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11 octubre, 2025

Karl Marx: crítica al colonialismo — Néstor Kohan

 





Instituto Abya Yala / Al-Ándalus – 08/09/2025

Intervención del pensador argentino Néstor Kohan en la Conferencia Internacional "Colonialismo, neocolonialismo y los despojos territoriales del imperialismo occidental", organizado por el Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores de la República Bolivariana de Venezuela y celebrado en el Instituto Simón Bolívar, Caracas, el viernes 3 de octubre de 2025.



13 enero, 2023

La centralidad de la arista ecológica en la obra de Karl Marx

 

espaiMARX – 01/01/2023


Salvador López Arnal

Reseña de: Kohei Saito, La naturaleza contra el capital. El ecosocialismo de Karl Marx, Barcelona: Bellaterra Edicions, 2022 (traducción de Javiera Mondaca, edición original 2017)



Una reseña ajustada a la importancia de este libro deslumbrante e imprescindible (el título en castellano traduce el de la original edición alemana; el subtítulo, en cambio, es el título original de la edición inglesa en la Monthly Review Press) necesitaría una revista entera. Lo esencial en este espacio del que disponemos: estamos ante uno de los grandes ensayos de la tradición marxista de estas últimas décadas. Para leer, anotar, releer, comentar y estudiar en seminarios. No hay muchos marxistas en el mundo que conozcan la obra de Marx (y de Engels) con la profundidad y registros que muestra Saito desde la primera página del libro, una obra que tiene su origen en la tesis doctoral escrita en alemán que presentó en la Universidad Humboldt de Berlín y que contiene ideas tan destacadas como la siguiente: «A diferencia de la difundida crítica de que Marx es un partidario ciego de la dominación absoluta de la naturaleza, su visión de la sociedad futura exige una interacción cuidadosa y sostenible con la naturaleza basada en un claro reconocimiento de sus límites».


Un apunte sobre el autor, injustamente poco conocido en nuestro país: Kohei Saito (nació en 1987, no hay error en la fecha) es doctor en Filosofía por la citada universidad berlinesa y actualmente es profesor asociado de economía política en la Universidad de la ciudad de Osaka. Está trabajando en la edición de las obras completas de Marx y Engels, Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA) volumen IV/18, que incluye la serie de cuadernos científicos naturales de Marx.


Recientemente ha publicado en Japón (se está traduciendo al inglés) un libro sobre el «comunismo del decrecimiento» democrático. Un auténtico bestseller. La editorial ha vendido medio millón de ejemplares (Muy recientemente se ha publicado en castellano y en catalán).


La naturaleza contra el capital consta de una Introducción, dos partes -1. Ecología y economía. 2. La ecología de Marx y la Marx-Engels-Gesamtausgabe– con tres capítulos cada una: 1. La enajenación de la naturaleza como el surgimiento de lo moderno. 2. El metabolismo de la economía política. 3. El capital como una teoría del metabolismo. 4. Liebig y El capital. 5. ¿Los fertilizantes contra la agricultura del robo? 6. La ecología de Marx después de 1868, y una conclusión. No se ha incluido, lamentablemente, un índice nominal, la única pega de una edición perfecta.


Saito ha tenido la gentileza de escribir un prefacio para la edición en castellano. Con sus palabras: «Esta traducción al castellano es uno de esos maravillosos ejemplos que se suman a otras traducciones en coreano, portugués y francés, y agradezco profundamente la decisión de Bellaterra Edicions de publicarlo, así como el ahínco y la dedicación de la traductora, Javiera Mondaca».


Sin avanzar apenas nada, sin destripar nada, recojo algunas ideas para abrir el apetito del lector:


1. Saito apunta que, inicialmente, Marx no fue necesariamente «ecológico» y que a veces parecía más bien un pensador productivista. Ciertamente «solo después de un largo y arduo proceso de desarrollar la sofisticación de su propia economía política, durante el cual estudió con seriedad diversos campos de las ciencias naturales, Marx se volvió totalmente consciente de la necesidad de abordar el problema del desastre ambiental como una limitación impuesta al proceso de valoración del capital.» Según Saito y en expresión mejorable, Marx corrigió gradualmente su visión optimista de la dominación humana de la naturaleza «después de su ruptura con la filosofía en 1845».


2. Los cuadernos marxianos, que Saito conoce y ha trabajado en profundidad, son esenciales para entender su crítica ecológica al capitalismo. «El examen cuidadoso de los cuadernos de extractos de Marx no es un trabajo "filológico" menor y ese análisis nos llevará a dimensiones desconocidas de su crítica. Es demasiado pronto para "olvidar a Marx" como declaró provocativamente Immler. Al final de este estudio, suena más convincente el imperativo opuesto: "¡Marx vive!"». Los cuadernos de ciencias naturales que serán publicados por primera vez en MEGA2 «permitirán que los estudiosos tracen el surgimiento y desarrollo de la crítica ecológica de Marx al capitalismo de una manera más precisa y vívida, desentrañando diversos aspectos desconocidos de su proyecto asombrosamente abarcador de El capital


3. La naturaleza contra el capital aspira a una reconstrucción más sistemática y completa de la crítica ecológica de Marx al capitalismo que la realizada anteriormente con el objetivo de refutar los persistentes malentendidos de la ecología de Marx y demostrar su gran importancia teórica. En contra de otras interpretaciones, marxistas o no, Saito sostiene que Marx no trató los asuntos ecológicos de manera esporádica y marginal.


4. El autor muestra y enfatiza que las posiciones de Marx en el ámbito ecológico mantienen una clara continuidad con su crítica de la economía política.


5. En su proceso de estudio y profundización, «Marx se alejó conscientemente de cualquier forma de prometeísmo ingenuo y llegó a considerar las crisis ecológicas como la contradicción fundamental del modo de producción capitalista».


6. Desde el punto de vista de Seito, el concepto clave en este contexto es metabolismo (Stoffwechsel) que le permite una interpretación sistemática de la ecología de Marx.


7. Para Seito no es solo que un motivo ecológico ya sea central en los cuadernos de Marx de 1844 (los Manuscritos económico y filosóficos), su tesis es más penetrante: «no es posible comprender al alcance total de su crítica de la economía política si se ignora su dimensión ecológica».


8. De este modo, la ecología de Marx, señala Saito, no solo constituye un elemento inmanente de su sistema económico y de su visión emancipadora del socialismo «sino que también nos entrega uno de los andamiajes metodológicos más útiles para investigar las crisis ecológicas como la contradicción central del actual sistema histórico de producción y reproducción social. Esta “preciada herencia” de la teoría de Marx solo puede entenderse completamente con su ecología».


Aunque el estudio está centrado en la obra de Marx, Saito no se olvida de señalar su coincidencia con Engels también este punto.


Un pequeño matiz: Saito usa en ocasiones expresiones como la siguiente «tras la ruptura de Marx con la filosofía en 1845», para referirse al inicio de sus estudios económicos. Quizás hubiera sido más ajustado hablar de ruptura con tal o cual corriente filosófica, no con la filosofía. El autor de El capital nunca dejó de ser un filósofo.


En 2018, Natur gegen Kapital, La naturaleza contra el capital, ganó el Deutscher Memorial Prize, el premio alemán más importante de estudios marxistas. Con todo merecimiento.


Los «mercados de futuro», la prospectiva de Saito: «la crisis ecológica no pondrá fin al régimen del capital. Es probable que el capital continúe acumulando incluso si la crisis se profundiza al punto de destruir todo el planeta y producir globalmente una masa de refugiados ambientales y un supuesto "proletariado ambiental" cuya condición existencia –y no simplemente sus condiciones de trabajo– será severamente degradada a causa de la acumulación capitalista». La gente rica sobrevivirá, prosigue Saito, y «el capitalismo de desastre continuará acumulando riqueza a través de la doctrina del shock, mientras que las pobres y futuras generaciones se volverán mucho más vulnerables al desastre ambiental, aunque son muchos menos responsables de la crisis». Esta es la razón, señala, por la que «la justicia ambiental claramente incluye un componente de lucha de clases y el proletariado ambiental necesita surgir como un sujeto revolucionario para proteger su salud, comunidad y ambiente contra el empeoramiento de la crisis económica y ecológica.»



03 septiembre, 2022

EN LA SOCIEDAD DE CLASES

 


"En la sociedad de clases, de los objetos producidos por la mayoría de los hombres y las mujeres se apropia la minoría que posee y controla los medios de producción; y eso significa que los productores ya no son capaces de reconocerse en el mundo que han creado. Su autorrealización deja de ser un fin en sí misma, para convertirse en un simple instrumento para el autodesarrollo de otros".


Terry Eagleton, Marx y la libertad

  PDF en Banco de lecturas



01 septiembre, 2022

CAPISCI ?

 

"El problema de si puede atribuirse al pensamiento humano una verdad objetiva no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poder, la terrenalidad de su pensamiento. La disputa en torno a la realidad o irrealidad del pensamiento –aislado de la práctica– es un problema puramente escolástico".


Karl Marx (Tesis sobre Feuerbach, pág. 666)






16 junio, 2022

¿Quién, si no, desea saber cuáles son las causas de las cosas?

 


Fragmentos tomados de En defensa de la razón. Contribución a la crítica del posmodernismo” de Francisco Erice.


«Para las ideas nuevas necesitamos gente que sepa trabajar con las manos. ¿Quién, si no, desea saber cuáles son las causas de las cosas? Los que solo ven el pan en la mesa no quieren saber cómo se amasa; esa chusma prefiere dar las gracias a Dios que al panadero. Pero los que hacen el pan comprenderán que nada se mueve si no es movido.» (Bertolt Brecht, Vida de Galileo)


«Un hombre listo dio una vez en pensar que los hombres se hundían en el agua y se ahogaban, simplemente porque se dejaban llevar de la idea de la gravedad. Tan pronto como se quitasen esa idea de la cabeza, considerándola por ejemplo como una idea nacida de la superstición, como una idea religiosa, quedarían sustraídos al peligro de ahogarse.» (Karl Marx y Friedrich Engels, La ideología alemana)


George Grosz, Los pilares de la sociedad, 1926

" ...exhibían sin sonrojo una superficial erudición técnica para intimidar a los lectores no versados en esos temas, manipulando incluso frases incoherentes y exhibiendo una opacidad expresiva destinada a ocultar la más absoluta inanidad". (Francisco Erice)


" ...el enfoque extremo en el lenguaje y el elitismo vinculado al uso de una jerga pretenciosa contribuyen a encerrar a los intelectuales en debates estériles y a aislarlos de los movimientos sociales que tienen lugar fuera de su torre de marfil. Cuando a los estudiantes progresistas que llegan a los campus norteamericanos se les enseña que lo más radical –incluso políticamente– es adoptar una actitud de escepticismo integral y sumergirse por completo en el análisis textual, se les hace malgastar una energía que podrían dedicar fructíferamente a la actividad investigadora y organizativa". (Sokal / Bricmont)






27 enero, 2022

TRABAJO: reciclado de metales

 


"El movimiento de eliminación, la transformación de los medios de producción individuales y dispersos en medios de producción concentrados socialmente, la conversión de la propiedad enana de muchos en propiedad colosal de unos cuantos, esta dolorosa y torturante expropiación del pueblo trabajador es el origen, es la génesis del capital. […] La propiedad privada, basada en el trabajo personal […], está siendo suplantada por la propiedad privada capitalista, basada en la explotación del trabajo ajeno, en el trabajo asalariado". (p. 341, col. 2) 

Karl Marx, Contra el fatalismo histórico




19 noviembre, 2021

COLONIALISMO - Karl Marx (comentado por Néstor Kohan)

 


«¡Cuánto desconocimiento, liviandad e ignorancia sobre los escritos de Marx dejan entrever los supuestos “eruditos” académicos del marxismo que utilizan frases sueltas y descontextualizadas de este genio del pensamiento para desconocer el papel del imperialismo del siglo XXI, apoyando bochornosamente con jerga “de izquierda” y poses supuestamente “internacionalistas” los bombardeos neocoloniales del Pentágono y la OTAN en Libia, las guerras de saqueo en Afganistán e Irak, las intervenciones estadounidenses en Siria y Venezuela y muchas otras hazañas “humanitarias” de idéntico tenor! Desde ese ángulo, pretendidamente cosmopolita, eurooccidentalista y antitercermundista, han llegado a apoyar a Gran Bretaña y Margaret Thatcher en su aventura neocolonial en las islas Malvinas (pertenecientes a la Argentina y ubicadas en el Atlántico Sur), donde la OTAN construyó una base militar nuclear.»

Néstor Kohan, Marxismo, cuestión nacional y problema colonial.



30 agosto, 2021

No es “la humanidad” la que está destruyendo el planeta — Chris Saltmarsh

 



Observatorio de la crisis – 25/08/2021


Cada siete u ocho años, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) publica un informe en el que repasa el conocimiento científico disponible acerca del cambio climático. Esta semana, en medio de un verano boreal extremadamente caliente y de una serie de inundaciones devastadoras, la institución publicó el Sexto Informe de Evaluación.


El texto indica que estamos en un punto de inflexión en la historia del cambio climático. Mientras políticos, empresas y activistas no logran dar pie con bola y se enredan en discusiones interminables, los científicos cortan en seco toda esa mierda con un cuadro objetivo de la situación que nos muestra dónde estamos y qué podemos hacer.


¿Qué hay de nuevo, viejo?


Entonces, ¿qué información nueva y útil para la lucha contra el cambio climático nos brinda el último informe del IPCC? En términos generales, hay que confesar que no mucha. Las emisiones siguen aumentando y el planeta sigue calentándose. Descarbonizar la economía sigue siendo una tarea urgente.


Los títulos del Sexto Informe de Evaluación tienden a centrarse en el tan mentado objetivo de evitar que la temperatura mundial promedio aumente más de 1,5°C. Este objetivo fue la piedra de toque del Acuerdo de París y todos los expertos en clima sostienen que es el límite a partir del cual el calentamiento puede volverse peligroso. Pero en realidad, se trata de un juicio aproximado: recién alcanzamos niveles de calentamiento de 1,1°C o 1,2°C y difícilmente pueda decirse que las actuales condiciones climáticas son seguras.


En cualquier caso, la comunidad internacional organizó sus pretensiones colectivas en torno a la meta de 1,5°C. Uno de los titulares más impactantes surgidos del informe del IPCC es el que afirma que, todos los escenarios contemplados indican que alcanzaremos ese límite en 2040. Sin embargo, si no comenzamos a disminuir las emisiones, ese punto llegará mucho antes (probablemente en una década).


Cuando alcancemos el límite de 1,5°C, el nivel de los mares crecerá entre dos y tres metros. Los episodios de calor extremo se volverán mucho más frecuentes. La humedad asociada a las grandes precipitaciones aumentará un 10% y las probabilidades de lluvia se multiplicarán por 1,5. ¿Cuándo sucederá todo esto?


Si se busca una porción de optimismo en el informe del IPCC, la encontramos en la afirmación de que, si logramos reducir las emisiones de carbono a cero en 2050, es muy probable que estabilicemos las temperaturas globales en el límite de 1,5°C. Dejando de lado la certeza de que un escenario optimista no es el más probable, la mala noticia es que, aun en ese caso, las condiciones climáticas se habrán vuelto mucho más peligrosas. La probabilidad de un escenario en el que las emisiones aumenten sugiere que la temperatura subirá 1,9°C en 2040 (es decir, a mis 46 años), 3°C en 2060 (probablemente todavía no me haya jubilado) y 5,7°C en 2100 (momento en que, si sobrevivo al calor extremo, tendré 104 años).


Aunque no sea nada nuevo, estas cifras indican la situación que afrontará mi generación en caso de que no logre cambiar el curso de la situación. António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, respondió al informe y apuntó contra la industria de los combustibles fósiles: «Este informe debería ser leído como un imperativo de poner fin al carbón y a los combustibles fósiles antes de que destruyan nuestro planeta».


De repente, la idea se convirtió en una verdad evidente para cuantos se preocupan por el cambio climático. Pero su enunciación no es suficiente. A menos de tres meses de la retrasada conferencia COP26, que las Naciones Unidas celebrarán en Glasgow, ¿cabe esperar algo mejor? Las últimas dos grandes conferencias no tuvieron ningún resultado y el Acuerdo de París solo sirvió para comprometer formalmente a algunos países a reducir las emisiones a un ritmo que, en caso de respetarse, llevaría el promedio del calentamiento a los 2,9°C. Glasgow nos conduce directo al fracaso.




El último informe es tan tajante y alarmante como los otros, pero no nos brinda ningún motivo para creer que los procedimientos internacionales vigentes y los gobiernos de turno estén preparados para coordinar la transformación económica que necesitamos urgentemente. John Kerry, enviado especial de Estados Unidos a cargo de la cuestión climática, manifiesta que Glasgow debe ser un “punto de inflexión en esta crisis”. No es la primera vez que escuchamos esa frase. El único punto de inflexión en el que podemos creer hoy está lejos de la economía política capitalista que generó y profundizó esta crisis. Necesitamos una nueva economía basada en la igualdad, la justicia y la prosperidad.


Lo serio es culpar al capitalismo, no a la «humanidad»


El conocimiento científico detrás del Sexto Informe de Evaluación es indiscutible, y sus consecuencias lógicas nos fuerzan a cuestionar la pertinencia de nuestro sistema económico y político actual. Sin embargo, el informe no plantea esos problemas. De hecho, está escrito en un lenguaje que funciona como sostén de la clase dominante.


La primera tesis del Resumen para Legisladores afirma que no cabe duda de que el cambio climático es causado por «actividades humanas». La frase «cambio climático de origen humano» se repite a lo largo de todo el informe. La certeza de que los seres humanos son responsables del cambio climático se propagó en todos los medios, incluyendo los artículos de la BBC y de The Guardian.


A diferencia de otras tesis contenidas en el informe del IPCC, como las que remiten a la progresión del calentamiento, las anticipaciones del calor extremo y la predicción del aumento del nivel de los mares, la insinuación de que la responsabilidad de la situación recae sobre la humanidad en general no es científica. Es ideológica. Desdibuja la responsabilidad de la clase dominante.


Es bastante improbable que esta sea una intención explícita de los científicos del IPCC. Y, evidentemente, la tendencia popular a hablar del cambio climático de origen humano es una buena respuesta frente a los think-tanks que promueven el negacionismo. Sin embargo, los negacionistas no son hoy el obstáculo principal: el retraso y la inacción de la clase capitalista tomaron su lugar.


Son los capitalistas los que sacan provecho de la crisis climática mientras los más pobres sufren. Es el sistema capitalista el que bloquea la descarbonización mientras el mundo arde. Por supuesto, desde un punto de vista técnico, es correcto decir que el cambio climático es de origen humano. Hasta donde sé, la clase capitalista está compuesta de humanos (a menos que David Icke sepa algo que todo el mundo ignora). Pero esto no significa que todos los humanos hayan desempeñado el mismo rol en la generación de la crisis.


Es verdad, algunos nos beneficiamos de los frutos del capitalismo fósil. Es innegable que la extracción de combustibles fósiles es la base sobre la que se alzaron la civilización moderna y los avances que mejoraron la vida de muchas personas. Pero en este sistema la mayoría de la gente vive en condiciones de explotación, alienación y marginación. Consumimos los productos del capitalismo fósil, pero no elegimos las condiciones básicas de producción que conducen a la crisis climática.


El trabajador de una refinería no comparte la responsabilidad con el capitalista que lo explota para extraer una ganancia de la producción de petróleo. Las comunidades indígenas, violentamente desplazadas de sus territorios con el fin de abrir minas de carbón, no comparten la responsabilidad con los gobiernos que fuerzan la implementación de estos proyectos. Podríamos hablar del cambio climático «de origen terrícola» o «de origen mamífero». La tesis llevaría la abstracción a un nivel ligeramente más distante de aquel en que se sitúan los verdaderos culpables, pero no dejaría de ser verdadera.


Por supuesto, también sería verdad decir que el cambio climático no es propiedad exclusiva del modo de producción capitalista. Embarcándonos en el relato contrafáctico, podríamos decir que cualquier civilización humana que hubiera descubierto los combustibles fósiles los habría aprovechado, poniendo en movimiento la insospechada rueda del cambio climático. Sin embargo, el fallo del capitalismo parece estar en su incapacidad de revertir la situación. Conocemos las causas y los efectos del cambio climático desde hace décadas, y, aun así, la prioridad de maximizar las ganancias a corto plazo siempre logró desplazar la necesidad de transformar nuestro sistema energético.


No somos todos igualmente responsables por la catástrofe climática. Sin una transformación planificada de la economía, nuestros comportamientos individuales, aun tomados en conjunto, son impotentes frente al objetivo de la descarbonización. Entonces, tenemos dos opciones: o bien nos embarcarnos en una política climática misántropa, que condena a la humanidad en general y oculta las verdaderas causas de la crisis, o bien adoptamos una perspectiva de justicia climática humanista y socialista, que cuenta con el potencial humano y las posibilidades de construir un mundo mejor.


El mundo a 1,5°C


El calentamiento de 1,5°C es lo mejor a lo que podemos apuntar. Pero entonces, si muchos de los cambios son a esta altura inevitables e irreversibles —como muestra el informe del IPCC—, los incendios en Grecia, Turquía y Argelia señalan el comienzo de una nueva normalidad. En este contexto, estamos obligados a liberar las mejores cualidades de la humanidad en vez de enfatizar las peores. Además de luchar contra cada mínima fracción del promedio del calentamiento, debemos aceptar que habitamos condiciones climáticas mucho más peligrosas que las del pasado. En este punto se vuelven fundamentales la solidaridad y la justicia.


Nuestra misión principal es limitar el calentamiento mediante la descarbonización, de la manera más rápida y justa posible. Pero también tenemos que considerar cómo nos adaptaremos al nuevo clima. La izquierda y el movimiento contra el calentamiento global deberían exigir e integrar en su plataforma política un programa de adaptación equitativa al cambio climático.


Tenemos que contar con infraestructuras y edificios resistentes, barreras contra las inundaciones, planes de evacuación, servicios de emergencia bien financiados, seguros estatales contra pérdidas y daños, políticas de acogida y apoyo para los refugiados. Si bien estos elementos no deberían representar el límite de nuestras ambiciones políticas ni funcionar como una excusa para abandonar la lucha contra la descarbonización, debemos integrarlos a la concepción de la justicia en el nuevo mundo de 1,5°C.


Como deja en claro el informe del IPCC, las próximas décadas nos plantean distintos escenarios posibles. En uno de ellos, los gobiernos y los movimientos contra el cambio climático fracasan rotundamente y no logran disminuir las emisiones en el tiempo requerido. Por supuesto, nuestra ambición debería ser tomar el poder del Estado y utilizarlo para transformar la economía e impartir justicia. Pero también deberíamos estar preparados para operar en escenarios donde los políticos logran sostener el statu quo sin descarbonizar, o donde la descarbonización se desarrolla en beneficio de los ricos y a costa de los pobres y marginados. En estos escenarios de relativa derrota, debemos estar preparados para defendernos mediante el fortalecimiento del poder popular y el desarrollo de la solidaridad. Frente al fracaso del Estado, deberíamos ser capaces de resistir colectivamente organizando sistemas de distribución de alimentos, refugios de emergencia y operativos de rescate.


Es comprensible que, en momentos como este, con la publicación del contundente informe del IPCC, en medio de condiciones climáticas implacables y devastadoras, se generalice un sentimiento colectivo de desesperación, impotencia y ansiedad. Por ejemplo, en la mayoría de los escenarios contemplados por el IPCC, toda mi vida adulta transcurrirá en el contexto de un planeta cada vez más caliente. Deberíamos tratar de evitar que dichos sentimientos conduzcan a la desesperanza o a la misantropía.


Sin importar lo que digan los medios, la clase dominante o los científicos, «nosotros» no somos responsables por la crisis climática. En cualquier caso, como los verdaderos responsables no piensan hacer nada al respecto, el asunto está en nuestras manos. Sobre esa certeza podemos construir un movimiento de masas militante y radical, dispuesto a construir una economía basada en la igualdad, la justicia y la prosperidad. Sabemos que nuestra generación tendrá que cargar con el legado del capitalismo, pero tal vez seamos también nosotros quienes logremos arrojarlo al basurero de la historia.


28 enero, 2021

El excedente — Richard Wolff

 


[fragmento] Traducción del inglés: Arrezafe

Vídeo original completo aquí.


Pensemos en esto. Una de las cosas que hace toda comunidad, que normalmente desconoce, pero que la conforma, es lo siguiente. Toma una parte de sus miembros, –si es una comunidad de cien, toma 20, si se trata de una comunidad de 50.000, toma X–, y asigna a esas personas una función específica: usar su cerebro y sus músculos para hacer cosas, para tomar cosas de la naturaleza, digamos que un árbol para hacer una silla, una oveja para hacer una prenda de lana, o lo que sea. Pero en la sociedad hay muchas personas que no están obligadas a hacer nada de eso. Algunas de ellas son inmediatamente reconocibles: a un niño de dos años no se le va a pedir que haga eso que llamamos trabajo, y por por razones comprensibles, tampoco a otra de 89.


Lo cual significa que en toda sociedad, dice Marx, las personas que realizan el trabajo siempre han de producir más de lo que ellas mismas  consumen, de lo contrario, muchas personas que forman parte de esa sociedad no podrían sobrevivir. De alguna manera tiene que haber un excedente producido por quienes trabajan, para que a aquellas que no trabajan: niños, ancianos, enfermos y otros, se les proporcione alimento, ropa y vivienda, imprescindibles para vivir.


Marx dice. Lo que ocurre es que cada sociedad difiere en el modo de organizar y administrar este excedente que la clase trabajadora produce. (La palabra que utilizan los marxistas para denominar dicho excedente, en el cual centran su atención, es plusvalía).


Así pues, toda sociedad produce un excedente. En lo que difiere una sociedad de otra es en determinar quién produce el excedente, quién decide su cuantía y quién la manera de trasladar dicho excedente, de las personas que lo produjeron a las personas que lo necesitan para vivir, pero que no participan en su producción. Cómo se resuelven todas estas cuestiones y cómo moldean la política, la cultura, el arte y la música...


En otras palabras, si quieres entender la política, la cultura, el arte, la música, la historia, será mejor que entiendas algo tan básico como la producción y distribución del excedente. Eso se llama, en el marxismo, análisis de clase. La clase de las personas que producen el excedente, en relación con la clase de las personas que viven merced a su distribución.


Solo para daros una idea ilustrativa. He aquí una posible forma de hacerlo. Las personas que producen un excedente pueden, ellas mismas reunidas en asamblea, decidir qué hacer con él. Y lo distribuyen entre los bebés, los ancianos, los músicos y entre cuantos ellos piensen que ha de ser distribuido. ¿Que quieren tener a alguien que toque la mandolina mientras trabajan, alguien a quien habrá que alimentar y proveer de lo necesario?, pues destinan parte del excedente a ello.


Pero podríamos tener un sistema diferente. Podríamos tener un sistema en el que la gente que produce el excedente fuesen, vamos a darle un nombre: esclavos. Oooh… Entonces sabemos enseguida quién se apropiará del excedente ¿no? El amo. ¿Y quién decidirá qué hacer con el excedente? El amo, que es quien lo posee. Es una configuración muy distinta en la que, puedes estar seguro, el amo distribuirá ese excedente de manera diferente a como lo harían los trabajadores si dispusieran de él. 


Una cooperativa obrera significa que los trabajadores que producen el excedente son las mismas personas que deciden qué hacer con él. Y eso establece la diferencia frente al capitalismo, la esclavitud o el feudalismo.


En la esclavitud, los esclavos producen este excedente que los amos se apropian y distribuyen. En el feudalismo, los siervos producen un excedente del que los señores se apropian y distribuyen. En el capitalismo, los empleados producen el excedente del cual el empleador se apropia y decide qué hacer con él.


La revolución, la idea marxista, dice: tenemos que deshacernos de esta dicotomía. No más de todo esto. No queremos esclavitud, no queremos servidumbre y tampoco queremos proletariado asalariado. Porque no queremos que una pequeña minoría, amo, señor o empresario, decida cuál es y qué se va hacer con el excedente, cuando las personas que lo han producido quedan excluidas de dichas decisiones. Esta es una cuestión fundamental.


Lo mismo para los agricultores. Por ejemplo, podríamos tener una agricultura realizada por esclavos y amos. Eso es lo que tuvimos en el sur de Estados Unidos durante mucho tiempo. Teníamos el algodón, por ejemplo, cultivado por esclavos, y amos, que se apropiaban del excedente e hicieron bellísimas mansiones que aún hoy podemos ver allá en Luisiana. Hicieron lo que les dio la gana con el excedente. Los esclavos lo produjeron, los amos decidieron cómo usarlo. O en el caso de Francia, donde los campesinos produjeron un enorme excedente del que los señores feudales se apropiaron y usaron para construir el Palacio de Versalles, que hoy puedes visitar como turista y maravillarte. ¿Y qué? ¿Creéis que los campesinos que se partieron el culo entonces habrían empleado el excedente en hacer un jardín como ese, para que tres personas se pasearan por él cada cuatro noches? No, no, no habrían hecho eso.


Jeffrey Bezos recolecta el excedente de cientos de miles de personas involucradas en la monumentalmente importante tarea de entregar paquetes. Es un repartidor de paquetes. Es la persona más rica del mundo porque, ¡obviamente, cualquier sociedad racional querría regalar una inmensa fortuna a alguien que entrega paquetes! Pero, seamos justos, entrega paquetes... ¡velozmente! Así pues, ¡por supuesto que debería tener ciento cincuenta mil millones de dólares! Es el número uno en la lista de multimillonarios de Bloomberg. Recientemente se divorció de Mackenzie, su esposa, y en virtud del divorcio ella obtuvo treinta y nueve millones, por lo que se convierte en la 22ª persona más rica del planeta por ser su ex esposa.


Dicho así, entre nosotros, ¿pensáis que si los trabajadores que producen el excedente para Amazon, toda esa gente que lleva tu paquete rápidamente a tu casa, se unieran para decidir qué hacer con ese excedente que su trabajo ha producido, creéis que se lo darían al señor Bezos para que...? Por cierto, una de las cosas que él, muy entusiasmado, está haciendo. Está organizando un viaje planetario, quiere ir a la luna y está gastando una fortuna para desarrollar los cohetes que lo llevarán hasta ella. Oooh...


¿Creéis que la gente que suda en sus talleres haría eso, gastar el excedente en la construcción de un cohete que lleve a ese hombre a la luna?


Mi esperanza es que los estadounidenses,  testigos de esta situación, probablemente digan: ¡Sí¡ !Échenle de aquí!




18 enero, 2021

¡ E X I S T E !

 


La piedra filosofal, esa que torna en oro cualquier metal ordinario, existe, siempre ha existido. Su verdadero nombre es: CLASE TRABAJADORA.