Mostrando entradas con la etiqueta colapso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta colapso. Mostrar todas las entradas

02 mayo, 2025

SOBRE LOS APAGONES ENERGÉTICOS — Andrés Piqueras

 



BLOG DE A. P. – 02/05/2025


Algunas ideas básicas.


La energía, los transportes y las comunicaciones son elementos básicos de las sociedades desde siempre. Su control es base sine qua non de la soberanía. Uno de los pilares de la construcción de los Estados modernos fue el control de esos elementos.


Hasta no hace mucho para que otro Estado se apropiara de ellos tenía que llevarlo a cabo militarmente.


Hoy no. Desde el capitalismo neoliberal financiarizado (al igual que en la fase de financiarización de finales del siglo XIX y principios del XX) las grandes corporaciones transnacionales se adueñan más y más fácilmente de esos sectores estratégicos con la complicidad de las elites estatales. En el caso del Reino de España la falta de soberanía se comprueba observando cómo elementos indispensables para la vida social están en manos de esas corporaciones (algunas entidades públicas de otros Estados, como la Enel italiana, o el fondo soberano noruego), que en buena parte, a su vez, están poseídas por los grandes fondos de inversión (sobre todo, en este caso, Blackrock). Los cuales, por cierto, están interpenetrados con el complejo militar estadounidense y el poderío mundial anglo-sionista.


Así que la estatalización de esos recursos sería un primer paso básico para recuperar al menos cierta soberanía energética y no dejar en manos de otros los recursos estratégicos. Además, a partir de ahí, garantizar la prelación del servicio a las poblaciones por sobre la ganancia de unos muy pocos, que han conseguido imponer un perverso juego de subasta para fijar los precios de la energía según el postor más alto (en vez del más bajo). El gran-gran empresariado español sabe que controlando la energía no sólo pueda obtener beneficios sin fin a costa de las poblaciones, sino que puede aún más controlar a la sociedad.


Los agentes institucionales del capital, por su parte, reciben el pago correspondiente por sus servicios a través de puertas giratorias que les catapultan a la administración de las empresas que controlan la energía. Así se cierra el círculo.


Moraleja: si la sociedad aprendiese las lecciones a partir de lo que sucede podríamos empezar a transformar situaciones.


No abundo más en ello, porque los artículos que adjunto ya lo hacen con extensión precisión y buena cantidad de detalles, además de inclusión de otras fuentes de información.


★


El apagón de España:una llamada urgente a la nacionalización de la electricidad y las telecomunicaciones. Por Joaquín Castro


★


DE CÓMO LAS ELÉCTRICAS SE ADUEÑARON DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA: SUS HOMBRES, SUS MEDIOS DECOMUNICACIÓN, SU BLINDAJE CONSTITUCIONAL - Canarias-semanal


★


El colapso de la red española – Alonso Romero


★


https://canarias-semanal.org/art/37960/cuando-todo-se-detiene-la-peninsula-iberica-canarias-y-la-leccion-del-gran-apagon


★


Apagón en España y Portugal, el precio de privatizar un servicio básico


★


14 septiembre, 2021

11-S Colapso de las torres... y del Imperio ————— Finian Cunningham

 

Sputnik - 13/09/2021

Traducción del inglés: Arrezafe


Los 245 años de historia de los Estados Unidos como entidad política han sido un largo tránsito de guerras y más guerras. Se estima que casi el 95 por ciento de dicho lapso histórico ha visto a la nación involucrada, tanto en guerras totales como en conflictos provocados u otros subterfugios militares. Pero desde los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos ha entrado en modo de hiperguerra. Hace veinte años, la invasión y ocupación de Afganistán marcó el comienzo de muchas otras guerras estadounidenses y operaciones encubiertas desde Asia hasta África, desde el Medio Oriente hasta las Américas.


En un determinado momento, la antigua administración Obama estaba bombardeando siete países simultáneamente, todos en nombre de la llamada “lucha contra el terrorismo”. Cientos de bombas estadounidenses llueven en algún lugar del planeta todos los días.


Lo que es repugnante es cómo el evento del vigésimo aniversario del 11 de septiembre de este fin de semana ha estado marcado por los solemnes discursos del presidente estadounidense Joe Biden y su homólogo británico Boris Johnson, los dos países que encabezaron la era de la “Guerra contra el terrorismo”.




Biden afirma que el 11 de septiembre demuestra la "unidad y resistencia" del pueblo estadounidense, mientras que Johnson se jacta con trivialidades sobre el 11 de septiembre que muestran que "los terroristas no derrotaron la democracia y las libertades occidentales". Esta palabrería autoindulgente es tan despreciable como nauseabunda.


Dos décadas después de que Estados Unidos y Gran Bretaña lanzaran su criminal guerra relámpago contra Afganistán y el resto del mundo, esas dos naciones están más arruinadas desde el punto de vista financiero e internamente más amargamente divididas que nunca. Se ha hecho más evidente aún que sus llamadas democracias son en realidad oligarquías en las que una pequeña y rica élite gobierna a una empobrecida masa de personas, espiadas y tratadas como siervas por opacas agencias secretas y medios de comunicación que corean a sus oligárquicos amos.


Una genuina conmemoración del 11 de septiembre, implicaría un levantamiento masivo del pueblo para derrocar el sistema de clases belicista al que Biden y Johnson sirven como testaferros.


Esta misma semana, los estados estadounidense y británico están admitiendo que, de hecho, sus respectivas sociedades están colapsando debido a la vasta desigualdad económica y a la ruina de las infraestructuras y los servicios públicos. La administración Biden está tratando de liberar un presupuesto de 4.5 billones de dólares para aliviar la pobreza y reparar carreteras, puentes, edificios y otros servicios públicos decrépitos. 


44 millones de estadounidenses viven en la pobreza

14 millones de personas viven en la pobreza en UK


El régimen de Johnson en Gran Bretaña se ve obligado a admitir que el Servicio Nacional de Salud está asfixiado por una crónica falta de financiación. Se están subiendo los impuestos que afectarán a los trabajadores de bajos ingresos para pagar los 12 mil millones de libras (16 mil millones de dólares) necesarios para apuntalar el debilitado servicio de salud.


Todo el coste de intentar reparar a los EEUU y Gran Bretaña para hacer de estos países lugares mínimamente decentes para que sus ciudadanos puedan vivir, podría haber sido cubierto con el gasto empleado en las guerras de Afganistán, Irak, Libia, Siria, Somalia, Yemen y demás lugares en los que Estados Unidos y Gran Bretaña han estado involucrados directa o indirectamente.


Una nueva estimación del costo de la "guerra contra el terror" sólo por parte de Estados Unidos se estima en 8 billones de dólares. Esto es aproximadamente el doble del proyecto de ley de infraestructura que Biden está tratando de aprobar en el Congreso. Los políticos estadounidenses que se oponen a ese extravagante "presupuesto de rescate", no tuvieron reparos en gastar 8 billones de dólares en guerras. También se estima que la aventura militar de Gran Bretaña en Afganistán costó un total de 30 mil millones de dólares. Nuevamente, imagínense cuanto mejor podría estar la sociedad británica si ese dinero se hubiera invertido en atender las necesidades sanitarias de sus ciudadanos.



El 11 de septiembre marcó el comienzo de una orgía de guerras y destrucción por parte de las clases dominantes estadounidenses y británicas, apoyadas e instigadas por sus serviles políticos y los medios corporativos que mintieron a cada paso para encubrir la criminalidad.


Pero el 11 de septiembre también marcó el comienzo de desenfrenados regímenes belicistas en Washington y Londres que han desangrado al pueblo estadounidense y británico, tanto financieramente como de sus derechos democráticos. En 2001, la deuda nacional de Estados Unidos era de aproximadamente 6 billones de dólares. Este año, la carga de la deuda sobre las futuras generaciones estadounidenses ha aumentado a 28 billones de dólares, una carga aplastante e insostenible impulsada en gran medida por guerras criminales.


Los costes de atención médica para los veteranos militares estadounidenses heridos y mutilados por las “guerras contra el terrorismo” se estiman en 2 billones de dólares y se calcula que más de 30.000 militares y veteranos estadounidenses se han suicidado durante los últimos 20 años. Eso es 10 veces la cantidad de estadounidenses que murieron el 11 de septiembre.


Millones de civiles inocentes murieron en las guerras emprendidas por Estados Unidos y Gran Bretaña tras del 11 de septiembre. Tanto sufrimiento y destrucción para nada, excepto para el lucro de las corporaciones militares y el enriquecimiento de la ávida élite oligárquica.


Estados Unidos y Gran Bretaña han sido tan deformados por guerras criminales que se han vuelto disfuncionales y distópicas. Han propiciado estados fallidos en todo el mundo, pero no más de lo que han fallado a sus propios y respectivos pueblos. Las torres que cayeron el 11 de septiembre fueron la premonición de un colapso mucho mayor.

●


29 marzo, 2020

Carlos Taibo: "Nos hallamos ante una crisis que se sitúa en la antesala del colapso"




x Boro LH – La Haine.org – 27/03/2020

Charlamos con el escritor, profesor y anarquista Carlos Taibo, autor, entre muchos otros, del libro "Colapso. Capitalismo terminal. Transición Ecosocial . Ecofascismo"

En la situación actual en la que nos encontramos de pandemia global y Estado de alarma muchos nos preguntamos si lo que estamos viviendo es el principio del colapso del sistema económico como consecuencia de todos estos hechos. Sobre ese colapso del sistema capitalista y lo que vendrá después ha escrito el anarquista Carlos Taibo en una de sus últimas obras "Colapso. Capitalismo terminal. Transición Ecosocial. Ecofascismo".

Desde La Haine hemos tenido el placer de charlar con él sobre los hechos que estamos viviendo en estos días, si estos hechos nos llevan a ese colapso, o al "principio del fin" del actual sistema económico, así cómo sobre otras cuestiones relacionadas con la dura realidad que estamos viviendo a nivel global en estos momentos detonada por la pandemia global del Covid19.

Hola, Carlos. En uno de tus últimos libros hablabas del colapso del sistema capitalista. Vista la situación actual, ¿podemos decir que nos encontramos en el principio de algo así?

Es difícil responder. El colapso por el que me interesaba en ese libro remitía ante todo a las consecuencias, letales, del cambio climático y del agotamiento de las materias primas energéticas. Pero hablaba también de la existencia de factores que, aparentemente secundarios, podrían oficiar, sin embargo, como multiplicadores de las tensiones. Y entre ellos se refería expresamente a epidemias y pandemias. Igual una manera de salir del entuerto consiste en afirmar, con todas las cautelas, que nos hallamos ante una crisis que se sitúa en la antesala del colapso. Las cosas como fueren, muchos de los hechos que se suceden estos días, en lo más cercano y en lo más lejano, me sitúan en el escenario que manejé cuando escribí ese libro.

Se habla mucho del origen de este virus, de si ha sido algo fortuito, de origen natural o si por el contrario ha sido introducido con fines geopolíticos ¿Qué opinión tienes tú al respecto?

No tengo datos fehacientes al respecto. Ninguna explicación me sorprende. Pero soy poco propenso a aceptar las tesis de corte conspiratorio. Me parece que la miseria cotidiana del capitalismo contemporáneo, incluidas sus versiones estadounidense y china, es suficientemente ilustrativa como para que no precisemos explicaciones especiales. Más allá de ello, creo que muchas tesis conspiratorias atribuyen al sistema que padecemos unas capacidades mayores de las reales, olvidan sus numerosas disfunciones y bien pueden tener, al amparo de llamativas paradojas, un efecto desmovilizador de las resistencias.

Está claro que, pase lo que pase, la situación actual ha puesto a la clase obrera en la más absoluta de las indefensiones, donde algunos se han visto de repente despedidos de sus trabajos y peligra su sustento, su vivienda y sus necesidades más básicas, y por otro lado, otros miles tienen que ir a sus puestos de trabajo sin ninguna medida de seguridad, arriesgando así su salud y la de los de su entorno. Eso es lo que está ocurriendo ahora mismo, pero ¿qué consecuencias va a tener esta crisis en la clase obrera a medio y largo plazo?

Lo primero que debo subrayar es que, pese a afirmaciones como la que sugiere que la pandemia toca a todo el mundo por igual, salta a la vista que exhibe una rotunda dimensión de clase. Se ha señalado con frecuencia que sus efectos no son los mismos sobre los ricos, que pueden confinarse en sus mansiones en Marbella, sobre la clase media, acaso beneficiaria principal de esa farsa que es el teletrabajo, y sobre las clases populares, que las más de las veces tienen que seguir acudiendo a trabajar en condiciones infames. Pruebas y tratamientos se dispensan, también, con arreglo a criterios visiblemente clasistas.

Si se preserva el escenario actual, cada vez más tétrico, dominado por el sindicalismo de pacto, el panorama de cara al futuro se antoja muy delicado. A día de hoy, y por lo demás, no sé con qué quedarme a la hora de identificar la conducta dominante: si con el apoltronamiento general que se aprecia en tantos lugares o con una indignación en ascenso que invita a atisbar un renacimiento del sindicalismo de combate. No está de más que agregue que, si nuestra situación es mala, aún peor lo es, y con creces, la de muchos de los habitantes de los países del Sur. Espero, en cualquier caso, que no cale el mensaje de que las renuncias de hoy permitirán la recuperación de mañana.

El progresivo deterioro de la sanidad pública, así como la entrada cada vez mayor en las últimas décadas de las empresas privadas en el sector de la sanidad han supuesto que el sistema sanitario esté desbordado para hacer frente a la pandemia. ¿Crees que podremos darle la vuelta a esta situación y que lo que está pasando se convierta en el argumento irrefutable para exigir una sanidad pública y de calidad?

La indignación que se hace valer en estas horas ante las consecuencias, dramáticas, del deterioro de los sistemas sanitarios, ante la ineptitud de los responsables políticos y ante su subordinación a los intereses empresariales debería provocar una tensión fuerte, fortísima, en el sentido que propones. Queda por determinar, eso sí, si no asistiremos a la manifestación de un ejemplo más de memoria flaca y olvido rápido. Si, por otra parte, el flujo principal en los estamentos de poder en todo el planeta lo es, incipientemente, en provecho de un proyecto ecofascista está claro qué ocurrirá con la sanidad. Tengo que señalar, en fin, que a mi entender no es suficiente con defender los servicios públicos: esa defensa tiene que reclamar, al tiempo, su autogestión y su socialización plenas.

Mientras dura la crisis todas las actividades, movilizaciones, etc. de los movimientos populares están paradas. ¿Crees que el sistema aprovechará esta crisis para tratar de paralizar los movimientos disidentes y fomentar el individualismo frente a lo colectivo?

Entiendo que, aunque no estrictamente buscado, lo que está sucediendo en el Estado español es un experimento decisivo para calibrar qué es lo que pueden hacer con nosotras. Y pienso tanto en el despliegue de un proyecto aberrantemente estatalista, jerárquico, autoritario y militarizado como en la servidumbre voluntaria a la que se ha entregado buena parte de la población. Es verdad, con todo, y en sentido diferente, que están proliferando las iniciativas de apoyo mutuo que anuncian, ojalá, la irrupción de nuevos movimientos de resistencia empeñados, en efecto, en colocar lo colectivo en el núcleo de su acción y de sus preocupaciones. Qué interesante es recuperar, por cierto, el término ‘apoyo mutuo’. No descarto en modo alguno, de cualquier forma, que el aparato represivo que padecemos aproveche la tesitura para deshacerse de realidades incómodas.

Estamos viviendo a nivel mundial un incremento exponencial del autoritarismo y de políticas represivas. ¿A dónde crees que nos lleva esta peligrosa tendencia?

Me resulta inevitable vincular el experimento mencionado con el horizonte del ecofascismo. No se olvide que en una de sus dimensiones principales este último bebe de la idea de que en el planeta sobra gente, de tal manera que se trataría, en la versión más suave, de marginar a quienes sobran –esto ya lo hacen– y en la más dura, directamente, de exterminarlos. Ya sé que es manifiestamente excesivo vincular lo que ocurre en estas horas con el despliegue ostentoso de un proyecto ecofascista. Pero no lo es, en cambio, la sugerencia de que eso que sucede prepara el terreno y acrecienta los conocimientos al servicio de un proyecto de esa naturaleza.

El ejército está en las calles en el Estado español, pero a nivel internacional en más países empieza a pasar lo mismo. Además, EE.UU. tenía previsto unos ejercicios militares en Europa donde preveía desplegar a 37.000 militares. Aunque oficialmente dicen haber suspendido la mayor parte de las maniobras, mantienen varios miles de soldados desplegados, más otros miles que tienen permanentemente en bases en Europa ¿Es casual tanto movimiento militar?

La retórica de la guerra, y de los soldados, ha reaparecido con toda su fuerza, supuestamente al servicio de un proyecto humanitario, ya no externo, sino interno. Vuelvo a lo del ecofascismo. Un horizonte de esa naturaleza reclama, inexorablemente, herramientas militares. Y exige ratificar la preeminencia de los países ricos sobre los desheredados de siempre. Aunque nada nuevo hay en ello, habrá que estar muy atentas para identificar lo que, en este terreno, será un legado mayor del fortalecimiento represivo de la institución Estado al que asistimos en estas horas. Con Estados Unidos, como siempre, en cabeza.

Mientras gran parte de la población mundial se está quedando en casa, muchas actividades laborales, industriales, etc. se han suspendido y las carreteras están prácticamente vacías ¿Crees que el planeta respira aliviado, aunque sólo sea por unas semanas? Desde un punto de vista ecologista, ¿podemos aprender algo de esta situación?

Es cierto que hemos asistido a una significativa reducción de la contaminación en el planeta, a un retroceso en el consumo de combustibles fósiles y a un freno salvaje de la turistificación. Claro es que hay que preguntarse si alguno de esos procesos, afortunados, ha venido para quedarse o si, como parece, acabarán por retroceder. Obviamente, y en el estadio actual, no obedecen a la lógica de lo que algunas llamamos decrecimiento ni se ven acompañados de un proyecto social que apueste por la desjerarquización, la desurbanización, la destecnologización, la despatriarcalización, la descolonización, la descomplejización y la desmercantilización de mentes y sociedades. Otra cosa es, eso sí, que nos puedan servir como herramientas para subrayar las miserias del orden heredado y la imposibilidad de sostenerlo.

Ante esta situación, ¿qué alternativas tenemos la clase obrera y los movimientos populares anticapitalistas?

Las de siempre. Por un lado, colocar en el núcleo del debate la discusión sobre el capital, el trabajo asalariado, la mercancía, la plusvalía, la alienación, la explotación, el expolio de los países del Sur, la sociedad patriarcal, las guerras imperiales, la crisis ecológica y el colapso. Por el otro, perfilar movimientos anticapitalistas que, lejos de la lógica de los Estados, coloquen la autogestión y el apoyo mutuo en el núcleo de su acción. Y sumar al acervo de esos movimientos muchos de los elementos propios de las sociedades precapitalistas. Ya sé que fácil no es.

Muchas gracias, Carlos. ¿Hay algo más que quieras añadir para nuestros lectores?

En estas horas me parece urgente distinguir la solidaridad desnuda y espontánea que se ejerce desde abajo y la que, antes aparente que real, se despliega conforme a intereses ajenos y fórmulas autoritarias. Y hay que estar, claro, con los viejitos y las viejitas.

Gracias, compañero, salud y un placer charlar contigo.


07 julio, 2019

¿Qué tiene de especial el capitalismo?





" –Miguel Fuentes: ¿Qué tiene de especial el capitalismo en comparación con otras sociedades complejas tales como el Imperio Romano, la Sociedad Maya Clásica, la Dinastía Han, el Imperio Gupta y muchas otras a lo largo de la historia como para ser totalmente "inmune" a un fenómeno de colapso? ¿Quizás su avance tecnológico? ¿Se olvida acaso Löwy que, más allá de los fenomenales avances técnicos del capitalismo en una serie de esferas, aquel sigue poseyendo prácticamente la misma base productiva-energética que aquella que tenía hace dos siglos? ¡La misma vieja locomotora de hace dos siglos que, a pesar de poseer en sus compartimientos superiores laboratorios de nanotecnología, satélites y tecnología de GPS, sigue necesitando de los mismos "producto de plantas" de hace doscientos años (entre otros el carbón, el gas y el petróleo) para moverse! Y pueden mencionarse aquí, asimismo, los resultados de un reciente estudio financiado parcialmente por la NASA y liderado por el matemático Safa Motesharrei en el cual, realizándose una proyección del curso de la sociedad industrial actual a partir de la aplicación de un modelo predictivo HANDY, se muestra como esta última se estaría dirigiendo, aceleradamente, al colapso.

La razón de esto se encontraría en la combinación de algunos factores tales como la sobreexplotación de recursos, el cambio climático, la existencia de una élite demasiado rígida y la desigualdad extrema. Es prácticamente imposible que la sociedad capitalista actual, tecnológica y económicamente atrasada para enfrentar los peligros de envergadura geológica-planetaria que se nos avecinan, siga subsistiendo ante un escenario de crisis ecosistémica generalizada como aquella que estaría a punto de producirse. Debemos tener en cuenta aquí, asimismo, que una vez que las defensas que tiene el sistema capitalista para sostenerse ante una crisis comiencen a fallar, será la propia complejidad de este sistema la cual podría volverlo mucho más vulnerable ante un potencial fenómeno de colapso. El caso de la caída del Imperio Romano es un ejemplo de lo anterior."



“Ecosocialismo versus Marxismo Colapsista (I y II)”
http://sinpermiso.info/textos/ecosocialismo-versus-marxismo-colapsista-i-y-ii

28 abril, 2016

Colapso - Juan José Guirado

artículo completo aquí 

"Prosigue la acumulación por desposesión como única forma de capitalizar cuando merma la riqueza del mundo. Si unos pocos acumulan cada vez más de lo poco que queda, otros muchos se encuentran en una situación insostenible. Cada vez menos de un lado, cada vez más del otro. Es inevitable pensar en un fallo sistémico.


La metáfora que viene a mi imaginación es la de un corrimiento de tierras. En suelos poco coherentes, el terreno no puede tener una inclinación mayor que la del llamado talud natural, el ángulo en que el rozamiento interno equilibra la tendencia del material a deslizarse pendiente abajo. Cuando la humedad disminuye ese rozamiento o una excavación imprudente socava la pared, se produce el desplome.


También para las sociedades, como para los terrenos, hay un límite en su coherencia interna. Es en condiciones de agotamiento de recursos cuando se alcanza la ruptura. No siempre ello conduce a una reacomodación o a un cambio organizativo que mejore la situación y restablezca el equilibrio. Es frecuente que la sociedad entera se derrumbe, que colapse."

________________________________________________