24 julio, 2018

El embrollo populista – Corsino Vela


  Ilusión: Del lat. illusio, -ōnis.
  1. f. Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos.


Capítulo extraído de Capitalismo terminal. Anotaciones a la sociedad implosiva – Corsino Vela

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El embrollo populista

Uno de los rasgos dominantes de nuestro presente es la capacidad del capital en crisis para producir problemas irresolubles en el ámbito de su propia lógica. Así, la acumulación ampliada de capital significa también la acumulación ampliada de problemas en todos los órdenes. De este modo, el desarrollo capitalista lleva a un estado general de desestabilización en el que destacan los desplazamientos masivos de población y el estado de guerra permanente. Estas circunstancias son una consecuencia directa del movimiento del capital, de su acumulación global y de los mecanismos de transferencia de plusvalía hacia los países que concentran la gestión y el consumo. La expulsión de las comunidades indígenas de sus tierras, los cambios hacia el monocultivo, las guerras estratégicas por recursos energéticos (petróleo, uranio, gasoductos, rutas comerciales) y el cambio climático aceleran los desplazamientos de población. Si bien estos han acompañado la implantación del capitalismo y de la sociedad industrial a lo largo de su historia, actualmente han alcanzado un grado que desborda la posibilidad de gestionarlos. Estos son solo algunos exponentes a escala mundial de la imposibilidad de articular soluciones a los problemas que la dinámica social sometida al capital genera.

Por eso mismo, el estado de urgencia actual plantea exigencias que van más allá de la subjetividad activista de la élite mediadora emergente, así como de la vana esperanza en que la sociedad del capital colme las expectativas y promesas dirigidas a la población proletarizada del terciario improductivo. El hecho es que en las sociedades capitalistas desarrolladas, simplemente no hay lugar para tanto artista, creativo, turista solidario, asesores y consultores de los nuevos aparatos de representación, etc. La razón es que no hay excedente de capital –aunque sobre liquidez virtual– en la proporción necesaria para sufragar el gasto que la actividad improductiva y el sistema de representación comportan.

Las acciones simbólico-espectaculares de ese proletariado y sus mismas reivindicaciones –limitadas por el horizonte del capital y atenazadas en el núcleo de la crisis– se pliegan al ámbito de un posibilismo orientado a poner en marcha mecanismos fiscales, legislativos, etc., que permitan conservar una condición de relativo acomodo en el segmento medio del proceso de proletarización. Algo que hasta ahora ha sido posible gracias a la distribución de la plusvalía generada en el ciclo transnacional del capital, pero que se vuelve cada vez más difícil por las revueltas contra las políticas de austeridad y por la propia evolución de los costes laborales en los países productores, como se ha mencionado a propósito de la deslocalización.

Las condiciones materiales que definen la proletarización imparable de las capas medias de la sociedad terciarizada se acompañan de una conciencia conservadora. Estas capas medias pretenden ser el recambio histórico de la pequeña burguesía tradicional, laminada por el proceso de concentración de capital. Son el estrato social de la sociedad terciarizada que constituye la base social, no consolidada (activistas, militantes, afiliados, votantes), de la nueva izquierda del capital.

La condición proletarizada no asumida de ese segmento social en descomposición entraña una conciencia confusa que se manifiesta en un regeneracionismo ambiguo, donde se mezcla la ideología conservadora del ciudadanismo con el desgastado progresismo(30) de la tradición burguesa del capitalismo ascendente heredado por la izquierda del capital en crisis. Se trata de una muestra de cómo la obsolescencia de la ideología progresista socialdemócrata en los países capitalistas desarrollados acaba por convertirse –con la pretendida nueva política– en otra versión del populismo, adecuada a los parámetros culturales de la sociedad terciarizada en crisis.

La dinámica de la crisis emplaza a esa población, sin embargo, a aumentar la cuota de riesgo para conservar cada vez menos. Hasta ahora, el conservadurismo del activista de la sociedad terciarizada estaba marcado por su condición subvencionada, por su integración en la esfera del trabajo improductivo o por su simple condición superflua de desempleado. A esa situación correspondía una determinada forma de conciencia de clase, definida por el oportunismo, consistente en aprovechar las cada vez más escasas posibilidades de promoción en el ámbito de la representación y de la oferta pública de empleo. A diferencia de la clase obrera industrial, donde la huelga, por sí misma, al interrumpir el proceso de producción, circulación y realización de capital, cuestionaba prácticamente la estructura de la sociedad, al tiempo que ponía en juego –tendencialmente– sus propias condiciones de existencia; los nuevos movimientos muestran una subjetividad activa en lo simbólico testimonial e institucional que no implica tendencia de ruptura, ni siquiera formal, con la estructura de la sociedad del capital. Es lo que han puesto de manifiesto tanto el 15M como la nuit debout parisina.(31)

Esa es la contradicción que subyace en la población proletarizada de la democracia de consumidores. Esa es la forma aparente del conflicto social en la fase de dominación real del capital, que lleva a considerar de forma desviada –falseada– la conflictividad social. Esta comparece bajo la forma del ciudadanismo, nacionalismo o populismo, es decir, bajo formas ideológicas que –con fines instrumentales– privilegian la construcción de identidades y la agregación social sobre la base de categorías vinculadas a la mercancía (sujeto consumidor), el fetichismo histórico (sujeto nacional) y la identidad imaginada (pueblo).

Sin embargo, la razón del estancamiento de las formas políticas de la pretendida nueva izquierda hay que buscarla en la fundamentación de su propia identidad sobre la base de la actualización de categorías prohijadas en anteriores fases de la dominación del capital. Este estancamiento es consustancial a una falta de reconocimiento de la identidad real de la condición proletarizada de mujeres y hombres cuya existencia cada vez depende menos de sí misma y más de las vicisitudes del proceso de acumulación de capital. Ahí radica la condición conservadora de la nueva ideología política, que se proyecta en la referencia vaga a un pueblo cuya agregación se articula en relación con la mercancía y su inserción en el mercado, es decir, a su condición de ser predominantemente ciudadanos consumidores. Perder la referencia de clase proletarizada en favor de una categoría tan vaga como el pueblo, la multitud o la masa de gente que no pertenece estrictamente a la élite dominante comporta una falsificación del conflicto social que solo puede responder a un interés instrumental: obtener votos y cuota de representación en el aparato del Estado. El oportunismo de siempre revestido de una retórica más o menos actualizada, pero con efectos cada vez más limitados.

Esa incapacidad para ir más allá del pueblo constituye precisamente el talón de Aquiles de la élite emergente del proceso de proletarización. Constituida como la aristocracia intelectual del populismo de izquierda, esta élite no pude concebir la condición humana proletarizada más que como pueblo, gente, como masa, en fin, sin capacidad para autoconstituirse como sujeto social. Es ahí donde el populismo de derecha y de izquierda convergen en una misma tradición cultural burguesa, de clase, elitista, que solo contempla la condición proletarizada como masa ciudadana a la que hay que halagar con las promesas que supuestamente quiere escuchar en cada concurso electoral y atizar su consumo con mercancías culturales (fiestas populares, conciertos, turismo, etc.). Pero la problemática de la sociedad del capital –en virtud de la dimensión alcanzada por las contradicciones del desarrollo capitalista– está cada vez más alejada de su representación política. Para enfrentar críticamente la realidad de las transformaciones recientes del capital –sin subterfugios posmodernos ni retórica regeneracionista– es inútil cualquier elaboración teórica de un nuevo sujeto transformador que, por lo demás, solo podrá surgir en la conflictividad y atendiendo a las implicaciones de la terciarización y del posible antagonismo social que conlleva.

Las ambigüedades de la práctica y del discurso de la nueva izquierda –su versión ciudadanista del populismo– significan un alejamiento de la tradición social transformadora de clase y se alinean con la tradición histórica de la revolución burguesa y su invocación del ciudadano. Aunque su profesión de fe ideológica acuda a referencias humanistas verbalmente socializantes, entronca con las propuestas históricas negacionistas del carácter radicalmente de clase que define la conflictividad social en la sociedad capitalista. Diluir la condición proletarizada tras la vaga identidad de la ciudadanía o del pueblo es, en el mejor de los casos, una devaluación intelectual deliberada de los aspirantes a gestores del derrumbe. Reactivar nociones tan insidiosas como ciudadano o pueblo no aporta sino más confusión a la ya profusamente inducida desde los medios audiovisuales de formación de opinión. Un acto más de expropiación, esta vez en el plano real y simbólico, de la identidad vinculada a la condición proletarizada.

El fascismo surge, entre las dos guerras europeas del siglo XX, del proceso de proletarización masiva de una pequeña y mediana burguesía que se convierte en residual para la dinámica de concentración de capital que se produce en ese periodo; el ciudadanismo de la izquierda renovada del capital(32) responde, en los países capitalistas, a la fase de proletarización intensiva de la reestructuración, cuyas consecuencias más palpables son la quiebra del Estado de bienestar y de la democracia de consumidores. Es en este sentido en el que hay que abordar el fenómeno ascendente de los engendros políticos de la crisis del capital (los partidos xenófobos de Francia, Alemania, Holanda, Flandes, Austria, etc.) y preguntarse en qué medida han sido precisamente la pasividad inducida por las urnas legitimadoras de la democracia de consumidores y la inhibición de masas a través de la vía institucional las que han propiciado el caldo de cultivo de la fenomenología populista de derecha.

En cualquier caso, la deriva populista de la izquierda la pone, una vez más, a remolque del capital y, concretamente, de sus manifestaciones políticas más aberrantes. Si tradicionalmente ha sido meramente reactiva (antifascista) porque su adscripción al marco de la representación política no daba para más, en la actualidad se debate contra un espectro que, como antaño el fascismo, es funcional al papel de la izquierda en el sistema de representación capitalista. La izquierda juega el papel de alternativa política formal al populismo de derecha, pero resulta completamente estéril en cuanto a su intervención transformadora sobre el proceso de reproducción social. Por eso, ocultar que los periodos de crisis de acumulación de capital se corresponden igualmente con la crisis de sus formas de representación no es solo una irresponsabilidad moral e intelectual, sino un empecinamiento en repetir errores del pasado. No abordar la crítica de la democracia como forma política del capital en crisis y elevarla además a único horizonte posible (totalitarismo democrático) supone, precisamente, dejar en manos de las fuerzas emergentes del capital en crisis y de sus expresiones populistas más perversas la iniciativa de la movilización social.

Puesto que, en la práctica, la democracia es una forma política del capital, es asimismo una forma instrumental a los movimientos xenófobos, nacionalistas y racistas, emergentes con el capital en crisis. Una buena muestra de ello fue el final de la república de Weimar, que dio paso a una de las más abominables expresiones políticas del capital: el nazismo. Ciertamente, Hitler y su cohorte de sicarios fueron aupados al gobierno con la financiación del capital industrial alemán, pero contaron con la legitimación formal de las urnas y la adhesión popular en torno a un programa de recuperación de la economía nacional. La supuesta consistencia del populismo de derecha estriba precisamente en que lleva la simplificación del razonamiento hasta sus últimas consecuencias, anulándolo tras las verdades aparentes de la obviedad, ya se trate de refugiados o migrantes (no se puede acoger a millones) o del desempleo (primero los del país). Las obviedades dan pie a consignas que, en realidad, son falsos razonamientos que proliferan para esconder las preguntas fundamentales: por qué hay migrantes, refugiados y guerras; cuáles son sus consecuencias (beneficios) a lo largo de la cadena de acumulación transnacional de capital; y qué papel juegan nuestros países y nosotros mismos como sujetos de la democracia de consumidores.

Frente a ello, el populismo de izquierda muestra sus debilidades echando mano de la gastada retórica antifascista o de la simple argumentación moralizante, escudada tras la afirmación de una noción como la democracia, cuyo significado está cada vez más difuminado y desacreditado. Conviene recordar que en nombre de la democracia –y mediante procedimientos democráticos– se construyen criminales vallas y muros antimigrantes y se ponen en práctica políticas xenófobas, exactamente igual que se imponen reformas laborales o se procede a la criminalización de la disidencia política.

La ventaja del populismo heredero de la tradición nacional-fascista respecto del populismo de izquierda consiste en que el primero es capaz de acometer supuestas soluciones (leyes xenófobas, construir vallas y muros) adaptadas a las realidades aparentes de la crisis del capital. Estas «soluciones» son funcionales, en su perversa y cruel simplificación, al ámbito de la representación y del electorado amedrentado de la democracia de consumidores. Por su parte, el populismo de izquierda se limita a presentar batalla en el terreno de la representación y del pragmatismo institucional. Se trata de captar el voto –añadiendo, si cabe, más confusión– disputando la adhesión de la gente o del pueblo al populismo de derecha. Incluso en el ámbito de la representación cada vez hay menos diferencias entre los programas de los partidos políticos, lo que lleva a pensar en un síntoma inequívoco del agotamiento histórico de la política como representación.

La irrupción del populismo hay que entenderla como un síntoma de los límites históricos de la democracia. Pero quedarse en esa constatación sería permanecer en las coordenadas de la representación; por eso la crítica del populismo como desviación ideológica de masas, exige una reflexión que tome como punto de partida las condiciones materiales de existencia en la sociedad del capital en crisis. Será posible entonces articular un marco de crítica e intervención estratégica que permita comprender la naturaleza de las guerras, los refugiados, las migraciones, etc.; cuál es su conexión concreta con nuestro modo de vida, qué relación guardan las guerras y esas corrientes de refugiados con el mantenimiento de la democracia de consumidores. A pesar de todas las mediaciones y desviaciones ideológicas, el trabajo, el desempleo y el consumo de cada individuo concreto de la democracia de consumidores están insertos de forma mucho más directa de lo que aparentemente pueda parecer en el proceso global de acumulación de capital. Es el mismo proceso que provoca las guerras, las migraciones económicas y los refugiados.

La interdependencia a todos los niveles funcionales y territoriales del proceso de reproducción social a caballo de la acumulación de capital –que hace que, por ejemplo, el precio del arroz en Guatemala dependa de las maniobras especulativas en Wall Street– comporta la puesta en juego de múltiples variables con un impacto encadenado (lineal y reticular). Es así como conflictos localizados en un sector (puertos) o en un segmento social (banlieues)* o territorio (indígenas en defensa de sus tierras) definen, además de una complejidad creciente de la gestión del desorden mundial, también la posibilidad de una comprensión estratégica de los conflictos en cuanto a sus formas, contenidos y repercusiones. Esos conflictos obligan a cambios en los planes capitalistas que representan costes añadidos y, a fin de cuentas, agravan la caída global de los beneficios.

Desentrañar esa linealidad y ponerla en el primer plano de la discusión política es una tarea de la crítica del capital que permite superar realmente las verdades obvias del populismo xenófobo, aunque para ello sea necesario proceder a una interpelación incómoda acerca de cómo las condiciones materiales de la existencia individual dependen de las condiciones generales de reproducción social y, en consecuencia, de la acumulación mundial de capital. Con ello, se trata de abordar las implicaciones existentes entre las condiciones de vida en nuestras democracias de consumidores y las guerras(33) e iniciativas expropiadoras de agua, tierras, etc., en el marco de la economía global.

Claro que esa interpelación no arrojaría rentabilidad alguna desde el punto de vista de la representación (votos), porque no daría juego en las disputas populistas por la subjetividad ciudadana forjada en la democracia de consumidores. Más bien al contrario, apuntaría a poner en cuestión esa subjetividad como resultado de la dominación real del capital. Entre tanto, la izquierda del capital sigue lanzando sus cantos de sirena con promesas de crecimiento y de buena gestión del colapso, al tiempo que nos vamos deslizando lenta pero inexorablemente por el tobogán de la implosión social. Las condiciones materiales de la reproducción social del capital en crisis suponen en la actualidad un salto evolutivo respecto de las que hicieron posible la escalada e implantación del fascismo. Su reflejo son las formas políticas correspondientes al totalitarismo democrático, propias de la afirmación real y total del capital y de la mercancía en la democracia de consumidores. El totalitarismo democrático no comparte las características formales de la brutalidad explícita del fascismo histórico. Los prejuicios (xenofobia, racismo y discriminación cultural) y las formas de violencia explícita (represión de la disidencia política) e implícita (marginación, exclusión, humillación) se encuentran legitimadas por el reiterado ejercicio electoral y el recurso al eufemismo y la hipocresía consustanciales a la subjetividad ciudadanista políticamente correcta.

En cualquier caso, la profundización de la tendencia a la proletarización de las profesiones y funciones sociales vinculadas al Estado de bienestar emplaza –en la confrontación con el capital– a romper con el espejismo de las representaciones y de las mediaciones, toda vez que la inmensa mayoría de la población proletarizada no satisfará nunca sus expectativas y aspiraciones sociales ni personales en el marco de la democracia de consumidores. Además, cada vez son menos las contrapartidas materiales que la población proletarizada puede recibir en el marco de la reproducción social, según ponen de manifiesto los informes de las organizaciones filantrópicas. A pesar de todo, la acumulación de capital requiere de una mínima agregación y adhesión que legitime el orden social dominante.

En este terreno se abre una nueva línea de resquebrajamiento social, apreciable en el recurso al estado de paranoia securitaria (terrorismo, islamismo, migración) como elemento de agregación social. Todo ello, al mismo tiempo que se estrechan las posibilidades de subsistencia para una parte cada vez mayor de la población. Así se muestra la fragilidad real de la democracia de consumidores. Fragilidad no solo en lo que se refiere al eventual peligro terrorista, sino en cómo la seguridad sustituye las contrapartidas materiales para una población –atemorizada y empobrecida– que, por otra parte, sigue constituyendo la base social necesaria de la democracia de consumidores que realiza el capital.

Es esa situación la que hace que, cuanto más se perfilan líneas potenciales de ruptura en la realidad social, más clara resulta la futilidad de algunas facciones del nuevo proletariado encuadrado en la denominada nueva política que se empeña en la obtención de una cuota de representación institucional que nada tiene que ver con la comprensión real y práctica de la sociedad capitalista, de sus contradicciones y de sus posibilidades de supervivencia. Mientras un número cada vez mayor de hombres y mujeres se ven reducidos a mera fuerza de trabajo excedentaria, aún se alimenta la ilusión de la alternativa capitalista a la crisis por parte de la élite más cualificada de esa población, compuesta por jóvenes profesionales precarizados que aspiran a gestionar la reproducción social desde las instituciones del capital.

Estas son, no obstante, solo promesas para un tiempo nada prometedor. En ausencia de una perspectiva clara de ruptura, ni siquiera hay lugar, por la vía muerta donde transita el institucionalismo, para una reforma significativa de la producción y redistribución de la riqueza. La dinámica del capital en la integridad de su ciclo (producción, circulación y realización) estrecha progresivamente los márgenes de maniobra en cada fase del mismo. En ese sentido, nada cabe esperar de la evolución del capital si no es un empeoramiento progresivo de las condiciones de existencia humanas y del planeta. Si existe alguna posibilidad de no sucumbir al desmoronamiento de la sociedad capitalista, solo podrá consistir en la autoconstitución de la población proletarizada bajo presupuestos realmente antagonistas, es decir, mediante la transformación de sus condiciones materiales de existencia desde sí misma y para sí misma, y no desde planteamientos meramente verbales, discursivos, simbólicos o institucionales.


Notas.

* Banlieue: término propio del francés con el cual se denominan los suburbios. En español se utiliza para referirse a los barrios marginales del extrarradio de las grandes ciudades de Francia, con gran concentración de inmigrantes. (Wikipedia)
30– Un destacado ideólogo de la izquierda del capital, Josep Ramoneda, en un programa radiofónico de la Cadena Ser del dia 27 de enero de 2017, todavía invocaba –a propósito de un eventual relanzamiento de la izquierda– la necesidad de retomar la idea de progreso que, según él, ha abandonado la izquierda. Se trataría de darle un nuevo contenido para ofrecer expectativas en el marco del sistema de representación.
31– Véase, por ejemplo, dos perspectivas diferentes de la movilización en: G. Soriano y Nicole Thé, Printemps 2016: un mouvement inattendu y Alèssi dell’Umbria, Le monde ou rien. Remarques sur l’agitation sociale en France au printemps 2016. Disponibles en:
https://artilleriainmanente.noblogs.org/post/2017/02701/el-mundo-o-nada
32– Por supuesto, sería una trivialidad demagógica poner en el mismo rango el populismo chavista en Venezuela, el de Le Pen en Francia, el de los neonazis alemanes, austriacos, nacionalistas flamencos, así como el de Podemos o su homólogo catalán Barcelona en Comú. Obviamente, no son formalmente homologables, como tampoco lo es la subjetividad que subyace en sus seguidores. Lo que aquí se pretende poner de relieve es el hecho de que todos ellos son respuestas a una misma circunstancia de crisis del capital; aunque diferenciadas, tienen el denominador común de su alejamiento de la tradición de clase, rupturista, igualitaria, revolucionaria, de la población proletarizada. También se quiere señalar que son alternativas desde presupuestos de gestión del capital, ya sea en la versión humanista de Podemos, como en la brutal y xenófoba del Frente Nacional francés, la Alternativa para Alemania o los renovados nacionalismos europeos. En definitiva, son diferentes respuestas a la crisis del capital desde dentro del capital, como lo fueron en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales el fascismo/nazismo, el capitalismo liberal y el capitalismo de Estado (socialismo real).
33– Véase Colectivo Gasteizkoak, Estas guerras son muy nuestras. Industria militar vasca, Tafalla, Txalaparta, 2016. Un documentado ensayo de nuestra participación en las guerras que devastan el planeta.

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TRABAJAR POR TRABAJAR: LA MERCANTILIZACIÓN DEL TIEMPO COMO EJE CENTRAL DE LA TEORÍA CRÍTICA DEL CAPITALISMO - Álvaro Briales

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[...]
La función sistémica del trabajo es, en lo fundamental, autorreproducirse. Su función original perdió el sentido en el momento en que para trabajar hay que ir a un mercado de trabajo que coloca a las necesidades sociales en un lugar secundario respecto a las necesidades de trabajo del capital. Es en ese sentido que se puede comprender la expresión de la “acumulación por la acumulación” o del “producir por producir” (Marx, 1872: 731, 735). Son las formas en las que se expresa la acumulación de capital como lógica tautológica, en la cual el capitalista opera como medio de esa lógica, y no como quien controla en lo sustancial tal lógica.
[...]
Una expresión del castellano muy precisa en este sentido es la de “echar horas”. El “echar horas” y “echar horas” que no termina nunca es, literalmente, “echar” el tiempo de vida al trabajo, con el fin de obtener un dinero que en su carácter fetichista se presenta como si fuera la riqueza misma, y presenta las horas de trabajo como si fueran las creadoras de tal riqueza. Pero si asumiéramos el supuesto metodológico de la medición objetivada de la existencia en “horas” e imagináramos el tiempo que contiene lo que consume una persona media en un día medio, sería muy fácil comprobar que la relación entre las “horas echadas” y el tiempo contenido por la riqueza consumida es, en el capitalismo, cada vez menor. Si hace 200 años la relación era, por ejemplo, de 2 a 1, hoy quizás sea, por decir algo, de 10.000 a 1. Entonces, ¿dónde va todo el tiempo que trabajamos y no consumimos? Básicamente, el tiempo es consumido por el mantenimiento y renovación de la inmensa “infraestructura” social que pivota en torno al trabajar por trabajar. El capitalismo pone a las personas a trabajar por trabajar, supeditando el sentido social concreto de una determinada actividad a su función valorizadora. Como la forma fundamental para obtener mercancías es obtener dinero, y la forma fundamental de obtener dinero es trabajar, parece que en la relación entre el tiempo vendido y las mercancías, el dinero es sólo una mediación neutra, técnica, entre el tiempo de trabajo y las mercancías, y parece así que el tiempo vendido en el trabajo tiene la función de crear riqueza. Las personas creen trabajar para sí cuando trabajan por dinero, pero el trabajar por dinero ya no tiene la función directa de crear riqueza. El trabajo que se le presenta al asalariado como vía de acceso al dinero, es a su vez la mediación para el acceso a la riqueza mercantilizada. Sin embargo, en términos del conjunto social, el tiempo de trabajo vendido no sirve tanto para crear la riqueza social como para retroalimentar las necesidades del capital autonomizado de las necesidades sociales directas, subordinadas al trabajar por trabajar.



22 julio, 2018

La guerra contrainsurgente: Nicaragua en la mira – Stella Calloni





La voz del sandinismo - 12/7/2018

Estados Unidos avanza en su proyecto recolonizador con una despiadada guerra contrainsurgente.

Si la oposición más seria al presidente Daniel Ortega en Nicaragua no se diferencia de los mercenarios, que siguen cometiendo crímenes atroces, mediante torturas y flagelación pública contra decenas de sandinistas por apoyar al gobierno, como lo muestran los vídeos filmados por periodistas, y si además no se separan de organizaciones que reciben fondos de Estados Unidos y las derechas europeas, quedarán en la historia como verdaderos traidores a la patria.

No hay eufemismo posible para decirlo de otra manera, ni “academicismos” que los amparen ante sus acciones, cuando precisamente Estados Unidos avanza en su proyecto recolonizador con una despiadada guerra contrainsurgente, de Baja Intensidad y de Cuarta Generación para controlar directamente a Nuestra América, dentro de lo cual se enmarca el golpe “blando” o suave, disfrazado de “rebelión antidictatorial”.

Lo que comenzó el 18 de abril pasado en Nicaragua, desde un inicio fue relatado por la corporación mediática falseando la verdad, manipulando en forma criminal los hechos y no sólo lo hicieron los medios del poder hegemónico, que son mayoría en el mundo, sino los escasos que sobreviven a esta supeditación, ocultando una tragedia de dimensiones aún no valoradas, como sucedió con Irak, Libia, Siria, Afganistán, como sucede en Yemen y en otros lugares y más cercanamente en Honduras, en Colombia, México y Guatemala.

Arsenal de armas incautado por la Policía Nacional al grupo terrorista M19 el 6 de julio del 2018
en las instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, ciudad de Managua.

Muchos periodistas, incluso intelectuales, identificados como progresistas o de izquierda, tan diversa en Nuestra América, sin conocer nada de la actual realidad nicaragüense sólo dieron voz a los supuestos “rebeldes” contra la también supuesta dictadura, un espejo de lo que fueron los comienzos de las guerras coloniales de ocupación en Oriente Medio.

Entre los que desafiaron el discurso Jorge Capelán, desde Nicaragua habló del “golpismo tóxico que se ceba con saña contra el pueblo nicaragüense” y recordó el viaje de 16 representantes del Movimiento “Renovador Sandinista”(MRS) a Washington para reclamar en el llamado Foro de la Sociedad Civil de la Organización de Estados Americanos (OEA) que tomara la decisión de enviar cascos azules a Nicaragua, entre otros graves hechos. Es decir pedían una intervención.

La actitud del gobierno ante la primera manifestación de protesta el 18 de abril fue derogar ley previsional –que se supone desató la tormenta golpista– y llamó al diálogo. Pero no era el diálogo lo que esperaba Washington que había preparado el golpe en el esquema de la guerra contrainsurgente que está aplicando, cuando la estrategia de dispersión del Comando Sur, les ha permitido la instalación de Bases y establecimientos de control militar en varios países, elegidos también estratégicamente.

Por otra parte la región está invadida desde mediados de los años 80 por una red de Fundaciones como la National Endowment for Democracy (NED), o la USAID (Agencia Internacional para el Desarrollo) de tan larga y oscura historia en el continente, entre otras que mantienen una red de Oganizaciones No Gubernamentales mediante las cuales reparten generosas partidas de dinero a sus cómplices internos, sus aliados naturales, las derechas regionales, Esto les permitió infiltrar no sólo las estructuras judiciales en los países de la región y la prensa , sino todos los sectores de la sociedad, creando verdaderos monopolios para la manipulación informativa, la desconcientización y desculturización de los pueblos.

Años trabajaron en forma encubierta esas Fundaciones de la CIA, complicadas en cada intento o golpe de Estado que se produjo en la región en este siglo, desde Venezuela en el 2002 hasta la actualidad.

Nicaragua tiene decenas de ONG dependientes de las Fundaciones y en este caso colaboran activamente los grupos terroristas cubano-americanos de Miami, que tienen representantes republicanos en el Congreso estadounidense como Ileana Ros-Lehtinen y Marco Rubio, Ted Cruz y otros. Rubio, devenido en “asesor” del presidente Donald Trump para América Latina, es intermediario entre este y la derechas recalcitrantes de América Latina.

La corporación mediática internacional e imperial que maneja el 95 por ciento de las noticias que circulan por el mundo, originadas nada menos que en el Pentágono, es clave para la guerra de Cuarta Generación o guerra psicológica, un arma tan importante como los misiles.

No hubo nada espontáneo en las protestas de Nicaragua, como tampoco puede ser espontánea la presencia de mercenarios que se dedicaron a secuestrar sandinistas a los que sometían a brutales castigos y torturas, desnudados y varios de ellos flagelados públicamente, asesinados y luego quemados como en los tiempos de la Guardia Nacional de Anastasio Somoza. Esto está comprobado y filmado, lo que se ha convertido en una prueba del horror.

A lo largo de estos de casi tres meses quemaron escuelas, centros de salud, oficinas que se ocupaban en su mayoría de los temas sociales, cooperativas, el Banco de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA). las Radios “Ya” y Nicaragua. Quemaron la Caja Rural Nacional, un banco cooperativo con los récords de cientos de miles de socios, y el mismo día quemaron la sede del ministerio de Economía Familiar y Comunitaria y una cantidad de edificios de funcionarios gubernamentales, casas escuelas, centros de salud, hospitales.

La lista de crímenes y destrucción es extensa, pero casi tres meses después el pueblo sandinista está en las calles, y el ejército logró recuperar varias poblaciones tomadas por los mercenarios y se va conociendo el verdadero alcance del golpismo con los millones de pérdidas en la destrucción criminal que afectará a todo el pueblo.

Denuncias desde EE.UU.

Las investigaciones del periodista estadounidense Max Blumenthal, pusieron al descubierto el rol de entidades como la (USAID), Freedom House, y la NED en el financiamiento de ONG’s nicaragüenses, que llamaron al derrocamiento del Presidente Ortega del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN.

De acuerdo a Blumenthal la USAID, destinó para Nicaragua en 2017 la suma de 5,2 millones de dólares, “con la mayoría de los fondos destinados a la capacitación de la sociedad civil y las organizaciones de medios de comunicación”. También destacó que en junio, los dirigentes del M19, el grupo estudiantil que comenzó las protestas antigubernamentales viajaron a Washington a reunirse con la ultra derecha de EEUU, con figuras como Rubio, Ted Cruz y Ross Lehtinen. De la misma manera se reunieron con Mark Green, director del USAID, quien manifestó su apoyo contra el gobierno sandinista. El viaje fue pagado por Freedom House”.

Se destaca que el M19 no es espontáneo ni fruto del “descontento” contra Ortega sino que uno de sus organizadores Félix Madariaga está al frente del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, y es uno de los principales voceros contra el Sandinismo, que recibió 260,000 dólares de la NED, la mayoría de los fondos destinados a la capacitación de la sociedad civil y las organizaciones de medios.

Hay referencias a fundación “Hagamos Democracia”, de Luciano García, reconocido opositor al sandinismo, quien recibió también 525.000 dólares de la NED desde 2014 y se constituyó en otro instrumento de intervención en Nicaragua, entregando en 2017 un millón de dólares a diversas organizaciones de la llamada “sociedad civil” que exigen la renuncia del Presidente Ortega.

Entre ellas la Comisión de DDHH de Nicaragua (111,000 dólares), Centro para la Empresa Privada (239,000 dólares), Instituto Republicano Internacional (150,000 dólares), Fundación Iberoamericana de Culturas ($79,000 dólares), Fundación Desarrollo Económico Social (40,000 dólares); entre otras. (Fuente: NED digital) También la NED destinó 305,000 dólares en 2017 a grupos anónimos de Nicaragua, para lo que ellos llaman “promoción de la democracia”, entiéndase, la organización de la contrarrevolución y la subversión antisandinista” destacando el papel que cumplen en la Guerra de Cuarta generación en América Latina.

La NED citada por Max Blumenthal, fue creada en 1983 por la administración de Ronald Reagan y desde entonces colaboró activamente en la Guerra encubierta de Estados Unidos contra Nicaragua en los años 80-90, apoyó y financió a los medios y la oposición antisandinista en ese país y fue clave preparando la invasión de EE.UU a Panamá en diciembre de 1989.

Asimismo como la USAID es responsable como parte y máscara que es de la CIA, de los miles de nicaragüenses muertos durante la guerra encubierta de los años 80 para lo cual inventaron el llamado contra-gate, llevando droga desde el Comando Sur en la zona del Canal de Panamá a Miami de donde salían armas para los mercenarios de la “contra”. Nada nuevo en la historia de EE:UU en Vietnam y en la actualidad para armar los mercenarios que usó y usa la OTAN en las actuales guerras coloniales de Medio oriente , el Norte de Africa y en Asia.

Un mes antes de las reuniones del M19 con legisladores ultraconservadores en Washington, la NED “afirmó sin rodeos que las organizaciones respaldadas por ellos han pasado años recibiendo millones de dólares sentando las bases para la insurrección” en Nicaragua, como lo señala el sitio web de noticias enfocado en América Latina, Global Americans, escrito por el académico estadounidense Benjamin Waddell , director académico de la Escuela de Capacitación Internacional en Nicaragua!(…)Después de la publicación de este artículo, Global Americans reemplazó el término “insurrección” con la palabra más inocua “cambio”. Sin embargo, el título original aún se puede ver en la URL del artículo.

Lo cierto es “La prensa internacional describió la rápida escalada de disturbios civiles en Nicaragua como una explosión espontánea de descontento colectivo” escribió Waddell y agregó que “la participación actual de la NED en nutrir a los grupos de la sociedad civil en Nicaragua arroja luz sobre el poder del financiamiento transnacional para influir en los resultados políticos en el siglo XXI”. “Mucho de lo que hacemos hoy fue hecho encubiertamente hace 25 años por la CIA”, comentó por su parte Allen Weinstein, fundador de la NED.

“Las caras más visibles del movimiento anti Ortega no han sido los jubilados afectados por las reformas de la seguridad social, sino los estudiantes urbanos, políticamente no afiliados, que buscan una victoria total. Han forjado una alianza con los opositores a la derecha.“Mientras tanto, hombres enmascarados con morteros y armas de fuego han formado la primera línea de los bloqueos viales que ya han drenado la economía de Nicaragua de unos $ 250 millones en ingresos..

Es tan obvia la acción de Estados Unidos en Nicaragua, que asombra por un lado que figuras importantes de este país, surgidas del sandinismo, cuya oposición a Ortega ´se basa en diferencias internas, y que por supuesto no nos corresponde juzgar, hayan hecho silencio en estas circunstancias y con ese silencio haber permitido este desangre del país con apoyo público de EE:UU, verdugo de Nicaragua desde el siglo XIX es un hecho que se debe analizar dentro del comportamiento de una buena parte de la llamada izquierda en este período histórico..

De la derecha o de un sector de la Iglesia o de las organizaciones de bonitos nombres “democráticos” sostenidas por los dineros de la CIA, no podríamos haber esperado otro tipo de conducta. Pero el silencio sobre los crímenes aberrantes y el terror sembrado en las poblaciones más humildes e indefensas, es un caso de complicidad extrema, donde algunos sacerdotes parecieron desafiar al Vaticano actual con su conducta.

Arsenal de armas incautado por la Policía Nacional al grupo terrorista M19 el 6 de julio del 2018
en las instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, ciudad de Managua.

Arsenal de armas incautado por la Policía Nacional al grupo terrorista M19 el 9 de julio del 2018 en la Basílica San Sebastián, ciudad de Diriamba, el 9 de julio del 2018.

Se Intenta derrocar a un gobierno que en Centroamérica no permitió el ingreso de las maras, que se destacaba en medio de la violencia en Centroamérica, que logró avances sociales únicos en esa región reconocidos por organismos internacionales y que permanece en el ALBA, contra todas las presiones de Washington, ese organismo integrador que tanto ayudó a los pueblos más necesitados. En momentos en que el gobierno de Trump amenaza con invadir Venezuela, Nicaragua es estratégica.

Nadie puede confundirse en un escenario como el actual en América Latina, donde ha quedado evidenciado que la Doctrina Monroe regresó con un imperio en decadencia y cada día más brutal, que intenta apropiarse directamente de lo que considera su ”patio trasero” y coloca a la Patria Grande en la disyuntiva: recolonización o independencia.


21 julio, 2018

Hasta qué punto la patriotería es una fuerza irracional - Neorrabioso





Hasta qué punto la patriotería es una fuerza irracional negativa se demuestra en que en este Mundial, una vez eliminada España, la prensa patria se está volviendo a favor de Bélgica, cuyo seleccionado está dirigido por el ilerdense Roberto Martínez. Pero sucede que Bélgica es, a su vez, el país que acogió a Puigdemont, el demonio de la antiEspaña, detalle que a los diarios deportivos les conviene soslayar en este caso. Tenemos, por tanto, a los diarios patriotas de información general arremetiendo contra Bélgica por dar aire al separatismo, y a la vez tenemos a los diarios patriotas de información deportiva apoyando a la selección de Bélgica porque la conduce un español. De este tipo de contradicciones los patriotismos están llenos y se puede decir que hasta consisten en ellas: recuerdo cuánto me sorprendía de pequeño que en mi libro de historia, en la página izquierda, se me contara con tintes dramáticos el arrasamiento de Numancia y el asesinato-traición a Viriato, víctimas de unas gentes tan malas-malísimas como los romanos, pero cómo, en la página derecha, solo unas líneas después, se celebraba que Séneca, Marcial, Quintiliano, Lucano, Adriano, Trajano o Teodosio fueran españoles (aquellos de españoles no tenían nada, como tampoco lo eran Viriato ni los numantinos, pero cada vez que un patriota se pone a escribir historia, te pinta de rojigualdo hasta las hachas de sílex). O sea que, sin tiempo para odiar a los romanos por sus fechorías, jajajaja, ¡los romanos ya éramos nosotros, y por tanto éramos los buenos, como siempre hemos sido nosotros! Unas páginas después, sucede que llegan otros malhechores, los bárbaros, que acaban con nuestra civilización hispanorromana, pero aquí sucede otro tanto: resulta que uno de esos rufianes, Recaredo, se convierte al cristianismo, ¡y automáticamente los bárbaros pasan a ser buenos y ahora ya no se llaman bárbaros, sino visigodos! ¡Ya semos visigodos y por tanto gentes excelentes! ¡Qué divertida es la historia y el deporte cuando están contadas por patriotas que pueden prescindir de la verdad y la decencia!

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Lo que me subleva de las entrevistas que se hacen a los inmigrantes para probar su arraigo en España cuando quieren obtener la nacionalidad, es que se les examina sobre algo que es imposible: no existe el arraigo a España, como tampoco existe el arraigo a Euskadi o a Catalunya, porque son territorios demasiado grandes para vivir y conocerlos con un mínimo de precisión. ¡Decir que tienes arraigo en España es como decir que tienes arraigo en la Vía Láctea! ¡Personas que han arraigado en el barrio madrileño de Chamberí quizá no duraran un minuto en una zona rural de Extremadura! El amor a un país que sea más grande que San Marino es un amor simbólico, algo que nos enseñan desde pequeños y que lo llevamos dentro sin hacernos preguntas. En el momento en que un inmigrante consigue trabajo, grupo de amigos o relaciones sociales satisfactorias, ya ha arraigado, nada más que eso es el arraigo: consiste en estar a gusto durante varios años en los dos kilómetros cuadrados donde haces tu vida. No te hace falta para nada saber quiénes son Rafael Alberti, Rocío Jurado o Pau Gasol, ni cuándo caen los San Isidros, ni saber de la paella valenciana, el flamenco o las guerras carlistas. Por otra parte, los mayores patriotas vascos que conocí cuando vivía en Vizcaya eran igual de analfabetos que los patriotas españoles de Madrid: la mayoría de ellos habría suspendido un examen sobre la historia o cultura del país al que tanto presumen de amar. ¡Anda que cuántos españoles no perderían su nacionalidad si se operara con ellos como la Audiencia Nacional, que se la denegó este año a un marroquí de Zaragoza, 17 años trabajando en esa ciudad, por las razones de que “no conoce la cultura, la organización territorial, la geografía, las instituciones y los deportes de España”!

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Es aterrador, al leer los comentarios de estos vídeos de Youtube, la cantidad de gente que se queja de que se presente a Julio César como un genocida. ¡El daño que hace la mitomanía! No les importa que Julio César matara a un millón de galos y esclavizara a otro millón (entre un total de seis millones), o que dejara morir de inanición a 40.000 mujeres y niños, o que fuera habitual que cortara las manos a los adversarios para darles un escarmiento: todo lo justifican, como siempre, con el socorrido en-aquella-época-todos-eran-así. Jamás podré entender por qué extraña avería de la mente una persona del siglo XXI puede admirar más a Julio César que a Propercio, a Alejandro Magno más que a Diógenes, a Bonaparte más que a Champollion, y lo mismo me ocurre con las admiraciones de algunos miembros de las artes o el pensamiento. Sabido es que Julio César fue admirado por gente de la ralea de Carlos V, Hitler o Mussolini; más incomprensible me parece que fuera admirado por Dante, Nietzsche u Ortega y Gasset.

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Afirman las ramas centrales de la filosofía que quienes no saben controlar sus pasiones son seres débiles, pero la verdad es justo la contraria: a) que solo controlan sus pasiones quienes carecen de ellas, b) que la pasión es síntoma de energía, y c) que el apasionado siempre ha sido perseguido porque es una persona creadora y cambiante, con una sobrevida que puede volverse peligrosa, pues amenaza con desordenar los rebaños.

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18 julio, 2018

Cuatro silencios culpables ——————————— Michel Collon / Robert Charvin






18/7/2018

Robert Charvin acusa a la información y la historiografía occidentales de negacionismo y revisionismo.

1. La rehabilitación del fascismo en Letonia. ¿Por qué ningún medio de comunicación occidental señala que en Letonia (nuestro querido y nuevo aliado de la Unión Europea), se demoniza a la resistencia antinazi y se rehabilita discretamente a los fascistas colaboradores de la Segunda Guerra mundial? El aparato judicial de ese país se ha ensañado con un héroe de la resistencia letona, llegando incluso a encerrarle en la cárcel a pesar de tener 75 años. Pero esto ha sido completamente silenciado. ¿Por qué?

2. La utilización por Occidente de pronazis antisemitas en Ucrania. ¿Por qué nuestra nueva aliada rehabilita a los antiguos colaboradores de Hitler? Peor aún: ¿por qué los introduce en una administración nacida de un golpe de Estado y en puestos clave? Y todo ello en medio del silencio de los medios de comunicación, que los bautizan de nuevo como simples “nacionalistas”.

3. La negación del genocidio que Hitler intentó llevar a cabo contra la URSS. Sin embargo, el programa estaba claramente expresado en los textos nazis: considerando a los eslavos como “infrahumanos”, el “Plan Ost” preveía exterminar al 40% de los rusos para dejar el espacio libre al traslado de diez millones de colonos alemanes y germanizados. Aquel programa fue puesto en práctica, pero la resistencia de todo un pueblo lo hizo fracasar. ¿Por qué actualmente se presenta la Segunda Guerra mundial como un asunto entre Hitler y los judíos cuando en realidad hubo varios genocidios?

4. La desvalorización de los verdaderos vencedores de la Segunda Guerra mundial. Esto comienza con la falsificación de la preguerra: ¡se acusa a la URSS de haber sido cómplice de Hitler! Sin embargo, no había dejado de proponerle a los occidentales que se aliaran para cortar el paso al nazismo; pero esta alianza fue rechazada por Londres y París, que pactaron con Hitler en Múnich, aprobaron su alianza con Polonia y le cedieron Checoslovaquia; incitándolo de esta manera para que atacara Europa del Este, y dejar las manos libres en Europa occidental. ¡Cómo se han invertido las responsabilidades!

Y eso continúa con la negación de las víctimas: ¿quién recuerda en Occidente que la URSS perdió 23 millones de ciudadanos, China 20 millones y que las pérdidas británicas representan un 1,8% del total, las pérdidas francesas un 1,4% y las de Estados Unidos un 1,3%? Y esto se concluye en una valorización etnocéntrica y engañosa del desembarco en Normandía o “Día D”, que se presenta como un acontecimiento decisivo, mientras que en realidad Hitler ya había perdido la guerra en 1941, cuando fracasó en la toma de Moscú y se enredó en la trampa soviética, ¡lo que confirmó su derrota en Stalingrado en el invierno de 1942-43!


Pero ya no lo serán - Loam





Seguirán llamándola Tierra
pero ya no lo será.

Seguirán llamándoles océanos,
pero ya no lo serán.

Seguirán llamándoles ríos,
pero ya no lo serán.

Ya no será la lluvia ni las mareas
no serán las nubes.

Los llamarán campos,
pero ya no habrá campos...
solamente un campo
sin tierra, sin ríos, sin árboles, sin flores...
sin animales.

¿Se llamarán humanos?
¿Se llamarán?...



16 julio, 2018

El fin del Imperio – Chris Hedges




The End of Empire – Chris Hedges

traducción: Arrezafe

El imperio estadounidense está llegando a su fin. La economía de EE.UU. está siendo socavada por las guerras en el Medio Oriente y la gran expansión militar en todo el mundo, socavada por los crecientes déficits, los efectos devastadores de la desindustrialización y los acuerdos comerciales globales. Nuestra democracia ha sido secuestrada y destruida por las corporaciones que constantemente demandan más recortes de impuestos, más desregulación e impunidad judicial por los actos masivos de fraude financiero, al tiempo que saquean trillones del tesoro de los EE.UU. en forma de rescates. La nación ha perdido el poder y el respeto necesarios para exigir a sus aliados en Europa, América Latina, Asia y África que cumplan sus compromisos. Si a ello agregamos el creciente deterioro medioambiental causado por el cambio climático, obtendremos la fórmula para una distopía emergente. Supervisando este progresivo deterioro, tenemos en los niveles más altos de los gobiernos federal y estatal una colección heterogénea de imbéciles, estafadores, ladrones, oportunistas y generales belicistas. Y para ser claro, también me estoy refiriendo a los Demócratas.

El imperio seguirá renqueando, perdiendo influencia constantemente hasta que el dólar caiga como moneda de reserva mundial, sumiendo a los Estados Unidos en una paralizante depresión que forzará a una contracción masiva e instantánea de su máquinaria militar.

A falta de una revuelta popular repentina y generalizada, que no parece probable, la agónica espiral parece ya imparable, lo que significa que Estados Unidos, tal como lo conocemos, no existirá en una década o, como máximo, dos. El vacío global que dejamos atrás será ocupado por China, que ya se está estableciendo como un gigante económico y militar, o tal vez habrá un mundo multipolar dividido entre Rusia, China, India, Brasil, Turquía, Sudáfrica y algunos otros estados. O tal vez ese vacío se colme (como escribe el historiador Alfred W. McCoy en su libro En las sombras del siglo americano: ascenso y decadencia del poder global de Estados Unidos) por "una coalición de corporaciones transnacionales, fuerzas militares multilaterales, como la OTAN, y un liderazgo financiero internacional auto-seleccionado en Davos y Bilderberg” que "forjarán un nexo supranacional para reemplazar cualquier nación o imperio".

En todos los campos, del crecimiento financiero y la inversión en infraestructuras a la tecnología avanzada, incluyendo supercomputadoras, armamento espacial y guerra cibernética, los chinos nos están superando rápidamente. "En abril de 2015, el Departamento de Agricultura de EE. UU. sugirió que la economía estadounidense crecería casi un 50 por ciento en los próximos 15 años, mientras que China la triplicaría y estaría cerca de superar a Estados Unidos en 2030", señaló McCoy. China se convirtió en la segunda economía global en 2010, el mismo año en que pasó a ser la principal nación manufacturera del mundo, superando a los Estados Unidos que había dominado la manufactura mundial durante un siglo. El Departamento de Defensa emitió un sobrio informe titulado "Peligro propio: Evaluación de riesgos del Departamento de Defensa en un mundo post-primacía". Descubrió que el ejército de los EE. UU. "ya no disfruta de una posición inalcanzable frente a los competidores estatales" y que "ya no puede generar utomáticamente una superioridad militar local consistente y sostenida en ultramar". McCoy predice que el colapso llegará en 2030.

Los imperios en decadencia abrazan un suicidio casi voluntario. Cegados por su arrogancia e incapaces de enfrentar la realidad de su poder decreciente, se repliegan a un mundo de fantasía donde los hechos duros y desagradables ya no se inmiscuyen. Reemplazan la diplomacia, el multilateralismo y la política con amenazas unilaterales y el contundente instrumento de la guerra.


Este autoengaño colectivo indujo a los Estados Unidos a cometer el mayor error estratégico de su historia, un error que sonó como la sentencia de muerte del imperio: la invasión de Afganistán e Irak. Los arquitectos de la guerra en la Casa Blanca de George W. Bush y la variedad de idiotas útiles en la prensa y la academia, que eran sus cheerleaders [animadores], sabían muy poco sobre los países invadidos, eran increíblemente ingenuos sobre los efectos de la guerra industrial y fueron sorprendidos por el feroz retroceso. Afirmaron, y probablemente creyeron, que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva, aunque no tenían pruebas válidas para apoyar esta afirmación. Insistieron en que la democracia se implantaría en Bagdad y se extendería por Medio Oriente. Aseguraron al público que las tropas estadounidenses serían saludadas por agradecidos iraquíes y afganos como libertadores. Prometieron que los ingresos petroleros cubrirían el costo de la reconstrucción. Insistieron en que el golpe militar audaz y rápido, "conmoción y pavor", restauraría la hegemonía estadounidense en la región y el dominio en el mundo. Propició lo opuesto. Como señaló Zbigniew Brzezinski, esta "guerra de elección unilateral contra Iraq precipitó una deslegitimación generalizada de la política exterior de Estados Unidos".

Los historiadores del imperio llaman a estos fiascos militares, ejemplos de "micro-militarismo", una característica de todos los imperios tardíos. Los atenienses se involucraron en el micro-militarismo cuando durante la Guerra del Peloponeso (431-404 aC) invadieron Sicilia, sufriendo la pérdida de 200 barcos y miles de soldados, provocando revueltas en todo el imperio. Gran Bretaña lo hizo en 1956 cuando atacó a Egipto en una disputa por la nacionalización del Canal de Suez y luego tuvo que retirarse rápidamente, humillada, potenciando así una serie de líderes nacionalistas árabes, como el egipcio Gamal Abdel Nasser, y condenando el dominio británico sobre las pocas colonias restantes. Ninguno de estos imperios se recuperó.

"Mientras que los imperios en ascenso son a veces juiciosos, incluso racionales en su aplicación de la fuerza armada para la conquista y el control de los dominios de ultramar, los imperios decadentes tienden a exhibiciones de poder mal concebidas, soñando con audaces ataques militares que de alguna manera recuperarían el prestigio y el poder perdidos”, escribe McCoy. "A menudo irracionales, incluso desde el punto de vista imperial, estas operaciones micro-militares pueden producir graves hemorragias económicas o derrotas humillantes que tan solo aceleran el proceso que ya está en marcha".

Los imperios necesitan algo más que la fuerza para dominar a otras naciones, necesitan una mística. Esta mística –una máscara para el saqueo imperial, la represión y la explotación– seduce a algunas élites nativas, dispuestas a cumplir las órdenes del poder imperial o al menos a permanecer pasivas, y proporciona una pátina de urbanidad e incluso de nobleza con el fin de justificar ante los nativos los costos en sangre y dinero necesarios para mantener el imperio. El sistema parlamentario de gobierno que en apariencia reprodujo Gran Bretaña en sus colonias y la introducción de deportes británicos como el polo, el cricket y las carreras de caballos, junto con virreyes uniformados y la pompa de la realeza, se vieron reforzados por lo que los colonialistas consideraban la invencibilidad de su armada y su ejército. Inglaterra pudo mantener su imperio unido entre 1815 y 1914 antes de ser forzado a una retirada constante. La retórica de Estados Unidos sobre la democracia, la libertad y la igualdad, junto con el baloncesto, el béisbol y Hollywood, así como la propia deificación de los militares, cautivaron y intimidaron a gran parte del mundo a raíz de la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, tras la escena la CIA utilizó su bagaje de trucos sucios para orquestar golpes, amañar elecciones, llevar a cabo asesinatos, campañas de propaganda negra, difamación, soborno, chantaje, intimidación y tortura. Pero ya nada de esto funciona.

La pérdida de la mística es paralizante. Hace difícil encontrar sustitutos dóciles para administrar el imperio, como hemos visto en Iraq y Afganistán. Las fotografías de torturas, abuso físico y humillación sexual impuestas a los prisioneros árabes en Abu Ghraib inflamaron el mundo musulmán, alimentaron a Al Qaeda y más tarde al Estado Islámico con nuevos reclutas. El asesinato de Osama bin Laden y de otros líderes yihadistas, incluido el ciudadano estadounidense Anwar al-Awlaki, burló descaradamente el concepto de estado de derecho. Los cientos de miles de muertos y millones de refugiados que huyen de nuestras debacles en el Medio Oriente, junto con la amenaza casi constante de drones aéreos militarizados, nos muestran como terroristas estatales. En Oriente Medio hemos llevado a la práctica la inclinación de los militares estadounidenses por las atrocidades generalizadas, la violencia indiscriminada, las mentiras y los errores de cálculo, acciones que condujeron a nuestra derrota en Vietnam.


La brutalidad llevada a cabo en el exterior se combina con una creciente brutalidad en el propio país. Policías militarizados abaten mayormente a pobres de color desarmados y colman las cárceles de un sistema penitenciario que mantiene encarcelado a un disparatado 25 por ciento de los prisioneros del mundo, aunque los estadounidenses representan solo el 5 por ciento de la población mundial. Muchas de nuestras ciudades están en ruinas. Nuestro sistema de transporte público es un caos. Nuestro sistema educativo, en fuerte declive, está siendo privatizado. La adicción a los opiáceos, el suicidio, los tiroteos masivos e indiscriminados, la depresión y la obesidad mórbida, afectan a una población que ha caído en una aguda desesperación. La profunda desilusión y la rabia que condujeron a la elección de Donald Trump –una reacción al golpe de estado corporativo y debido a la pobreza que aflige al menos a la mitad del país– han destruido el mito de una democracia que funciona. Los tweets y la retórica presidencial celebran el odio, el racismo y la intolerancia y provocan a los débiles y vulnerables. En un discurso ante las Naciones Unidas, el presidente Trump amenazó con aniquilar a otra nación [RDPC] en un impúdico acto de genocidio. Somos objeto mundial de ridículo y odio. Lo que el futuro presagia se expresa en la masiva irrupción de películas distópicas, películas que ya no pretenden perpetuar las supuestamente excepcionales virtudes estadounidenses o el mito del progreso humano.

"La desaparición de los Estados Unidos como poder global preeminente podría llegar mucho antes de lo que nadie imagina", escribe McCoy. "A pesar del aura de omnipotencia que suelen proyectar los imperios, la mayoría son sorprendentemente frágiles, carecen incluso de la fuerza inherente de un modesto estado-nación. De hecho, un vistazo a su historia debería recordarnos que los más grandes son susceptibles al colapso por muy diversas causas, con las presiones fiscales como factor primordial. Durante la mayor parte de dos siglos, la seguridad y la prosperidad de del país ha sido el objetivo principal de la mayoría de los estados más estables, que prescindieron de aventuras foráneas o imperiales asignando a la defensa nacional no más del 5 por ciento del su presupuesto. Sin el financiamiento que surge casi orgánicamente en el seno de una nación soberana, los imperios son notorios depredadores en su búsqueda incesante de pillaje o lucro: lo atestigua la trata de esclavos en el Atlántico, la codicia belga en el Congo, el comercio de opio en la India británica, la destrucción perpetrada por el Tercer Reich en Europa o la explotación soviética de la Europa del Este".

Cuando los ingresos se reducen o colapsan, señala McCoy, "los imperios se vuelven frágiles".

"Tan delicada es su estructura de poder que, cuando las cosas empiezan a ir realmente mal, los imperios se precipitan regularmente con una velocidad terrible: solo un año para Portugal, dos años para la Unión Soviética, ocho años para Francia, once años para los otomanos, diecisiete para Gran Bretaña, y, con toda probabilidad, solo veintisiete años para Estados Unidos, contando desde el crucial año 2003 [año en el que Estados Unidos invadió Iraq]".

Muchos de los 69 imperios estimados que han existido a lo largo de la historia carecían de un liderazgo competente en su declive, habiendo cedido el poder a monstruosidades como los emperadores romanos Calígula y Nerón, en los Estados Unidos, las riendas de la autoridad pueden estar al alcance de los primeros en una lista de depravados demagogos.

"Para la mayoría de los estadounidenses, es probable que la década de 2020 se recuerde como una década desmoralizante de aumento de los precios, de salarios estancados y de una disminución de la competitividad internacional", escribe McCoy. La pérdida del dólar como moneda de reserva mundial hará que EE. UU. no pueda pagar sus enormes déficits vendiendo bonos del Tesoro, que se verán drásticamente devaluados. En ese momento, habrá un aumento masivo en el costo de las importaciones. El desempleo se desbordará. Los enfrentamientos internos –a los que McCoy irónicamente denomina "cuestiones insustanciales"– alimentarán un peligroso hipernacionalismo que podría transformarse [que se ha transformado ya] en un fascismo estadounidense.

Una élite desacreditada, sospechosa y paranoica en una era de decadencia, verá enemigos en todas partes. La gama de instrumentos creados para la dominación global, la vigilancia masiva, la restricción de las libertades civiles, las sofisticadas técnicas de tortura, la policía militarizada, el sistema penitenciario masivo, los miles de drones y satélites militarizados, serán empleados en la propia nación. El imperio colapsará y el país se consumirá a sí mismo y consumirá nuestras vidas si no arrebatamos el poder a quienes gobiernan el estado corporativo.

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El fin del Dólar americano y el colapso de U.S.A.





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