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03 septiembre, 2018

P A T R I A





"Fui premiado con honores, medallas y ascensos. Pero cuando miro hacia atrás considero que podría haber dado algunas sugerencias a Al Capone. Él, como gánster, operó en tres distritos de una ciudad. Yo, como marine, operé en tres continentes. El problema es que cuando el dólar estadounidense gana apenas el seis por ciento, aquí se ponen impacientes y van al extranjero para ganarse el ciento por ciento. La bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera."

"Muchachos normales fueron arrancados de los campos, de las oficinas, de las fábricas y de las aulas de clases y arrojados a filas. Allí fueron amasados, fabricados, les impusieron una conducta, les obligaron a considerar el asesinato como la orden del día. Fueron adocenados y, mediante psicología de masas, completamente alienados. Los utilizamos un par de años y los entrenamos para no pensar sino en matar o ser muertos."

"Hagamos que los gerentes, directores y ejecutivos que toman las decisiones en nuestras fábricas de armamento, los fabricantes de munición y los constructores de barcos y aviones, así como aquellos que fabrican todo el resto de cosas de las que obtienen beneficio en una guerra, sin olvidar los banqueros y especuladores, queden limitados a tener un sueldo mensual de 30 dólares, el mismo sueldo que ganan los chavales en las trincheras."

"Se lanzan discursos sobre el patriotismo, el amor al país, y “todos debemos arrimar el hombro”, pero las ganancias saltan, brincan, se disparan, y se embolsan de forma segura por unos pocos."

Smedley Butler (1881-1940), General del Cuerpo de Marines de Estados Unidos



27 mayo, 2018

El "palco infantil": última ocurrencia de la 'Fiesta Nacional'




EL MILICIANO - 25/05/2018

Comienzo de los festejos taurinos en Córdoba con motivo de la Feria de Nuestra Señora de la Salud, y la empresa que gestiona la plaza de toros no tiene otra mejor idea que ofertar un "palco infantil", para que niños de entre 5 y 12 años puedan asistir gratuitamente a las corridas: "Invitamos a tus hijos, nietos y sobrinos a la feria taurina"... El último informe realizado por el Comité de los Derechos de los Niños de la ONU recomienda a España que prohíba la participación de niños y adolescentes menores de 18 años en corridas de toros, ya sea como toreros o como espectadores.

En plena crisis de la tauromaquia en España, azotada en los últimos años por las corrientes antitaurinas y la caída en una década de más del 60% de los festejos (datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte), la propuesta persigue "fomentar esta tradición entre las nuevas generaciones para que tenga continuidad", esgrimen fuentes de Global Romuva S. L., entidad gestora del coso cordobés de Los Califas. "Queremos que los niños conozcan con monitores cualificados en qué consiste el ritual del festejo, qué es una muleta, un capote, el paseíllo o qué significan los colores de los distintos pañuelos que saca el presidente de la plaza, según la ocasión". No es la primera vez que lo hacen. Badajoz y los municipios pacenses de Almendralejo y Don Benito fueron pioneros el pasado año. "Fue todo un éxito; asistieron más de 300 niños".

Reclamos de este tipo suponen un paso más en el proceso de adoctrinamiento en la crueldad  y lo único que provocan es una normalización de la violencia y la falta de respeto hacia los animales.

El último informe realizado por el Comité de los Derechos de los Niños de la ONU se recomienda a España que prohíba la participación de niños y adolescentes menores de 18 años en corridas de toros, ya sea como toreros o como espectadores. En el examen al que se sometió España el pasado 22 de enero en Ginebra, sobre la situación de su infancia, el comité despachó en un párrafo de solo tres líneas los efectos dañinos para los menores.

En España no está prohibido que los niños asistan a las corridas de toros, aunque cada comunidad autónoma tiene su propia regulación. En Galicia, la recientemente aprobada Ley 10/2017 de Espectáculos Públicos prohíbe en su artículo 16, apartado 2, el acceso de menores de 12 años a eventos taurinos en recintos cerrados y en el País Vasco tienen que ir acompañados de un adulto hasta los 16 años. Solo en las regiones de Canarias, Cataluña y, recientemente, Baleares está prohibida la tauromaquia.
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¿Esto también forma parte del plan de educación nacional?...

Artículo relacionado: PRESUNTA RAZA DE LIDIA

“¿Desaparecerá la raza de lidia cuando desaparezcan las corridas de toros? He aquí una pregunta que nos hacemos con frecuencia los animalistas y que, con sesgo acusatorio, nos hacen los taurómacos como parte de la argumentación al uso para defender su indefendible afición. Para darnos y poder dar una respuesta razonada, lo primero es sentar la premisa de si en verdad existe el llamado "toro de lidia" como raza animal, puesto que, si la respuesta fuera negativa, la disyuntiva "sin corridas no hay toros" carece de sentido, ya que no puede desaparecer lo que no existe. Pero no adelantemos conceptos, pues de lo contrario, en breve, nos veríamos envueltos en una maraña de vocablos tales como "especie", "raza", "variedad", "encaste", etc., sin saber bien de lo que estamos hablando, que es lo que les suele ocurrir a ellos, los taurinos.” (continuar lectura aquí)





18 mayo, 2018

INFORME: “DERECHOS HUMANOS. LAS RELACIONES ECONÓMICAS CATALUÑA-ISRAEL”


Benjamin Netanyahu: "El Presidente Trump tiene razón.
 Yo he construído un muro a la largo de la frontera sur de Israel.
Ha parado toda inmigración ilegal. Gran éxito. Gran idea"
 


El Primer informe del Observatorio de Derechos Humanos y Empresas del Norte de África y Oriente Medio analiza las relaciones económicas entre Cataluña e Israel desde la perspectiva de los derechos humanos y del impacto de la actividad económica en estos. El Informe también recoge estudios de casos de empresas catalanas, españolas e israelíes y de su impacto en la situación en Oriente Medio.

La Unión Europea investiga las ayudas públicas a la empresa minera ICL Iberia Súria & Sallent (antigua Iberpotash). El ex-President de la Generalitat, Artur Mas, en una visita a las instalaciones mineras de Iberpotash. (ver más)

Israel Chemicals Ltd.

En la comarca catalana del Bages, ICL Iberia explota las minas de Súria y Sallent desde 1998, y ha tejido una gran red empresarial, de inversión e incluso de apoyo a una parte del tejido social, deportivo y educativo catalán, que le proporciona aún más capacidad de lobby ante las instituciones. La actividad empresarial de ICL-Iberia no sólo ha generado un grave impacto medioambiental y de deuda en Cataluña, sino que detrás su empresa matriz con sede en Tel Aviv, se esconden complicidades con graves violaciones de Derechos Humanos y un claro posicionamiento militarista.

ICL es una empresa que no sólo se beneficia de la ocupación, sino que apoya activamente las políticas israelíes:

La empresa ha vendido entre 2008 y 2010 fósforo blanco para la producción de proyectiles incendiarios con el ejército estadounidense, proveedor a su vez del ejército de Israel.

La empresa apoya financieramente varias unidades del ejército de Israel, entre ellos unidades de controles de la ocupación y asedio a la franja de Gaza, pero también de apoyo a unidades formadas por voluntarios extranjeros y centros de acogida para estos.


MAGAL S3 Security Systems Ltd.

Magal S3 España S.L. es la filial ibérica de la empresa israelí Magal S3 Security Systems Ltd., líder mundial en soluciones de seguridad y ciberseguridad para entornos complejos e infraestructuras criticas como fronteras, centros penitenciarios, puertos, aeropuertos, instalaciones militares y gubernamentales, entre otros.

El desarrollo tecnológico de Magal ha sido posible por la experiencia acumulada durante 40 años en la contribución a la ocupación y apartheid del gobierno de Israel sobre la población de Palestina. En el año 2002, Magal ganó el 80% de las licitaciones para dotar de un sistema de seguridad de detección de intrusiones en más de 125 km del Muro de Separación. Un Muro que fue considerado en 2004 por la Corte Internacional de Justicia de la Haya como ilegal.

Magal se ha convertido en la principal empresa proveedora de vallas inteligentes con sistemas de seguridad perimetral, sistemas que también están instaladas en los asentamientos ilegales de Ariel, Menashe, Karnei Shomron, Shilo, Geva Binyamin (Adam), Tzofim, Shaked, Giva’at Ze’ev e Itamar, los Territorios Palestinos Ocupados.

La marca “Made in Israel” ha servido a Magal S3 para convertirse en una empresa multinacional que opera en más de 80 países, entre los que destaca España.

Desde el año 2013, la Autoridad Portuaria de Tarragona ha adjudicado varios contratos a la empresa Magal S3.

SEMI (Sociedad Española de Montajes Industriales S.A.)

En 2015 Israel adjudicó al GRUPO SEMI, filial del grupo ACS, un gran contrato para la electrificación de la red ferroviaria israelí y de la futura línea A1 (Tel Aviv - Jerusalén). El trazado de la línea A1 incluye más de 6 kilómetros de red ferroviaria construida en territorio ocupado, buena parte bajo tierras expropiadas a los dos municipios palestinos de Beit Iksa y Beit Surik. Además, el doble trazado ferroviario también atraviesa el enclave ocupado de Latrun, área en la que tres localidades palestinas fueron borradas del mapa durante la guerra de 1967.

El informe incluye también una investigación sobre la industria de la ciberseguridad en Israel y sus vínculos con agentes catalanes. Entre el 14 y el 17 de noviembre de 2016 se organizó en Tel Aviv la 4ª Conferencia Internacional sobre Seguridad Nacional y Ciberseguridad, cita a la que asistieron agencias de seguridad gubernamentales y empresas de todo el mundo. La Agencia para la competitividad de la empresa de la Generalidad de Cataluña, ACCIÓ, preparó durante los últimos meses una misión comercial para promover la participación catalana en esta conferencia con el objetivo de crear lazos de cooperación empresarial e institucional en este campo. Cada una de las 8 empresas o centros tecnológicos catalanes participantes en esta misión empresarial recibieron una ayuda financiera de 760,28 € como bolsa de viaje.

Informe completo en pdf aquí

29 marzo, 2015

El vertiginoso auge de la industria de guerra

Manlio Dinucci

RED VOLTAIRE  18 marzo 2015

El comercio internacional del sector del armamento se ha incrementado en un 16% en 5 años y la tendencia es a seguir creciendo. Así lo confirman los datos divulgados por el SIPRI [1] el 16 de marzo de 2015.

Los principales Estados exportadores de armamento en 2014© SIPRI


Estados Unidos, con un 31% de la exportación mundial de armamento, sigue siendo el principal exportador mundial. Le siguen Rusia (27%), China (que pasa del lugar 16 al 3º con un 5% de las ventas mundiales), Alemania, Francia, Reino Unido, España, Italia, Ucrania e Israel. Italia –cuyas exportaciones militares han aumentado en más de 30% en 5 años y aumentarán aún más gracias a la reconversión de Finmeccanica, que pasa del sector civil al militar– aparece en la escala como el 8º exportador mundial de armamento, con los Emiratos Árabes Unidos, la India y Turquía como principales compradores.

Principales países importadores de armamento en 2014© SIPRI

Los principales importadores mundiales son la India, Arabia Saudita, China, los Emiratos Árabes Unidos, Pakistán, Australia, Turquía y Estados Unidos (que importa armamento alemán, británico y canadiense). También se registra un fuerte aumento de la importación de armamento por parte de las monarquías del Golfo (71% en 5 años), del «Medio Oriente» en general (54%) y de África (45%).


Nadie conoce el volumen real ni el valor de las transferencias internacionales de armamento, que a menudo se basan en factores de orden político. Y todo eso sucede bajo la cobertura del Tratado sobre el Comercio de Armas, solemnemente presentado por la ONU hace 2 años.


Pero todo lo anterior no es más que la punta del iceberg de la producción de armamento, destinada en su mayor parte a las fuerzas armadas de los países productores.

A la cabeza aparece Estados Unidos, que –según las cifras del presupuesto del Pentágono– destina anualmente alrededor de 95.000 millones de dólares a la compra de armamento, una enorme cantidad de dinero proveniente de los fondos públicos que al ir a parar a los bolsillos de las grandes industrias estadounidenses del armamento –como Lockheed-Martin, Boeing, Raytheon, Northrop Grumman, General Dynamics, United Technologies– les permite izarse al primer lugar a nivel mundial.

Como el negocio de la guerra aumenta según se agravan tensiones y guerras, la aparición de la crisis ucraniana y la subsiguiente confrontación entre la OTAN y Rusia han representado una excelente oportunidad para los grandes accionistas de las industrias de guerra de Estados Unidos y de Europa.

En la maniobra de la OTAN que se desarrolla en Polonia este mes, Estados Unidos desplegará una batería de misiles Patriot «como disuasión ante la agresión en el flanco oriental». En realidad, lo hará sobre todo porque Polonia debe decidir este año si compra los Patriot, de la firma estadounidense Raytheon, o los misiles similares que fabrica el consorcio franco-italiano Eurosam, un negocio de 8 000 millones de dólares, en el marco de una asignación de 42 000 millones de dólares –casi 40 000 millones de euros– con la que Varsovia pretende reforzar sus fuerzas armadas. Polonia tiene además intenciones de comprar 3 nuevos submarinos de ataque y equiparlos con misiles crucero –capaces de transportar tanto ojivas convencionales como ojivas nucleares– fabricados por Raytheon o por la firma francesa DCNS.

En Ucrania se está produciendo un business similar. Washington ha anunciado una nueva entrega a Kiev de 75 millones de dólares de material militar «no letal», incluyendo cientos de vehículos blindados «no artillados» que pueden ser fácilmente equipados con armamento producido en Ucrania o importado. El propio Porochenko anunció, el 13 de marzo, que el gobierno de Kiev ha firmado varios contratos para importar «armamento letal» proveniente de 11 países miembros de la Unión Europea, entre los que seguramente se encuentra Italia.

También funcionan a toda máquina las industrias de guerra de Rusia y China. En respuesta al poderío naval de Estados Unidos, que dispone de unos 300 navíos de guerra entre los que se cuentan 10 portaaviones, Rusia está construyendo simultáneamente 4 submarinos nucleares mientras que China se dota de un segundo portaaviones, de producción nacional.
Evolución del comercio mundial de armas© SIPRI


Así fabrica el mundo los instrumentos para su propia destrucción.


Fuente: Il Manifesto (Italia)

17 noviembre, 2014

El negocio oculto de las cárceles españolas

Sillas en un patio de la cárcel de Villabona.
El Corte Inglés es el gran suministrador de material a las prisiones,
donde tiene mano de obra muy barata. Foto / Mario Rojas
Grandes empresas, como El Corte Inglés, Banco Santander, Telefónica o ACS, y muchos Ayuntamientos, se benefician del trabajo, apenas remunerado, de miles de presos de las cárceles españolas. También la familia Pujol-Ferrusola, que tiene tras las rejas otro de sus oscuros negocios.

Fernando Romero / Periodista.

El mundo de las cárceles en España es un tema tabú, del que muy poca gente, salvo los que tienen familiares dentro, conoce su verdadera realidad. Como ocurre en nuestro mundo, del sufrimiento de los demás siempre hay alguien que obtiene provecho económico. Eso ocurre también intramuros. Los presos se han convertido en los nuevos esclavos del siglo XXI porque el Estado de Derecho se suele estrellar con los muros de las prisiones, como dice en una entrevista en este mismo número la abogada Charo González.

El negocio de las cárceles ha sido denunciado en numerosos foros de Internet, en publicaciones radicales o de apoyo a presos y en blogs de escasa repercusión. Los medios de masas casi nunca recogen noticias que pongan en duda a la institución penitenciaria. Sin embargo, lentamente, gracias sobre todo al testimonio de presos y organizaciones humanitarias o de apoyo a los reclusos, va emergiendo la información a la superficie.

El Organismo Autónomo de Trabajo y Prestaciones Penitenciarias (OATPP), dependiente de Instituciones Penitenciarias, funciona como una empresa de trabajo temporal (ETT) y tiene a más de 12.000 presos trabajando en unos 200 talleres. A ellos hay que sumar los que están bajo el control del CIRE (Centro para la Iniciativa de la Reinserción) de la Generalitat catalana, que va por libre. Los internos están cobrando sueldos ínfimos, no tienen derechos laborales y están generando una producción por valor de millones de euros con grandes beneficios para las empresas que los utilizan y que además tienen la ventaja de que se ahorran el pago de luz, agua, teléfono e incluso parte de las cuotas de la Seguridad Social, que corren a cuenta de la Administración; y todo ello gracias a los convenios con la OATPP.

El número de reclusos “trabajadores” aumenta año a año y se ha multiplicado por tres en tan solo una década. En teoría estos organismos que contratan presos para el exterior hablan de “programas de reinserción”, aunque lo cierto es que se ha convertido en un negocio lucrativo para muchas empresas. En la memoria de Instituciones Penitenciarias de 2012 se mencionan unos beneficios en todo el Estado de cinco millones de euros (con ventas de 162 millones) gracias a la actividad productiva de los internos de todas las prisiones: un total de 12.217, de los cuales 3.119 producían para empresas privadas.

Cien empresas, quinientos clientes

Amadeu Casellas estuvo preso en las cárceles españolas durante más de veinticinco años y acaba de publicar el libro Un reflejo de la sociedad. Crónica de una experiencia en las cárceles de la democracia, en el que denuncia con nombres y apellidos a los que se enriquecen con los reclusos. Entre ellos están la familia Pujol-Ferrusola, Telefónica, El Corte Inglés, ACS, el Banco Santander y Ayuntamientos de toda España, pero hay muchos más.

El más llamativo es el de la familia Pujol-Ferrusola, porque entre sus negocios también está este penitenciario, aunque no ha salido a la luz tras destaparse el escándalo sobre las actividades de la saga. Marta Ferrusola, esposa del ex presidente Jordi Pujol, estuvo en la directiva del CIRE a finales de la década de los noventa, aunque nunca se la veía por su despacho. El ex recluso Amadeu Casellas la denunció en su día sin éxito ante la Fiscalía porque decía que cobraba un “sueldazo” sin acudir a su puesto de trabajo. Por otro lado está la empresa Servivending, que suministraba productos y máquinas expendedoras al CIRE y que al parecer fue puesta en marcha por uno de los hijos de Jordi Pujol, aunque actualmente solo aparece como administrador único Manuel Antolín Aznar.

Según fuentes que investigaron al CIRE, la familia Pujol estuvo desde el principio en esta entidad. Se les conoce también un negocio de flores dependiente de esta institución. Estas iniciativas pronto pasaron a otras manos porque, según las citadas fuentes, “los Pujol ponían en marcha el negocio y luego lo vendían”. manos porque, según las citadas fuentes, “los Pujol ponían en marcha el negocio y luego lo vendían”.
Marta Ferrusola. Los Pujol también hicieron negocio con las cárceles en Cataluña. Foto / TV3
El Corte Inglés se enriquece con los presos por partida doble. Por un lado los tiene trabajando para sus tiendas en unas condiciones precarias y por otro lado son luego los propios reclusos los que adquieren esos productos. La multinacional de Isidoro Álvarez suministra sábanas, mesas, camas, bandejas de comida, sillas, ropa para penados y funcionarios, mantas, colchas y hasta los lotes higiénicos. Y son los presos los que están fabricando todo el material textil con sueldos que no pasan de 200 euros al mes. También Correos usa presidiarios como mano de obra, cobrando menos de 12 euros por ocho horas de trabajo.

Otras muchas empresas y sectores se nutren de la mano de obra barata de las cárceles. Por ejemplo, el de fabricación de automóviles. En las cárceles se fabrican los salpicaderos de Seat, Volvo y Renault. También se producen las pastillas de frenos de casas muy conocidas como Jurid. En Lleida los presos le fabrican a la bodega Raimat cajas de fruta de madera y cartón. Hay imprentas donde se hace casi todo el material de los juzgados y audiencias de Cataluña. En Girona, los presos confeccionan con sus manos los álbumes de fotos que fabrica la empresa Manuart.

Otro de los que saca tajada del negocio de las cárceles es el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, a través de su empresa ACS. Construye las cárceles y después cobra el alquiler, como es el caso de Brians 2, la prisión de Manresa, la de Figueras, la de Tarragona y muchas más por todo el territorio español. Por cada una de ellas, dice Casellas en su libro, “cobra al mes más de un millón de euros”. Florentino Pérez fue uno de los constructores que se benefició del Plan de Creación y Amortización de Centros Penitenciarios que supuso la construcción de 46 nuevas infraestructuras penitenciarias en el periodo 2006-2012, con una inversión de 1.647,20 millones de euros, además de otros 1.504 millones ya aprobados por anteriores Consejos de Ministros. Otras empresas que también se han beneficiado son COMSA y Ferrovial. De la primera, su consejero delegado es Josep Miarnau, mientras que Ferrovial está presidida por Rafael del Pino Calvo-Sotelo. También participan del reparto del pastel FCC, grupo de empresas de las hermanas Koplovitz.

Otros productos que hacen los presos son los mosquetones para practicar la escalada y el rápel. También hay trabajos para empresas externas de carpintería metálica, confección industrial o cultivo en invernadero, a los que hay que añadir las tareas para las propias prisiones, como cocina, panadería, mantenimiento, jardinería y lavandería.

Telefónica hace también negocio a costa de los presos, pues mantiene una situación de monopolio. Ello es posible porque todos los reclusos deben comprar obligatoriamente las tarjetas de Telefónica para llamar a su familia, amigos, abogados, etc. Cada tarjeta cuesta un mínimo de 5 euros y pueden hacer dos llamadas a móvil si llaman dentro del territorio español. Si es al extranjero, el coste de la llamada se dispara. Los presos pueden llamar cinco veces a la semana con un coste mínimo de 10 euros semanales por preso. Como en España son más de 60.000, calcúlense los beneficios.

En Euskadi los presos trabajan para Eroski y Citroën. En Cataluña el Grupo Codorniu tiene a condenados trabajando para bodegas de Lleida. Otras empresas que utilizan la mano de obra barata de los presos son Saveco, Valeo (automóviles) y Asimelec (electrónica y comunicación).

Además OATPP tiene contratos con Ayuntamientos de toda España y todo signo político. Las Cámaras de Comercio de muchas provincias firman convenios con esta entidad. También tiene convenio con las cárceles la Confederació d’Associacions Empresarials de Balears (CAEB).

Se calcula que más de 100 empresas y 500 clientes particulares contratan presos, aunque la cifra real es difícil de conocer ya que los datos no se hacen públicos y no aparecen en el BOE. En este sentido hay que mencionar al blog en apoyo a los presos, Punto de Fuga, que está haciendo un meticuloso trabajo de investigación sobre estas empresas.

Las denuncias sobre explotación de presos empiezan a ser cada vez más numerosas. La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía informó recientemente de que unos 12.000 reclusos están empleados en la cárcel con sueldos de hasta 0,5 euros a la hora y entre 80 y 300 euros al mes. Señalan que la vulneración de derechos laborales de los presidiarios es “un problema casi desconocido” que niega horas extra o vacaciones y “aporta un subsidio de desempleo máximo de 100 euros”.

Otras fuentes coinciden en que los presos empleados no tienen pagas extraordinarias, horas extra o vacaciones ni por supuesto posibilidad de denunciar su situación a través de los sindicatos, porque éstos están ausentes de las cárceles. Al obtener la libertad, por haber cotizado, no disfrutan del subsidio de excarcelación –426 euros, hasta en 18 meses– sino de la prestación por desempleo que apenas llega a los 100 euros, por lo que muchos internos prefieren no trabajar. Los salarios, según estos informadores, oscilan entre los 120 a los 150 euros al mes, con horarios de 8 horas diarias, cinco días a la semana.
Muchos presos no solo realizan trabajos domésticos en la cárcel.
Del que hacen para fuera apenas obtienen beneficios. Foto / Pablo Nosti.
El Banco Santander hace caja

Valentín Matilla González es un ex recluso que estuvo tres años en Villabona (Asturias) y fue excarcelado en noviembre de 2013. Corrobora lo que publica Casellas: “Hay negocios en todas las cárceles, pero sólo algunas se consideran ‘productivas’, porque fabrican para empresas”. No es el caso de la prisión de Villabona, pero sí, por ejemplo, de la del Dueso (Cantabria), “a la que todos quieren ir porque trabaja con muchas subcontratas y hay mucha indigencia. Para que te trasladen tienes que portarte bien y por supuesto hay tráfico de influencias”.

Habla de El Corte Inglés, el suministrador “oficial” de los objetos de consumo de los presos: “Si un interno quiere tener una televisión, no puede ir al mercado libre, sino que tiene que comprarla en El Corte Inglés”. El sistema es el siguiente: aparece por las cárceles cada 15 días lo que los internos llaman “el demandadero”, que recoge las necesidades de productos y objetos de los reclusos. Luego acude a El Corte Inglés a por ellos.

También el Banco Santander se beneficia de una situación de monopolio porque los presos solo pueden tener sus ahorros en la entidad de Botín. Incluso, si se mandan transferencias, tienen que ser a través de este banco.

Los presos gastan e ingresan a través de una tarjeta vinculada al Santander. Pueden ingresar un máximo semanal de 100 euros, lo que ocurre habitualmente los miércoles. Si, por ejemplo, el ingreso se hace un jueves, hasta el siguiente miércoles no se cobra, “así que imagínate qué negocio hace el Santander con el dinero de todos los presos de España durante los días que no pueden hacer uso de él”.

Matilla conoció a muchos presos que venían de otras cárceles españolas y le contaron los negocios de cada localidad. Pone el caso de Alcalá-Meco, en el que un director trasladó la panadería de la prisión al exterior para aumentar el negocio.

En el Centro de Integración Social (CIS) de Villabona se preparan los destinos remunerados para algunos internos. Por ejemplo, para el sector de limpiezas, en el que la remuneración es de 150 euros mensuales. En la cocina las condiciones laborales “son un escándalo”, según Matilla, en referencia a las largas jornadas y la escasa remuneración. Luego están los cursos de jardinería remunerados que se realizan a través de convenios entre instituciones penitenciarias y muchos Ayuntamientos españoles. Los presos aseguran que no existen tales cursos, sino que son enviados a trabajar igual que los empleados municipales, cobrando unos 300 euros mensuales con la misma jornada laboral que sus compañeros; además, aseguran, tienen que pagarse el transporte.

El Ayuntamiento de Langreo fue el primero de Asturias que firmó un convenio con la prisión de Villabona a través del CIS. En teoría los reclusos trabajan en un taller de formación para aprender un oficio y luego reinsertarse en la vida laboral. Lo cierto es que no es así. Son peones utilizados (sin recibir ninguna formación) en las tareas de jardinería del Ayuntamiento. No está con ellos ningún monitor o formador sino que son grupos de 3-4 personas acompañados de un empleado municipal que les indica la tarea a realizar.

Los presos con los que contactó esta revista aseguran que para este tipo de trabajos no se hacen nóminas sino que “te dan un papel de mala manera”. En Villabona, dice Matilla, los destinos remunerados “los maneja un tipo, la mano derecha del director de seguridad, que por supuesto funciona por medio del tráfico de influencias, con sus chivatillos y una cola de gente esperando para que les reciba y les de un trabajillo”.

Antiguamente había economatos que ahora han pasado a denominarse “boutiques”. Este cambio de nombre ha supuesto simplemente un aumento de precios de los productos que se venden.

Funcionarios a cuerpo de rey

Pero no son solo los empresarios los que sacan tajada de los presos. También se benefician muchos funcionarios de prisiones, que utilizan entidades públicas, como el CIS o el CIRE, desde las cuales se mueven todos estos negocios, muchas veces camuflados como talleres de formación, y cuya filosofía empresarial no es por supuesto explotar a los presos sino “integrarles en el mundo laboral”.

Según Casellas los empleados del CIRE “viven a cuerpo de rey y son parte del entramado que explota a los presos”. ATLÁNTICA XXII intentó ponerse al habla con Instituciones Penitenciarias para preguntar sobre estas denuncias, aunque indicaron que por “vacaciones” nadie podía atender a la llamada de la revista. Lo mismo ocurrió con otro de los organismos denunciados por Casellas en su libro, el CIRE. Su directora, Elisabeth Abad i Giralt, eludió contestar a las preguntas de esta revista, aunque desde el gabinete de prensa mandaron un mensaje en el que afirmaban que el CIRE tiene un objeto más social que económico y que “es una empresa pública de la Generalitat de Catalunya que se ocupa de la reinserción de las personas privadas de libertad, mediante la formación en oficios y el trabajo penitenciario”.

04 enero, 2013

Capitalismo y músicos pop



En el pasado, los y las artistas que grababan discos expresaban la ira y tristeza de la gente con la cual compartían experiencias vitales de existencia. La música rhythm blues, que tiene sus raíces en las antiguas canciones espirituales de los esclavos, crecía y se expresaba en las comunidades y guetos en los cuales nació. Hoy, los cantantes captan y empaquetan la rabia social como un bien comercial; el artista que comercia con la rebeldía encuentra un vehículo para su ascenso social en el mundo de las grandes corporaciones, ese mundo que domina la economía y que a su vez crea los suburbios desolados que engendran la rabia.

La diferencia entre los cantantes de blues y folk de antaño, y los cantantes de música pop de hoy, está en la dicotomía entre la temática de las canciones y la posición de clase y las afinidades sociales de los intérpretes. Desde los años sesenta, la brecha entre las letras y las realidades de clase ha crecido, hasta constituir una parodia viviente. Ello podría ser tema de bromas, si no fuera por las consecuencias políticas y sociales más amplias que lo acompañan.

Los rebeldes millonarios

El concierto masivo de música pop de hoy no es más que un espectáculo comercial que distrae y entretiene a la gente. Pero lo hace en gran parte mediante la captación de temas y preocupaciones populares, "universalizándolo" y vaciándolos de sentido específico y de toda propuesta social. Los cantantes pop desvían la ira hacia una representación teatral inofensiva, en la cual las poses y las voces roncas son vistas como intrascendentes en la vida real: la política de los gestos individuales. Los rebeldes millonarios distraen y canalizan a la audiencia hacia una especie de catarsis periódica que es esencialmente privada y apolítica. Las letras violentas son la demagogia musical de la provocación personal, y son parte de una red comercial altamente rentable.

La influencia política de la música popular ha sido inmensa. Los cantantes y las canciones transmitidas directa o indirectamente por los medios de comunicación han formado la conciencia, el estilo de vida y los valores, con un alcance mucho mayor que la palabra escrita. Durante décadas, la música y la canción han sido un fenómeno masivo, que atrae a millones de personas con su ritmo, su prédica y sus chillidos, sus sacudones y tambaleos.

Los cantores han proyectado modos y estilos de vida. Hoy convocan a audiencias masivas que no las consigue ningún escritor. Sus letras son repetidas por más jóvenes que cualquier eslogan político del pasado o presente. Sus gestos son remedados; ellos dan a la vez forma y expresión a la ira y deseo de generaciones enteras, en tránsito entre el colegio y la integración a la fuerza laboral. En este sentido, los músicos son los "parteros" políticos de la transición de la adolescencia a la edad adulta. Si tienen y expresan alguna fórmula política con respecto a la economía y la sociedad, ella es la transformación en mercancía de la rebeldía juvenil y una profunda conformidad con el mundo de la riqueza empresarial. El eje de acción de los músicos populares modernos es su profunda integración a los grandes negocios y sus redes internacionales. Estos cantantes son actores plenos de esta configuración. Su doble función, como voceros del malestar juvenil y como negociantes febriles que organizan imperios empresariales, define el marco para entender un paradigma político que forma a la juventud profundamente afectada por el deterioro del mercado laboral.

Conversaciones en dos pistas

Hasta fines de los años sesenta, la música popular era el medio a través del cual los movimientos sociales movilizaban, inyectaban energía y definían la política de la Nueva Izquierda. El cambio en el papel del músico coincide, básicamente, con el reflujo de los movimientos sociales. Y con ese reflujo, las canciones quedaron desconectadas de la práctica. Una pasividad política relativa va de la mano con la dependencia de la promoción comercial. El Mercado reemplazó al Movimiento; el cantante-empresario, al cantante-activista. La captura de una audiencia con giras cuidadosamente montadas sustituyó la intervención espontánea en un evento político. A medida que la música pop se convirtió, en sustancia y en persona, en gran negocio, pasó también a reforzar la tendencia hacia la evasión individual y la conformidad social. Los espectáculos masivos, a 30 dólares (23 euros) la entrada, se convirtieron en sesiones terapéuticas. Se ejercitaron los pulmones, se rompieron los tímpanos, se aceitaron las caderas, pero nada cambió. Springteen canta a la pobreza y la impotencia política. Michael Jackson realiza un vídeo musical en una favela de Río, a donde llega en helicóptero, bajo el resguardo de 50 guardaespaldas armados de los barones de la droga, llevando máscara y guantes para protegerse de la gente: los millones de pobres en el trasfondo sirven para enriquecer su empresa con millonadas. Otro saqueo multinacional a los negros pobres del Tercer Mundo.

No hay nada extraordinario en la presencia de Jackson en la favela de Río. Es la historia común del descubrimiento y conversión de la cultura juvenil en mercado juvenil. Todos juegan, algunos ganan, la mayoría pierde.

La desconexión entre, por una parte, los temas de rebeldía social y rabia contra la autoridad pública que están presentes en la música de los artistas contemporáneos, y por otra, las actividades empresariales de éstos fuera de escena, trasmite un mensaje a sus jóvenes seguidores: no tomen en serio la rebeldía, es una forma de entrar al mundo del capital corporativo conformista.

Los cantantes modernos están a la vez socialmente desconectados del mundo socialmente explotado de sus audiencias, y conectados a las élites empresariales capitalistas. Mantienen dos conversaciones a la vez. Discuten de inversiones, ganancias y relaciones públicas con su empresa. Con sus seguidores, mayoritariamente de clase obrera, sostienen un monólogo, explotando su malestar, sus temores, su envalentonamiento y su necesidad de libertad de las rutinas opresivas. Este doble discurso no sólo genera grandes ganancias a partir de la rabia social, sino que, perversamente, perpetúa y fortalece las fuerzas y los sistemas económicos que son la causa de los problemas. La integración social y económica de los músicos a la élite empresarial, el 1% más cotizado de los artistas pop de EEUU, los vincula a la sala de juntas de las grandes corporaciones internacionales.

En su calidad de ejecutivos empresariales, ellos interactúan directa o indirectamente con autoridades gubernamentales, y se codean con otros altos ejecutivos, inyectando un dinamismo y nuevo ímpetu al sistema empresarial que profundiza las desigualdades económicas actuales, que son tema de sus canciones. Esta integración explica que Sir (Mick) Jagger haya podido pasar más tiempo en la sala de juntas el año pasado que en el camerino.

Muchos jóvenes se contentan temporalmente con este tipo de satisfacción simbólica, mientras se les niega cualquier tipo de cambio social sustantivo. Las audiencias se acostumbran a disociar las canciones de la acción social. Las canciones hacen las veces de premios consuelo para los perdedores: metas inalcanzables, pero acerca de las cuales hace bien cantar y escuchar.

Cuando los temas sociales son popularizados por un artista integrado a la estructura empresarial, se les vacía de su sentido social: las letras son un medio de enriquecimiento, no de compromiso. La música popular deja de ser un medio para la organización y el cambio social. Las letras se convierten en retórica vacía con las cuales los artistas realizan ganancias, y ellos a su vez se convierten en "alcahuetes de la pobreza", aprovechando el dolor y la pobreza ajena.

Música popular y subjetividad

La relación cambiante entre cultura popular y poder político refleja cambios más profundos en las relaciones sociales. El desplazamiento masivo del poder, riqueza y prestigio hacia el capital ha tenido un impacto contundente en la música popular. La noción misma de "cultura popular" es problemática. La profunda integración de la "industria musical" con el capital internacional, la incorporación de las celebridades a la élite empresarial, sugiere que el concepto de cultura popular no es sino un eslogan, al igual que la noción de capitalismo popular: los sectores populares son el objeto de manipuleo y explotación, mientras las celebridades empresariales son los instrumentos y los principales beneficiarios.

El asunto de fondo es la relación entre música popular y subjetividad. Hemos argumentado que la transformación de los principales músicos populares en ejecutivos empresariales y su divorcio subsecuente de los movimientos sociales ha jugado un papel importante al bloquear la emergencia de una conciencia radical, particularmente entre la juventud. Ello tiene especial relevancia a la luz del deterioro de las condiciones sociales de la juventud trabajadora (crecimiento del desempleo, empleos mal remunerados sin perspectiva, etc.) La brecha entre el grave declive socioeconómico y la débil respuesta política ‑ausencia de rebeldía social– puede explicarse en parte por el medio cultural al cual la juventud está más expuesta: la música. ¿Dónde están todos los músicos comprometidos? Los movimientos no crearán automáticamente nuevos músicos comprometidos. Hace falta una reflexión cultural crítica sobre el presente y la recuperación del pasado. Aún más importante es el rescate de la noción de la virtud de ser parte de un movimiento social, antes que miembro de una billonaria compañía disquera multinacional.

James Petras / Todd Cavaluzzi

07 diciembre, 2012

CUANDO EL CAPITALISMO SE VUELVE ECOLOGISTA


Miquel Amorós

Desde que el capitalismo se aposentó en el planeta no ha hecho otra cosa que destruir el medio natural para forjar uno propio donde crecer obligando a los individuos a adaptarse. La ciencia y las técnicas adquirieron un impulso decisivo y un amplio desarrollo merced a las resistencias a tal adaptación, al punto que el capitalismo no solamente ha sabido superar todos los obstáculos, sino que los ha ido convirtiendo sistemáticamente en una oportunidad de expansión. El crecimiento, tan inherente a su naturaleza, no se detendrá mientras la humanidad explotable exista, y ese es precisamente el nuevo desafío que el capitalismo tiene ante sí. El crecimiento genera trastornos económicos y sociales semejantes a los de las guerras.

El sistema productivo es a medida que crece más y más destructivo. La colonización mercantil del territorio y de la vida, del espacio y del tiempo, no puede detenerse sin cuestionar sus fundamentos, ni progresar sin poner en peligro la misma especie. En consecuencia, la crisis ecológica conduce a la crisis social.

El capitalismo ha de seguir creciendo para que eso no ocurra, pero sin que los afectados tomen conciencia de las graves amenazas que acompañan al crecimiento. Para ello ha de improvisar medidas económicas, tecnológicas y políticas que a la vez que disimulen sus desaguisados, permitan convivir con ellos y sacarles partido. La producción y el consumo están, como dirían los expertos, ante “un cambio de paradigma”. Los hábitos de consumo, junto con las actividades empresariales y políticas, han de ejercerse de otra manera, obviamente no para salvar la naturaleza, ni siquiera para preservar la especie, sino para salvar al propio capitalismo. Por eso a los políticos el corazón se les hace verde. Por eso el capitalismo se vuelve ecologista. Desde ese nuevo punto de vista, la ecología no es incompatible con la acumulación de capital, sino que es su condición obligada. Como decía con más suavidad un ministro de Hacienda británico: “podemos ser verdes y crecer al mismo tiempo. En realidad, si no somos verdes acabaremos minando el crecimiento” (Informe Stern, 2006).

El despertar de la conciencia ecológica fue temprano. Ya en 1955 Murray Bookchin había advertido sobre el peligro para la salud de los aditivos alimentarios, y en 1962 él mismo y la doctora Rachel Carson denunciaron el efecto nocivo de los pesticidas.

La abundancia prometida por el capitalismo resultaba una abundancia envenenada. “La crisis está siendo avivada por aumentos masivos de la contaminación del aire y del agua; por una acumulación creciente de desperdicios no degradables, de plomo residual, de restos de pesticidas y aditivos tóxicos en la comida; por la expansión de las ciudades en vastos cinturones urbanos; por el incremento del stress debido a la congestión, al ruido y a la vida masificada; y por las injustificables cicatrices de la tierra como resultado de explotaciones mineras y madereras y por la especulación sobre el patrimonio. Como resultado la tierra ha sido expoliada en pocas décadas a una escala sin precedentes en la ocupación humana del planeta. Socialmente, la explotación y manipulación burguesas han llevado la vida cotidiana al nivel más extremo de vacuidad y aburrimiento. En tanto que sociedad, ha sido convertida en una fábrica y un mercado, cuya razón fundamental de existencia es la producción en su propio beneficio y el consumo en su propio beneficio” (Anarquismo en la sociedad de consumo, 1967). La desruralización, la industria alimentaria, la quimicalización de la vida y la lepra urbanística impusieron un modelo de vida consumista y embrutecedor, egoísta y neurótico, inmerso en un ambiente artificial y atomizante. Como conclusión de una época de revueltas –el gueto negro americano, el movimiento pacifista británico, los provos holandeses, la juventud alemana, mayo del 68, etc.– Guy Debord apuntaba: “La polución y el proletariado son hoy los dos lados concretos de la crítica de la economía política. El desarrollo universal de la mercancía se ha verificado enteramente en tanto que realización de la economía política, es decir, en tanto que ‘renuncia a la vida’. En el momento en que todo entró en la esfera de los bienes económicos, incluso el agua de los manantiales y el aire de las ciudades, todo devino mal económico. La simple sensación inmediata de los efectos nocivos y de los peligros, a cada trimestre más opresivos, que primero y principalmente agreden a la gran mayoría, es decir, a los pobres, constituye un inmenso factor de revuelta, una exigencia vital de los explotados, tan materialista como lo fue la lucha de los obreros del siglo XIX por la comida. Ya los remedios para el conjunto de enfermedades que crea la producción en este estadio de la producción mercantil son demasiado caros para ella.

Las relaciones de producción y las fuerzas productivas han alcanzado un punto de incompatibilidad radical, pues el sistema social existente ligó su suerte a la consecución literalmente insoportable de todas las condiciones de vida.” (Tesis sobre la Internacional Situacionista y su tiempo, 1972).

Aunque el planteamiento de la lucha de clases era puesto en términos históricos exactos, la capacidad del capitalismo por sobrevivir a sus catástrofes era infravalorada tanto como sobrevalorada la capacidad de la conciencia histórica para convertirse en fuerza subversiva. Así, mientras los trabajos de Mumford, Charbonneau, Russell, Ellul o Bookchin pasaron casi desapercibidos, y la conciencia ecológica quedaba atrapada en el misticismo o el posibilismo, lejos de un proletariado indiferente, el capitalismo superó sus contradicciones cuantitativamente, con un salto hacia adelante, desarrollando una industria nuclear, incrementando la producción de automóviles, creando una nueva generación más peligrosa de pesticidas, inundando el mercado de productos químicos letales y lanzando a la atmósfera miles de toneladas de contaminantes gaseosos. Cuando en la década siguiente tales soluciones condujeron a catástrofes como las de Chernobil, Seveso, Bophal, la del Síndrome Tóxico producido por organofosforados y atribuido al aceite de colza, el agujero en la capa de ozono o el aumento del efecto invernadero, por no hablar de la destrucción de gran parte del territorio debida a la urbanización y el turismo, apenas hubo oposición y el movimiento ecologista que surgía de ella se convertía en el cómplice del capitalismo y el renovador de su política. Los dirigentes de la economía y del Estado, al contemplar las consecuencias catastróficas de su gestión, lejos de amilanarse se erigieron en campeones de la lucha contra el desastre, con la ayuda de expertos y ecologistas, proclamaron un estado de excepción ecológico, es decir, una economía de guerra que movilizaba todos los recursos, naturales y artificiales, para ponerlos al servicio del desarrollismo global, incorporando el coste ambiental, o sea, el precio de la reconstrucción paisajística y los gastos necesarios para fijar un nivel de degradación soportable. La Encyclopédie des Nuisances fundó su causa en la denuncia de esa operación de maquillaje como coartada ecológica de la dominación:

“El ecologismo es el principal agente de la censura de la crítica social latente en la lucha contra los fenómenos nocivos, es decir, esa ilusión según la cual se podrían condenar los resultados del trabajo alienado sin atacar el propio trabajo y a la sociedad fundada en su explotación. Ahora que todos los hombres de Estado se vuelven ecologistas, los ecologistas no dudan en declararse partidarios del Estado... Los ecologistas son en el terreno de la lucha contra los fenómenos nocivos, lo que son en el terreno de las luchas obreras los sindicalistas: meros intermediarios interesados en la conservación de las contradicciones cuya regulación ellos mismos aseguran... meros defensores de lo cuantitativo cuando el cálculo económico se extiende a nuevos dominios (el aire, el agua, los embriones humanos, la sociabilidad sintética, etc.); en definitiva, son los nuevos comisionistas de la sumisión a la economía, el precio de la cual ha de integrar ahora el costo de “un entorno de cualidad”.

Ya podemos vislumbrar una redistribución del territorio entre zonas sacrificadas y zonas protegidas, coadministrada por expertos “verdes”, una división espacial que regulará el acceso jerarquizado a la mercancía-naturaleza.” (Mensaje dirigido a aquellos que no quieren administrar la nocividad sino suprimirla, 1990).

La optimización mundial de recursos se materializó en cosas como la agricultura transgénica, el mal de las vacas locas o la gripe aviar; de hecho el estado de excepción ecológico denunciado por la EdN convirtió el planeta en un inmenso laboratorio de experimentación tecnocientífica, y a toda su población en cobayas. La catástrofe perdió su carácter nacional y con la globalización se salió del ámbito estatal. La crisis ecológica no podía circunscribirse a determinadas zonas súper industrializadas y requería medidas globales. Así nacieron las cumbres medioambientales que entre 1988 y 1997 fijaron las pautas del desarrollo capitalista para los años venideros: Toronto, Río de Janeiro, Copenhague y Kyoto. En ellas se lanzaron fórmulas creativas para salvar el desarrollo y combatir el cambio climático sin modificar el sistema dominante: agendas 21, desarrollo sostenible, desarrollo social, desarrollo local... Puras contradicciones terminológicas, puesto que el desarrollo nunca es local, social o sostenible, ya que el capitalismo nunca funciona en interés de la localidad, de los oprimidos o de la naturaleza. Pero lo que tienen claro los dirigentes de la economía mundial es que ningún eufemismo desarrollista, aun sosteniéndose en tecnologías modernas, puede funcionar sin las medidas políticas y sociales capaces de reeducar a la población en los nuevos hábitos consumistas que las hagan rentables, pues es la adopción masiva de dichas tecnologías lo que abarata su aplicación y estimula las iniciativas empresariales en esa dirección. La lucha contra el cambio climático puede verse favorecida objetivamente por el encarecimiento imparable del petróleo y demás combustibles fósiles, pero corresponde a los “poderes públicos”, es decir, a los políticos, al menos en una primera fase, promover el negocio medioambiental obligando a la población a usar tecnologías “bajas en carbono” y a consumir productos y servicios catalogados como “respetuosos con el medio ambiente”, o imponiendo una “nueva fiscalidad” que reconcilie la “cultura empresarial” con la naturaleza y que penalice las viejas costumbres contaminantes y el despilfarro energético, normales hasta ayer, pero hoy punibles por el bien de la economía. Y de esta manera, el Estado, los partidos, las instancias internacionales, y en menor medida los “foros sociales”, las ONGs y los “observatorios” de sostenibilidad, ejercen el papel de mecanismos reguladores que habían perdido en los inicios de la globalización.

Auxiliares de la transición mundial hacia una economía también “baja en carbono”. De golpe, el control de la producción de cemento, de fertilizantes o de fibras sintéticas, el reciclaje de residuos, la reforestación, la construcción de nuevas centrales nucleares, de desaladoras o de campos de golf, la inversión en energías renovables o el cultivo de agro combustibles, se convierten en decisiones políticas, y por la vía política, en cuestión de Estado. Al mismo tiempo, todos los dirigentes económicos y políticos descubren que son ecologistas. El aislamiento térmico, la iluminación de bajo consumo, las nuevas directrices para la edificación o la fabricación de motores para vehículos, y, en general, la reestructuración de todo tipo de actividades, exigen una potente financiación a la que no acompaña una rentabilidad suficiente y que, por lo tanto, el mercado no puede asumir. Toca al Estado y a la burocracia política arrimar el hombro.

Las preocupaciones ecológicas de los dirigentes obedecen a la mercantilización total del planeta provocada por la necesidad constante de crecimiento del capital. Las destrucciones provocadas por el desarrollo de la producción son de tal magnitud que exigen una gestión controlada no sólo de los medios de producción y de las fuerzas productivas, sino del territorio, de su cultura y su historia, de la flora y la fauna, del agua y del aire, de la luz y del calor, ahora convertidos en “recursos”, es decir, materias primas de actividades terciarias y fuerzas productivas de nuevo tipo. La revitalización institucional que el cambio productivo y la “seguridad energética” demandan ha puesto de nuevo en circulación al partido del Estado, o sea, a la burocracia político administrativa, y no hablamos sólo del conglomerado de socialdemócratas, neoestalinistas, verdes y ciudadanistas. Un reformismo aparente se erige como doctrina de moda –como ideología– que hasta los conservadores y derechistas aceptan, pues todo el mundo comprende que hay que contener a los refractarios, alejar el horizonte de la catástrofe y ganar tiempo para la economía. Frente a un capitalismo contrario a trabar el desarrollo mediante el control de emisiones, un capitalismo sospechosamente altruista presenta el rostro humano de la destrucción hablando de sostenibilidad y de educación ciudadana, de consumo responsable y de eficiencia energética, de paneles en las azoteas y de ecotasas, sin que se detenga un ápice el trazado de autopistas, las líneas del TAV o la depredación urbanizadora.

Desarrollismo tradicional contra desarrollismo ambientalista.
Evidentemente, los costos de la dominación se han disparado con la polución, el calentamiento global y el cénit de la producción de petróleo, situación que el mercado no puede resolver como en ocasiones anteriores. Tampoco el despegue del sector económico medioambiental es suficiente. La pervivencia del capitalismo necesita una movilización general a escala local, nacional e internacional, de todos los dirigentes en Pro de la explotación Laboral y social reconvertida, en Pro del modo de vida sometido a los imperativos del consumo renovado; el Estado, en tanto que mecanismo de coerción, resulta de nuevo rentable. Esa es la carta del eco capitalismo y de sus servidores de izquierdas o de derechas. No es descartable que el proceso de reconversión pueda encontrar serias resistencias en la población que lo sufre, por lo que han de desarrollarse formas de control social adecuadas, empezando por las escuelas, los medios de comunicación, la asistencia social, etc., hasta llegar a la policía y el ejército.

El capitalismo y la burocracia no tienen ideales que realizar sino un orden que defender, a escala local y mundial. Para ellos los problemas en política exterior y los conflictos sociales son directamente problemas de seguridad, que en último extremo se resuelven manu militari. El eco fascismo será la forma política más probable del nuevo reino ecológico de la mercancía.

En ausencia de luchas serias, o lo que es lo mismo, en ausencia de la conciencia histórica, aparecen al lado de seudo reformistas que nos venden su “pragmatismo” y sus “pequeñas conquistas” en favor de la política institucional y del modelo capitalista, verdaderos utopistas que nos hablan de “convivialidad”, pues para ellos el remedio a tanto mal no ha de venir de una lucha de liberación sino de la aplicación pacífica de una fórmula milagrosa, en este caso la del “decrecimiento.” Las medidas a realizar no van a resultar de un conflicto nacido del antagonismo de un sector de la población con el conjunto de la sociedad industrial y consumista, sino de una serie de iniciativas particulares convivenciales, de buen rollo, a ser posible incentivadas institucionalmente y defendidas por partidos, “redes” o ONGs, que tengan la virtud de convencer de las ventajas de salirse de la economía. Los partidarios del “decrecimiento” desconfían de las vías revolucionarias: sobre todo, que no pase nada.

Y nada puede pasar puesto que el capitalismo tolera un cierto grado de autoexclusión en la sociedad que coloniza, pues de hecho buena parte de la población mundial está excluida del mercado y vive al margen de las leyes económicas. Incluso puede sacar beneficios de la autoexclusión a través de programas de ayuda, turismo alternativo y subvenciones. Es lo que los expertos llaman economía del “tercer sector”, ya estudiada por el principal responsable de la política pública americana durante la presidencia de Clinton, Jeremy Rifkin. En su obra de 1994 “El fin del trabajo”, da por sabido que la globalización y la desregulación del mercado laboral obligarán a una organización de los electores que podría restablecer el sentimiento ciudadano, la política burguesa clásica y el Estado interventor: “Conseguir una transición con éxito hacia la era posmercado, dependerá en gran medida de un electorado estimulado, que trabaje a través de coaliciones y movimientos, para lograr transferir tantas ganancias de la productividad como sean posibles del sector del mercado al tercer sector (...) Mediante la creación de una nueva unión entre el gobierno y el tercer sector, cuya finalidad sea la de reconstruirla economía social, se podrá ayudar a restaurar el sentimiento cívico en cualquier sociedad.” Sin embargo, desde el punto de vista de la emancipación social, no se trata de modificar gradualmente los márgenes del sistema capitalista, sino de fundar una sociedad nueva. Transformar el mundo, no refugiarse en islotes.