12 noviembre, 2020

Ladrones de guante blanco a la caza de dinero público — (CAS)

 


La Coordinadora Antiprivatización de la Sanidad (CAS) denuncia la irresponsable reacción del Ministro de Sanidad ante el anuncio de la multinacional PFIZER sobre la vacuna contra el COVID.


El pasado lunes día 9 de noviembre la multinacional PFIZER y BioNTech emitió un comunicado informando del éxito de su vacuna contra el COVID que aseguraba tener disponible para finales de este año. Así mismo informaba de la existencia de efectos secundarios en menos del 20% de los participantes en los ensayos clínicos, de la fase 1, realizados en EE.UU. y Alemania.


Con esos «buenos resultados» esperaba tener disponibles 100 millones de dosis a finales de este año y 1.300 millones en 2021 [1]. Según sus propias informaciones, los ensayos clínicos correspondientes a las fases 2 y 3, no se sabe si se han iniciado y, en cualquier caso, no han culminado.


Hasta la fecha, ningún organismo administrativo de ningún país, ni mucho menos la OMS, ha otorgado validez a los resultados anunciados. Es decir, nos encontramos ante un acto de propaganda, puro y duro, de estas multinacionales, en una pelea descarnada con otras, por hacerse con los contratos multimillonarios de los Estados.



Vende humo, coge el dinero y corre…


Hoy se ha sabido que según los datos de la Comisión de Mercados y Valores de EE.UU. [2], el Director Ejecutivo (CEO) de la PFIZER – BioNTech, Albert Bourla, aprovechó que el valor en bolsa de los intereses de la compañía se disparaba como consecuencia de ese anuncio, para vender el 62% de sus acciones. Vendió según el documento que citamos 132.508 títulos a un precio de 41,94 dólares, por lo que se hizo en un día con aproximadamente a 5,6 millones de dólares.


En esta carrera por conseguir el dinero fresco a costa de manipular la angustia de las poblaciones y a la espera de que les lleguen cantidades ingentes de dinero público, el CEO de la PFIZER no está solo. También Sally Susman, vicepresidenta ejecutiva de la misma compañía vendió de 43.662 títulos el mismo lunes, al mismo precio y se embolsó cerca de dos millones de dólares.


Pero hay más. Al calor del pánico por la Covid y la búsqueda de la panacea de la vacuna, en el pasado mes de julio, el CEO de otra multinacional farmacéutica , ahora Moderna, tras anunciar prometedores resultados con la vacuna que produjeron una subida en bolsa de sus acciones de un 30%, vendió 72.000 acciones de la empresa y consiguió 4,8 millones de dólares. Por el mismo camino anduvo el presidente de Moderna que obtuvo 1,9 millones de dólares.


El círculo se cierra con dinero público.


Ante este escenario de ladrones de guante blanco –o criminales que juegan con la salud de la gente– nuestro Ministro de Sanidad anunció al día siguiente del anuncio de PFIZER- BioNTech, sin esperar validación alguna, así por las buenas, que comparará 10 millones de dosis de vacuna. «El Gobierno espera que esta semana o la siguiente pueda firmar nuevos contratos con la farmacéutica para las primeras dosis del remedio, que podrían llegar a principios del año que viene, incluso, si todo va muy bien, a finales de este. El ministro calcula que puedan adquirir unos 20 millones de dosis en total, para inmunizar a unos 10 millones de personas en España a principios de año, y que estas vacunas serán gratuitas» [3].


La Coordinadora Antiprivatizacion de la Sanidad (CAS):


● Denuncia la irresponsabilidad del ministro que muestra un sometimiento indigno, no sólo a los intereses, sino directamente al aparato de propaganda de las multinacionales farmacéuticas, montado, además –como los datos evidencian– para el lucro de sus directivos.


● Recuerda que en 2009 con ocasión de la Gripe A, la Ministra de Sanidad Trinidad Jiménez gastó cerca de 400 millones de euros, en plena época de recortes, en vacunas, Tamiflú y Relenza. Ninguno de ellos se llegó a utilizar. Dichos fármacos fueron recomendados por el Comité de Expertos de la OMS quien denunció el soborno de sus técnicos por las multinacionales Roche y Glaxo [4] que facturaron cientos de miles de millones de dólares. En estos momentos hay un gran déficit de información, unido a un interés de multinacionales de todo tipo para hacerse con el suculento negocio que se avecina, por lo que previsiblemente asistiremos en las próximas semanas a nuevos anuncios de vacunas milagrosas, que por precaución deberemos poner en cuarentena.


● Advierte de que en la lucha contra el Covid se están dirigiendo todos los esfuerzos hacia las “soluciones” hospitalcentristas y farmacológicas, precisamente las que pueden aportar volumen de negocio para el entramado médico-industrial, desechando las medidas de salud pública básicas, la mejoría de las condiciones de vida de la población y la lucha contra la desigualdad, elementos más baratos que podrían contener la expansión de la pandemia.


Por todo ello la Coordinadora Antiprivatización de la Sanidad, al igual que planteó cuando se anunció la compra, esta vez por parte de la UE, de millones de dosis a Astra-Zeneca [5], exige que:


1. De forma inmediata se constituya un comité científico con acreditada independencia de la industria farmacéutica, que evalúe la validez, eficacia y seguridad de las vacunas disponibles, incluidas las producidas por instituciones públicas de otros países.

2. Se tomen las medidas necesarias para fortalecer la investigación pública, asegurando su independencia del capital privado.

3. Se cree una industria farmacéutica pública capaz de fabricar los medicamentos considerados como esenciales por la OMS, entre ellos, las vacunas.


Referencias

1. https://elglobal.es/industria/pfizer-y-biontech-preven-una-aprobacion-regulatoria-de-su-vacuna-contra-la-covid-19-en-octubre/

2. https://www.sec.gov/Archives/edgar/data/78003/000122520820013318/xslF345X03/doc4.xml

3. https://www.lavanguardia.com/politica/20201110/49384092682/salvador-illa-vacuna-pzifer-inmunizar-10-millones-espanoles-gratuita.html

4. https://elpais.com/diario/2010/06/05/sociedad/1275688803_850215.html

5. https://www.casestatal.org/es/2020/09/las-vacunas-contra-el-covid-19-los-gobiernos-una-vez-mas-a-los-pies-de-las-multinacionales-farmaceuticas/




08 noviembre, 2020

España y Chile: “No es lo mismo, pero es igual” — Sergio Rodríguez Gelfenstein

 


POLITIKA – 2020


Las derechas chilenas neoliberales (la gubernamental y la de oposición) han vociferado durante años que el sistema político chileno se construyó a imagen y semejanza del español. Los Pactos de la Moncloa significaron un acuerdo de clases para desmontar formalmente el sistema franquista, dándole continuidad ahora en condiciones de democracia. Por supuesto que hay particularidades en cada caso, pero en lo sustancial, las élites políticas chilenas modelaron el sistema con la vista puesta en el que se pactó en Madrid (veleidades de la historia) un 25 de octubre pero de 1977.


Efectivamente, una serie de características dan cuenta de la similitud entre ambos procesos: ambos emergieron de pactos multi partidistas y multi clasistas en los que participaron liderazgos domesticados incluso de izquierda que se plegaron a la corriente hegemónica que sin estar en la oposición al régimen saliente, manejaron el proceso en dirección de sus intereses prioritarios. La izquierda y las corrientes sindicales que llevaron la parte más difícil de la lucha contra la dictadura fueron excluidas de cualquier participación en la toma de decisiones, aceptando ser “furgón de cola” del tren de la “nueva sociedad” que nacía.


En los dos casos, los dictadores (Franco y Pinochet) dejaron claramente trazada la ruta que habría de venir. En España, a través del restablecimiento de la monarquía borbónica y en Chile, fijando “candados” que parecían hacer inamovible la Constitución impuesta a sangre y fuego por el tirano. Ambos modelos se sustentaban en el establecimiento de férreos sistemas represivos estructurados para favorecer al capital y marginar a las clases populares, atraídas por la necesidad de poner fin a las dictaduras.


Los dos países desarrollaron sus procesos atados a las órdenes del gran capital transnacional que es el que verdaderamente decide. España se ha mantenido amarrada a Alemania y Chile a Estados Unidos. Alemania, fue un actor clave por la influencia que ejerció en los actores nacionales que recibieron su apoyo, lo cual le permitió condicionar los resultados alcanzados a partir del uso deliberado de la coerción a través de las instituciones u organizaciones internacionales.


También se manifestó el deseo de fiscalizar el proceso de transición española por parte de Alemania, al manifestarse su interés por ocupar un papel central o privilegiado en el futuro, lo cual se hizo sin necesidad de utilizar un medio como el control directo y permanente de la situación interna, en tanto hubo confianza en los actores nacionales para alcanzar los objetivos propuestos.


En este sentido, Juan Carlos Pereira Castañares, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid señaló que: “La actitud de la República Federal de Alemania puede ser considerada quizá la más importante [entre] las potencias europeas. El propio ex-canciller Helmut Schmidt ha escrito que ´pensábamos que en España las circunstancias eran especialmente propicias para un giro hacia la democracia, y apoyamos a todos los partidos democráticos y sindicatos hasta donde pudimos`. En efecto, el Gobierno de Bonn se mostró especialmente activo, buscando una salida democrática al franquismo que conllevase la creación de un partido socialista de amplia base capaz de contener a los comunistas y de constituir a medio plazo una auténtica alternativa de gobierno”.


En el caso de Chile, después de las grandes protestas y movilizaciones del año 1986, la gigantesca introducción subrepticia de armamento al país por parte del Partido Comunista y el fallido atentado contra el dictador en septiembre de ese año, Estados Unidos entendió que Pinochet debía ser removido so riesgo de una salida revolucionaria a la dictadura. Antes que finalizara el año, se estableció un “puente aéreo” entre Washington y Santiago a través del cual congresistas, miembros del gobierno y militares de Estados Unidos comenzaron a presionar por igual a la dictadura y a la oposición de derecha para buscar un consenso que llevara a una salida negociada. La derecha opositora y las élites de algunos partidos que habían sido de izquierda y que fueron domesticadas en Europa, se plegaron a la negociación verificada a partir de la realización del plebiscito de octubre de 1988 y las elecciones de diciembre de 1989.


Algunas proyecciones recientes de estos pactos se han expresado a través de la exclusión, persecución y represión de las nacionalidades: en España a los catalanes y en Chile a los mapuche, cercenando la posibilidad de autodeterminación de pueblos sujetos al control del Estado central por vía de la fuerza y de una justicia entregada al Poder.


De la misma manera, ambos países insertos en modelos de economía ultra neoliberal desactivaron sus sistemas de salud pública generando una incapacidad manifiesta para manejar la pandemia, redundando en centenares de miles de infectados y miles de muertos.


Ahora, los dos países han querido seguir unidos por la sandez gubernamental, militar y policial, utilizando la mentira que desprecia la inteligencia del pueblo. El 20 de octubre del año pasado, dos días después que iniciara la gigantesca movilización social en Chile, el presidente Sebastián Piñera hizo una declaración en la que señaló que el país estaba "en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni a nadie y que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite, que está dispuesto a quemar nuestros hospitales, el Metro, los supermercados, con el único propósito de producir el mayor daño posible".


Tales palabras emitidas en un ambiente de confrontación, rodeado de militares fueron el preludio de la brutal represión que sobrevendría a partir de entonces. Como se señaló en su momento, nunca antes un jefe de Estado desde Pinochet había caracterizado la situación interna del país en tal dimensión.


Piñera, sustentó su llamado a las armas para reprimir al enemigo interno en un informe elaborado por la Dirección de Inteligencia Nacional del Ejército (DINE) que le había sido entregado por el entonces ministro de Defensa Alberto Espina. La “inteligencia chilena” había detectado que el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) de Venezuela, a las órdenes del G-2 (Servicio de Inteligencia cubano) habían gestado una "ofensiva insurreccional para Chile". Para cumplir la misión contaban “con un batallón de 600 agentes clandestinos, expertos en guerrilla urbana, quienes ingresaron a Chile como refugiados, muchos de ellos formados en escuelas subversivas cubanas como Punto Cero", señalaba con estulticia el limitado presidente.


Todos sabemos lo que vino después: violaciones a los derechos humanos incluyendo torturas, abusos sexuales, vejaciones, uso indiscriminado de la fuerza, heridos por armas de fuego, muertos, y más de 460 personas con daño ocular y pérdida de visión de uno o dos ojos. Según la fiscalía nacional un número irrelevante de personas han sido procesadas por la violencia institucional y una cifra mucho más ínfima se encuentra en prisión preventiva haciendo patente el objetivo de la guerra contra el pueblo inventada por Piñera.


Fue una institución del propio Estado chileno quien se encargó de desmentir al presidente. La Agencia Nacional de Inteligencia (ANI) señaló que las pruebas suministradas por la DINE buscaban en el exterior, un culpable de la movilización popular, escudriñando en el intento de comprobar una hipótesis que se basaba en que las protestas estaban manejadas por organizaciones integrantes del Foro de Sao Paulo, aunque esto tampoco fue comprobado según el reporte de la agencia estatal. Incluso el fiscal metropolitano de la zona oriente de la capital del país, Manuel Guerra afirmó que la acusación de Piñera sobre la intervención extranjera en el estallido social chileno "fue solo humo".


Para no ser menos, en España se ha hecho pública una acusación de una lógica tan irracional que raya en lo absurdo. Según la justicia del Reino, Rusia hizo un ofrecimiento al ex presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont de 10.000 soldados para convertir Cataluña en "un país como Suiza". Los argumentos expuestos no resisten ni la más mínima consideración. En relación con esta acusación, se ha desatado por parte de la Guardia Civil bajo dirección del Juzgado de Instrucción número 1 de Barcelona la operación “Volhov”, nombre de una División que agrupó voluntarios españoles que combatieron junto al ejército nazi en el sitio a Leningrado, durante la invasión hitleriana a la Unión Soviética.


La dimensión de esta barbaridad supera cualquier análisis racional. La entrada de 10 mil soldados rusos en España significaría el inicio de la tercera guerra mundial, algo muy lejos del ánimo y la voluntad de las autoridades rusas y del presidente Vladimir Putin en su relación con Europa.


Pero el nivel político y cultural de las autoridades españolas, la mentira continuada de sus medios de comunicación y la reiterada suposición de que es posible mantener al pueblo en una ignorancia que abra paso a manipulaciones de todo tipo, hacen que declaraciones como esta, tengan espacio en la atribulada opinión pública española que ya no sabe en quien creer.


De la misma manera que se hizo en Chile, en España, el desarrollo de la operación Volhov ha significado la detención de 21 personas, muchas de ellas empresarios o profesionales y el registro de viviendas, oficinas y almacenes, bajo la acusación de malversación de fondos públicos, prevaricación y blanqueo de capitales. Todo esto bajo la suposición de que Rusia está conectada con el proceso independentista de Cataluña a fin de desestabilizar al Estado español según el documento judicial que lo afirma y que se ha filtrado a la prensa.


En Chile gobiernan la Unión Democrática Independiente (UDI) y Renovación Nacional, ambos partidos herederos de Pinochet y de su ideología. La oposición de derecha y centro estructurada en los partidos Demócrata Cristiano, Socialista, Por la Democracia y el recientemente creado Frente Amplio sirven de comparsa a la democracia de facto. En España, los partidos social demócratas denominados Socialista y Podemos son los que ostentan el gobierno. En este caso, es la oposición franquista agrupada en los partidos Popular, Ciudadanos y Vox la que sirve de comparsa, simulando oposiciones coyunturales mientras soportan por igual al sistema neoliberal monárquico. Tal vez, esa si sea una diferencia, aunque como dice Silvio Rodríguez eso “no es lo mismo, pero es igual”.

Pues, mire usted...

 



Autos de uso – Carlos Puebla y sus Tradicionales

[Podemos sustituir Nixon por Trump y Ford por Biden, nada ha cambiado sustancialmente]

Cuando quitaron a Nixon

hubo quien me preguntó

qué opinión me merecía

Mister Ford.


Pues mire usted

pues mire usted

a mi me parece Ford

lo mismo que el Chevrolet.


Yo quiero que usted me diga

qué podría opinar yo

sobre el recién estrenado

Mister Ford.


Pues mire usted

pues mire usted

a mi me parece Ford

lo mismo que el Chevrolet.


Mister ford no es zapatero

mecánico ni pintor

no es más que otro millonario

Mister Ford.


Pues mire usted

pues mire usted

a mi me parece Ford

lo mismo que el Chevrolet.


Este criminal insigne

gran compinche de Saigón

nos deja una gran herencia

Mister Ford.


Pues mire usted

pues mire usted

a mi me parece Ford

lo mismo que el Chevrolet.


Es como un auto de uso

reparado y de ocasión

un tarado reparado

Mister Ford.


Pues mire usted

pues mire usted

a mi me parece Ford

lo mismo que el Chevrolet.





05 noviembre, 2020

Trump nunca fue realmente el problema — Kenn Orphan

 


Information Clearing House – 04/11/2020

Traducción del inglés: Arrezafe


Mientras escribo esto, espero, como todo el mundo, los resultados de este patético espectáculo llamado 'elecciones estadounidenses'. Espero el resultado de una farsa que los imperios a lo largo de la historia han impuesto a sus súbditos: la ilusión de la elección. También aguardo la inevitable contienda, la especulación que probablemente se prolongará durante semanas o más, las desquiciadas y caóticas maquinaciones del presidente en funciones, así como su desenfrenado golpe fascista, algo previsible nacido de la desesperación de un megalómano narcisista sociópata.


Pero, seamos francos, Donald Trump nunca fue realmente el problema, fue y es el rancio producto de un experimento secular de imperialismo colonial y racista, originado en el continente y luego exportado a todo el mundo. Comenzó cuando los colonos europeos pusieron el pie en este "Nuevo Mundo" que ocuparon y declararon suyo, mandando al diablo a los pueblos nativos.


La arrogante y sádica crueldad de Trump siempre ha estado latente bajo la superficie del "excepcionalismo" estadounidense. Es la misma crueldad que generó el genocidio indígena, la trata de esclavos africanos, los linchamientos, Jim Crow y la nación que puso a sus ciudadanos en campos de concentración, que normalizó el ataque nuclear a civiles (la única nación en la tierra que lo ha hecho), que arrasó a bombardeos a los pueblos del sur de Asia y roció a sus hijos con napalm y agente naranja. La misma que entrenó a los escuadrones de la muerte en Centroamérica e Indonesia. La misma que asesinó a Lumumba y derrocó a presidentes electos democráticamente como Allende y Mossadegh. La misma que, basada en mentiras, permitió la aniquilación de Irak y de toda la región, que torturó a los niños y a sus padres en los húmedos sótanos de Abu Ghraib, que bombardeó con un dron a una abuela recogiendo okra en el campo. La misma que convirtió a Libia, una vez la nación más próspera de África, en un centro para el comercio moderno de esclavos. La misma que ha pertrechado de tanques a su propia policía, trofeos de sus sangrientas incursiones en el sur global ahora destinados a aplastar a su propia gente. La misma que encerró a toda una generación de niños negros y morenos por la posesión de una planta o por drogar sus castigados cuerpos para aliviar la agonía de vivir en un infierno de desesperación.


Estados Unidos acaba de experimentar su mayor participación electoral en 150 años, pero no se produjo la llamada "ola azul" que muchos liberales esperaban. En una sociedad realmente libre e igualitaria, Trump, ese montón de estiércol de naranja que ha controlado el Despacho Oval durante los últimos cuatro años, debería haber sido electoralmente aplastado. Sin embargo, casi la mitad de quienes votaron lo hicieron a favor de ese montón de estiércol protofascista, el mismo que arrancó a sollozantes niños de los brazos de sus padres y los encerró en jaulas. El mismo que ha fomentado abiertamente la violencia de sus bases más extremistas. El que dijo que los neonazis eran "gente muy buena". El que ordenó a los terroristas racistas que "se mantengan al margen y esperen". El que se ha burlado de los profesionales de la salud y la ciencia mientras una pandemia totalmente previsible surgía en todo el país. El misógino de “agarrarlas por el coño” que ha sido acusado de agresión sexual por al menos 26 mujeres y al que tantos evangélicos adulan repugnantemente como si fuera la versión estadounidense del bíblico rey David. El que ha demonizado constantemente a la prensa, así como a los activistas antirracistas y antifascistas.


¿Por qué? ¿Cómo puede ser esto posible? Porque en los Estados Unidos blancos, tanto liberales como conservadores, deliberadamente ciegos a la miseria que han infligido, por política consciente o apatía, se han embriagado durante demasiado tiempo de su propia arrogancia. Se han alimentado sin cesar de la falacia de su supuesta grandeza, propiciada durante décadas por la propaganda de la CIA / Hollywood. Se han alimentado de la mentira del "mercado libre", que ridiculiza a socialistas y anarquistas, mientras millones languidecen en barrios marginales fuera de ciudades como Los Ángeles o en los callejones industriales del cáncer capitalista. Y sus disidentes, de los cuales ha habido muchos, han sido repetidamente reprimidos, silenciados o castigados sin piedad por atreverse a exponer las mentiras del sistema. En este mismo momento, uno de ellos espera su destino en un gulag británico.


Estados Unidos es, de hecho, un imperio terminal en un planeta asediado por psicópatas, ecocidas y belicistas, mucho más interesados en acumular capital que en las vidas de sus propios hijos y nietos.


Joe Biden, un reminiscente necrófago de anteriores andanzas racistas y genocidas de Estados Unidos, fue vendido al país como la única alternativa viable a un proto-fascista. Un hombre que ha manoseado de manera obscena más nalgas de las que se pueden contar; que retozó orgullosamente con los segregacionistas autores de un “proyecto de ley contra el crimen”, proyecto que envió a los empobrecidos niños negros y morenos a la cárcel; que defendió una guerra basada en mentiras, una guerra que se llevó cientos de miles de vidas, si no más. Un hombre que sigue defendiendo el apartheid en Oriente Medio y las juntas militares en Centroamérica; que todavía alaba el fracking en medio de un clima que empeora día a día, y que, en medio de una pandemia, se niega a considerar nada parecido a la atención médica universal. Esta es la alternativa. Y, sin embargo, muchos liberales todavía se preguntan con incredulidad por qué no despertó mucho entusiasmo.


Independientemente del resultado, debería quedar claro que Estados Unidos es un estado fallido. Si bien la mayoría de su población es decente y está dispuesta a comprometerse con el mundo, más allá de sus fronteras, una parte considerable de la misma ha demostrado que no lo es, ha abrazado el fascismo, aunque ignore el significado del término. Este es un hecho que debe quedar claro. El desprecio de su beligerante gobierno por un mínimo de decencia, cooperación, compasión o conciencia ha quedado, y en términos muy severos, patente ante todos los habitantes del planeta. No se puede ni se debe confiar nunca en él. De hecho, su disolución es la única esperanza que podemos albergar para un futuro habitable en la tierra.


● ● ● ● ●




03 noviembre, 2020

LEWIS HINE, FOTÓGRAFO DE LA CLASE TRABAJADORA

 

LA ESPINA ROJA – 03/11/2020


80 AÑOS DE LA MUERTE DE LEWIS HINE

Lewis Hine: retrato de la clase trabajadora


El estadounidense Lewis Wickes Hine (1874-1940) fue docente y sociólogo antes de debutar profesionalmente en la fotografía con el enorme trabajo realizado durante diez años para el Comité Nacional Contra la Explotación Infantil de su país: un registro sociofotográfico del trabajo de niños y niñas en plantaciones, minas de carbón y fábricas.



"Las ciudades no se construyen a sí mismas, las máquinas no pueden hacer máquinas, a menos que tras ellas esté el cerebro y el sudor de los hombres. Llamamos a nuestra época la era de las máquinas. Pero cuantas más máquinas utilizamos, más necesitamos hombres de verdad para hacerlas y dirigirlas. He trabajado en muchas fábricas y conocido a miles de obreros. Aquí les presento algunos; muchos son unos héroes, y todos son personas que es un privilegio conocer".


"Les llevaré al corazón de la industria moderna, allí donde se construyen las máquinas y los rascacielos, donde el espíritu de los hombres se incorpora a los motores, aviones y dínamos de los que depende la vida y la felicidad de millones de nosotros. De esta manera, cuanto más sepan ustedes de las máquinas modernas, tanto más podrán también respetar a los hombres que las construyen y las manejan".



Sus primeras fotos fueron tomadas a los inmigrantes alojados en la isla de Ellis, cerca de Manhattan, como parte del programa educativo de la Ethical Culture School de New York en la que enseñaba.

En los primeros años del siglo XX se desarrolló en los Estados Unidos una corriente progresista y humanista que intentaba paliar lo que percibían como excesos de la gran industrialización, es decir la superexplotación de decenas de miles de trabajadores que se incorporaban a las fábricas. Numerosas organizaciones oficiales y no gubernamentales, realizaban actividades de contención, investigación y difusión de la problemática social producida por el capitalismo en ascenso.



Había un mercado incipiente para la fotografía social y Hine, que ya había dado muestras de su capacidad como fotógrafo, decide dejar la vida académica para dedicarse a documentar la problemática de la clase trabajadora.


Su primer gran encargo proviene del Comité Nacional contra la Explotación Infantil (NCLC) para el cual realizó entre 1908 y 1918 una enorme tarea de seguimiento y registro fotográfico del trabajo infantil en granjas y plantaciones, fábricas textiles, minas y manufactureras de tabaco, de lo que resultará el corazón de su obra fotográfica. Luego de ese gran trabajo viaja dos años a Europa contratado por la Cruz Roja para documentar la devastación luego de la primera guerra.


"Hay dos cosas que quería hacer: quería mostrar las cosas que debían ser corregidas, y quería mostrar las cosas que había que apreciar".


Documentando las penurias del trabajador moderno, Hine seguramente confiaba en poder contribuir al mejoramiento en sus condiciones de trabajo, a “corregir” los excesos del capitalismo. Y sin dudas, según leemos en el párrafo citado al comienzo, su interés era mostrar al mundo a esos trabajadores hasta ese momento anónimos, a esas mujeres y hombres que hacían que el mundo funcione.



"Los mayores peligros a que está sometida la sociedad son la oscuridad y la ignorancia. Se requiere ¡luz a raudales! Por consiguiente el lema del trabajador social es "Hágase la luz". Y en la actividad por iluminar la realidad nosotros tenemos una poderosa herramienta que escribe con luz: la fotografía".


En la muestra exhibida en la sala 21 del CC Borges, compuesta por más de 80 fotografías podemos recorrer todas sus etapas: fotos de inmigrantes, de niñas y niños trabajadores, Europa en la primera posguerra, trabajadores ferroviarios, la construcción del Empire State. En ellas no sólo impacta el valor documental de las imágenes, también los epígrafes que las acompañan:


"Manuel, joven recolector de camarones, 5 años de edad y una montaña de conchas de ostras detrás de él. No entiende una palabra de inglés. Biloxi, Mississippi, 1911".


"Newsies (canillitas) comenzando su jornada a la 1 de la mañana del domingo, durante una tormenta de nieve. Puente de Brooklyn.1908".


"Viuda con sus hijos. Todos trabajan en un molino. Tyfton, Georgia.1908".



Hay algo importante en las fotografías que Hine realiza sobre la explotación infantil en Estados Unidos, algunas de las cuales podemos apreciar en esta muestra: los niños están fotografiados a su altura, y en general miran a cámara, con expresión seria y concentrada. No son victimizados, el autor los muestra agotados pero les permite enfrentar la lente en sus propios términos, los trata con dignidad y respeto. Son las circunstancias del contexto, sus ropas y caras sucias, sumados al contundente epígrafe, lo que convierten a cada foto en una elocuente denuncia.


Entre los rostros de niñas, niños y jóvenes, que muestran sus vidas duras con responsabilidades de adulto, y la resignación ante una realidad inevitable, se cuelan a veces las bromas o los juegos.



Sólo uno de los retratados muestra un rostro plenamente sonriente, “Harold Walker. 5 años. Condado Comanche. Gerónimo. Oklahoma. 1916.” Vemos sus ropas gastadas y sucias, las manos en los bolsillos y una sonrisa con dos dientes menos: se mezclan en la foto la niñez y la adultez. El fondo, muy desenfocado, lo aisla totalmente de su contexto, resaltando la franca calidez de su sonrisa. El autor intenta, quizás, protegerlo así de la dura realidad que le tocó vivir.


El cineasta, crítico y docente argentino Raúl Beceyro hace un interesante análisis de una de las fotos más difundidas de Lewis Hine, "Pequeña tejedora en una hilandería de algodón en Carolina. 1909”: “De un lado está la máquina, el trabajo; del otro un ser humano que se ve obligado a trabajar...Él dice que la máquina quiere aplastar al ser humano y que el ser humano se le resiste. La fotografía es la historia de esa resistencia. El punto de cámara, ese paso al costado que ha dado el fotógrafo, establece toda la importancia de la máquina; pero al bajar cincuenta centímetros la altura de la cámara y al descender al nivel de los ojos de la niña, y además al poner en foco al personaje, en ese momento el fotógrafo se pone decididamente de su parte...Hine no subestima el poder de la máquina (del trabajo, del capitalismo, del dinero, del Estado) lo sabe enorme, y a su lado puede parecer irrisoria la resistencia de la niña. Es posible, incluso, que esa niña que trabajaba en 1909 en una hilandería de Carolina haya sido, ella, vencida, pero sus pares, ellos, triunfarán. Puede pensarse que esa niña oprimida, sometida, humillada, momentáneamente vencida, es la representante de la clase obrera, y es sobre esa clase que la foto, finalmente habla". [1]



En sus fotos de niñas y niños recolectando fruta, de jóvenes y adolescentes vendedores de diarios, de niños mineros, de trabajadores ferroviarios, Lewis Hine se pone claramente de su lado. En su serie sobre la construcción del Empire State, muestra a los operarios arriesgando su vida en la construcción del rascacielos, a más de cien metros de altura. Allí también se pone del lado del trabajador. Lo hace además, literalmente a su lado, compartiendo el riesgo, empuñando su cámara en las alturas.


La obra de Lewis Hine, representa seguramente el comienzo de la fotografía documental de índole social, campo en el que pocos años después se destacarán Dorothea Lange y Walker Evans. Es seguro que además de sus conocimientos sociológicos y su sensibilidad social y política, su innegable talento como retratista lo ha convertido en uno de los autores más importantes del siglo XX.




[1] Raúl Beceyro. Ensayos sobre fotografía. Ed. Paidós, Buenos Aires. 2005

Fuente: La Izquierda Diario

●●●●●●●●●