21 enero, 2026

Mujo en Irán — Biljana Vankovska

 

Estamos al borde de múltiples escenarios, todos peligrosos


Savage Minds – 20/01/2026


Shirin Neshat, “Silencio rebelde”, serie Mujeres de Allah.


Cualquiera de la antigua Yugoslavia comprenderá el título al instante. Mujo es un personaje bosnio legendario (aunque ficticio), protagonista (junto con su inseparable amigo Haso) de innumerables chistes con los que crecieron generaciones de yugoslavos. Las guerras se cobraron muchas vidas, arrasaron pueblos y destruyeron futuros, pero Mujo sobrevivió incluso a los días más oscuros del conflicto bosnio. Un chiste en particular me ha acompañado durante más de tres décadas, porque capta, mejor que la mayoría de los análisis, la arrogancia de la superficial "experiencia" occidental.


La escena se desarrolla en un pequeño pueblo bosnio, en una taberna local donde un extranjero (occidental, por supuesto) se reconoce al instante. Un día, Mujo entra, se fija en el extraño y, con afectuosamente, como hacen los lugareños, se acerca a él. Le pregunta cuándo llegó y cuánto tiempo piensa quedarse. "Ayer", responde el extranjero. "Mañana me voy". 


"¿Y qué haces aquí?", pregunta Mujo.

"Estoy escribiendo un libro sobre Bosnia".

"¿Y cómo se llamará el libro?".

La respuesta es inolvidable: Bosnia: ayer, hoy y mañana.


Así es como se ve la ignorancia disfrazada de autoridad. Una o dos visitas breves, o ninguna, algunas impresiones prestadas, algunos clichés mediáticos, y de repente uno se atribuye el dominio de todo un país, su gente, su historia y su futuro. Así que, permítanme ser inequívocamente claro: nunca he estado en Irán. Lo digo abiertamente, a diferencia de muchos vocingleros que fingen lo contrario. Trabajo con colegas iraníes, e Irán ha sido durante mucho tiempo un destino de ensueño para mí. Esperaba visitarlo antes de la pandemia, pero ahora me pregunto sinceramente si ese momento llegará alguna vez.


Como alguien que sabe lo que es la guerra, no por los libros sino por su experiencia propia; como alguien que ha visto “revoluciones de colores”, intervenciones militares y mentiras humanitarias desarrollarse en tiempo real; como alguien que estudia la paz y el conflicto; y como persona de izquierda por convicción, me niego a permanecer en silencio mientras la criatura naranja en la Casa Blanca se prepara, una vez más, para arrastrar a otro país a la catástrofe.


No soy un especialista en Irán, pero reconozco el imperialismo cuando lo veo. Sigue un guion rígido, casi mecánico: demonizar al Estado o a su líder; deslegitimarlos implacablemente; eliminarlos —por medios blandos o por la fuerza bruta—; instrumentalizar las verdaderas reivindicaciones sociales y las divisiones internas; echar leña al fuego; esperar la sangre —y luego desatar la «caballería estadounidense». Dondequiera que Estados Unidos interviene, la vida se marchita. La hierba no vuelve a crecer. Lo que crece son nuevos estados clientelares, líderes títeres, a veces incluso verdugos del ISIS con una nueva imagen. E, inevitablemente, la extracción a gran escala de recursos.


¿Democracia? ¿Derechos humanos? ¡Ahórrenselos! Son ornatos retóricos, no objetivos. La única constante es el interés imperial.


Una población que ya puede haber sufrido bajo un gobierno imperfecto o incluso severo es entonces disciplinada para obedecer; esta vez bajo la supervisión de un embajador estadounidense que actúa como gobernador general. Y si el derramamiento de sangre requerido no ocurre de forma natural, siempre puede ser escenificado, exagerado o fabricado para justificar una intervención "humanitaria".


Por eso, las especulaciones sobre el número de muertos en protestas pacíficas que se tornaron violentas intencionadamente se han convertido en una línea divisoria moral. Separan a quienes realmente se preocupan por el pueblo iraní de quienes simplemente instrumentalizan su sufrimiento. Esta división no transita entre la izquierda y la derecha; corta y atraviesa a la propia izquierda. Estos momentos son pruebas de fuego políticas y éticas. Nos obligan a asumir nuestros principios o a exponer su vacuidad. Con demasiada frecuencia, no superamos esta prueba.


La frase de Marx en El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte sigue vigente hoy en día: «Los hombres forjan su propia historia, pero no la forjan a su antojo; no la forjan en circunstancias elegidas por ellos mismos, sino en circunstancias preexistentes, dadas y transmitidas por el pasado». Esto es aplicable no sólo a las revoluciones, sino también a nuestros ingenuos deseos de ver a Irán transformado de la noche a la mañana en un estado pacífico y próspero. Sin embargo, muchas voces iraníes genuinas, mujeres y hombres, hablan desde dentro de la propia sociedad, junto a fuentes creíbles. Los medios occidentales hacen lo que suelen hacer: no se preocupan por la información, sino que sirven como método de propaganda, que, lamentablemente, funciona incluso con personas cultas y bien intencionadas. Es difícil, por no decir arrogante, pretender una comprensión plena de un país complejo y enorme de 90 millones de personas, con una inmensa diversidad étnica, religiosa, generacional e ideológica. Pero hay algo indiscutible: el desarrollo social de Irán se vio violentamente descarrilado en el momento en que se convirtió en un objetivo estratégico de la codicia occidental y, posteriormente, en víctima de sanciones excepcionalmente crueles. Ahora se enfrenta a nuevas y terribles perspectivas.


La evidencia es abrumadora. Las sanciones, especialmente las arbitrarias, y las de Irán nunca fueron legales según el derecho internacional, siempre devastan a las sociedades desde abajo. Matan de hambre a las poblaciones, arruinan a la clase media y radicalizan la política (o la imposibilitan), mientras que las élites se adaptan y sobreviven. La sociedad iraní ha sido sometida a una asfixia lenta y deliberada: una forma invisible de ingeniería social diseñada para bloquear el crecimiento económico, la movilidad social y la evolución política. Todos somos cómplices de no haber logrado construir un movimiento global sostenido contra las sanciones. No es que el éxito estuviera garantizado; Cuba resiste como una advertencia permanente.


Cambiar de líderes no desmantela las estructuras forjadas bajo asedio. Un Estado rodeado de bases militares, sometido a amenazas constantes y castigado simplemente por existir, inevitablemente desarrollará élites defensivas y una política de seguridad reforzada. Señalar al "enemigo externo" no es paranoia; es la realidad. Por lo tanto, fueron fuerzas externas, y no internas, las que moldearon activamente el sistema político y la cultura de Irán. Nos guste o no, estas estructuras son expresiones legítimas de una determinada condición histórica.


Lo que profundiza la violencia es la humillación cultural: la incesante demonización de los iraníes y su civilización. Persia, una de las grandes civilizaciones del mundo, ha sido reducida a caricaturas de "mulás", velos y atraso. En marcado contraste, las brillantes mujeres iraníes ofrecen un análisis profundo y matizado de la vibrante sociedad civil del país, destacando cómo los grupos de mujeres, los sindicatos y los movimientos sociales luchan (dentro de las limitaciones existentes) por la dignidad y una vida mejor. Esta realidad se borra sistemáticamente en las narrativas occidentales.


Tras Venezuela y la larga lista de líderes eliminados anteriormente, Irán está ahora en la mira. Por el momento, las autoridades han bloqueado el guion occidental. Pero se ha derramado sangre, y la sangre deja cicatrices. Algunos exigen ahora sanciones aún más severas, castigando a un "régimen que mata a su propio pueblo", como si los Estados bajo ataque nunca recurrieran a la represión. Otros aplauden abiertamente la próxima aventura militar "rápida y espectacular" de Trump.


Nos encontramos al borde de múltiples escenarios, todos peligrosos. Trump ya ha impuesto nuevas restricciones comerciales; la UE lo sigue obedientemente, teatralmente "preocupada" por los civiles iraníes, mientras permanece en silencio, ciega y cómplice en Gaza. La obscenidad es asombrosa: Estados genocidas y depredadores imperialistas preparan su siguiente movimiento, el sufrimiento iraní se multiplicará en todas las clases sociales, y los "invitados de Mujo" debaten si este es el momento de condenar moralmente el autoritarismo antes de adentrarse en una crítica a Occidente.


Cada vez que las potencias occidentales —o ciertos círculos intelectuales— invocan los "derechos humanos", se me revuelve el estómago. Yugoslavia. Irak. Libia. Siria. Cada intervención basada en la mentira, una herramienta de dominación imperial. Todos los actores cínicos sirvientes de los intereses capitalistas. Todas operaciones lucrativas cuyo precio pagó el pueblo. Huelga decir que cualquier injerencia externa viola el derecho a la autodeterminación política. Cualquier uso de la fuerza sin la autorización de la ONU es un delito y, en las condiciones actuales, un delito contra la humanidad. Estos principios deben aplicarse universalmente.


El pueblo iraní ha sido maltratado durante generaciones, y esto debe terminar. Sí, muchos soportan vidas duras, y sí, la generación más joven está agotada por la constante sensación de vivir en una jaula. Pero estas personas no son ingenuas ni infantiles, y no necesitan la tutela imperial. Son plenamente capaces de comprender su propia realidad y forjar su propio futuro. Aman a su país y no desean verlo reducido a un sumiso cliente del poder imperial occidental.


Cualquiera que desee genuinamente ver una sociedad iraní floreciente debería comenzar por exigir el levantamiento inmediato de todas las sanciones ilegales, el cese de las operaciones encubiertas y el fin de las amenazas militares y de las intervenciones llevadas a cabo por actores sin legitimidad legal, política o moral.





20 enero, 2026

USrael SIGUE MATANDO A HIERRO Y HAMBRE

 

THE ELECTRONIC INTIFADA


PALESTINA EN FOTOGRAFIAS

DICIEMBRE 2025

(10 ENERO 2026)


El Ministerio de Salud de Gaza celebra una ceremonia de los médicos recién graduados en el patio del destruido Hospital Al-Shifa, en la ciudad de Gaza, el 25 de diciembre. (Imágen de Omar Ashtawy - APA)



Reportaje completo en el siguiente enlace:

https://electronicintifada.net/content/palestine-pictures-december-2025/51156



19 enero, 2026

VENEZUELA: GUERRA COGNITIVA HASTA EN LA COCINA — Fernando Buen Abad

 


Observadores críticos – 19/01/2026


Invadir a Venezuela y secuestrar al presidente en funciones junto con su esposa, toca a fondo nuestras vidas, porque no es un hecho lejano ni un episodio aislado sólo para entretenernos con noticieros o con análisis especializados; es una agresión que se filtra en la intimidad cotidiana, en las sobremesas familiares, en las conversaciones aparentemente inocentes, en los silencios incómodos y en las frases repetidas como si fueran propias, cuando en realidad vienen prefabricadas por los laboratorios de guerra sicológica.


Allí opera la guerra cognitiva, no solamente como estruendo de bombas, sino como persistencia de sentidos impuestos, como desgaste lento de la capacidad de pensar con autonomía, como ocupación simbólica del lenguaje con el que nombramos la realidad.


No se trata sólo de lo que ocurre en el territorio venezolano, sino de cómo ese acontecimiento es utilizado para reorganizar percepciones, emociones y juicios en millones de conciencias más allá de sus fronteras.


Así la guerra cognitiva imperial se “sienta a la mesa” con nosotros, se sirve el café y se disfraza de sentido común. Se manifiesta cuando alguien dice que “algo habrán hecho”, cuando se acepta sin discusión que la intervención extranjera es una forma de ayuda, cuando se repite que la soberanía es un concepto antiguo frente a la modernidad del mercado y las sanciones.


Así, el ataque a Venezuela no sólo destruye infraestructura o amenaza instituciones, sino que busca colonizar la conversación diaria, erosionar la solidaridad y fragmentar la posibilidad de una respuesta ética colectiva.


Lo más profundo de esta guerra es que no necesita imponerse solamente por la fuerza directa; le ayuda mucho instalar dudas calculadas, sospechas permanentes y cansancio moral.


En la cotidianidad, el debate se agota antes de empezar, porque ya está decidido de antemano qué versiones son creíbles y cuáles son propaganda.


Se establece una jerarquía de fuentes donde la dictadura de los monopolios mediáticos habla con autoridad indiscutible, mientras las voces del pueblo venezolano son descalificadas como emocionales, interesadas o irrelevantes.


Esa asimetría no es casual, es el resultado de décadas de concentración mercantil simbólica que han subordinado a múltiples sectores sociales para obligarlos a desconfiar de los pueblos y confiar ciegamente en los imperios. Saben que la invasión a Venezuela toca nuestras vidas, aunque nos percatemos de ello con dificultad, porque pone a prueba nuestra capacidad de pensar históricamente.


Obliga a preguntarnos si recordamos las invasiones, los bloqueos, los golpes de Estado maquillados de legalidad, las guerras presentadas como misiones de paz. En la “sobremesa”, la memoria suele ser el primer blanco, se recortan los antecedentes, se aíslan los hechos y se los presenta como anomalías sin contexto.


Así, la agresión aparece como respuesta y no como causa, como corrección y no como crimen. La guerra cognitiva opera, entonces, como una pedagogía del olvido, entrenándonos para no ver los patrones de dominación que se repiten con distintos nombres y excusas.


Pero esta guerra también toca fibras emocionales profundas. Divide familias, tensa las amistades, vuelve sospechoso al que pregunta demasiado y ridiculiza al que se indigna.


La indignación es presentada como exceso, como fanatismo, mientras la indiferencia se vende como equilibrio. En ese clima, defender a Venezuela se convierte en un gesto incómodo, casi subversivo, porque rompe la armonía artificial de lo diario y obliga a elegir entre la comodidad del consenso impuesto y la incomodidad de la conciencia crítica.


La guerra cognitiva no busca sólo convencer, busca cansar, aislar y desmovilizar. Y es que la invasión a Venezuela, así entendido, es un laboratorio de dominación simbólica que nos incluye como población objetivo.


No somos espectadores neutrales; somos territorio en disputa. Cada conversación es un frente, cada palabra una trinchera, cada silencio una concesión. Cuando aceptamos sin cuestionar que un país puede ser asfixiado económicamente en nombre de la democracia, estamos aceptando una lógica que mañana puede aplicarse contra cualquier pueblo que desobedezca.


Por eso, lo que se juega en Venezuela no es sólo su destino, sino el umbral de tolerancia global frente a la violencia imperial normalizada.


En la intimidad de lo cotidiano y del pensamiento profundo, la guerra cognitiva intenta convertir la complejidad en caricatura. Se reduce un proceso histórico lleno de contradicciones a una etiqueta simple, fácil de consumir y de rechazar.


Esa simplificación no es inocente, elimina la posibilidad de análisis y remplaza el pensamiento por reflejos condicionados. Defender la capacidad de pensar críticamente sobre Venezuela es, en ese sentido, defender nuestra propia dignidad intelectual, negarnos a ser meros reproductores de discursos ajenos, recuperar el derecho a la duda informada y al juicio propio.


Esta invasión a Venezuela y el secuestro del presidente en funciones toca a fondo nuestras vidas porque revela hasta qué punto el poder necesita controlar no sólo territorios y recursos, sino también imaginarios y afectos.


La guerra cognitiva busca que dejemos de sentir como propia la injusticia ajena, que miremos la agresión como espectáculo y no como advertencia.


Frente a eso, la tarea ética es resistir en lo pequeño, en la sobremesa, en la conversación, en la pregunta incómoda que desarma certezas prefabricadas.


Resistir es negarse a aceptar que la violencia sea normal, que el saqueo sea inevitable, que la mentira sea opinión. Ahora toca asumir que no hay espectadores inocentes y que cada uno debe decidir si será eco o conciencia; informarnos con rigor, romper el cerco de la repetición acrítica; disputar el sentido en cada conversación cotidiana sin soberbia, pero sin concesiones; organizar redes de diálogo y estudio que fortalezcan la memoria histórica y la lectura crítica de los medios; acompañar activamente la solidaridad con el pueblo venezolano desde lo cultural, lo político y lo comunicacional; producir y compartir contenidos que expliquen sin simplificar y conmuevan sin manipular, y convertir la indignación en acción persistente.



18 enero, 2026

Los valores de Cuba — Jorge Fuentes

 


Segunda Cita – 17/01/2026


Respuesta a un viejo compañero


Como recordarás ya estuvimos esperando, aquel octubre glorioso de 1962, que nos cayeran encima las bombas atómicas. Me encontraba en Baracoa dirigiendo a los estudiantes recogedores de café y me incorporé al Secretariado de guerra de la UJC, donde estábamos Colomé, secretario general de la organización, yo y alguien más. Empezaron a llegar jóvenes de la ciudades, porque Fidel quería que estuvieran en las montañas, para que alguno sobreviviera, pero los que dirigíamos aquello, jóvenes de la UES que me acompañaban, no teníamos comida ni recursos y los camiones seguían llegando con más muchachos. No cambiaría ningún momento de mi vida por un segundo de aquel momento. La gente estaba serena, como debemos estar ahora y el tiempo pasó, hasta el punto que hoy somos unos viejos y vivimos para hacer el cuento. Claro, había URSS en aquella época y Fidel tenía 36 años.


Trump jamás sabrá que se ha convertido en uno de los mayores factores de unidad de Cuba y de América Latina, algo muy peligroso para ellos en tiempos de disolución de la unipolaridad. Hay que estar atentos por una posible agresión militar, pero también atender a la nueva situación geopolítica y a fisuras posibles en la política agresiva de los Estados Unidos, que nos permitan el ejercicio de una diplomacia revolucionaria e inteligente.


Somos los enemigos más experimentados del imperialismo yanqui en este hemisferio. La respuesta a los peligros de los factores externos, debe ser la solución de los factores internos y crear no sólo un socialismo cubano que tenga en cuenta que vivimos en occidente y en su cultura, también un socialismo que no puedan lastrar ni con prejuicios anticomunistas ni con la exageración mediática de nuestros propios errores y defectos, resultados en su mayoría de la acción de la burocracia y la incapacidad para crear nuevos modelos que sustituyan lo imposible por lo posible.


Que el Partido vuelva a ser la representación del pueblo y no una extensión del gobierno. El Partido de la clase obrera y sus sindicatos, fieles a sus intereses estratégicos y tácticos. El Partido de los humildes y para los humildes, de los pobres, llamados ahora vulnerables. De los estudiantes y los intelectuales. De los negros, como llegó a ser en tiempos anteriores al triunfo de la revolución y posterior al auge de las luchas obreras y comunistas. De las mujeres, del Movimiento LGBT, de los discriminados por cualquier razón, de los jubilados y ancianos, de los sin casa, los sin trabajo y los que no logran satisfacer las necesidades familiares del mes, que es casi todo el pueblo. También de los emprendedores, pequeños y medianos propietarios que deben impulsar, desde su posición, la economía socialista. El Partido garante, con seriedad y firmeza, de cada artículo de la Constitución. El Partido que entiende que la República es de todos los ciudadanos, donde abundan las personas trabajadoras y decentes, y no sólo de los marxistas y revolucionarios a quienes tampoco nadie debe negarles su papel de apoyo a la vanguardia política. Ello obliga a que defendamos (el Partido), la libertad de pensamiento y expresión y a quienes ejercen ese derecho en apego a la Constitución y la ley.


El presente, en los tiempos cubanos, muchas veces se parece al pasado. Esa marcha que hoy he visto emocionado, viene de enterrar, nuevamente, a nuestros compañeros. Llevamos cientos de años muriendo y viviendo en la consecución de un empeño y en la defensa de una causa. La de la libertad y la soberanía, las dos fuertes columnas de la unidad, legado de nuestros padres y abuelos.


Sumémonos todos, cubanos de todas partes, a la audacia que significa un socialismo de democracia amplia, de diálogo intenso, no que tolere, sino que acepte la existencia del otro. Ofrecer, en la unidad a la que nos convoca la muerte de nuestros compañeros, unidad en la diversidad, un corpus fraterno que convierta en algo físico, los extraordinarios valores espirituales de Cuba.



17 enero, 2026

Yunio, militar cubano asesinado el 3 de enero por un comando terrorista estadounidense

 




Belly of The Beast Cuba – 15/01/2026


Yunio, cubano especialista en comunicaciones, criptógrafo del Ministerio del Interior y padre de tres hijos, fue enviado a Venezuela en una misión internacionalista. Ninguno de sus amigos ni familiares imaginaba que su vida corriera peligro. Yunio fue asesinado el 3 de enero por las fuerzas terroristas estadounidenses junto a más de 100 personas durante el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. En esta entrevista, la periodista Claudia Rafaela Ortiz recuerda a Yunio, su gran amigo, y nos habla de su trabajo, de su profundo sentido del deber, de sus sueños y del momento en que se enteró de su muerte durante el ataque estadounidense. "Hago esta entrevista porque es mi forma de luchar contra lo que lo mató. No quiero callar y sufrir hasta que pase, o hasta que en algún momento olvide que perdí a uno de mis mejores amigos", manifestó Claudia a la periodista Liz Oliva Fernández, de Belly of the Beast Cuba.




Díaz-Canel: No hay rendición, ni claudicación posibles

 




16 enero, 2026

Donald Trump es el reflejo perfecto de Estados Unidos – Nada de cuanto ocurre es nuevo

 

Protestas en Minneapolis tras el tiroteo mortal de ICE




En el vídeo, Xen comparte una historia muy personal sobre su abuelo, quien sirvió en la Guerra de Corea durante la segregación, revelando cómo el trato que Estados Unidos da a los afroamericanos está directamente relacionado con las crisis actuales. 


Su abuelo presenció cómo policías blancos golpeaban hasta la muerte a su amigo en una esquina de PineBluff, Arkansas, simplemente por ser afroamericano, incluso vistiendo el uniforme del país al que servían. Este no fue un incidente aislado, sino parte de un secular patrón que se prolonga desde las unidades militares segregadas, pasando por las luchas por los derechos civiles, hasta Rodney King, Trayvon Martin, Tamir Rice, Alton Sterling, Breonna Taylor y Sandra Bland. El país tiene el presidente que se merece porque Estados Unidos es como es, y no al revés. 


Los afroamericanos llevan décadas advirtiendo que cuando las minorías no importan en este país, llegará el momento que los estadounidenses blancos tampoco importarán. Ahora que una mujer blanca fue asesinada, los blancos finalmente comprenden lo que ha estado sucediendo, pero las advertencias han sido constantes durante generaciones. El efecto dominó que comenzó con la segregación, la brutalidad policial contra las comunidades negras y el racismo sistémico ha afectado a todos. No se trata de algo nuevo ni de algo que ocurrió hace mucho tiempo. Desde el trato brutal a los veteranos de la Guerra de Corea hasta la violencia policial actual, el patrón permanece inalterado. Estados Unidos creó las condiciones actuales tras décadas de racismo y ahora se enfrenta a las consecuencias.



[ TRANSCRIPCIÓN DEL VÍDEO ]


El país no es como es por culpa del presidente. Tenemos al presidente que tenemos porque este país es como es. Y puedo demostrártelo. Mi abuelo luchó en la Guerra de Corea cuando, ya sabes, las unidades estaban segregadas en unidades negras y unidades blancas. De vuelta en casa de permiso, en Pineluff, Arkansas, él y algunos de sus amigos que también estaban de permiso, siempre iban juntos porque así se sentían más seguros. Mi abuelo y sus amigos decidieron que iban a intentar pasar una buena noche, divertirse un poco, ya sabes, como todo el mundo. Y fueron a un cine, un cine segregado, y después de la película decidieron ir a comer algo. Así que caminaron en busca de un sitio donde comer. Fue entonces, mientras esperaban en un paso de peatones, que unos policías blancos los acusaron de merodear y que no podían estar allí. Y antes de darles la oportunidad de obedecer –porque ese es uno de los pretextos favoritos de algunos de ustedes: "Bueno, si obedecieran...”–, pero no les dieron la mínima oportunidad de hacerlo. Y uno de los amigos, uniformado, fue muerto a golpes sin siquiera darle tal posibilidad. Mi abuelo vio cómo mataban a golpes a uno de sus mejores amigos en una esquina, simplemente por existir, por ser negro. Y por cierto, yendo de uniforme, el mismo que les dio el país por el que luchaban, un país al que, obviamente, ellos no les importaban nada.


Lo que ocurre hoy no es nada nuevo. No es algo aislado. Para quienes piensan que, "oh, ha pasado tanto tiempo, eso era antes", he aquí una larga historia de "eso era antes", desde entonces hasta Trayvon Martin, Breonna Taylor, Rodney King, Tamir Rice, Alton Sterling, Sandra Bland ... elige tú mismo.


Y aquí estamos. Es un efecto dominó. Y ahora toda esta gente blanca que finalmente empieza a entender lo que está pasando, porque una mujer blanca fue asesinada. Llevamos advirtiéndolo mucho tiempo, más de cinco, diez, veinte, treinta o cuarenta años: si nosotros no le importamos a este país, llegará el momento que tampoco vosotros les importaréis.


Odio decir que "os lo dije". Como mi abuelo, como todos nuestros antepasados. Odio decir que "os lo dijimos", pero lo dijimos durante generaciones: "Las cosas son como son, hijo mío". Y aquí estamos.




CUBA HONRA A SUS HÉROES

 

Ver en: GRANMA - Cobertura Especial – 15/01/2026


YA ESTÁN EN LA PATRIA LOS RESTOS MORTALES DE NUESTROS HÉROES


Al amanecer de este jueves, arribó la aeronave que trasladó los restos mortales de los 32 cubanos caídos en Venezuela el pasado 3 de enero, en el cumplimiento de su deber. El pueblo de Cuba les rendirá homenaje, hoy en La Habana y mañana en las demás provincias y municipios, informó el Canal Caribe.


            Foto: Dunia Álvarez Palacios

            Foto: Tahimi Martínez Toledo

           Foto: Tahimi Martínez Toledo


            Foto: José Manuel Correa


CLEPTOCRACIA

 


15 enero, 2026

ALIANZA MORTÍFERA

 


SIMPLICIUS – 15/01/2026


"Los eurócratas luchan por implementar una política que pueda percibirse como "sensata", mientras su proyecto ucraniano continúa desmoronándose ante sus narices.


La información más reciente sugiere que el tan cacareado "préstamo" de 90.000 millones de euros, que fue punto culminante y "triunfo" del podrido grupo parlamentario de von der Leyen el mes pasado (en realidad una miserable rebaja de la ahora ya olvidada cantidad inicialmente solicitada) se ha convertido en otra abyecta lección de engaño teatral.


Los principales medios de comunicación informan que el llamado "préstamo" ahora sólo proporcionará a Ucrania unos 30.000 millones de euros, mientras que los 60.000 millones restantes irán directamente a los “fabricantes de armas” europeos".




11 enero, 2026

Si beneficia al imperio, es malo para la humanidad

 


Foto: Captura en pantalla del vídeo realizado por el periodista canadiense Dimitri Lascaris (Reason2Resist) sobre la reciente manifestación en Toronto, frente a la embajada de EEUU, en la que los manifestantes, que exhibían banderas monárquicas y estrellas sionistas, solicitaban la ayuda de EEUU e Israel para derrocar al gobierno iraní.


Fragmento extraído de You Can't Cheer For Regime Change In Iran Without Also Cheering For The US Empire, de Caitlin Johnstone


Me resulta muy ofensivo ver a anarcoinfantiles y progresistas de la OTAN apoyando las agendas de cambio de régimen de la CIA y el Pentágono, como si de alguna manera el mundo se volviera menos tiránico cuando otra nación es absorbida por la masa imperial. Si logran su objetivo y Teherán es derrocado, lo único que ocurrirá es que el imperio gobernado por Estados Unidos ganará mucho más poder y las peores personas del planeta se alegrarán. Lo cual otorga a la estructura de poder más poderosa y destructiva del planeta aún más control sobre nuestro destino. ¡Y este infantil ganado aplaude pretendiendo que es por el bien de la humanidad!


Es una postura completamente absurda apoyar la caída de cualquier gobierno antes de la caída del imperio occidental, porque esta es la estructura de poder más letal y abusiva que existe, y porque se beneficia directamente cuando logra absorber a un estado desobediente y situarlo bajo su esfera de poder. Si realmente te opones a la tiranía y apoyas la libertad, es absurdo desear la caída de los enemigos del imperio mientras este se mantenga en pie, porque cada victoria del imperio hace al mundo menos libre.


No sé qué pasará en Irán, pero espero que el imperio fracase en su plan de cambio de régimen. Espero que el imperio occidental se debilite, no se fortalezca, porque se está volviendo cada vez más despótico y letal con el paso de los años, y lo último que necesitamos es que consolide aún más su control sobre nuestro planeta. La humanidad no tendrá la menor oportunidad de alcanzar la verdadera libertad hasta que esa estructura de poder haya sido completamente desmantelada.



09 enero, 2026

VENEZUELA: secuestro, petróleo y el fracaso de la propaganda — Carmen Parejo Rendón




Observatorio de la crisis – 09/01/2026


Lo que ha fracasado no es el gobierno venezolano, sino el relato construido durante años para negar la existencia de ese pueblo organizado que es quien de verdad manda en la República Bolivariana.


Los hechos son claros: EEUU bombardea Venezuela, provoca víctimas mortales —mayoritariamente miembros de las fuerzas de seguridad del Estado, incluidos 32 cubanos que eran parte de la defensa del presidente— y secuestra al mandatario Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores.


Es algo tan grave como una agresión directa contra un Estado soberano y el secuestro de su jefe de Estado. Y más allá de otras especulaciones, este debería ser el centro de cualquier debate. Pero sigamos analizando los hechos.


Pese a esta acción criminal, el Estado venezolano no colapsa: el gobierno no cae y la cadena de mando se mantiene. Se abren investigaciones internas para determinar responsabilidades y, conforme a la lógica constitucional, Delcy Rodríguez, asume el liderazgo del Ejecutivo mientras se exige la liberación del presidente.


A nivel popular sucede algo aún más incómodo para la narrativa que nos habían impuesto, según la cual teóricamente el pueblo venezolano estaba a la espera de tan vil desenlace. Pero lejos de un supuesto estallido contra el gobierno, lo que se ve mayoritariamente dentro de Venezuela son movilizaciones de apoyo y protestas que exigen la liberación del presidente secuestrado.


Actualmente, en Venezuela hay 4.396 comunas, 953 circuitos comunales y un total de 5.349 instancias de participación ciudadana del Poder Popular, distribuidas por todo el país, donde participan cerca de 5 millones de personas. En ellas el lema también está claro: ¡No hay transición, hay revolución!


Sin embargo, pese a tratarse de la organización política de carácter popular más amplia del país, nadie habla de ellas en los «sesudos» análisis de los grandes medios de comunicación, que nos dicen que debemos escuchar a los venezolanos, aunque eso sí, parece que solo a los que les interesa.


El mismo día de los hechos, un medio español, El País, se convirtió de manera involuntaria en testigo de todo esto. Coloca tres cámaras que emiten en directo en YouTube: una cerca del Palacio de Miraflores, otra con una panorámica de la ciudad de Caracas y una tercera en la frontera entre Venezuela y Colombia. El resultado es revelador: en Miraflores se graba una manifestación espontánea exigiendo la liberación del presidente, mientras que en la panorámica general de la ciudad y en la frontera se observa una tranquilidad absoluta.


No es el Ejército venezolano el que ha bombardeado a su pueblo, sino el de EEUU


La pregunta resulta inevitable. ¿Cómo es posible que en un país donde, según esos mismos medios, la oposición habría ganado con un 80 % de los votos y se habría producido un fraude masivo, no exista capacidad alguna para articular las calles contra el gobierno? ¿Cómo se explica que no haya una respuesta popular acorde al relato que se nos ha vendido durante años?


Algunos tratan de justificar esta incoherencia apelando al miedo a la represión interna. Sin embargo, no es el Ejército venezolano el que ha bombardeado a su pueblo, sino el de EEUU. En ese sentido, ¿a qué fuerza bruta podría temer realmente el pueblo venezolano?


La respuesta empieza a asomar incluso en medios nada sospechosos de simpatía con el chavismo. El propio The New York Times ha reconocido que María Corina Machado no interesó a Trump porque no fue capaz de demostrar con qué apoyos reales contaría si se la aupaba al poder.


Trump, que no es precisamente un defensor de la soberanía venezolana, se burló de ella y la calificó de débil. Y, sin embargo, se nos había presentado como la presidenta que todos esperaban. El episodio roza lo grotesco cuando, pese a los desplantes, Machado ofrece a Trump el Premio Nobel de la Paz, como si pudiera regalarse. El comité Nobel tuvo que salir a aclarar lo obvio: que eso no funciona así. El ridículo aumentaba.


Pese a discursos contradictorios, hay algo que Trump sí ha repetido de manera coherente: su único interés es el petróleo.


Por su parte, Donald Trump —como nos tiene acostumbrados— ha ido encadenando discursos contradictorios, ya sea en ruedas de prensa o a través de redes sociales. Primero afirmó haber «controlado» Venezuela; después trató de sembrar dudas sobre una supuesta traición de Delcy Rodríguez; minutos más tarde amenazó a la actual presidenta encargada para forzarla a hacer lo que él quisiera; y después aseguró que el «operativo» era únicamente contra Nicolás Maduro. Pero hay algo que sí ha repetido de manera coherente: su único interés es el petróleo.


Y aquí conviene detenerse un momento. Venezuela no ha roto en ningún momento los acuerdos comerciales que mantenía con la empresa estadounidense Chevron, acuerdos que solo se vieron afectados por el bloqueo impuesto por el propio Donald Trump y parcialmente aliviado durante la administración Biden. Es decir, Venezuela ya vende petróleo a empresas estadounidenses. Si lo que Trump pretende es que venda más, el final lógico de esta película sería el levantamiento del bloqueo petrolero. Visto así, resulta difícil comprender dónde estaría el supuesto «éxito» de la operación estadounidense.


Sin embargo, no hay que ser ingenuos. Hay un presidente secuestrado y una amenaza explícita contra todos los demás. La estrategia es clásica: dividir al chavismo mediante la fabricación de intrigas y sospechas sobre supuestas traiciones internas, para con ello debilitarlos y forzar una negociación más beneficiosa. Una negociación en relación al petróleo. No lo olvidemos.


Primero sembraron dudas sobre Delcy Rodríguez; y parece que, como eso no ha salido bien, la siguiente es intentar lo mismo con Diosdado Cabello.


Lo cierto es que, si alguno de ellos fuera realmente un traidor, el comportamiento resultaría extraño: primero por la propia actitud de estos líderes, y, en segundo lugar, por la extraña actitud de quienes dicen haberlos «comprado», ya que hacer pública una supuesta traición antes de haber obtenido resultados es una estrategia torpe incluso en este mundo cínico al que parece que nos vamos acostumbrando.


El siguiente nombre que se intentará utilizar es el de Vladimir Padrino, con la intención evidente de sembrar dudas también dentro del Ejército. Todo esto no hace sino confirmar la debilidad de quien no ha logrado imponerse frente a la fortaleza real del chavismo y recurre, una vez más, al viejo manual del «divide y vencerás». Quienes tenemos algo de memoria recordamos que esto ya se intentó tras la muerte de Hugo Chávez.


Lo que sí es indiscutible es que se ha producido un secuestro: del presidente, pero también del pueblo venezolano. A sus dirigentes políticos se los ha convertido en rehenes, amenazados con ser bombardeados o asesinados directamente. Trump llegó a decirle a Delcy —la misma a la que antes se presentaba como traidora— que o hacía lo que él ordenaba o acabaría peor que Nicolás Maduro. Quien quiera entender, que entienda.


Es evidente que, en este escenario, el gobierno venezolano se verá obligado a negociar, y esa negociación tendrá como eje el petróleo, donde EEUU muestra su verdadera urgencia. Pero confundir negociación con derrota sería un error. Esta historia no está cerrada, no porque falten presiones, sino porque existen límites reales a lo que puede imponerse por la fuerza.


Hay un pueblo que entiende la gravedad del momento y que asumirá la negociación como una necesidad táctica, no como una claudicación. Un pueblo que ya resistió un golpe de Estado, el sabotaje económico, las guarimbas, más de 900 sanciones y múltiples intentos de desestabilización. Y que no solo nada de eso lo derrotó, sino que sirvió para profundizar su propio proceso revolucionario.


El secuestro del presidente y la amenaza contra todo un país no inauguran una victoria imperial, sino un escenario peligroso en el que la fuerza pretende sustituir al derecho, algo que no afecta solo a Venezuela. Pero, además, revela los límites de una narrativa que se derrumba cuando los hechos ya no encajan en ella. Lo que ha fracasado no es el gobierno venezolano, sino el relato construido durante años para negar la existencia de ese pueblo organizado que es quien de verdad manda en la República Bolivariana.