USA Finales de los 30
Fragmentos extraídos del
libro Blackshits and Reds (1997), de Michael
Parenti.
Traducción del inglés:
Arrezafe
Gloria a Adolfo y
Benito
El fascismo italiano y el
nazismo alemán tenían sus admiradores dentro de la comunidad
empresarial estadounidense y la prensa de propiedad de las
corporaciones. Banqueros, editores e industriales, incluidos
personajes como Henry Ford, viajaron a Roma y Berlín para rendir
homenaje, recibir medallas y cerrar tratos rentables. Muchos hicieron
todo lo posible para avanzar en el esfuerzo de guerra nazi,
compartiendo secretos militares e industriales y participando en
transacciones secretas con el gobierno nazi, incluso después de que
Estados Unidos entrara en guerra.[9] Durante la década de 1920 y
principios de la de 1930, importantes publicaciones como Fortune,
Wallstreet Journal, Saturday Evening Post, New York
Times, Chicago Tribune y Christian Science Monitor
elogiaron a Mussolini como el hombre que rescató a Italia de la
anarquía y el radicalismo. Propagaron rapsódicas fantasías de una
Italia resucitada donde la pobreza y la explotación habían
desaparecido repentinamente, donde los rojos habían sido vencidos,
reinaba la armonía y los camisas negras protegían una "nueva
democracia". La prensa de lengua italiana en los Estados Unidos
se unió con entusiasmo al coro. Los dos periódicos más
influyentes, L'ltalia de San Francisco, financiado en gran
parte por el Bank of America de A.R Giannini, y Il Progresso
de Nueva York, propiedad del multimillonario Generoso Pope, veían
con buenos ojos al régimen fascista y sugerían que Estados Unidos
podría beneficiarse de un orden social similar.
Algunos disidentes se
negaron a unirse al coro "Adoramos a Benito". The Nation
recordó a sus lectores que Mussolini no estaba salvando la
democracia sino destruyéndola. Progresistas de todas las tendencias
y varios líderes laborales denunciaron el fascismo. Pero sus
sentimientos críticos recibieron escaso eco en los medios
corporativos estadounidenses.
Como con Mussolini,
también con Hitler. La prensa no miró con mala cara a la dictadura
nazi del Führer. Había un fuerte contingente de "Dale una
oportunidad a Adolfo", parte del cual estaba engrasado con
dinero nazi. A cambio de una cobertura más favorable en los
periódicos de Hearst, por ejemplo, los nazis pagaron casi diez veces
la tarifa de suscripción estándar para el servicio de noticias del
INS de Hearst. A cambio, William Randolph Hearst instruyó a sus
corresponsales en Alemania para que elaboraran informes amistosos
sobre el régimen de Hitler. Los que se negaron fueron trasladados o
despedidos. Los periódicos de Hearst incluso abrieron sus páginas a
ocasionales columnas de destacados líderes nazis, como Alfred
Rosenberg y Hermann Goring.
Entre mediados y fines de
la década de 1930, Italia y Alemania, aliados con Japón, otro
recién llegado a la industria, perseguían agresivamente una parte
de los mercados mundiales y del botín colonial, un expansionismo que
los puso en conflicto cada vez más con naciones capitalistas
occidentales más establecidas, como Gran Bretaña, Francia y Estados
Unidos. A medida que se acumulaban las nubes de la guerra, la opinión
de la prensa estadounidense sobre las potencias del Eje adquirió un
tono decisivamente crítico.
El uso racional de
ideología irracional
Algunos escritores
enfatizan las características "irracionales" del fascismo, pasando por alto las racionales funciones político-económicas que
desempeñó el fascismo. Gran parte de la política consiste en la
manipulación racional de símbolos irracionales. Ciertamente, esto
es así para la ideología fascista, cuyos emotivos reclamos han
cumplido una función de control de clase.
Primero fue el culto al
líder, en Italia: il Duce, en Alemania: der
Feuhrerprinzip. Con el culto al líder vino la idolatría del
estado. Como escribió Mussolini, "La concepción fascista de la
vida enfatiza la importancia del Estado y acepta al individuo sólo
en la medida en que sus intereses coincidan con los del Estado".
El fascismo promueve el gobierno autoritario de un estado que lo
abarca todo y un líder supremo. Ensalza los más duros impulsos
humanos de conquista y dominación, mientras rechaza el
igualitarismo, la democracia, el colectivismo y el pacifismo como
doctrinas de debilidad y decadencia.
Una dedicación a la paz,
escribió Mussolini, "es hostil al fascismo". La paz
perpetua, afirmó en 1934, es una doctrina "deprimente".
Sólo en la "cruel lucha" y la "conquista" los
hombres o las naciones alcanzan su más alta realización. "Aunque
las palabras son cosas hermosas", afirmó, "los rifles, las
ametralladoras, los aviones y los cañones son aún más hermosos".
Y en otra ocasión escribió: "Solo la guerra... imprime el
sello de nobleza en los pueblos que tienen el coraje de enfrentarla".
Irónicamente, la mayoría de los reclutas del ejército italiano no
tenían estómago para las guerras de Mussolini, y tendían a
retirarse de la batalla una vez que descubrían que el otro lado
utilizaba munición real.
La doctrina fascista
enfatiza los valores monistas: Ein Volk, ein Reich, ein Fuehrer
(un Pueblo, un Imperio, un Caudillo). La gente ya no debe preocuparse
por las divisiones de clase, sino que debe verse a sí misma como
parte de un todo armonioso, ricos y pobres unidos, una visión que
sostiene el statu quo económico y encubre el vigente sistema
de explotación de clases, lo que contrasta con la agenda de izquierda
que aboga por la articulación de las demandas populares, una mayor
conciencia de la injusticia social y la lucha de clases.
Este monismo fascista está
reforzado por llamamientos atávicos a las raíces míticas del
pueblo. Para Mussolini, era la grandeza de Roma; para Hitler, el
antiguo Volk. Una obra escrita por un pronazi, Hans Jorst,
titulada Schlageter y representada ampliamente en toda
Alemania poco después de que los nazis tomaran el poder (Hitler
asistió a la noche inaugural en Berlín) enfrenta el misticismo de
Volk con la política de clase. El entusiasta Augusto, personaje de dicha obra, hablando con su padre, Schneider:
Augusto: No lo vas
a creer, papá, pero... los jóvenes ya no prestan mucha atención a
estos viejos lemas... la lucha de clases se está extinguiendo.
Schneider:
Entonces, ¿qué tenéis pues?
Agosto: La
comunidad Volk.
Schneider: ¿Es eso un lema?
August: ¡No, es
una experiencia!
Schneider:
¡Cielos!, nuestra lucha de clases, nuestras huelgas, ¿no fueron una
experiencia? ¿eh? El socialismo, la Internacional, ¿eran fantasías
tal vez?
August: Fueron
necesarios... pero son experiencias históricas.
Schneider: Así
pues y por lo tanto, en el futuro tendremos tu comunidad Volk.
Dime, ¿cómo lo imaginas realmente? Todo esto, pobre, rico, sano,
alto, bajo, cesa para ti ¿eh?...
Augusto: Mira,
papá, arriba, abajo, pobre, rico, eso siempre existe. Lo que es decisivo es la
importancia que uno le de a esa cuestión . Para
nosotros, la vida no se divide en horas de trabajo envueltas en
listas de precios. Más bien, creemos en la existencia humana como un
todo. Ninguno de nosotros considera que ganar dinero sea lo más
importante: queremos servir. El individuo es un corpúsculo en el
torrente sanguíneo de su pueblo.[10]
Los comentarios del hijo
son reveladores: "la lucha de clases se está extinguiendo".
La preocupación de papá por los abusos del poder de clase y la
injusticia de clase se descarta gratuitamente como un estado de ánimo
sin realidad objetiva. Incluso se equipara falsamente con una mera
preocupación por el dinero. ("Ninguno de nosotros considera que
ganar dinero sea importante") Al parecer, los asuntos de riqueza
deben dejarse en manos de quienes la poseen. Tenemos algo mejor, dice
Augusto: una experiencia total y monista como pueblo, todos nosotros,
ricos y pobres, trabajando juntos por una gloria mayor. Se pasa
convenientemente por alto cómo los pobres soportan los "gloriosos
sacrificios" en beneficio de los ricos. La posición enunciada
en esa obra y demás propaganda nazi no revela una indiferencia de
clase; muy por el contrario, representa una aguda conciencia de los
intereses de clase, un esfuerzo bien diseñado para enmascarar y
silenciar la fuerte conciencia de clase que existía entre los
trabajadores en Alemania. A menudo, en la negación astuta,
encontramos la afirmación oculta.
Notas
[9] Charles Higham,
Trading with the Enemy (New York: Dell, 1983)
[10] George Mosse (ed.),
Nazi Culture (New York: Grosset & Dunlap, 1966), 116-118
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El imperialismo ha vuelto
a engendrar un Führer. Esta vez un mini Führer, encarnado por el comediante Zelensky. Por delegación, claro está, ya que ningún azuzador mandatario del jardín occidental quiere manchar su imagen ni los excelsos "valores" que proclaman sin cesar. Es el corrupto comediante quien, como su antecesor alemán, pero de manera más cutre y servil, se encarga de
llevar a cabo la bien pagada, aunque sucia, tarea que ningún otro señorito del "democrático occidente", incluido el embalsamado delincuente inquilino de la
Casa Blanca, se atreve a asumir y liderar claramente. ¡Para eso está la servidumbre! Un crimen por encargo a gran escala, otro más, al
más puro estilo mafioso y a mayor beneficio de la mega millonaria y depredadora minoría globalista.
¡Cuánta gloria! y ¡qué peste!
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