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06 diciembre, 2016

LO CORRECTO - Rafael Hernández











Lo correcto es saludar al mundo con la cabeza por delante.
Recibir a Dios como se merece
con el alma blanca y la razón en blanco.
Obedecer hasta convertirse en hombre de provecho.
Estudiar una carrera con salida
no masturbarse.

Lo correcto es casarse y concebir dos hijos
aprobar oposiciones
no llegar nunca tarde.
No enamorarse de un loco o de una loca.
No llorar si naciste macho o llorar mucho
si te parieron del sexo femenino.

Lo correcto es aburrirse
afiliarse al Real Madrid
escuchar Carrusel Deportivo
votar
y votar lo menos malo
no pronunciar palabras malsonantes.
Asumir el azar sin rebelarse.
Pasear al crepúsculo un perro de raza
que se cague sin reparo en la puerta del vecino.
Ponderar los juicios
engañar sin mentiras
disfrazarse de traje y de corbata a juego con los calcetines.

Lo correcto es consumir dos horas diarias frente a la telepantalla
no levantarse de la mesa
ni comer con piel los melocotones. No equivocarse
saber escoger
intoxicarse con ibuprofeno a la primera molestia que lo excuse.

Lo correcto es follar los sábados
cenar en el McDonal's un resto de cadáver
comprarse una nariz nueva y cambiar la propia por una de mentiras
asesinar con cirugía las patas de gallo
para hacer la guerra y no el amor al paso de los años.

Lo correcto es suponerse underground
diferente
alternativo
cuando envías un guasap
mientras te lanzas de compras los domingos.

Lo correcto es morirse... sin haber vivido.

29 septiembre, 2016

DESTINO – Agustín García Calvo


El caso es llegar cuanto antes.
Ése es el lema que preside los manejos del Régimen y su propaganda: lo más visible, en el traslado de cosas y personas, autopistas cada vez más lisas para velocidades cada vez más estupendas de automóviles personales, ferrocarriles sumisos al mismo ideal y trenes de Alta Velocidad y Madrid-Valladolid en 2 horas, hora y ½, 1 hora, ½ hora, compitiendo con los aviones supersónicos, etcétera, pero eso de que todo se subordine al ideal supremo de llegar al destino en el menos tiempo posible es algo que se impone y manifiesta igual en las otras faenas, trámites y negocios a que se ha reducido lo que se llamaba vidas de la gente: me basta tocar esta tecla para que a los honestos lectores les surjan de sus penas cotidianas ejemplos a montones.

El destino se come al camino: ésa es la cuestión. Vean cómo, en aviones, trenes o autobuses, dando por supuesto que el tiempo del trayecto está vacío, proceden a llenarlo cerrando las ventanillas y entreteniendo al personal con vídeos de películas que corren en otro tiempo, mientras se pasa sin sentir el de los viajeros y ni se enteran por dónde van pasando; pero véanlo igualmente en la manera en que las vidas se convierten, año por año, hora a hora, en preparaciones para la futura (al fin, lo mismo que la Iglesia mandaba antaño) con oposiciones, exámenes, bodas programadas, proyectos y presupuestos, y cómo a los más jóvenes se les propone como ideal supremo el de que tengan un futuro.

Así el futuro va tragándose las vidas. Cierto que el fin último, la muerte de cada uno, pretenden, al revés, aplazársela más y más, alargar la esperanza de vida, como dicen; pero es una mentira hueca: la vida ya se la han birlado, la muerte ya se la han ido administrando a lo largo de sus años; y, para quedarse muerto como un muerto, no hace falta andarse yendo a morir mañana.

26 febrero, 2016

"Tiempo vacío no hay más que uno: eso a lo que llamamos Futuro" - Agustín Gª Calvo


Fragmento extraído de Enseñar a no saber, charla de Agustín Gª Calvo en la UNED 26/3/99
Texto completo à (pdf)

“Ya se sabe que no se derriba el régimen de un soplo, pero mientras tanto cabe acá abajo corroer la fe en las mentiras que lo sostienen y dejarlo que se hunda. ¡Salud y a ello!” A G C
La realidad es primariamente futura, como el Dinero lo es. No hay en verdad más dinero que el futuro. Como se demuestra cuando el dinero es dinero considerable y de verdad: el de la Banca, el de las Bolsas, el de los tráficos por la red informática universal. No hay más dinero que el futuro, o en otras palabras, la verdadera moneda del dinero es el tiempo vacío, y tiempo vacío no hay más que uno: eso a lo que llamamos Futuro. Porque las otras formas del tiempo, torpes, embrolladas, están siempre llenas o de acontecimientos, o de recuerdos inoportunos, o de sentimientos, de cualquier cosa, pero el futuro está limpio. El futuro es el puro tiempo, y es por eso en el Futuro en el que se asienta la Realidad, y con el que el dinero, realidad de las realidades, opera como su moneda propia.
De manera que es así como la realidad necesitada de fe es esencialmente futura, y ahora ya entendéis mejor la igualación entre saber y fe. Respecto al futuro, lo que se sabe es lo que se cree, lo que se cree es lo que se sabe. No hay ninguna otra manera de saber. Basta sólo a partir de ahí, de lo que está bien claro con respecto al futuro, el tiempo vacío, para entender que todo el resto de lo que se nos vende como tiempo, aunque se llame también Pasado, Historia, cualquier tiempo real, es decir, medible y contable, el tiempo de los relojes y los calendarios tiene esa misma condición que aparece clara en el tiempo futuro. Tiene esa condición de ser un tiempo vacío, en el que de verdad no pasa nada ni ha pasado nada. Eso con respecto a las cosas que se llaman pasado y al saber del pasado que figura como Historia, es bastante fácil de hacer: basta con arrasar todo lo que pueda haber de recuerdo vivo en nosotros, y reducirlo al calendario, a las fechas, a la Historia precisamente, entonces ya tenemos un tiempo perfectamente muerto y por tanto tan manejable como el propio tiempo futuro. Lo que nos está pasando ahora mismo, esta tarde aquí según os estoy hablando, parece que es cosa de otro jaez. Se intenta que no haya nada de eso, que ahora mismo no esté pasando nada, que esto ya, aparte de ser una cosa que tiene su justificación en el futuro, por lo pronto en lo que los piensen que iba a ser y que va a ser todo este ciclo de conferencias y para lo que va a servir, aparte de eso puede estar ya convertido en algo que ha pasado: aquí estuvo Fulano de Tal, Don Agustín, por ejemplo, y nos estuvo soltando unas ideas que él tenía acerca del saber, del creer, de la realidad, del tiempo, o sea, haciendo conmigo eso que os he presentado ahí, de manera que convirtiéndolo en un saber histórico, por tanto plenamente real, y en el que ya no se puede hacer nada que no sea lo que ya está hecho. De la manera más clara el órgano rey de los Medios de Formación de Masas, la televisión, os lo está haciendo todos los días: procura que en el mismo momento todo se convierta en Historia, que por el sólo milagro de aparecer en la pequeña pantalla aquello ya no esté pasando sino que haya pasado, que sea una historia, que esté muerto. Ese es el sentido que tienen los noticieros de televisión a la cabeza y los de los demás Medios de Formación de Masas: convertir en Historia todo. Todo esto por entrar un momento en política, que para mí no se puede separar de la lógica para nada, del pensamiento, todo esto se entiende bastante bien si uno recuerda que la función de poder, de cualquier forma de poder, es la administración de muerte. Que el futuro es algo que está fundado en que desde niño, contra lo que me quedaba de vivo y de niño, me han convencido de que me voy a morir mañana. Y estoy constituido por una muerte siempre futura. No hay otra: muerte de verdad, la mía, no hay otra: la siempre futura. Y entonces comprendéis que desde esa raíz es donde el futuro mismo arranca, y si es verdad que la realidad es primariamente futura, como he tratado de mostraros, pues en eso está fundada la realidad y el Poder administra la muerte.

Eso es lo que hace la Banca con la realidad de las realidades. Es lo que hace el Estado. Es lo que hace cualquier forma de poder. Es lo que hace cada uno consigo mismo y contra sí mismo: administrar su muerte. Admitir el cambiazo que le han metido. En lugar de alguna vida que se podía vivir, en la que podía pasar algo, pensar algo, descubrir algo, en lugar de eso tiempo, cumpleaños, oposición, matrimonio, jubilación, hijos: tiempo vacío. En eso consiste la administración de muerte. De manera que, naturalmente, el súbdito que ha admitido eso suficientemente, que se lo ha tragado lo bastante, es ya un súbdito que cree en la realidad como está mandado, que no le van a entrar ya grandes dudas acerca de que la realidad sea todo lo que hay, y que se va a olvidar en cuanto salga de aquí de cualquier cosa de las que estáis oyendo y que pudiera crearle problemas respecto a esa constitución de la Realidad que implica su propia constitución personal en cuanto ente real. El poder, terminando con este paréntesis político, necesita la Realidad. El Poder la fabrica y además (este es el gran aliento de lo que nos queda por debajo del Poder, de lo nos queda de verdad, de vivo, de pueblo) no deja de fabricarla, lo cual sugiere que nunca está satisfecho con la realidad ya establecida, escrita incluso en los libros y las tesis doctorales, enseñada en los planes de estudio como si ya de antemano cualquier ministro pudiera saber todo lo que tiene que saberse a lo largo de una año (porque un Plan de Estudios implica nada menos que eso: un funcionario, un ejecutivo de la Cultura al servicio del Poder sabe al empezar el año todo lo que los chicos y chicas tiene que saber a lo largo del año. Si no, no hay exámenes, ni hay por tanto Institución de Enseñanza). De manera que esta es la situación ridícula y sangrienta al mismo tiempo en la que nos encontramos. El Poder necesita realidad y por tanto se obstina en rehacerla y volverla hacer y machacar en ella todos los días, y esto es, como os sugería, un aliento para lo que queda por debajo del Poder: si estuviera de verdad ahí, si la realidad fuera algo físico, dado desde fuera, entonces qué necesidad tendrían de estarla predicando todos los días por la televisión, desde las cátedras, en los centros de enseñanza, en los libros, que más y más se publican acerca de la realidad o la física o la histórica o la económica o la política o cualquier otra forma de realidad, si lo hacen, como evidentemente lo hacen, sañudamente, constantemente y cada vez más se podría decir, es porque nunca está bien hecha del todo. Este es el aliento, no de esperanza sino de mera confianza negativa que nos asiste en aquello que nos queda por debajo del Poder. Eso, si no hubiera pruebas más directas, mostraría la falsedad de la pretensión de que la realidad está hecha. El saber, concluyendo esta parte, la constituye. El saber nunca está apartado de la propia realidad. El saber, en cuanto pretende estar establecido, se trata de referir a una realidad que está establecida. Y esto es, evidentemente, mentira, tan mentira como real. La Realidad es por tanto esencialmente falsa, según he tratado de sugeriros: aparte de ser real es falsa, y es falsa porque está sostenida por un saber, lo que es, un saber que, en los grados más altos, la Ciencia positiva representa, y ese saber es falso. Ese saber no se sostiene más que por fe, a fuerza de fe. Es lo mismo que la fe.

esculturas: Cayetano Ferrandez

20 febrero, 2016

Todo aquello que se llama Futuro es "muerte" - Agustín Gª Calvo

Fragmento de Contra la paz, de Agustín Gª Calvo


Todo aquello que se llama Futuro es "muerte". "Futuro" no escandaliza a nadie y "muerte" sí. Imaginaos la que os están haciendo cuando a vosotros, la gente de veintipocos años, os dicen que tenéis mucho Futuro. Una vez que habéis entendido lo que quiere decir la palabra, supongo que el truco os parece bastante claro. Tenéis mucho Futuro, en efecto, tenéis tanta cantidad de Futuro que no hay tiempo para vivir. Ésta es la descripción, más o menos, de la administración de muerte. No hay tiempo para vivir, porque ese tiempo en el que a lo mejor podría suceder tal cosa, como "vivir", está íntegramente ocupado en la preparación del "Futuro". Íntegramente ocupado en la preparación del Futuro de todas las maneras que vosotros ya sabéis, desde las más triviales, desde el momento que os hacen estar pendientes de un examen fin de curso, desde ese momento, pues, ya veis cómo la administración de muerte se realiza. No tiene ninguna importancia que os examinéis, da igual, y esto lo comprobáis a cada paso. Al aparato le importa un bledo. Si hay algún profesor que está interesado en las cosas que trata es una excepción. Lo que importa es que tengáis un programa, un proyecto, un plan de fecha fija. Os quieren hacer creer que os estáis preparando para adquirir una formación que os permita debidamente integraros en este orden. Pendientes de un Futuro y, efectivamente pues, llega el final de carrera, llega la oposición y lo que sea o el manejo por el que os colocáis; otros quedáis sin colocar, pero no importa porque también el paro está dentro del trabajo, es una parte de la institución, de forma que el parado sigue aspirando a colocarse y no se le ocurre disfrutar de su condición de descolocado ni por asomo. De forma que todos están preparados con eso. 


Luego están otros Futuros: parece que tenéis que casaros, nadie, ni dios sabe por qué, pero está ahí, está en el Futuro, es una condición, llega un momento en que hay que casarse y da igual que no creáis en esto y en lo otro y os parezca que eso del matrimonio es una ceremonia, da igual, no importa. Lo importante es que es una cosa más que hay que hacer y que está en el Futuro, y que después hay que preocuparse de unos niños y después pensar en los posibles cambios de residencia y colocación que entretienen mucho, y después en los planes de jubilación que la banca os proporciona para que os aseguréis la última parte del camino tranquila y podáis disfrutar así con Futuros sucesivos que ocultan el mismo tiempo, que revelan la verdadera condición del Futuro: esa muerte verdadera de la que estoy hablando. El mundo desarrollado aspira a que las poblaciones no sean más que masas de individuos, cada uno íntegramente reaccionario, es decir, conforme con el estado y el capital que lo rige. Se confía por lo menos por la parte de arriba que cada uno sea necesariamente reaccionario, es decir temeroso de su Futuro, preparador de su Futuro. Se confía, por desgracia, con buen fundamento en que al menos la parte superior de cada uno, la visible, tenga esa condición. Gracias a esto confían que las votaciones de la mayoría sean siempre reaccionarias y conformes. Lo practican una y otra vez; están seguros de que el procedimiento va a darles lo que esperaban. Y así funciona la cosa, así forman estas "masas", cuando no es a través de las instituciones de educación directamente, es por los otros medios culturales, la televisión a la cabeza. Así se consigue que nunca pase nada para que siga esta paz. Esta paz que consiste en la inmovilidad, la inmovilidad recubierta de movimiento acelerado. Se mueven pero están quietos. Ésta es la condición metafísica; esta conversión de la vida en historia implica al mismo tiempo la conversión de la gente en puras "masas" de individuos.


12 octubre, 2015