18 enero, 2017

Prontuario criminal - Quintín Cabrera



PRONTUARIO CRIMINAL


Desde el mismísimo día
que como país nacieron,
usurparon, masacraron,
degollaron y agredieron.

Nombrando a la Democracia,
sojuzgaron y mintieron,
ejecutaron, mataron,
bombardearon, sometieron.

Por eso y por mucho más
lo que el Yanqui necesita
es una aumentada dosis
de jarabe vietnamita.

Con sus leyes terroristas
al piel roja exterminaron,
avasallaron, domaron,
lincharon y doblegaron.

Con todos los dictadores,
urdieron, confabularon,
enredaron, engañaron,
traicionaron, conspiraron.

Por eso y por mucho más
lo que el Yanqui necesita
es una aumentada dosis
de jarabe vietnamita.

Respetan sólo el mercado
y sus leyes impusieron,
dominaron, liquidaron,
oprimieron, destruyeron.

En nombre del cristianismo
¡a tantos asesinaron!
molieron, sacrificaron,
manejaron, acabaron.

Por eso y por mucho más
lo que el Yanqui necesita
es una aumentada dosis
de jarabe vietnamita.

Centrados en la libertad,
complotaron, maquinaron,
intrigaron, maniobraron,
tramaron, confabularon.

Siguiendo la religión
del dólar, crucificaron,
rebajaron, aplastaron,
ahorcaron, nazificaron.

Por eso y por mucho más
lo que el Yanqui necesita
es una aumentada dosis
de jarabe vietnamita.


17 enero, 2017

Equidistancia y manipulación - Ángeles Diez




La equidistancia es sin duda un refugio ideal para las buenas conciencias y tiene la ventaja de la ambigüedad que permite posicionarse en un lado o en otro según discurran los acontecimientos. Se trata de una falsa simetría que coloca en el mismo plano al agresor y al agredido. 

(…) 

…se busca salida en la ambigüedad camuflada de pluralidad, en el perfil bajo hasta que se decanten los acontecimientos, o peor, en la equidistancia que supone un falso equilibrio en el que se permite criticar el discurso dominante y a la vez compartirlo. Los matices son el super argumento de la contrainformación. La excusa perfecta para ganar credibilidad, el principio de autoridad que justifica la dejación de responsabilidad política en el espacio geográfico en el que se tiene influencia. ¿Por qué no se matizan con igual vehemencia las acciones del enemigo? ¿Por qué no nos esforzamos con el mismo ímpetu en describir las distintas formas, muchas veces contradictorias, que adopta la recolonización del mundo? 

El lenguaje es el instrumento más potente con el que se arrastra a los medios alternativos hacia su homologación mediática y mediante el que se les convierte en uno de los nuestros, parte del coro plural que paraliza la resistencia. El lenguaje es nuestra trampa porque no es nuestro lenguaje. Pocas veces nos detenemos a analizar los discursos que utilizamos y cómo reproducen las mismas lógicas manipuladoras.

15 enero, 2017

¿Qué fue de los cantautores? – Luis Pastor




Éramos tan libertarios,
casi revolucionarios,
ingenuos como valientes,
barbilampiños sonrientes
—lo mejor de cada casa—
oveja negra que pasa
de seguir la tradición
balando a contracorriente
de la isla al continente
era la nueva canción.

Éramos buena gente,
paletos inteligentes,
barbudos estrafalarios,
obreros, chicos de barrio,
progres universitarios,
soñando en una canción
y viviendo la utopía
convencidos de que un día
vendría la Revolución.

Aprendiendo a compartir
la vida en una sonrisa,
el cielo en una caricia,
el beso en un calentón,
fuimos sembrando canciones
en esta tierra baldía
y floreció la poesía
y llenamos los estadios
y en muchas fiestas de barrio
sonó nuestra melodía.

Tardes y noches de gloria
que cambiaron nuestra historia
y este país de catetos,
fascistas de pelo en pecho,
curas y monjas serviles,
grises y guardias civiles,
funcionarios con bigote
y chusqueros de galón,
al servicio de una casta
que controlaban tu pasta
tu miedo y tu corazón.

Patriotas de bandera,
españoles de primera,
de la España verdadera
aquella tan noble y fiera
que a otra media asesinó
brazo en alto y cara al sol
leales al Movimiento
a la altura y al talento
del pequeño dictador
que fue Caudillo de España
por obra y gracia de Dios.

Toreando en plaza ajena
todo cambió de repente
los políticos al frente
de comparsa el trovador.
Se cambiaron las verdades:
"tanto vendes tanto vales".
Y llegó la transición:
la democracia es la pera.
Cantautor a tus trincheras
con corona de laurel
y distintivo de honor,
pero no des más la lata
que tu verso no arrebata
y tu tiempo ya pasó.

¿Qué fue de los cantautores?
preguntan con aire extraño
cada cuatro o cinco años
despistados periodistas
que nos perdieron la pista
y enterraron nuestra voz.
Y así van para más de treinta
con la pregunta de marras
tocándome los bemoles.
Me tomen nota señores
que no lo repito más:

Algunos son diputados,
presidentes, concejales, 
médicos y profesores,
mánagers y productores
o ejerciendo asesoría
en la Sociedad de Autores.
Otros están y no cantan,
otros cantan y no están.
Los hay que se retiraron,
algunos que ya murieron
y otros que están por nacer.

Jóvenes que son ahora
también universitarios,
obreros, chicos de barrio
que recorren la ciudad,
un CD debajo el brazo,
la guitarra en bandolera,
diez euros en la cartera,
cantando de bar en bar.
O esos raperos poetas
que es su panfletos denuncian
otra realidad social.

¿Y mujeres? ni se sabe.
Y sobre todo si hablamos
de las primeras gloriosas
que tuvieron los ovarios
y el coraje necesarios
de subirse a un escenario
de aquella España casposa.

¿Qué fue de los cantautores?
aquí me tienen señores
como en mis tiempos mejores
dando el cante que es lo mío.
Y aunque en invierno haga frío
me queda la primavera,
un abril para la espera
y un grandola en el corazón.

¿Qué fue de los cantautores?
aquí me tienen señores
aún vivito y coleando
y en estos versos cantando
nuestras verdades de ayer
que salpican el presente
y la mierda pestilente
que trepa por nuestros pies.

¿Qué fue de los cantautores?
De los muchos que empezamos,
de los pocos que quedamos,
de los que aún resistimos
de los que no claudicamos,
aquí seguimos,
cada uno en su trinchera
haciendo de la poesía
nuestro pan de cada día.

Siete vidas tiene el gato
aunque no cace ratones.
Hay cantautor para rato.
Cantautor a tus canciones.
Zapatero a tus zapatos.


13 enero, 2017

Fronteras: el “libre” negocio para las transnacionales españolas - Rene Salhas


Resulta contradictorio, a la par que indignante, que en un momento de la historia en el que se promociona el “mundo” como campo libre para las actividades económicas, la fuerza del Estado-nación blinde de las fronteras para impedir la libre movilidad de personas. Desde las instituciones internacionales se les obsequia a las empresas de seguridad privada el poder de decidir quién puede cruzar y quién se queda, actuando impunemente como mercenarias de unos derechos humanos ya desgastados de tanto nombrarlos.
El 18 de julio de 2016 en la valla que separa el territorio griego del macedonio un cartón de los que quedaron olvidados tiene escrito “no somos peligrosas, huimos del peligro”. El territorio es Idomeni, aunque el lugar no importa, ya que podría ser cualquier muro de los que se levantan para recordarnos hasta donde llegan los privilegios. Lo que importa es el mensaje que quedó olvidado. El peligro es el pretexto que más se ha utilizado para alimentar el discurso del odio en Europa, y quien hizo este cartel seguramente sabía bien contra lo que estaba luchando, contra una idea: la del miedo. El miedo a la agresión, el miedo a perder nuestro bienestar o el miedo a que nos quiten “nuestros” recursos y perdamos nuestro nivel de vida. Ese es otro de los motivos por el que la Unión Europea se centra en reforzar la seguridad fronteriza, para ofrecer a todas las que tuvimos la (des)-dicha de quedar encerradas en su territorio, la sensación de protección.

No obstante, paralelamente al ritmo en que se blindan las fronteras, las grandes empresas en connivencia con las instituciones políticas internacionales protegen sus intereses por todo el mundo a través de una serie de normas, tratados y acuerdos mediante los cuales se afianza la globalización neoliberal. Y con ello, se institucionaliza y protege la libre circulación de mercancías, a costa de la libre movilidad de personas. La maximización de beneficios a costa de los derechos humanos es desde hace tiempo una realidad que genera miles de muertes cada mes. Los valores con los que surgió la Unión Europea, así como el cumplimiento del Convenio Europeo de Derechos Humanos, la Convención de Ginebra o la Declaración Universal de Derechos Humanos, están hoy más que nunca subordinadas a la voluntariedad decisoria de los grandes directivos de las empresas transnacionales. 

La geopolítica marcada por los intereses económicos determina los territorios que serán violentados o expoliados, y en este tablero las fronteras se han constituido como nichos de negocio de las que extraer beneficios económicos. Hay muchas causas que impulsan a las personas a salir de su territorio, algunas de ellas, la mayoría, tienen que ver con guerras, violencia o precariedad económica. Círculos que se entremezclan y que tejen un escenario en el que resulta imposible definir de forma compartimentada los motivos por los que se decide abandonar un territorio. Pero sin duda, si hay alguna clave que esté presente en todo el proceso migratorio, es el beneficio económico que se extrae. Desde la seguridad de las fronteras hasta la gestión de los campos de refugio, la movilidad humana es actualmente una de las parcelas que mayormente ha suscitado el interés de las transnacionales españolas. Por ello, en los siguientes apartados trataremos de definir el papel de las mismas en relación a las fronteras.


El negocio antes de la frontera
El ritmo al que se extiende el mercado de capitales y la progresiva desconexión de la producción de bienes y servicios de la economía real frente a la especulativa, acentúa las desigualdades económicas y sociales tanto dentro de las sociedades como entre los diferentes territorios del mundo. El intercambio de mercancías entre diferentes territorios a precios desiguales y separadas de su cadena de producción, ha contribuido a que cada vez más dejemos de preocuparnos por el lugar y el proceso mediante el cual se ha generado la mercancía. Ya sea un alimento como un bien común, la importancia que se le otorga al precio del producto ha desplazado su valor de uso. Hemos asumido la obsolescencia programada como una característica propia del producto, y nos hemos acostumbrado a no preguntarnos qué recursos se necesitan para su producción o quién lo fabrica. Esta falta de responsabilidad ha contribuido a que se siga explotando a personas como mano de obra esclava y a que se expolien los recursos naturales de territorios ajenos, aunque para ello se justifiquen guerras innecesarias, se promuevan enfrentamientos o se legitime a gobiernos dictatoriales. 

Hemos aprendido a comparecernos de las consecuencias que genera el sistema neoliberal, y nos hemos olvidado de cuestionar sus causas. Ello ha facilitado que lleguemos a un contexto de impunidad tal que permite que la Unión Europea mire hacia otro lado mientras se deja morir a miles de personas en el mar, o no se exijan responsabilidades por las miles de muertes en fábricas y maquilas debido a la ausencia de condiciones laborales.

En Centroamérica, sobre todo en países como Honduras o El Salvador, la violencia se entremezcla con la precariedad económica. La explotación de mano de obra en las maquilas va a la par de la expoliación de los recursos naturales. La lucha por la vida va unida a la lucha por el territorio. En este contexto, transnacionales de la industria textil, agroindustrial y minera se han fortalecido con la creación de las denominadas Zonas Francas y las Zonas Económicas Especiales, donde la ausencia de legislación deja totalmente desprotegidas a las personas y a los territorios. La persecución y asesinato de líderes y lideresas se ha agravado en los últimos años, y a medida que avanza la presencia de transnacionales en los territorios aumenta la necesidad de huir del país para salvaguardar sus vidas. Empresas como Inditex o El Corte Inglés han duplicado sus beneficios en los últimos años gracias a dichas zonas, en donde se aplican condiciones especiales para la atracción de la inversión extranjera, a costa de precarizar y/o anular los derechos laborales. Además, en los últimos años, las maquilas se han convertido en el lugar de captación de mujeres y niñas que son vendidas a grupos de narcotraficantes con fines de esclavitud sexual. Se sabe también que en las maquilas mexicanas, niñas y niños, son comprados y vendidos para el turismo sexual. Tal como destapó la periodista Lidia Cacho, y que es narrado en su libro Los demonios del Edén.


En 2015, las empresas españolas de la industria armamentística, según la consultora Strategic Defence Intelligence (SDI), obtuvieron 7.756 millones de euros de beneficios. La venta de munición, helicópteros y sistemas de inteligencia militar que alimentan las guerras han resultado ser un negocio muy lucrativo para “nuestras” empresas. Hoy en día las guerras son mercados imprescindibles para el capitalismo. Sucesivamente se declaran guerras que son artificialmente construidas por potencias ajenas al propio territorio que está siendo violentado. Y una vez más se le niega la protección a las personas que están viviendo la violencia en sus propias vidas, y que huyen en busca de su supervivencia. Entre las empresas más prolíficas en este sector figuran las españolas Indra, Navantia, Mora Salazar, GMV, Atos o Airbus Military.

El negocio en la frontera
En Noviembre del 2015, mientras Grecia y Turquía jugaban un partido de fútbol amistoso en Estambul. En Varsovia (Polonia), la Agencia Europea para la Gestión de la Cooperación Operativa en las Fronteras Exteriores de los Estados miembros de la Unión, más conocida como Frontex, recibía candidaturas para la adjudicación de un contrato de 10 millones de euros para el control de las fronteras griegas. El reforzamiento del proyecto de vigilancia aérea para el control de la inmigración “ilegal” basado en la contratación de empresas privadas, le acompañaría en diciembre del 2015 la propuesta para la creación de una Guardia Europea para Fronteras y Costas, con más poder y capacidad para movilizar hasta 1.500 guardacostas europeos en menos de 72 horas.

No obstante, para el español Gil Arias Fernández, director adjunto de Frontex, todas estas medidas no han sido suficientes, ya que aún no se ha logrado tener todo el “Mediterráneo bajo control”. Resulta alarmante que los mayores recursos económicos se destinen a controlar las fronteras y no a programas de protección y asilo. Así pues, vemos como el presupuesto destinado para el Fondo Europeo de Asilo, Migración e Integración (AMIF) para el período 2014 – 2020 es de 385 millones de euros, mientras que el presupuesto de Frontex solamente para el año 2016 suma 252 millones de euros. Bajo el prisma de una lógica de coherencia de políticas resulta totalmente contradictorio. Por otro lado, y en lo que respecta a los beneficios obtenidos por el capital privado, según el informe “Guerras de Fronteras” publicado por el Transnational Institute, Stop Wapenhandel y el Centre Delàs d’Estudis per la Pau, se estima que solamente el sector de la seguridad fronteriza movió en el año 2015 sobre 15.000 millones de euros, los cuales para el 2016 se estima que llegarán a los 30.000 millones de euros. En este sector también las transnacionales españolas han hecho negocio. Como es el caso de European Security Fencing, del grupo Salazar Mora, quien se adjudicó la instalación de las concertinas en las vallas de Ceuta y de Melilla, ingresando un total de 1.105.000 euros. Y a la que también se le han adjudicado la instalación de concertinas en las vallas de Hungría, Grecia, Serbia, Polonia y Rumanía.

El negocio después de la frontera
Una vez las personas consiguen llegar a su destino, su proceso migratorio sigue estando controlado por empresas privadas tanto en lo que se refiere al control de la documentación, como a la gestión de su ubicación, o a su posible detención con fines de deportación.

En estos momentos en el territorio griego hay un total de 48 campos en los que viven las personas en situación de refugio. Solamente en el 2015 el Gobierno griego destinó 1.000 millones de euros del presupuesto nacional para la atención a las personas refugiadas, de los cuales solamente 33 millones fueron desembolsados por los Fondos Europeos de Asilo. La Unión Europea por omisión, ha trasladado al pueblo griego la responsabilidad de la atención primaria de la población que estaba llegando a sus costas. La intención es utilizar las fronteras griegas como muros de contención para evitar que las personas que están llegando huyendo del horror de la guerra y la violencia se adentraran en territorio europeo. Otro ejemplo de irresponsabilidad en marzo del 2016, la Unión Europea firmó con Turquía el conocido "Acuerdo de la VergÜEnza". Un acuerdo que traslada la responsabilidad al gobierno de Turquía, quien suspendió el pasado julio el reconocimiento y cumplimiento de la Convención Europea de Derechos Humanos, la tarea de atender a la población en situación de refugio a cambio de 6.000 millones de euros.

Mientras tanto en Grecia la crisis económica cada vez se intensifica más. La rebaja de las pensiones, el cierre de hospitales públicos, y la puesta en marcha de las primeras privatizaciones de las 11 previstas, ha convertido el país heleno en un retazo de parcelas en venta, en el que grandes transnacionales se afanan como cuervos por comprar aeropuertos, puertos, carreteras e incluso islas. Entre las que se encuentran las españolas Barceló Gestión Hotelera, Meliá Hotels, Banco Santander, Ferrovial, Grupo Fomesa, Gamesa, Iberdrola, Inditex, Nueva Pescanova o Mapfre.

Desde el este de la Unión Europea se nos dan pistas de futuro al resto de países mediterráneos: o nos abocamos a la inercia de las grandes instituciones europeas cuyo poder decisorio obedece a los intereses de las transnacionales u optamos por el desarrollo de alternativas que promuevan y construyan otras vidas posibles desde la autogestión, la solidaridad y el internacionalismo. Por ello no podemos más que convertir la impotencia en una energía que permita generar otras alianzas que no entiendan de fronteras salvo para frenar el proyecto neoliberal y poner punto final a las violaciones sistemáticas de derechos humanos. Ha llegado el momento de tumbar las vallas desde y por la dignidad humana.


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Cuatro empresas españolas, entre las que controlan el negocio de la seguridad en las fronteras.

11 enero, 2017

Libia sepultada en el crimen y el silencio - Higinio Polo

Esto es Libia hoy en día (Made in USA-CIA; Europa OTAN)


02 Ene 2017 
No sabemos cuántas personas han muerto en Libia hoy a consecuencia de la brutal intervención de la OTAN en 2011. Algunas fuentes hablan de unos treinta mil muertos; otras, aumentan esa cifra. Por su parte, la Cruz Roja calcula unos ciento veinte mil muertos, pero no hay duda de que esa guerra que inició la OTAN ha destruido el país y arrojado a sus seis millones de habitantes a una pesadilla siniestra.
En marzo próximo se cumplirán seis años del inicio de la matanza: desde buques y aviones, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña lanzaron un diluvio de bombas y de misiles de crucero. Justificaron la guerra y la matanza con la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, que sólo hablaba de utilizar las “medidas necesarias” para proteger a la población civil que “estuviera amenazada”, y que autorizó una zona de exclusión aérea, pero no la invasión del país. No había autorización alguna para iniciar una intervención militar, ni mucho menos un ataque para derrocar el gobierno del país. China y Rusia, así como la India y Alemania, se abstuvieron en aquella votación del Consejo de Seguridad, y, posteriormente, a la vista de la guerra impuesta, tanto Moscú como Pekín denunciaron la abusiva interpretación que habían hecho Washington, sus aliados europeos y la OTAN de la resolución del Consejo. Sudáfrica, que también había votado a favor de la resolución, denunció después el uso desmesurado del acuerdo para forzar un “cambio de régimen y la ocupación militar del país”.


Fue tal la hipocresía de Washington, Londres y París, que sus aviones llegaron a bombardear a la población civil en Bengasi y Misrata, entre otras ciudades libias, matando a centenares de personas, pese a que supuestamente intervenían en su defensa. Previamente, las “fuerzas rebeldes” fueron entrenadas por instructores militares norteamericanos y de otros países de la OTAN, al tiempo que les facilitaron armamento sofisticado e información, y el Departamento de Estado norteamericano trabajó para crear un Consejo Nacional de Transición para imponerlo como nuevo gobierno tras la derrota de Gadafi. De hecho, desde antes del inicio de la agresión militar, comandos militares británicos y norteamericanos (en operaciones aprobadas por Cameron y Obama, violando la legalidad internacional) se habían infiltrado en Libia y llevaban a cabo acciones de sabotaje y asesinatos selectivos. Los militares occidentales llegaron al extremo de utilizar vestimenta similar a los milicianos del bando rebelde, para camuflar su intervención ante las instituciones internacionales: eran militares de la OTAN, pero nunca reconocieron su condición, y adiestraron a los rebeldes y lucharon junto a ellos.


Durante los meses del verano de 2011, la OTAN lanzó miles de misiones de combate, y envió comandos de “operaciones especiales” para reforzar los ataques de los rebeldes armados y apoyados por la alianza occidental. El 20 de octubre, sin fuerzas para resistir, Gadafi huyó de Sirte y su convoy fue atacado por aviones norteamericanos y franceses, y, finalmente, fue detenido por fuerzas rebeldes, ayudadas por esos “comandos de operaciones especiales” norteamericanos. Después, lo asesinaron a sangre fría. Cinco días antes del asesinato de Gadafi, el primer ministro británico, Cameron, y el presidente francés, Sarkozy, volaron a Libia, a la zona controlada por los rebeldes, mientras los equipos de la CIA norteamericana trabajaban para localizar a Gadafi y asesinarlo. Su muerte fue celebrada por Obama, Cameron y Sarkozy.


Violando la resolución de la ONU, utilizando de nuevo la guerra como instrumento de su política exterior, Estados Unidos y sus aliados consiguieron sus propósitos. Los bombardeos de la OTAN destruyeron aeropuertos, infraestructuras y puertos del país, centros oficiales, cuarteles, carreteras, y centenares de miles de personas fueron forzadas a huir, según estimaciones de la ONU, convirtiéndose en refugiados en su propia tierra. Las reservas y recursos del país en el extranjero fueron intervenidos por los gobiernos occidentales. Hoy, la economía del país es apenas una tercera parte de lo que era antes de la intervención de la OTAN en 2011. Después, estalló la lucha de banderías entre los distintos grupos armados (como ocurrió en Afganistán tras el triunfo de los “señores de la guerra” apoyados también por Estados Unidos); llegó el caos al país, la devastación, los milicianos fanáticos y bandidos armados que se apoderaron de todo. Libia pasó a ser una pesadilla, donde los secuestros, los centros de tortura clandestinos, los asesinatos, las violaciones de mujeres, se han apoderado de la vida cotidiana en el infierno; y donde faltan hasta alimentos y medicinas, hasta el punto de que en muchas ciudades, como en Bengasi, los habitantes se ven obligados a comer alimentos podridos y ratas.


A ese paisaje del infierno, se une la destrucción de centros públicos, de plazas, parques y lugares donde la población acudía antes de la guerra; se añade el robo de propiedades, los fusilamientos y decapitaciones públicas organizadas por los grupos yihadistas, que han pasado a ser moneda común de la nueva Libia hoy. Fuentes independientes hablan de centenares de personas, tal vez miles, decapitadas por los destacamentos armados de fanáticos milicianos religiosos. Grupos salafistas y yihadistas siguen controlando importantes áreas del territorio, y, aunque Washington intentó levantar un decorado democrático, en las elecciones de junio de 2014, sobre un censo de tres millones y medio de personas, apenas votó el 18 % de la población. Muchas ciudades han quedado convertidas en ruinas, y las minas antipersona son un peligro mortal para los supervivientes.


Varios centenares de grupos armados, enfrentados entre sí, pugnan por el control del territorio y de la riqueza del país, junto a las mafias que trafican con personas, que condenan a trabajos forzados a emigrantes, que matan con total impunidad, mientras dos gobiernos y dos “parlamentos”, en Trípoli y en Tobruk, (éste, apoyado entonces por la OTAN), intentaban derrotar al adversario y obtener el reconocimiento exterior. Para salir del caos, los gobiernos occidentales impulsaron el llamado “gobierno de unidad nacional”, que se creó en Marruecos en diciembre de 2015, presidido por Fayez al-Sarraj, aunque sigue sin establecer su autoridad en todo el país, e incluso es incapaz de controlar Trípoli, donde existen varias decenas de milicias armadas cuya agenda se centra en apoderarse del petróleo para exportarlo, en extorsionar a la población, a los inmigrantes y a traficar con personas. En otras importantes ciudades libias, como Sirte, Misrata, Tobruk, ocurre lo mismo. A su vez, el general Jalifa Haftar controla ahora Tobruk, con ayuda militar y financiera de Egipto y Emiratos Árabes Unidos. Haftar es un militar libio que, tras romper con Gadafi, fue trasladado por la CIA a Estados Unidos, en los años noventa, para posteriormente, encabezar la milicia armada que financió la agencia norteamericana. A ellos hay que añadir las fuerzas controladas por Daesh, el autodenominado Estado Islámico, que cuenta con importantes connivencias en las monarquías del golfo Pérsico.


En ese caos infernal, Washington sigue enviando “grupos de operaciones especiales” (como el que llegó en diciembre de 2015 a la base militar de Al-Watiya, en el distrito de An Nuqat al Khams, junto a la frontera tunecina, comando que fue bloqueado por grupos armados y obligado después a salir del país), y utiliza su aviación para bombardear a milicias que no son de su agrado, mientras apoya al gobierno de Fayez al-Sarraj, aunque sigue contando con la baza de Haftar, viejo empleado de la CIA. En la práctica, las distintas milicias se bloquean entre sí, y el caos es tal que no existe un bando capaz de imponerse a los demás. Estados Unidos intenta estabilizar la situación, a través del gobierno de Fayez al-Sarraj, aunque no desdeñaría apoyar a un gobierno de Haftar si consiguiera imponerse en la mayor parte del país: quiere contar con un gobierno cliente que asegure sus intereses, y el Departamento de Estado es capaz de hacer presentable a cualquier gobierno de bandidos.


Estados Unidos y sus aliados europeos (Gran Bretaña, Francia) responsables de la tragedia del país, están interesados en cuestiones diferentes: Bruselas intenta contener la llegada de emigrantes desde Libia hoy en día, que algunas fuentes calculan en 150.000 anuales, asunto que preocupa especialmente a Alemania; Washington pretende controlar a Daesh (con quien contemporiza en Siria, donde, de facto, es visto como un aliado en la guerra para derribar al gobierno de Damasco), desactivar los centenares de milicias, y recuperar la producción de petróleo. A su vez, el enviado especial de la ONU para Libia, Martin Kobler, intenta, sin fortuna, mediar en el caos.


Mientras tanto, las televisiones y la gran prensa internacional dejaron hace tiempo de mostrar interés por Libia hoy, siguiendo un guión utilizado muchas veces con éxito. Libia, convertida en un estado fallido, con presencia de Daesh (que acaba de perder Sirte), donde todos los grupos y milicias cometen crímenes de guerra ante la indiferencia occidental, es hoy un país del que ninguna potencia de la OTAN se hace responsable, aunque la tercera parte de la población necesite ayuda alimentaria urgente, aunque los libios tengan que comer ratas y beber aguas pestilentes, aunque se vean obligados a contemplar constantes asesinatos y decapitaciones, aunque allí la vida no valga nada, y las cancillerías sean conscientes de que los libios han sido condenados a vivir en un infierno.


Fuente: El Viejo Topo

08 enero, 2017

La izquierda reformista, la retórica democrática y la transición al neofascismo. Apuntes sobre el caso español - Enrique Castells Turia


Introducción

Lenin decía que cuánto más democrático era un país capitalista, más se encontraba su parlamento  sometido a los intereses de la bolsa y de los banqueros. Frente a esa democracia de los banqueros, las elites y la oligarquía, Lenin creía en la posibilidad de una democracia participativa, popular y que diera  poder a las mayorías, una democracia, eso sí, incompatible con el sistema capitalista y con sus instituciones democráticas, que debían ser utilizadas únicamente como tribuna de denuncia del capitalismo y para difundir las ideas revolucionarias entre los trabajadores. Las palabras de Lenin contribuyeron en su momento a profundizar una dura guerra ideológica sobre la naturaleza de la  democracia, que un siglo después se ha saldado con la derrota –aparente– del revolucionario ruso y de su escuela –considerada «dictatorial»–, dejando libre el camino para el reinado absoluto de la  ideología democratista que suele ir acompañada de una abundante retórica ciudadanista.

Un siglo  después de las reflexiones de Lenin la legitimidad política viene determinada por la certificación de democrático, hasta el punto de que,  si antes los golpes de Estado y las guerras  eran    contra el «peligro  comunista», hoy se justifican para defender la democracia y los derechos humanos fuera de occidente: así, las embestidas fascistas recientes en Ucrania o en Venezuela pretenden  legitimarse recurriendo a la retórica democrática, al igual que  antes se hizo con la «primavera árabe», las «revoluciones de colores» y tantas otras.

Para los pueblos agredidos por las bombas de los humanistas otánicos, el democratismo se ha  convertido por derecho propio en la  ideología de la conquista imperialista del mundo y en coartada para justificar las guerras “humanitarias”: como denuncia sarcásticamente el intelectual camerunés Jean Paul Pougala, «si la democracia del sufragio universal fuera algo maravilloso, nadie duda de que occidente preferiría conservarla e incluso esconderla como un secreto militar, con el fin de utilizarla como ventaja sobre  los otros pueblos del planeta» (1).

¿Existe la democracia? ¿Qué es una democracia? ¿Y una dictadura? ¿Pueden coexistir la democracia y el fascismo simultáneamente? La ideología democratista define a la democracia como  lo contrario de la dictadura –de derechas o de izquierdas– así como del fascismo, y además afirma que  la democracia representa nada menos que «la  voluntad de la ciudadanía» o la «voluntad de la mayoría».

La rudimentaria lógica de estas grandes definiciones se desvanece en el momento en que se analizan problemas concretos: si la democracia es la «voluntad de la mayoría», aquellos que atacan a los partidos de gobierno –que han sido votados por esas mismas mayorías ciudadanas– por realizar  determinadas políticas, atacan, en realidad, la «voluntad de la mayoría» y por tanto están adoptando un cariz antidemocrático y dictatorial. Si se observa el escenario internacional, dos ejemplos recientes muestran lo inconsistente e irreal de la definición vulgar de la democracia.

En el caso de Venezuela, para los grandes medios de comunicación privados, para la oligarquía de  este país y otros grupos opositores, así como para Estados Unidos y muchos  gobiernos  occidentales, el gobierno del  presidente Nicolás Maduro es una dictadura –o un gobierno «autoritario»–, a pesar  de que  dirige una corriente política –el chavismo o socialismo bolivariano–  que ha vencido en 18 de las 19 convocatorias electorales de los últimos años, realizadas además con la normativa democrática considerada correcta: la occidental, pluripartidista y liberal. Pero el chavismo implantó algunas  innovaciones que desagradaban a los puristas de la democracia: en  primer lugar, protegió las riquezas públicas –especialmente  el petróleo– de la voracidad de las multinacionales occidentales; destinó una gran  cantidad de fondos públicos para amplios programas sociales que beneficiaron a las masas  tradicionalmente excluidas; expropió algunas propiedades privadas; estableció  estrechas relaciones   de amistad con «dictaduras»: Fidel Castro de Cuba, Lukashenko de Bielorrusia, Gadafi de Libia, Al Assad de Siria;  trató de facilitar el acceso a cuotas de poder a la gran masa de desposeídos y explotados  de Venezuela mediante la creación de  organizaciones populares y les garantizó su apoyo  a través del Estado y, finalmente, cuando harta de perder todas las batallas  electorales la  oposición  perdió la paciencia y decidió emprender acciones violentas para derribar al gobierno, éste empleó a las organizaciones populares de defensa, al ejército y a las fuerzas policiales leales  –a la violencia, por emplear la palabra correcta– para defender el sistema democrático del pueblo venezolano, reprimiendo a la oposición violenta. Por ello,  a pesar  de todas las victorias electorales obtenidas, de forma inevitable, para los grandes grupos mediáticos que crean la opinión pública mundial, la democracia venezolana pasó a considerarse como una sangrienta dictadura que no respeta los derechos humanos y que debe ser derribada urgentemente para  regresar a la democracia.

En el caso de Ucrania muchos han visto triunfar –como anteriormente hicieran con Libia y otros ejemplos– la supuesta voluntad democrática radical de los ciudadanos movilizados frente al poder  gubernamental que es descrito por los medios de comunicación como antidemocrático y dictatorial, a pesar de que la elección del presidente ucraniano derribado y de su gobierno se había realizado estrictamente según la normativa de la democracia occidental. La opción europea y otanista de la  junta golpista ucraniana viene a reafirmar la identidad entre democracia y Unión  Europea, que para  muchos ciudadanos son simples sinónimos.

Aunque muchas veces tenga intenciones muy diferentes, la izquierda reformista europea también está situada en las coordenadas ideológicas del democratismo. Considerando anacrónico y superado al pensamiento de Lenin  y de Marx, o al menos el que plantea la necesidad de sustituir el capitalismo por el socialismo –a pesar de la buena voluntad de muchos de sus militantes–, no entra en las pretensiones de esta izquierda encontrar una salida al sistema capitalista e imperialista, sino simplemente respuestas a la crisis económica, defendiendo políticas que, quiméricamente, permitan volver a los «buenos tiempos» del capitalismo y a la recuperación del corporativismo social plasmado en un Estado del bienestar que la crisis inexorablemente está disolviendo. Cargando las tintas con  juicios morales sobre lo injusto e inhumano de las políticas de austeridad y los recortes sociales, la izquierda reformista prioriza su actuación en  las  instituciones del sistema desde  donde se esfuerza en encontrar soluciones técnicas a la crisis económica mientras impulsa su acción política con llamamientos a una  nueva ética capitalista –redistributiva–, apelaciones a la justicia social y quejas contra la corrupción que dañan el funcionamiento democrático del sistema. Toda su ideología gira  alrededor del democratismo: desde lo que se ha dado en llamar «democracia económica» como alternativa a las «políticas de derechas» hasta las propuestas de perfeccionamiento de las formas e instituciones del  sistema, sin  modificar su  esencia, para «profundizar» o «regenerar» la democracia. Estas serían las curas de urgencia que se proponen como remedio a la crisis capitalista y en beneficio de  lo  que  esta izquierda etiqueta como «ciudadanía» –ya no está de moda  hablar de clase obrera y de capitalistas–, etiqueta que tanto podría aplicarse a un desempleado de larga duración como a la  élite selecta  de ejecutivos de las empresas que cotizan en la bolsa.

¿Estos primeros auxilios democratistas son eficientes? Es muy dudoso: lo que se conoce como  sistema democrático internacional esconde, en realidad, un funcionamiento propio de la mafia donde Estados Unidos ejerce de padrino, de “capo” indiscutible del crimen organizado. La democracia occidental es la tapadera ideológica del capitalismo corporativo de las grandes multinacionales, de los poderes financieros desorbitados y de los  organismos clandestinos de los Estados que conforman un  imperialismo agresivo, bestial y salvaje, desprovisto de cualquier moralidad más que la de saquear a los pueblos y mantener bajo control a los trabajadores. Esta amalgama de las finanzas, el poder militar, poder policíaco, poder mediático y poder ideológico, hegemonizado por Estados Unidos y su corte de  aliados que se pelean por las migajas del botín, no duda en exterminar a pueblos enteros al tiempo que dicta a través de sus grupos de presión clandestinos las políticas de los gobiernos así como las preferencias de los votantes en cada convocatoria electoral mediante el inmenso poder de sus medios de desinformación y sus intelectuales orgánicos. Tan sólo se permite la alternancia de partidos, es decir, de gestores con matices diferentes, y se tolera la existencia de ciertos derechos mientras no entren en conflicto con  los intereses de los verdaderos poderes. ¿Es posible en estas circunstancias «profundizar la democracia» o en pensar en «otra» democracia?

En el discurso dominante de las izquierdas mayoritarias así como de muchos movimientos sociales  –aceptando que en gran parte está cargado de buenas intenciones–, ya no se habla de luchar por las conquistas democráticas concretas como una palanca que  impulse la salida del sistema y el avance hacia el socialismo: por el contrario, entre la izquierda reformista y democratista se sigue  promocionando la idea de que existe una democracia abstracta y absoluta, una democracia políticamente neutra –desechando la “anticuada” descripción de la democracia capitalista como una institución ideada para perpetuar el dominio de la oligarquía–, una  democracia dentro del  sistema que permitirá hacer «políticas  favorables a las  mayorías». La izquierda reformista y algunos movimientos sociales interpretan que las instituciones democráticas representan el interés general de la «ciudadanía» pero están «secuestradas» por los grandes poderes económicos privados –los  «mercados»–,  y por ello  el  poder financiero es  denunciado como responsable de  todos  los  males sociales  y  de  las  políticas  neoliberales y de austeridad: no se critica al sistema y en su lugar se ataca a sus «manzanas podridas»: el banquero avaricioso, especulador o corrupto que  somete a los  gobiernos a su voluntad debido a supuestas  «insuficiencias democráticas». La figura del tiburón de las finanzas emerge como un espectro atemorizador que personifica todos los males de la sociedad, a pesar de que esta izquierda recibe puntualmente suculentos créditos bancarios para esas megafiestas democráticas que  representan  las  sucesivas campañas electorales.

Desde  algunos movimientos sociales se defiende la  idea, además, de  que  el  1%  de  la población  –básicamente los banqueros– ha «secuestrado» la democracia al 99% restante, los «ciudadanos». Según este razonamiento, las crisis capitalistas se podrían evitar si no fuera por individuos inmorales que se aprovechan de la «ciudadanía»: encarcelando a algunos banqueros y controlando al poder financiero, el capitalismo volverá a humanizarse y se acabará la crisis, iniciando una nueva fase de consumo. 

En  realidad, el  democratismo de la izquierda reformista y de algunos movimientos sociales es un aspecto particular del discurso político y mediático general, sobresaturado de retórica democrática. Es un discurso que no permite percibir con claridad una realidad definida por la transformación de la democracia en neofascismo.

(1) Jean-Paul Pougala: Otra visión sobre China. http://ciutadansperlarepublica.blog- spot.com.es/2012/03/otra-vision-sobre-china_19.html
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04 enero, 2017

El «perro celestial» - Emil Cioran




No puede saberse lo que un hombre debe perder por tener el valor de pisotear todas las convenciones, no puede saberse lo que Diógenes ha perdido por llegar a ser el hombre que se lo permite todo, que ha traducido en actos sus pensamientos más íntimos con una insolencia sobrenatural como lo haría un dios del conocimiento, a la vez libidinoso y puro. Nadie fue más franco; caso límite de sinceridad y lucidez al mismo tiempo que ejemplo de lo que podríamos llegar a ser si la educación y la hipocresía no refrenasen nuestros deseos y nuestros gestos. 
«Un día un hombre le hizo entrar en una casa ricamente amueblada y le dijo: "Sobre todo no escupas en el suelo". Diógenes, que tenía ganas de escupir, le lanzó el lapo a la cara, gritándole que era el único sitio sucio que había encontrado para poder hacerlo.» (Diógenes Laercio). 
¿Quién, después de haber sido recibido por un rico, no ha lamentado no disponer de océanos de saliva para verterlos sobre todos los propietarios de la tierra? Y, ¿quién no ha vuelto a tragarse su pequeño escupitinajo por miedo a lanzarlo a la cara de un ladrón respetado y barrigón? Somos todos ridículamente prudentes y tímidos: el cinismo no se aprende en la escuela. El orgullo, tampoco. «Menipo, en su libro titulado La virtud de Diógenes, cuenta que fue hecho prisionero y vendido y que le preguntaron qué sabía hacer. Respondió: "Mandar", y gritó al heraldo: "Pregunta quién quiere comprar un amo".» 

El hombre que se enfrentaba con Alejandro y con Platón, que se masturbaba en la plaza pública («Pluguiere al cielo que bastase también frotarse el vientre para no tener ya hambre»), el hombre del célebre tonel y de la famosa linterna, y que en su juventud fue falsificador de moneda (¿hay dignidad más hermosa para un cínico?), ¿qué experiencia debió tener de sus semejantes? Ciertamente la de todos nosotros, pero con la diferencia de que el hombre fue el único tema de su reflexión y de su desprecio. Sin sufrir las falsificaciones de ninguna moral ni de ninguna metafísica, se dedicó a desnudarle para mostrárnosle más despojado y más abominable que lo hicieron las comedias y los apocalipsis. «Sócrates enloquecido», le llamaba Platón. «Sócrates sincero», así debía haberle llamado. Sócrates renunciando al Bien, a las fórmulas y a la Ciudad, convertido al fin en psicólogo únicamente. Pero Sócrates -incluso sublime- es aún convencional; permanece siendo maestro, modelo edificante. Sólo Diógenes no propone nada; el fondo de su actitud y la esencia del cinismo, está determinado por un horror testicular del ridículo de ser hombre. 

El pensador que reflexiona sin ilusión sobre la realidad humana, si quiere permanecer en el interior del mundo y elimina la mística como escapatoria, desemboca en una visión en la que se mezclan la sabiduría, la amargura y la farsa; y, si escoge la plaza pública como espacio de su soledad, despliega su facundia burlándose de sus «semejantes» o paseando su asco, asco que hoy, con el cristianismo y la policía, no podríamos ya permitirnos. Dos mil años de sermones y de códigos han edulcorado nuestra hiel; por otra parte, en un mundo con prisas, ¿quién se detendría para responder a nuestras insolencias o para deleitarse con nuestros ladridos? Que el mayor conocedor de los humanos haya sido motejado de perro prueba que en ninguna época el hombre ha tenido el valor de aceptar su verdadera imagen y que siempre ha reprobado las verdades sin miramientos. Diógenes ha suprimido en él la fachenda. ¡Qué monstruo a los ojos de los otros! Para tener un lugar honorable en la filosofía, hay que ser comediante, respetar el juego de las ideas y excitarse con falsos problemas. En ningún caso el hombre tal cual es debe ser vuestra tarea. Siempre según Diógenes Laercio: 
«En los juegos olímpicos, habiendo proclamado el heraldo: "Dioxipo ha vencido a los hombres", Diógenes respondió: "Sólo ha vencido a esclavos, los hombres son asunto mío".»
Y, en efecto, los venció como ningún otro, con armas más temibles que las de los conquistadores; él, que no poseía más que una alforja, el menos propietario de los mendigos, verdadero santo de la risotada. Tenemos que agradecer el azar que le hizo nacer antes de la llegada de la Cruz. ¿Quién sabe si, injertada en su desapego, una malsana tentación de aventura extrahumana le hubiera inducido a llegar a ser un asceta cualquiera, canonizado más tarde y perdido en la masa de los bienaventurados y del calendario? Entonces es cuando se hubiera vuelto loco, él, el ser más profundamente normal, porque estaba alejado de toda enseñanza y toda doctrina. Fue el único que nos reveló el rostro repugnante del hombre. Los méritos del cinismo fueron empañados y pisoteados por una religión enemiga de la evidencia. Pero ha llegado el momento de oponer a las verdades del Hijo de Dios las de este «perro celestial» como le llamó un poeta de su tiempo.