19 diciembre, 2020

Biodiversidad y necro-liberalismo

 

¿Qué tiene que ver la Covid con la Biodiversidad?


TODO POR HACER – 12/2020


Hoy todo el mundo mira con expectación la aparición de una vacuna para el Coronavirus y se ponen todas las esperanzas en una solución técnica que resuelva no solo el problema de la enfermedad, sino todos los asociados a ella. Miles de millones se han invertido en grandes farmacéuticas, se han pre-comprado vacunas que aún no existen y no se toman medidas drásticas de contención esperando que la vacuna llegue cuanto antes. Todo para que vuelva la vieja normalidad, la economía se recupere y hagamos como si aquí no hubiera pasado nada.


Esta forma de pensar y hacer es muy de nuestros tiempos derivados del paradigma de la Modernidad, donde la suma de ciencia y tecnología, la tecno-ciencia, genera un horizonte de esperanza ante cualquier desastre, sea de la índole que sea. Da igual si hay un aumento de fenómenos climáticos extremos, si aumenta la desigualdad o si ganan peso formas totalitarias de gobernar. La ciencia y la tecnología darán una solución tarde o temprano, nos dicen. En realidad no es un problema intrínseco a la ciencia o tecnología, el problema es el mantra del crecimiento económico, la destrucción ambiental y social que provoca y pretender que todos los problemas se solucionen a base de nuevas tecnologías. Esta idea lo único que soluciona es el mantenimiento de las tasas de ganancia de las empresas que hoy dominan el mercado, las grandes tecnológicas simplificadas bajo las siglas GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Microsoft).


Prevenir es curar


Quizás los saberes populares tengan mayor visión de futuro y humanidad que las GAFAM. ¿O es que nunca hemos oído la expresión “es mejor prevenir que curar”? Un dicho popular tan simple pero que lleva intrínseco un paradigma completamente ajeno al del turbo-capitalismo. Las vacunas son una cura necesaria e imprescindible, pero ¿y si fuéramos capaces de prevenir situaciones como la actual? ¿Es realmente posible prevenir eventos de tal magnitud? Desde luego que sí, aunque con la inercia del sistema que padecemos se vuelva tremendamente difícil.


Para prevenir hay que conocer y analizar el origen. Pocas veces habréis leído que el coronavirus es una enfermedad de origen zoonótico, esto quiere decir que es de origen animal con capacidad de infectar al ser humano. El 70% de las nuevas enfermedades descubiertas son zoonóticas y lo son el 100% de las decretadas como prioritarias por la OMS. Esto nos da un primer indicador: la relación de humanos con animales no humanos puede provocar saltos de enfermedades nuevas y nocivas. ¿Cómo sucede esto? ¿Ha sucedido siempre?


Zoonóticas: las enfermedades que ya están aquí


Las enfermedades zoonóticas no son una novedad. El Ébola, el Zika o el Virus del Nilo son ejemplos desgraciadamente conocidos por su impacto sobre la salud humana. El origen de este tipo de enfermedades está en el contacto entre humanos y no humanos, desde una garrapata que primero estuvo en uno y luego en otro ser, hasta contactos más directos derivados de la ingesta de animales salvajes. Esta lectura nos lleva directamente a la cuestión de la biodiversidad y el avance del ser humano sobre territorios no urbanizados. La biodiversidad funciona como un equilibrio natural que cuando es alterado puede tener consecuencias trágicas. Las enfermedades zoonóticas funcionan de la siguiente forma: existe un patógeno dentro de una especie huésped y existen especies reservorio. Las reservorio son especies que son huésped del patógeno pero sin que éste suponga una amenaza a su salud. Cuando se produce un contagio hacia una especie de este tipo, las posibilidades de propagar el patógeno se reducen. Esto nos indica que las áreas de mayor diversidad funcionan como una barrera natural de protección frente a patógenos. El equilibrio natural dificulta que estas enfermedades lleguen al ser humano.


Rompemos la biodiversidad


En el momento en el que el ser humano avanza en su proceso de deforestación y urbanización por terrenos salvajes, estamos destruyendo ese equilibrio que es la biodiversidad y aumentando las probabilidades de que una enfermedad desconocida salte a nosotras. Hay muchos ejemplos básicos que nos sirven para ejemplificar.


En el Golfo de Guinea la pesca intensiva de las grandes multinacionales provocó que la mitad de la biomasa pesquera desapareciera. Quienes se dedicaban a la pesca tradicional perdieron su sustento y, con ello, la comunidad que vivía y se alimentaba de ello, al aumentar drásticamente los precios del pescado. En busca de formas de sustento, entraron las empresas madereras, comenzó la deforestación y la interacción con animales salvajes también en la alimentación. Así saltó el VIH al ser humano.



Los monocultivos industriales, la destrucción de las prácticas tradicionales de agro-ganadería, las migraciones forzosas y, en definitiva, la destrucción medioambiental de la mano de los grandes capitales son las que han posibilitado la aparición de multitud de enfermedades hasta el momento desconocidas y de consecuencias terribles para el ser humano.


Además, el Cambio Climático acelera toda está vorágine de pérdida de biodiversidad y transmisión de patógenos. Las aguas estancadas aumentan la existencia de ciertos mosquitos en áreas semi-urbanas que facilitan tremendamente la transmisión de enfermedades y la rotura de estos equilibrios eco-sistémicos facilita otro gran vector de infección, como son las garrapatas. Ante ello, nos vemos en el absurdo de culpar a estos bichos, cuando, como hemos visto, la culpa va más allá y es fruto de la actividad humana que destroza los equilibrios naturales. La solución de los tecnócratas sería matar a todas las garrapatas. Así de absurda es esta forma de pensar.


Un sistema tan vigoroso como frágil


Mientras que el capitalismo se vende como “el mejor de los sistemas posibles” acelera la destrucción del único planeta habitable del que disponemos. La crisis de la Covid ha puesto de manifiesto lo que las ecologistas llevan décadas avisando: que todo sistema excesivamente complejo acarrea multitud de vulnerabilidades que, en situaciones de fuerte estrés, pueden llevar a su colapso. Y con él, vamos nosotros. El circuito mercantil y empresarial internacional permite que los problemas se propaguen a una velocidad nunca antes vista. Las cadenas de valor internacional generan una pérdida total de autonomía económica y política de los territorios. Estamos viendo un ejemplo más de cómo las vulnerabilidades existentes, y potenciales, de esta forma de vida son mayores y más peligrosas que los beneficios que nos ofrecen.


Hoy la vacuna no supone más que un parche necesario para atajar esta pandemia mundial. Pero el objetivo debería ser impedir que otras pandemias lleguen a producirse. Para ello hace falta un cambio de paradigma que es estrictamente incompatible con el paradigma que nos ofrece la tecnología como solución a todos nuestros problemas, sin mostrarnos el lado perverso de todo ello.



En la Comunidad de Madrid tenemos un ejemplo muy claro de este choque de paradigmas. Mientras que el mundo sanitario estaba reclamando reforzar las medidas preventivas mediante la inversión en atención primaria y rastreadores, el gobierno necro-neoliberal de Isabel Díaz Ayuso se ha dedicado a construir un nuevo hospital de pandemias, a la vez que existen plantas en hospitales públicos cerradas o no se ha tomado el control de los recursos privados para ponerlos a disposición pública.


Un nuevo paradigma


No es casualidad el momento en el que se ha producido esta crisis. Llevamos décadas sentando las bases para que sucesos como este se produzcan. La infra-inversión en los sistemas sanitarios, la dependencia del comercio exterior, el aumento de la presión turística y la destrucción medioambiental no son hechos aislados y compartimentados. Son parte un todo global como hemos visto. La salud no es solo cuestión de enfermeras, doctoras y científicas. A principios del siglo XX uno de los hechos que hicieron reducir drásticamente las enfermedades y la mortalidad infantil fueron las campañas por la higiene personal, algo tan sencillo como lavarse las manos. Esta forma holística de pensar es lo que hoy se necesita más que nunca. Una nueva forma de pensar que permita generar un paradigma que nos muestre un futuro que no sea o apocalíptico o una versión cutre de Blade Runner. Recuperar la biodiversidad, desacelerar los ritmos de vida, restar poder al mundo empresarial e invertir en aquello que no se rige por criterios comerciales y de beneficio, son algunos de los pasos por los que debemos transitar para que, en el caso de que haya una nueva pandemia, estemos preparadas.


17 diciembre, 2020

EL ESTADO DE ALARMA, INSTRUMENTO DE CONTROL SOCIAL A LAS PUERTAS DE UN CATACLISMO — Ángeles Maestro




Red Roja - 29/11/2020


Radios, periódicos y televisiones vomitan a todas horas datos y más datos, la mayoría incomprensibles y carentes del mínimo rigor.


Tras nueve meses de pandemia, con los servicios sanitarios otra vez al borde del colapso sin que se haya tomado medida significativa alguna –que no sea el confinamiento– para enfrentar una situación absolutamente previsible, y mientas las expectativas vitales se derrumban en los barrios obreros y para decenas de miles de pequeños y medianos empresarios, tenemos el derecho de afirmar que la estrategia del gobierno central, y de todos los gobiernos autonómicos, se dirige a utilizar todo tipo de instrumentos de control social y de represión contra previsibles revueltas populares.


La respuesta a la crisis: una gigantesca destrucción de capital al servicio de la oligarquía financiera y de las multinacionales de la energía


Aún no sabemos de dónde surgió el virus, pero sí sabemos que antes de que apareciera ya estaban encendidas todas las alarmas del estallido de una gran crisis y de que la situación social era explosiva en muchos países. En el caso del reino de España, "siendo un país rico, vive en situación de pobreza generalizada" afirmaba a principios de 2020 el Relator de la ONU para la Pobreza[1].


Como en todas las crisis capitalistas, y esta es de gigantescas proporciones, la destrucción de capital sigue su curso arrasador barriendo de la escena masivamente pequeñas y medianas empresas[2]. También como ocurre en las crisis, los bancos aceleran los procesos de concentración aderezados con la compra a precio de saldo de lo poco que queda de banca pública con la complicidad directa del Gobierno, como fue el caso de Bankia y con los correspondientes despidos masivos, al tiempo que se constituyen en administradores del crédito procedente de la UE.


En un escenario de empobrecimiento masivo y de hundimiento del modelo económico del turismo y del ladrillo, cuando urge abordar la reconstrucción productiva desde posiciones de soberanía, la UE ha decidido que las prioridades son la transición energética hacia una energía más verde y la digitalización. Esas son las condiciones para acceder a los 760.000 millones de euros del fondo de recuperación europeo, es decir, para asegurar a los bancos y a las multinacionales el control de esa ingente cantidad de dinero, negando cualquier soberanía. Todo ello cuando se está destruyendo el poco tejido industrial que queda y no es la contaminación ambiental el principal problema y cuando la digitalización –en manos del capital– servirá para intensificar la destrucción de puestos de trabajo. Es decir, mientras millones de personas se enfrentan a la destrucción masiva de sus condiciones de vida los bancos y las multinacionales, sobre todo las eléctricas y las de la energía se preparan para recibir una lluvia de millones.


A nadie se le oculta que la rápida extensión de la miseria es preludio de grandes explosiones sociales. También es evidente que el Gobierno asiste impasible al desastre que se vislumbra sin adoptar las mínimas medidas para enfrentarlo.


Un cataclismo para la clase obrera y para los sectores populares frente al que no se han tomado las medidas más imprescindibles.


El estupor de los primeros meses ante las duras consecuencias de la epidemia ha dado paso a la constatación del hecho innegable –excepto para quienes se tapan no sólo la boca, sino el cerebro– de que, mientras se multiplican los informes que revelan la causalidad esencialmente social de la pandemia, ni el gobierno "progresista", ni los gobiernos autonómicos han adoptado medidas perentorias imprescindibles, aunque tenían la capacidad legal de hacerlo.

Ni me sitúo en teorías conspiratorias, ni hablo de medidas revolucionarias.

He aquí algunos datos.

1º. En el ámbito sanitario, el gobierno central y los autonómicos:

● No han intervenido recursos –personal e instalaciones– de la sanidad privada, ni de la industria farmacéutica, ni de las empresas fabricantes de material necesario como respiradores, equipo de protección individual o mascarillas para ponerlos al servicio de las necesidades más acuciantes de la población. Las requisas, intervenciones y ocupaciones de empresas privadas estaban previstas en los artículos 8 y 13 del R.D. de Estado de Alarma del mes de marzo[3] y ninguna de ellas ni se adoptó entonces, ni nadie habla de ellas ahora, cuando según ellos mismos dicen, nos encaminamos al colapso sanitario

● Cuando desde el inicio de la pandemia se hablaba de enormes carencias de personal en la sanidad, no han tomado medida alguna, ¡en 9 meses! para convocar ofertas públicas de empleo con condiciones laborales dignas. Estas convocatorias deberían servir para incentivar el regreso de las decenas de miles de profesionales sanitarios que emigraron tras encadenar años de contratos basura o para evitar, como está sucediendo, la cascada de bajas por depresión o estrés en una sanidad pública sobresaturada.

● No han extendido de facto el derecho a la atención sanitaria a las personas inmigrantes sin papeles que siguen –a pesar de acumular todos los factores de riesgo social– sin tener acceso a la tarjeta sanitaria.

● Los gobiernos autonómicos, con la complicidad del gobierno central, han hecho posible que toda la financiación adicional que se dispuso para la sanidad acabara en manos de empresas privadas (Ribera Salud, Indra, Telefónica, Pascual, etc), mediante la subcontratación de servicios diversos.


2º En el ámbito social, el gobierno central:


● Aprobó una medida estrella, el Ingreso Mínimo Vital, cuya inoperancia da idea de lo ocurrido en otros sectores. Tras superar un laberinto burocrático, tarea casi imposible para la inmensa mayoría de las personas solicitantes, más del 60% de cerca de un millón de solicitudes, han sido rechazadas [4].

● No se han paralizado los desahucios. Mas de un millón ejecutados desde 2008 [5], y en plena pandemia asiste impasible al drama humano cotidiano de dejar a las personas con menos recursos en la calle. En el Estado español se produce un suicidio cada 2,5 horas[6], buena parte de ellos por causas relacionadas con el desempleo y los desahucios[7]. Mientras, según cifras oficiales, hay 3,5 millones de viviendas vacías, con un importante porcentaje en poder de los bancos que promueven los desahucios.

● El 30 de septiembre vencía la moratoria relativa al pago de hipotecas, de alquileres y suministros de agua, luz y electricidad contemplada en anteriores decretos [8]. El nuevo decreto de Estado de Alarma de 25 de octubre no la ha renovado; es decir, los bancos y las grandes multinacionales del agua, la luz y la electricidad tienen vía libre otorgada por el gobierno que "no deja atrás a nadie" para ejecutar nuevos desahucios y para cortar los suministros de bienes indispensables para la supervivencia a quienes de ahogan en la pobreza y en la enfermedad. El pago sólo se aplazó a partir de marzo y ahora llegan los recibos de golpe.

● No ha reforzado el sistema educativo, ni para garantizar las más elementales medidas de seguridad, ni para permitir que el alumnado de los barrios obreros –afectados por cuarentenas sucesivas– pueda seguir las clases telemáticamente.

● Tras más de 27.000 muertes de personas mayores no se han incautado las residencias privadas convertidas en auténticos "morideros" por obra de una voracidad empresarial que ha actuado y sigue actuando en connivencia con la pasividad de las administraciones. El clamor popular reclamando al Gobierno una Ley que regule el sector no ha tenido resultados[9].

● Nada se ha hecho para mejorar la situación de miseria de las personas pensionistas, sobre todo de las mujeres, que además, en muchos casos, resultan ser quienes financian a sus familias. Más de seis millones de personas cobran pensiones inferiores a los 950 euros mensuales. El dato brutal es que mientras el número global de pensiones ha aumentado, desde enero a octubre de 2020 el número de pensiones mínimas ha sufrido una importantísima disminución, exactamente 49.646. Esta cifra casi multiplica por 10 el descenso sufrido por este grupo en 2019, que fue de 9.195 personas. Sin duda, este dato refleja, una vez más, que la vulnerabilidad ante la Covid no es la edad, sino la pobreza.

● No ha adoptado medida alguna que obligara a gobiernos autonómicos y municipales a la mejora del transporte público en las grandes ciudades para evitar las aglomeraciones (en Madrid la frecuencia de paso de trenes en el metro en hora punta llega a ser superior a los 10 minutos) que son, obviamente, los mejores caldos de cultivo para la transmisión del Covid 19. Las condiciones en las que se realiza el transporte desde los barrios obreros, en los que se acumulan todos los factores de riesgo, al puesto de trabajo donde reina el patrón y la seguridad se supedita al beneficio, hacen que las medidas preconizadas para evitar contagios parezcan una broma macabra.


Y mientras, los medios de comunicación dedican más del 80% de su tiempo a extender el miedo a la pandemia.


Radios, periódicos y televisiones vomitan a todas horas datos y más datos, la mayoría incomprensibles y carentes del mínimo rigor, aderezados con análisis de tertulianos y de supuestos expertos, todos en la misma dirección. El resultado es la creación de sentimientos de pánico, de miedo a tener la mínima relación social y de inseguridad ante todo lo que suponga salir de casa, que colonizan las cabezas de millones de personas. Todo ello sin que en tan largas horas dedicadas al tema se informe de la situación en Cuba, en Vietnam o en China, países en los que la pandemia está controlada y en los que la población ha vuelto a sus relaciones sociales habituales.

Dado que todos los grandes medios de comunicación son propiedad, directa o indirectamente, de las mismas multinacionales y bancos que gestionan la crisis a su mayor beneficio, caben pocas dudas acerca de que la creación de un estado de miedo generalizado y de preconización del aislamiento social es el ambiente más propicio para conjurar lo que más temen: que la clase obrera y los sectores populares den un puñetazo en el tablero.

El miedo y la creación de una psicosis de guerra –las ruedas de prensa con militares y guardias civiles servían directamente a ese objetivo– son el mejor instrumento para disciplinar a las masas y para neutralizar, mediante la criminalización, cualquier desobediencia o resistencia.

Si a ello le añadimos el discurso que desde el gobierno "progresista" se extiende a los sectores populares proclives a la movilización a través de sus alguaciles políticos y sindicales subvencionados, de que no se debe criticar al PSOE, ni a Podemos, porque peor es que venga la derecha, el control social está garantizado. Las únicas movilizaciones admisibles son aquellas dirigidas contra los gobiernos del PP.

Ese es el servicio fundamental que presta al capital, Podemos y en general la auto-proclamada izquierda institucional: controlar el estallido de la revuelta social cuando en enero los ERTEs acaben y comience la cascada de empresas en bancarrota.

Y la función ha empezado. Ante las brutales cargas policiales contra la juventud vallecana, con varias personas heridas y detenidas, que exhibía su conciencia de clase frente a la segregación impuesta a los barrios obreros gritando "menos policía y más sanidad", la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid, con fuerte presencia de Podemos e IU, envió el siguiente twit: "En Vallecas se han producido disturbios en los que las asociaciones de vecinos no tienen nada que ver".

En los últimos días las movilizaciones de jóvenes ocurridas en varias ciudades se han sancionado desde Podemos atribuyéndolas a la extrema derecha o a posiciones negacionistas, adelantando la criminalización de la protesta y, precisamente, la utilización de la alarma al servicio del control social. Todo ello en un intento de ocultar la evidencia de que en momentos en los que la miseria y la desesperación invaden a millones, es precisamente la supuesta izquierda institucional, débil y cobarde, la que alimenta el fascismo.


La lucha de clases no se confina.


Desde todas las instancias del poder, desde los aparatos represivos a los medios de comunicación, se preparan para hacer frente a rebeliones sociales que sin duda van a producirse.

Cuando el hambre y la desesperación se extienden sin que, como he argumentado, los gobiernos adopten siquiera las medidas más elementales para paliarlas, no se puede caer en el juego de quienes pretenden confinar la resistencia y la movilización social, por la vía de la criminalización.

Es preciso que desde posiciones de independencia de clase se desenmascare la complicidad del gobierno "progresista" y de sus agentes políticos y sindicales con la estrategia de la oligarquía nacional y europea, mientras deja sumirse en la miseria y la desesperación a millones de personas de la clase obrera y pequeños y medianos empresarios condenados a la ruina más absoluta.

En este momento no son suficientes críticas abstractas al capitalismo o a las clases dominantes. Dos líneas de trabajo, íntimamente conectadas, deben regir la acción dirigida a enfrentar lúcidamente el cataclismo que se avecina.

Por un lado es necesario "identificar" cuál es el elemento que más "destroza" a siniestro y hasta a diestro; cuál es el elemento sobre el que se puede acumular más fuerza en contra y que, además, sea un pivote sobre el que descansa todo el sistema; es decir, aquel elemento que, si logramos desprendernos de él, habremos dado pasos de gigante para acabar con el capitalismo. Este no es otro que el capital financiero, al que urge expropiar de nuestras vidas y contra el que hoy entran en contradicción la mayoría de sectores populares"[10].

Es de gran importancia que frente al poder de la banca, que objetivamente aniquila no sólo a la clase obrera, sino a pequeños y medianos empresarios, se pueda construir una alianza que impida que este sector alimente las filas del fascismo.

Por otro lado, es decisivo que se activen de manera unitaria espacios de organización y de movilización, creando desde la base estructuras de poder popular, de defensa intransigente de la vida en todas sus facetas y de preparación para el duro periodo de confrontación de clase que cada vez está más cerca.


NOTAS

1 https://news.un.org/es/story/2020/02/1469232

2 https://www.vozpopuli.com/economia-y-finanzas/pymes-destruccion-empleo-despidos_0_1408959747.html

3 https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2020-3692

4 https://confilegal.com/20201027-el-laberinto-del-ingreso-minimo-vital-mas-del-60-de-las-solicitudes-son-rechazadas/

5 https://afectadosporlahipoteca.com/2020/01/28/desde-2008-se-han-producido-1-002-000-desahucios/

6 https://www.mscbs.gob.es/gabinete/notasPrensa.do?id=5006

7 https://www.elsaltodiario.com/vivienda/relacion-suicidios-desahucios

8 https://elderecho.com/la-prorroga-la-moratoria-hipotecaria-alquiler-prohibicion-cortes-suministro-vence-miercoles

9 https://marearesidencias.org/

10 https://redroja.net/articulos/informe-politico-octubre-2020/

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Nines Maestro en la asamblea de Mérida (23/11/2020)



Ángeles Maestro Martín. Capitalismo y salud



16 diciembre, 2020

El virus se llama IMPERIALISMO — Loam

 

En este nefando mundo capitalista, quienes poseen más dinero, y por tanto más armas, pueden hacer y deshacer a su antojo sin límite alguno. El resto ha de cumplir las leyes que ellos dictan, pero de cuyo cumplimiento se autoexcluyen. Juan Carlos I 'El Inviolable' es una reciente y clara muestra individual, pero hay estados con similares características. De todos ellos, Estados Unidos ('El Imperialísimo'), es el máximo exponente, con sus 800 bases militares estrujando al mundo, incluida su propia población.


Pese a los múltiples crímenes perpetrados por dicha nación, Estados Unidos sigue siendo, para muchas otras, un paradigma ideológico a imitar y con el que aliarse. No importa cuantas arbitrariedades, guerras, extorsiones y atropellos lleve a cabo, ninguno de sus aliados, por muy democráticos y legalistas que se proclamen, tendrá la decencia de condenarlos, y menos aún de romper relaciones con un monstruo que ha crecido en la impunidad, la prepotencia y una fe delirante en su propia propaganda.




Es evidente que son las élites dominantes de las llamadas democracias occidentales, las que apoyan sin pudor este depredador sistema económico y su militar globalización. El resto de la población, consciente o no de ello, lo sufre.


"El próximo 21 de mayo, después de ocho años de vigencia, vence el convenio de defensa con Washington que regula la presencia de las tropas estadounidenses en las bases de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla). Sin embargo, el Gobierno español ya tiene decidido prorrogarlo por un año, para dar tiempo a que la nueva Administración demócrata, presidida por Joe Biden, se forme y defina sus líneas políticas". https://elpais.com/espana/2020-11-10/espana-prorroga-un-ano-el-convenio-militar-con-estados-unidos-ante-la-llegada-de-biden-a-la-casa-blanca.html


Así pues, el democrático Estado español –el mismo que vende armamento al sátrapa Saudí–, "ya tiene decidido", sin siquiera consultar a su supuestamente soberana población, prorrogar el vergonzoso contrato. Poco importa, al parecer, que Marruecos se anexione impunemente El Sahara Occidental gracias a la arbitraria y determinante intervención de Estados Unidos y en contra de todas las resoluciones de la ONU [1]. Tampoco parece importar que, a la hora de firmar el tratado de ocupación, quiero decir, de "defensa", el asesinato de José Couso a manos del ejército "aliado" siga todavía impune [2]. Y no está de más señalar, en estos tiempos de exacerbada propaganda fascista,  que no fueron los musulmanes, ni los comunistas, ni los chavistas, ni los anarquistas los que asesinaron a José Couso, fueron los terroristas de Washington, esos mismos con los que el servil Estado español se presta, raudo y veloz, a renovar su infame alianza.



El prepotente gesto del bravucón Donal Trump, empujando abruptamente al primer ministro de Montenegro, Dusko Marcovic, no fue sino la indisimulada muestra de lo que viene siendo, desde el genocidio de los pueblos nativos norteamericanos, la agresiva política imperialista de Estados Unidos y su podrida casta de mega-millonarios.


"Estados Unidos, a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, usó su poder económico, militar y los organismos financieros nacidos del acuerdo de Bretton Woods, –dada la debilidad de la mayoría de los países del mundo y escudándose en el anticomunismo– para sancionar a los Estados que no se alineaban a sus intereses económicos y estratégicos.

Las excusas más recientes para ejercer sanciones han sido la violación a los derechos humanos y el terrorismo, incluso, en países donde se ha comprobado por documentos desclasificados que el mismo Gobierno de EE.UU. ha alentado, financiado y protegido a regímenes dictatoriales en América Latina y el Caribe, Medio Oriente, África y Asia, sin contar las decenas de invasiones y golpes de Estados, telón perfecto para el sometimiento y la subordinación".

https://www.compliance.com.co/a-quienes-y-por-que-sanciona-estados-unidos-sancionados-por-eeuu/


En la actualidad, Estados Unidos, apoyado por sus serviles socios, mantiene su prolongado y criminal bloqueo a Cuba, ha impuesto sanciones y embargos a Venezuela, a Siria, a la República Popular Democrática de Corea, a Iran, a China, a Rusia y a Nicaragua.


Lo único bueno que cabe esperar del imperio, sea cual sea la marioneta que lo presida, es su definitiva desaparición.


Notas:

[1]. Resoluciones de la ASAMBLEA GENERAL de las Naciones Unidas sobre el Sahara Occidental.

https://www.usc.es/es/institutos/ceso/res_onu_ag.html

[2]. David Couso, hermano del periodista español asesinado en Irak en 2003: "España ha legitimado la impunidad para contentar a EE.UU."

https://actualidad.rt.com/actualidad/371229-david-couso-legitimar-impunidad-contentar-eeuu



13 diciembre, 2020

Estados Unidos y sus funestas prioridades ————— Finian Cunningham

 


Information Clearing House – 12/12/2020

  Traducción del inglés: Arrezafe


El Congreso de los Estados Unidos impulsa esta semana otro presupuesto militar récord mientras decenas de millones de estadounidenses afrontan el abismo de la miseria navideña, la pobreza y la enfermedad. Las retorcidas prioridades de los políticos de Washington muestran que, más allá de lo expresable, el sistema político estadounidense está enfermo.


Sin apenas obstáculos, la Cámara, controlada por los demócratas, votó a favor de un gasto militar de $ 740 mil millones para el próximo año. Se espera que el Senado haga lo mismo y, en breve, apruebe dicho proyecto de ley. El presidente Trump se opone, no por la enorme presión fiscal que ello supone sobre la población, sino porque dicho proyecto incluye una medida adicional destinada a cambiar los nombres de las bases militares que se refieran a generales confederados de la Guerra Civil.


Mientras tanto, más de la mitad de los 330 millones de habitantes de la nación se ven acuciados por privaciones exacerbadas por la pandemia. Decenas de millones han perdido sus trabajos y muchos más se enfrentan nuevamente a ser desalojados de sus casas debido al impago de las deudas.


En todos los estados, los hospitales luchan para hacer frente al aumento de personas enfermas a causa de la pandemia, mientras que el número de fallecidos en EEUU desde que estalló la pandemia, hace casi nueve meses, se dirige a los 300.000. Estados Unidos tiene, con mucho, el mayor número de muertes por Covid-19 en el mundo, sin embargo, sus ciudadanos están abandonados, sin asistencia social ni la atención médica adecuadas.


Los estadounidenses claman por una asistencia económica urgente para hacer frente al desempleo y poder alimentar a sus familias. Sin embargo, el Congreso sigue discutiendo y demorando la aprobación de un proyecto de ley de ayuda pandémica porque "costaría demasiado".


Una solución fácil sería que el presupuesto militar fuera destinado a satisfacer las necesidades sociales y a paliar la cada vez más deteriorada situación de sus ciudadanos, que luchan contra la pobreza y la enfermedad.


Otra fuente posible de alivio y reconstrucción social sería la aplicación razonable de un impuesto progresivo a la desmesurada riqueza de la élite, en una nación donde un puñado de multimillonarios posee tanto capital como la mitad de la población.



Un estudio publicado esta semana por Americans for Tax Fairness reveló que, desde que estalló la pandemia en marzo, los multimillonarios estadounidenses aumentaron su riqueza neta en mil billones de dólares. Sí, es cierto: en sólo nueve meses, el conjunto de la clase multimillonaria estadounidense aumentó su riqueza en mil billones de dólares.


"Nunca antes Estados Unidos había visto tal acumulación de riqueza en tan pocas manos", dijo Frank Clemente, director ejecutivo de Americans for Tax Fairness.


Y añadió dramáticamente: "Mientras decenas de millones de estadounidenses sufren los estragos económicos y de salud de esta pandemia, unos pocos cientos de multimillonarios incrementan sus ya enormes fortunas. Sus pandémicas ganancias son tan inmensas que podrían pagar una considerable suma de ayuda-Covid y aún así no perder ni un centavo de sus riquezas previas a la pandemia".


Así pues, no debería sorprendernos que Estados Unidos se esté derrumbando. Esa sociedad agoniza debido a su endémica y patológica economía política que la pandemia está exponiendo sin piedad.


La clase política estadounidense está comprada y pagada por multimillonarios que quieren interminables guerras destinadas a alimentar el complejo militar-industrial y gozar de ilimitados privilegios fiscales para satisfacer sus insaciables e irracionales ansias de acumulación de riqueza. El sistema político está divorciado de las necesidades de la gran mayoría, a la que se deja morir en la pobreza, la enfermedad y la privación.


A pesar de todos los lavados de cerebro en sentido contrario, declarando su virtuoso "excepcionalismo" y su "grandeza", Estados Unidos es la antítesis de la "democracia". Es una pútrida plutocracia, dirigida por y para los obscenamente ricos y sus lacayos políticos en Washington, muchos de los cuales son meros plutócratas.


Donald Trump no cambió el sistema y tampoco lo hará Joe Biden. Ni siquiera son capaces de concebir los cambios necesarios. La tarea va más allá de un simple cambio de personal en la Casa Blanca o en el Congreso. Lo que necesita cambiar es todo el sistema, que está organizado para funcionar como una máquina plutocrática generadora de riqueza para pocos y guerra para muchos. Eso requerirá una acción masiva, políticamente consciente y organizada. La máxima prioridad es anteponer las necesidades sociales a las ganancias privadas, lo que requiere romper con el capitalismo y sus cadenas sobre el potencial humano.


Republicanos y Demócratas, incluidos millonarios como el autoproclamado "socialista" Bernie Sanders y otros supuestos progresistas, son parte del problema, no la solución.


En la política estadounidense, la supuesta división derecha/izquierda es un espejismo. Una ilusión absurda. Ambas partes son las dos caras del mismo doblón de oro que siempre termina en los bolsillos sin fondo de los ricos: los banqueros, las corporaciones y los estafadores de la guerra.


Cuando una entidad es tan absolutamente corrupta, se muestra, inevitablemente, visiblemente moribunda. La miseria del pueblo estadounidense se refleja en la muerte y el sufrimiento de tantos otros en todo el mundo a causa de las guerras emprendidas por Estados Unidos, desde Afganistán hasta Yemen y más allá. Las prioridades enfermas producen más enfermedad y muerte. La evidencia nos está mirando a la cara.


   José Couso, cámara asesinado por el ejército de Estados Unidos 
durante la criminal invasión de Irak


12 diciembre, 2020

Consecuencias de que el agua cotice en el mercado de futuros — Yago Álvarez Barba

 

EL SALTO – 10/12/2020


El uso del agua en California ha pasado a cotizar desde el lunes en el mercado de futuros. Una vuelta de tuerca más en la financiarización y privatización del agua.



                Eduardo Luzztti


Se rumoreaba desde hace un par de meses y, esta semana, el momento llegó. Desde el lunes, el agua ya es un producto que cotiza y se comercia en los mercados de futuros. Los incendios desatados en California, uno de los estados norteamericanos con una mayor industria agrícola, y la escasez de agua que están provocando han servido de excusa perfecta para llevar este bien tan básico al mercado de futuros de materias primas y convertirlo en un producto especulativo.


Su valor, que en California se ha duplicado en el último año, se marcará en el índice Nasdaq Veles California Water (NQH2O), que se basa en el precio de los derechos del agua en el mercado de futuros de varias zonas de California y que funciona desde 2018. La cotización actual del bien es de 486 dólares por acre pie, lo que equivale a unos 1,4 millones de litros. El mercado de futuros consiste en poder negociar el valor de un bien en una fecha futura, lo que, según los defensores de este tipo de mercados, ayuda a asegurar precios futuros, hacer más eficiente el mercado del agua y a que los agricultores o municipios no tengan problemas en el futuro para abastecerse de agua, protegiéndose así de los vaivenes de los mercados.


Pero esa defensa del mercado de futuros hace aguas por todas partes si vemos lo que ha ocurrido en otras ocasiones con los productos básicos que se han postrado a los pies de los especuladores. Uno de los ejemplos más recientes y devastadores fue el incremento de los precios de alimentos básicos durante la crisis financiera de 2008. Cuando las bolsas se hundieron en los años posteriores a la caída de Lehman Brothers, los inversores que huían de los circuitos financieros e inmobiliarios buscaron productos seguros donde invertir sus capitales. El mercado de futuros de alimentos básicos, como el trigo o el maíz, atrajo enormes cantidades de dinero que compraban estos productos básicos en forma de futuros, lo que provocó que los precios pactados fueran cada vez más altos debida a la enorme demanda, lo cual a su vez provocó una subida generalizada de los precios de los alimentos en todo el planeta, causando hambrunas y millones de muertes en los países del sur global.


Según la FAO, el 98% de los contratos de futuros nunca llegan a materializarse, son puras herramientas de especulación


Uno de los ejemplos más claros es el del aceite de palma, según explica la periodista e investigadora Laura Villadiego, del proyecto Carro de Combate. “Se calcula que en la Bolsa de Malasia se intercambia cada tonelada de aceite de palma producida unas cinco veces antes de llegar a su comprador final y, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 98% de los contratos de futuros nunca llegan a materializarse, son puras herramientas de especulación”, lamenta Villadiego. Esos movimientos puramente especulativos tienen un impacto sobre los precios, “que se traslada después a los agricultores que producen aceite de palma”. Cuando los precios suben, explica, “se abren más plantaciones, unas veces a costa de bosque primario y, otras veces, a costa de otras materias primas, muchas veces cultivos para la alimentación básica de la población”, y cuando los precios caen, “todos arruinados”.


¿Qué supone la entrada del agua en el mercado de futuros?


Que el agua esté a la merced de los mercados, que se financiarice su valor y su comercio, lo convierte “en una inversión financiera potencial y se analice desde el punto de vista de rentabilidad-riesgo”, explica a El Salto Luís Flores, especialista en mercados bursátiles e integrante de Ecologistas en Acción. Además, al ser un bien cada vez más escaso, “su precio en el medio-largo plazo solo puede subir”, lamenta, ya que desde el punto de vista del inversor es una apuesta clara y segura, como ya ocurrió con las tierras cultivables y otros alimentos básicos anteriormente. El impacto de que coticen ahora solo afectará a las zonas de California y a los derechos de aprovechamiento del agua a los que se refieren estos nuevos futuros pero, alerta Flores, “se marca una tendencia muy preocupante”.


Al ser un bien cada vez más escaso, su precio en el medio-largo plazo solo puede subir, como ya ocurrió con las tierras cultivables y otros alimentos básicos anteriormente


La especulación sobre el agua no en nueva esta semana, “solo hay que ver las fluctuaciones del precio del índice sobre el que se lanzan ahora estos futuros”, argumenta Flores. El NQH2O subió un 227% durante el primer semestre del año y caído un 31% en lo que llevamos del segundo semestre. “Probablemente, los futuros contribuyan a incrementar esa volatilidad”.


Coincidiendo con Villadiego, Flores defiende que la teoría de que los futuros pueden servir para mitigar los riesgos de los productos a los que están vinculados es muy distinta de lo que acaba ocurriendo en la mayoría de los casos. “La realidad demuestra exactamente todo lo contrario, los futuros se convierten en una herramienta especulativa donde el ‘músculo’ para hacer la apuesta más grande es capaz de mover el precio de los futuros en un sentido u otro. Y los futuros son precisamente los esteroides para ese músculo, ya que permiten hacer apuestas disponiendo de solo un porcentaje mínimo de los fondos que se quieren apostar”.


Mercados en busca de inversiones seguras


Al igual que ocurrió tras 2008 con los mercados ávidos de encontrar inversiones seguras, en esta nueva crisis los bancos centrales han inundado de dinero a los mercados con la intención de mantener y reflotar la economía ante la crisis del covid-19. Este exceso de capital y unos mercados bursátiles han llevado a los “valores refugio”, como el caso del oro, a máximos históricos. Los inversores desconfían de las bolsas pero tienen mucho capital que han conseguido a un interés muy bajo por parte de esos bancos centrales y necesitan encontrar un lugar seguro y que reporte beneficios.


La tendencia sobre el derecho del agua de California, en caso de extenderse a otros países, convertiría al agua en uno de esos lugares seguros a los que redirigir capitales y a la especulación con el bien básico


En ese contexto, la tendencia que marca la noticia sobre el derecho del agua en California, en caso de extenderse a otros países, convertiría al agua en uno de esos lugares seguros a los que redirigir esos capitales, que deberían servir para reconstruir la economía y salir de la crisis, a la especulación con el bien básico. “A partir de ahora, los futuros sobre agua son para estos grandes inversores una alternativa más en la que invertir y solo por ello, el precio de los futuros, del índice al que se ligan y por tanto del agua, debería subir”, argumenta Flores.


Un paso más para privatizar el agua


El caso California no arranca esta semana. La sequía que sufrió el estado entre 2012 y 2016 fue acompañado de cambios legislativos para privatizar el uso del agua. “Esto es solo una nueva vuelta de tuerca a ese proceso”, dice Liliana Pineda, miembro de Attac y la Plataforma Contra la Privatización del Agua. “Cuando se habla de derechos del agua, se habla de derechos privados, ya que el agua pública no es un bien titularizable”, argumenta Pineda, “y no debería serlo”, matiza. Según ella, lo que se intenta es que los municipios intercambien concesiones sobre agua por dinero en lo que tacha de un “chantaje a los ayuntamientos que necesitan ese dinero para meterlo en ladrillo o pagar deudas a que titularicen, y por lo tanto privaticen, el uso del agua”.


Esa nueva vuelta de tuerca a la que se refiere Pineda es la privatización de bienes y servicios públicos básicos que llevamos sufriendo las últimas décadas. “Es una vuelta de tuerca al proceso de financiarización de todo lo común”, dice la activista, “una tendencia a la privatización que, en caso de avanzar y extenderse a otros países, podría hacer el agua más susceptible de ser privatizada por parte de las administraciones públicas”. Además, estos procesos de titularización y comercialización “afianzan los modelos de gestión privada y son un espaldarazo a dicha gestión”.


“La ONU considera el agua un derecho humano, España todavía no ha traspuesto ese mandato”, lamenta Pineda, por lo que se debería paralizar todo proceso de convertirlo en un bien bursátil especulativo. Desde la Red de Agua Pública o la Plataforma contra la Privatización del Agua piden exactamente lo contrario a lo que ha sucedido esta semana en California: “Tiene que haber una mayor inversión pública y no por los cauces bursátiles”. “Cuando entra en el mercado de futuros no sabemos en manos de quién está el agua, puede estar en manos de un fondo buitre o en un paraíso fiscal que no tiene ningún interés más que ganar dinero”, lamenta Pineda.


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