09 abril, 2020

No es país para tontos — Ramón Santana


Don Sabelotodo

VOCES DEL EXTREMO 09/04/2020

Hoy ha salido el sol, el del cielo digo. El otro, el importante, parece que está todavía luchando por intentar levantar la niebla. Y como todos los Miércoles Santos nos toca hablar de Judas Iscariote y de los test masivos.

Yo no tengo ni idea de si los infectados por el virus se cuentan por miles o por millones. No lo sé.
"Yo no sé de eso". Probad a decirlo, es fácil: "Yo de eso no sé". Si te quieres poner pijo hasta puedes decir: "Yo de eso no sé. Preguntad a los expertos". De verdad, tenéis que probar a decirlo, te quedas como nuevo.

Además, si todos vamos soltando la primera tontá que se nos ocurre, como que hay que quitar el IRPF a militares, policías y sanitarios o que los que mueren por coronavirus deberían estar exentos de pagar el impuesto de sucesiones, si todos empezamos a hablar sin filtro; entonces no van a hacer falta test masivos para detectar el virus; lo que van a faltar son millones de tests para detectar tontainas.

De verdad, si tienes alguna sospecha, aunque sea remota, de que eres estúpido, no opines y no te acerques a nadie. Ya sé que no es fácil. A todos nos gusta hablar y decir. Pero todas las precauciones son pocas, hay que tener en cuenta que la mayoría de casos son asintomáticos.

08 abril, 2020

Estado español. Pactos de la Moncloa: la gran estafa otra vez, no — Ángeles Maestro (Red Roja)


Resumen Latinoamericano  08/04/ 2020

Dice Rodolfo Walsh que las clases dominantes siempre han procurado que las trabajadoras y los trabajadores no tengamos historia, ni teoría, ni héroes, que se pierda la experiencia colectiva y que cada lucha deba empezar de nuevo. Cuando las principales organizaciones de las clases oprimidas se hacen cómplices de la amputación de la memoria, el desastre es mucho mayor.

*

Una vez más, cuando se oyen crujir los cimientos de la economía capitalista, sus representantes políticos invocan el conjuro de los Pactos de la Moncloa.

En una comparecencia reciente el presidente del Gobierno, aludiendo a la encrucijada «histórica» que vivimos, hacía esta afirmación: “Esa unidad a la que apelo se tiene que trasladar en una certeza: todos los partidos políticos vamos a trabajar en unos nuevos pactos de la Moncloa”.

Hace pocos días, el gurú de El País Joaquín Estefanía, dedicaba su columna de opinión al mismo tema, con el pomposo título de «El compromiso histórico español». Es curioso, porque este ex-director de El País, durante los años de la Transición era miembro de la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT), que proponía «echar abajo el Pacto de la Moncloa»(1). El mismo Estefanía escribió un importante libro titulado: «La Trilateral Internacional del capitalismo (el poder de la Trilateral en España)», publicado por Akal en 1979 y que se agotó en pocos días. En él analizaba con nombres y apellidos las ramificaciones de la Trilateral en los diferentes órganos de poder institucional y empresarial en el Estado español. Jesús Polanco, fundador del grupo PRISA le hizo una propuesta al joven Estefanía por la que vendió su alma: ser director de economía de El País a cambio de que no hubiera una segunda edición del libro. A veces, Roma sí paga a traidores. Jesús Polanco pasó a ser miembro de la Trilateral en abril de 1982 (2), muy probablemente como expresión del respaldo del capital internacional a la victoria del PSOE que se produciría pocos meses después.

El caso de Estefanía, como tantos otros –el más conocido es el de las tarjetas Black de Bankia– es representativo de la cara oculta de la Transición: el soborno de dirigentes políticos y sindicales de la izquierda.

El capital siempre llama al pacto social cuando las cosas no le van bien. Se olvida rápidamente de su liberalismo y apela a la solidaridad, al consenso y al Estado. No cabe duda de que la idea luminosa ha salido de las filas del Ibex 35. Los Pactos de la Moncloa fueron su mayor negocio –si no contamos el golpe fascista de 1936. En la Transición, la ventaja es que las ganancias llegaron sin coste político. Todo lo contrario. Como en todo gran pacto social, para el capital el beneficio es doble: consigue imponer sus objetivos y el enemigo de clase se autodestruye. Y el PSOE, representante privilegiado de la gran burguesía y hacedor de las agresiones más graves contra la clase trabajadora desde la Transición, se apresura ahora a cumplir su papel.

La estupidez más grande que podría cometer la clase obrera es creer lo que agitan profusamente los medios y, por supuesto, el Gobierno: que si VOX no quiere unos nuevos Pactos de la Moncloa, es porque serán buenos para las trabajadoras y trabajadores. Como ya escribí al analizar la sesión de investidura (3), el esperpento de la extrema derecha sirve como espantajo preventivo ante el cual cualquier otra opción se considera un mal menor

Recuperar la Memoria

Ante una situación extremadamente dura como la que se avecina, las trabajadoras y los trabajadores necesitamos recuperar la memoria y analizar objetivamente lo que realmente supusieron esos pactos y lo que ha sucedido desde entonces hasta ahora. Y, sobre todo, lo que implicó dejarse arrastrar por falsos llamamientos a la unidad que siempre suponen para nosotras retrocesos –ahora directamente hacia el abismo– y ganancias para ellos.

En los Pactos de la Moncloa hubo un elemento clave: el PCE, encabezado por su secretario general Santiago Carrillo. El resto fueron meras figuras decorativas hasta el punto de que Alianza Popular no los firmó y nadie se acuerda de ello; porque no importaba. El objetivo central era domesticar al potente movimiento obrero, combativo y organizado, que recorría el territorio del Estado español. Un movimiento obrero estructurado en torno a las Comisiones Obreras, o Comisiones Representativas, surgidas desde las mismas asambleas de fábrica o de tajo, y por lo tanto enraizadas, más allá de las cualificaciones o la ideología, en el conjunto de las trabajadoras y trabajadores y garantes de uno de los elementos claves de la lucha obrera: la unidad de clase.

La fuerza organizada de quienes crean la riqueza y hacen posible la vida había conseguido imponer mediante luchas durísimas, con los sindicatos ilegalizados y centenares de sindicalistas en la cárcel, la Ley de Relaciones Laborales más progresista que se ha conocido.

Y se hizo en plena crisis económica. Llamo la atención sobre esto porque cuando se promulga esta Ley, en abril de 1976, la situación era muy parecida a la que se vivía en el momento de la firma de los Pactos de la Moncloa dieciocho meses después; sin embargo, en su preámbulo se alude, a diferencia de los Pactos, no a la crisis sino a las “legítimas aspiraciones de los trabajadores”. La crisis, y los sacrificios de “todos” necesarios para superarla, es el mantra que se repite cuando de lo que se trata, como ahora, es de imponer nuevos recortes de derechos y de condiciones de vida.

La Ley de Relaciones Laborales de 1976 establecía (4), entre otras cosas, que la naturaleza del trabajo determinaba el tipo de contrato; es decir, todo contrato era indefinido, salvo unas pocas excepciones. Se prohibía y se sancionaba el prestamismo laboral y las empresas de trabajo temporal; se reducía la jornada laboral, se ampliaba el permiso de maternidad, etc. Pero sobre todo, se regulaba el despido improcedente de forma favorable a las trabajadoras y los trabajadores. El artículo 35 disponía lo siguiente: «Cuando en un procedimiento por despido, el Magistrado de Trabajo considere que no hay causa justa para el despido, en la sentencia que así lo declare condenará a la empresas a la readmisión del trabajador en las mismas condiciones que regían antes de producirse aquel, así como del importe del salario dejado de percibir desde que se produjo el despido hasta que la readmisión tenga lugar”. En el apartado 4 de este mismo artículo se prohibía que el despido fuera sustituido por indemnización económica salvo acuerdo voluntario de las partes (5). Este artículo era esencial, como bien se puede comprobar ahora, para luchar contra las «listas negras» y la represión sindical.

Esta Ley es clave para desmontar el argumento central de quienes firmaron los Pactos en representación de la clase obrera: que la correlación de fuerzas no permitió hacer otra cosa. En este sentido, es importante destacar que esto ocurría a contracorriente del resto de los países centrales del capitalismo, donde los amplios derechos laborales conquistados por la victoria contra el fascismo en la II Guerra Mundial –que fue sobre todo una guerra de clases– habían entrado en fase de demolición con la piqueta de las políticas neoliberales.

En el Estado español la correlación de fuerzas en la lucha de clases era otra. A pesar de los durísimos coletazos del final de la Dictadura –los fusilamientos del 27 de septiembre de 1975, el asesinato de cinco trabajadores y los cientos de personas heridas de bala el 3 de marzo de 1976 en Vitoria o la matanza de los abogados laboralistas de Atocha el 24 de enero de 1977– la combatividad y la organización del movimiento obrero eran grandes y crecientes. Además no se trataba sólo de reivindicaciones laborales. El movimiento estaba impregnado de contenidos políticos de ruptura con el Régimen que agonizaba y de exigencias de democracia y de control obrero en la empresa. La fuerza organizada de la clase obrera fue capaz de sobreponerse a los vientos neoliberales que empezaban a arrasar las políticas sociales en una CEE(6) con poderosas centrales sindicales y supuesto paraíso de los derechos sociales.

Año y medio después, los preceptos de esa Ley se convirtieron en agua de borrajas. No se produjo un cambio en la correlación de fuerzas, sino una monumental traición de clase.

Es curioso leer que el PCE defendía los Pactos argumentando que las medidas agresivas contra la clase obrera no iban a durar más de “año y medio”, el tiempo de acabar con la crisis, o que participar de ellos era la manera de evitar un golpe de Estado. Sucedió exactamente lo contrario. La crisis continuaría profundizándose y de hecho fue el gran pretexto para el nuevo ataque que vendría con la cínicamente llamada reconversión industrial, y el ruido de sables tomaría cuerpo el 23 de febrero de 1981. El saldo real, apabullante, fue que ante ambos acontecimientos la clase obrera era ya mucho más débil.

Lo más importante de los Pactos de la Moncloa no fueron sus medidas concretas contra la clase obrera: pérdida del poder adquisitivo de los salarios, facilitación del despido(7), etc, a cambio de una tímida reforma fiscal, muy por debajo de la existente en Europa occidental y que progresivamente, todos los gobiernos han ido cambiando a favor del capital. Mientras tanto, como sabemos, la evasión y el fraude fiscal adquiere proporciones gigantescas.

El cambio cualitativo que introdujeron los Pactos de la Moncloa y que los sitúan como piedra angular del retroceso imparable sufrido por los derechos laborales desde entonces hasta ahora, es de naturaleza ideológica. Esos acuerdos plasmaron con la firma de quienes tenían mayor influencia entre la clase obrera la preeminencia de la lógica del capital sobre cualquier otra consideración, y la aceptación del orden capitalista como algo natural y permanente. Se capitulaba ante el dogma central del capitalismo: para que a la clase obrera le vaya bien, lo prioritario es restaurar la tasa de ganancia del capital y, en aras de la competitividad, hay que liquidar los obstáculos que se le oponen: terminar con la negociación colectiva, reducir al máximo los costes laborales y «flexibilizar» tanto la contratación como el despido.

Bajo esa égida, y con un debilitamiento progresivo – organizativo, político e ideológico– contrarreforma tras contrarreforma, recorte tras recorte, hemos llegado al esperpento de la situación actual: con millones de personas trabajadoras en la miseria, más de un millón de jóvenes con alta cualificación en la emigración, los servicios públicos degradados y sometidos a la lógica del beneficio privado y condiciones de trabajo de semi-esclavitud.

El balance de estos cuarenta años en términos de clase es tan obvio que no merece la pena argumentarlo. Los enormes negocios de las privatizaciones de la banca pública y las empresas estratégicas de transporte, comunicaciones, energía, etc, son las grandes fortunas del Ibex 35; monopolios que a su vez, están en buena medida en manos de los grandes bancos.

La explotación y la miseria de millones de trabajadores y trabajadoras –12 millones en situación de extrema pobreza– se esconde bajo cifras indignantes. Mientras los beneficios empresariales de los grandes monopolios registraban crecimientos del 60% en los últimos años, el salario medio ha sufrido una pérdida de poder adquisitivo de 133 euros anuales.

Y en estas condiciones, ¿nos hablan de Pacto Social? ¿Qué más quieren robar?

No conviene engañarse. En las crisis, la inversión de capital se frena, e incluso hay una huida masiva de capitales como la que ya está sucediendo –tan patriotas ellos– porque no ven posibilidades de recuperar la tasa de ganancia. Y la inversión no vuelve hasta que no se ha producido un “saneamiento” –es decir la destrucción de empresas débiles, fundamentalmente la pequeña y mediana empresa– y condiciones más favorables de explotación de la mano de obra.

En definitiva, cuando tanto el Gobierno como el BCE ponen en poder de la banca y de las grandes empresas la capacidad de decisión sobre los fondos públicos, no sólo es que los vayan a emplear para rescatarse a sí mismos, sino que sus intereses son opuestos a la salvación de las decenas de miles de pequeñas y medianas empresas, de las que dependen millones de trabajadoras y trabajadores.

No insistiré aquí en la mezquindad de las ayudas directas del Gobierno, frente a las aplicadas por otros gobiernos, y su vergonzosa pasividad para intervenir empresas privadas, aun cuando la situación adquiere tintes dramáticos en la sanidad pública. Todo ello da idea de lo que se puede esperar de este Ejecutivo de coalición por sí mismo o, como podría ocurrir, si se acaba incorporando a la toma de decisiones alguna de las tres derechas.

No podemos seguir siendo presas del círculo vicioso que nos amarra desde la Transición: huir del PP para que gobierne el PSOE para, tras comprobar que practican las mismas políticas, hacer el mismo camino en sentido contrario.

Cuando la situación es tan dramática como la que vivimos –y la que asoma sabemos que será mucho peor– no podemos consentir que el caos y la barbarie sigan imperando.

Es intolerable que prevalezcan los mecanismos represivos en el confinamiento –con el esperpento de ver a diario a los representantes del ejército, la guardia civil y la policía informando de la evolución de la pandemia– mientras se mantiene la producción de bienes no esenciales a mayor gloria del capital, y condenando a una sobremortalidad evidente a los territorios donde se concentra esa clase obrera obligada a trabajar con riesgo de su vida (8).

No podemos consentir que permanezca impune el desmantelamiento de la sanidad pública, que está produciendo escandalosas carencias de atención y centenares de muertes perfectamente evitables. Porque ese deterioro, perfectamente planificado desde las Consejerías de Sanidad, tiene responsables concretos que han venido preconizando la superioridad de la sanidad privada, permitiendo la entrada masiva del capital privado –fondos buitres incluidos– en la gestión con fondos gubernamentales de la sanidad pública (9) y reduciendo y precarizando hasta extremos inconcebibles las condiciones de trabajo del personal.

Es una irresponsabilidad afrontar la hecatombe social y económica que se avecina permitiendo que la oligarquía financiera y monopolista siga imponiendo su ley de hambre, enfermedad y muerte.

Precisamente el desastre actual es el resultado de una izquierda débil y cobarde que, bajo el eufemismo del pacto social, ha venido aceptando la dictadura del capital, más salvaje cuanto más se debilitaba la clase obrera. Y aún siguen tratando de justificar su goteo incesante de concesiones con el argumento de una “correlación de fuerzas adversa” que, curiosamente, esta misma izquierda contribuye a alimentar paralizando movilizaciones y blanqueando mensajes combativos.

Es hora de enfrentar la situación desde claves diferentes. Desde posiciones que necesaria e imprescindiblemente tienen que enfrentar la lógica del capital.

No hay otra: o se salva al capital, o se salva al pueblo. La resolución de este dilema es una cuestión de poder. En ese sentido, lo que Red Roja propone no es un plan de choque de los muchos que se están proponiendo como peticiones o exigencias dirigidas al Gobierno, y que pueden muy bien compartirse, pero que no poseen, ni se plantean, el poder político para llevarlas a cabo.

El llamamiento de Red Roja plantea la necesidad de cambiar radicalmente el enfoque y construir un poder alternativo edificado sobre la hegemonía de la satisfacción de las necesidades sociales, que necesariamente tiene que romper con el orden existente, y que tenga al pueblo en el puesto de mando (10).






6 Comunidad Económica Europea

7 El empresario tenía libertad para despedir al 5% de la plantilla si la lucha obrera le obligaba a romper los topes salariales establecidos por los Pactos de la Moncloa.


9 En el año 1997 se promulgó la Ley de permitía la gestión por parte de empresas privadas de todo tipo hospitales, centros de salud, y centros socio-sanitarios «públicos». Eso sí, la financiación es siempre pública. Se aprobó en el Congreso de los Diputados con los votos de PP. PSOE, PNV, Coalición Canaria y Convergencia y Unió-. Un análisis de las consecuencias de la citada ley puede verse aqui. Maestro. A «Lay 15/97: el arte de confundirse con el paisaje. https://www.diagonalperiodico.net/cuerpo/ley-1597-arte-confundirse-con-paisaje.html



Casado, déjalo ya! — Juan Tortosa


Público 07/05/2020

Miro los gráficos y las estadísticas que desde hace casi un mes nos tienen sobrecogidos y extraigo, en líneas generales, una conclusión: se han estrellado todos los talentos, nunca tanta gente junta hizo tanto el ridículo a la vez en tan poco tiempo. Admitidlo de una vez, sobraos del mundo entero: no teníais/no teníamos ni puta idea de lo que se nos venía encima. Nadie. Así que anda, Casado, déjalo ya!


Boris Johnson, hospitalizado, puede que esté ahora en la UCI no por su patética actitud negacionista de los primeros días, sino por indigestión: se ha tenido que comer, sin masticar siquiera, una buena ración de sus propias palabras, su autosuficiencia se ha llevado por delante la vida de muchos de sus compatriotas y lo que te rondaré morena. Casado, déjalo ya!


Donald Trump, sin despeinarse, no se ha olvidado de la laca pero sí de la vergüenza a la hora de decir una cosa y la contraria sobre la pandemia en horas veinticuatro. De ridiculizar a quienes se preocupaban por la propagación del coronavirus, pasó a los pocos días a amenazar a quienes no tomaran medidas y a admitir que, si al final su país pierde en esta batalla "solo" un cuarto de millón de vidas, lo considerará una victoria. Casado, déjalo ya!


La tercera parte de la humanidad confinada, ciento setenta y muchos países infectados, y aquí en España la irredenta oposición anda todavía jugando con los muertos intentando desgastar a un gobierno que, para su desgracia, está metiendo la pata bastante menos de lo que ellos hubieran deseado. Les jode que el número de personas fallecidas no suba más, les jode que las medidas aplicadas estén empezando a surtir efecto, les jode que ni una tragedia de estas dimensiones desgaste al gobierno lo suficiente para tumbarlo. Y mira que le ponen afición (práctica en encanallar el ambiente tienen toda la del mundo) para conseguirlo. Casado, déjalo ya!

Trece mil muertos son muchos muertos, qué duda cabe. Pero como ocurre con todo en la vida, depende de con qué se compare. Y en el resto del mundo las cifras son cada día más espeluznantes y no paran de crecer. Mientras tanto, en nuestro país, los números empiezan a estabilizarse, los picos pasan y la curva parece que baja, toquemos madera. No hay mayor desgracia para los golpistas vocacionales que no lograr que Sánchez fracase, porque si el Gobierno de coalición sale de esta y consigue que empecemos a levantar cabeza antes que otros muchos lugares, y encima acabamos enseñándole el camino de lo que hay que hacer a países como Estados Unidos, Francia o Reino Unido, van a tener difícil tumbarlo como sueñan cada día como verdaderos desesperados. Casado, déjalo ya, no te alinees con los golpistas generadores de cuentas falsas y promotores de bulos infames.

Olvídate de esos socios desaforados que en esta crisis, y sé de lo que hablo, están llegando a avergonzar incluso a muchos de sus propios votantes. No cuela lo de llamar comunistas a quienes proponen las mismas medidas que sugieren hasta Luis de Guindos o Toni Roldán. No cuela demonizar la aprobación de un ingreso mínimo vital cuando es algo que gobiernos de la Unión Europea, Canadá, y hasta el mismísimo Trump han puesto sobre la mesa. Casado, déjalo, ya!

Como no lo deje ya, el líder del PP lo va a tener difícil sobre todo porque, una vez que levantemos un poco la cabeza, medidas sociales que este gobierno podría haber tardado algún tiempo en desarrollar, es muy posible que consiga sacarlas adelante bastante antes de lo que tenían previsto.

Los gráficos que publican a diario los expertos sobre la evolución de la pandemia en todo el mundo parecen señalar que, si la cosa continúa como hasta ahora, en nuestro país podríamos presumir de estar haciendo bien los deberes. Lo reconoce la Organización Mundial de la Salud, cuyo director regional para Europa, Hans Kluge, ha expresado su "optimismo prudente" como resultado de la actuación del Gobierno español con medidas del Ministerio de Sanidad que considera "audaces", con "enfoques innovadores" y "decisiones valientes".

Si yo fuera el líder de la oposición recompondría sin más pérdida de tiempo la manera de relacionarme con el Gobierno de coalición antes de hacer el ridículo y que toda la opinión pública mundial acabe sacándome los colores, como ya ha hecho el Financial Times. "España –ha dicho el rotativo– es el único país donde la oposición ataca en plena crisis al gobierno que intenta contener el coronavirus. Mientras las muertes crecen, la confrontación ha vuelto con ánimo de venganza". Casado, déjalo ya, anda!

07 abril, 2020

Por qué ocurren los hechos como ocurren y no de otra manera



"La ciencia es explicativa: intenta explicar los hechos en términos de leyes, y las leyes en términos de principios. Los científicos no se conforman con descripciones detalladas; además de inquirir cómo son las cosas, procuran responder al por qué: por qué ocurren los hechos como ocurren y no de otra manera".
[...]
"La historia de la ciencia enseña que las explicaciones científicas se corrigen o descartan sin cesar. ¿Significa esto que son todas falsas? En las ciencias fácticas, la verdad y el error no son del todo ajenos entre sí: hay verdades parciales y errores parciales; hay aproximaciones buenas y otras malas. La ciencia no obra como Penélope, sino que emplea la tela tejida ayer. Las explicaciones científicas no son finales pero son perfectibles.

El conocimiento científico es predictivo: Trasciende la masa de los hechos de experiencia, imaginando cómo puede haber sido el pasado y cómo podrá ser el futuro. La predicción es, en primer lugar, una manera eficaz de poner a prueba las hipótesis; pero también es la clave del control y aún de la modificación del curso de los acontecimientos. En contraste con la profecía, la predicción científica  se funda sobre leyes y sobre informaciones específicas fidedignas, relativas al estado de cosas actual o pasado".

Párrafos extraídos de La ciencia. Su método y su filosofía, de Mario Bunge

06 abril, 2020

El punto de vista de la totalidad





"No es la preponderancia de los motivos económicos en la explicación de la historia lo que distingue de manera decisiva al marxismo de la ciencia burguesa, sino el punto de vista de la totalidad”. “El punto de vista de la totalidad no determina solamente al objeto, también determina al sujeto del conocimiento. La ciencia burguesa –de manera consciente o inconsciente, ingenua o sublimada– considera siempre los fenómenos sociales desde el punto de vista del individuo. Y el punto de vista del individuo no puede llevar a ninguna totalidad; todo lo más puede llevar a aspectos de un dominio parcial, las más de las veces a algo solamente fragmentario: a ‘hechos’ sin vinculación recíproca o a leyes parciales abstractas". 

Georg Lukács

10 millones de estadounidenses se quedan en paro










EEUU aumentará los 718 mil millones solicitados por el Pentágono para 2020, a 776 mil millones de dólares para 2034.



05 abril, 2020

¡Sálvese quién pueda!



CTXT 03/04/2020

Permítanme que no deje hueco para el optimismo, menos aún pensando a largo plazo. Si la crisis esa del 2008 y todo el repertorio de subcrisis aparejadas configuraron un mercado laboral y social deprimente, no espero menos de lo que sembrará la pandemia. Tampoco quiero imaginarlo, creo que no acertaría ni estrujando a tope las hipérboles. Quizá trabajar de porteador en bici, con los derechos pisoteados y pagando todos los gastos asociados a cambio de una miseria hasta nos podría parecer el paraíso. De momento ya se empieza a hablar de fraudes aprovechando la coyuntura, hay empresas que aplican un ERTE a sus empleados para que cobren la prestación, pero sigan trabajando.

Coronavirus, diario de supervivencia. Una buena parte del mundo está mostrando su peor cara, aunque referencias de mezquindad en el pasado tampoco le faltaban. Sin embargo, para lo que algunos países están haciendo mientras enferman y mueren personas a chorro ya no quedan adjetivos de los chungos.

Francia y Turquía le mangan a España sus pedidos de material sanitario. En el segundo caso fue fabricado en suelo turco por encargo de una empresa española que había traído componentes para su fabricación desde China, Turquía decidió quedárse los respiradores, cuestión de prioridades.

Actualización 4 de abril 21:00. Al día siguiente, la ministra de asuntos exteriores anuncia que Turquía suelta los respiradores.

Y como entre ladrones no hay miramientos, EEUU le roba a Francia. Intermediarios estadounidenses recompran los pedidos de Francia a China, que ya estaban incluso pagados, con dinero en mano y a pie de pista a un precio hasta cuatro veces superior al acordado para quedarse con los envíos de respiradores, EPI y mascarillas. USA tampoco tiene reparos en hacerle el avión con los pedidos de suministros sanitarios a Italia, Alemania y hasta a sus vecinos de Canadá con los que no tiene miramientos.

La sanidad privada pide al Gobierno que financie el 75% de su facturación. La patronal reclama un paquete de medidas económico-financieras para la “inmediata” liquidez de los centros sanitarios, como la exención de las cuotas de la Seguridad Social durante el tiempo en que se prolongue el estado de alarma y la del pago de impuestos y retenciones del IRPF de los trabajadores en ese periodo. No pierdan de vista esta historia, no sería raro ver otro rescate asomando la zarpa en el horizonte a poco que nos relajemos.

Si nuestras cifras del paro le parecieron alarmantes, échele una visual a las de EEUU. Allí se han registrado 6.648.000 solicitudes de subsidio por desempleo en una semana, duplicando los 3.3 millones de la semana anterior.



03 abril, 2020

La Unión Europea asoló el sur de Europa con su austeridad, hoy recoge los cadáveres del austericidio — Luis Gonzalo Segura



RT 03/04/2020

El sistema económico mundial colapsó, hace una década, víctima de su propia voracidad, de la concentración salvaje del capital y la demolición del aparato estatal. Podría haber sido un punto de inflexión, la oportunidad de levantar un nuevo edificio de las ruinas de un sistema que ya provocó la mayoría de los desastres del siglo XX. Sin embargo, la Unión Europea, como el resto de Occidente, entregado al neoliberalismo, ese virus resiliente y letal como ningún otro que se haya conocido en la historia, prefirió apostar por la austeridad pública.

La crisis

La crisis que explosionó entre 2006 y 2008 fue provocada básicamente por la avaricia: se empezaron a vender los inmuebles lo más caro posible. La idea era obtener el mayor beneficio con la mayor rapidez y sin importar nada más. A ello contribuyó que los bancos quisieran, como siempre, sacar tajada del negocio. De la estafa piramidal, porque aquello era una especulación tan bárbara que solo puede ser calificada como estafa, aunque fuera legal. Los unos vendían y compraban muy por encima del que debería ser el precio real, muchas veces para vender por más y obtener jugosos y rápidos beneficios, y los otros daban créditos a personas que realmente no podían pagarlos. Ello hizo que la economía mejorara, los salarios aumentaran y el desempleo bajara. Todo funcionó hasta que reventó: era una ficción.

La espiral no solo fue responsabilidad de los actores privados, ya que los estados podrían haber intervenido y frenado la esquizofrenia inmobiliaria e hipotecaria, pero para entonces ya solo eran títeres, sin estructuras ni medios, en manos de los grandes capitales y empresas. En manos de los intereses privados. El castillo de naipes de desplomó víctima del pánico de los mismos avaros que lo levantaron.

Occidente no aprendió nada; la Unión Europea, tampoco. Las élites mundiales, incluidas las europeas, tan partidarias de la no intervención estatal, en lugar de dejar caer a los que habían errado, hicieron todo lo contrario. Lo hicieron porque, en teoría, dejarlos caer hubiera sido un drama. Mentira. El drama estaba cerca de acontecer.

El austericidio europeo

En Estados Unidos se rescataron a los bancos con 700.000 millones de euros. Fue el principio del fin. En España el rescate a los bancos se quedó en 60.000 millones de euros y en Italia 17.000 millones solo en 2019. Ello se debió a que Europa decidió rescatar a los bancos en lugar de a los ciudadanos. O mejor dicho, a costa de los ciudadanos. Y a quien se opuso le puso un revólver en la cabeza.

Grecia fue el primero en plantarse. Por momentos pareció que lo conseguiría, pero fracasó. Su movimiento era clave para el resto de países europeos, pendiente de si aquella pequeña rebelión surtía efecto, por lo que durante semanas el Viejo Continente contuvo el aliento. Lo contuvo entre amenazas propias de mafiosos, pues la Unión Europea puso sobre la mesa la opción de asfixiar a Grecia. Dejarlos morir, literalmente, de hambre. Conmigo o muertos. Los griegos doblaron las rodillas y suplicaron a su maltratador europeo que el castigo no fuera muy severo.

Perdieron un 20% la renta por habitante solo entre 2010 y 2015, aumentaron el desempleo hasta el 27%, la pobreza llegó a niveles insoportables y la deuda pública se disparó.

En Italia se aprobó un primer ajuste presupuestario de 79.000 millones de euros en 2011 y un segundo de 30.000 millones de euros en 2013. La deuda quedó pagada, pero Italia, literalmente, contempló la escasa belleza de la ruina moderna: 40% de desempleo juvenil, tasas de crecimiento escasas y auge de la ultraderecha. que ya cabalga en la Unión Europea con serias aspiraciones a tomar las riendas.

España recortó a nivel estatal en diferentes sectores 44.448 millones de euros solo entre 2009 y 2014, incluida la sanidad pública y tras diez años de recortes, España estaba invirtiendo en Sanidad el 5,9% de su PIB, mientras que en Europa se invertía el 7,5%, lo que provocó escasez de personal sanitario, como enfermeras (5,7 por cada mil habitantes, mientras que la media europea es de 8,5 y hay países, como Noruega, que tienen 17).

El Sur de Europa vivía una de las situaciones más ruinosas de las últimas décadas, pero los bancos franceses y alemanes cobraron, que era el objetivo de la Unión Europea, las bolsas volvieron a funcionar y la prima de riesgo desapareció de la escena.

Por estas medidas, entre 2010 y 2018 solo Alemania creció en la Unión Europea por encima del 2% –Irlanda y Luxemburgo, también, pero por ser paraísos fiscales-–, el resto de países quedó estancado en niveles de crecimiento inferiores al 2%. El parón de la economía no fue la única consecuencia del austericidio, pues los niveles de desigualdad y pobreza alcanzaron niveles que ya casi ni se recordaban.

En España había en 2019 2,2 millones de niños en riesgo de pobreza, uno de cada tres; en Italia había 1,2 millones de niños, uno de cada cuatro; y en Grecia más de medio millón, uno de cada tres. La mayoría de estas cifras se obtuvieron tras los recortes provocados por la crisis entre 2008 y 2014: Grecia pasó de 104.000 a 597.000 de niños en riesgo de pobreza y España aumentó su cifra en 800.000. No es casualidad que Grecia, Italia y España ocupen en la actualidad los puestos tercero, cuarto y sexto en el poco digno ranking europeo de pobreza infantil.

Los muertos

Hasta ahora, los que sufrían los recortes eran solo los pobres o los hijos de los pobres, ese Tercer Mundo que convive en el mismo vecindario que las élites. Los que esperan para recoger bolsas de comida en centros de caridad o acuden a comedores sociales mientras los más pudientes arrojan al cubo de la basura aquello que ya ni son capaces de comer.

Sin embargo, el virus lo cambió todo. El sistema ha sido tan esquilmado que no ha sido capaz de soportar ni siquiera un virus muy contagioso, pero escasamente letal, porque el problema real no es el virus, sino la falta de medios para controlar, soportar y curar. El problema que se vive en España o Italia, casualmente dos de los países más afectados por las medidas de austeridad, no es ni siquiera el número de muertos y enfermos, sino la incapacidad para controlarlo y el número de personas que enferman y fallecen a la vez (en España han muerto más de 10.000 personas, pero durante 2019 fallecieron más de 420.000). Muchas de ellas porque no tienen medios suficientes para ser tratados.

Se levantan hospitales de campaña y se contrata personal sanitario y se intenta desesperadamente comprar material sanitario o respiradores mientras millones de personas malviven sin ayudas.

Esta situación ha provocado que España e Italia amenacen, ahora sí, con incluso romper la baraja si la Unión Europea no cede en su pretensión de no mutualizar el daño económico causado. Postura a la que se ha sumado recientemente Portugal de forma explícita cuando su primer ministro, António Costa, calificó a Holanda como "repugnante" por afirmar que el problema de los países del Sur de Europa era que no estaban suficientemente preparados y no contaban con recursos. Algo por lo que, después, el primer ministro holandés se disculpó.

Pero lo cierto es que los niveles de desigualdad económica, pobreza e infraestructuras educativas y sanitarias son muy dispares, tanto entre los estados como dentro de los estados, lo que ha sido provocado en gran parte por las medidas austericidas que perjudicaron a los países de la Europa Meridional, recortaron su gasto público y social y ayudaron al desmantelamiento del aparato estatal en favor de concierto y privatizaciones. Desmantelamiento que comenzó durante los años noventa.

Ello ha provocado que los países europeos, especialmente los rescatados, los conocidos como PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) carezcan de recursos económicos y capacidad estatal para afrontar este virus, a diferencia, por ejemplo, de Alemania, con mejores niveles sanitarios y económicos para afrontar con mayores garantías la pandemia.

Así, mientras España no llega a 5.000 camas de cuidados intensivos antes de la crisis, Alemania con menos del doble de población contaba con seis veces más camas para cuidados intensivos (28.000); y mientras España solo hacía unas decenas de miles de pruebas de detección a la semana, Alemania realizaba un millón. Debido a ello, seguramente, la letalidad del virus en uno y otro país son casi antagónicas (España, 10%; Alemania, 1%), igual que la situación de su sistema sanitario: colapsado en España, pero en situación normal en Alemania.

La Unión Europea asoló el Sur de Europa con su austeridad, hoy recoge los cadáveres del austericidio.

01 abril, 2020

"El capitalismo se ha transformado en un sistema mundial de opresión colonial" (Lenin, 1916)



"La propiedad privada basada en el trabajo del pequeño propietario, la libre competencia, la democracia, todos esos eslóganes con que los capitalistas y su prensa engañan a los obreros y a los campesinos, pertenecen a un pasado distante. El capitalismo se ha transformado en un sistema mundial de opresión colonial y de estrangulamiento financiero de la aplastante mayoría de la población del planeta por un puñado de países "avanzados". Y ese "botín" es compartido entre dos o tres potencias mundiales saqueadoras armadas hasta los dientes (EEUU, Gran Bretaña, Japón), que arrastran al mundo entero a su guerra por el reparto de su botín".

Cita extraída de El imperialismo, fase superior del capitalismo, escrito por Lenin en la primera mitad de 1916.
El texto completo (pdf) puede descargarse en el siguiente enlace:


PROTECCIÓN