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04 abril, 2025

EL DESASTRE DE LOS ARANCELES — Jeffrey Sachs

 

Como las maracas de Machín

The Disaster of Tariffs – 04/04/2025


Mediante los aranceles, Estados Unidos dañará su propia economía y la del resto del mundo.


El presidente estadounidense, Donald Trump, está destrozando el sistema de comercio mundial por una falacia económica básica. Afirma, erróneamente, que el déficit comercial de Estados Unidos se debe a que el resto del mundo estafa a Estados Unidos, repitiendo disparates como: «Durante décadas, nos han estafado como a ningún otro país en la historia…».


Trump pretende eliminar el déficit comercial imponiendo aranceles, lo que supuestamente obstaculizaría las importaciones y restablecería la balanza comercial (o propiciaría que otros países “dejaran de estafar a Estados Unidos”). Sin embargo, los aranceles de Trump no solucionarán el déficit comercial, sino que empobrecerán a los estadounidenses y perjudicarán al resto del mundo.


El déficit comercial de un país (o, más precisamente, su déficit en cuenta corriente) no indica prácticas comerciales desleales por parte de los países con superávit, Indica algo completamente distinto. Un déficit en cuenta corriente significa que el país deficitario gasta más de lo que produce. Es decir, ahorra menos de lo que invierte.


El déficit comercial de Estados Unidos refleja el despilfarro de la clase dominante corporativa estadounidense, más específicamente, el resultado de crónicos y elevados déficits presupuestarios derivados de recortes de impuestos a los ricos, combinados con billones de dólares desperdiciados en guerras inútiles. Los déficits no son causados por la perfidia de Canadá, México y otros países que venden más a Estados Unidos de lo que Estados Unidos les vende.


Para solucionar el déficit comercial, Estados Unidos debería solucionar el déficit presupuestario. Imponer aranceles aumentará los precios (por ejemplo, el de los automóviles), pero no solucionará el déficit comercial ni el presupuestario, sobre todo porque Trump planea compensar los ingresos arancelarios mediante mayores recortes de impuestos a sus donantes ricos.


Además, a medida que Trump aumente los aranceles, Estados Unidos se enfrentará a contra-aranceles que obstaculizarán directamente sus exportaciones. El resultado será una situación de pérdida para Estados Unidos y el resto del mundo.


Analicemos las cifras. En 2024, Estados Unidos exportó 4,8 billones de dólares en bienes y servicios e importó 5,9 billones de dólares en bienes y servicios, lo que generó un déficit por cuenta corriente de 1,1 billones de dólares.


Este déficit de 1,1 billones de dólares representa la diferencia entre el gasto total de Estados Unidos en 2024 (30,1 billones de dólares) y la renta nacional estadounidense (29 billones de dólares). Estados Unidos gasta más de lo que gana y pide prestada la diferencia al resto del mundo.


Trump culpa al resto del mundo del déficit de Estados Unidos, pero eso es absurdo. Es Estados Unidos el que gasta más de lo que gana.


Considere este ejemplo: si usted es empleado, tiene un superávit en cuenta corriente con su empleador y un déficit con las empresas a las que les compra bienes y servicios. Si gasta exactamente lo que gana, su cuenta corriente está en equilibrio. Supongamos que se da un atracón de compras, gastando más de lo que gana y acumulando deudas con las tarjetas de crédito, lo que supondrá un déficit en cuenta corriente. ¿Le están estafando los vendedores o es su despilfarro el que le está llevando a endeudarse?


Los aranceles no solucionarán el déficit comercial mientras persista la irresponsabilidad fiscal de los depredadores corporativos y evasores fiscales que dominan Washington. Supongamos, por ejemplo, que los aranceles de Trump recortan drásticamente las importaciones de automóviles y otros bienes del extranjero. Los estadounidenses comprarán entonces automóviles y otras mercancías de fabricación estadounidense que habrían sido exportadas. Las importaciones disminuirán, pero también lo harán las exportaciones. Además, los nuevos aranceles impuestos por otros países en respuesta a los impuestos por Trump agravarán la caída de las exportaciones estadounidenses. El desequilibrio comercial estadounidense persistirá.


Si bien los aranceles no eliminarán el déficit comercial, obligarán a los estadounidenses a comprar bienes estadounidenses más caros que podrían haber obtenido a menor costo de productores extranjeros. Los aranceles desperdiciarán lo que los economistas llaman las ganancias del comercio: la capacidad de comprar bienes basándose en la ventaja comparativa de los productores nacionales y extranjeros.


Los aranceles aumentarán los precios de los automóviles y los salarios de los trabajadores de la industria automotriz, pero estos aumentos salariales se pagarán con un menor nivel de vida de los estadounidenses en toda la economía, no con un aumento del ingreso nacional.


La verdadera manera de apoyar a los trabajadores estadounidenses es mediante medidas federales opuestas a las que promueve Trump, como la cobertura sanitaria universal, el apoyo a la sindicalización y el apoyo presupuestario para modernizar la infraestructura, incluyendo la energía verde, todo ello financiado con impuestos más altos, no más bajos, para los estadounidenses más ricos y el sector corporativo.


El gobierno federal no cubre su gasto total con ingresos fiscales porque los donantes adinerados de las campañas promueven recortes de impuestos, la elusión y evasión fiscal a través de paraísos fiscales.


Cabe recordar que la ley DOGE ha desmantelado la capacidad de auditoría del IRS. El déficit presupuestario ronda actualmente los 2 billones de dólares, o aproximadamente el 6 % del ingreso nacional estadounidense. Con un déficit presupuestario crónicamente alto, la balanza comercial estadounidense seguirá siendo deficitaria.


Trump afirma que reducirá el déficit presupuestario reduciendo drásticamente el despilfarro y los abusos a través de DOGE. El problema es que DOGE tergiversa la verdadera causa del despilfarro fiscal.


El déficit presupuestario no se debe a los salarios de los funcionarios, que están siendo despedidos arbitrariamente, ni al gasto público en I+D, del que depende nuestra prosperidad futura, sino a la combinación de recortes de impuestos a los ricos y el gasto desmedido en las guerras perpetuas de Estados Unidos, la financiación estadounidense a las guerras incesantes de Israel, las 750 bases militares estadounidenses en el extranjero, la desmesurada CIA y otras agencias de inteligencia, y el pago de intereses de la creciente deuda federal.


Según informes, Trump y los republicanos del Congreso están atacando al Medicaid [seguro médico] —es decir, a los estadounidenses más pobres y vulnerables— para dar paso a otro recorte de impuestos a los estadounidenses más ricos. Pronto podrían atacar también la Seguridad Social.


Los aranceles de Trump no lograrán resolver los déficits comercial y presupuestario, elevarán los precios y empobrecerán a Estados Unidos y al mundo al desaprovechar las ganancias del comercio. Estados Unidos se dañará a sí mismo y al resto del mundo.


Richard Wolff: ¡El inminente colapso de la economía de Trump!


24 enero, 2023

Richard Wolff: The Economics of the Ukraine War

 


Interview topics:

0:00 - Introduction

0:32 - "Economic War" with Russia?

12:01 - Moral significance of Western sanctions

14:20 - Economic impact on the United States

21:07 - Economic impact of military spending

32:21 - Economic impact on Ukraine







18 octubre, 2022

Richard Wolff : A Left take on the US economy, and war in Ukraine

 





14 oct 2022 - Richard David Wolff (born April 1, 1942) is an American Marxian economist, known for his work on economic methodology and class analysis. He is professor emeritus of economics at the University of Massachusetts Amherst and a visiting professor in the graduate program in international affairs of the New School. Wolff has also taught economics at Yale University, City University of New York, University of Utah, University of Paris I (Sorbonne), and The Brecht Forum in New York City.


In 1988 Wolff co-founded the journal Rethinking Marxism. In 2010 he published Capitalism Hits the Fan: The Global Economic Meltdown and What to Do About It, also released on DVD. In 2012 he released three new books: Occupy the Economy: Challenging Capitalism, with David Barsamian (San Francisco: City Lights Books), Contending Economic Theories: Neoclassical, Keynesian, and Marxian, with Stephen Resnick (Cambridge, Massachusetts, and London: MIT University Press), and Democracy at Work (Chicago: Haymarket Books). In 2019 he released his book Understanding Marxism @Democracy At Work .


Wolff hosts the weekly 30-minute-long program, Economic Update, which is produced by the non-profit Democracy at Work, which he co-founded. Economic Update is on YouTube, FreeSpeech TV, WBAI-FM in New York City (Pacifica Radio), CUNY TV (WNYE-DT3), and available as a podcast. Wolff is featured regularly in television, print, and internet media. The New York Times Magazine has named him "America's most prominent Marxist economist". 


00:00:00 Highlight

00:02:37 Introduction

00:03:39 Why Marxism?

00:23:28 Fed interest rate hike

00:40:42 US labor movt

00:50:26 Ukraine war

01:17:00 Rapid fire




27 septiembre, 2022

¿Qué pasó con las sanciones urdidas y aplicadas por los "expertos"? — Richard Wolff

 



   Transcripción del inglés: Arrezafe


¿Qué pasó con las sanciones contra Rusia, planeadas y aplicadas principalmente por los Estados Unidos, pero también por sus aliados europeos tras la invasión de Ucrania a fines de febrero de este año? Esas sanciones, a menudo referidas como la "madre de todas las sanciones" –por ser más amplias y numerosas incluso que las impuestas por el Sr. Trump a China, que fueron las más grandes jamás vistas hasta ese momento– que prometían poner a Rusia de rodillas, básicamente destruyendo su economía o debilitándola hasta el punto que los rusos reconsiderarían poner fin a su invasión y retornarían sus tropas, tanques y todo lo demás de vuelta a la frontera de la que habían venido.


La mayoría de los medios siguen hablando de estas cosas, que todos los "expertos" convocados por el gobierno y los medios aseguraron que sucederían, como si todo estuviera funcionando más o menos de acuerdo al plan. Bueno, pues no es así. Si habéis tenido tiempo de echar un vistazo a las publicaciones de fuera de los Estados Unidos, ya lo sabréis. Pero os quiero traer aquí una publicación que expone estos asuntos con bastante honestidad desde dentro de los Estados Unidos. La publicación se llama Business Insider. Podéis encontrarla fácilmente en internet buscando la edición del 28 de agosto de este año, en ella veréis que las sanciones han fracasado. Los expertos estaban equivocados. Esa es una cita del artículo: "Los expertos estaban equivocados".


Permitidme repasar lo que aprendí de este artículo. Las sanciones consistieron en imponer un bloqueo a Rusia. Estados Unidos y Europa Occidental dejaron de comprar petróleo y gas rusos. Las sanciones congelaron aproximadamente la mitad de las reservas que Rusia tenía depositadas en los bancos occidentales como respaldo de su moneda. Expulsaron a Rusia del SWIFT y de otros sistemas de pago internacionales, que son medios necesarios para el comercio en el mercado internacional.


Nada menos que dos expertos, como son los dos bancos probablemente líderes en los Estados Unidos, J.P Morgan y Goldman Sachs, proclamaron que la economía rusa colapsaría de inmediato. No colapsó. De hecho, en marzo de este año, es decir, semanas después de la invasión, la economía rusa se contrajo menos que en marzo de 2020, fecha en la hizo su aparición el COVID.


El rublo, que se hundió inmediatamente después de la invasión, ahora vale más al cambio en el mercado internacional que antes de la misma. En otras palabras, la invasión ha hecho que la moneda rusa sea ahora más valiosa. Hoy, seis meses después de la invasión, los rusos están ganando más dinero en el comercio mundial que antes. Sí, los europeos compran menos petróleo y menos gas a Rusia que antes, y eso pudiera, pudiera haberla perjudicado si Rusia no hubiese encontrado compradores para el petróleo, el gas, etc., que europeos y estadounidenses dejaron comprarle.


Pero el error de los "expertos" fue no comprender que los rusos podían, y de hecho así ha sido, encontrar compradores alternativos en todo el mundo. Rusia no se ha derrumbado, ni de lejos. Todos los "expertos" que desde el gobierno hasta el propio Mr. Biden predijeron su colapso, junto con los principales expertos de confianza del gobierno, como los principales banqueros de Goldman Sachs y J.P Morgan, todos ellos estaban equivocados respecto a lo que pensaron que sucedería. La inflación, que ya estaba presente antes de la invasión rusa y que la guerra en sí no empeoró significativamente, se vio agravada por las sanciones. Han sido las sanciones las que realmente han sacudido el comercio y las economías del mundo, no la guerra: ¡las sanciones!




23 junio, 2022

Richard Wolff: Marxism and Communism / Lex Fridman

 



Here are the timestamps

0:00 - Introduction

1:52 - Marxism

10:21 - Communism

45:27 - Human nature

57:43 - Economics

1:04:34 - Capitalism

1:36:58 - Governments and corporations

1:47:53 - Stalinism

2:01:52 - Nazis

2:08:48 - Socialism vs Marxism

2:16:28 - Bernie Sanders and AOC

2:33:29 - Cultural Marxism

2:40:28 - Darkest moments

2:45:58 - Advice for young people

2:48:17 - Mortality

2:52:08 - Meaning of life




05 septiembre, 2021

Richard Wolff responde al aserto de que el capitalismo ha mitigado la pobreza

 



  Transcripción del inglés: Arrezafe


Personas de toda índole (políticos, profesores, periodistas...) repiten esta premisa de que, en cualquier caso, no deberíamos ser críticos con el capitalismo, básicamente porque no hay más que ver lo que éste ha hecho para mitigar la pobreza.


De modo que, permitidme ahora responder a tal premisa porque creo que está débilmente fundamentada o, por decirlo de manera simple, es errónea. Y permitidme explicar por qué.


Primero. Los capitalistas se han resistido prácticamente a todos los esfuerzos que yo conozco para acabar con la pobreza. Por eso, es insólito atribuirse el merito de los logros a los que te has opuesto. Permitidme un ejemplo. En Estados Unidos, los capitalistas se opusieron al salario mínimo cuando fue aprobado hace 75 años. Y constantemente, desde entonces hasta el presente, el Partido Republicano se ha esforzado (desgraciadamente en estrecha colaboración del Partido Demócrata) para evitar el aumento del salario mínimo, incluso estando en niveles mínimos la tasa de inflación. Así pues, esa no es la manera de mostrar tu interés o pretensión de aliviar la pobreza.


La razón por la que tenemos un salario mínimo es que los sindicatos y la masa de trabajadores presionaron mucho para conseguirlos. No es algo atribuible de ninguna manera a los capitalistas. Lo mismo podemos decir del aumento de sueldos y salarios, algo que, evidentemente, no interesa a la clase empresarial capitalista. Dicho moderadamente, se oponen a ello en cada oportunidad. Enfrentados al aumento salarial conquistado por los trabajadores, ¿sabéis lo que hacen? ¡Por supuesto que lo sabéis!: Sacan la producción del país y la llevan allá donde los salarios son más baratos, ¿no es así? Traen inmigrantes desesperados que trabajen por menos dinero, y si ninguna de esas estrategias funciona, reemplazan a las personas por máquinas. Ésta no es manera de evitar la pobreza, esta es la manera de garantizarla.


Y finalmente. Todos los esfuerzos para mejorar las condiciones de los trabajadores, para sacarlos de la pobreza, han sido rechazados por los capitalistas del pasado y del presente. Cuando Franklin Roosevelt, bajo la presión de los sindicatos y los trabajadores, estableció el sistema de Seguridad Social en la década de 1930, ¿sabéis quién se opuso?, déjame decirte: ¡la clase empresarial, las cámaras de comercio, toda la clase capitalista (con pocas excepciones) se opusieron frontalmente! Y en caso de que penséis que eso es historia pasada, vayamos a la Francia moderna. A partir de diciembre del año pasado, millones de franceses salieron a las calles a protestar ¿por qué?, por el empeño de su presidente, el señor Macron, de hacerle el trabajo a la clase capitalista de Francia, queriendo bajar las pensiones de los trabajadores. Eso no es una contribución a la superación de la pobreza, es todo lo contrario. Así pues, ¿de qué va esta extravagante afirmación respecto a la disminución de la pobreza que los capitalistas pretenden que les reconozcamos, cuando la disminución de la pobreza ha tenido que hacerse por encima y en contra de su resistencia?



03 agosto, 2021

El estúpido aserto capitalista del “riesgo empresarial” — Richard Wolff


 


  Transcripción del inglés: Arrezafe


Si vives en los Estados Unidos, a menudo oyes a los empresarios o a las personas que han sido engañadas por ellos que, “el empresario arriesga y por tanto merece ganar más”. Siempre encontré esto extraordinario, el empresario arriesga... ¡y los demás también, idiota! ¡Cómo! El trabajador que llegó a este lugar para conseguir un trabajo asumió riesgos: que habría un trabajo, que sería aceptable, que estaría bien pagado... Arriesgó, arriesga todos los días, sin saber si al final de la jornada le dirán que no se presente mañana. Compró una casa basándose en dichos ingresos y en riesgos que todos asumen.


La diferencia entre empresario y empleado es que éste asume el riesgo y el otro toma las decisiones. El empresario asume un riesgo, pero tiene todo el poder para determinar el alcance de ese riesgo, y cuando tiene problemas ¿sabéis dónde los descarga?: despide a los trabajadores porque no quiere asumir el costo del riesgo de sus decisiones. Si se ha de recompensar el riesgo, todos los trabajadores deberían obtener su parte correspondiente, no eres tú, empresario, el único en asumir riesgos. ¡Basta ya! De hecho tu riesgo es menor porque tú, que eres rico, solo pierdes una parte de tu dinero, pero el trabajador no tiene jugosas cuentas corrientes ni beneficios que retener, no tiene ahorros, su riesgo es que si lo despiden está perdido, tú no, así que no me vengas con cuentos.


Si vives en una cultura carente de una perspectiva marxista sobre la producción, entonces ni conoces, ni siquiera te planteas estas cuestiones. Einstein dijo que lo más difícil es preguntarse, una vez tienes la pregunta, la respuesta irá surgiendo. ¡La pregunta!, eso es lo más difícil. Y la pregunta es: ¿Por qué aceptamos? Y permitirme hacerla personal para cada una de vosotras, porque el marxismo no irá a ninguna parte a menos que sea algo personal en todas vosotras. ¿Por qué todas las personas aquí presentes aceptáis un sistema en el que se trabaja para producir un excedente para un empresario o empresaria que decide qué diablos se hace con él, y en el que tu trabajo diario consiste en irte a casa, finalizada la jornada, sin molestar al empresario para regresar al día siguiente y hacer lo mismo? ¿Por qué os parece esto aceptable?


Os deshicisteis de reyes, de reinas y de la monarquía, porque era insoportable tener a un imbécil al mando cuyo único mérito era ser hijo del imbécil anterior que decidía todo lo que había qué hacer y cuyos, así denominados, súbditos debían quitarse el sombrero, al paso de su carruaje. Matamos a esos personajes, consideramos abominable tenerlos entre nosotros y les cortamos la cabeza. En cambio, vamos a trabajar todos los días a un lugar donde hay un rey que te dice qué hacer y donde será mejor que te quites el sombrero o te despedirán. Y luego, ya puedes hacer cola en una oficina de empleo, esperando que, al menos, no se burlen de ti mientras te dan una miseria para que puedas comprarte esa comida para gatos.




28 enero, 2021

El excedente — Richard Wolff

 


[fragmento] Traducción del inglés: Arrezafe

Vídeo original completo aquí.


Pensemos en esto. Una de las cosas que hace toda comunidad, que normalmente desconoce, pero que la conforma, es lo siguiente. Toma una parte de sus miembros, –si es una comunidad de cien, toma 20, si se trata de una comunidad de 50.000, toma X–, y asigna a esas personas una función específica: usar su cerebro y sus músculos para hacer cosas, para tomar cosas de la naturaleza, digamos que un árbol para hacer una silla, una oveja para hacer una prenda de lana, o lo que sea. Pero en la sociedad hay muchas personas que no están obligadas a hacer nada de eso. Algunas de ellas son inmediatamente reconocibles: a un niño de dos años no se le va a pedir que haga eso que llamamos trabajo, y por por razones comprensibles, tampoco a otra de 89.


Lo cual significa que en toda sociedad, dice Marx, las personas que realizan el trabajo siempre han de producir más de lo que ellas mismas  consumen, de lo contrario, muchas personas que forman parte de esa sociedad no podrían sobrevivir. De alguna manera tiene que haber un excedente producido por quienes trabajan, para que a aquellas que no trabajan: niños, ancianos, enfermos y otros, se les proporcione alimento, ropa y vivienda, imprescindibles para vivir.


Marx dice. Lo que ocurre es que cada sociedad difiere en el modo de organizar y administrar este excedente que la clase trabajadora produce. (La palabra que utilizan los marxistas para denominar dicho excedente, en el cual centran su atención, es plusvalía).


Así pues, toda sociedad produce un excedente. En lo que difiere una sociedad de otra es en determinar quién produce el excedente, quién decide su cuantía y quién la manera de trasladar dicho excedente, de las personas que lo produjeron a las personas que lo necesitan para vivir, pero que no participan en su producción. Cómo se resuelven todas estas cuestiones y cómo moldean la política, la cultura, el arte y la música...


En otras palabras, si quieres entender la política, la cultura, el arte, la música, la historia, será mejor que entiendas algo tan básico como la producción y distribución del excedente. Eso se llama, en el marxismo, análisis de clase. La clase de las personas que producen el excedente, en relación con la clase de las personas que viven merced a su distribución.


Solo para daros una idea ilustrativa. He aquí una posible forma de hacerlo. Las personas que producen un excedente pueden, ellas mismas reunidas en asamblea, decidir qué hacer con él. Y lo distribuyen entre los bebés, los ancianos, los músicos y entre cuantos ellos piensen que ha de ser distribuido. ¿Que quieren tener a alguien que toque la mandolina mientras trabajan, alguien a quien habrá que alimentar y proveer de lo necesario?, pues destinan parte del excedente a ello.


Pero podríamos tener un sistema diferente. Podríamos tener un sistema en el que la gente que produce el excedente fuesen, vamos a darle un nombre: esclavos. Oooh… Entonces sabemos enseguida quién se apropiará del excedente ¿no? El amo. ¿Y quién decidirá qué hacer con el excedente? El amo, que es quien lo posee. Es una configuración muy distinta en la que, puedes estar seguro, el amo distribuirá ese excedente de manera diferente a como lo harían los trabajadores si dispusieran de él. 


Una cooperativa obrera significa que los trabajadores que producen el excedente son las mismas personas que deciden qué hacer con él. Y eso establece la diferencia frente al capitalismo, la esclavitud o el feudalismo.


En la esclavitud, los esclavos producen este excedente que los amos se apropian y distribuyen. En el feudalismo, los siervos producen un excedente del que los señores se apropian y distribuyen. En el capitalismo, los empleados producen el excedente del cual el empleador se apropia y decide qué hacer con él.


La revolución, la idea marxista, dice: tenemos que deshacernos de esta dicotomía. No más de todo esto. No queremos esclavitud, no queremos servidumbre y tampoco queremos proletariado asalariado. Porque no queremos que una pequeña minoría, amo, señor o empresario, decida cuál es y qué se va hacer con el excedente, cuando las personas que lo han producido quedan excluidas de dichas decisiones. Esta es una cuestión fundamental.


Lo mismo para los agricultores. Por ejemplo, podríamos tener una agricultura realizada por esclavos y amos. Eso es lo que tuvimos en el sur de Estados Unidos durante mucho tiempo. Teníamos el algodón, por ejemplo, cultivado por esclavos, y amos, que se apropiaban del excedente e hicieron bellísimas mansiones que aún hoy podemos ver allá en Luisiana. Hicieron lo que les dio la gana con el excedente. Los esclavos lo produjeron, los amos decidieron cómo usarlo. O en el caso de Francia, donde los campesinos produjeron un enorme excedente del que los señores feudales se apropiaron y usaron para construir el Palacio de Versalles, que hoy puedes visitar como turista y maravillarte. ¿Y qué? ¿Creéis que los campesinos que se partieron el culo entonces habrían empleado el excedente en hacer un jardín como ese, para que tres personas se pasearan por él cada cuatro noches? No, no, no habrían hecho eso.


Jeffrey Bezos recolecta el excedente de cientos de miles de personas involucradas en la monumentalmente importante tarea de entregar paquetes. Es un repartidor de paquetes. Es la persona más rica del mundo porque, ¡obviamente, cualquier sociedad racional querría regalar una inmensa fortuna a alguien que entrega paquetes! Pero, seamos justos, entrega paquetes... ¡velozmente! Así pues, ¡por supuesto que debería tener ciento cincuenta mil millones de dólares! Es el número uno en la lista de multimillonarios de Bloomberg. Recientemente se divorció de Mackenzie, su esposa, y en virtud del divorcio ella obtuvo treinta y nueve millones, por lo que se convierte en la 22ª persona más rica del planeta por ser su ex esposa.


Dicho así, entre nosotros, ¿pensáis que si los trabajadores que producen el excedente para Amazon, toda esa gente que lleva tu paquete rápidamente a tu casa, se unieran para decidir qué hacer con ese excedente que su trabajo ha producido, creéis que se lo darían al señor Bezos para que...? Por cierto, una de las cosas que él, muy entusiasmado, está haciendo. Está organizando un viaje planetario, quiere ir a la luna y está gastando una fortuna para desarrollar los cohetes que lo llevarán hasta ella. Oooh...


¿Creéis que la gente que suda en sus talleres haría eso, gastar el excedente en la construcción de un cohete que lleve a ese hombre a la luna?


Mi esperanza es que los estadounidenses,  testigos de esta situación, probablemente digan: ¡Sí¡ !Échenle de aquí!




26 noviembre, 2016

Cómo el capitalismo se autodestruye - Richard Wolff





Publicado el 29 de mayo de 2016

Vídeo de "The Empire Files", en el que Abby Martin entrevista al profesor Richard Wolff, quien expone los principales problemas del capitalismo desde una perspectiva marxista.

Richard Wolff, economista estadounidense conocido por su metodología analítica y su estudio de las clases o los estratos sociales. Desde 2005, gran parte de su trabajo se ha centrado en el análisis y crítica del modelo económico capitalista, la crisis global que éste ha generado y la exploración metódica de alternativas económicas marxistas junto a otros modelos cooperativistas.