06 abril, 2019

● 652 muertes ¿ETA, ISIS? No: terrorismo patronal ●


"Según las cifras oficiales (el CIS), en 2017 se produjeron 583.425 accidentes laborales, de los cuales 618 fueron mortales y de estos 134 in itínere. En 2018 fueron 602.316 los accidentes laborales producidos, de los cuales 652 fueron mortales, 146 in itínere. Sin poder contar con aquellos accidentes que no declaran las empresas, en apenas un año, el terrorismo patronal aumentó en casi 20.000 accidentes laborales, un 3% más, que costaron la vida a un 5% más de personas trabajadoras."

 El Otro – 05/04/2019

05 abril, 2019

El movimiento de los chalecos amarillos despierta miedo y agresividad en sus oponentes



Francia: ¡movilizarse contra la represión judicial de los chalecos amarillos!

Leer el original en francés, publicado el 11 de marzo en Révolution.
Traducción: Arrezafe

El movimiento de los chalecos amarillos despierta miedo y agresividad en sus oponentes. Además de la violenta represión (2.000 personas han resultado heridas, 18 tuertas y cinco han perdido manos), el gobierno ha respondido mediante una intensa de represión judicial sin precedentes.

Una declaración realizada el 22 de noviembre de 2018 por la ministra de Justicia, Nicole Belloubet, otorgó carta blanca al estado para realizar registros y arrestos a cualquier persona asociada a los chalecos amarillos o simplemente por semejanza con los mismos.

Represión

La magnitud de la represión judicial es asombrosa. Durante más de cuatro meses de movilización, el Ministerio del Interior informó que más de 8,000 personas fueron detenidas por asociación con el movimiento y 1800 condenadas. Por orden del Ministerio de Justicia se han producido arrestos masivos. El simple hecho de usar gafas protectoras o de tener una solución salina (que se puede utilizar para tratar los efectos de los gases lacrimógenos) es suficiente para que alguien sea detenido y quede bajo custodia. El Syndicat des Avocats de France (SAF) ha denunciado la ausencia casi sistemática de informes policiales adecuados. En su lugar, los gendarmes simplemente llenan una "hoja de calificaciones" (un tipo de cuestionario de opción múltiple que a menudo es ambiguo e incompleto) para procesar al acusado.

En París, el número de comparecencias inmediatas ante un tribunal se ha duplicado desde el comienzo del movimiento. El Tribunal Superior de París es como una factoría donde los juicios se emiten día y noche en cantidades infernales. Los motivos de las condenas a menudo son confusos y engañosos, como este, por ejemplo, de "participación en un grupo para la preparación de la violencia y la destrucción". Este "delito" surrealista permite que cualquier persona que se halle en la escena de una protesta pueda ser detenida y condenada sin que ni siquiera haya habido enfrentamiento con la policía.

Le Monde Diplomatique relató la historia de un trabajador bretón detenido en un aparcamiento, lejos de cualquier protesta, porque el maletero de su automóvil contenía equipo de protección (máscara y gafas) ¡fue condenado a seis meses de inhabilitación!

Por otra parte, la policía es libre de atacar y mutilar a los manifestantes con total impunidad. Considérese el caso de Didier Andrieux, el comisario que golpeó a varias personas pacíficas durante la octava semana de protestas en Toulon. No se ha enfrentado a ningún proceso judicial. Las llamadas "Investigaciones IGPN" contra la conducta indebida de la policía equivalen a nada.

Ejemplificantes sentencias contra los chalecos amarillos.

Las sentencias contra los chalecos amarillos son formidables. Además de las altas multas, se dictan penas de prisión. En 316 ocasiones, se han registrado orden directa de prisión incondicional.

Desde 1995 hasta 2018, se emitieron 33 sentencias prohibiendo manifestaciones. En los últimos cuatro meses, a varios cientos de chalecos amarillos se les ha prohibido manifestarse, y algunos que lo hicieron fueron privados de sus "derechos civiles", incluido el derecho al voto.

En televisión, periodistas y expertos piden acciones más enérgicas contra los "matones sediciosos" arrestados en las manifestaciones, pero en el informe de los acusados no vemos matones, sólo trabajadores precarios, campesinos, transportistas y estudiantes.

Las sentencias dictadas tienen una función política. La represión judicial tiene como objetivo intimidar a los opositores del gobierno y reducir las manifestaciones, cuyo derecho está, de facto, socavado.

Lo hemos dicho antes y lo repetimos: ante la brutalidad de la policía y la represión judicial contra el movimiento de los chalecos amarillos, la respuesta de los dirigentes sindicales no está del todo a la altura.

La dirección de la confederación sindical con más militantes, la CGT, se ha limitado a vagas protestas. Pero no ha tomado medidas serias, por no hablar de una huelga general de 24 horas, lo que sería un buen comienzo. La debilidad invita a la agresión. Si ve que la represión ejercida contra los chalecos amarillos no provoca ninguna reacción de los sindicatos, el gobierno irá más allá. A través de los chalecos amarillos, toda la clase trabajadora es el objetivo.

¡Abajo la represión judicial contra los chalecos amarillos!
¡Por una huelga general de 24 horas!

¡ON LÂCHE RIEN! ¡NO NOS RENDIMOS!

04 abril, 2019

DES MÈRES SOLIDAIRES CONTRE LA RÉPRESSION D'ÉTAT




Geneviève Bernanos, co-fondatrice avec Agnès Méric du collectif des Mères solidaires, qui vient en aide aux victimes de répression policière et judiciaire.
La mère d'Angel et Antonin, mis en cause dans l'affaire de la voiture de police brûlée du Quai de Valmy en 2016, revient sur la lutte de ses fils contre le fascisme, la justice à deux vitesses et la prison.




03 abril, 2019

“La verdadera violencia está aquí, en este sistema extraordinariamente injusto e insostenible”






Retroceso de los DDHH en Francia: La república en marcha vuelve hacia atrás - Rémy Herrera

La Haine - 07/03/2019

Artículo escrito por el autor en enero de 2019 que sirvió de base para un informe sobre las violaciones de DDHH en Francia presentado por Centre Europe - Tiers Monde de Ginebra (CETIM, organización no gubernamental reconocida como entidad consultiva general) al Consejo de DDHH de las Naciones Unidas para su cuadragésimo período de sesiones del 25 de febrero al 22 de marzo de 2019. Punto 4 " Situaciones de DDHH que requieren la atención del Consejo".

Francia se encuentra en una zona de fuertes turbulencias desde hace varios meses. La virulencia de los conflictos sociales ha sido durante mucho tiempo una característica importante que viene marcando la vida política de este país, así como un dato histórico de una nación que se cimentó, fundamentalmente después de 1789, sobre la base de una revolución de alcance universal, cuyas huellas –junto con las conquistas sociales de 1936, 1945 o las de 1968 –, siguen presentes en la memoria colectiva y en las instituciones, independientemente de los intentos de borrarlas.

Sin embargo, pronto se cumplirán 40 años desde que Francia, así como otros países del Norte, sin excepción, quedó atrapada bajo el yugo letal de las políticas neoliberales demoledoras. Éstas solo se pueden interpretar como una violencia social extraordinaria contra el mundo del trabajo. Sus efectos destructivos (para las personas y la sociedad, pero también para el medio ambiente) se propagan gracias a la complicidad del estado con los poderosos del momento. La situación empeora aún más por la enajenación de la soberanía nacional y el sometimiento a la Unión Europea, rechazada por los ciudadanos franceses en el referéndum de 2005 y que se les impone mediante una denegación de la democracia.

Esta es una violencia adicional infligida a todo un pueblo. En esta perspectiva singular, y en el contexto general de una crisis sistémica del capitalismo globalizado, se explican las oleadas de levantamientos populares que se han amplificado en las últimas décadas: huelgas en 1995, disturbios suburbanos en 2005 -07, manifestaciones en las décadas 2000 y 2010... Actualmente, el sentimiento de malestar y descontento es generalizado. Iniciado a finales de octubre de 2018, el movimiento de los llamados "chalecos amarillos" representa otro levantamiento, pero se enfrenta al peor recrudecimiento de la violencia policial desde la guerra de Argelia. Ante los distintos llamamientos a la justicia social, las autoridades han optado por responder con más represión, hasta el punto de retroceder de forma extremadamente preocupante en los DDHH.

El estado de excepción, punto de partida de una escalada represiva

Resulta fácil identificar el momento en el que se inició esta escalada represiva: empezó con el estado de excepción, decretado en el territorio metropolitano el 14 de noviembre de 2015 (tras los ataques terroristas que azotaron el país el día anterior), y extendiéndose el 18 de noviembre a los departamentos de ultramar. Ciertamente no se trata aquí de minimizar las amenazas terroristas del Islam político extremista, desde Al Qaeda hasta el Daesh, pero hay que entender que la política de seguridad adoptada desde 2015 ha sido, de manera simultánea, una oportunidad para obligar al pueblo francés a aceptar restricciones importantes en sus derechos civiles y políticos, sobrepasando la reacción necesaria a los riesgos terroristas.

Después de renovarse cinco veces seguidas, el estado de excepción se levantó el 1 de noviembre de 2017, pero la mayoría de sus disposiciones excepcionales han adquirido ahora fuerza de ley: los registros y arrestos preventivos, los perímetros de protección, los arrestos domiciliarios individuales, los controles fronterizos, etc., ahora están autorizados en el marco de «la ley para reforzar la seguridad interior y la lucha contra el terrorismo» del 30 de octubre de 2017. Desde entonces, en Francia, existe un desvío inquietante de este imponente arsenal legal de excepción, cuyo efecto es el de reducir las libertades públicas, especialmente la libertad de expresión, de reunión o el derecho a manifestarse pacíficamente, así como los derechos sindicales e incluso el derecho a la integridad física, todos en grave peligro.

Aquellas y aquellos que han participado recientemente en manifestaciones en Francia, han sido testigos, sin duda, de lo que las organizaciones de DDHH francesas e internacionales vienen denunciando en los últimos meses: muchas de las intervenciones de las fuerzas del orden son desproporcionadas y excesivamente violentas, recurriendo a veces incluso a armas de guerra. De esta forma, el uso de gas lacrimógeno y cañones de agua de alta presión contra manifestantes pacíficos se ha vuelto sistemático; también es muy frecuente disparar pelotas de goma a la altura del pecho así como el uso de otras armas de "letalidad reducida", granadas aturdidoras, la práctica del "encapsulamiento" para evitar unirse a otros manifestantes, arrestos aleatorios y arbitrarios, intimidaciones verbales, provocaciones gratuitas, e incluso agresiones físicas.

En las calles de la capital se han desplegado vehículos blindados, policías a caballo, equipos de perros policías... Muchas veces, se infligen tratos degradantes a los manifestantes, incluidos los menores. También es frecuente que las personas reciban palizas o se las encierre sin haber cometido ningún delito. Los "médicos de la calle", por su parte, voluntarios que siguen las procesiones y ayudan a los heridos, ven cómo se les confisca su material médico... todo lo cual conmociona a los franceses. Esto último es lo que se busca precisamente para poner fin a su revuelta. Dicha violencia policial es absolutamente inaceptable y vulnera las normas internacionales actuales de DDHH.

Primera etapa: la represión de los movimientos sociales y de los sindicatos

Desde la elección a la presidencia de la República de Emmanuel Macron, ex accionista gerente del banco de negocios Rothschild, ministro de Economía del presidente François Hollande y autor de leyes epónimas que imponen la flexibilización del mercado laboral, el mundo sindical se ha vuelto a movilizar.

Las manifestaciones y las huelgas se han multiplicado, especialmente en los sectores del transporte público (SNCF, Air France...), energía (gas y electricidad), automotriz (Peugeot, Renault), telecomunicaciones (Orange), la gran distribución (Carrefour), servicios de salud (hospitales públicos, residencias de ancianos, seguridad social), educación (escuelas secundarias, universidades), cultura (museos), justicia (abogados, magistrados), recogida de basuras, e incluso auditorías financieras y de cuentas.

Estos diversos movimientos sociales, muy seguidos, ocurrieron a lo largo de la primavera de 2018. La reacción del poder fue intensificar la represión, lo que afectó dramáticamente a los estudiantes (evacuación de los campus), los activistas ambientales que ocupaban las “Zonas a defender” (ZAD por sus siglas en francés) y, en especial, los manifestantes en contra de las leyes de flexibilización del mercado laboral.

Esta espiral represiva ya había afectado a los sindicatos durante varios años, vulnerando la legislación laboral. De hecho, los obstáculos a las actividades sindicales se multiplicaron: discriminación salarial contra sindicalistas, despidos injustificados de los huelguistas, presiones ejercidas mediante amenazas o sanciones disciplinarias, restricciones de los derechos sindicales o el derecho de huelga, e incluso la criminalización de la acción sindical (como en Goodyear, Continental o Air France). Además, las recientes reformas gubernamentales de la ley laboral penalizan aún más los movimientos sociales: menores plazos para apelar a los tribunales laborales y establecimiento de un límite máximo a las indemnizaciones en caso de despido injusto; fusión de las instancias representativas de los trabajadores y limitación de sus medios; mecanismos de terminaciones de contratos colectivos pactados, sin tener en cuenta las medidas de protección laboral o facilitando las salidas de trabajadores mayores; inversión de la jerarquía de normas que coloca el acuerdo de la empresa por encima de los convenios colectivos y la ley; establecimiento del llamado perímetro nacional para los despidos por razones económicas, facilitando el despido de empleados de las filiales francesas (mientras que la empresa matriz obtiene beneficios a escala global).

Segunda etapa: la represión de los «chalecos amarillos»

El presidente Macron optó por "mantener el rumbo". A expensas del sufrimiento y las expectativas de los trabajadores, su gobierno exacerba las políticas neoliberales y profundiza cada vez más en la violencia social y la represión policial. El resultado es una pesadilla, indigno de un país que dice ser democrático y tolerante. Desde el inicio de la movilización de los chalecos amarillos, se produjeron 11 muertes accidentales, más de 2.000 personas resultaron heridas, de las cuales al menos un centenar con pronóstico muy grave. Los médicos describían los traumatismos como "heridas de guerra" (voladuras de mano, pérdidas de ojos, desfiguraciones, fracturas múltiples y diversas mutilaciones...), debido en particular a los disparos con pelotas de goma o tiros de granadas, a menudo dirigidas a manifestantes pacíficos. A día de hoy, muchas personas siguen en coma.

Los adolescentes, por su parte, sufren un trauma psicológico después de haber sido tratados como terroristas por la policía, forzándolos a arrodillarse con las cabezas agachadas, las manos en la nuca y apilados en furgones y celdas.

¿Hacia dónde se dirige este poder que pisotea a su pueblo y desata contra él tamaña violencia? El 1 de diciembre, por ejemplo, se lanzaron 7.940 granadas lacrimógenas, 800 granadas aturdidoras y 339 granadas de tipo GLI-F4 (municiones explosivas), 776 cartuchos de pelotas de goma, así como cañones con 140.000 litros de agua. El balance provisional, y seguramente no exhaustivo, correspondiente solo el periodo que comprende desde el 17 de noviembre de 2018 al 7 de enero de 2019, muestra 6.475 arrestos y 5.339 detenciones preventivas.

Los tribunales dictaron más de mil condenas en todo el territorio nacional. Aunque la mayoría de estas condenas terminan en trabajos comunitarios, muchas son sentencias de cárcel. Además, existen 153 órdenes de arresto (lo que implica encarcelamientos), 519 citaciones judiciales y otras 372 en correccionales… En París, 249 personas fueron juzgadas en comparecencia inmediata, 58 condenadas a prisión, 63 a penas de prisión condicional... En el departamento francés de Reunión, la media de sentencias firmes de prisión para los chalecos amarillos locales es de ocho meses. A fecha del 10 de enero de 2019, unas 200 personas vinculadas a estos acontecimientos seguían encarceladas en Francia.

La legitimidad de las reivindicaciones populares

En muchos aspectos, las reivindicaciones de los chalecos amarillos son similares a las de los trabajadores. Exigen la mejora inmediata y concreta de las condiciones de vida, la revalorización del poder adquisitivo de los ingresos (salarios, pensiones, subsidios...), el fortalecimiento de los servicios públicos, la participación del pueblo en las decisiones relativas a su futuro colectivo... Dicho de otra manera, una puesta en marcha efectiva, sobre todo, de los derechos económicos, sociales y culturales, así como el derecho del pueblo a decidir sobre su futuro. Al exigir más justicia social, respeto a los DDHH y democracia económica y política, estas reivindicaciones son rotundamente legítimas y cuentan con un gran apoyo de la población.

La madre de todas las violencias, la que debe cesar urgentemente y contra la cual las personas se ven obligadas a defenderse, tal y como lo recoge la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, en el preámbulo de la constitución francesa, es aquella que genera la imposición de las medidas neoliberales desleales, despiadadas, antisociales y antidemocráticas; aquella que, en el silencio de los ajustes de precios de los mercados capitalistas, hace que las personas sin hogar mueran de frío, empuja a los agricultores endeudados al suicidio, destruye a las personas y a sus familias al privarlos de empleos, cortándoles la electricidad, expulsándolos de sus hogares; aquella que, por falta de recursos, obliga a los jubilados a dejar de calentar sus hogares o a sus hijos a saltearse una comida; aquella que acaba con toda solidaridad, cierra las escuelas, centros de maternidad u hospitales psiquiátricos, sumerge en la desesperación a pequeños comerciantes y artesanos que se hunden bajo las cargas, ahoga a los trabajadores que no pueden llegar a fin de mes...






31 marzo, 2019

“El mundo no puede permitir que el drama de la guerra de la OTAN contra Yugoslavia sea olvidado por el silencio de quienes fueron actores y cómplices importantes de aquel brutal genocidio”




Veinte años de la agresión de la OTAN a Yugoslavia

Artículo completo en → EL SALTO – 24/03/2019

La campaña de bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia comenzó un 24 de marzo, hace 20 años. Se extendieron durante 78 días y causó al menos 1.200 muertos. Se arrojaron 9.160 toneladas de bombas. Entre 10 y 45 de aquellas toneladas contenían uranio empobrecido. Pero el mayor daño fue a largo plazo: cambió para siempre las reglas de juego de un nuevo mundo donde EE UU ya no tenía contrapeso.

“Un grupo de aviones enemigos se acerca a Belgrado. Pedimos a todos los ciudadanos que apaguen las luces. Después de haber apagado las luces, les rogamos que desconecten la electricidad. Atención, un grupo de aviones enemigos en dirección Belgrado. Ciudadanos, permaneced en los refugios y esperad a las recomendaciones del centro de información. Fin del comunicado”. El mensaje, escribe Jutta Ditfurth, “no es de 1941, cuando Alemania atacó a Yugoslavia y la destruyó, sino de 1999: 54 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, Alemania participaba por primera vez en una guerra”.

La campaña de bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia comenzó tal día como hoy hace 20 años. Belgrado, Priština, Novi Sad y Podgorica fueron los primeros objetivos. La operación —en la que además de militares se bombardearon objetivos civiles, como los estudios de la Radio Televisión Serbia, en los que murieron 16 personas— se extendió durante 78 días y causó al menos 1.200 muertos. Se arrojaron 9.160 toneladas de bombas. Entre 10 y 45 de aquellas toneladas contenían uranio empobrecido, cuyos efectos sobre el medio ambiente y la salud de quienes se vieron expuestos son difíciles de evaluar.

El origen declarado de aquella operación sin precedentes era evitar una limpieza étnica en la provincia de Kosovo y Metohija, para la que las autoridades militares yugoslavas supuestamente habían diseñado en un plan llamado ‘herradura’, tras un incidente poco claro que acabó pasando a la historia como ‘la masacre de Račak’.

La existencia de este plan, sin embargo, ha sido repetidamente cuestionada —también la autoría de la propia ‘masacre de Račak’—, como tantos otros argumentos presentados por los Estados de la OTAN para justificar su intervención y recogidos en un documental de la televisión alemana WDR del año 2000 titulado, significativamente Comenzó con una mentira (Es begann mit einer Lüge).

De acuerdo con el relato de la Alianza Atlántica, la negativa del Gobierno yugoslavo a firmar los acuerdos de Rambouillet no dejó otra opción que la intervención, ya que Slobodan Milošević “no entendía otro lenguaje que el de la fuerza”. Hoy sabemos que aquellos acuerdos probablemente estuvieron redactados para ser rechazados por las autoridades yugoslavas, ya que exigían, por ejemplo, la presencia de un contingente de 30.000 soldados de la OTAN en su territorio a los que Belgrado debía garantizar el permiso de tránsito y plena inmunidad. “Fue una provocación, una excusa para comenzar el bombardeo […] fue un documento que nunca tendría que haberse presentado en aquella forma”, declaró años después Henry Kissinger en The Daily Telegraph.

Además de la historia reciente de Yugoslavia, caracterizada por una política internacional autónoma —fue fundadora del Movimiento de países no-alineados— y un modelo económico alternativo al capitalismo existente, “con la guerra, la OTAN siguió también el plan de marginar a Rusia de la competición mundial y enviar a China una señal de advertencia”, explica Ditfurth en Krieg, Atom, Armut. Was sie reden, was sie tun (Rotbuch, 2011), su libro sobre Los Verdes. “Se trataba entonces, y sigue tratándose hoy”, continuaba, “de las diferentes rutas hacia Asia Central, de las rutas hacia las materias primas, también a través de los Balcanes”.

El objetivo, precisaba la autora, “son los ingentes recursos naturales en forma de oro, uranio y hasta 30.000 toneladas de petróleo que se encuentran entre Turquía, el centinela de la OTAN en Oriente Próximo, y China y los territorios en torno al mar Caspio”. “También la guerra contra Yugoslavia puede interpretarse como una medida para complementar la nueva tenaza de la OTAN que se extiende desde los estados bálticos en el norte por Polonia, la República checa y Hungría hasta Grecia y Turquía”, escribía Elmar Altvater. De este modo, seguía, “se rodea a Rusia, creando al mismo tiempo un puente desde Europa occidental a Oriente Próximo y Medio”.

Altvater recordaba que en la antigua Yugoslavia “se instalaron importantes bases militares estadounidenses decisivas para la estrategia mundial de dominio imperialista de las regiones petrolíferas de Asia Central hasta África, pasando por Oriente Medio y Próximo”. Una de esas bases es, como es notorio, Camp Bondsteel en Kosovo, capaz de alojar a 7.000 soldados estadounidenses. Más recientemente, Croacia fue utilizada por la CIA como base para crear un puente aéreo para el transporte de armas procedentes de Arabia Saudí, Jordania y Qatar a los islamistas que luchaban contra el gobierno sirio.

Aquel bombardeo no tuvo solamente importantes consecuencias para la región, sino que los efectos políticos de su onda expansiva se dejan notar hasta el día de hoy. No es ninguna exageración afirmar que, cuando el 23 de marzo el entonces secretario general de la OTAN, el español Javier Solana, dio instrucciones al general estadounidense Wesley Clark para iniciar la operación contra Yugoslavia, el mundo cambió por completo.

EL FIN DEL VIEJO ORDEN MUNDIAL

En efecto, aquel día de marzo EE UU y sus aliados dinamitaron los cimientos de la arquitectura mundial de posguerra. La OTAN llevó a cabo el bombardeo sin contar con una autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, por lo que puede considerarse, en arreglo a la Carta de las Naciones Unidas, como una agresión contra un Estado soberano. En este sentido, cabe recordar que la sentencia del Tribunal de Nuremberg contra la cúpula del nazismo del 30 de septiembre de 1946, que sirvió de base para el derecho internacional posterior, afirma que “iniciar una guerra de agresión, en consecuencia, no sólo es un crimen internacional, sino que es el crimen internacional supremo, que se diferencia de los otros crímenes de guerra en que contiene, en sí mismo, el mal acumulado de todos ellos”.

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24 marzo, 2019

Marcadores químicos: un paso más hacia el control totalitario de la población.





PRES.O.S. - 24/03/2019

El lanzamiento de marcadores químicos contra los ‘chalecos amarillos’ en las manifestaciones — Juan Manuel Olarieta

Los “chalecos amarillos” y los transeúntes se han convertido en conejillos de Indias de uno de los primeros experimentos con marcadores químicos para seres humanos cuyo efecto sobre el organismo es muy poco conocido.

Para el gobierno francés se trata de “productos químicos codificados” e inofensivos que impregnan la piel, el cabello y la ropa de las personas a las que se dirigen durante un período que va de varias semanas a décadas.

Esta técnica represiva se ha utilizado muy pocas veces contra seres humanos. Su empleo ha sido reconocido en la 18 semana de protestas de los “chalecos amarillos”. Los marcadores químicos se difunden tanto en los cañones de agua como en los gases lacrimógenos.

Además de ellos, también se han detectado sustancias sicotrópicas en los gases CS, lo que convierte a la represión de los “chalecos amarillos” en un experimento a gran escala de nuevas técnicas de represión política.

Estas técnicas se han desarrollado en Gran Bretaña y son ampliamente utilizadas en Israel, donde los presos palestinos afirman haber contraído varios tipos de cáncer como resultado del marcado de su ADN o el uso de otras técnicas de control social que implican nanopartículas que pueden haber dañado el material genético de las células de su cuerpo.

El gobierno francés ha admitido usar marcadores químicos contra los manifestantes como un experimento durante las manifestaciones del 1 de mayo de 2018, sin advertir a la población de que eran objeto de un experimento.

Los defensores de tales técnicas aseguran que los productos de marcado de ADN o ARN no suponen ningún peligro para la salud.

Sin embargo, en 2014 la policía de Ucrania experimentó con bombas de gas que contenían LSD suministradas por una empresa israelí contra manifestantes en Kiev y el resultado fue catastrófico: algunos comenzaron a sufrir convulsiones violentas antes de lanzarse contra los vehículos de la policía, lo que requirió el uso de munición real para detenerlos.

En Brasil la policía experimentó en 2016 con productos químicos contra manifestantes, pero salió mal y la policía finalmente tuvo que reducir la protesta mediante el uso de armas de guerra. La sustancia química utilizada se asemejaba a una droga neurotóxica.

En Israel algunos gases utilizados contra los palestinos contienen alucinógenos y LSD, además de alteradores endocrinos para hacer que los manifestantes sean más violentos y justificar así el uso de francotiradores y fuego a muy alta velocidad (balas de aleación especial con una velocidad inicial de 1.200 metros por segundo).

Los gases que utiliza la policía en Francia incluyen CS (2-clorobencilideno malononitrilo), que es irritante. Recientemente han añadido también neurotóxicos que pueden alterar la capacidad de percepción y la conciencia.

Otros tipos de nanopartículas se utilizan cada vez más en las cargas policiales, pero su uso sigue siendo secreto porque incluso los policías que las utilizan no siempre saben la naturaleza de la munición.

Con el marcado químico de los manifestantes, el gobierno francés da un paso más en el control de las personas, hasta las raíces de su cabello y su ADN.

El lanzamiento de marcadores químicos contra los manifestantes

Tras una reunión urgente del Consejo de Ministros convocada por la crisis de los “chalecos amarillos”, el Primer Ministro Edouard Philippe anunció nuevas medidas represivas de última generación, además de las antiguas, como el empleo de drones y los marcadores químicos codificados (PMC).

Hasta ahora los marcadores se habían utilizado para prevenir los atracos a bancos y furgones blindados, señalizando los billetes con tinta indeleble.

Pero la técnica ha introducido una novedad, los objetos de marcado codificado, que son dispositivos químicos indetectables a simple vista, inodoros e incoloros, que permiten marcar tanto las propiedades, como las personas y los lugares.

Es un verdadero ADN sintético que permite, por ejemplo, marcar objetos valiosos e identificar así el origen de la propiedad de un robo, señalizando al autor del delito.

Los PMC imprimen un código de identificación único. Asociado con el despliegue de estos dispositivos, la policía interviene principalmente en las etapas cruciales del revelado de la marca y el descifrado del código asociado. Con lámparas ultravioleta, la policía controla la marca y garantiza así la prueba material del delito.

En 2015, el municipio de Aubagne, en Francia, distribuyó cerca de 700 unidades a los vecinos. En Marsella los centros comerciales están equipados con estos marcadores. En caso de atraco, las alarmas y los radares de presencia los dispersan automáticamente, aunque también se pueden activar manualmente.

La instalación de sistemas de dispersión en centros comerciales tiene un doble objetivo. Por un lado disuade a los atracadores mediante la colocación visible de señales en el área protegida, de la misma manera que las cámaras de vigilancia. Por el otro, marca a todas las personas y cosas que están en dicha zona.

La piel del autor queda impregnada durante varias semanas, su pelo durante seis meses y su ropa de por vida. Puede ser localizado en cualquier momento, durante un control rutinario en carretera o en su casa. Para ello basta con proyectarle luz ultravioleta.

Naturalmente, además de los ladrones, también quedan marcados los clientes, los trabajadores, los niños… todos los que están en el escenarios del crimen.

La técnica PMC se ha extendido a los cables eléctricos, las obras de arte y los vehículos. Las empresas productoras garantizan la unicidad del código asociado al marcado. Al consultar la base de datos de los proveedores, un objeto marcado, denunciado como robado, puede ser devuelto a su propietario resaltando el producto marcado codificado, incluso después de varios años.

Lo que se empezó aplicando a los delitos, se ha extendido a los derechos, como el de manifestación, permitiendo a la policía identificar a quienes acuden a las manifestaciones y a quienes pasean por la calle. Pero, ¿quien es capaz de diferenciar a uno de otro?
______

19 marzo, 2019

GILETS JAUNES: «ON N'EST PAS DES HAINEUX» —— Acte 18 ● Toulouse ● Bordeaux ● Lille ● Lyon ● Montpellier ● Nantes ● ● ●



Según los medios de (des)información de la clase dominante, 
en Francia "no pasa nada". Se limitan a emitir
las cansinas consignas de sus rídiculas marionetas 
políticas (a ver si cuela), a atiborrarnos de fútbol
o peor aún, a arrojarnos al vomitivo plató 
de las tertulias. 
Está claro que la policía no es la única
que nos gasea y aturde.


●

«El movimiento de los Gilets Jaunes es una protesta social transversal, sin patrocinios políticos ni sindicales. Como no hay posibilidad de “recuperar” al movimiento para el mundo político oficial, ni siquiera en sus márgenes, la mayoría mediática, que tiene horror al vacío, opta por recurrir a la etiqueta maldita: son “extrema derecha”. Y no, no es verdad.


“Nadie sabe quiénes son los Chalecos Amarillos ni cómo se están organizando. En realidad los Chalecos Amarillos somos todos”, dice Martial Bild, director de la cadena de televisión independiente TV Libertés. Lo sabían nuestros clásicos: “¿Quién mató al Comendador? Fuenteovejuna, señor”. Por cierto que el panorama de la libertad de expresión en Francia está seriamente erosionado (un estudio reciente señalaba a Francia como el país occidental con menos libertad de expresión) y TV Libertés ha tenido que recurrir a Internet para poder emitir. También esto forma parte del paisaje de crisis que vive el país, de ese creciente divorcio entre los ciudadanos y la clase dominante, clase a la que pertenecen la mayoría de los medios de comunicación». J J Esparza

●

"Tiene usted razón Sr. Macron, esto no es una manifestación,
esto es una sublevación".














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Bandista: Haydi Barikata ● To the Barricades ● A las Barricadas ● Στα οδοφράγματα ● Alle barricate




Versión turca de "A las barricadas"



17 marzo, 2019

GILETS JAUNES : ACTE XVIII - L'EXPLOSION








Cartografiar las insurrecciones implica los mismos razonamientos y postulados de predicción conductual que el marketing.


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Leer artículo completo en → Cáncer capitalista

La inteligencia artificial no se usa solo para controlar y manipular lo que hacen los individuos aislados sino, sobre todo, para vigilar, controlar y manipular sociedades. Se trata de automatizar mediante algoritmos (como el Integrated Crisis Early Warnig System, que explora los megadatos de diversos países y sus poblaciones cartografíando las sociedades según su mayor o menor grado de estabilidad) la detección de la inestabilidad social o el peligro de insurrección. Se han diseñado modelos denominados “radares sociales” para predecir la evolución del comportamiento de amplios grupos sociales, detectando los cambios de humor o de opinión en el seno de las poblaciones susceptibles de influir en el curso de los acontecimientos y poder intervenir (con campañas de propaganda o operaciones psicológicas Psyop) en tiempo real. La imbricación estado-empresas privadas es total. Después de todo, cartografiar las insurrecciones implica los mismos razonamientos y postulados de predicción comportamental que el marketing.

El cúmulo de datos de comportamiento no solo debe ser abundante, sino también variado. El Big Brother monopolista requiere extender las operaciones de extracción del mundo virtual al mundo real, donde vivimos nuestra vida "real". El espía monopolista espía en las carreteras, en los parques, a través de las ciudades. Accede a nuestro sistema sanguíneo, a nuestra sala de estar, a nuestros más mínimos desplazamientos, a nuestro refrigerador, a nuestra aspiradora ( modelo Roomba con el que Google que cartografía cada rincón de nuestro hogar), etc. Más de 100 millones de mujeres jóvenes están siendo espiadas a través de apps (Flow, Ovia, Glow, …) gratuitas que monitorizan sus ciclos menstruales, tests de ovulación y su actividad sexual, datos de gran valor en el mercado del comportamiento.

Para obtener predicciones de comportamiento muy precisas y, por lo tanto, muy lucrativas, deben poder acceder a nuestras características más íntimas. Espían nuestra personalidad, nuestros estados de ánimo, nuestras emociones, nuestras mentiras y nuestras fragilidades. Todos los niveles de nuestras vidas personales se capturan y comprimen automáticamente en un flujo de datos. El objetivo es poder influir en nuestro comportamiento como trabajadores, consumidores o votantes.

Escribes algo en la barra de búsqueda de Google y de inmediato comienzas a ver anuncios que te parecen familiares en todas partes. A veces ni siquiera necesitas buscar: Google ya ha triangulado tus deseos según tus correos electrónicos, tus características demográficas, tu ubicación.

Para penetrar más en nuestra intimidad Google y Amazon ya disponen de nuevas patentes para la tecnología de hogares inteligentes, para que los usuarios abran su hogar a sus marcas registradas de grabaciones ilegales. Google ha presentado una serie de patentes para recopilar datos de audio en el hogar. Las patentes permitirían a los dispositivos domésticos inteligentes habilitados con el Asistente de Google inferir el comportamiento en función de lo que escuchan: el cepillado de los dientes, la apertura de la puerta de un refrigerador. Incluso pueden estimar su estado de ánimo según la presencia de voces elevadas o insultos.

Propaganda de Echo: "El Amazon Echo se conecta a Alexa, un servicio de voz ubicado en el Cloud, para reproducir música, realizar llamadas, configurar alarmas y temporizadores, hacer preguntas, obtener información sobre el tiempo, el tráfico y los resultados deportivos, gestionar listas de tareas y de la compra, controlar dispositivos de Hogar digital compatibles y mucho más."

Estos hogareños dispositivos expanden las áreas en las que tu comportamiento ya está registrado desde tu teléfono, Tablet o portátil, a tu mismo dormitorio.

Los sistemas de vigilancia del hogar, como Nest de Google o Ring de Amazon, aunque registran lo que hacen sus clientes, también monitorizan, sin su consentimiento, a otras personas: transportistas de correo, trabajadores de distribución de alimentos, vecinos, etc.

La opacidad es la regla. Las empresas a menudo no revelan qué tecnología contienen sus productos, y además el software que contienen puede ser reconfigurado a placer por el suminstrador (atualizaciones) y los dispositivos se pueden recalibrar para nuevos usos, y los datos que recopilan se pueden utilizar de maneras que los clientes no suscribieron.

Google tuvo que disculparse ante los clientes que compraron el sistema de seguridad residencial Nest Secure en 2017. El dispositivo estaba equipado con un micrófono que no figuraba en las características del aparato. Unos pasajeros de American Airlines descubrieron cámaras en las pantallas de TV incrustadas en los asientos.

Empresas bancarias, de viajes, de ventas por internet, hoteles, etc. contratan a empresas de análisis, como Glassbox, Appsee, FullStory, UXCam, que graban las pantallas de los clientes mientras usan sus aplicaciones. El software de Glassbox graba en video las pantallas de los usuarios mientras usan las aplicaciones de las empresas clientes, luego comprime y reproduce el material de archivo para su análisis. Es en un registro de cada pulsación de teclado, todo lo que se escribe, los mensajes de error que ven, la cantidad de tiempo que pasan en cada página, etc.