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11 octubre, 2025

Karl Marx: crítica al colonialismo — Néstor Kohan

 





Instituto Abya Yala / Al-Ándalus – 08/09/2025

Intervención del pensador argentino Néstor Kohan en la Conferencia Internacional "Colonialismo, neocolonialismo y los despojos territoriales del imperialismo occidental", organizado por el Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores de la República Bolivariana de Venezuela y celebrado en el Instituto Simón Bolívar, Caracas, el viernes 3 de octubre de 2025.



10 mayo, 2025

CLASE MAGISTRAL DE NÉSTOR KOHAN (Aula Castelao Filosofía)

 



Aula Castelao Filosofía – 06/05/2025

Néstor Kohan (Bos Aires, 1967) é Doutor en Ciencias Sociais pola Universidade de Buenos Aires (UBA). Investigador do CONICET (Consello Nacional de Investigacións Científicas e Técnicas) e o IEALC (Instituto de Investigacións de América Latina e o Caribe). Profesor da materia “Filosofía” na Carreira de Socioloxía, Facultade de Ciencias Sociais, UBA. Autor de varias decenas de libros e artigos especializados.


Nas historias convencionais da filosofía, nos dicionarios e manuais escolares, adoitan distinguirse diversas dimensións ou ángulos do “nihilismo”. Habería un nihilismo gnoseolóxico - epistemolóxico, un metafísico, outro ético-moral e finalmente un existencial. Esas distincións preséntanse como tallantes e excluíntes. Habitualmente responden as materias académicas dedicadas a esta disciplina.


Na nosa exposición sostemos que a partir do “xiro lingüístico”, o postestructuralismo, o posmodernismo, o posmarxismo e os seus derivados incorren nunha hipóstases metafísica outorgando aos discursos, a linguaxe e as narrativas o carácter de demiúrgo absoluto de toda realidade social. Deste xeito o nihilismo (acompañado de relativismo, escepticismo extremo e o abandono de todo sentido histórico) expandiuse sen límites, contaminando un segmento importante das ciencias sociais e o pensamento teórico dos nosos días, pretendendo deslexitimar calquera crítica ao sistema capitalista actual.


Segundo a teoría crítica marxista, o nihilismo das metafísicas “post” confunde groseramente e sen rigor algún relativismo con dialéctica histórica; fragmentando ao movemento popular e esforzándose por neutralizar ou directamente cancelar calquera posible resistencia fronte ao auxe das novas-vellas dereitas extremas, contrainsurxentes e neofascistas.


Fuente: vía PRAKTIKA



26 diciembre, 2022

El triste fetichismo del fragmento alegre — Néstor Kohan

 

                                Miguel Brieva


Capítulo extraído de Fetichismo y hegemonía en tiempos de rebelión, de Néstor Kohan.


Lo que anuncia ser un proyecto más inclusivo que el socialismo tradicional en realidad lo es menos. En vez de las aspiraciones universalistas del socialismo y la política integradora de la lucha contra la explotación de clases, tenemos una pluralidad de luchas particulares desconectadas que concluye con una sumisión al capitalismo.

El proyecto socialista debe enriquecerse con los recursos y los conocimientos de los «nuevos movimientos sociales» (ahora no tan nuevos), no empobrecerse recurriendo a ellos como una excusa para desintegrar la resistencia al capitalismo”

ELLEN MEIKSINS WOOD


Las instancias y segmentos que conforman el entramado de lo social se volvieron a partir de entonces absolutamente “autónomas”. El fragmento local cobró vida propia. Lo micro comenzó a independizarse y a darle la espalda a toda lógica de un sentido global de las luchas. La clave específica de cada rebeldía (la del colonizado, la de etnia, pueblo o comunidad oprimida, la de género, la de minoría sexual, la generacional, etc.) ya no reconoció ninguna instancia de articulación con las demás. Cualquier intento por integrar luchas diversas dentro de un arco común era mirado con desconfianza como anticuado. “Nadie puede hablar por los demás”, se afirmaba con orgullo. “Toda idea de representación colectiva es totalitaria”. Cada dominación que saltaba a la vista para ponerse en discusión sólo podía impugnarse desde su propia intimidad, convertida en un guetto aislado y en un “juego de lenguaje” desconectado de todo horizonte global y de toda traducción universal.


De este modo, con la ayuda de los grandes monopolios de la comunicación que inducían y propagandizaban este tipo de pensamiento, se terminó avalando y enalteciendo como el máximo de lo posible la inorganicidad, el culto de lo “espontáneo”, la micropolítica del nicho y la falta de una mínima estrategia política común a largo plazo. Las luchas por las diferencias (culturales), aunque justas en sus reclamos específicos, terminaban dejando intacto el modo de producción capitalista en su conjunto. Despeinaban al sistema —arrancándole paulatinamente reformas que ampliaban la “tolerancia” hacia los nuevos sujetos sociales— pero no lo herían de muerte en su corazón.


Los casos emblemáticos del Ejército norteamericano —invasor genocida de varios países al mismo tiempo y perro guardián de los grandes capitales— dejando ingresar en sus filas a los homosexuales, otorgando altos rangos jerárquicos a miembros de la comunidad latina o afroamericana y permitiendo que la tortura a los detenidos en las prisiones de Irak sean aplicadas también por mujeres estadounidenses estaban encaminados en la misma dirección que la adoptada por el gobierno republicano de George W. Bush cuando designó a una mujer de raza negra como consejera de seguridad —es decir, vocera pública de la extrema derecha imperialista—. Todos estos casos resultan sumamente expresivos de esta política de “tole-rancia”, “pluralismo” y “respeto de la diversidad”, reclamada con fervor... por las metafísicas “post”. Los poderosos festejaban. Habían logrado conjurar —sólo momentáneamente, como después quedó demostrado— la amenaza del viejo topo revolucionario que tanto los había molestado durante los '60.


¡Cualquier reclamo de guetto particular, si no apunta contra el sistema en su conjunto, resulta perfectamente neutralizable, integrable y asimilable en función de la dominación!


Separando artificialmente la dominación patriarcal de la dominación de clase, la opresión cultural de los pueblos coloniales y las comunidades indígenas del gran proyecto económico expansionista del imperialismo, el racismo del colonialismo, la destrucción sistemática del medio ambiente de la “racionalidad” irracional de la acumulación capitalista; cada movimiento social corrió el riesgo de transformarse en un micro grupo y en una micro secta. Cada política en una micro política. Cada protesta en un reclamo molecular. Cada grito colectivo en un susurro local. Repudiando la política de clases y todo tipo de organización política transversal —no sólo las tradicionales, burocráticas y reformistas, sino toda política en general— se trató por todos los medios de mantener a cada movimiento social dentro de su propia parcela y su carril específico para que no se suelten las riendas. Así, mediante esta fetichización de los particularismos, se podía ir neutralizando, cooptando e incorporando una a una, cada protesta que surgía, desgajada de cualquier posible peligrosidad o contagio anticapitalista con la que tenía inmediatamente al lado.


En 1990, en plena euforia neoliberal, David Harvey sintetizó esas posiciones ideológicas del siguiente modo: “El posmodernismo nos induce a aceptar las reificaciones y demarcaciones, y en realidad celebra la actividad de enmascaramiento y ocultamiento de todos los fetichismos de localidad, lugar o agrupación social, mientras rechaza la clase de metateoría que puede explicar los procesos económico-políticos (flujos monetarios, divisiones internacionales del trabajo, mercados financieros, etc.) que son cada vez más universalizantes por la profundidad, intensidad, alcance y poder que tienen sobre la vida cotidiana”(3). El posestructuralismo y sus derivados “posmarxistas” se limitaron a merodear sobre este ramillete de conflictos puntuales fetichizados, sin cuestionar jamás el modo de producción capitalista, el armazón que subsume y reproduce de manera ampliada esas diversas opresiones. Cabe preguntarse: ¿por qué no pueden cuestionar ese núcleo inconfesado pero omnipresente? ¿Por qué divorcian, por un lado, la opresión de género, la discriminación hacia las nacionalidades, etnias y culturas oprimidas por el imperialismo, la destrucción del medio ambiente y el autoritarismo de la institución escolar que oprime a los jóvenes; y por el otro, las dominaciones de clase, la explotación de la fuerza de trabajo, la subsunción de todas las formas de convivencia humana bajo el imperio absoluto del valor de cambio, el dinero y el poder del capital?


La respuesta no es tan compleja, como podría parecer cuando se leen las artificialmente complicadas elucubraciones neolacanianas de Slavoj Zizek o las referencias al último Ludwig Wittgenstein en Ernesto Laclau o en otros textos posestructuralistas. Nosotros pensamos que ese divorcio no es inocente ni accidental. Bajo esa jerga, pretenciosamente erudita, distinguida, presumida y aristocratizante, se esconden verdades del sentido común. La razón estriba en que para todos ellos los conflictos terminan siendo externos y ajenos al corazón de las relaciones sociales del capitalismo. Por lo tanto, solucionables y superables en el horizonte de una supuesta y enigmática “democracia absoluta” —según Negri— o “democracia radical” —según Laclau— que, ¡oh casualidad!. dejan intacto el régimen capitalista.


Para la mayoría de las corrientes posmodernas y posestructuralistas el capitalismo, en última instancia, puede ser compatible con “el respeto al OTRO”, “el diálogo democrático”, la “no discriminación”,etc. La “radicalización de la democracia” (capitalista) como último horizonte implica un abandono muy claro, no siempre explicitado, ni siquiera por los “posmarxistas”: la perspectiva de la revolución socialista y la lucha por el poder para la transformación radical de la sociedad desaparecen rápidamente de escena.


Nota

3 [véase David Harvey: La condición de la posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural. Buenos Aires, Amorrortu, 1998. pp.138].



15 diciembre, 2022

El auge "post"... un hijo de la derrota — Néstor Kohan

 

John Holcroft "Kit de la felicidad"


Capítulo extraído de:

La herencia del fetichismo y el desafío de la hegemonía, Néstor Kohan (pdf)


Las metafísicas "post" fueron hijas de una triple derrota. En Europa occidental afloraron con los desencantados por la derrota del '68, la desilusión electoral que sobrevino en los '70 y la crisis del eurocomunismo.


En EEUU se trató de la derrota de las rebeliones contra la dominación racial (donde el poder norteamericano asesinó sin piedad a sus principales líderes, desde los radicales como Malcolm X hasta los moderados, como Martín Luther King) y también de las protestas estudiantiles de los '60.


En América Latina las represiones y genocidios militares —con decenas de miles de desaparecidos y torturados en Argentina, Chile, Guatemala, Perú, etc.— ahogaron a sangre y fuego las insurrecciones armadas de los '60 y '70.


Luego de esa triple derrota de los años '70 primó la fragmentación. Ante la ausencia de una coordinación más general el único recurso disponible consistió en mantener la resistencia de cada movimiento social en su propio ámbito y en su propia esfera, aunque todavía no apareciera sobre el horizonte la posibilidad de sobrepasar ese límite. Esa disposición de las luchas, los aislamientos respectivos y la fragmentación política fueron hijas de la necesidad. No surgieron como producto de un plan estratégico sino como el resultado completamente fortuito, azaroso y espontáneo del conflicto social. Sólo después de que esto sucedió vinieron las legitimaciones a posteriori, post festum, de las metafísicas "post" que transformaron la necesidad en virtud.


En Europa occidental —su cuna de nacimiento originaria— esa aceptación jubilosa y entusiasta del posmodernismo y el posestructuralismo estuvo vinculada al mundo social de un nuevo segmento de las capas medias acomodadas y bien remuneradas (dedicada a tareas de gerenciamiento y supervisión con altos salarios) que se beneficiaba con una política de sobreconsumo selectivo, típica de la era Thatcher y sus acólitos continentales. Esos segmentos económicos en ascenso —algunos de ellos se hicieron famosos como "yuppies"— eran legitimados acríticamente por "los hijos de Marx y la Coca Cola", tal como Alex Callinicos denomina a la generación de jóvenes intelectuales desencantados con el fracaso de 1968 y reconvertidos aceleradamente al sistema.


En el caso de Estados Unidos, la moda "post" ingresó fundamentalmente de la mano académica, años después de que las fuerzas de represión estatales lograran neutralizar la combativa oposición negra de los ‟60 y de que decayera el movimiento de oposición a la guerra de Vietnam. Allí, en territorio norteamericano, la operación ideológica consistió en despolitizar completamente la crítica cultural que había caracterizado tanto a la Escuela de Frankfurt (exiliada en EEUU ante el ascenso nazi) como al materialismo cultural de Raymond Williams y otros pensadores gramscianos del circuito anglosajón. Sin política, y sobre todo... sin marxismo, la crítica socialista de la cultura se transformaba en EEUU en los inocuos "estudios culturales", perfectamente digeribles para la Academia y sus censores de papers e insulsas revistas con referato.


En los Estados Unidos, ese proceso de pasteurización y asepsia forzada de la teoría crítica llegó al extremo con los estudios "poscoloniales", una parodia lastimosa y miserable del anticolonialismo militante de un Fanon, un Che Guevara o un Ho Chi Minh, por no mencionar a las Panteras Negras o a Malcolm X... Estudios que seguían proliferando como si en el mundo no pasara nada nuevo (y el colonialismo fuera apenas "un triste recuerdo del pasado") mientras los marines yanquis continuaban invadiendo países y manteniendo dominaciones neocoloniales en defensa del petróleo por donde se les dé la gana hasta el día de hoy. Incluyendo torturas masivas (Irak, Guantánamo, etc.) como en las mejores "hazañas" de Vietnam o Argelia.


En cambio, en América Latina este fenómeno de expansión ideológica fue más complejo. Si bien es cierto que un buen número de adherentes a las metafísicas "post" se nutrieron durante toda la década del '80 de los circuitos académicos crecidos al arrullo de las becas de las fundaciones socialdemócratas europeas que comenzaban a cooptar intelectuales, principalmente ex izquierdistas ahora arrepentidos, otro buen sector creció durante los '90 alentado por la proliferación de las ONGs. Este segundo sector no siempre provenía de la Academia latinoamericana, sino más bien de la ex militancia de izquierda sobreviviente al genocidio dictatorial, en cuyo seno caló muy fuerte la derrota de la experiencia sandinista en 1990, la momentánea soledad de la revolución cubana, los ecos tardíos del derrumbe soviético y la desilusión de las pomposamente denominadas "transiciones a la democracia" ocurridas tras las retiradas de las dictaduras militares de los años '70.


En el caso de las vertientes latinoamericanas provenientes de la militancia, sin preocuparse demasiado por la hermenéutica rigurosa de los escritos foucaultianos, derridianos o deleuzinos, se terminó repitiendo de modo acrítico la jerga "pluralista", pseudolibertaria y cuestionadora del marxismo revolucionario de las vertientes europeas. Se compró ingenuamente, sin ningún balance ni beneficio de inventario, todo el paquete de la desmoralización eurocomunista de los años '70. Aunque en los '90 se intentó legitimar esa operación apelando a la autoridad del zapatismo y a la mentada "autonomía de los pueblos originarios" de la comunidades indígenas, estas corrientes de América latina terminaron hablando sumisamente la lengua del ventrílocuo europeo. Así, con un filtro y lentes europeos se interpretó, por ejemplo, la rebelión argentina de diciembre de 2001. Había que hacer entrar con fórceps, a como diera lugar, toda rebelión latinoamericana dentro del lecho académico de Procusto de las metafísicas "post".


Con el falso supuesto y el engañoso argumento de que los relatos hermenéuticos posmodernos y las metafísicas académicas posestructuralistas nacen... del suelo indígena (¿?) y brotan... de las culturas originarias (¿?), una vez más, como había ocurrido tantas otras veces, se terminaba adoptando como propio un discurso teórico forjado exclusivamente a partir de una experiencia política lejana y ajena: la de aquella generación europea derrotada en 1968, desilusionada durante toda la década del '70 y finalmente incorporada al sistema durante los '80.


Las metafísicas "post", como ideología legitimadora de la impotencia política, constituyeron a nivel global el espíritu de una época bien determinada: la de la ofensiva neoliberal y la euforia capitalista. Una época que, gracias a la rebeldía generalizada por todo el mundo desde mediados de los años '90, felizmente ha dejado de ser la nuestra.



04 septiembre, 2022

Los aparatos de la contrainsurgencia imperialista — Néstor Kohan

 


"Los aparatos de la contrainsurgencia imperialista no se reducen a la sigla más famosa en el cine de Hollywood que cuenta con tres letras: CIA.


En Estados Unidos, según la literatura especializada, existen no menos de veinte aparatos de inteligencia y contrainteligencia. A ellos se agregan un elenco interminable de fundaciones paraestatales y finalmente incontables ONG, que carecen completamente de autonomía. Ni la persona más crédula, desinformada e ingenua puede a esta altura aceptar que las ONG que inundan con sus dinerillos, no solo a Cuba sino el conjunto de nuestro continente, pertenecen a la burbuja incontaminada de una etérea y virginal «sociedad civil» globalizada —aquí podemos apreciar un buen ejemplo de cómo el imperialismo intentó apropiarse de la noción gramsciana de «sociedad civil» para terminar convirtiéndola en un comodín completamente funcional a su dominación.


¡Es un secreto a voces! Esas ONG y las fundaciones que siempre caminan a su par, son «tapaderas de la CIA», sellos legales para transferir y blanquear dinero sucio, utilizado en la contrainsurgencia.


Por eso, el primer problema general que recorre todos los trabajos aquí reunidos, gira en torno a los intentos imperiales que pretenden minar la hegemonía socialista de la Revolución Cubana, tratando de crear artificialmente una jabonosa y falsa «izquierda» —todas las comillas incluidas—, no revolucionaria, ajena y reacia al legado inasimilable de Fidel Castro y el Che Guevara. Un intento de «aproximación indirecta» —como lo hubiera denominado el célebre estratega y capitán B.H. Liddell Hart— destinado a ganar la guerra sin combatir, minando la moral del enemigo. Es decir, esforzándose por construir una opción pretendidamente «democrática» —poner aquí, igualmente, veinte pares de comillas—, contra el proyecto comunista, al que se sigue calificando, con escasa originalidad, de «totalitario» (¿por qué no es original esa descalificación? Pues porque la cruzada «antitotalitaria» proviene de la guerra fría y más precisamente del auge del macartismo —¡nacido hace nada menos que 70 años!—, al que capitularon ideológicamente desde la erudita y refinada Hannah Arendt hasta el marxista converso Karl Popper, por no hablar del empleado rentado de la CIA Isaiah Berlin, escritor de libros a sueldo y biografías por encargo contra Karl Marx).


Este supuesto «descubrimiento ultra novedoso», que vendría a rellenar los presuntos agujeros vacíos del socialismo y el comunismo, donde las palabras «democracia» y «república» se enarbolan sin nombre ni apellido, sin referencias de clase ni determinaciones históricas, sociales ni geopolíticas, no es tan nuevo como se postula.


Quizás por picardía o, mucho más probablemente por simple ignorancia, se hace tabla rasa con la historia intelectual de los debates socialistas y comunistas frente a la tradición liberal.


No es malo intentar innovar, porque el marxismo no puede quedarse petrificado en la historia, pero para eso hay que tomarse el trabajo de conocer en profundidad la historia intelectual de los problemas que pretenden abordarse (eso que en los estudios académicos suele denominarse «el estado del arte»). Cuando ese trabajo falta, la ignorancia, siempre perdonable y comprensible si es inocente y desprevenida, se transforma en imperdonable altanería y petulancia. Y si a eso le agregamos el financiamiento de instituciones que de ningún modo están interesadas en el conocimiento sino, lisa y llanamente, en derrocar a la Revolución Cubana, perdón, en lograr «la transición», el problema se complica aún más.


Durante aproximadamente 50 años el profesor italiano Norberto Bobbio (1909-2004) intentó convencer a los marxistas, socialistas y comunistas de todo el mundo, que debían zambullirse en la tradición del liberalismo para volverse más «democráticos»; esto es, para que acepten por fin las instituciones de la dominación burguesa como universales. Puede reconstruirse esa tozuda y persistente tarea desarrollada por Norberto Bobbio en su libro de 1999: Ni con Marx ni contra Marx (México, Fondo de Cultura Económica). Allí recopila sus prolongados y numerosos intentos de convencer a los marxistas de que abandonaran por fin la radicalidad política de Lenin y se aproximaran a Marx desde la suavidad y el terciopelo del social-liberalismo".


Fragmento extraído de (pdf):

http://cipec.nuevaradio.org/b2-img/HegemoniayculturaNestorKohan.pdf



16 junio, 2022

¿Quién, si no, desea saber cuáles son las causas de las cosas?

 


Fragmentos tomados de En defensa de la razón. Contribución a la crítica del posmodernismo” de Francisco Erice.


«Para las ideas nuevas necesitamos gente que sepa trabajar con las manos. ¿Quién, si no, desea saber cuáles son las causas de las cosas? Los que solo ven el pan en la mesa no quieren saber cómo se amasa; esa chusma prefiere dar las gracias a Dios que al panadero. Pero los que hacen el pan comprenderán que nada se mueve si no es movido.» (Bertolt Brecht, Vida de Galileo)


«Un hombre listo dio una vez en pensar que los hombres se hundían en el agua y se ahogaban, simplemente porque se dejaban llevar de la idea de la gravedad. Tan pronto como se quitasen esa idea de la cabeza, considerándola por ejemplo como una idea nacida de la superstición, como una idea religiosa, quedarían sustraídos al peligro de ahogarse.» (Karl Marx y Friedrich Engels, La ideología alemana)


George Grosz, Los pilares de la sociedad, 1926

" ...exhibían sin sonrojo una superficial erudición técnica para intimidar a los lectores no versados en esos temas, manipulando incluso frases incoherentes y exhibiendo una opacidad expresiva destinada a ocultar la más absoluta inanidad". (Francisco Erice)


" ...el enfoque extremo en el lenguaje y el elitismo vinculado al uso de una jerga pretenciosa contribuyen a encerrar a los intelectuales en debates estériles y a aislarlos de los movimientos sociales que tienen lugar fuera de su torre de marfil. Cuando a los estudiantes progresistas que llegan a los campus norteamericanos se les enseña que lo más radical –incluso políticamente– es adoptar una actitud de escepticismo integral y sumergirse por completo en el análisis textual, se les hace malgastar una energía que podrían dedicar fructíferamente a la actividad investigadora y organizativa". (Sokal / Bricmont)






27 noviembre, 2021

SOCIOLOGIA DEL CONFLICTO SOCIAL COLOMBIANO — Nestor Kohan

 


¿Por qué persiste el conflicto social colombiano? ¿Qué tipo de Estado predomina en Colombia? ¿Cuándo comenzó la violencia? Las evaluaciones de Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Eric Hobsbawm y Noam Chomsky. ¿Qué vínculo mantiene el Estado colombiano con los países vecinos y con la principal potencia occidental? ¿Cómo explicar la historia de la insurgencia colombiana? ¿Tiene ideología? ¿Quiénes han sido sus líderes históricos?

 


19 noviembre, 2021

COLONIALISMO - Karl Marx (comentado por Néstor Kohan)

 


«¡Cuánto desconocimiento, liviandad e ignorancia sobre los escritos de Marx dejan entrever los supuestos “eruditos” académicos del marxismo que utilizan frases sueltas y descontextualizadas de este genio del pensamiento para desconocer el papel del imperialismo del siglo XXI, apoyando bochornosamente con jerga “de izquierda” y poses supuestamente “internacionalistas” los bombardeos neocoloniales del Pentágono y la OTAN en Libia, las guerras de saqueo en Afganistán e Irak, las intervenciones estadounidenses en Siria y Venezuela y muchas otras hazañas “humanitarias” de idéntico tenor! Desde ese ángulo, pretendidamente cosmopolita, eurooccidentalista y antitercermundista, han llegado a apoyar a Gran Bretaña y Margaret Thatcher en su aventura neocolonial en las islas Malvinas (pertenecientes a la Argentina y ubicadas en el Atlántico Sur), donde la OTAN construyó una base militar nuclear.»

Néstor Kohan, Marxismo, cuestión nacional y problema colonial.



01 noviembre, 2021

DINERO MUGRIENTO DE LA CIA — Néstor Kohan

 


¿Cuáles son las instituciones contrainsurgentes que operan en la cooptación de intelectuales? Entre las fundaciones y ONG’s (vinculadas con la inteligencia estadounidense de la CIA y otras agencias de espionaje menos renombradas del mismo país), que desde hace varias décadas ofrecen becas, viajes de estudio, “pasantías académicas”, abundante financiamiento para blogs, páginas de internet, publicación de libros, folletos y cuadernos de trabajo, proyectos de investigación, “laboratorios de ideas”, exposiciones de arte y otros mecanismos clásicos de cooptación político-ideológica de las juventudes estudiantiles y el campo intelectual se encuentran las estadounidenses Ford Foundation ([Fundación Ford, creada en 1936 por el gran admirador de Hitler, Henry Ford, autor del libro El judío Internacional], perteneciente a la empresa del mismo nombre, directamente caracterizada por Ángel Rama, Roberto Fernández Retamar, Fernando Martínez Heredia, Gregorio Selser y Daniel Hopen como una “tapadera de la CIA”); la Open Society Foundation ([Fundación Sociedad Abierta], perteneciente al magnate de las finanzas George Soros, discípulo del marxista converso y cofundador del neoliberalismo Karl Popper); la USAID (United States Agency for International Development [Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional]); la NED (National Endowment for Democracy [Fundación Nacional para la Democracia]); la Carnagie Foundation [Fundación Carnagie]; la FAES (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales); la Rockefeller Foundation [Fundación Rockefeller, impulsada desde 1913]; así como la John Simon Guggenheim Memorial Foundation [Fundación Memorial John Simon Guggenheim, fundada en 1937, que otorga las becas homónimas] y el Programa Fulbright patrocinado por el Bureau of Educational and Cultural Affairs [Oficina de Asuntos educativos y culturales] del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Estas son las más célebres. Hay muchas otras.


¿Por qué utilizo la expresión “naturalizar”? Porque se nos pretende convencer que sería algo “natural”, absolutamente “normal”, incluso inexorable, recibir el dinero mugriento de la CIA y de todo el abanico de instituciones aparentemente “civiles” que la rodean como fachada, pues, se nos dice, “no habría otro camino”. Trabajar en el ámbito de la música, la literatura o las ciencias sociales financiados y subvencionadas, becados y becadas por esas instituciones del imperialismo…. sería…. “¡lo más normal del mundo!”. Mentira absoluta. Falsedad completa.


¡Atención! No estamos pensando en recibir remesas de una tía que vive en otro país y ayuda a la familia, o un primo generoso que no se olvidó de sus orígenes y entonces envía alguna remesa para el cumpleaños de su sobrinito. No, estamos hablando de financiamiento regular, sistemático y permanente de instituciones estatales (o para-estatales), contrainsurgentes, de la principal potencia político-militar del planeta, cuyos fines estratégicos abiertamente declarados apuntan a derrocar a la Revolución cubana. Una cosa es que te ayude tu tía o tu primo y algo absolutamente diferente es que seas un empleado de la CIA, la Ford, George Soros (o una becaria de las fundaciones de imperialismos europeos como la Fundación Ebert que se ha cansado de cooptar artistas, periodistas e intelectuales de Nuestra América a lo largo de décadas para domesticar, neutralizar y disolver las posiciones radicales).


Leer texto completo [PDF]


18 septiembre, 2021

Rosa Luxemburg, la flor más roja del socialismo — Néstor Kohan

 




La revolución es magnífica... Todo lo demás es un disparate

Carta de Rosa Luxemburg a Emmanuel y Matilde Wurm

(18 de julio de 1906)

El socialismo no es, precisamente, un problema de cuchillo y tenedor, sino un movimiento de cultura, una grande y poderosa concepción del mundo

Carta de Rosa Luxemburg a Franz Mehring

(febrero de 1916)


¿Por qué nos reencontramos con ella justo hoy?


Vivimos tiempos de crisis, rupturas, quiebres, reacomodamientos. Lo que parecía estable y eterno, tiembla, se resquebraja, se degrada, zozobra. El Estado de bienestar, los derechos sociales, las instituciones económicas de posguerra, el sistema político-partidario tradicional, los "pactos sociales" entre las burocracias sindicales y las patronales. Todo se pone en cuestión. Nadie queda al margen. No hay espacio para el aislamiento. El mundo capitalista se unifica explosivamente. Crece en extensión y en profundidad.


El capitalismo, desde su mismo nacimiento, ha transitado por muchas crisis. Hasta ahora siempre las ha resuelto de la única manera posible, la que única que conoce: con genocidio, barbarie, guerras, matanzas, tortura, explotación y saqueos. Los costos de las recomposiciones capitalistas los han pagado invariablemente los trabajadores, las clases subalternas, los pueblos sometidos y todos los oprimidos de la historia. La violenta recomposición capitalista que en Europa y EEUU siguió a las rebeliones de los ’60 y a la crisis de los ’70 y en América Latina vino de la mano de las peores dictaduras militares de la historia que aplastaron la insurgencia armada con más de 100.000 desaparecidos, cientos de miles de prisioneros torturados y varios millones de exiliados, no es la excepción. Constituye tan sólo un pequeño eslabón en la cadena oxidada con que el capital nos viene oprimiendo desde hace ya demasiado tiempo.


La mundialización capitalista, como proceso histórico social, y el neoliberalismo, como su legitimación ideológica, son producto de ese avance sangriento del capital por sobre los trabajadores y su intento por disciplinar y someter a todos los sujetos potencialmente contestatarios a escala global. La profundización de la explotación, la marginación y la exclusión social no son "accidentes", "errores" o "excesos" sino el alma viva de este sistema de dominación.


La propia izquierda, en sus diferentes vertientes, no ha quedado inmune a esas violentas transformaciones sociales ocurridas durante el último cuarto de siglo. La caída del muro de Berlín y el derrumbe ideológico que lo acompañó han sido apenas la punta del iceberg de una serie de cambios de época mucho más profundos.


La crisis terminal del stalinismo, otrora reinante en los países del Este, no vino sola. La socialdemocracia de los principales países capitalistas occidentales navegó durante los últimos años entre la corrupción descarada y la adaptación al discurso y la práctica neoliberal. Mientras tanto, en la mayoría de los países del tercer mundo los proyectos nacional-populistas de posguerra terminaban siendo fagocitados por las reformas neoliberales, los ajustes permanentes, la reestructuración de la deuda externa y la agresividad militarista del imperialismo.


Ese panorama sombrío, signado por la contrarrevolución económica, política, cultural y militar que tiñó el ocaso del siglo XX ha comenzado a disiparse. No por arte de magia ni por "mandato ineluctable de la historia" sino por las luchas sociales, las rebeliones populares y las movilizaciones masivas. Hoy se respira otro aire. Vuelven a discutirse los grandes problemas acerca de las alternativas al capitalismo que habían quedado fuera de la agenda de la izquierda durante demasiados años. En Venezuela y en Cuba enfrentadas cara a cara con el imperialismo norteamericano; en las rebeliones populares que derrocan gobiernos títeres en Ecuador y Bolivia; en Brasil, Argentina y Uruguay ante las frustraciones crecientes por las promesas incumplidas de los gobiernos "progresistas"; pero también en el movimiento altermundista de las grandes capitales europeas.


No es casual, entonces, que en ese horizonte de rebeldía y esperanza reaparezca el interés por Rosa Luxemburg [1871-1919] en todos aquellos y aquellas que se sienten parte del abanico de la izquierda radical, anticapitalista y antiimperialista.


Cuando ya nadie se acuerda de los viejos pusilánimes de la socialdemocracia, de los jerarcas cínicos del stalinismo, ni de los grandes retóricos tramposos del nacional-populismo, el pensamiento de Rosa Luxemburg continúa generando polémicas teóricas y enamorando a las nuevas generaciones de militantes. Su espíritu insumiso y rebelde asoma la cabeza —cubierta por un elegante sombrero, por supuesto— en cada manifestación juvenil contra la mundialización de los mercados, las guerras imperialistas y la dominación capitalista de las grandes firmas multinacionales sobre todo el planeta.


Nadie que tenga sangre en las venas y un mínimo de independencia de criterio frente a los discursos del poder puede quedar indiferente frente a ella. Amada y admirada por las y los jóvenes más radicales y combativos de todas partes del mundo, Rosa sigue siendo en el siglo XXI sinónimo de rebelión y revolución. Esos dos fantasmas traviesos que "el nuevo orden mundial" no ha podido domesticar. Ni con tanques e invasiones militares ni con la dictadura de la TV. Actualmente, su memoria descoloca y desafía la triste mansedumbre que propagandizan los mediocres con poder.


El simple recuerdo de su figura provoca una incomodidad insoportable en aquellos que intentan emparchar y remendar los "excesos" del capitalismo... para que funcione mejor. Los que reciclan y maquillan las viejas utopías reaccionarias intentando "convencer" pacíficamente y con buenos modales al capital para que nos explote —un poquito— menos y a sus instituciones para que sean —un poquito— democráticas. Cuando los desinflados y arrepentidos de la revolución entonan antiguos cantos de sirena, disfrazados hoy con el ropaje de la "tercera vía" o el "capitalismo con rostro humano", la herencia insepulta de Rosa resulta un antídoto formidable. Sus demoledoras críticas al reformismo —que ella estigmatizó sin piedad en Reforma o revolución y en La crisis de la socialdemocracia— no dejan títere con cabeza. Constituyen, seguramente, uno de los elementos más perdurables de sus reflexiones teóricas.


Volver a respirar el aire fresco de sus escritos permite admirar la inmensa estatura ética con que ella entendió, pregonó, militó y vivió la causa mundial del socialismo. Una ética incorruptible, que no se deja comprar ni poner precio alguno. Una ética que levanta su dedo acusador contra la corrupción mediante la cual el neoliberalismo del Tío Sam asfixió al mundo durante el último cuarto de siglo, acompañado por su obediente y servil sobrina, la socialdemocracia europea y latinoamericana.


Además de refutar y combatir apasionadamente al reformismo en todas sus vertientes, Rosa también fue una dura impugnadora del socialismo autoritario. En un folleto sobre la naciente revolución rusa que ella escribió en prisión, durante 1918, hundió el escalpelo en los potenciales peligros que entrañaba cualquier tipo de tentación de separar el ejercicio del poder soviético de la democracia obrera y socialista.


Ante el bochornoso derrumbe de la burocracia soviética —que dilapidó el inmenso océano de energías revolucionarias generosamente brindado por el pueblo soviético, tanto en asalto al cielo de 1917 y en la guerra civil como en su heroica victoria sobre el nazismo— aquellas premonitorias advertencias de Rosa merecen ser repensadas seriamente.


Texto completo aquí: https://rebelion.org/docs/17281.pdf


02 septiembre, 2021

“Esas instituciones dedicadas al intento de fabricar consenso tienen nombre y apellido” — Néstor Kohan

 



Fragmento extraído del libro de Néstor Kohan HEGEMONÍA CULTURAL EN TIEMPOS DE CONTRAINSURGENCIA «SOFT».

Gracias a Luis López por revelarnos la existencia de este libro y facilitarnos el enlace en el que se puede descargar.


Sociología de la cultura e historia intelectual

(A modo de presentación)


Estas hipótesis de trabajo, de sociología de la cultura e historia intelectual, escritas, todas ellas, con una indisimulada intención polémica, giran en torno a tres problemas centrales.


En primer lugar, la problemática de la hegemonía y la contrahegemonía. Una vez más, como en algunos libros y antologías que publicamos previamente, reaparece en nuestra ayuda la figura de Antonio Gramsci.


No el Gramsci de la socialdemocracia, el posmodernismo y el «posmarxismo» (durante los últimos años de moda), sino el pequeño pero gigante pensador revolucionario de la Internacional Comunista, discípulo preferido de Lenin y militante clandestino durante muchos años.


Es precisamente Gramsci quien nos enseñó que ni el capitalismo ni el imperialismo pueden sobrevivir exclusivamente por su fuerza técnico-militar, por más poderosa e impactante que ella sea. Al mismo tiempo que amenazan y utilizan la fuerza, necesitan recrear, cotidianamente, su hegemonía. Desmoralizar, fragmentar y dispersar a sus enemigos. «Meterse en el bolsillo», si es posible, sus categorías, sus símbolos y sus banderas, resignificadas, por supuesto, para volverlas funcionales a la dominación capitalista y la vigilancia imperial. Crear no solo ideas y programas, pulidos en un escritorio de oficina del Pentágono, la CIA o el Departamento de Estado, sino estructuras flexibles de sentimientos, sensibilidades e identificaciones (colectivas e individuales) afines a la dominación del mercado, el dinero y el capital.


Es decir, convencer a mucha gente que es imposible vivir de una manera distinta al capitalismo y, al mismo tiempo, generalizar el triste y patético american way of life para todo el orbe; ubicando en la Florida la tierra prometida para la comunidad latinoamericana. Allí donde se puede ser «norteamericano» sin saber hablar inglés, jugando al dominó en camiseta y escuchando música de salsa o reguetón.


Aún en medio de una crisis humanitaria como la que se vive en el año 2021, que ha regado hasta el mes de marzo con más de medio millón de muertos la principal potencia de la tierra (superando, incluso, todos los muertos norteamericanos en ambas guerras mundiales, la de Vietnam, Irak, Afganistán, etc.).


Mucho antes de que el noble intelectual estadounidense, antimperialista sincero, Noam Chomsky empleara la expresión «fabricación industrial del consenso», Antonio Gramsci se había percatado que un buen programa ideológico-político nunca podría triunfar si no se hace carne en la vida cotidiana de las masas populares. Y que esa tarea jamás se logra por el mero fluir vaporoso de ideas atractivas y narrativas seductoras (sean falsas o verdaderas). Hacen falta además instituciones que empujen, presionen —en una u otra dirección— y faciliten que ciertas concepciones del mundo abandonen la pulcritud de su torre de marfil para ganar el corazón, la voluntad e incluso el inconsciente colectivo.


En el caso concreto de la histórica y legendaria lucha entre David y Goliat, entre la pequeña Cuba y el gigantesco imperialismo norteamericano, esas instituciones dedicadas al intento de fabricar consenso y crear contrahegemonía tienen nombre y apellido. En los trabajos de este volumen se recorren una por una. Fundación por fundación, ONG por ONG. Y seguramente nos faltaron abordar varias. Porque los aparatos de la contrainsurgencia imperialista no se reducen a la sigla más famosa en el cine de Hollywood que cuenta con tres letras: CIA.


En Estados Unidos, según la literatura especializada, existen no menos de veinte aparatos de inteligencia y contrainteligencia. A ellos se agregan un elenco interminable de fundaciones paraestatales y finalmente incontables ONG, que carecen completamente de autonomía. Ni la persona más crédula, desinformada e ingenua puede a esta altura aceptar que las ONG que inundan con sus dinerillos, no solo a Cuba sino el conjunto de nuestro continente, pertenecen a la burbuja incontaminada de una etérea y virginal «sociedad civil» globalizada —aquí podemos apreciar un buen ejemplo de cómo el imperialismo intentó apropiarse de la noción gramsciana de «sociedad civil» para terminar convirtiéndola en un comodín completamente funcional a su dominación.


¡Es un secreto a voces! Esas ONG y las fundaciones que siempre caminan a su par, son «tapaderas de la CIA», sellos legales para transferir y blanquear dinero sucio, utilizado en la contrainsurgencia.


Por eso, el primer problema general que recorre todos los trabajos aquí reunidos, gira en torno a los intentos imperiales que pretenden minar la hegemonía socialista de la Revolución Cubana, tratando de crear artificialmente una jabonosa y falsa «izquierda» —todas las comillas incluidas—, no revolucionaria, ajena y reacia al legado inasimilable de Fidel Castro y el Che Guevara. Un intento de «aproximación indirecta» —como lo hubiera denominado el célebre estratega y capitán B.H. Liddell Hart— destinado a ganar la guerra sin combatir, minando la moral del enemigo. Es decir, esforzándose por construir una opción pretendidamente «democrática» —poner aquí, igualmente, veinte pares de comillas—, contra el proyecto comunista, al que se sigue calificando, con escasa originalidad, de «totalitario» (¿por qué no es original esa descalificación? Pues porque la cruzada «antitotalitaria» proviene de la guerra fría y más precisamente del auge del macartismo —¡nacido hace nada menos que 70 años!—, al que capitularon ideológicamente desde la erudita y refinada Hannah Arendt hasta el marxista converso Karl Popper, por no hablar del empleado rentado de la CIA Isaiah Berlin, escritor de libros a sueldo y biografías por encargo contra Karl Marx).


Este supuesto «descubrimiento ultra novedoso», que vendría a rellenar los presuntos agujeros vacíos del socialismo y el comunismo, donde las palabras «democracia» y «república» se enarbolan sin nombre ni apellido, sin referencias de clase ni determinaciones históricas, sociales ni geopolíticas, no es tan nuevo como se postula.


Quizás por picardía o, mucho más probablemente por simple ignorancia, se hace tabla rasa con la historia intelectual de los debates socialistas y comunistas frente a la tradición liberal.


No es malo intentar innovar, porque el marxismo no puede quedarse petrificado en la historia, pero para eso hay que tomarse el trabajo de conocer en profundidad la historia intelectual de los problemas que pretenden abordarse (eso que en los estudios académicos suele denominarse «el estado del arte»). Cuando ese trabajo falta, la ignorancia, siempre perdonable y comprensible si es inocente y desprevenida, se transforma en imperdonable altanería y petulancia. Y si a eso le agregamos el financiamiento de instituciones que de ningún modo están interesadas en el conocimiento sino, lisa y llanamente, en derrocar a la Revolución Cubana, perdón, en lograr «la transición», el problema se complica aún más.