18 mayo, 2017

"Antes de expresar nuestra solidaridad, debemos tener claro a quienes y qué es lo que estamos apoyando" - George Ciccariello-Maher


No todos los que se llaman a sí mismos anarquistas son dignos de este nombre

Cuando se trata de las protestas venezolanas de las últimas semanas y meses, la desinformación reinante es suprema. Al igual que liberales y progresistas han sido engañados por hashtags desesperados, como #SOSVenezuela y comparaciones simplistas con Occupy, así también la izquierda radical ha sido tentada por los algunos autodenominados anarquistas venezolanos, en concreto por El Libertario.

Esto no es una crítica al anarquismo en general ni tampoco de todos los anarquistas venezolanos (hablaré de otros más abajo). Siempre he estado muy cerca del medio anarquista y, aunque frustrado por ciertos puntos ciegos del mismo, estoy influenciado por el anarquismo como método de lucha revolucionaria que comprende las contradicciones inherentes del Estado. Sin embargo, el liberal-anarquismo de clase media de El Libertario no representa esa consecuente y revolucionaria visión anarquista, sino su traición. Condescendiente hacia los pobres y totalmente ausente de las luchas concretas, en su lugar se ha aliado con los reaccionarios movimientos de la élite.

En un artículo reciente, publicado en Inglés por Libcom.org y ROAR Magazine, Rafael Uzcátegui (que no debe confundirse con el ex guerrillero del mismo nombre), cabeza visible de El Libertario, no sólo presenta un engañoso informe de las recientes protestas, sino que también proporciona una muy reveladora "perspectiva anarquista" para el "mal informado". Desafortunadamente, nos deja aún peor informados que antes, cercenando cualquier perspectiva anarquista posible. (Si bien este no es momento para diseccionar completamente el libro de Uzcátegui, Venezuela: La Revolución como espectáculo, vamos a decir que -como sugiere el título- es más Debord que Magón o Bakunin.)

Lo engañoso es que Uzcátegui repite las falsedades mediáticas de cómo comenzaron las protestas, alegando la represión policial, cuando la policía sólo actuó en respuesta al ataque del 6 de febrero contra la casa del gobernador en Táchira. Él, acríticamente, informa de detenciones y denuncias de tortura, a pesar de que la mayoría de estos hechos nunca fueron denunciados a los organismos competentes, y que algunos se encuentran bajo investigación. Mientras que, con razón, menciona el papel de los policías en las muertes de los dos manifestantes el 12 de febrero, no menciona que los oficiales responsables fueron detenidos y acusados (el número de funcionarios detenidos por el uso excesivo de la fuerza es, hasta la fecha, de 17).

Él invoca una reiterada frase hecha, que no hay libertad de prensa en Venezuela, pero obvia el hecho de que el periódico más importante de Venezuela, Últimas Noticias (que es simpatizante del gobierno), proporcionó a la investigación en curso el vídeo fundamental que muestra las acciones de los funcionarios de seguridad el 12 de febrero. Él critica la sugerencia del presidente, Nicolás Maduro, de que un golpe de Estado similar al que derrocó brevemente a Hugo Chávez en el año 2002 podría estar en marcha, pero pasa por alto la propia ambigüedad del El Libertario hacia ese mismo golpe cuando sucedió.

Lo revelador, sin embargo, es el hecho de que Uzcátegui se posiciona en El Libertario como "simple espectador" que, condescendiente, culpa a "los bajos niveles de cultura política" de la ausencia de una izquierda realmente independiente. Para cualquiera que ha pasado una sola semana en Venezuela, y en especial para los estadounidenses que hemos vivido mucho tiempo allí, esta última afirmación es totalmente incomprensible, ya que la cultura política de Venezuela, el aluvión constante de vibrante actividad y crítica revolucionaria es a veces abrumadora. Pero esto, junto con la demonización de Uzcátegui de las organizaciones populares revolucionarias (colectivos) así como de los "grupos milicianos", dice mucho de la oposición de El Libertario a las luchas populares, a la voluntariosa actividad de los más pobres y al apoyo de El Libertario a las concepciones de la clase media de los cambios sociales, concepciones que son, en última instancia, cómplices con la derecha.

¿Quiénes son El Libertario?

1. Una organización de clase media…

Como dice un ex miembro, El Libertario está constituido por "esnobs de clase alta “hijitos de papá totales (sifrinos), niños ricos mimados”. El propio Uzcátegui viene de una familia adinerada y se hizo aún más “aburguesado como estudiante de Políticas en la universidad". (Uzcátegui incluso trabajó para el antiguo alcalde de Baruta, en el este rico de Caracas, que no es otro que el líder de la oposición de derecha, Henrique Capriles, antiguo miembro del partido opositor Primero Justicia, financiado por Estados Unidos). Desde luego, el origen no es una maldición, más de un revolucionario ha cometido "suicidio de clase" para unirse a la lucha, pero no es el caso de El Libertario.

2. ...con la política liberal de clase media...

En palabras de un antiguo miembro, El Libertario "opera más como una ONG que como un grupo, no es un movimiento de base", y esto no debería sorprender ya que sus miembros tienen estrechas relaciones con ONG’s liberales de derechos humanos, como Provea, donde trabaja Uzcátegui. Mientras que los revolucionarios de todo el mundo son cada vez más conscientes de las limitaciones e incluso del peligro que hoy puede conllevar el discurso de los derechos humanos, estratégicamente cooptados en los últimos años por las fuerzas de derecha en todo el mundo.

Limitaciones inherentes a los derechos humanos aparte, Uzcátegui y PROVEA han ido más lejos en las últimas semanas haciendo circular denuncias unilaterales del gobierno de Maduro, pero sin mencionar las muchas muertes a manos de los opositores. De modo que, no tendrás ni idea de que dos motociclistas han sido decapitados por el alambre de púas dispuesto a tal efecto, o de los transeúntes atacados e incluso asesinados al cruzar las barricadas para ir a trabajar. Afortunadamente, defensores de derechos humanos, algunos de ellos antiguos miembros de PROVEA y Amnistía Internacional, han denunciado recientemente este uso manipulador del discurso de los derechos humanos.

3. ...que defiende el liderazgo de la clase media...

Más sorprendente aún es que, en un país en el que la mayoría pobre –tanto la clase obrera tradicional como los sectores más desfavorecidos– se ha vuelto cada vez más organizada y revolucionaria, Rodolfo Montes de Oca, de El Libertario, apoya, incluso abiertamente, la idea de que es la clase media la que debe dirigir la lucha. En un artículo repleto de las obligadas referencias al "contrapoder" y de citas de Graeber y Holloway, nos encontramos con la sorprendente sugerencia de que "la clase media con educación universitaria, y tal vez los dueños de pequeños medios de producción y los proveedores de servicios, son los más preparados para asumir el liderazgo dentro de las organizaciones y movimientos sociales emergentes, ya que sus necesidades básicas están cubiertas y su autonomía no correrá peligro [hipotecada]"

La elección de dichas palabras por Montes de Oca es reveladora, pues por hipotecada se refiere literalmente a las hipotecas, lo cual da a entender que los pobres simplemente venderán sus lealtades políticas al mejor postor. En Sobre la revolución, Hannah Arendt argumentó que la Revolución Francesa estaba condenada al fracaso por "la necesidad y la pobreza", ya que sus partidarios fueron extraídos de "la multitud de los pobres". Y aquí tenemos a los llamados "anarquistas" esgrimiendo el mismo cansino argumento: los pobres, al parecer, no son de fiar para dirigir sus propias luchas sociales a causa de sus estómagos vacíos. En palabras de un crítico, El Libertario aspira a ser, "El jefe en el lugar de trabajo y el jefe en la revolución".

4. ...que está ausente de las luchas populares...

Como resultado de esta composición de ideología liberal de clase media y el énfasis en su liderazgo, no es de extrañar que El Libertario estuviera ausente de las luchas populares de base y, en cambio, cada vez más aliado con la clase media y la lucha de estudiantes conservadores de las universidades de élite y privadas. En palabras de un antiguo miembro, El Libertario "nunca ha tenido presencia en el barrio", y cuando en el pasado se intentaron pequeños proyectos, su método vanguardista de trabajo –con el que trataron de iluminar a los pobres–, era de "auto-aislamiento" en la práctica. De manera similar, otros anarquistas venezolanos insisten en que a El Libertario "nunca se le ha visto por las comunidades en lucha." Incluso los simpatizantes de El Libertario han señalado que "su presencia es casi marginal en muchos sectores clave de la lucha social", una caracterización que se ajusta a la admisión de Uzcátegui de que son "simples espectadores."

Por ejemplo, cuando en 2004 las organizaciones revolucionarias dedicadas a la acción directa derriban una estatua de Colón en Plaza Venezuela en nombre de la descolonización, algunos fueron detenidos y Chávez denunció a los organizadores como "anarquistas." En lugar de participar en la acción o mostrar solidaridad con los detenidos, El Libertario optó por burlarse de dicha acción –revelando así su vieja obsesión– calificándola de simple espectáculo, y culpó a los arrestados por su ingenuidad al suponer que el gobierno los apoyaría. En la compleja dialéctica del proceso revolucionario, vale la pena señalar que a pesar de la denuncia inicial de Chávez, estas y otras acciones directas radicales empujaron al gobierno bolivariano a enfatizar el genocidio indígena y, finalmente, a declarar el 12 de octubre como "Día de la Resistencia Indígena".

Tras una acción combativa similar, en el aniversario del Caracazo de 2008, acción que Chávez volvió a tildar de "anarquista", de nuevo El Libertario no expresó su solidaridad, pero en cambio emitió un comunicado insistiendo en que Chávez no sabía lo que significaba esa palabra. Según los participantes, era evidente que Chávez había "tocado su palabra sagrada" y no podían permitir que nadie fuera acusado de anarquismo tergiversando el lema de la acción –"no queremos que nos gobiernen: queremos gobernar"– como una mera demanda de poder estatal.

5. ...más inclinada a unir sus fuerzas con la derecha...

La lista sigue y sigue: mientras los revolucionarios (que apoyaron a Chávez) fueron reprimidos por la Guardia Nacional durante su participación en una caravana de 2008 en apoyo a los derechos indígenas Yukpa, El Libertario, desaparecido a pesar de su supuesto apoyo a la lucha Yukpa, estaba en cambio en las calles con los estudiantes de la clase media, defendiendo la estación de televisión de la derecha RCTV. Todo esto apunta a una tendencia preocupante: en lugar de sumergirse en las luchas populares revolucionarias, El Libertario se ha movido cada vez más hacia las luchas estudiantiles de tendencia derechista. Esta tendencia se ha visto confirmada en las últimas semanas, cuando miembros de El Libertario han celebrado abiertamente el movimiento de protesta de una clase media mayoritariamente de derecha. Uzcátegui ha ido tan lejos –de acuerdo con sus tweets–, como para confundir esta multitudinaria clase media (que otros "libertarios" argumentan es hegemónicamente fascista) con la multitud de la red, de esta manera comete el error cardinal de olvidar que para el viejo Antonio Negri, la multitud es sobre todo un "concepto de clase."

6. ...debido a una caricaturesca política de "lucha a tres bandas"...

A El Libertario le gusta posicionarse igualmente en contra del chavismo como de la derecha. Si bien esto evoca de alguna manera la lógica de la "lucha de tres vías" o "lucha tripolar", lo hace de manera burda y caricaturesca (aunque, seamos realistas, la lucha de tres vías es ya de por sí ridícula y caricaturesca). Esto fue tan claro durante el golpe de derecha de abril de 2002 como lo es hoy: confrontado a un golpe de Estado que no sólo derrocó a Chávez, sino también la progresiva Constitución de 1999, que dejó decenas de muertos en las calles antes de ser neutralizado por la rebelión popular, El Libertario volvió a quedar almargen, sin querer siquiera condenar este asalto fascista contra el pueblo. (Las ediciones 26 y 27 de El Libertario, publicadas en la época del golpe, están convenientemente incluidas en el archivo web, pero yo mismo he entrevistado a ex miembros que dejaron El Libertario tras esta "posición reaccionaria").

7. ...haciendo cualquier perspectiva revolucionaria de masas imposible.

Uzcátegui insiste en que "la Izquierda Independiente Revolucionaria de Venezuela” (sectores anarquistas que siguen a Trotsky, Marx, Lenin y Guevara) son "simples espectadores", pero ¿qué pasa con los socialistas revolucionarios como la corriente Marea Socialista? ¿Qué pasa con los militantes anarquistas libertarios revolucionarios como Roland Denis, que en lugar de admirar la creatividad cibernética de estos manifestantes nos insta a tomar medidas radicales para "desactivar el fascismo"? ¿Y qué hay de los guevaristas revolucionarios, como la nueva corriente Guevarista Bolivariana actual, o el Colectivo La Piedrita, uno de los colectivos populares al que Uzcátegui tacha de ser una milicia ciegamente chavista, a pesar de que eran décadas anteriores a Chávez y con frecuencia se enfrentaron al gobierno en la práctica.

En lugar de buscar humildemente una base en el trabajo de masas, El Libertario insiste condescendientemente en que si las masas no se unen a ellos, tanto peor para las masas. En consecuencia, tilda a los que discrepan de oficialistas, de partidarios del gobierno, en un intento de borrar la historia real de la autonomía revolucionaria dentro del movimiento bolivariano. Así, mientras que El Libertario cotorrea los cansinos mantras de la oposición de que no hay libertad de prensa en Venezuela (que es una mentira descarada, por cierto), no tiene en cuenta el florecimiento de los medios de comunicación populares de base en los últimos años, así como el hecho de que los revolucionarios estaban exigiendo que los medios de comunicación fuesen “privados ni estatales". Según El Libertario, cualquiera que apoye el proceso bolivariano o entienda que vale la pena defenderlo a pesar de sus limitaciones y defectos, es un vendido y un peón.

Pero esta visión no es revolucionaria, ni anarquista. Cualquier revolución anarquista será un fenómeno de masas basado en la clase o no será nada en absoluto. Esto no significa que anarquistas y antiautoritarios deban simplemente criticar la línea chavista, sino involucrarse directamente en la construcción de movimientos, espacios y rupturas revolucionarias dentro y contra la corriente principal del movimiento bolivariano, como han estado haciendo miles de revolucionarios venezolanos por años, si no décadas.

¿Quieren los auténticos anarquistas ponerse en pie, por favor?

Mientras que el anarquismo A nunca ha sido una fuerza importante en Venezuela, el anarquismo liberal de El Libertario no goza del monopolio del término, como le gustaría hacernos creer. Un buen ejemplo fue la Federación Anarquista Revolucionaria deVenezuela (FARV), que, desgraciadamente, se disolvió el año pasado. El FARV representó la voz de revolucionario descolonizador, el anarquismo de lucha de clases en Venezuela, pero como la mayoría de los movimientos no de clase media, su voz no fue amplificada por libros traducidos o giras estadounidenses, y por lo que dejo aquí algunas citas de la FARV, para compensar.

En un artículo de 2012, Luis, de la FARV, proporciona un análisis exhaustivo de los "absurdos de El Libertario" y, rechazando los intentos de El Libertario de “acaparar” y “monopolizar" el nombre de anarquismo, esbozó los parámetros de una verdadera alternativa revolucionaria anarquista. Esta alternativa parte de un firme rechazo de la ideología y liderazgo de clase media que define El Libertario. Observando que "siempre hemos estado bajo el liderazgo de las clases privilegiadas", la FARV insiste en que mantener el liderazgo de la clase media es mantener la reproducción tradicional del sistema por el cual las instituciones académicas legitiman a los "predestinados a guiar al país ... esto es exactamente lo mismo que el discurso de oposición que habla de una llamada meritocracia, cargada de racismo, clasismo, liberalismo, colonialismo y fascismo".

Además, sugerir que aquellos que poseen los medios de producción son los líderes legítimos de movimiento es "validar la explotación, la diferencia y los privilegios en lugar de combatirlos, razón por la que, a nuestro entender, somos anarquistas. Proudhon declaró que ‘la propiedad es el robo, y por lo tanto, la pequeña propiedad es un pequeño robo, una pequeña acción parasitaria". Peor aún: celebrar abiertamente los orígenes de clase media abrazando su política es contribuir al descrédito del anarquismo mismo reforzando la más antigua caricatura del mismo: “que el anarquismo es una ideología pequeñoburguesa". Para la FARV:
Los anarco-liberales [de El Libertario] son parte de la clase media y orgullosos de ello, por lo que sabemos que nunca van a trabajar en contra de sus propios intereses ... [Pero] por suerte, el movimiento popular no permite a nadie actuar en su nombre, y mucho menos a la clase media. Afortunadamente, los movimientos sociales no son lo mismo que el movimiento popular. Afortunadamente, el movimiento popular sigue avanzando hacia formas colectivas de liderazgo.
La posición correcta hacia estos movimientos populares no es, pues, la pasividad del “simple espectador”, como es el caso de Uzcátegui, y la FARV rechaza la lucha de las tres vías en la medida en que representa "la postura iluminada"... vía contemplativa que no participa en las luchas, pero que pretende dar las órdenes, ya que se cree en posesión de una luminosa verdad. Un ‘anarquismo’ arrogante y autoritario que no compartimos".

La FARV "se expresa desde la posición de las luchas populares concretas. Es de esta diferencia que se derivan todas las otras diferencias. Ellas difunden ideas libertarias “no sólo con la palabra, sino con la acción cotidiana constructiva junto a los hijos del pueblo. Con humildad y en igualdad de condiciones, ya que hay mucho que aprender de las comunidades en lucha". Como la FARV reconoció en un comunicado de 2012, posicionarse junto a las comunidades concretas en la lucha no es oponerse al proceso bolivariano –entendido como algo que comenzó mucho antes de Chávez y que continuará mucho tiempo después de él–, sino abrazar aspectos de ellas mientras se presiona en direcciones cada vez más revolucionarias:
Nuestra lucha es por el comunismo libertario, por lo que no estamos dispuestos a volver a un "estado de cosas" en el que: seremos perseguidos, donde los medios alternativos serán cerrados, donde las tierras y negocios bajo control comunal serán devueltos a los grandes terratenientes y empresarios, donde habrá violaciones sistemáticas de los derechos humanos, donde desaparecerán los instrumentos jurídicos que pueden ayudar a la causa popular [es decir, la Constitución de 1999] y la futura construcción de espacios comunitarios verdaderamente horizontales y de asamblea... para retroceder a un pasado que, apenas disimulado, aguarda una reacción fascista.
En lugar de ello, desde esta posición concreta en las luchas populares, la FARV abraza un tipo diferente de tres vías de lucha:
Estamos igualmente en contra de aquellas posiciones supuestamente "izquierdistas" que quieren que creamos que "esto es más de lo mismo" así como estamos en contra de aquellos acomodacionistas que insisten en que "ésta es una verdadera revolución"... y aún más de ciertas ‘personalidades’ que se refugian en las ideas anarquistas (y en ciertas posiciones trotskistas) para encubrir el hecho de que hablan desde una perspectiva burguesa para así invisibilizar las luchas y los procesos de cambio ... También decimos a estos anarquistas convertidos en vendedores ambulantes, comerciantes y turistas de ideas, que el fascismo no pasará.
Esto no significa que el Estado no sea poderosamente peligroso y contradictorio, por supuesto: según la FARV, "ningún Estado es revolucionario", pero "como anarquistas sabemos que este proceso... se constituye como una tarea colectiva y común del pueblo venezolano, y por ello el anarquismo sólo puede ser construido a través de la lucha colectiva de las masas, por razones tanto defensivas (evitando la represión) como ofensivas (reivindicando espacios nuevos abiertos por el proceso), esta lucha de masas emerge a través del proceso bolivariano (aunque en una relación tensa y a menudo conflictiva con el gobierno). Esto significa resistir las solidaridades automáticas y los sofocantes confines de una “anarquismo” que se limita a aquellos autodenominados anarquistas
En el momento actual existen muchos ejemplos de espacios que, si bien no se definen a sí mismos como anarquistas, están sin embargo involucrados en prácticas libertarias cotidianas: comunidades que poseen cierto grado de producción social, autogobierno y autodefensa... (como el 23 de Enero, Colectivo Alexis Vive, Colectivo Montaraz, entre otros).
El Libertario, fiel a sus antecedentes y a su política de clase, "temen más al chavismo y la revolución que al fascismo, la oligarquía y la derecha venezolana con la que marchan alegres". De modo que, no es de extrañar que estos colectivos celebrados por la FARV por su actividad tácitamente anarquista, sean los mismos colectivos que hoy día son demonizados por una temible burguesía, así como por sus colaboradores “anarquistas” que imitan a las élites en su denuncia de los "grupos milicianos".

La respuesta del FARV a extraños compañeros de cama de derecha de El Libertario es contundente:
No, no tenemos nada en común con la burguesía. El Libertario y las FARV no son lo mismo. Es muy diferente decir "movimientos sociales" (es decir, ONGs y fundaciones), a decir "movimiento popular" (colectivos y grupos de trabajo, frentes campesinos, movimientos de ocupación de tierras, movimientos indígenas, comités de salud, comités de tierras, etc.). Bakunin tiene razón, la clase media es una cosa, con sus aspiraciones y presunciones; Los hijos del pueblo con sus luchas, sueños y victorias son enteramente otra cosa... Como hijos del pueblo no esperamos nada de la clase media, y mucho menos su liderazgo... Elegimos no estar del lado de una clase que teme la revolución... 
Preferimos estar con el movimiento popular, con su temperamento rebelde, desobediente e ingobernable; con sus experimentos autogestionados, con sus pasos hacia el socialismo, con sus anhelos libertarios y su intuición anarquista... necesitamos buscar [este impulso anarquista], no en la clase media, no en los comunicados de la burguesía, no en la Internet o en los discursos oficiales de los profesores universitarios, no en la televisión o en las declaraciones o acciones de Chávez, sino en los barrios, en las comunidades en lucha, en el corazón del movimiento popular.
En Nosotros Creamos a Chávez, escribí que "con demasiada frecuencia, las discusiones de la Venezuela contemporánea giran alrededor de la figura del presidente venezolano. Ya sea de los opositores de la derecha conservadora o de la izquierda anarquista o los partidarios entre ellos, la miopía es la misma". Del mismo modo, las FARV argumentan que:
Los acólitos centristas de Chávez, ya sean chavistas o de la oposición, comparten la determinación de circunscribir todo en la figura de Chávez, ya sea negando los logros del proceso bolivariano y diciendo que todo lo malo es debido al zambo de sus pesadillas, o fomentando la idea de que estos logros son los dones del poder o el resultado de la benevolencia de Chávez. 
Nosotros, por el contrario, consideramos que estos logros son el producto de las luchas históricas del movimiento popular, que nos han costado y siguen nos costando sangre y sacrificio... A pesar de El Libertario, junto con la oposición de derecha y el rojo [chavista] intento de la burocracia para borrar todos los rastros de la autonomía de la acción popular, los hijos del pueblo van a seguir organizándose, oirán nuestras voces con más frecuencia y tendrán que acostumbrarse a ver nuestras caras.
No todos los que se llaman a sí mismos anarquistas son dignos de este nombre, y antes de que los revolucionarios en los Estados Unidos o en cualquier otro lugar vuelvan a publicar artículos, traduzcan libros u organicen viajes y conferencias, debemos tener claro lo que estamos apoyando. Especialmente en América Latina, además, debemos estar atentos a los miles que se dedican a la actividad anti-estatal revolucionaria que ni siquiera se llaman a sí mismos "anarquistas". Apoyar a anarquistas liberales de clase media como El Libertario es estar en contra de la revolución, contra las luchas populares concretas de los venezolanos y venezolanas pobres, e incluso contra el anarquismo mismo.

Traducido por Arrezafe.

Versión original en inglés:

Artículos relacionados


Mientras El Libertario solo lloriquea tardíamente por Internet y por su periódico, el movimiento popular, al que ellos desdibujan con el mote derechista de “oficialismo”, realiza acciones concretas y contundentes.



Periódico El Libertario de Venezuela: El “anarquismo” de derecha al servicio de la burguesía y el intervencionismo.



15 mayo, 2017

España: estercolero de la derecha venezolana - Marcos Roitman

Leopoldo López (padre), Jose Maria Aznar, Felipe González, Ana Botella y Bertin Osborne, Álvarez del Manzano, Javier Solana. Oligárquia golpista.

Odio y rencor, acompañado de violencia, es lo que destilan las derechas española y venezolana. En una dupla que no tiene parangón, el gobierno del Partido Popular, acompañado por Ciudadanos, la cara amable de la nueva derecha española, junto con sectores del PSOE, se ha dado a la tarea de promover en territorio español las guarimbas, emergiendo una acción coordinada internacionalmente destinada a justificar una guerra civil, invasión o golpe de Estado en Venezuela. Estamos en presencia de una nueva escalada en las estrategias desestabilizadoras. La violencia se exporta a las calles de Madrid, Barcelona o Bilbao. Cortan el tráfico, agitan pancartas, persiguen a los diplomáticos, boicotean actos públicos, amenazan de muerte y promueven la violencia propia de un nazismo corriente.

En Madrid, delegaciones de los partidos Primero Justicia y Voluntad Popular tuvieron una reunión con Albert Rivera, secretario general de Ciudadanos, a la cual se sumaron miembros del Partido Popular y dirigentes del PSOE. El objetivo era coordinar la estrategia a seguir en España para desarticular la red de apoyo al gobierno de Venezuela. La reunión contó con el aval de Corina Machado, Lilian Tintori y la cúpula de la MUD. Por parte de España, Felipe González y José María Aznar estaban al tanto. La escenificación fue un acto público, en el que se fotografiaron juntos Albert Rivera y los dirigentes venezolanos Isidora Zubillaga, Lester Toledo y Gabriel San Miguel, así como el padre de Leopoldo López. Dicho acto fue el pistoletazo de salida para la acción concertada de acoso al cuerpo diplomático venezolano y el boicot de actos realizados por organismos de derechos humanos, asociaciones, sindicatos, universidades y ONG destinadas a desenmascarar el origen de la violencia continuada y la estrategia de golpe de Estado desarrollado por la derecha venezolana.

Por su parte, el gobierno del Partido Popular se comprometía a garantizar la impunidad de los grupos movilizados desde Venezuela, adiestrados en estrategia y violencia callejera. Desde el Ministerio del Interior se dieron órdenes a las delegaciones de gobierno para que las fuerzas de seguridad del Estado acudiesen tardíamente, en caso de ser requeridas por los convocantes a los actos, dando tiempo a los provocadores a realizar sus acciones. Algo inédito, ya que deberían hacerlo de oficio. Mas si los violentos carecen de permiso, amenazan de muerte, cometen atentados contra el mobiliario urbano, etcétera. Es tanto como no actuar en caso de presenciar una violación, robo o asesinato, subrayando que no tiene órdenes (sic).

De esa guisa han sido los argumentos esgrimidos por la policía el jueves 11 de mayo, para permanecer impávidos antes el ataque a una sede de la embajada de Venezuela, donde se celebrara un acto informativo del Comité de Víctimas de la Guarimba y el Golpe Continuado. Dicho local goza de la inviolabilidad diplomática, acorde con la convención de Viena para el cuerpo diplomático.

Sin embargo, en una manifestación no autorizada de la derecha venezolana y española se permitió a los convocantes el lujo lanzar objetos, increpar a los asistentes, llamarlos asesinos, amenazarlos de muerte, agredirlos, estar a menos de dos metros de la entrada, impidiendo el paso a quienes democrática y libremente deseábamos oír a las Víctimas de las Guarimba, que previamente se habían reunido con la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, quien oficialmente manifestó su apoyo y prometió hacer gestiones para esclarecer la verdad y hacer justicia. El acto, donde estaban el embajador y buena parte del personal diplomático, además de académicos, invitados y miembros de asociaciones civiles, sería una explicación de tres víctimas de las Guarimbas, encabezados por Desirée Cabrera, portavoz de las víctimas, cuyo bebé se encontraba en la guardería del Ministerio de Vivienda cuando los violentos asaltaron las dependencias y prendieron fuego. También participaba la madre del capitán de la Guardia Nacional Bolivariana, Ramzor Bracho Bravo, asesinado por francotiradores, cuando se aprestaba a rescatar a un compañero agredido por las Guarimbas, mientras quemaban basuras y mobiliario urbano. Por último tomó la palabra Germán Óscar Carrero, quien perdió una mano al protegerse de una bomba, mientras escoltaba ambulancias y medicinas trasladadas al depósito de CorpoSalud. En definitiva, víctimas de la violencia y sedición de la derecha venezolana.

laJornada
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12 mayo, 2017

La ofensiva mediática, económica, política y fascista lanzada contra Venezuela.

“La acción de quemar cosas, bibliotecas, hospitales, universidades, centros de salud, archivos, autobuses, automóviles, cisternas plenas de gasolina, la utilización de bombas molotov para quemar a policías y guardias nacionales, el linchamiento y el asesinato de aquellas personas que no piensan como los terroristas de la MUD, la utilización sistemática de la mentira mediática como arma de propaganda, nos recuerdan crudamente el surgimiento del nazi-fascismo en Alemania en 1933”.


EL GOBIERNO DE MARIANO RAJOY GARANTIZA LAS AGRESIONES EN ESPAÑA A EDIFICIOS, PERSONAL DIPLOMÁTICO Y VÍCTIMAS DE LAS GUARIMBAS DEL TERRORISMO OPOSITOR DE VENEZUELA

El embajador de Venezuela en España, Mario Isea, indicó que ante el asedio a la sede cultural de la embajada venezolana, el gobierno bolivariano no aceptará desalojar al cuerpo diplomático y los representantes del Comité de Víctimas de las Guarimbas y del Golpe Continuado, por un corredor entre los manifestantes violentos, solución que fue planteada por el gobierno de Mariano Rajoy y que ha sido calificada como una “salida indigna” por el gobierno venezolano. teleSUR
España: Venezuela rechaza salida indigna del cuerpo diplomático

Grupos de extrema derecha española y venezolana se han manifestado en Madrid contra el Gobierno de Venezuela, presidido por Nicolás Maduro, tras la convocatoria a un evento de la Embajada venezolana. 
El embajador en Madrid, Mario Isea, denunció que la sede diplomática ha sido asediada por grupos violentos que han impedido la salida de los asistentes a un foro con el Comité de Víctimas de la Guarimba, un grupo integrado por familiares de las personas que fueron asesinadas durante los actos terroristas impulsados por la derecha en 2014. 
La canciller venezolana, Delcy Rodríguez, exigió a España velar por el estricto cumplimiento de la Convención de Viena para garantizar el resguardo de las sedes que funcionan como representación del gobierno bolivariano. 
El hecho ocurre en la sede del Centro de la Diversidad Cultural, en Madrid, donde se encuentran atrapadas unas 100 personas. 
“Este odio lo ha sembrado la oposición venezolana que anda por el mundo denigrando de nuestra Patria Sagrada con sus aliados internacionales“, agregó la ministra de Exteriores, quien no dudó en calificar a las personas que asedian las instalaciones de “militantes del fascismo”.
"Estamos secuestrados": Embajador venezolano en Madrid denuncia que un grupo violento rodea la sede

https://tenacarlos.wordpress.com/2017/05/12/el-gobierno-de-mariano-rajoy-garantiza-las-agresiones-en-espana-a-edificios-personal-diplomatico-y-victimas-de-las-guarimbas/

11 mayo, 2017

La huelga de hambre de los presos palestinos y la bancarrota moral de Israel - María Landi

El 17 de abril, Día Internacional de las y los Presos Políticos Palestinos, más de 1.500 prisioneros iniciaron una huelga de hambre colectiva. Se trata de la medida más numerosa y plural llevada adelante en las cárceles de la ocupación colonial israelí en muchos años, y ha recibido la adhesión de todos los partidos políticos palestinos: nacionalistas, marxistas e islamistas.
Un joven palestino de 30 años, Mazan al Maghrebi, falleció el 1 de Mayo de una enfermedad renal tras participar en la huelga de hambre.
Bajo la consigna “Libertad y Dignidad”, los presos no piden otra cosa que respetar sus derechos fundamentales establecidos en el derecho internacional. Por un lado, exigen cambios en las condiciones de reclusión: acceso a lectura y estudios universitarios, dos visitas mensuales de una hora de duración (actualmente es una sola de 45 minutos), condiciones humanas en los traslados, atención médica adecuada y liberación de enfermos terminales o discapacitados; y por otro, poner fin a las inhumanas políticas de detención: la tortura, el régimen de aislamiento prolongado, la detención ‘administrativa’ (sin juicio y por tiempo indefinido) y el traslado de los detenidos a Israel −en violación de la IV Convención de Ginebra−, lo que dificulta severamente las posibilidades de visitas familiares.
Según la organización Addamir, hay unos 6.300 presos y presas, incluyendo 500 en detención ‘administrativa’, 300 menores de edad, 61 mujeres y niñas, 13 parlamentarios y 28 periodistas. Al menos 1.000 tienen prohibido recibir visitas por “motivos de seguridad” (sobre todo los de Gaza), y entre 15 y 20 permanecen en total aislamiento. En 50 años desde la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, más de 800.000 personas han sido detenidas por Israel, lo que equivale al 40 por ciento de la población masculina palestina.
(…)
LA MEDIDA SE EXTIENDE Y CRECE EL APOYO POPULAR




El apoyo a la huelga de hambre continúa creciendo dentro y fuera de Palestina, y cada día más presos y prisiones se suman a la medida. Hasta ahora son siete las presas que se unieron a la protesta desde la cárcel de Hasharon. La huelga general convocada para el jueves 27 de abril en los territorios ocupados tuvo prácticamente un 100 por ciento de acatamiento, incluso en Jerusalén y en comunidades palestinas de Israel. El viernes 28, la población convocó a un ‘día de ira’, con numerosas protestas que fueron brutalmente reprimidas por las fuerzas israelíes; se reportaron decenas de manifestantes heridos o detenidos. Las protestas generalizadas y la respuesta represiva se repitieron el viernes 5 de mayo en todas las ciudades de Cisjordania. En las principales universidades y plazas palestinas se han levantado carpas de solidaridad, y grupos de familiares y estudiantes se han sumado al ayuno. Uno de los hijos de Marwan Barghouti convocó por las redes sociales al desafío de beber agua y sal en apoyo a los presos políticos, generando respuestas individuales y colectivas en todo el mundo. 
El 1º de mayo, la Federación Sindical Mundial emitió una declaración de apoyo a los presos palestinos, a la cual se unió la Confederación Sindical Internacional. El mismo día los sindicatos palestinos llamaron a unirse al movimiento BDS, boicoteando las empresas israelíes e internacionales que son cómplices de la ocupación, el colonialismo y el apartheid, y presionando a los gobiernos para que corten relaciones militares y comerciales con Israel. “Reiteramos nuestro llamado al boicot contra Histadrut, el sindicato oficial israelí, por su complicidad con las violaciones del derecho internacional y su negativa a tomar una postura clara de apoyo a los derechos del pueblo palestino”, agregaron.
Desde las prisiones de Ramle y Ramon, también enviaron mensajes a la clase trabajadora los dirigentes del FPLP en huelga de hambre Kamil Abu Hanish y Ahmad Saadat. “Hoy les llamamos (…) a redoblar su apoyo a nuestra lucha, al pueblo palestino y a los prisioneros. Les instamos a que actúen para aislar al Estado ocupante y hacerlo responsable por 70 años de crímenes contra el pueblo palestino. Les instamos a intensificar el movimiento de boicot, desinversión y sanciones contra el Estado ocupante y contra corporaciones como Hewlett-Packard y G4S que lucran con el encarcelamiento, el apartheid y el colonialismo. Los movimientos (…) de los oprimidos pueden y deben participar en esta batalla en todo el mundo, como parte integral de la lucha contra el racismo, el imperialismo y el capitalismo.”, escribió Abu Hanish. Saadat también llamó a “enfrentar las fuerzas salvajes del capitalismo, la ocupación, el colonialismo y el racismo. (…) Una de las tareas comunes es defender los derechos de las personas refugiadas y migrantes, y de las clases empobrecidas, en cualquier parte del mundo”. 
El jueves 4, al entrar en el 18º día de huelga de hambre, más prisioneros se sumaron a la protesta, incluyendo a líderes de primer nivel de todos los partidos palestinos: el secretario general del marxista FPLP, Ahmad Saadat y su compañero Ahed Abu Ghoulmeh; los líderes de Hamas: Abbas el-Sayyed, Ibrahim Hamed y Hasan Salameh; el líder de la Yihad Islámica Ziad Bseiso. También se participan en la huelga el líder del FDLP: Wajdi Jawdat, el líder del Partido del Pueblo (comunista) Bassam Kandakji, y los presos palestinos más antiguos: Nael Barghouthi y Karim Younes. El compromiso de unidad se anunció en conferencias de prensa simultáneas en Gaza y Ramala, y fue recibido con manifestaciones populares masivas en ambos territorios ocupados. Ante miles de personas congregadas ante la estatua de Mandela en Ramala, Fadwa Barghouti leyó un mensaje de su esposo desde la cárcel: 
“Israel no puede silenciarnos, ni aislarnos, ni rompernos. Nuestra voluntad es sólida e inquebrantable; la ocupación lo probó una y otra vez y fue incapaz de someternos o subyugarnos: continuamos rebelándonos contra nuestro cautiverio y los intentos de humillarnos (…)
Confiamos en que la fidelidad de los prisioneros a su pueblo y a su país será recibida con lealtad, y que esta batalla sea parte integrante de la batalla de nuestro pueblo por la libertad y la dignidad. Nos encontraremos pronto, en libertad.”

LA RECETA ISRAELÍ: MÁS REPRESIÓN

Mientras el apoyo popular a la protesta crece en Palestina y en el mundo, las autoridades israelíes han respondido con la única arma que conocen: la violencia represiva, dentro y fuera de las cárceles. Los líderes de la protesta fueron puestos bajo total aislamiento y están siendo trasladados de una prisión a otra. A los huelguistas les han confiscado pertenencias personales (en algunas prisiones incluso la sal que ingieren con agua), les han prohibido ver las noticias o comunicarse y han suspendido las visitas, tanto familiares como legales. Por este motivo, los defensores de presos boicotearon los tribunales militares, negándose a asistir a las audiencias. Sólo integrantes del Comité Internacional de la Cruz Roja han sido autorizados, en algunas prisiones, a visitar a los presos en huelga de hambre.

A su vez, la amenaza de alimentación forzada se cierne sobre los huelguistas: el Ministerio de Salud Pública de Israel ha coordinado con la Policía y el Servicio de Prisiones el eventual traslado de presos a hospitales militares. Se busca así evitar que sean transferidos a centros públicos, donde el personal médico se ha negado a aplicar la ley de 2015 que permite la alimentación forzada (ratificada por la Corte Suprema), ya que viola el código de ética y es considerada tortura en las declaraciones de Malta y de Tokio de la Asociación Médica Internacional. Previendo estas dificultades, el gobierno israelí está considerando la posibilidad de traer médicos extranjeros para alimentar por la fuerza a los huelguistas.

El 4 de mayo un tribunal israelí accedió a la solicitud de organizaciones de derechos humanos y autorizó que los huelguistas pudieran recibir visitas de sus abogados -aunque no de las familias. Sin embargo, al día siguiente las abogadas de Addamir denunciaron que se les había prohibido visitar a los huelguistas, desconociendo la resolución judicial; sólo pudieron ver a otros presos que no están ayunando y obtener información indirecta a través de ellos. Los prisioneros confirmaron el aumento del hostigamiento y las agresiones de las autoridades penitenciarias contra los huelguistas: penosos traslados de una prisión a otra, requisas nocturnas, despojo de pertenencias y provocaciones constantes. Los huelguistas, cuya salud se deteriora aceleradamente, se encuentran recluidos en total aislamiento, sin comunicación alguna con el exterior, sin otra ropa que el uniforme penitenciario, sin ningún material de lectura, teniendo que tomar agua del grifo, y hasta se les ha prohibido hacer las oraciones diarias.

Por otro lado, varios dirigentes de la huelga denunciaron intentos divisionistas de negociar con ellos excluyendo a Marwan Barghouti, a lo cual todos se negaron categóricamente. Ahmad Saadat, el respetado secretario general del FPLP, rechazó dialogar con las autoridades y les remitió a Marwan Barghouti, líder de la huelga. Abdel Mayid Shadid, dirigente de Fatah, denunció que las autoridades del Servicio de Prisiones habrían ofrecido un acuerdo sólo a los huelguistas de las cárceles de Nafha y Ramon -que también fue rechazado por los presos.

(…)

¿HASTA CUÁNDO? 
Israel pretende desacreditar al movimiento de prisioneros y a su líder acusándoles de “terroristas”. Dejando de lado que la mayoría de quienes han pasado por las cárceles jamás tomó un arma, o que cada año 700 niños palestinos son juzgados en tribunales militares por tirar piedras, quienes vivimos bajo dictaduras y conocimos los tribunales militares sabemos que la distinción entre unos presos políticos y otros es fútil. ¿Con qué autoridad se puede condenar la resistencia de un pueblo que viene soportando un régimen colonial por 69 años y una ocupación militar por 50? En una reciente entrevista con el Washington Post, la parlamentaria y ex presa palestina Jalida Yarrar afirmó: “El problema no son las acciones del pueblo ocupado, sino la ocupación misma. La gente sólo está reaccionando contra ella. Hay que conocer mejor lo que sufre el pueblo palestino a diario por falta de libertad, por los checkpoints, por las colonias, por no poder acceder a sus tierras, a su agua… ¿Qué esperan que haga un pueblo que soporta todo esto?” El propio Marwan Barghouti, quien en su momento censuró los atentados contra civiles israelíes, afirmó no obstante en su juicio que “no habrá paz ni seguridad sin el fin de la ocupación”.

Una verdad demasiado obvia, que sin embargo parece necesario recordar a los gobiernos occidentales que repiten como un mantra el dogma de la propaganda sionista para justificar décadas de atrocidades contra el pueblo palestino: “Israel tiene derecho a defenderse”.
(…)
Cincuenta años parece demasiado tiempo para seguir tolerando la impunidad de israelí. Y menos aún sus vanas justificaciones. Los presos palestinos están diciendo BASTA con la única arma que tienen: sus estómagos vacíos.

https://borrokagaraia.wordpress.com/2017/05/09/tercera-semana-de-huelga-de-hambre-de-los-presos-y-presas-politicas-palestinas/

Enlace relacionado:
http://www.palestinaliberation.com/2017/05/israel-tortura-los-presos-palestinos-en.html
 

08 mayo, 2017

Venezuela: “La derecha no tiene la menor intención de dialogar, por más concesiones que se le hagan” - Atilio Boron

24 de abril: violentas acciones de la oposición en Caracas

Venezuela en la hora de los hornos

La dialéctica de la revolución y el enfrentamiento de clases que la impulsa aproxima la crisis venezolana a su inexorable desenlace. Las alternativas son dos y sólo dos: consolidación y avance de la revolución o derrota de la revolución.  La brutal ofensiva de la oposición –criminal por sus métodos y sus propósitos antidemocráticos– encuentra en los gobiernos conservadores de la región y en desprestigiados exgobernantes figurones que inflan su pecho en defensa de la “oposición democrática” en Venezuela y exigen al gobierno de Maduro la inmediata liberación de los “presos políticos”. La canalla mediática y "la embajada" hacen lo suyo y multiplican por mil estas mentiras. Los criminales que incendian un hospital de niños forman parte de esa supuesta legión de demócratas que luchan para deponer la “tiranía” de Maduro. También lo son los terroristas –¿se los puede llamar de otro modo?– que incendian, destruyen, saquean, agreden y matan con total impunidad (protegidos por las policías de las 19 alcaldías opositoras, de las 335 que hay en el país). Si la policía bolivariana –que no lleva armas de fuego desde los tiempos de Chávez– los captura se produce una pasmosa mutación: la derecha y sus medios convierten a esos delincuentes comunes en “presos políticos” y “combatientes por la libertad”, como los que en El Salvador asesinaron a Monseñor Oscar Arnulfo Romero y a los jesuitas de la UCA; o como los “contras” que asolaron la Nicaragua sandinista financiados por la operación “Irán-Contras” planeada y ejecutada desde la Casa Blanca.

Resumiendo: lo que está sucediendo hoy en Venezuela es que la contrarrevolución trata de tomar las calles –y lo ha logrado en varios puntos del país– y producir, junto con el desabastecimiento programado y la guerra económica el caos social que remate en una coyuntura de disolución nacional y desencadene el desplome de la revolución bolivariana.  Reflexionando sobre el curso de la revolución de 1848 en Francia, Marx escribió unas líneas que, con ciertos recaudos, bien podrían aplicarse a la Venezuela actual. En su célebre El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, describía la situación en París diciendo que “en medio de esta confusión indecible y estrepitosa de fusión, revisión, prórroga de poderes, Constitución, conspiración, coalición, emigración, usurpación y revolución, el burgués, jadeante, gritase como loco a su república parlamentaria: «¡Antes un final terrible que un terror sin fin!»”  Sería imprudente no tomar estas palabras muy seriamente, porque eso es precisamente lo que el imperio y sus secuaces tratan de hacer en Venezuela: lograr la aceptación popular de “un final terrible” que ponga término a “un terror sin fin.”  A tal efecto Washington aplica la misma receta administrada en tantos países: organizar la oposición y convertirla en la semilla de la contrarrevolución, ofrecerle financiamiento, cobertura mediática y diplomática, armas; inventar sus líderes, fijar la agenda y reclutar a mercenarios y malvivientes de la peor calaña que hagan la tarea sucia de "calentar la calle" matando, destruyendo, incendiando, saqueando, mientras sus principales dirigentes se fotografían con presidentes, ministros, el Secretario General de la OEA y demás agentes del imperio. Esto mismo hicieron hace unos años con gran éxito en Libia, en donde Washington y sus compinches inventaron los “combatientes por la libertad” en Benghasi. La prensa hegemónica difundió esa falsa noticia a los cuatro vientos y la OTAN hizo lo que hacía falta. El resultado final: destrucción de Libia bombardeada a mansalva durante meses, caída y linchamiento de Gadafi, entre las risotadas de una hiena llamada Hillary Clinton. En Venezuela están aplicando el mismo plan, con bandas armadas que destruyen y matan lo que sea ante una policía poco menos que indefensa.

Por comparación, la ofensiva imperial lanzada contra Salvador Allende en los años setentas fue un juego de niños al lado de la inaudita ferocidad del ataque sobre Venezuela. No hubo en Chile una oposición que contratara bandas criminales para ir por los barrios populares disparando a mansalva para aterrorizar a la población; tampoco un gobierno de un país vecino que apañara el contrabando y el paramilitarismo, y una prensa tan canalla y efectiva como la actual, que hizo de la mentira su religión. Días pasados publicaron la foto de un joven vestido con uniforme de combate y arrojando una bomba molotov sobre un carro de policía y en el epígrafe se habla ¡de la "represión" de las fuerzas de seguridad chavistas cuando eran éstas las que eran reprimidas por los revoltosos!  Esa prensa proclama indignada que la represión cobró la vida de más de treinta personas pero oculta aviesamente que la mayoría de los muertos son chavistas y que por lo menos cinco de ellos policías bolivarianos ultimados por los "combatientes por la libertad."

Los incendios, saqueos y asesinatos, la incitación y la comisión de actos sediciosos son publicitados como la comprensible exaltación de un pueblo sometido a una monstruosa dictadura que, curiosamente, deja que sus opositores entren y salgan del país a voluntad, visiten a gobiernos amigos o a instituciones putrefactas como la OEA para requerir que su país sea invadido por tropas enemigas, hagan periódicas declaraciones a la prensa, convaliden la violencia desatada, se reúnan en una farsa de Asamblea Nacional, dispongan de un fenomenal aparato mediático que miente como jamás antes, vayan a terceros países a apoyar a candidatos de extrema derecha en elecciones presidenciales sin que ninguno sea molestado por las autoridades. ¡Curiosa dictadura la de Maduro! Todas estas protestas y sus instigadores están encaminadas a un solo fin: garantizar el triunfo de la contrarrevolución y restaurar el viejo orden pre-chavista mediante un caos científicamente programado por gentes como Eugene Sharp y otros consultores de la CIA que han escrito varios manuales de instrucción sobre como desestabilizar gobiernos.[1]


El modelo de transición que anhela la contrarrevolución venezolana no es el "Pacto de la Moncloa" ni ningún pacífico arreglo institucional sino la aplicación a rajatabla del modelo libio. Y, por supuesto, no tienen la menor intención de dialogar, por más concesiones que se les haga. Pidieron una Constituyente y cuando se la otorgan acusan a Maduro de fraguar un autogolpe de estado. Violan la legalidad institucional y la prensa del imperio los exalta como si fueran la quintaesencia de la democracia. No parece que la rehabilitación de Henrique Capriles o inclusive la liberación de Leopoldo López podrían hacer que un sector de la oposición admitiera sentarse en una mesa de diálogo político para salir de la crisis por una vía pacífica porque la voz de mando la tiene el sector insurreccional. La derecha y el imperio huelen sangre y van por más, y medidas apaciguadoras como esas los envalentonaría aún más aunque admito que mi análisis podría estar equivocado. Desde afuera, gentuzas como Luis Almagro que emergen cubiertos de estiércol desde las cloacas del imperio orquestan una campaña internacional contra el gobierno bolivariano. Y países que jamás tuvieron una constitución democrática y surgida de una consulta popular en toda su historia, como Chile, tienen la osadía de pretender dar lecciones de democracia a Venezuela, que tiene una de las mejores constituciones del mundo y, además, aprobadas por un referendo popular.

Maduro ofreció nada menos que convocar a una Constituyente para evitar una guerra civil y la desintegración nacional. Si la oposición confirmara en los próximos días su rechazo a ese gesto patriótico y democrático el único camino que le quedará abierto al gobierno será dejar de lado la excesiva e imprudente tolerancia tenida con los agentes de la contrarrevolución y descargar sobre ellos todo el rigor de la ley, sin concesión alguna. La oposición no violenta será respetada en tanto y en cuanto opere dentro de las reglas del juego democrático y los marcos establecidos por la Constitución; la otra, el ala insurreccional de la oposición, deberá ser reprimida sin demora y sin clemencia.

El gobierno bolivariano tuvo una paciencia infinita ante los sediciosos, que en Estados Unidos estarían presos desde el 2014 y algunos, Leopoldo López, por ejemplo, condenado a cadena perpetua o a la pena capital. Su mayor pecado fue haber sido demasiado tolerante y generoso con quienes sólo quieren la victoria de la contrarrevolución a cualquier precio. Pero ese tiempo ya se acabó. La inexorable dialéctica de la revolución establece, con la lógica implacable de la ley de la gravedad, que ahora el gobierno debe reaccionar con toda la fuerza del estado para impedir a tiempo la disolución del orden social, la caída en el abismo de una cruenta guerra civil y la derrota de la revolución. Impedir ese “final terrible” del que hablaba Marx antes del “terror sin fin.”

Si el gobierno bolivariano adopta este curso de acción podrá salvar la continuidad del proceso iniciado por Chávez en 1999, sin preocuparse por la ensordecedora gritería de la derecha y sus lenguaraces mediáticos que de todos modos ya hace tiempo vienen aullando, mintiendo e insultando a la revolución y sus protagonistas. Si, en cambio, titubeara y cayera en la imperdonable ilusión de que a los violentos se los puede apaciguar con gestos patrióticos o rezando siete Ave Marías, su futuro tiene el rostro de la derrota, con dos variantes. Uno, un poco menos traumático, terminar como el Sandinismo, derrotado “constitucionalmente” en las urnas en 1989. Sólo que Venezuela está asentada sobre un inmenso mar de petróleo y Nicaragua no, y por eso hay que desterrar el espejismo de que si los sandinistas volvieron al gobierno los chavistas podrían hacer lo propio, diez o quince años después de una eventual derrota. ¡No! El triunfo de la contrarrevolución convertiría de hecho a Venezuela en el estado número 51 de la Unión Americana, y si Washington durante más de un siglo ha demostrado no estar dispuesto a abandonar a Puerto Rico ni en mil años se iría de Venezuela una vez que sus peones derroten al chavismo y se apoderen de este país y su inmensa reserva petrolera. La revolución bolivariana es social y política y, a no olvidarlo, una lucha de liberación nacional. La derrota de la revolución se traduciría en la anexión informal de Venezuela a Estados Unidos.

La segunda variante de una posible derrota configuraría el peor escenario. Incapaz de contener a los violentos y de restablecer el orden y una cierta normalidad económica una insurrección violenta aplicaría el modelo libio para acabar con la revolución bolivariana. No olvidar que ahora la número dos del Comando Sur es nada menos que un personaje tan siniestro e inescrupuloso como Liliana Ayalde, quien fuera embajadora de Estados Unidos en Paraguay y Brasil y que en ambos países fue la artífice fundamental de sendos golpes de estado. Una mujer de armas tomar a quien no le temblaría la mano a la hora de lanzar las fuerzas del Comando Sur contra Venezuela, derribar su gobierno y, como en Libia, hacer que una turbamulta organizada por la CIA termine con el linchamiento de Maduro como sucediera con Gadafi, y el exterminio físico de la plana mayor de la revolución. La dirigencia bolivariana, la obra de Chávez y la causa de la emancipación latinoamericana no merecen ninguno de estos dos desenlaces, ninguno de los cuales son inevitables si se relanza la revolución y se aplasta sin miramientos a las fuerzas de la contrarrevolución.

[1] El más completo de esos infames manuales escrito por Eugene Sharp es De la Dictadura a la Democracia publicado en Boston por la Albert Einstein Institution, una ONG pantalla de la CIA. Sharp se considera el creador de la teoría de la “no violencia estratégica”. Para comprender lo que significa esto, y para comprender también lo que está ocurriendo hoy en Venezuela, aconsejo fervientemente leer ese libro y sobre todo el Apéndice, en donde su autor enumera 197 métodos de acción no violentas, entre los que se incluyen “forzar bloqueos económicos”, “falsificar dinero y documentos”, “ocupaciones e invasiones”, etcétera. Todas acciones “no violentas”, como puede verse.



Venezuela: cómo oposición y medios buscan desesperadamente una invasión de EEUU