Torreón
Universitario – 10/02/2021
Resumen
El
imperialismo sigue vivo hoy como hace siglos, aunque con mayor
fuerza. Esto se manifiesta en el aumento de su control sobre las
poblaciones sometidas y su ingente acaparamiento de los recursos
mundiales. Para mantener esta posición emplea también, hogaño como
antaño, la cañonera, la religión y la educación. Dentro de la
educación formal, mayoritariamente estatal, los gobiernos emplean el
sistema educativo como una herramienta más para promover el
imperialismo. Su éxito principal es haber logrado que las
poblaciones sometidas se resignen a su destino.
Introducción
Hace
más de 30 años que el economista Martin Carnoy publicó su libro
titulado
Education as Cultural Imperialism Carnoy (1987), en el que
escribió:
"la
educación formal de Occidente llegó a muchos países como parte de
la dominación imperialista."
Añadió
que esto "era consecuente con los fines del imperialismo: el
control económico y político de la gente de un país por la clase
dominante de otro. El poder imperial intentaba, por medio de la
educación escolar, preparar a los colonizados para las funciones que
convenían al colonizador". Carnoy (1987, p. 13-14).
Esta
situación no ha variado en lo esencial: ni en cuanto al control
citado ni en lo que se refiere a la forma de extender el imperialismo
por doquier. Nadie puede llevarse a engaño. Más bien todo el mundo
lo sabe aunque sólo unos pocos se atreven a decir la verdad en
público y con ello ponerse en peligro.
Esto
es lo que hizo el coronel Muamar al Gadafi en la sede de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU) en su 64ª Asamblea
General, en septiembre del año 2009 y que aquí conviene recordar.
Dijo refiriéndose a la Carta de las Naciones Unidas (de forma muy
extractada):
"El
Preámbulo es muy atractivo, y nadie lo objeta, pero todas las
disposiciones que aparecen después lo contradicen completamente (…).
Se dice que tenemos igualdad de derechos, ya sean nuestros países
grandes o pequeños. ¿Tenemos nosotros el derecho de veto? ¿Somos
iguales? El veto contradice la Carta. (…). En el Preámbulo de la
Carta se afirma que no se deberá recurrir a la fuerza armada, salvo
en interés común pero ¿qué ha sucedido desde entonces? Han
estallado 65 guerras desde la creación de las Naciones Unidas y del
Consejo de Seguridad, con millones de víctimas más que en la
segunda guerra mundial (…) ¿Acaso esas guerras, así como la
agresión y la fuerza que se utilizaron responden al interés común
de todos nosotros? Eso contradice de manera flagrante la Carta de las
Naciones Unidas que firmamos (…). Conceder el derecho de veto de
los miembros permanentes del Consejo de Seguridad a los que tienen el
poder es una injusticia y un acto terrorista, y no deberíamos
tolerarlo. No deberíamos vivir a la sombra de esta injusticia y del
terror. Las superpotencias tienen intereses mundiales complejos y
usan el derecho de veto para proteger esos intereses."
(Ramos, 2016), (Lèvesque, 2013).
Lamentablemente
no se han cumplido todavía sus palabras "Estamos a punto de
enjuiciar a las Naciones Unidas; la antigua Organización llegará a
su fin y surgirá una nueva", la ONU sigue corrompiéndose;
sigue violando la letra y el espíritu de la Carta. Puede señalarse
que la paz mundial y el resto de sus objetivos declarados están más
lejos que nunca.
Desarrollo
Los
medios del imperialismo evolucionan merced a las nuevas tecnologías
y otros recursos a su disposición. El fin no varía como no sea el
de aumentar más su dominio sobre la tierra y paulatinamente también
del espacio exterior.
¿Se
trata solamente de un avance cuantitativo? Desde luego que el impulso
del imperialismo se incrementa, aunque también se puede hablar de un
avance cualitativo en paralelo.
Antiguamente,
era la fuerza de las cañoneras la que imponía la voluntad del
imperialista sobre las ‘razas inferiores’. La educación y la
religión contribuían a que estas se resignaran de alguna manera a
su destino y evitaran ser el objetivo de los cañonazos.
La
educación imperialista estaba destinada a proporcionar a las
poblaciones sometidas los conocimientos que les permitían trabajar
en actividades favorables al imperio y como ‘efecto colateral’
(en el lenguaje imperialista de hoy) ganarse la vida, aunque esto es
meramente instrumental, es decir, en la medida en que contribuía al
primer objetivo.
A
partir de la Segunda Guerra Mundial se produce el fenómeno de la
descolonización, que para resumir en dos palabras se puede afirmar
que su resultado ha enriquecido a las metrópolis y empobrecido a las
colonias, (Descolonización, 2019).
Esto
es así porque debido al coste pagado en el pasado por las naciones
colonizadas y expoliadas en vidas humanas y bienes, estas aún no se
han repuesto, (Naciones Unidas y la Descolonización, 2015).
Tanto
ha sido el éxito del imperialismo que no solamente no se ha
producido su fin, sino que evoluciona a toda marcha y de esta forma
lo mismo el daño y el perjuicio.
Es
recomendable detenerse en el título de la citada "Declaración
sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos
coloniales" y en el breve texto previo a la declaración
propiamente dicha.
El
primer párrafo de la Declaración reconoce que "La sujeción de
los pueblos a una subyugación, dominación y explotación
extranjeras constituye una denegación de los derechos humanos
fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y
compromete la causa de la paz y de la cooperación mundiales".
El
conjunto es un alambique tan absurdo y fingido que muestra la enorme
disparidad de fuerzas entre los dos bandos y anticipa lo que faltaba
por llegar.
Lo
que ocurrió en realidad en la etapa posterior a la Declaración fue
un simple cambio de nombre: de colonialismo a neocolonialismo, con el
que se entendía que los países recién liberados lo eran
políticamente pero no económicamente.
Ese
desabrido término dio lugar a otro, el cual sigue presente en la
actualidad: ‘globalización’. Quizás algún día se escribirá y
se estudiará que esto no es más que el envoltorio de un caramelo
envenenado, pues la descripción de sus resultados se ajusta
perfectamente al primer párrafo de la Declaración 1514.
El
colonialismo, aunque levemente, había recibido una reprimenda en la
sede de la ONU por parte de la mayoría de sus países miembros, pero
aquella minoría colonialista tenía una respuesta fácil: cambiar el
nombre y dejar que la realidad siguiera su curso, es decir,
permaneciese bajo su control.
Esta
perversión del lenguaje se usa desde entonces ad nauseam. En el Foro
Boao de Asia, celebrado en abril de 2018, el Secretario General de la
ONU, António Guterres, afirmó que "estoy profundamente
convencido de que la globalización es irreversible (…) ha traído
muchos beneficios", (At Asian forum, UN chief calls for more
equitable globalization, urgent action on climate change, 2018).
Es
cierto que añadió: "El mundo debe actuar para extender los
beneficios de la globalización de forma más equitativa" (At
Asian forum, UN chief calls for more equitable globalization, urgent
action on climate change, 2018), lo cual es una falsedad, ya que la
riqueza producida, mucha o poca, no se distribuye de forma equitativa
como lo muestra la distancia creciente entre los que más poseen y
los que menos.
La
mejora continua de la propaganda, la publicidad y los medios de
comunicación de masas fue y es de mucha utilidad. Esto tiene interés
recordarlo antes de pasar al papel de la educación, porque es
razonable argumentar que el mayor éxito de la globalización no es
haber conseguido que los ricos sean más ricos y que los pobres sean
más pobres, sino que gracias a esos medios y sus mensajes que les
narcotizan y alienan, estos se encuentren resignados.
Obviamente,
es discutible el número de los que se resignan, los que la aceptan
con mejor o peor disposición y cuántos activamente resisten. Lo que
es menos discutible es el cruel sufrimiento programado que ocasiona a
millones sin cuento de seres humanos y el dañino impacto que causa
al planeta, conocido desde hace años sin que se haya tomado las
medidas necesarias para detenerlo hasta ahora.
Esto
es un sinsentido cuando el estado de la ciencia y la técnica es el
más extraordinario que ha conocido la humanidad:
Hoy
se puede disparar un misil balístico intercontinental (ICBM por sus
siglas en inglés) con diez cabezas termonucleares para que en poco
más de media hora impacte en un objetivo que está a 15.000
kilómetros de la base de lanzamiento, pero no hay un artefacto capaz
de llevar medicinas y alimentos a poblaciones necesitadas, incluso
aunque se estén muriendo días o meses después de hacerse pública
su situación.
Esto
no parece muy acorde con la Carta de las Naciones Unidas y menos con
el espíritu humanitario más básico, ni siquiera con el sentido
común.
Además
de la labor de los agentes de propaganda (educación no formal) con
las masas, las instituciones escolares (educación institucional)
tienen un papel no menos importante en la propagación y aceptación
de la globalización entre los hijos de esas multitudes.
Desde
hace unos años es habitual encontrar entre las enseñanzas
tradicionales dedicadas a la formación ‘nacional’, para la
‘democracia’ y la ‘ciudadanía’, que reciben los escolares a
lo largo de su permanencia en el sistema educativo obligatorio y más
allá, otras nuevas dedicadas a la globalización, las
‘intervenciones humanitarias’, etc. y también sobre el
‘emprendimiento’ y la ‘educación financiera’.
Unos
ejemplos dan cuenta de lo lejos que ha llegado el imperialismo en el
uso de los sistemas educativos para su propio provecho.
El
sistema educativo en Palestina es un caso extremo por varias razones
conocidas: ocupada militarmente por Israel, sufre la violación
permanente de las leyes internacionales por parte de éste, que
cuenta con el apoyo de la ‘comunidad internacional’, (Velloso,
2002, p. 145-154).
Esto
se traduce en que el sistema educativo sufre las consecuencias como
el resto de sistemas nacionales: sanidad, economía,
infraestructuras, etc., de las agresiones continuas por parte de
Israel que se intercalan entre guerra y guerra: Plomo Fundido
(2008-09) Pilar Defensivo (2012) y Frontera Protegida (2014).
Igual
que estas guerras contra la población civil palestina se presentan
descaradamente ante la opinión pública mundial como ‘defensivas’,
‘operaciones antiterroristas’, etc., otras agresiones más
reducidas pero constantes se presentan así: "la Universidad de
Tulkarem, colocada junto a una instalación militar activa, ha
seguido siendo el escenario de choques entre los estudiantes y el
personal de las Fuerzas de Defensa de Israel." (FDI), (Bureau of
Democracy, Human Rights, and Labor – U.S. Department of, 2016).
Conviene
prestar atención a este pervertido lenguaje: la responsabilidad de
lo que ocurre se coloca en la universidad palestina y no en las FDI
porque según la fuente que informa:
a.
está "colocada" junto a una instalación militar activa,
cuando es esta la que ha ido a establecerse en Tulkarem, población
de Cisjordania, bajo control de Israel como el resto de Palestina;
b.
además se presenta como el agente activo: "sigue siendo el
escenario" en lugar de "sigue siendo objetivo de los
ataques de las FDI", como si fuera la que dispara y no la que es
agredida;
c.
escribir "choques" entre los estudiantes y el "personal
de las FDI" es una mentira superlativa porque los estudiantes
–que son civiles desarmados y protegidos por la ley internacional-
son las víctimas de los proyectiles que disparan los soldados contra
la universidad. Los soldados aparecen como unos simples trabajadores
más de la universidad, como un personal habitual en todas las
universidades del mundo. Puede hablarse de choques cuando hay
proporcionalidad entre los contendientes, pero esto no se corresponde
con la realidad: estudiantes indefensos son agredidos por soldados
dotados de armas de guerra.
Alguien
dirá que existe un proceso de paz entre Israel y Palestina. Cierto,
un proceso de que se inició en Madrid en 1991 y de forma oficial
desde los Acuerdos de Washington firmados entre las partes en 1993 en
Washington, pero dura ya más de 25 años según la segunda cifra y
es más cierto que la ocupación militar israelí sobre Palestina no
se ha terminado, se ha afianzado más y más.
La
principal característica del proceso de paz es su incertidumbre. Es
una incertidumbre inherente, no centrada únicamente en la velocidad
del proceso o en factores coyunturales. Se trata de que las dos
partes en el conflicto tienen objetivos contrarios y trabajan en
direcciones opuestas. Además, los palestinos son la parte más débil
con una diferencia abismal y dependen casi por completo de Israel.
Finalmente,
la ley internacional de aplicación al conflicto, aunque no ha sido
oficialmente abrogada ha pasado a ser irrelevante en la solución del
mismo. La última medida del gobierno de Estados Unidos, anunciada
por su Secretario de Estado ha sido declarar que "el
establecimiento de asentamientos civiles israelíes en Cisjordania,
por sí mismo, no contradice la ley internacional", (BBC, 2019).
Las
autoridades educativas palestinas, los profesores, las familias y los
ciudadanos en general no pueden evitar enfrentarse a este ambiente
esquizofrénico. La incertidumbre respecto de la situación política
en el porvenir no ayuda en nada a la clarificación de los objetivos
educativos ni a la gestión de los planes de enseñanza.
El
problema no está en el sistema educativo: sin el control sobre el
Estado no hay control sobre la educación.
Aunque
la Autoridad Palestina (AP) mediante su Ministerio de Educación,
tiene control nominativo sobre el sistema educativo palestino, carece
de control sobre el destino de la nación palestina. A causa de ello,
a pesar de que el currículum está pensado para contribuir al logro
de los objetivos nacionales, lo cierto es que apenas puede hacerlo.
La
pregunta más sencilla de responder para otro estudiante en cualquier
otro país del mundo es una tarea ímproba para un niño palestino:
¿cuáles son las fronteras y la extensión de tu país? Mejor no
mencionar otras: ¿cuáles son las atribuciones del Estado? ¿Cuál
es el destino de los millones de refugiados a quienes no se permite
volver a sus casas? ¿Por qué los palestinos no tienen un Estado
como lo tienen los israelíes? ¿Cómo han de contribuir los
estudiantes a la construcción nacional y al restablecimiento de sus
derechos nacionales?
El
gobierno palestino no tiene capacidad alguna para solucionar esta
situación típicamente colonialista, así que la única salida que
le queda es distraer la atención de escolares, profesores y
familias, tarea que delegan en las organizaciones no gubernamentales
(ONGs) del imperio, (one.laptop.org, 2010).
Según
la página electrónica de ‘one laptop per child’ (OLPC), "las
autoridades educativas palestinas, la UNRWA (la agencia de la ONU
para los refugiados palestinos) y la Palestinian Education Initiative
(PEI) han colaborado en la campaña internacional OLPC, un ordenador
por niño", (one.laptop.org, 2010).
Así
se publicita la campaña: "El cliente dona 400 dólares y recibe
dos ordenadores portátiles, uno de los cuales va para un niño en un
país en desarrollo", (Shah, 2008).
¿Qué
hay detrás de esta generosidad? Una multinacional: www.amazon.com
¿Quién
es el dueño de Amazon? Jeff Bezos, el hombre más rico del
mundo con 100 mil millones de dólares.
En
diciembre de 2016 Bezos visitó Israel para negocios con la
Universidad de Haifa y con Israel Aerospace Industries (IAI),
(haaretz, 2016). La conclusión es clara: sería ingenuo pensar que
el sistema educativo funciona como si estuviese dentro de una burbuja
impenetrable por el imperialismo. Muchas de las ‘lecciones’ que
este proporciona a niños y jóvenes giran en torno a la violencia
constante y sin fin que incluye asesinatos extrajudiciales y masacres
indiscriminadas; que se dirige contra personas, bienes e
instituciones, testigos internacionales, contra la ley internacional
y contra el porvenir de la población palestina.
¿Cabe
esperar que la educación formal sea capaz de enderezar esta
situación? Apenas puede, su influencia es mucho menor que la no
formal. La enseñanza es que guerras constantes en la zona, muchos
más enfrentamientos menores, ataques y contraataques, la ausencia de
justicia y una violación generalizada de los derechos humanos,
tienen una influencia ‘educativa’ mucho más poderosa que
folletos ministeriales y campañas de organizaciones no
gubernamentales.
Por
otro lado, también la población de los países imperialistas recibe
otra ‘educación’, aunque adecuada a su situación, bien
diferente de la de aquélla.
Hace
120 años el escritor británico Rudyard Kipling escribió para la
Reina Victoria con motivo de su jubileo de diamante un poema titulado
La carga del hombre blanco con un subtítulo ad hoc: Los Estados
Unidos y las Islas Filipinas. En él se alaba la hombría, el
esfuerzo, la dignidad, el altruismo y la sabiduría del colonialista
occidental, que a su parecer emplea en beneficio de los ingratos
salvajes.
Por
inmoral y grosero que a un lector contemporáneo le pueda parecer, la
situación apenas ha cambiado: hoy ya no es un representante
cualificado de la clase imperial el que educa, sino que es el propio
Estado y agencias privadas los que emplean instituciones, personal y
recursos públicos y privados para el mismo objetivo.
La
Federación de Científicos Americanos (FAS por sus siglas en inglés)
fundada en 1945 "tiene la convicción de que científicos,
ingenieros y otras personas con formación técnica tienen la
obligación moral de asegurarse de que los frutos tecnológicos de su
intelecto y esfuerzo se apliquen al beneficio de la humanidad",
(fas, 2019).
Uno
de los estudios de la FAS informa de que "el Programa de
Capacitación del Cuerpo de Oficiales Jóvenes de Reserva (JROTC por
sus siglas en inglés) (usarmyjrotc, 2019) es una instrucción
voluntaria para estudiantes de segunda etapa de secundaria ofrecida
por el Departamento de Defensa (DoD) a través del ejército. Su
objetivo es ‘inculcar en los estudiantes el valor de la ciudadanía,
el servicio a los Estados Unidos, la responsabilidad personal y un
sentido de realización’."
Añade
que hay más 3.000 unidades que operan en cada estado y en institutos
de ultramar del DoD. En el programa hay más de 500.000 estudiantes
matriculados". "La financiación del programa para el año
fiscal 2019 fue de 386 millones de dólares", (Kamar; Arriaga,
2019).
Su
origen está en la ley firmada por el presidente George W. Bush
justamente después de los atentados del 11 de septiembre de 2001:
ley No Child Left Behind, Ningún Niño Desatendido (NCLB, 2001, por
sus siglas en inglés, reemplazada en 2015 por la ley Every Student
Succeeds Act, Todos los Niños Triunfan de 2015):
"Las
escuelas que reciben fondos federales deben dar a los reclutadores
militares el mismo acceso a los estudiantes que se les da a los
representantes de empresas y universidades que buscan trabajadores y
estudiantes respectivamente, lo que incluye los nombres de todos los
estudiantes de la etapa secundaria".
Por
si esto no fuese suficiente, "un informe del US Army War College
(Escuela de Guerra del Ejército de Estados Unidos) aboga por un
reclutamiento sin restricciones, ya que ‘el acceso por parte del
DoD a los estudiantes de secundaria sigue siendo de la máxima
importancia para incrementar la tropa, debido a que la inclinación
al servicio militar decae de forma importante entre los mayores de 18
años’."
El
DoD negocia con empresas especializadas en el tratamiento de datos
para que le provean información sobre los estudiantes de forma que
aquél pueda seleccionar los más adecuados a sus fines (…),
desarrolla videojuegos, cuenta con colaboración de la industria del
cine, por supuesto con la de la publicidad, etc.
Todo
este despliegue de personal y recursos incluye también a los
preescolares, lo que va promoviendo entre las jóvenes generaciones
un pensamiento acerca de la guerra y la milicia como algo excitante y
genial, sin que se mencione lo relativo al trauma y la muerte para
los que está diseñado, (Grey, 2016).18
Para
situar el programa en perspectiva, lo mejor es completar estos datos
y cifras oficiales con el punto de vista de un experto, un veterano
de Afganistán, porque ofrece una visión muy alejada de los
eslóganes, los valores y el orgullo vistos anteriormente.
Rory
Fanning fue un comando del Ejército de Estados Unidos que como
veterano visita institutos en la actualidad, pero no lo hace para
reclutar, sino que lo hace porque en sus charlas en los centros
escolares los estudiantes descubren un mundo del que nadie les ha
hablado, (Fanning, 2019).
Primero
"describe la frustración que sintió con el sistema escolar de
Chicago porque en los barrios más pobres de la ciudad se estaban
cerrando escuelas a una velocidad récord y sin embargo de alguna
manera siempre tenía dinero para completar la financiación del
programa JTROC". (…) Este conocido programa es la gallina de
los huevos de oro para los institutos y los desincentiva de mover la
barca en aguas agitadas."
El
resto es un relato estremecedor de su paso por el ejército y la
guerra, primero durante su formación militar, después durante su
misión en Afganistán, muy esclarecedor de sus consecuencias:
"Me
alisté en los Army Rangers para pagar mis prestamos escolares y
poner mi grano de arena e impedir otro ataque terrorista como el del
11 de septiembre (de 2001) (…) Principalmente creo que los mandos
me entrenaban para decir sí a sus órdenes. El ejército y el
pensamiento crítico no son compatibles". (…)
"El
Ejército daba miles de dólares a cualquiera dispuesto a identificar
supuestos miembros del Talibán y los soldados allanábamos casas a
partir de esa información. Luego comprendí que esa ‘información’,
si es que se le puede llamar así, tenía su fuente en un tipo de
desesperación: la pobreza abyecta de un afgano en busca de cualquier
trabajo para sostener a su familia, le lleva a señalar a cualquiera
a cambio de acceso al profundo pozo de dinero de que dispone el
ejército. En un mundo donde hay pocas fábricas y los empleos
administrativos escasean, la gente hará lo que sea para sobrevivir,
tienen que hacerlo." (…)
"A
menudo echábamos abajo la puerta de una casa y nos llevábamos a un
afgano no por su relación con el Talibán o al-Qaeda, sino porque un
vecino tenía una pendencia con él." (…)
"Mi
compañía ocupó la escuela de un pueblo y el comandante suprimió
las clases indefinidamente porque aquélla era un excelente puesto de
tiro y no había en las zonas rurales de Afganistán un director de
escuela capaz de disuadir al ejército más poderoso y
tecnológicamente avanzado de la historia de que hiciese su propia
voluntad."
"Recuerdo
dos hombres en edad militar que pasaban por la escuela que estábamos
ocupando. Uno de ellos no mostró un nivel aceptable de deferencia
hacia mi primer sargento, así que los detuvimos. Encerramos al
prepotente sujeto en un cuarto y a su amigo en otro. El primero
escuchó un disparo y pensó, tal y como lo habíamos planeado, que
acabábamos de matar a su amigo por no responder a lo que le
preguntamos y que él sería el próximo."
"Estoy
más orgulloso de haber salido del ejército que de cualquier cosa
que hice cuando estaba en él. Mis dos misiones en Afganistán
hicieron que me diera cuenta de que estaba haciendo menos seguro al
mundo. Hoy sabemos que la mayoría del aproximadamente millón de
personas que han resultado muertas desde el 11 de septiembre eran
civiles inocentes, gente que no tenía nada que ver con eso y ninguna
razón para luchar hasta que, como ocurría a menudo, el ejército le
provocaba matando o hiriendo a un familiar que casi siempre no era
más que un inocente transeúnte."
"Entiendo
que el programa es un sustento vital para la guerra permanente de
Washington en Medio Oriente y partes de África. Sus interminables
conflictos sólo se producen porque los estudiantes siguen
matriculándose. Una y otra vez los políticos y las juntas escolares
declaran que sus institutos están sin dinero, no hay dinero para
libros, salarios de los profesores y sus pensiones, comidas
saludables… Sin embargo, en 2015, el gobierno gastó 598 mil
millones en el ejército. Imagínese qué sistema educativo
tendríamos en este país si los profesores recibiesen el mismo
dinero que reciben los contratistas de armamento. (…) Es difícil
luchar en eternas guerras de billones de dólares si los chicos no se
alistan, (Fanning, 2016).
Conclusiones
El
imperialismo sigue su curso hoy como hace siglos. La diferencia
fundamental entre el antiguo y el nuevo es la aplicación de las
nuevas tecnologías a las herramientas de siempre: la cañonera, la
religión y la educación. Su objetivo no varía: el dominio de los
recursos y el control de las poblaciones.
Hoy
el imperialismo aparece disimulado bajo el término globalización,
cuyo mayor éxito no es enriquecer más a los ricos a costa de
aumentar su distancia económica respecto del resto de la humanidad,
sino lograr que sus miembros se resignen a este destino.
La
educación también sigue colaborando en la consecución de aquellos
objetivos, dentro del sistema escolar y fuera también. En aquél se
trata de una educación formal, la cual está principal aunque no
exclusivamente en manos del Estado. Fuera de la escuela se realiza
por otros medios como la propaganda y la publicidad, con el potente
concurso de los medios de comunicación de masas y se conoce como
educación informal.
En
el caso de Israel, que ocupa militarmente desde hace décadas a
Palestina, se evidencia que mediante su ingente labor de propaganda
sobre un supuesto proceso de paz y la inexistencia de violaciones de
la ley internacional por su parte, intenta convencer al mundo de su
posición, lo que incluye a los propios palestinos, una población
tan castigada y debilitada que apenas puede resistir.
El
caso de Estados Unidos expone un país que a pesar de su incomparable
poder económico y militar, necesita que sus gobiernos intervengan de
varias maneras en el sistema educativo para proveer al ejército de
carne de cañón, que será usada en el sometimiento de poblaciones y
el control de sus recursos en cualquier lugar del globo.
En
ambos casos se aprecia que las empresas privadas forman parte de
estas intervenciones estatales en una suerte de alianza en contra de
votantes y consumidores, que es a lo que se ven reducidos en realidad
los que, sin embargo, se creen que son ciudadanos del siglo XXI, a su
juicio mucho más humanizados y avanzados que el de los antiguos
colonizados.
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