una muchedumbre de hombres que huyen
11 marzo, 2015
10 marzo, 2015
Transición española, la visión anarquista
Capi Vidal en Reflexiones desde Anarres
Aunque algunas voces, y de manera muy matizada, quieren ahora ser críticas en los medios generalistas con la llamada Transición española a la democracia, es necesaria una profundización mayor recordando la visión anarquista también en la memoria histórica. Sin perder la autocrítica, siempre necesaria, hay que recordar los factores de silenciamiento y criminalización que llevaron al declive del único movimiento que no quiso participar en el domesticamiento político y sindical.
Con la muerte del General Franco, el 20 de noviembre de 1975, comenzaba el periodo que se conoce como Transición en España. En un principio, se trataba del fin de una dictadura y del comienzo de una nueva época de (supuestas) libertad y alegría. Durante los últimos años del franquismo, la Universidad se había convertido en un importante campo para ejercer la oposición al régimen; además, la práctica de la libertad de los estudiantes los estaban acercando al anarquismo influidos en gran medida por lo ocurrido en París en Mayo del 68. En localidades de todo el país, en institutos y en universidades, se empezaron a crear grupos de afinidad anarquistas; en Madrid, incluso, el movimiento libertario germinaba en los diferentes puntos de la ciudad creándose toda una Federación Anarquista de Barrios. Así, de manera lenta, a partir de 1973 todos esos grupos libertarios se empezaron a coordinar para reconstruir las estructurales sindicales de la CNT en el momento que se confirmara el fin del régimen franquista, algo que parecía muy cercano; los jóvenes militantes estaban tomando contacto con los veteranos uniendo distintas generaciones para revitalizar el movimiento. Tras la muerte del dictador, se aceleró la reconstrucción de la Confederación Nacional del Trabajo; en diciembre de 1975, se celebró una asamblea en Madrid, con la asistencia de dos centenares de personas, donde se decidió reconstruir la organización y se nombró un provisional Comité Regional de Centro hasta que pudiera celebrarse un Pleno Nacional de Regionales. Los grupos de afinidad repartidos por el país, activos en mayor o en menor medida en los últimos años, se convirtieron de forma automática en Sindicatos de Ramo o de Oficios Varios.
El Pleno Nacional de Regionales de la CNT se celebró en Madrid en enero de 1976, considerando que el capitalismo español había entrado en una fase en la que sus contradicciones se habían agudizado; si la burguesía más inmovilista y tradicional no consideraba necesaria ninguna reforma, otra burguesía de carácter más "progresista" sí creía que ese cambio era imprescindible para homologar la democracia española con las existentes en el resto de los países occidentales. Por supuesto, la organización anarcosindicalista contemplaba que eso solo suponía una artimaña para seguir explotando a la clase trabajadora e implantar en el país una seudodemocracia; frente a ello, la CNT confiaba en un sindicalismo independiente de los partidos, con el concurso de los trabajadores y la práctica de la acción directa, en permanente confrontación con todo sistema de opresión y explotación en aras de la revolución social. En los tres meses siguientes a la muerte de Franco, el proceso de reconstrucción de la CNT, con sus sindicatos confederales y la coordinación de los diferentes núcleos locales, era ya incuestionable. En julio de 1976, con la celebración de un segundo Pleno Nacional de Regionales y la elección de un primer Comité Nacional regular, ese proceso de reconstrucción puede darse por concluido de forma exitosa.
Aunque algunas voces, y de manera muy matizada, quieren ahora ser críticas en los medios generalistas con la llamada Transición española a la democracia, es necesaria una profundización mayor recordando la visión anarquista también en la memoria histórica. Sin perder la autocrítica, siempre necesaria, hay que recordar los factores de silenciamiento y criminalización que llevaron al declive del único movimiento que no quiso participar en el domesticamiento político y sindical.
Con la muerte del General Franco, el 20 de noviembre de 1975, comenzaba el periodo que se conoce como Transición en España. En un principio, se trataba del fin de una dictadura y del comienzo de una nueva época de (supuestas) libertad y alegría. Durante los últimos años del franquismo, la Universidad se había convertido en un importante campo para ejercer la oposición al régimen; además, la práctica de la libertad de los estudiantes los estaban acercando al anarquismo influidos en gran medida por lo ocurrido en París en Mayo del 68. En localidades de todo el país, en institutos y en universidades, se empezaron a crear grupos de afinidad anarquistas; en Madrid, incluso, el movimiento libertario germinaba en los diferentes puntos de la ciudad creándose toda una Federación Anarquista de Barrios. Así, de manera lenta, a partir de 1973 todos esos grupos libertarios se empezaron a coordinar para reconstruir las estructurales sindicales de la CNT en el momento que se confirmara el fin del régimen franquista, algo que parecía muy cercano; los jóvenes militantes estaban tomando contacto con los veteranos uniendo distintas generaciones para revitalizar el movimiento. Tras la muerte del dictador, se aceleró la reconstrucción de la Confederación Nacional del Trabajo; en diciembre de 1975, se celebró una asamblea en Madrid, con la asistencia de dos centenares de personas, donde se decidió reconstruir la organización y se nombró un provisional Comité Regional de Centro hasta que pudiera celebrarse un Pleno Nacional de Regionales. Los grupos de afinidad repartidos por el país, activos en mayor o en menor medida en los últimos años, se convirtieron de forma automática en Sindicatos de Ramo o de Oficios Varios.
El Pleno Nacional de Regionales de la CNT se celebró en Madrid en enero de 1976, considerando que el capitalismo español había entrado en una fase en la que sus contradicciones se habían agudizado; si la burguesía más inmovilista y tradicional no consideraba necesaria ninguna reforma, otra burguesía de carácter más "progresista" sí creía que ese cambio era imprescindible para homologar la democracia española con las existentes en el resto de los países occidentales. Por supuesto, la organización anarcosindicalista contemplaba que eso solo suponía una artimaña para seguir explotando a la clase trabajadora e implantar en el país una seudodemocracia; frente a ello, la CNT confiaba en un sindicalismo independiente de los partidos, con el concurso de los trabajadores y la práctica de la acción directa, en permanente confrontación con todo sistema de opresión y explotación en aras de la revolución social. En los tres meses siguientes a la muerte de Franco, el proceso de reconstrucción de la CNT, con sus sindicatos confederales y la coordinación de los diferentes núcleos locales, era ya incuestionable. En julio de 1976, con la celebración de un segundo Pleno Nacional de Regionales y la elección de un primer Comité Nacional regular, ese proceso de reconstrucción puede darse por concluido de forma exitosa.
Una evidencia de la gran proyección social de la CNT, y del movimiento libertario en general durante la Transición, lo tuvo el mitin de la localidad madrileña de San Sebastián de los Reyes el 27 de marzo de 1977. Es un hecho que posteriormente la historia oficial, con su intento de idealizar este periodo, ha tratado constantemente de obviar. Aunque este es el primer mitin de gran calado que se produce tras la muerte del dictador, durante el año 1976 el anarcosindicalismo ya había dado muestras de fuerza en otros actos de menor envergadura. Hay que insistir en que el movimiento anarquista se esforzó por llevar a cabo otra transición que acabara de verdad con el franquismo en lucha radical contra el capitalismo y el poder político. Se baraja la cifra de unas 30.000 personas, lo cual sorprendió gratamente en el momento, que llenaron la plaza de toros de San Sebastián; un lleno completo, tanto de las gradas como del ruedo. Los oradores fueron representantes del Comité Nacional de la CNT y de algunas de sus regionales; el acto tuvo una gran repercusión mediática y se llegó a hablar de una reaparición del anarquismo en el país. Otros actos en julio de ese año, esta vez en la ciudad de Barcelona, como fueron el mitin de Montjuich y las Jornadas Libertarias Internacionales, con la participación de cientos de miles de personas, confirmaron que el movimiento libertario mostraba síntomas esperanzadores para llegar a tener una gran calado social; además de la masa de trabajadores, artistas de todo tipo, pensadores y numerosos intelectuales se identificaban con el anarquismo.No obstante, hay que señalar otro factor que condujo finalmente al debilitamiento del movimiento libertario. Para ser sinceros, hay que reconocer que el crecimiento orgánico de la CNT en la Transición se había producido en parte por una generosa política de "puertas abiertas". Se acogió a todo grupo e individualidad que se consideraba libertario y se identificaba con la antaño poderosa CNT; nadie quedó excluido, ni ninguna de la tendencias del exilio ni toda suerte de grupos heterogéneos, como cristianos o marxistas heterodoxos deseosos de apartarse de la penosa realidad de la Unión Soviética. Incluso, alguna tendencia nacionalista del País Vasco trató de llevar a su terreno la organización confederal, aunque afortunadamente la abandonarían pronto. Los viejos militantes anarcosindicalistas, junto a los jóvenes que verdaderamente comulgaban con el anarquismo, eran a pesar de todo una tendencia mayoritaria, por lo que los intentos para cambiar el rumbo de la CNT fueron imposibles. La Federación Anarquista Ibérica también se había reconstituido, lo cual ayudó a la clarificación ideológica, aunque también corrió el manido bulo del control autoritario de la CNT. El punto más polémico en el enfrentamiento entre los anarcosindicalistas y las otras tendencias estuvo en la estrategia laboral y sindical; la moción aprobada por la mayoría del V Congreso de la CNT (diciembre de 1979) estaba en consonancia con el sindicalismo revolucionario clásico: la acción directa y el rechazo de los Comités de Empresa y de la participación en las elecciones sindicales, así como de los liberados y de las subvenciones estatales. Esta confrontación fue el origen de la posterior y conocida escisión, pudiendo finalmente los partidarios del anarcosindicalismo conservar las históricas siglas de Confederación Nacional del Trabajo.
El declive del anarquismo a finales de la década de los 70, en pleno auge e irreductible ante todas la tácticas de apaciguamiento político y sindical, con los Pactos de la Moncloa y con el juego "democrático", estuvo producido en gran medida por toda la estrategia de silencio mediático y de criminalización por parte del Estado. Quizá no es atrevido decir que las escisiones, promovidas por personas que poco o nada tenían que ver con el anarquismo, también podían haber estado diseñadas de antemano. No por habitual, es menos apropiada la conocida frase de Lampedusa para definir la Transición española: "es necesario que todo cambie para que todo siga igual". El gran colofón a ese periodo fue la victoria del Partido Socialista en 1982, con el definitivo apaciguamiento de la clase obrera, la reconversión industrial y la entrada en el juego económico de las multinacionales. Para comprender el penoso estado actual de España, y para trabajar por un movimiento social autónomo, es muy importante recordar y profundizar en la historia.
Fuentes:
07 marzo, 2015
La estrategia estadounidense para controlar-dominar Rusia y China no funciona
EL IMPERIO DEL CAOS ESTÁ PERDIENDO EL PARTIDO
Pepe Escobar
Cada vez que Washington y sus expertos de la CIA han querido eliminar o dominar un país en función de sus intereses geopolíticos han recurrido a la vieja estrategia de «divide y vencerás». En Chile financiaron a Pinochet en los años 1970 contra un gobierno elegido democráticamente; en Nicaragua armaron a los Contras en los años 1980 contra la revolución sandinista. Hoy, con la complicidad de los dirigentes de la Unión Europea y perjudicando los intereses de las empresas y ciudadanos europeos, desatan una guerra comercial contra Moscú. En Ucrania fomentan la guerra civil entre el oeste y este y apoyan a los grupos neonazis para sembrar el caos a las puertas de Rusia. Pero, a pesar de todas estas maniobras de Washington, un bloque competidor sigue emergiendo.
Rusia y China se burlan del «divide y vencerás»
El Imperio Romano lo hizo. El Imperio Británico lo copió con estilo. El Imperio del Caos [Estados Unidos] siempre lo ha hecho. Todos lo hacen. Divide e impera, «Divide y vencerás» o divide y conquista. Es obsceno, brutal y efectivo. Pero no siempre resulta, porque los imperios se desmoronan.
Una habitación con vista al Panteón puede ser una celebración de Venus, pero también un vistazo a la obra de Marte. Había estado en Roma esencialmente para un simposio –Global WARning– organizado por un grupo muy comprometido, talentoso, dirigido por un ex miembro del Parlamento Europeo, Giuletto Chiesa (colega y miembro de la Red Voltaire). Tres días después, cuando se desató la corrida sobre el rublo, Chiesa fue arrestado y expulsado de Estonia como persona non grata, una ilustración gráfica más de la histeria antirrusa que se apodera de las naciones bálticas y del control orwelliano que la OTAN ejerce sobre los débiles lazos de Europa [1]. Simplemente no se permite el disenso.
En el simposio, celebrado en un antiguo refectorio dominicano del siglo XV con divinos frescos, que ahora es parte de la biblioteca del Parlamento italiano, Sergey Glazyev, por teléfono desde Moscú, presentó una lúgubre interpretación de la Guerra Fría 2.0. No existe un verdadero «gobierno» en Kiev; es el embajador de Estados Unidos quien gobierna. Una doctrina anti-Rusia se ha urdido en Washington para fomentar la guerra en Europa y los políticos europeos son sus colaboracionistas. Washington quiere una guerra en Europa porque está perdiendo la compertencia contra China.
Es lamentable tener que decir que la Unión Europea no defiende los intereses económicos de sus miembros. Pero más terrible y escandaloso es comprobar que, en cuestiones de geopolítica internacional, la Unión Europea obedece ciegamente las órdenes de Washington, como un perrito faldero. Esto demuestra la corrupción de las elites que reinan en Bruselas. Los políticos europeos —a excepción de unos pocos— se han vendido desde hace tiempo, trabajando para el Imperio y contra la voluntad e intereses de sus ciudadanos. El más representativo y belicoso de estos peones vendidos es el nuevo presidente de Ucrania, Petro Porochenko, que en este vídeo es calificado de traidor por un ciudadano de su propio país.
Glazyev mencionó la demencia de las sanciones: Rusia trata simultáneamente de reorganizar la política del Fondo Monetario Internacional, combatir la fuga de capitales y minimizar el efecto del cierre de líneas de crédito para muchos hombres de negocios. Sin embargo, el resultado final de las sanciones, dice, es que en Europa estarán los perdedores económicos en última instancia; la burocracia de Europa ha perdido el enfoque económico al hacerse cargo los geopolíticos estadounidenses.
Solo tres días antes de la corrida sobre el rublo pregunté a Mijail Leontiev, de Rosneft (Secretario-director de Prensa del Departamento de Información y Publicidad), sobre los crecientes rumores de que el gobierno ruso se prepara para aplicar controles de divisas. En esos días nadie sabía que el ataque al rublo sería tan rápido y concebido como un jaque mate para destruir la economía rusa. Después de unos expresos sublimes en la Tazza d’Oro, al lado del Panteón, Leontyev me dijo que los controles de divisas eran ciertamente una posibilidad. Pero no todavía.
Lo que subrayó es que se trata de una guerra financiera propiamente dicha en la que colabora una quinta columna en el establishment ruso. El único componente igual en esa guerra asimétrica son las fuerzas nucleares. Pero Rusia no se rendirá. Leontiev no definió a Europa como un sujeto histórico sino como un objeto: “El proyecto europeo es un proyecto estadounidense”. Y la “democracia” se ha convertido en una ficción.
La corrida sobre el rublo llegó y se fue como un devastador huracán económico. Sin embargo, no se amenaza con un jaque mate a un experto jugador de ajedrez a menos que tu poder de fuego sea mayor que el relámpago de Júpiter. Moscú sobrevivió. Gazprom hizo caso al pedido del presidente Vladimir Putin y venderá sus reservas de dólares estadounidenses en el mercado local. El ministro de Exteriores alemán Frank-Walter Steinmeier expresó oficialmente su oposición a que la Unión Europea aumente la presión con sanciones contraproducentes contra Moscú. Y en su conferencia de prensa anual, Putin destacó que Rusia soportaría con éxito la crisis. Sin embargo, yo me interesé especialmente por lo que no dijo [2].
Cuando Marte se hizo cargo, en una aceleración frenética de la historia, me retiré a mi habitación del Panteón tratando de sintonizar a Séneca; de eutimia –serenidad interior– a ese estado de imperturbabilidad que los estoicos definían como aponía. A pesar de todo, cuesta cultivar la eutimia cuando se desata la Guerra Fría 2.0.
Muéstrame tu misil imperturbable
Rusia podría siempre desplegar una opción económica “nuclear”, declarando una moratoria de su deuda externa. Entonces, si los bancos occidentales se apoderaban de los activos rusos, Moscú podría apoderarse de todas las inversiones occidentales en Rusia. En todo caso, el objetivo del Pentágono y la OTAN de un conflicto armado en el teatro europeo no tendría lugar. A menos que Washington fuera lo bastante insensato como para comenzarla.
A pesar de todo, esa sigue siendo una posibilidad seria, si el Imperio del Caos acusa a Rusia de violar el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF), incluso mientras el propio Washington se prepara para forzar Europa –en 2015– a aceptar el despliegue de misiles crucero nucleares estadounidenses.
Rusia podría ser más hábil que los mercados financieros occidentales al separarlos de su riqueza de petróleo y gas natural. Los mercados colapsarían inevitablemente, caos descontrolado para el Imperio del Caos (o “caos controlado”, según las propias palabras de Putin.) Imaginad el derrumbe de más de 1.000 billones de dólares de derivados. “Occidente” necesitaría años para reemplazar el petróleo y el gas natural ruso, pero la economía de la Unión Europea sería instantáneamente devastada.
Precisamente cuando este vertiginoso ataque occidental contra el rublo –y los precios del petróleo– utilizando el aplastante poder de firmas de Wall Street ya había estremecido a bancos europeos expuestos hasta la médula, sus permutas de cobertura por impago se dispararon. Imaginad a esos bancos colapsando en un estilo de castillo de naipes de Lehman Brothers si Rusia declarara el default, provocando así una reacción en cadena. Pensad en una Destrucción Mutuamente Asegurada (MAD), pero sin guerra. A pesar de todo, Rusia es autosuficiente en todos los tipos de energía, rica en minerales y agricultura. Europa no. Este podría ser el resultado letal de una guerra impuesta por las sanciones.
Esencialmente el Imperio del Caos va de farol y utiliza a Europa de peón. El Imperio del Caos es tan débil en ajedrez como en historia. Sobresale en el aumento de las apuestas para obligar a Rusia a ceder. Rusia no cederá.
La oscuridad aparece al comenzar el caos
Parafraseando a Bob Dylan en When I Paint My Masterpiece, abandoné Roma y aterricé en Pekín. Los "Marco Polo" de nuestros días viajan en Air China. En 10 años, lo harán en sentido inverso tomando el tren de alta velocidad de Shanghái a Berlín [3].
Desde una habitación en la Roma imperial a otra en un pacífico hutong, una reminiscencia lateral de la China imperial. En Roma, los bárbaros se apiñan dentro de las puertas, saqueando suavemente las migas de un patrimonio muy rico, y eso incluye a la mafia local. En Pekín, se mantiene a los bárbaros bajo estricta vigilancia; por supuesto esto contiene un elemento panóptico, esencial para asegurar la paz social interna. La dirigencia del Partido Comunista Chino –desde las reformas trascendentales del Pequeño Timonel Deng Xiaoping– perfectamente consciente de que su Mandato Celestial está directamente condicionado por la perfecta sintonización fina de nacionalismo y de lo que podríamos llamar “neoliberalismo con características chinas”.
En una línea diferente de los “suaves lechos de Oriente” que sedujeron a Marco Aurelio, los esplendores sedosos del Pekín moderno ofrecen una idea de una potencia emergente extremadamente segura de sí misma. Después de todo, Europa no es nada más que un catálogo de esclerosis múltiple y Japón atraviesa su sexta recesión en 20 años.
Para rematar, en 2014 el presidente Xi Jinping ha desplegado un frenesí diplomático/geoestratégico sin precedentes, vinculado en última instancia con el proyecto a largo plazo de seguir borrando de forma lenta, pero segura, la supremacía estadounidense en Asia y reorganizar el tablero global. Lo que Xi dijo en Shanghái en mayo encapsula el proyecto: “Es hora de que los asiáticos dirijan los asuntos de Asia”. En la reunión de APEC en noviembre, hizo un doble, promoviendo un “sueño de Asia-Pacífico”.
Mientras tanto, el frenesí es la norma. Aparte de dos inmensos acuerdos de 725.000 millones de dólares para el gas –el gasoducto Poder de Siberia y Altai– y una reciente ofensiva relacionada con la Nueva Ruta de la Seda en Europa Oriente [4], virtualmente nadie en Occidente recuerda que en septiembre el primer ministro chino Li Keiqiang firmó no menos de 38 acuerdos comerciales con los rusos, incluyendo un acuerdo de intercambio y un acuerdo fiscal, que implican una interacción económica total.
Se puede afirmar que el giro geopolítico hacia la integración Rusia-China es la mayor maniobra estratégica de los últimos 100 años. El máximo plan maestro de Xi no es ambiguo: una alianza comercial Rusia-China-Alemania. Los empresarios y los industriales alemanes lo desean ardientemente, aunque los políticos alemanes todavía no se dan cuenta. Xi –y Putin– están construyendo una nueva realidad económica en el campo eurasiático, llena de ramificaciones políticas, económicas y estratégicas cruciales.
Por cierto, será un camino extremadamente accidentado. Todavía no se ha filtrado a los medios corporativos occidentales, pero académicos de mente independiente en Europa (sí, existen, casi como una sociedad secreta) están crecientemente alarmados de que no exista un modelo alternativo al timo caótico, al entrópico timo duro del neoliberalismo/capitalismo de casino promovido por los Amos del Universo.
Incluso si la integración eurasiática prevalece con el paso del tiempo y Wall Street se convierte en una especie de bolsa de valores local, China y el mundo emergente multipolar todavía parecen estar trabados en el modelo neoliberal existente.
Y a pesar de todo, tal como Lao Tzu, ya octogenario, dio al joven Confucio una bofetada intelectual, a “Occidente” le haría falta que lo despierten. ¿Divide e impera? No funciona. Y probablemente fracasará miserablemente.
Tal como están las cosas, lo que sabemos es que 2015 será un año espeluznante en una miríada de aspectos. Porque de Europa a Asia, desde las ruinas del imperio romano al reemergente Reino del Medio [5], todos continuamos todavía bajo el signo de un temible, peligroso y desenfrenadamente irracional Imperio del Caos.
[1] Ver aquí: Arrestato a Tallinn il giornalista Giulietto Chiesa.
[2] Ver: “What Putin is not telling us”, Russia Today, 18 de diciembre de 2014.
[3] Leer: “Eurasian Integration vs. the Empire of Chaos”,TomDispatch, 16 de diciembre de 2014.
[4] Ver: “China set to make tracks for Europe”, China Daily, 18 de diciembre de 2014; y al artículo: “China’s Li cements new export corridor into Europe”, Channel News Asia, 16 de diciembre de 2014.
[5] El nombre oficial de China cambiaba a través de las dinastías. El más común era Zhōngguó (中國 en chino tradicional o 中国 en chino simplificado). Se traduce como "nación central" o (tradicionalmente) como "reino del medio". Fuente Wikipedia.
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04 marzo, 2015
Salmán bin Abdulaziz, alias El Decapitador & Cía.
Loam
Los mismos que se rasgan las vestiduras e inundan con sus protestas el aparato mediático cuando un alcalde golpista es detenido en Venezuela, miran para otro lado y callan como putos cuando, al más puro estilo del Estado Islámico, una mujer es brutalmente decapitada en plena calle, en Arabia Saudita.
Las autoridades saudís decapitaron este lunes a una mujer birmana en cumplimiento de la sentencia que fue dictada contra ella por haber presuntamente asesinado a su cuñada, una niña de siete años, según han informado medios saudís. Una grabación de la decapitación mujer, identificada como Laila Bint Abdul Muttalib Basim, ha sido difundida por internet.En el estremecedor documento, se escucha a la joven gritar "Yo no maté, yo no maté" mientras al menos cuatro policías la llevan a rastras hasta el medio de una calle donde un verdugo la esperaba para decapitarla. La joven lanzó un alarido ínstantes antes de que la espada del verdugo cayera sobre su cuello. Según los medios saudís, hicieron falta hasta tres golpes con el alfanje para cercenar el cuello de la mujer. http://www.elperiodico.com/es/
Ningún gobernante "demócrata" alzará indignado su voz, ni por esta, ni por otras atrocidades semejantes perpetradas por sus autocráticos socios, ni llamará con urgencia a consultas a su embajador, ni desatará una masiva campaña de airada protesta en los medios de comunicación. Bien al contrario, El Decapitador será recibido con grandes honores y exquisita amabilidad.
Pedro Morenés Eulate, ministro de defensa español, con El Decapitador
¿Y qué más da que el precio de la sangre se desplome hasta derramarse en la calle, si también baja, aunque no tanto, el del petróleo? Así decapitamos dos pájaros de un tajo ¿verdad?: nosotros nos enriquecemos, mientras los no sometidos y los reacios se empobrecen. Eso de los Derechos Humanos y demás monsergas está bien para florear nuestros discursos ante el aparato mediático o durante banquetes y fastos. O para reprochar la violación de los mismos a quienes no pertenecen a nuestro selecto club y se niegan a rendirnos pleitesía ¿no es cierto?
Leon Panetta, secretario de defensa americano, con el rey Salman bin Abd al-Aziz Al Saud... en el Pentágono.
Nosotros somos así ¿verdad, Panetta pentagonal?, hemos hecho de la más criminal hipocresía todo un arte. Sonríe, Panetta, sonríe. Ya hablaremos otro día de Gaza, o de Ucrania, tal vez cuando se acerquen las elecciones y el presidente quiera hacer gala de su Premio Nobel... de la Paz.
¡Vaya! Hablando de paz. Mira quién está aquí, Netanyahu en el Congreso de los Estados Unidos, proponiendo hacerla a bombazos e intentando convencer a sus socios de ello. Aplaudan, congresistas, aplaudan. Aún pueden acrecentar la deuda de su decadente país, bastará que roben al mundo y a sus electores un poco más y que sigan armando a Israel y al gobierno títere y fascista de Ucrania. Todo sea por la paz, por la democracia y por la libertad que con tanto ahínco su selecto club viene defendiendo con tan espléndidos resultados.
Descanse en paz Laila
___________________
02 marzo, 2015
Salvador Puig Antich a 41 años de su ejecución
José Luis Muñoz, 2 marzo 2014
Quizá a alguno le flaquee la memoria y ya no se acuerde, pero hoy, 40 [41] años atrás, en Barcelona, en uno de los tétricos habitáculos de la cárcel Modelo, Salvador Puig Antich, un joven libertario de apenas 26 años, militante del MIL (Movimiento Ibérico de Liberación), fue uno de los dos últimos ajusticiados —el otro fue Heinz Chez, el de La Torna deElsJoglars— por el salvaje método del garrote vil, del régimen franquista.
En aquellos tiempos terribles de falta de libertades, los consejos de guerra, las detenciones arbitrarias, las palizas en las comisarías por parte de los sicarios de la BIPS, los accidentes —como la defenestración del estudiante madrileño Enrique Ruano cuya muerte conciencia al joven Salvador Puig Antich de la necesidad de la lucha contra la dictadura—, o una Universidad en permanente estado de excepción, asediada por unas fuerzas de orden público al servicio exclusivo del dictador que la tomaban al asalto día sí y otro también, formaban parte del paisaje de una sociedad muda sumida en el terror. Conviene no olvidarlo.
El consejo de guerra que juzgó a Puig Antich, y lo condenó sin remisión, estuvo lleno de irregularidades de todo tipo: no admitió pruebas de balística e hizo buena una autopsia dudosa del policía muerto en la refriega que se originó durante la detención del anarquista en un portal (las balas que mataron al policía no salieron de la pistola del anarquista sino de alguno de sus compañeros que intervinieron en los actos). El dictador Franco —en muchas escuelas los alumnos no saben quién fue, y conviene que se sepa, como conviene que nadie olvide quiénes fueron Hitler y Mussolini; algunos políticos en las esferas del poder lo tratan con una inaudita indulgencia y lo consideran un mal menor— hizo oídos sordos al Papa, a Willy Brandt y al doctor Puigvert, su médico privado, que intercedieron por la vida del condenado a muerte sin resultado. A Puig Antich no lo mató una muerte accidental, sino la bomba de ETA que puso fin a la vida de Carrero Blanco; pagó con su vida por un magnicidio que no cometió, sufrió en sus carnes una muerte lenta e inhumana, y murió también, y que eso no se olvide, porque es responsabilidad de muchos, por la apatía de una izquierda que no hizo absolutamente nada por salvarlo porque no era de los suyos (el Partido Comunista de aquel entonces, el único que podía promover una movilización general, se cruzó literalmente de brazos), y ante la indiferencia de una sociedad catalana que el día que fue ajusticiado seguía bailando sardanas delante de la catedral de Barcelona, detalle que nunca se me olvidará y que está marcado a fuego en mi memoria cuando recuerdo esa mañana terrible.
Se quiere anular esa farsa judicial, se quiere restituir la dignidad a un luchador antifranquista asesinado en un proceso injusto y reivindicar su memoria. Salvador Puig Antich fue un ingenuo, un luchador por las libertades que vivió en unos tiempos convulsos de represión y violencia y creyó, equivocadamente, que con la lucha armada conseguiría debilitar a un régimen fascista y cercenador de libertades.
Estas cosas sucedían, no hace tanto, en este país que ahora es más o menos demócrata y parece no acordarse de que sufrió una dictadura durante cuarenta años. Alguien que se sentó en ese consejo de ministros que dio el enterado para que se ejecutara la pena de muerte de Salvador Puig Antich fue, precisamente, quien fundó el partido que nos gobierna, que nunca ha condenado el franquismo públicamente.
¡NO OLVIDAMOS!
01 marzo, 2015
24 febrero, 2015
1984. Nueva Caledonia. La comuna de Thio.
Daniel Guerrier
En 1774, James Cook descubre en el sur del océano Pacífico las
tierras que denominará New Caledonia. Desde 1840, se instalan los primeros
evangelizadores, los católicos en la gran isla, la «Gran Tierra», extendida
sobre 400 km, y los protestantes en las islas Loyauté (Maré, Tiga, Lifou y
Ouvéa), y se encuentran con las poblaciones «originarias» locales, los kanak
(palabra invariable en lengua polinesia, los «seres humanos», sin consideración
racial), melanesios originarios del sureste asiático, llegados a la Gran Tierra
y a las islas Loyauté cuatro mil años antes.
El descubrimiento de la riqueza mineral de la Gran Tierra dará
una considerable importancia a la colonización y suscitará, para desgracia de
los kanak, la codicia de todos: la Gran Tierra contiene el 25% de las reservas
mundiales de níquel.
Desde la toma de posesión de la Nueva Caledonia en nombre del
gobierno francés en 1853, los kanak se encuentran en situación de apartheid, en
un cuadro colonial. Relegados a las reservas, fueron sometidos al estatuto de
indígena desde 1887 a 1946, lo que quiere decir, sometidos a trabajos forzados,
a la prohibición de circular y al impuesto de capitación. Sólo hasta 1957, no
obtuvieron el derecho de voto como cualquier ciudadano francés. Hoy, con 86.000
individuos son minoría en su propio país.
Los kanak todavía son portadores de una verdadera civilización
comunitaria original organizada en torno de los «usos y costumbres», con dones
y contra-dones, sin clases y sin Estado («Una sociedad sin cárcel, sin asilo y
sin orfanato» decía uno de los actores del «despertar kanak» en los años 70, Nidoish Naisseline en 1969; «La civilización kanak: una suerte para el
socialismo» escribía Jimmy Ounei en 1982), donde las relaciones humanas y las
formas de producción en función de las necesidades de cada uno se unen a una
filosofía que excluye cualquier forma de dominación, de explotación y de
opresión. Los que tiene el estatuto de «jefe» no lo son en el sentido
occidental del término, y las funciones de depositario de la memoria oral y de
poseedor de la palabra de la comunidad, que es apercibida globalmente como una
persona, pero sin por ello negar al individuo, no le sitúan por encima de la
sociedad y de sus reglas. Por otra parte, los demás miembros de la tribu no son
sus súbditos sino sus «hermanos».
La colonización del pueblo kanak no se dio sin reacciones de las
poblaciones locales. Así, estallarán violentas revueltas, de las cuales algunas
desembocarán en verdaderas insurrecciones.
La insurrección de 1878 duró doce meses (junio de 1878-junio de
1879) con decenas de granjas atacadas y cerca de 200 colonos muertos, y fue
encabezada por el gran jefe Ataï que unificó a numerosas tribus contra la
presión territorial de los nuevos colonos y sus explotaciones ganaderas extensivas.
En cierta manera fue la primera manifestación «nacional» kanak. La «limpieza»
de la guerrilla duró seis meses, en los que se verá a la mayoría de los 4.250
deportados de la Comuna de París, llegados en 1872 al mismo tiempo que los
deportados kabils después de la gran revuelta de 1871 en Argelia, pedir armas a
sus guardianes para matar a los «caníbales». Sólo algunos, en torno a los
anarquistas Louise Michel y Charles Malato, serán solidarios de los
insurgentes, verdaderos primeros actores blancos de un sostén anticolonialista.
Cuenta la tradición oral kanak, que Louise Michel, en vísperas de la
insurrección, enrolada benévolamente en un trabajo pedagógico en las tribus,
llegó a dar su banda roja de la Comuna a unos emisarios de Ataï. El estado de guerra
duró casi 18 meses y la represión fue terrible, con cerca de 2.000 muertos
kanak, el asesinato de Ataï (cuya cabeza conservada como trofeo fue expuesta,
no hace mucho, antes de los «acontecimientos de 1984», en el Museo de las
colonias de París) por parte de kanak adheridos a los colonizadores y la
deportación de algunas tribus en las islas más alejadas de la Gran Tierra.
Miles de kanak saludarán en 1880, en los muelles de Nouméa, la salida de Louise
Michel «La Insumisa». Aún hoy, su memoria está presente entre la población
melanesia.
Harto de engaños, de trampas y de constantes moratorias por
parte de los gobiernos franceses, ya sean de derecha o de «izquierda», el
Frente de Liberación Kanak Socialista (FLNKS, que agrupa a todos los
componentes del movimiento kanak en lucha por su identidad, su supervivencia
cultural y la independencia de Kanaky) decide acabar con el juego político
institucional y propone un boicot activo en las elecciones territoriales del 18
de noviembre de 1984. El día de las votaciones, Eloi Machoro, secretario general de la
Unión caledoniense, dentro del Frente, rompe a golpes de hacha la urna
electoral en el ayuntamiento de Canala. Con esta imagen, que simboliza el rechazo
radical del juego político y de sus instituciones, la opinión pública de la
metrópoli descubrirá la lucha del pueblo kanak. El boicot activo tuvo un gran
éxito en Thio: menos del 25% de los 1.700 inscritos (de los que 541 eran
europeos) votaron, o sea sólo 10 kanak (y 6 de ellos participaron en las
barricadas). La ciudad minera de Thio, dividida en cuatro pueblos separados, es
el único municipio de la costa este administrado aún por un europeo, Roger Gaillot, propietario de tierras, patrón de una pequeña mina de níquel y
dirigente del Frente nacional local (extrema derecha), que sólo obtuvo 65
votos. El distrito de Thio representa aproximadamente 100.000 hectáreas y
comprende una población kanak de unas 2.000 personas repartidas en nueve tribus
en sólo 3.000 hectáreas (85.000 hectáreas pertenecen al Estado francés y 12.000
a los colonos).
El 20 de noviembre, siete barricadas levantadas en las
carreteras y un bloqueo marítimo dejaron aislada la comuna del resto de Nueva
Caledonia. En la ciudad, se prohíbe la circulación, los vehículos de la
Sociedad Le Nickel (SLN, entonces en situación de monopolio tanto por la
explotación como por la transformación del mineral) son requisados y sus
depósitos de carburante son ocupados. Los barcos de la sociedad pesquera
presidida por Roger Gaillot son tomados. Doscientos militantes FLNKS conducidos
por Eloi Machoro invaden la gendarmería (las cuatro familias de gendarmes son
secuestradas sin violencia alguna), el puerto es bloqueado y la actividad
económica, comprendida la minera, es paralizada, provocando grandes pérdidas
para la SLN. Hacia las cinco de la tarde, los kanak manifiestan su júbilo,
bandera kanak en alto y a los gritos de «Abajo el capitalismo», «El poder al
pueblo». Nouméa-la-Blanche, capital de Nueva Caledonia, todavía verdadera
sucursal colonial que contiene con sus comunas limítrofes el 70% de los 200.000
habitantes de Nueva Caledonia, y la Francia hexagonal descubren estas imágenes
por la televisión.
La mayor parte de la población kanak participa en el movimiento:
jóvenes, viejos, mujeres e incluso los niños tienen su lugar en las acciones.
Las autoridades tradicionales forman parte de la acción, por ejemplo, el
presidente del comité local del FLNKS resulta ser el jefe del clan que detenta
la propiedad de la tierra y la autoridad tradicional de Thio ha querido levantar
su propia barricada. Para los kanak, acostumbrados a la vida colectiva tribal y
a los grandes encuentros intertribales, no es ningún problema asegurar la
intendencia de varios centenares de personas.
Los militantes FLNKS emprenden una operación que tiene por
objetivo desarmar a los europeos que están fuertemente armados debido a su
afición a la caza y a su participación en las milicias antiindependentistas. Un
«comité de sabios» que cuenta con un europeo independentista entre sus filas
será encargado de establecer contactos con la comunidad europea asediada para
hacerle tomar conciencia de las consecuencias de un eventual enfrentamiento
violento. Son recuperadas decenas de armas, a veces entregadas por los mismos
europeos para evitar cualquier cambio imprevisto de la situación. Se organizan
patrullas y turnos para proteger las empresas y los almacenes (en los primeros
días hubo algunos saqueos, rápidamente controlados, que hicieron las delicias
de los críticos de la mercancía).
Eloi Machoro multiplica las reuniones informativas y de
discusión con los no kanak. Las poblaciones inmigradas de la Polinesia,
originarias de Wallis y de Futuna, que también boicotearon las elecciones a
pesar de las amenazas de muerte del equipo municipal de extrema derecha, se juntan
con «sus hermanos kanak» en las barricadas a partir del 24 de noviembre. Se
organiza la autodefensa de las tribus locales. De hecho ni un solo tiro será
disparado contra los europeos y todo el aparato productivo quedará incólume
durante toda la ocupación.
El 1 de diciembre, un congreso clandestino del FLNKS designa por
consenso, según la costumbre kanak, a su presidente Jean-Marie Tjibaou
«presidente del gobierno de Kanaky», y a Eloi Machoro «ministro de Seguridad».
El 2 de diciembre, Eloi Machoro con cerca de 400 hombres
decididos, armados con machetes, sables de desguace, mazas y algunas decenas de
fusiles, en alerta después de un primer pase de helicópteros, rodean a cuatro
helicópteros que acaban de aterrizar transportando unos 90 gendarmes móviles y
les obligan, sin ninguna posibilidad de resistir sin riesgo de un baño de
sangre por ambas partes, a marchar al paso, arma al portafusil («Para no
humillarlos demasiado» confiará Eloi Machoro a Vincent Kermel, coautor con
Claude Gabriel de Nouvelle-Calédonie, la révolte kanak, La Brêche, París,
1985), hasta Thio ciudad, donde una vez desarmados se juntan a los demás
gendarmes retenidos en su acuartelamiento. Cerca del puente de Thio, un quinto
helicóptero suelta sin aterrar a una quincena de hombres de negro, con
pasamontañas, del Grupo de intervención de la gendarmería nacional (los
«supergendarmes» del GIGN). Rápidamente son bloqueados por una sólida barricada
hecha de ganado y alambradas, teniendo en frente dos líneas de fuego
independentistas apoyadas por tiradores armados de fusiles con mirilla,
apostados en los pilones de uno y otro lado. El enfrentamiento armado durará el
tiempo que Eloi Machoro acabe con la neutralización y la puesta a buen
resguardo de sus 90 colegas y dé la orden, acompañando la palabra con el gesto,
al oficial que dirigía el comando del GIGN, impotente y humillado, de recular.
Ante la determinación y la organización de los kanak, el poder colonial se ve
con la obligación de negociar la liberación de todos sus hombres detenidos y su
lastimoso retorno a Nouméa se dará sin un solo disparo y después de la
restitución de todas las armas, municiones y con la movilización general de la
población kanak que asume todas las tareas tanto cotidianas como de
autodefensa.
Al mismo tiempo el conjunto del territorio se encuentra en
situación de «pre insurrección»: ocupación de ayuntamientos, de gendarmerías,
barricadas que continuamente se reconstruyen tras ser desmanteladas. En Nouméa,
los militantes aseguran la protección de los independentistas que están en
mayor peligro, sobre todo los europeos conocidos por su sostén a la lucha, de
los independentistas locales y de los barrios kanak. Se organiza el
abastecimiento de las tribus más aisladas. Del otro lado, escuadrones de
gendarmes móviles continúan afluyendo de la metrópoli, hasta 6.000 hombres, un
gendarme por cada 10 kanak (sin contar las fuerzas armadas propiamente dichas).
Se prohíbe cualquier manifestación, el ejército se enseñorea de la ciudad,
barcos de guerra abastecen el norte de la Gran Tierra.
El 2 de diciembre, un enfrentamiento en una barricada de otra
región acabará con la muerte de un ganadero blanco y Edgard Pisani parte hacia
Nueva Caledonia como emisario especial del gobierno francés con el mandato de
«asegurar el orden, mantener el diálogo y preparar las modalidades según las
cuales podrá ejercerse el derecho a la autodeterminación». Desembarca el 4 de
diciembre. Antes de cualquier negociación reclama el levantamiento de las
barricadas. Por su lado el FLNKS plantea sus condiciones: anulación de las
elecciones territoriales, organización de un referéndum de autodeterminación
reservado sólo a los kanak y a las «víctimas de la Historia » (no kanak nacidos
de padres ya nacidos en Nueva Caledonia, es decir, los «caldoches»,
descendientes de colonos o deportados), y liberación de los prisioneros
políticos. Efecftivamente, 17 prisioneros fueron liberados. Pero mientras el FLNKS retira las barricadas, el 5 de diciembre,
los «legalistas» del «clan de los mestizos» montan una emboscada sobre la carretera
de Tiendanite cerca de Hienghène, en el noreste de la Gran Tierra contra
militantes kanak: 10 son muertos y entre ellos dos hermanos de Jean Marie
Tjibaou, originario de esta región. Los autores del fusilamiento serán
absueltos por legítima defensa, se beneficiarán de compensaciones financieras y
serán festejados como héroes por los colonos en 1988.
Mientras la tensión aumenta por toda Nueva Caledonia y para
evitar una escalada de violencia en una relación de fuerzas muy desfavorable a
los kanak, incapaces de movilizar a más de un millar de hombres más o menos
armados, el 10 de diciembre, Jean-Marie Tjibaou hará retirar las barricadas. Este día, las barricadas que rodeaban Thio son retiradas dando
por acabada la Comuna de Thio, que quedará como la acción más significativa de
todos los «acontecimientos de 1984», tanto por su duración –tres semanas de
autogestión de un territorio significativo liberado que creó una verdadera de
la población kanak local –con la participación en las acciones de las mujeres
en torno a Marie-Françoise Machoro, hermana de Eloi, de los ancianos y de los
jóvenes– y por el nivel de organización de su autodefensa en torno al que
aparecerá en esta ocasión como un verdadero estratega capaz de saber manejarse
entre verdes y maduras, al límite de un eventual cambio brusco.
Finalmente, la ocupación de Thio se hizo sin violencia y Eloi
Machoro y los militantes FLNKS de la región mostraron su capacidad para
controlar la situación con una excepcional sangre fría, al tiempo que desplazaban
la lucha de Nouméa, centro de las instituciones coloniales, hacia el interior
(y en las islas) donde vive la mayoría de la población kanak. En pocas semanas,
las acciones directas llevadas a cabo por los kanak obligan al gobierno francés
a enterrar su proyecto de autonomía interno, verdadera trampa neocolonial, y
consiguen lo que en años de reforma territorial no se había obtenido. Cerca de
un millar de colonos aislados se refugian en Nouméa o en los centros europeos
de la costa Oeste. Largas colas se forman ante el consulado de Australia para
pedir los visados. Pero algunas semanas después, el 12 de enero de 1985, Eloi
Chamoro y uno de sus lugartenientes son abatidos por miembros del GIGN, que
encuentran así la ocasión de lavar la afrenta sufrida en Thio. Los próximos
años conocerán el lote de horrores y desgracias: 19 kanak muertos (de los
cuales 4 ejecutados después de su rendición) durante un asalto de las fuerzas
especiales del ejército francés como respuesta a una toma de gendarmes como
rehenes el 5 de mayo de 1988; un acuerdo de capitulación impuesto contra la
amenaza de una «verdadera guerra» a Jean-Marie Tjibaou y Yeiwéné Yeiwéné,
número dos del Frente, por un gobierno de «izquierda» y un Primer ministro
antiguo militante antinacionalista (durante la época de la guerra de Argelia)
en junio de 1988; el asesinato, un año después, de Jean-Marie Tjibaou y de Yeiwéné Yeiwéné por uno de los suyos, opuesto a tal acuerdo. Según la tadición
kanak la muerte de los signatarios del acuerdo lo sella sin posibilidad de
romperlo, lo que dejará al pueblo kanak en la picota, hasta el referendum de
autodeterminación previsto para el 2018, lo más tardar.
Desde hace algo más de dos siglos, los kanak están confrontados
al mundo occidental y, la mayoría de veces, a algunos de los peores aspectos de
este mundo: racismo, xenofobia, colonialismo, autoproclamada superioridad de
los blancos y de la civilización occidental, violencia de Estado…, aunque es
verdad que también han descubierto, a menudo defendiéndolo con su cuerpo, por
ejemplo durante las dos Guerras Mundiales, otros valores más brillantes de
nuestras sociedades. Dos siglos de sufrimiento, de intentos de aculturación, de
masacres, de asesinatos de todo tipo, y a veces también endógenos, supremo
estado del horror para felicidad de colonizadores y partidarios
del mantenimiento del statu quo instaurado en 1853.
Sin estos que impiden la máxima explotación de las riquezas
minerales locales, el archipiélago sería un nuevo Eldorado para mayor
provecho del capitalismo mundial. El pueblo kanak no sólo no se ha unido a la
larga lista de los pequeños pueblos originarios desaparecidos en todas las
latitudes, sino que, desde los años 1920, ha crecido en número y en valor, y su
civilización, sin ser intacta, aún vive.
A pesar del tornillo en el que se encuentra aprisionado entre el
hecho colonial, la razón de Estado (que ningún kanak hubiera imaginado tan fría
e inhumana) y el «talón de hierro» de las grandes multinacionales del níquel en
sus horas de globalización, el sólo hecho de que este pequeño pueblo, que tuvo
la desgracia de varar hace más de 4.000 años sobre un «Pedrusco» (sobrenombre
de la Gran Tierra) que vale tanto oro, todavía esté aquí, es ya en sí mismo una
victoria.
Para saber más:
Alban Bensa. Nouvelle-Calédonie, un paradis dans la tourmente. París: Découvertes Gallimard, 1990.
Jean-Marie Tjibeau. La présence kanak. París: Odile Jacob, 1996.
Françoise D’Eaubonne. Louise Michel la Canaque. París: Encre, 1985.
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22 febrero, 2015
Todo eso es el reino de la Mentira
"Lo que yo llamo la Fe consiste en hacer creer a la gente que la Realidad es todo lo que hay, en contra del descubrimiento que el sentido común ha hecho ya: que la Realidad no es todo lo que hay. Consiste en hacerle creer al niño, cuando se va haciendo muchacho o muchacha, que “las cosas son como son, hijo mío”; en hacer creer que cuando la Ciencia se vulgariza en los Medios, está diciendo la verdad acerca del mundo; en hacer creer que, efectivamente, nuestras vidas dependen de cualesquiera medidas económicas o políticas que se toman en España o en Europa, y que, por tanto, se están discutiendo todos los días ahí, en los palacios del Poder, cosas decisivas y trascendentales que van a afectar a nuestras vidas: todo eso es el reino de la Mentira. Y es contra ello contra lo que cualquier forma de hacer no o de decir no es tan importante". Agustín García Calvo
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19 febrero, 2015
1976. Euskal Herria. Vitoria: enero-marzo
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| MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA |
Carlos García V
El 3 de marzo de 1976, el ametrallamiento por parte de la Policía Armada y de la Guardia Civil de una multitud de trabajadores, obligados a abandonar su encierro en una iglesia vitoriana, bombardeada con bombas lacrimógenas, se salda con cinco muertos y más de cien heridos, y supone el principio del fin de una movilización de varios miles de trabajadores en lucha por una serie de reivindicaciones laborales.
La masacre de Vitoria culminaba, así, una huelga que se había iniciado dos meses antes y que en su desarrollo iría adquiriendo unas características que la convertirían en punto de referencia de la autonomía obrera en los años de la transición democrática. Desde finales de 1975, algunos trabajadores de diferentes fábricas se reunían clandestinamente en la montaña para elaborar una plataforma reivindicativa unitaria que recogía, entre otras reivindicaciones, aumentos lineales de 5.000/6.000 pesetas, jornada semanal de 40 horas, percepción del 100% del salario en caso de accidente o enfermedad y jubilación a los 60 años en algunas fábricas. La segunda semana de enero de 1976 se inicia la huelga en torno a esa plataforma unitaria que, por primera vez, englobaba a todos los trabajadores, independientemente del sector o rama en que trabajasen, lo que superaba la estrategia de división de clase propia de los convenios por rama que luego impondrían los sindicatos. Además, la huelga vitoriana se desmarca tanto del sistema de representación sindical vertical oficial, como de la representación que intentaban vehicular los sindicatos de la oposición antifranquista.
Se establece una dinámica de asambleas de fábrica que eligen comisiones representativas, cuyos representantes son permanentemente revocables y carecen de capacidad de decisión por sí mismos. Los representantes lo son en la medida que son elegidos por sus respectivas asambleas de fábrica y no por su condición de representantes de cualquier partido u organización de la oposición. La patronal rechaza la forma de representación impuesta por los trabajadores y se niega a negociar. Los trabajadores aguantan el pulso.
A medida que se desarrolla el conflicto, la plataforma reivindicativa inicial va dejando paso a un debate de carácter político, que cuestiona el papel del Estado, de la policía, etc., que reflexiona, en fin, sobre la condición obrera en la sociedad capitalista. Las asambleas generales de cada tarde son masivas (más de 5.000 personas) y sus decisiones vienen determinadas por las decisiones adoptadas previamente en cada asamblea de fábrica. Esa creciente politización del conflicto hace que el movimiento asambleario y de solidaridad se extienda entre la población, en los barrios, mediante diferentes grupos de apoyo y que nazca, asimismo, la Asamblea de Mujeres de Vitoria. El 3 de marzo es día de huelga general, la policía quiere impedir por todos los medios que se celebre la asamblea general y comienza las cargas contra los que acudían a la convocatoria. La policía, que había sido reforzada con tropas de otras provincias, no sólo emplea los medios habituales antidisturbios, sino que utiliza armas de fuego contra los trabajadores. El resultado, cinco muertos y un centenar de heridos. «Con el final trágico no hay ninguna negociación. Económicamente, las empresas conceden todo lo que habíamos pedido, pero sin negociar absolutamente nada… Readmitieron a todo el mundo», testimonia uno de los protagonistas de aquellas jornadas.
Sorprendente final de un conflicto en el que la patronal se había mostrado cerrilmente inflexible y que el Estado liquidaría con un desproporcionado alarde represivo. ¿O quizás se trataba precisamente de eso: dar una lección a un movimiento obrero que no atendía a las razones del pacto democrático que venían urdiendo franquistas y antifranquistas? Los meses en que tiene lugar la huelga de Vitoria se inscriben en el periodo de acelerada descomposición de la Dictadura que, sobre todo desde la muerte del dictador, en noviembre de 1975, se hacía perceptible en el propio aparato franquista, en la medida que una buena parte de los beneficiarios de la dictadura constataban la necesidad de instaurar un sistema democrático que diera satisfacción a las aspiraciones de la oposición política y contuviera la escalada de las movilizaciones sociales. Por otro lado, las transacciones más o menos en la sombra que llevaban a cabo franquistas reconvertidos a la democracia y representantes de la oposición política, se veían dificultadas por una creciente insubordinación social que se materializada en la proliferación de huelgas y movilizaciones en buena parte de los sectores de la sociedad, conflictos que evidenciaban una incapacidad real de control sobre el proceso de transición tanto por parte de los franquistas reconvertidos, como de la oposición política.
Con la perspectiva de los años transcurridos, se confirma la hipótesis de entonces; de manera que cabe concluir que la represión del movimiento obrero en Vitoria, como expresión masiva de la autonomización de la clase obrera contra la Dictadura, fue la lección necesaria para consolidar el pacto de transición. No hay que olvidar que la huelga de Vitoria comienza la segunda semana de enero de 1976, precisamente, unos días después de que un indulto, en Navidad de 1975, liberara a los sindicalistas de CC.OO. condenados tres años antes en el proceso 1.001 a largas penas de prisión. Por otro lado, la Junta y la Plataforma democráticas, formaciones que encabezaban el PCE y el PSOE, respectivamente, habían firmado en julio de 1975 su primer comunicado conjunto y en el mes de diciembre constituían el comité coordinador de ambas organizaciones que las llevaría a formar el 26 de marzo de 1976 una nueva entidad, Coordinación Democrática.
La huelga de Vitoria se produce, pues, en un contexto en el que desde la oposición antifranquista se llevan a cabo movimientos estratégicos y se aceleran las negociaciones para el pacto con los franquistas reformistas. Sin embargo, debido a la naturaleza autónoma del movimiento vitoriano, la oposición antifranquista no sólo no puede instrumentalizarla para sus intereses en la mesa de negociación, sino que pone de manifiesto su limitada capacidad de control sobre el movimiento obrero y popular. Además, a partir de marzo de 1976, los sindicatos CC.OO. y UGT, en una situación de oposición tolerada, reformulan su táctica de presión renunciando a la acción de la huelga general, cuyo final era incontrolable por los sindicatos, en favor de las denominadas jornadas de lucha; cambio táctico que culminaría con la convocatoria de una jornada de lucha por la Coordinadora de Organizaciones Sindicales, en noviembre de 1976. A su manera, los sindicatos dependientes del PCE y PSOE intentaban transmitir la lección de Vitoria al conjunto del movimiento obrero. Y no escatimaron insidias, injurias y falsedades. Así, el estalinismo tardío, hegemónico en la oposición política, que se expresaba por medio del semanario Triunfo, llegaba a afirmar en su edición del 13 de marzo, que la movilización de Vitoria había sido una provocación de la extrema derecha y –añadía– que el recurso a la violencia hacía el juego a la derecha, al tiempo que se pronunciaba por poner fin al «desgobierno» reinante. Nada nuevo, por lo demás, que la oposición democrática pusiera en práctica la confusión interesada de hechos y conceptos para desacreditar la autonomía obrera.
Había, por tanto, una convergencia táctica entre oposición y franquistas a la hora de reprimir Vitoria. Por eso no debe extrañar a nadie que los responsables políticos directos de la masacre de Vitoria, Manuel Fraga Iribarne, ministro de la Gobernación, Adolfo Suárez, secretario general de Movimiento, Adolfo Martín Villa, ministro de Relaciones Sindicales, gerifaltes de la Dictadura que continuaban al frente del aparato represivo en los primeros tiempos de la monarquía, y que continúan activos en la vida política y empresarial, aún en la actualidad, jamás fueran encausados por los asesinatos cometidos.
Vitoria significa, entre otras cosas, que la experiencia de la transición no puede ser encasillada en la fábula consensuada para legitimar el Pacto, pues hubo un movimiento obrero cuyas tendencias autónomas se desmarcaban de las formas y las tácticas de la oposición antifranquista y de sus sucursales sindicales. Un movimiento obrero que pugnaba por su autonomía dentro del proceso de autonomización y cuestionamiento general de los modelos imperantes (enseñanza, prisiones, familia/vida privada, modelo de consumo, etc.) que se daba al calor de la conflictividad social de entonces; no sólo del modelo fascista, en proceso de descomposición, sino también de las alternativas ofrecidas por el Pacto de franquistas y antifanquistas. A fin de cuentas, la ruptura política y social que apuntaba la movilización de Vitoria desbordaba los presupuestos continuistas contemplados en el pacto de transición que la retórica del momento calificaba de «ruptura pactada». En realidad, la autonomización obrera representaba una seria perturbación para los planes de adecuación política a las nuevas necesidades del capital: la plena inserción de España en el circuito capitalista europeo y mundial.
Por lo demás, Vitoria es un testimonio fundamental de la naturaleza de la democracia española, asentada sobre una derrota sangrante de la clase obrera, cuya responsabilidad directa recae sobre los herederos políticos e ideológicos de la Dictadura; los mismos que negociarían la peculiar transición a la democracia en España, en estrecha colaboración con las fuerzas políticas y sindicales, a cuya cabeza se encontraban el PCE y PSOE.
Por eso Vitoria 1976 es una referencia incómoda para los recuperadores y legitimadores de la transición y de la democracia. Porque lo acontecido en Vitoria durante los primeros meses de 1976 es irrecuperable para el sistema democrático; y lo es por la propia práctica de autoorganización de la clase trabajadora vitoriana –la más avanzada expresión de la autonomía obrera de aquellos años–, que fue derrotada por la fuerza de las armas. Y es particularmente irrecuperable, además, para una democracia que es continuadora de la dictadura franquista en algo más que en el mero orden cronológico.
Para saber más:
Todo el poder a la asamblea. Vitoria 3 de marzo de 1976. Bilbao: Likiniano Elkartea, 2001.
Mariano Guindal y Juan H. Jiménez. El libro negro de Vitoria. Contracensura.
Francisco Quintana (coord.). Asalto a la fábrica. Luchas autónomas y reestructuración capitalista 1960-1990. Barcelona: Alikornio, 2002
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18 febrero, 2015
¿Cómo comprender el presente?
Horacio Bernardo
Existe la creencia errónea de que comprender el presente es una tarea reservada a expertos o analistas. Sin embargo, cada individuo necesita formarse una idea de lo que se conoce como la actualidad para poder tomar decisiones adecuadas en su cotidianeidad. Desde este punto de vista, se hace relevante la pregunta sobre cómo es posible dicha comprensión. Para ello es necesario estudiar los modos en los que podemos caer en error y creer que nos hemos formado una idea adecuada del presente cuando, en realidad, no es así. Existen al menos tres falacias (razonamientos incorrectos que aparentan ser válidos) de falsa comprensión del presente que analizaré a continuación. Con distinto grado de sutileza, todas ellas terminan por dejar en estado de ignorancia a individuos que creen estar al tanto de una realidad que desconocen.
Falacia de la información – Esta es la modalidad más extendida, y consiste en creer que comprender el presente es equivalente a estar informado. Si bien es evidente que para formarse una idea de la actualidad no basta con la mera acumulación de noticias, el ideal de la sociedad informada crea la ilusión de que ambas acciones son equivalentes. Nuevos medios de comunicación, mensajes y hechos en tiempo real. El acceso a la información se convierte en símbolo de democracia, pluralidad e inclusión social. El resultado, sin embargo, es la generación de una cantidad de datos tan inabarcable que impide todo análisis o reflexión.
La falacia parte de la creencia de que la información puede ser una “foto” neutral de la realidad, y de que si los individuos contaran con todos los “fragmentos” de dicha foto podrían formarse una idea perfecta del conjunto. Siendo que la información no es neutral ni abarcable por persona alguna, esta falacia crea una necesidad permanente (e imposible) de actualización, una dependencia hacia los medios de comunicación y un sutil estado de ignorancia, escudado en la complejidad de una realidad imposible de conocer. Hace aparecer, asimismo, al periodista como presunto analista habilitado del presente, legitimado a su cercanía con la información, e independientemente de su meditación y reflexión real sobre la misma.
Falacia económico-política – Esta falacia consiste en creer que comprender el presente es equivalente a poder explicarlo en términos de causas políticas o económicas. Basta para ello ver el peso excesivo que se le da a los sucesos políticos o económicos en los medios de prensa o ámbitos de debate. Sin negar la importancia de dichas disciplinas, se produce una visión parcial del presente, subordinando todo otro aspecto. Así, temas como la educación o la salud pasan a formar parte de la actualidad sólo cuando hay una decisión política o cuestiones presupuestales en juego. Asimismo, cuestiones que no pueden ser abordadas desde estas perspectivas (afectividad, espiritualidad, temáticas existenciales) pasan a grado secundario, médico o banal, perdiendo toda posibilidad de integrar cualquier conjunto de hechos relevantes.
En nuestro país dicha falacia puede rastrearse a través de causas históricas. La política brinda la ilusión de explicación integral por constituir un pilar fundamental de nuestra nacionalidad. Tras la construcción artificial del Estado Uruguayo (Convención Preliminar de Paz, 1828) y de la Batalla de Carpintería (1836), buena parte del siglo XIX trasladó el nacionalismo al ámbito político, sustituyendo la identificación nacional por las divisas blanca y colorada. Adicionalmente, la fuerte influencia que el batllismo imprimió en la idiosincrasia del siglo XX, contribuyó a crear un imaginario en el que la política era constitutiva del ser-uruguayo. Por otra parte, la centralidad económica en nuestro país, se vincula a la idea de intelectualidad comprometida con el presente que proviene, al menos, desde la época de la generación de Marcha (1939-1974). Sin contar el detalle de que Carlos Quijano profesaba la economía, el socialismo crítico que marcó a la clase intelectual consideraba las instancias económicas como elemento particularmente central en relación al orden social. Este hecho, dejó signada la huella de que la explicación económica debía ser elemento fundamental de una comprensión “comprometida” de la realidad social, en la que la cotidianeidad del individuo quedaba implícitamente incluida.
Tras la dictadura, la cual desdibujó el mapa político e intelectual que sostenía aquella visión, la falacia económico-política elevó indebidamente a políticos, politólogos, economistas y cientistas sociales a la categoría de analistas comprometidos con el presente, agregando en el imaginario social la idea de que pensar la realidad insumía un conocimiento técnico o político casi inaccesible al ciudadano común.
Falacia científica – Vinculada a las dos falacias anteriores, la falacia científica consiste en creer que comprender el presente es equivalente a tener un conjunto de datos justificados científicamente. Basada en la creencia errónea de la objetividad de la ciencia, dicha falacia ha otorgado gran influencia a la estadística, las encuestas de opinión y los sondeos, los cuales son tomados como método por el cual la actualidad puede ser descubierta en tiempo real. Asimismo, estadísticos y analistas de datos pasan a ser especies de “dueños del presente”, adquiriendo incluso el poder de influir sobre la realidad que están describiendo (piénsese, por ejemplo, en los estudios de opinión pública o la enorme influencia de las estadísticas en los últimos procesos electorales nacionales o departamentales)
En definitiva, las tres falacias construyen lo que llamaré presente falaz, que opera minimizando la capacidad crítica de los ciudadanos a través de varias operaciones. Multiplica abrumadoramente la cantidad de presuntos analistas del presente, da apariencia técnica a los análisis, y excluye la reflexión sobre lo único que puede otorgar sentido a la inmensa cantidad de datos que son producidos sobre el presente: la propia vivencia individual y colectiva.
En ese sentido, el presente falaz puede así hablar acerca de todo, excepto de una cosa: el individuo, sus decisiones, preocupaciones y necesidades cotidianas.
Comprender el presente, por lo tanto, se hace imposible desde esta óptica por dejar afuera el para qué y el para quién del análisis. Una verdadera comprensión comienza por cuestionar la utilidad de todo lo que se habla sobre el presente, y por pensar la vivencia humana como punto de reflexión fundante sobre el que debería asentarse todo discurso sobre la actualidad.
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