05 enero, 2022

“Ajenos a lo crucial, nos centramos en tonterías” — Rafael Poch

 

Hacia una crisis de misiles nucleares en Europa

Mientras se incuban los mayores peligros militares, nos arrullan con los desmanes de Putin

Rafael Poch – 4/01/2022 – ctxt


"Cuando le señalan la Luna, el necio mira el dedo”, reza la conocida máxima atribuida a Confucio. Su contenido es muy simple: ajenos a lo crucial, nos centramos en tonterías. Y lo crucial es el enorme peligro de repetir en Europa algo parecido a una “crisis de los misiles del Caribe" de 1962, ahora con Ucrania en el centro.


Desde hace años la potencia militar más fuerte y agresiva del mundo, Estados Unidos, está rodeando militarmente a Rusia y a China. Como esos dos países son grandes potencias nucleares de vocación imperial, los peligros de la operación son obvios para cualquiera con sentido común. No lo hay en Bruselas, ni en las mentes de nuestros disciplinados políticos, expertos y periodistas "atlantistas".


Una buena muestra es la respuesta del redomado irresponsable secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, a los tímidos coqueteos de algunos socialdemócratas alemanes de que convendría acabar con la presencia de las armas nucleares de Estados Unidos en suelo alemán: "Por supuesto, Alemania puede decidir si deja de albergar armas nucleares, pero la alternativa es que acabaríamos teniéndolas en otros países de Europa, más al este de Alemania".


Seguir leyendo 👉🏿 aquí.


★




TRABAJO: construcción de un horno (admirable trabajo del maestro albañil)

 





03 enero, 2022

DESECHOS — Luis Britto García

 



"Primero desarrollé maquinarias para automatizar la agricultura y desechar a los campesinos. Luego construí maquinarias para automatizar la producción industrial y desechar a los obreros. Posteriormente monté maquinarias de automatizar formulación de diagnósticos, interpretación de leyes y cálculo de estructuras, para desechar médicos, abogados, ingenieros. Armé la máquina combinatoria que redacta relatos y poemas y realiza sinfonías y obras plásticas, para desechar a los artistas. Al fin todas las maquinarias unidas me desecharon a mí."


[Aportación del camarada Luis López]


★


01 enero, 2022

¿QUÉ SENTIDO? — Günter Anders

 

No basta con transformar el mundo.

Eso lo hacemos sin más.

Eso sucede ampliamente incluso sin nuestro concurso.

También tenemos que interpretar esa transformación,

precisamente para transformarla,

para que el mundo no siga cambiando sin nosotros

y no se transforme al final en un mundo sin nosotros.



II. EL DESPLAZAMIENTO DEL VACÍO DE SENTIDO


Dediquémonos ahora, después de haber descubierto las dos raíces de la falta de sentido, a los medios con que se intenta un remedio contra la misma; hay dos: la ayuda externa y la autoayuda.


§ 3

La ayuda externa


A quien tan sólo haya hojeado la literatura sobre esta cuestión tendría que desconcertarle (que no es el caso) que sólo de vez en cuando –o incluso cabe decir nunca– se habla de la falta de sentido efectiva de nuestra vida, sino siempre sólo del sentimiento de la falta de sentido, como si este sentimiento fuera la verdadera desgracia y sólo se necesitara su eliminación; como si el dolor de muelas fuera la enfermedad. En ningún autor se encuentra la inequívoca afirmación: "Sí, nuestra vida carece efectivamente de sentido”: En ninguno, la pregunta sobre si, en general, la añoranza de sentido tiene sentido.


Por supuesto, esto no es infundado, pues está claro que quien admitiera la falta de sentido como un hecho se separaría de la técnica (que, como hemos visto, es la raíz de la falta de sentido); y, además, que todo establishment, no importa de donde sea, se vería condenado a la muerte justo por ese distanciamiento de la técnica. Por eso la falta de sentido es casi desplazada directamente.


Y no sólo por los establishments que dan trabajo, sino también por los millones de trabajadores que, si en realidad miraran de frente la falta de sentido de su trabajo y su vida, tendrían que abandonar totalmente su trabajo. De hecho, el número de honestos, es decir, de quienes admiten su propia falta de sentido es incomparablemente menor que el de los que la desplazan. Éstos –y se trata de cientos de millones– subrayan muy comprensiblemente {y con más énfasis los amenazados por el paro y los de hecho parados) que el trabajo como tal es un sagrado derecho fundamental, que ellos reivindican. Y como a sus ojos sería absurdo definir como un sinsentido algo que proclaman como derecho sagrado, evitan eficazmente reconocer la falta de sentido de su trabajo. Si se les recordara la verdad bíblica de que el trabajo, incluso el más pleno de sentido, o sea, el que satisface las necesidades inmediatas, se consideró en su origen y hasta hace bien poco como maldición, no podrían admitirlo a pesar del hecho de que su trabajo es más maldito que todos los trabajos anteriores de la humanidad. Y no justo porque sean incapaces de experimentar al mismo tiempo algo como "positivo” o sea, sagrado, y como "negativo", o sea, sin sentido y como maldición.


III. LA LUCHA CONTRA EL SENTIMIENTO EN VEZ DE CONTRA LA COSA

§ 4

Extorsionadores del sentido


Así argumentan, pues, millones (si se puede hablar de "argumentar", ya que este argumento jamás se formula explícitamente). Pero no todos los millones sufren -y como vimos antes, con toda razón- la falta de sentido. Volvamos, pues, a éstos.


Y dado que hay que empezar de inmediato con la explicación de que ese sufrimiento, a pesar de haberse convertido hoy en moda hablar sobre el sentimiento de la falta de sentido, no se toma en realidad en serio. Lo que ahí se pone de manifiesto, como ya se ha apuntado antes, es que se trata sólo del sentimiento de la falta de sentido en vez de la falta efectiva de sentido. Y cuando digo "trata'', no me refiero sólo al tratamiento teórico, sino también al terapéutico.


Por lo general no se hace esta distinción: la exposición filosófica del problema queda a menudo completamente inarticulada. Pero puede valer como regla que lo que vale no es la cosa misma, la sentida falta de sentido como situación que hay que curar, sino el sentimiento de la falta de sentido. Especialmente en Estados Unidos hay legiones de terapeutas –llamémoslos extorsionadores del sentido– que ven en la existencia de ese sentimiento su sentido de la vida, o sea, que viven de su existencia; y que no sólo afirman que curan ese sentimiento, sino que incluso anuncian sin vergüenza poder dar sentido a la vida. Y no necesitamos siquiera ir a buscar a estos miles, pues también nos llegan hasta Europa. A diario, a una hora determinada, fluye el desatino contra ese sentimiento desde las bocas radiofónicas de los triviales psicólogos, eclesiásticos y filósofos de todas las denominaciones, que cuando emiten su sinsentido sobre el "sentido" y sobre la "pérdida de sentido" se parecen como un huevo a otro. En general, todos están orgullosos, como modernos contemporáneos, de hallarse al corriente de la tercera escuela psicoanalítica, que ha entronizado como enfermedad actual el sentimiento de la pérdida del sentido en lugar del complejo de Edipo y de inferioridad. 




Y no sólo se presentan como los apóstoles de esa tercera escuela; incluso tienen la sorprendente audacia de poner en boca de Dios y de Jesús el vocabulario que sólo pueden haber extraído de los escritos del fundador de esa escuela, Victor E. Frankl, pues la Biblia no conoce nuestro concepto de "sentido"; es una falsificación que pueden permitirse impunemente por los conocimientos, claramente escasos, de la comunidad radiofónica. Por supuesto, estos predicadores del sentido no tienen exactamente el mismo interés, pues utilizan expresiones que se contradicen entre sí de la manera más ruda: lo principal es que aparezca el término "sentido"; así, unas veces se dice que Dios o Jesús es el sentido (o cosa que es diferente, que el "sentido" de nuestra existencia es seguir a Dios o a Jesús). Pero un minuto después nos exhortan a aplicar voluntad al sentido (también ésta es una expresión de Frankl), cosa que desemboca lisa y llanamente en una contradicción, pues esta fórmula expresa sin ambigüedad que debemos o tenemos que buscar y encontrar o, mejor, inventar (según la expresión "dar sentido") el sentido por nosotros mismos (escondido de manera insensata, Dios sabrá por qué genie malin). De hecho, hace poco ha fluido de la radio (no menos indulgente que el papel) la fórmula self-made-man: cada uno es el forjador de su sentido. Y no basta que estos predicadores radiofónicos de la tercera escuela de Viena nos aseguren, dándonos palmaditas en la espalda, que con sólo poner una adecuada voluntad al sentido ya habríamos conseguido la mitad del objetivo ("Donde hay voluntad, hay un sentido": la misma fuente), también se osa hacer pasar esta expresión sinsentido-optimista, que naturalmente se aplaude con brío en Estados Unidos, como una exhortación de Dios o Jesús: hace poco, uno de estos sabios de Radiolandia incluso aseguraba que "propiamente" Dios pensaba en ese "poner voluntad al sentido" cuando nos creó; "propiamente": está claro que el magister sabe mejor que Dios lo que éste tenía en mente, pero por desgracia aún no lo podía haber formulado tan bien como un franklista. El no creyente se cubre el rostro lleno de vergüenza.


Quienes nos animan a combatir el sentimiento de la falta de sentido –y de estos hay actualmente miles– no son mejores que lo eran los políticos, cuando a los hambrientos de la región del Sahel les daban el consejo de luchar contra su sentimiento de falta de pan: un cinismo que aún no se ha permitido ningún hombre de Estado. Y cuando los psicoterapeutas se atreven a engatusar con ese "poner voluntad al sentido" a los millones que pasan su existencia realmente sin sentido en los despachos o las fábricas o como parados ante la televisión, no son mejores que serían los hombres de Estado que recomendaran a los hambrientos un "poner voluntad a saciarse" y les dieran a entender que esa voluntad ya es la mitad del pan con que podrían saciarse enseguida si lo quisieran de verdad.


Miles de psicoterapeutas engañan con semejantes discursos solemnes a los pacientes que les consultan porque sienten crónicamente un "vacío de sentido". En vez de conceder con honestidad a los pacientes: "Tiene razón, su sentimiento es legítimo. De hecho, para usted, la vida que lleva (como trabajador en la fábrica de agujas o como vitalicio face lifter o como vendedor de lotería) no tiene ningún sentido, por más que su actividad pueda ser útil para esta o aquella persona o aunque sea 'humanizada'. Pero no crea que la expresión 'sentido de la vida', que usted utiliza, tiene algún sentido o que usted había tenido alguna vez antes lo que me transmite con tanto dolor como un objeto perdido; lo anterior no era una posesión de sentido, sino una situación en que usted no tenía hambre de sentido. O incluso, podría hacer que le prepararan una prótesis de sentido para un sentido supuestamente perdido. ¿Por qué presupone usted que una vida, además de estar ahí, también debería o podría 'tener' algo más, eso que usted denomina 'sentido'? No deje que le hagan creer que podría encontrar su sentido de vida (pues no está escondido en ninguna parte; es más, no existe); o incluso que otro, por ejemplo, yo, el supuesto terapeuta, pueda encontrarlo para usted y, luego, implantárselo como un diente postizo. No, lo único que usted no ha perdido, porque jamás lo había poseído, tampoco puede volver a encontrarlo nadie con la mejor voluntad. E incluso suponiendo que su vida 'tenga' un 'sentido': qué mezquino y contradictorio, por no decir inmoral, tiene que ser un sentido si se esconde tan profundamente (a pesar de que, en teoría, tiene el 'sentido' de servir como guía y justificación de su vida) que resulta ilocalizable e irreconocible, es decir, si falla totalmente respecto a su función. El trivial lenguaje filosófico usual prefiere utilizar la expresión sentido profundo y supone que la vida o el mundo debe tener un sentido semejante; pero el discurso de la 'profundidad' sólo surge de que la búsqueda del sentido, en cuanto sinsentido, se queda en suposición; por eso se escava siempre 'más profundamente': “cuanto menos se encuentra, más profundo tiene que ser. Cuanto peor, mejor''. Al respecto tengo que recordar que no son palabras mías, sino más bien las ficticias de un psicoterapeuta honesto.


No, el sentimiento de la falta de sentido de la vida no es un síntoma que necesite un tratamiento, sino un sentimiento del todo justificado ante el hecho de la falta de sentido, un signo de la disponibilidad intacta a la verdad, por no decir directamente: un síntoma de salud. Claro que esta disponibilidad a la verdad, por paradójica que pueda sonar, exige que dejemos de buscar "sentido''. En cualquier caso: los realmente enfermos –y hay cientos de millones– son quienes nunca han notado que llevan, de hecho, una vida sin sentido, o sea, quienes pronto aprendieron con éxito a vivir en la falta de sentido y a no esperar otra cosa.




Y en cuanto a los miles de terapeutas, se parecen a los barkeepers de los poblados del salvaje Oeste en que se agolpaban los buscadores de oro: esos dueños de los bares no excavaban en busca del supuesto oro, sino que lo encontraban gracias a los que acudían en su busca y que, en el 99 por ciento, se arruinaban. O con otra imagen: se parecen a los médicos que en vez de mandar a los hambrientos a la posada, les suministran una inyección contra la sensación de hambre. A cambio de un honorario, claro.


Günter Anders. La obsolescencia del hombre (Vol.II) Sobre la destrucción de la vida en la época de la tercera revolución industrial.


★


30 diciembre, 2021

Cuando las críticas razonadas se convierten en "fobias" — Tita Barahona

 


Canarias Semanal.org – 12/12/2021


Hemos señalado en alguna otra ocasión que cuanto más avanza la desigualdad social en los países del centro capitalista, más se preocupan las elites dirigentes en reforzar la política de las identidades, que implica una supuesta defensa de los derechos de mujeres, homosexuales, poblaciones indígenas, minorías raciales, personas transexuales, discapacitadas, grupos religiosos, etc., obviando que dentro de cada uno de estos grupos hay diferencias de clase (económicas, educativas, residenciales, entre otras).


Aunque es lamentablemente cierto que existe la discriminación por sexo, edad, nacionalidad, orientación sexual, etc., el hecho de convertirlas en identidades y poner el acento en ellas tiene por finalidad obscurecer la estructura clasista en la que se sustenta el sistema capitalista. Y son precisamente los partidos llamados progresistas, de influencia posmoderna, que pasan por ser la “izquierda” del espectro político institucional, los abanderados de esta tendencia (en otros lugares llamada woke).


Una tendencia que está llevando a excesos tanto de censura descarada como de manipulación mediática y simplificación de temas que son complejos y tienen, por tanto, distintos niveles de análisis. Así, censurar actos, charlas, libros, cuentas en redes sociales, etc., se está convirtiendo en un deporte nacional –llamado “cultura de la cancelación”– en países como Reino Unido, Estados Unidos o Canadá, y que se extiende como mancha de aceite al resto del mundo.


Se trata de una “cultura de la cancelación” que incluye la quema de libros, por si pensábamos que los tiempos de la Inquisición habían pasado a la historia. En algunas escuelas católicas de Canadá se llegaron a quemar, en 2019, varios miles de ellos, incluidos tebeos de Astérix y Tintín, por considerarse que propagaban estereotipos sobre las poblaciones indígenas. Esto en un país cuyos grupos indígenas sufren todavía una notable discriminación.


La racha de los índices expurgatorios ha llegado también a Cataluña, donde bibliotecas de colegios han depurado cuentos tradicionales como Caperucita Roja, por sexistas, mientras el colmo del sexismo, la pornografía, sigue libre llegando a los móviles de niños y adolescentes. En Reino Unido, grupos de “transactivistas” quemaron los libros de Harry Potter, porque su autora fue acusada de “tránsfoba” por decir públicamente que el sexo (varón-mujer) existe.


Canadá volvió a reabrir el debate sobre los excesos de esta “cultura de la cancelación”, cuando en noviembre pasado el Consejo Escolar de Toronto suspendió el acto en el que la Premio Nobel de la Paz de 2018, Nadia Murad, iba a presentar su libro titulado “Yo seré la última: Historia de mi cautiverio y mi lucha contra el Estado Islámico”. El motivo alegado fue que podía ofender a los alumnos musulmanes.


La presentación del libro de Murad pudo enseñar a esos alumnos musulmanes los horrores a los que pueden conducir ciertas interpretaciones de los “textos sagrados”. Sin embargo, se dio más prioridad a no “ofender” a musulmanes que a la exposición y denuncia de las ofensas a las que Nadia Murat fue sometida por ser mujer y yazidí. La censura de su charla añadió una ofensa más, pero esta vez en nombre del “progresismo” y la “inclusividad” ¿Cabe mayor irracionalidad?


Porque, vamos a ser serios: en todas las religiones hay grupos fundamentalistas, pero no todas las personas que las profesan lo son y, es más, pueden llegar a ser firmes opositoras de esos fundamentalismos. Esto parece ignorarse. Es como si una conferencia sobre el Opus Dei o los Legionarios de Cristo se cancelara con la excusa de que podría ofender a los cristianos, u otra sobre los judíos ortodoxos (donde la situación de las mujeres no es mejor que en ambientes islamistas) sobre la base de que podría ofender a todos los judíos.


Sin embargo, ahora resulta que cualquier crítica a los excesos del fundamentalismo islámico, como el que hoy gobierna en Afganistán, es fomentar la “islamofobia”. Así lo consideraba hace poco un artículo de El País, en el que se trataba de justificar el uso del burka y veía sospechosas motivaciones “ideológicas” en la difusión de las fotografías que muestran cómo vestían muchas mujeres en Kabul en la década de 1970, cuando no había códigos de vestimenta obligatorios como en la actualidad.


Es la misma postura que contempla como “empoderante” el uso del hiyab aun cuando vemos que muchas jóvenes de familias musulmanas lo llevan no por convicción sino por presión familiar y comunitaria. Pero no critique o no opine usted sobre este tipo de coacciones, que sufren solo las mujeres, porque los y las “progres” la tacharán de “islamófoba” y de hablar desde el “privilegio” de ser “mujer blanca”, aunque recién la hayan desahuciado o no tenga suficiente para alimentar a sus hijos.


Y es la misma lógica -si se puede llamar así- que censura o silencia cualquier postura crítica con las leyes de la “identidad de género” (o leyes trans) estampando el sello de “transfobia”; la que obliga a dejar sin subvenciones a refugios para mujeres maltratadas o víctimas de violencia sexual porque en ellos no se admite a “mujeres con pene” -como ha ocurrido en algunos países-; la que impide que se publiquen leyes prohibiendo la ablación del clítoris porque también "ofende" al colectivo trans. Las ofensas a las mujeres más vulnerables no cuentan.


Por no “ofender” a las personas trans, "no binarias", "dos-espíritus", "poliamorosas" y todas las demás identidades de nuevo cuño, inventadas para dar de comer a ciertas industrias, ya no se puede hablar de varones y mujeres, sino de “personas gestantes”, “personas inseminantes” y otros neologismos similares, que, si no los aceptas, serás una “tránsfoba”.


Las asociaciones que componen el lobby trans han llegado al extremo de pedir a los biólogos que cambien el nombre a las llamadas células-madre (ofende también). Y en el museo de Ciencias Naturales de Londres han logrado que sus directivos prometan cambiar el módulo sobre la reproducción humana –titulado “¿Niño o Niña?”–, porque no es una “narrativa inclusiva”.


Que todo esto es un despropósito lo saben muchas personas de todas las orientaciones políticas; pero lo peor es que el reconocerlo abiertamente se está dejando a los medios de la derecha y ultraderecha; porque el resto cierra la puerta a cualquier cuestionamiento, debate o disentimiento con la postura “oficial” del progresismo woke, al que se adhiere, que ve fobias (miedos irracionales) donde sólo hay razonamientos.


Así le resulta muy fácil a ese progresismo woke (licuado posmo-socioliberal en que se ha convertido la “izquierda”) asimilar las posturas críticas con el islamismo o el transgenerismo con la ultraderecha, del mismo modo que hace con quienes cuestionan al actual gobierno, “el más progresista de la historia”, a imitación de lo que ocurre en EE.UU, donde las élites demócratas gobernantes tachan de “pro-Trump” a todo quisque que ose poner en cuestión sus políticas.


Las y los anticapitalistas, quienes luchamos por una auténtica transformación social, debemos denunciar alto y claro este tipo de manipulaciones, preguntarnos quiénes se están beneficiando de esta llamada “cultura de la cancelación”, a dónde nos dirige, a qué intereses está sirviendo realmente, cuando vemos que la voz de la sensatez se está arrinconando en un terreno muy peligroso, que es el del fascismo.


★


TRABAJO: forjando ejes para camiones y tornillos


 


"Nosotras las personas oprimidas, las que no luchamos por tener grandes valores sino por pura necesidad, las que pensamos en la revolución, no como algo bonito y deseable, sino como algo estrictamente necesario para acabar con nuestro sufrimiento cotidiano."  

 Marxismo Irreverente






imagina si esto

si un día esto

un día feliz

imagina

si un día

un día feliz esto

se acabara

imagina


Samuel Beckett




★

28 diciembre, 2021

Plan de choque para una urgente reconstrucción de la resiliencia ecosocial en el Estado Español ————— Carlos de Castro

 


[Enviado por Luis López, a quien reiteramos nuestro agradecimiento por sus valiosas aportaciones y sugerencias.]


15/15\15 - 24/07/2021


Con contribuciones de Luis González Reyes, Joseba Azkarraga, Pedro Prieto, Carlos de Castro, Vicent Cucarella, Antonio Turiel, Antonio Aretxabala y Manuel Casal Lodeiro. También incorpora propuestas previamente publicadas por Jorge Riechmann.


I. ECONOMÍA:

1. Sustitución del PIB como principal indicador. Nuevos indicadores físicos, de bienestar social (necesidades básicas de generación actual y futuras) y de distribución de la renta.

2. Integración metabólica hacia la economía circular y adaptación a la biocapacidad del país.

3. Reducción metabólica (adelgazamiento) hasta alcanzar como mínimo un -10% anual en las emisiones de acronym title=»Gases de Efecto Invernadero»>GEI.

4. Plan de diversificación económica y reconversión (industrial y laboral) de sectores no esenciales y no sostenibles hacia sectores esenciales que aporten resiliencia.

5. Desmercantilización social.

6. Fondos de reserva locales de bienes y servicios para la resiliencia.


II. ENERGÍA:

1. Plan de seguridad y soberanía energética, incluyendo: socialización de empresas eléctricas (nacionalización, municipalización, etc.), expropiaciones necesarias, reconfiguración del sistema energético para descentralizarlo y basarlo en fuentes renovables y en comunidades energéticas locales, gestión y reducción de la demanda, aprovechamientos no eléctricos de fuentes renovables.


III. FISCALIDAD:

1. Reforma fiscal fuertemente progresiva y otras medidas de distribución de la riqueza (incluyendo expropiaciones).

2. Reorientación de los Presupuestos Generales del Estado hacia los servicios públicos.


IV. FINANZAS:

1. Jubileo de deudas injustas o impagables.

2. Socialización del sector bancario. Crédito público sin interés.

3. Soberanía monetaria basada en monedas sociales orientadas a economías ecológicas/feministas/solidarias, locales y biorregionales, relocalizadas y resilientes.


V. HÁBITAT:

1. Desmercantilización de la vivienda.

2. Rerruralización. Impulso a la migración ordenada de las grandes áreas urbanas hacia áreas con menor densidad de población.

3. Fomento del trabajo y teletrabajo en áreas rurales, con mejora de las comunicaciones y servicios en estas áreas.

4. Relocalización socioeconómica: fomento de la vida local.

5. Reforma subvencionada de viviendas orientada a reducir su consumo energético.


VI. INDUSTRIA:

1. Reconversión industrial hacia bienes y servicios esenciales. Reingeniería de procesos para la resiliencia y autosuficiencia.

2. Diversificación productiva y aumento de la independencia de suministros importados. Soberanía tecnológica.

3. Mapeado exhaustivo de las producciones y necesidades locales. Corrección de vulnerabilidades y planes de contingencia y de resiliencia productiva.

4. Reducción de la obsolescencia, fomento del alquiler frente a la compra y otras medidas que aseguren la máxima vida posible de los productos industriales y la reducción de costos de reciclaje. Fomento de la reparación y recuperación de dispositivos tecnológicos.

5. Minimización del consumo energético industrial.

6. Reducción de envases.


VII. TRABAJO:

1. Reparto del trabajo con reducción regulada por ley de la jornada laboral. Trabajo comunitario garantizado, desalarización y Renta Básica Universal de la Tierra.

2. Reconversión laboral hacia sectores esenciales y que aporten resiliencia.

3. Reparto de tareas domésticas, de cuidados y comunitarias.


VIII. MOVILIDAD:

1. Reducción drástica de la movilidad motorizada mediante medidas que minimicen la necesidad de desplazarse. Reordenación urbana en función de una movilidad reducida. Barrios multifuncionales (ciudades de 15 minutos).

2. Fomento del teletrabajo con criterios de racionalidad energética.

3. Aumento del transporte público de bajas emisiones paralelo a la desincentivación del vehículo privado.

4. Reconversión del transporte marítimo.

5. Supresión de ayudas al transporte aéreo y al coche eléctrico privado.


IX. AGRICULTURA:

1. Reconversión del sistema agroalimentario hacia la agroecología, la agricultura familiar de proximidad, la permacultura, la agricultura regenerativa, etc. Subsidios desvinculados de la producción, como pago por mantenimiento de servicios ecosistémicos y contribución a la resiliencia alimentaria.

2. Priorizar el sector primario agroecológico como medida hacia una economía circular, promoviendo el trasvase de recursos públicos y trabajadores hacia dicho sector.

3. Soberanía alimentaria y resiliencia productiva agrícola.

4. Plan de formación basado en la trasmisión de saberes tradicionales y cooperativas agrícolas.

5. Expropiaciones para nutrir bancos de tierras públicos para asegurar el autoconsumo de la población.

6. Protección y difusión de variedades locales de interés alimentario mediante bancos de semillas y genéticos.


X. EDUCACIÓN Y CULTURA:

1. Alfabetización masiva sobre ecología. Formación ciudadana en prácticas sostenibles. Fomento de hábitos de vida más frugales. Promoción de dietas resilientes.

2. Reorientación del sistema educativo hacia lo ecosocial y enfoque hacia la resiliencia colectiva. Extensión a la educación no formal, p.ej. mediante fuerte regulación ecosocial de la publicidad y contra el permanente crecimiento de pseudonecesidades. Introducción socio-educativa del concepto de Gaia y de los derechos de las generaciones futuras. Incorporación al curriculum de conocimientos y aptitudes básicos para la resiliencia: agroecología, reparaciones, cocina, cuidados/salud, etc.

3. Moratoria a la actual digitalización masiva en la educación, para revisarla con criterios pedagógicos, de sostenibilidad y de salud.

4. Preservación de la diversidad biocultural, propugnando p.ej. la igualdad de derechos entre las lenguas.

5. Preservación del saber tradicional.

6. Plan cultural para la concienciación sobre el cambio civilizatorio.

7. Democratización directa de los medios de comunicación públicos y control democrático de los privados.


XI. OTRAS MEDIDAS PARA LA DEMOCRACIA:

1. Reconfiguración del sistema democrático para incluir los derechos de quienes no pueden opinar: menores, generaciones futuras y otras especies.

2. Subsidiariedad y soberanía local, a partir de las naciones históricas, regiones y comunidades autónomas, así como de las biorregiones, centrada en la resiliencia local coordinada confederalmente, fundada en la solidaridad y el derecho a decidir.

3. Introducción de la democracia directa en todos los ámbitos de gobierno local. Presupuestos 100% participativos.

4. Simplificación burocrática.


XII. OTRAS MEDIDAS DE ECOLOGÍA Y RESILIENCIA:

1. Renaturalización extensa en áreas rurales y urbanas. Regeneración de los ecosistemas. Reforestación masiva con criterios de resiliencia climática y de multifuncionalidad socionatural.

2. Riguroso control de acuíferos. Seguridad en el abastecimiento de agua para consumo humano.

3. Prohibición de plaguicidas sintéticos, disruptores endocrinos y otros tóxicos industriales que afectan gravemente la salud humana y de los ecosistemas. Plan de retirada segura de amianto costeada por el Estado como responsable de su autorización.

4. Protección de zonas costeras ante el caos climático.


XIII. INTERNACIONAL:

1. Desmundialización ordenada y sustitución por redes de cooperación biorregional por la sostenibilidad y la resiliencia.

2. Derogación de Tratados de Libre Comercio.

3. Medidas de redistribución internacional de la riqueza, incluyendo pago de la deuda ecológica e histórica.

4. Firma del protocolo de Uppsala-Rimini.


★


"No hay economía ecológica sin justicia social. El cambio energético es para vivir de otra manera" — Rafael Poch



CTXT - 2/12/2021

Geopolítica de las renovables

La transición energética es crucial, pero es imposible concebirla como una mera sustitución de energías fósiles por renovables


Pensar que la transición energética consiste en sustituir energías fósiles por renovables es irreal. Su mera sustitución es imposible, dice Joan Martínez Alier, nuestro más ilustre experto en economía ecológica. En la misma entrevista con Naiz, el investigador de los límites minerales del planeta Antonio Valero pone un claro ejemplo: "Una instalación fotovoltaica utiliza 25 veces más materiales que una central térmica convencional. Un aerogenerador te da como mucho entre dos y cinco megavatios. Para llegar a un gigavatio, que es lo que te da una central térmica de carbón, necesitas un mínimo de 20 generadores. Pero ese aerogenerador trabaja 2.000 horas al año, frente a las 6000/7000 horas de la central. Es decir, necesitas como mínimo 60 torres de más de 100 metros. Y en cada una de esas torres hay neodimio, praseodimio, disprosio, boro, acero, aluminio. Además, si quieres almacenar la energía necesitarás litio, cobalto, manganeso y cobre. Muchos de esos materiales son críticos y además se obtienen mediante combustibles fósiles".


A la guerra por el coche eléctrico


Según un informe de la Agencia Internacional de la Energía, si se quieren cumplir los objetivos climáticos, la demanda de minerales para tecnologías energéticas limpias se multiplicará por lo menos por cuatro en 2040 y mucho más aún en el caso de los minerales para el coche eléctrico, que necesita cobalto, grafito, litio, manganeso y tierras raras para sus baterías y motores. Hoy ese coche apenas representa el 1% del parque de automóviles, pero antes de diez años representará el 15% de las ventas de automóviles. La AIE estima que en veinte años la demanda de litio se multiplicará por cincuenta y la de cobalto y grafito por treinta.


Fuente: The Role of Critical Minerals in Clean Energy Transitions / IEA


Todo el mundo entiende hasta qué punto el control del petróleo ha determinado y determina las relaciones internacionales: las guerras del Golfo Pérsico, el conflicto de Siria, el cambio de régimen en Libia, la intervención en Irak, las presiones y embargos contra Irán y Venezuela, donde ese recurso escapa al control de Estados Unidos, o las sanciones contra Rusia, potencia energética internacionalmente autónoma. El imperialismo de los recursos petroleros es algo bien conocido para la geopolítica desde por lo menos la Primera Guerra Mundial, cuando las potencias europeas pugnaron por el control del Golfo Pérsico. Pero si los yacimientos de gas y petróleo se encuentran un poco por doquier en el mundo, desde América, hasta Eurasia, pasando por África y todos los océanos, la producción de muchos de los minerales vitales para la transición energética hacia las renovables está mucho más concentrada geográficamente.


La mayor parte del mineral de cobre lo suministran solo cuatro países: Chile, Argentina, Perú y la República Democrática del Congo. China responde del 70% del suministro de tierras raras. El grueso del litio procede de tres países, Australia, Argentina y Chile, y el 80% de la producción de cobalto procede de la República Democrática del Congo.


"Un simple vistazo a la localización de tales concentraciones sugiere que la transición hacia energías verdes prevista por el presidente Biden y otros líderes mundiales puede toparse con graves problemas geopolíticos, no muy diferentes a los que en el pasado generaron la dependencia del petróleo", dice Michael Klare, un conocido especialista en geopolítica de los recursos.


Primera potencia militar, los Estados Unidos están bastante escasos de recursos fundamentales –como níquel, zinc o tierras raras– para el nuevo paradigma. China, que tiene mucho de lo último, es vista como adversario y la campeona mundial en cobalto, la República Democrática del Congo, es, seguramente, uno de los países más turbulentos del planeta. Si para solucionar los dilemas prácticos de estos nuevos recursos imprescindibles para un despliegue acelerado de las tres figuras clave de la nueva energética (paneles solares, turbinas eólicas y coches eléctricos) se utilizan los mismos métodos empleados actualmente con el petróleo, el mundo tiene por delante una perspectiva de agudos conflictos que, simplemente, ya no puede permitirse.


Sin decrecimiento no hay futuro


Pero incluso sin ese escenario de conflicto entre potencias por los recursos, su mera extracción exige una intensiva utilización de combustible fósil, ácidos, sustancias tóxicas y agua que causan enormes perjuicios humanos en todo el planeta. Martínez Alier que lleva años confeccionando con un equipo internacional un Atlas de conflictos ambientales, dice que, "hace 20 años no sabíamos ni qué era el litio o el cobalto, y ahora tenemos 150 materiales que generan muchos conflictos". Todo esto nos devuelve al inicio: la transición energética es crucial, pero es imposible concebirla como una mera sustitución de energías fósiles por renovables. Hace falta un cambio de mentalidad, lo que, desde luego, no es una cuestión de angelismo individual, sino una acción política colectiva, imposible sin iniciativas públicas, planificación, y estricta cooperación internacional. Imposible, quizá también, sin una catástrofe que abra los ojos a ese bicho humano colectivo que solo aprende a batacazos, y a veces ni siquiera. El tiempo dirá...


En cualquier caso, sin decrecimiento, a menos que se empiece a dejar de crecer, sin un relativo empobrecimiento de los más ricos globales que disminuya la demanda de recursos naturales y la generación de residuos, no hay transición energética posible ni salida de la crisis de civilización.


Occidente y Oriente


En países como China, cuyos gobiernos conservan cierta capacidad de planificación a medio y largo plazo, es imaginable una gobernanza sobre el vector del decrecimiento, pero ¿y en los países más ricos occidentales? Durante décadas, su población ha sido educada en el egoísmo individualista y en el consumo a ultranza, perdiendo por el camino cualquier otra perspectiva. Se dirá, y con razón, que pocas sociedades hay más ávidas consumidoras que la china, pero allí se conserva una capacidad de sacrificio y disciplina colectiva que ha desaparecido en las sociedades occidentales. El sujeto de esas sociedades, el "ciudadano" que ha sido reducido por el neoliberalismo a mero "consumidor-contribuyente", se parece mucho a un perfecto inútil desde este punto de vista. Las actitudes sociales ante la pandemia han vuelto a mostrar ese contraste entre los masivos botellones y las manifestaciones, por un lado, y los estrictos y disciplinados confinamientos asiáticos, que los miopes reducen a meras diferencias entre "libertad" y "autoritarismo".


No hay economía ecológica sin justicia social. El cambio energético es para vivir de otra manera. De una manera más simple, más tranquila y menos frenética. Como dice el economista ecológico Tim Jackson, en Prosperidad sin crecimiento, "la prosperidad tiene que ver con la calidad de nuestras vidas y relaciones, con la solidez de nuestras comunidades, y con un sentido de propósito individual y colectivo. La prosperidad tiene que ver con la esperanza. Esperanza para el futuro, esperanza para nuestros hijos, esperanza para nosotros mismos". Nada de todo eso se puede conseguir sin decrecimiento, es decir sin configurar una vida mucho más austera y "pobre" para los criterios actuales.


En Occidente, los gobiernos son esclavos de la dinámica creada por el capitalismo neoliberal: son incapaces de formular un programa de empobrecimiento sin perder rotundamente las siguientes elecciones ante rivales que prometan a los "contribuyentes-consumidores" lo imposible: evitar el desastre manteniendo o incrementando los actuales niveles de metabolismo social. En Asia el panorama quizás esté más abierto a una dinámica realista. No es un problema de “democracia” y "autoritarismo", sino, me parece, de algo anterior y mucho más básico. De ahí la importancia del relevo de potencia hacia Asia al que acaso estemos asistiendo en el mundo de hoy.

★