmar, en Murcia.


Borbón se aleja, la República se acerca




31 julio, 2020

El coronavirus y el fin de la era neoliberal ————— Marc Vandepitte


CUBADEBATE – 31/07/2020


Después de repetirnos durante cuarenta años los dogmas neoliberales, la crisis financiera sacudió seriamente nuestra fe en ellos, pero al final se mantuvo el sistema. Esta vez es diferente. La coronacrisis y las medidas socioeconómicas para salvar el sistema hicieron caer, uno a uno, los dogmas neoliberales. Es hora de hacer algo nuevo.


Los dogmas caídos

"Vivimos por encima de nuestras posibilidades, no hay dinero"


Llevan años diciéndonos eso. La atención sanitaria era demasiado cara, los subsidios de desempleo demasiado generosos, los salarios demasiado altos y simplemente no había dinero para asuntos sociales o culturales. El déficit y las deudas del gobierno se tenían que reducir y por eso teníamos que ahorrar en todo.


Ahora, de la noche a la mañana parece haber dinero y parecen haber encontrado gigantescos botes de dinero. Hoy en día se gastan miles de millones de euros como si nada. Un déficit en el presupuesto de más de tres veces el 3 % acordado en el tratado de Maastricht o una deuda mucho mayor que el 100 % del PIB, de repente, dejaron de ser un problema.


"El mercado libre lo resuelve todo, el Estado es ineficiente"


Privatizar y desregularizar lo más posible, esa era la consigna. El Estado tenía que “adelgazar” lo máximo posible e intervenir lo menos posible (1). Para Bart De Wever, el presidente del partido más grande de Flandes, “el estado es un monstruo que aspira el dinero y lo escupe después”.


Durante la coronacrisis el mercado libre falló completamente. Quizás lo más notable fue el caso de los tapabocas. Al mismo tiempo vimos tanto un dramático retorno como la rehabilitación del gobierno público. Se hizo visible para todos que sólo el Estado puede controlar y superar una crisis de tal magnitud. Se nacionalizaron fácilmente en su totalidad o en parte sectores importantes de la economía. Según el Wallstreet Journal, las medidas de estímulo económico en los Estados Unidos son “el mayor paso hacia una economía de planificación centralizada que jamás haya dado Estados Unidos”.


"El capital y la empresa crean riqueza"


Son los empresarios los que crean riqueza. Gracias a su capital, coraje e innovación, crean empleo y aumentan la riqueza de un país.


Los confinamientos en los distintos países revelaron todo lo contrario en todas partes: son los trabajadores y su trabajo los que crean la riqueza. Cuando parte de la población activa se vio obligada a dejar de trabajar, el crecimiento económico se desplomó. Es el trabajo el que crea al capital y no al revés. El confinamiento también demostró que a menudo son los trabajos más esenciales los que están peor pagados.


"Lo que es bueno para los ricos es bueno para todos"


El coronavirus destruyó esta falacia por completo. Gracias a las medidas de apoyo, los súper ricos se benefician enormemente. Desde el 18 de marzo, los multimillonarios de los Estados Unidos ya han visto aumentar sus activos en una quinta parte, o sea 565.000 millones de dólares. JPMorgan, el banco más grande de los EE.UU., reportó las mejores cifras que jamás haya tenido en un trimestre. La compañía de inversiones Goldman Sachs registró un crecimiento del 41 % en comparación con el año anterior. Pero poco de ese “efecto de goteo” se nota. En todo el mundo cientos de millones de personas se ven empujadas a la pobreza extrema. En Bélgica aumentó el número de personas que van a los bancos de alimentos en un 15 % y esto es sólo el comienzo.


"La gente es egoísta"


El ser humano es capaz de hacer el bien, pero por naturaleza es malo. Está impulsado en primer lugar por el interés propio. Esto es lo que los gurús neoliberales nos han estado diciendo durante décadas. Al final, según ellos, esto es ventajoso porque el interés propio lleva a la competencia y eso es precisamente lo que impulsa nuestra economía.


La solidaridad espontánea y masiva que surgió durante la coronacrisis arrasó con esta cínica imagen del ser humano. Los jóvenes fueron a hacer compras para sus vecinos ancianos, miles de voluntarios hicieron tapabocas o se presentaron en los bancos de alimentos para ayudar. A pesar de la falta de equipos de protección, las enfermeras empezaron a cuidar de sus pacientes arriesgando su propia salud y, por tanto, sus vidas.


Ciertamente, había grupos a los que no les importaban las medidas de seguridad, pero esas eran las excepciones que confirmaban la regla. La coronacrisis muestra hoy más que nunca que el ser humano es esencialmente un súper colaborador, como lo describieron el autor belga Dirk Van Duppen y el periodista holandés Rutger Bregman. Wendy Carlin, profesora de economía, lo expresa así: “Habrá que actualizar finalmente el modelo del actor económico como amoral y egocéntrico”.


No repetir los errores de 2008


Todos los partidos tradicionales, incluidos los Verdes y los Socialdemócratas, han contribuido, o al menos han apoyado, la política neoliberal en los últimos cuarenta años (2). Las consecuencias de esta política antisocial se han hecho dolorosamente claras en estos últimos meses. En los centros de salud y los centros de atención a los ancianos, los ahorros y las privatizaciones costaron muchas vidas humanas. Además, las recetas neoliberales parecen ser totalmente inadecuadas para dar una respuesta firme al colapso económico.


Un enfoque similar al del período posterior a 2008 –imprimir dinero extra e insertarlo a la economía combinado con una política de austeridad– sería un gran error. Un nuevo dopaje financiero podría arruinar la ya gravemente debilitada economía. Los nuevos ahorros erosionarían aún más el poder adquisitivo y causarían una profunda crisis social y política.


Las advertencias del Financial Times son inequívocas: “Si queremos que el capitalismo y la democracia liberal sobrevivan al COVID-19, no podemos permitirnos repetir el enfoque erróneo de ‘socializar las pérdidas y privatizar los beneficios’ de hace diez años”. “El regreso a la austeridad sería una locura, una invitación a la agitación social generalizada, si no a la revolución, y una bendición para los populistas”.


La gran llamada para un cambio de paradigma


Está claro, el neoliberalismo ha terminado, es hora de algo nuevo. Excepto por unos pocos fanáticos, nadie quiere volver al mundo precorona. La crisis y las medidas que se tomaron han provocado muchas frustraciones y han radicalizado a una parte importante de la población activa. En los EE.UU. el 57 % de la población cree que su sistema político sólo funciona para los que tienen dinero y poder. La mayoría de los jóvenes menores de 30 años están a favor del socialismo. En Reino Unido apenas el 6 % quiere volver al mismo tipo de economía que antes de la pandemia. Sólo el 17 % cree que las medidas de estímulo deberían financiarse con nuevos ahorros.


El 70 % de los franceses piensa que es necesario reducir la influencia del mundo financiero y de los accionistas. En Flandes tres cuartas partes de la población creen que el dinero debería provenir de las grandes fortunas y dos tercios creen que los políticos deberían trabajar en una ambiciosa redistribución de la riqueza después de la crisis.


El mundo académico y cultural también está en esa longitud de onda. Tres mil científicos de 600 universidades creen que la sociedad debe cambiar radicalmente su rumbo y volver a poner a los trabajadores en el centro de la toma de decisiones. Doscientos artistas, incluidos Robert de Niro y Madonna, lanzaron un llamamiento al “mundo” para no volver a la “normalidad” de antes de la pandemia, sino para cambiar radicalmente nuestro estilo de vida, de consumo y economía.


Esta idea penetró hasta el mundo de los negocios. Klaus Schwab, fundador y presidente del Foro Económico Mundial (Davos) habla de un “gran reseteo del capitalismo”. Según él, la pandemia puso de manifiesto las deficiencias de un “viejo sistema” que había descuidado la infraestructura, la atención de la salud y los sistemas de seguridad social. “Si seguimos como hasta ahora, podría llevar a una rebelión.” En ese contexto los súper ricos están rogando en una carta abierta que se les aumenten los impuestos.


Según el Financial Times, debe haber “reformas radicales” sobre la mesa. “Los gobiernos tendrán que aceptar un papel más activo en la economía. Deberían ver los servicios públicos como inversiones y no como costos, y buscar formas de hacer que el mercado laboral sea menos inseguro. La redistribución de la riqueza volverá a estar en la agenda. Las políticas que hasta hace poco se consideraban excéntricas, como la renta básica y el impuesto sobre el patrimonio, deberían incluirse en la mezcla”.


Según este mismo periódico, la democracia liberal “sólo sobrevivirá a este segundo gran choque económico si se realizan ajustes en el marco de un nuevo contrato social que reconozca el bienestar de la mayoría por encima de los intereses de unos pocos privilegiados”.


La prestigiosa revista Foreign Affairs también habla de un “nuevo contrato social”. Su objetivo es “el establecimiento de un ‘estado de bienestar’ que proporcione a todos los ciudadanos los servicios básicos necesarios para mantener una calidad de vida decente”. Esto presupone “el acceso universal garantizado a una atención sanitaria y a una educación, ambas de alta calidad”. Lo que hasta hace poco solo lo pedía la extrema izquierda, se ha convertido en la corriente principal.


Una respuesta a cuatro crisis


Los desafíos a los que nos enfrentamos son muy grandes: El nuevo paradigma debe ser capaz de responder a por lo menos cuatro crisis (3).


1. Estancamiento económico


En los últimos veinte años la economía mundial ha experimentado tres grandes crisis: la crisis de las puntocom en 2000, la crisis financiera en 2008 y, en los últimos meses, una depresión tras una pandemia. Esto deja claro que el COVID no es la causa sino el detonante de la tormenta económica. Una economía sana debería en principio ser capaz de hacer frente a tal coronachoque, un país como China lo demuestra. Pero para la economía capitalista eso no parece ser el caso en absoluto. El crecimiento de la productividad casi se ha paralizado, las tasas de beneficio (porcentaje de la ganancia sobre el capital invertido) están disminuyendo constantemente y la deuda mundial ha aumentado hasta uno insostenible 322 % del PIB. Además, cada crisis no significa nada más que miseria para millones de personas. Esta crisis empujará una vez más a varios cientos de millones de personas a la pobreza. No puede seguir así.


2. Escandalosa brecha entre ricos y pobres


En el capitalismo la producción está dirigida únicamente a los beneficios de un pequeño grupo de propietarios privados y no funciona de acuerdo a las necesidades sociales o las oportunidades de desarrollo de la gran mayoría. Esto crea una escandalosa brecha entre ricos y pobres.


Con la riqueza que se produce hoy en día en todo el mundo cada familia con dos adultos y tres niños tiene un ingreso mensual potencial disponible de 4.100 euros (sí, lo has leído correctamente) (4). Sin embargo, una de cada tres personas de la población mundial no tiene saneamiento básico y una de cada ocho no tiene electricidad. Uno de cada cinco vive en una casa de contrachapado y uno de cada tres no tiene agua potable.


En Bélgica el 5 % de los más ricos posee tanto como el 75 % de los más pobres. En uno de los países más ricos del mundo un 20 % de las familias corre el riesgo de caer en la pobreza, una cuarta parte de las familias tiene dificultades para pagar los gastos médicos, un 40 % no puede ahorrar y un 70 % de las personas desempleadas tiene dificultades para llegar a fin de mes.


Estos no son excesos del sistema. Se derivan directamente de su lógica.


3. Las próximas pandemias


Desde principios del siglo pasado sabemos que casi todas las epidemias modernas son el resultado de la intervención del hombre en su entorno ecológico inmediato. Los mamíferos y las aves son portadores de cientos de miles de virus que son transmisibles a los seres humanos (5). Debido a la explotación de zonas naturales anteriormente inaccesibles cada vez hay más posibilidades de que estos virus se transmitan a los seres humanos.


Los principales expertos lo han estado advirtiendo durante más de diez años en respuesta al VIH, SARS, ébola, MERS y otros virus. En realidad, tuvimos suerte de que no nos hayan llegado otros virus más mortales. En 2018 los científicos de EE.UU. elaboraron un plan detallado para prevenir tales pandemias. Se estima que las pérdidas a causa del COVID-19 alcanzan los 12.500.000 millones de dólares. El costo del plan de prevención de 2018 era de apenas 7.000 millones de dólares.


Aún no se ha encontrado ningún financiador para el proyecto. No debería sorprender, porque esa investigación está en gran parte en manos privadas y no en interés público, sino con fines de lucro. Chomsky lo dice muy claramente: “Los laboratorios de todo el mundo podrían haber trabajado en la prevención de posibles pandemias de coronavirus. ¿Por qué no lo hicieron? Las señales del mercado no eran buenas. Dejamos nuestro destino en manos de tiranías privadas, que se llaman corporaciones y que no tienen que rendir cuentas ante el público, en este caso, la industria farmacéutica. Para ellos, producir nuevas cremas es más rentable que encontrar una vacuna que pueda proteger a la gente de la destrucción total”.


4. La degradación del clima


La búsqueda del máximo beneficio socava el sistema ecológico de la tierra y amenaza la supervivencia de la especie humana. Según la conocida escritora y activista Naomi Klein, el mundo se enfrenta a una decisión decisiva: o salvamos el capitalismo o salvamos el clima. Esta decisión es particularmente aguda en el sector de la energía fósil, que es el principal responsable de las emisiones de CO2. Las 200 empresas más grandes de petróleo, gas y carbón tienen un valor de mercado combinado de 4 trillones de dólares y obtienen unos beneficios anuales de decenas de miles de millones de dólares. Si queremos mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2°C, estos gigantes de la energía deben dejar entre el 60 % y el 80 % de sus reservas intactas. Pero eso iría en detrimento de sus expectativas de ganancias y hundiría instantáneamente su valor en el mercado de valores. Por eso siguen invirtiendo cientos de miles de millones de dólares anuales en la búsqueda de nuevos yacimientos. Si se mantiene la política actual, en lugar de disminuir drásticamente, la demanda de combustibles fósiles habrá aumentado casi un 30 % en los próximos veinte años, sin que se vislumbre un pico.


Dentro de la lógica de las ganancias, el calentamiento global es imparable. Según The Economist, el portavoz de la élite económica mundial, el costo financiero es simplemente demasiado alto para combatir el calentamiento global.


En respuesta a la coronacrisis los gobiernos han tomado medidas sin precedentes. Habrá que tomar medidas igualmente radicales para hacer frente a la degradación del clima. “Si hay algo que la pandemia ha demostrado”, dice el Financial Times, “es el peligro de que se ignoren las advertencias de los expertos”.


Lucha por un sistema social diferente


¿Qué nos enseñan estas cuatro crisis? Que tendremos que repensar completamente nuestras políticas y nuestra economía. Para salir del actual estancamiento económico primero será necesario frenar los mercados financieros y romper el poder desproporcionado de las multinacionales. Para hacer frente a los problemas sociales la economía ya no debe centrarse en los beneficios privados de unos pocos, sino en las necesidades sociales de muchos. También debe haber una redistribución de la riqueza.


Para armarnos contra futuras pandemias la industria farmacéutica tendrá que hacer un profundo cambio de rumbo. Después de todo, la política climática es demasiado importante como para dejarla en manos de los gigantes de la energía y su lógica de beneficio. Hay que romper su omnipotencia de modo que haya espacio para una política climática responsable.


Para lograr todo esto tendremos que subordinar la esfera económica a la esfera política. Dónde y en qué se invierte, la distribución de los excedentes económicos, el comercio, las finanzas, etc., todo ello debe centrarse en las prioridades y necesidades de la comunidad actual y las de las generaciones futuras. Esta “planificación” (6) no implica de ninguna manera un control total del Estado, sino que la economía esté controlada por un órgano político (elegido) y no por propietarios privados. Significa que la lógica económica se subordina al Estado y no al revés.


Un sistema social diferente es necesario y urgente, pero no se logrará por sí solo. Las ideas correctas son importantes, pero no lo suficiente como para provocar un cambio. Hay enormes intereses detrás del sistema actual. Los que se benefician de este sistema nunca renunciarán voluntariamente ni estarán dispuestos a hacer concesiones, aunque haya capitalistas ilustrados que están convencidos de que tales concesiones son esenciales para preservar el sistema. Las organizaciones de empresarios incluso tratarán de aprovechar la situación de crisis para imponer una estrategia de choque.


La historia nos enseña que el tipo de sociedad y nuestro futuro dependerán de la batalla que libremos. Como dice el sociólogo Jean Ziegler, “no debemos ser optimistas, debemos movilizar a la gente” (7). Para que esta movilización sea poderosa tendremos que organizarnos con firmeza, porque el oponente está muy bien organizado. O como dice Varoufakis “si no logramos unirnos ahora, mi temor es que este sistema sólo profundice su cruel lógica”.


En cualquier caso, estos serán tiempos emocionantes y decisivos. Prepárate.


Notas:


(1) La retirada del Estado no se aplica a los principales monopolios, por el contrario. Debido a su gran concentración de poder, tienen cada vez más impacto en el sistema estatal. Utilizan el poder del Estado para fortalecer su posición competitiva y garantizar las máximas ganancias. Esto se hace de varias maneras. Las más conocidas son los contratos públicos, los subsidios y las tasas impositivas favorables. El gobierno también está llamado a explorar nuevos sectores o productos. Aquí las inversiones son inciertas y a menudo requieren grandes cantidades de capital. Las agencias gubernamentales están asumiendo esta fase inicial costosa y arriesgada, a menudo en el contexto de la industria de la guerra. En una etapa posterior, luego se transfieren al sector privado, se privatizan literalmente. Para dar algunos ejemplos recientes, ese fue el caso con la PC, Internet, el algoritmo de Google, las redes inalámbricas, la tecnología de pantalla táctil, GPS, microchips, biotecnología, nanotecnología y muchos otros productos o sectores rentables. El financiamiento inicial de Apple provino de una compañía de inversión del gobierno de los Estados Unidos.


(2) En todos los países en los que gobernaron los socialdemócratas ayudaron a dar forma a las políticas neoliberales. En Reino Unido Blair lanzó la “Tercera Vía” entre el capitalismo y el socialismo, e hizo un pacto con el ultraderechista Berlusconi. En Alemania Gerhard Schröder, el líder de los socialdemócratas, presentó el modelo de salarios bajos que inició una espiral de disminución salarial en toda Europa. En Bélgica los socialdemócratas son en parte responsables del deterioro del poder adquisitivo, las malas condiciones de trabajo, los recortes en la seguridad social y la atención médica, y el empeoramiento de los sistemas de pensiones.


Hasta ahora los Verdes no han gobernado mucho y donde lo hicieron, no han cambiado el curso de las políticas neoliberales. En Alemania han defendido con entusiasmo el modelo de bajos salarios. Durante su única participación gubernamental en Bélgica (1999 a 2004) los Verdes lograron producir solo cambios menores. En el Parlamento Europeo los Verdes han respaldado casi por completo las medidas neoliberales, como el Six Pack y, por lo tanto, son en parte responsables de las drásticas políticas de austeridad en la UE.


(3) Para una versión más elaborada de tal modelo alternativo, ver ‘Otra economía es necesaria y posible’ y ‘Crisis del Capitalismo’.


(4) El cálculo para una familia media se basa en la hipótesis plausible de que el ingreso disponible de los hogares es un 70 % del PIB. Utilizamos el producto mundial bruto: 136 billones de dólares en 2019. Esta cifra, expresada en dólares PPA [Paridad del Poder Adquisitivo], tiene en cuenta unas diferencias de precios entre países para los mismos bienes o servicios y expresa el poder adquisitivo real. Hemos convertido esta cifra en euros según el método de cálculo del Banco Mundial: para Bélgica 1 dólar PPA equivale a 0,808 euros. Fuentes: https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_GDP_(PPP); https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.MKTP.PP.KD; http://www.worldometers.info/world-population/world-population-by-year/; https://data.oecd.org/conversion/purchasing-power-parities-ppp.htm.


(5) Se estima que se trata de 350.000 a 1.3 millones de virus. Fuente: The Economist.


(6) Se podría definir la planificación económica como la capacidad de imponer objetivos decididos democráticamente para el desarrollo económico sostenible. Hay diferentes grados y niveles de planificación. La planificación debe ponerse en práctica de manera cualitativa, es decir, en relación a las necesidades humanas vitales, y en que se debe evitar la aplicación de una planificación burocrática.


    (7) "Geciteerd in een Interview, Solidair", julio-agust de 2020, p. 31.


Traducido del neerlandés por Sven Magnus.


(Tomado de Rebelión)