21 julio, 2018

Hasta qué punto la patriotería es una fuerza irracional - Neorrabioso





Hasta qué punto la patriotería es una fuerza irracional negativa se demuestra en que en este Mundial, una vez eliminada España, la prensa patria se está volviendo a favor de Bélgica, cuyo seleccionado está dirigido por el ilerdense Roberto Martínez. Pero sucede que Bélgica es, a su vez, el país que acogió a Puigdemont, el demonio de la antiEspaña, detalle que a los diarios deportivos les conviene soslayar en este caso. Tenemos, por tanto, a los diarios patriotas de información general arremetiendo contra Bélgica por dar aire al separatismo, y a la vez tenemos a los diarios patriotas de información deportiva apoyando a la selección de Bélgica porque la conduce un español. De este tipo de contradicciones los patriotismos están llenos y se puede decir que hasta consisten en ellas: recuerdo cuánto me sorprendía de pequeño que en mi libro de historia, en la página izquierda, se me contara con tintes dramáticos el arrasamiento de Numancia y el asesinato-traición a Viriato, víctimas de unas gentes tan malas-malísimas como los romanos, pero cómo, en la página derecha, solo unas líneas después, se celebraba que Séneca, Marcial, Quintiliano, Lucano, Adriano, Trajano o Teodosio fueran españoles (aquellos de españoles no tenían nada, como tampoco lo eran Viriato ni los numantinos, pero cada vez que un patriota se pone a escribir historia, te pinta de rojigualdo hasta las hachas de sílex). O sea que, sin tiempo para odiar a los romanos por sus fechorías, jajajaja, ¡los romanos ya éramos nosotros, y por tanto éramos los buenos, como siempre hemos sido nosotros! Unas páginas después, sucede que llegan otros malhechores, los bárbaros, que acaban con nuestra civilización hispanorromana, pero aquí sucede otro tanto: resulta que uno de esos rufianes, Recaredo, se convierte al cristianismo, ¡y automáticamente los bárbaros pasan a ser buenos y ahora ya no se llaman bárbaros, sino visigodos! ¡Ya semos visigodos y por tanto gentes excelentes! ¡Qué divertida es la historia y el deporte cuando están contadas por patriotas que pueden prescindir de la verdad y la decencia!

●

Lo que me subleva de las entrevistas que se hacen a los inmigrantes para probar su arraigo en España cuando quieren obtener la nacionalidad, es que se les examina sobre algo que es imposible: no existe el arraigo a España, como tampoco existe el arraigo a Euskadi o a Catalunya, porque son territorios demasiado grandes para vivir y conocerlos con un mínimo de precisión. ¡Decir que tienes arraigo en España es como decir que tienes arraigo en la Vía Láctea! ¡Personas que han arraigado en el barrio madrileño de Chamberí quizá no duraran un minuto en una zona rural de Extremadura! El amor a un país que sea más grande que San Marino es un amor simbólico, algo que nos enseñan desde pequeños y que lo llevamos dentro sin hacernos preguntas. En el momento en que un inmigrante consigue trabajo, grupo de amigos o relaciones sociales satisfactorias, ya ha arraigado, nada más que eso es el arraigo: consiste en estar a gusto durante varios años en los dos kilómetros cuadrados donde haces tu vida. No te hace falta para nada saber quiénes son Rafael Alberti, Rocío Jurado o Pau Gasol, ni cuándo caen los San Isidros, ni saber de la paella valenciana, el flamenco o las guerras carlistas. Por otra parte, los mayores patriotas vascos que conocí cuando vivía en Vizcaya eran igual de analfabetos que los patriotas españoles de Madrid: la mayoría de ellos habría suspendido un examen sobre la historia o cultura del país al que tanto presumen de amar. ¡Anda que cuántos españoles no perderían su nacionalidad si se operara con ellos como la Audiencia Nacional, que se la denegó este año a un marroquí de Zaragoza, 17 años trabajando en esa ciudad, por las razones de que “no conoce la cultura, la organización territorial, la geografía, las instituciones y los deportes de España”!

●

Es aterrador, al leer los comentarios de estos vídeos de Youtube, la cantidad de gente que se queja de que se presente a Julio César como un genocida. ¡El daño que hace la mitomanía! No les importa que Julio César matara a un millón de galos y esclavizara a otro millón (entre un total de seis millones), o que dejara morir de inanición a 40.000 mujeres y niños, o que fuera habitual que cortara las manos a los adversarios para darles un escarmiento: todo lo justifican, como siempre, con el socorrido en-aquella-época-todos-eran-así. Jamás podré entender por qué extraña avería de la mente una persona del siglo XXI puede admirar más a Julio César que a Propercio, a Alejandro Magno más que a Diógenes, a Bonaparte más que a Champollion, y lo mismo me ocurre con las admiraciones de algunos miembros de las artes o el pensamiento. Sabido es que Julio César fue admirado por gente de la ralea de Carlos V, Hitler o Mussolini; más incomprensible me parece que fuera admirado por Dante, Nietzsche u Ortega y Gasset.

●

Afirman las ramas centrales de la filosofía que quienes no saben controlar sus pasiones son seres débiles, pero la verdad es justo la contraria: a) que solo controlan sus pasiones quienes carecen de ellas, b) que la pasión es síntoma de energía, y c) que el apasionado siempre ha sido perseguido porque es una persona creadora y cambiante, con una sobrevida que puede volverse peligrosa, pues amenaza con desordenar los rebaños.

●

18 julio, 2018

Cuatro silencios culpables ——————————— Michel Collon / Robert Charvin






18/7/2018

Robert Charvin acusa a la información y la historiografía occidentales de negacionismo y revisionismo.

1. La rehabilitación del fascismo en Letonia. ¿Por qué ningún medio de comunicación occidental señala que en Letonia (nuestro querido y nuevo aliado de la Unión Europea), se demoniza a la resistencia antinazi y se rehabilita discretamente a los fascistas colaboradores de la Segunda Guerra mundial? El aparato judicial de ese país se ha ensañado con un héroe de la resistencia letona, llegando incluso a encerrarle en la cárcel a pesar de tener 75 años. Pero esto ha sido completamente silenciado. ¿Por qué?

2. La utilización por Occidente de pronazis antisemitas en Ucrania. ¿Por qué nuestra nueva aliada rehabilita a los antiguos colaboradores de Hitler? Peor aún: ¿por qué los introduce en una administración nacida de un golpe de Estado y en puestos clave? Y todo ello en medio del silencio de los medios de comunicación, que los bautizan de nuevo como simples “nacionalistas”.

3. La negación del genocidio que Hitler intentó llevar a cabo contra la URSS. Sin embargo, el programa estaba claramente expresado en los textos nazis: considerando a los eslavos como “infrahumanos”, el “Plan Ost” preveía exterminar al 40% de los rusos para dejar el espacio libre al traslado de diez millones de colonos alemanes y germanizados. Aquel programa fue puesto en práctica, pero la resistencia de todo un pueblo lo hizo fracasar. ¿Por qué actualmente se presenta la Segunda Guerra mundial como un asunto entre Hitler y los judíos cuando en realidad hubo varios genocidios?

4. La desvalorización de los verdaderos vencedores de la Segunda Guerra mundial. Esto comienza con la falsificación de la preguerra: ¡se acusa a la URSS de haber sido cómplice de Hitler! Sin embargo, no había dejado de proponerle a los occidentales que se aliaran para cortar el paso al nazismo; pero esta alianza fue rechazada por Londres y París, que pactaron con Hitler en Múnich, aprobaron su alianza con Polonia y le cedieron Checoslovaquia; incitándolo de esta manera para que atacara Europa del Este, y dejar las manos libres en Europa occidental. ¡Cómo se han invertido las responsabilidades!

Y eso continúa con la negación de las víctimas: ¿quién recuerda en Occidente que la URSS perdió 23 millones de ciudadanos, China 20 millones y que las pérdidas británicas representan un 1,8% del total, las pérdidas francesas un 1,4% y las de Estados Unidos un 1,3%? Y esto se concluye en una valorización etnocéntrica y engañosa del desembarco en Normandía o “Día D”, que se presenta como un acontecimiento decisivo, mientras que en realidad Hitler ya había perdido la guerra en 1941, cuando fracasó en la toma de Moscú y se enredó en la trampa soviética, ¡lo que confirmó su derrota en Stalingrado en el invierno de 1942-43!


Pero ya no lo serán - Loam





Seguirán llamándola Tierra
pero ya no lo será.

Seguirán llamándoles océanos,
pero ya no lo serán.

Seguirán llamándoles ríos,
pero ya no lo serán.

Ya no será la lluvia ni las mareas
no serán las nubes.

Los llamarán campos,
pero ya no habrá campos...
solamente un campo
sin tierra, sin ríos, sin árboles, sin flores...
sin animales.

¿Se llamarán humanos?
¿Se llamarán?...



16 julio, 2018

El fin del Imperio – Chris Hedges




The End of Empire – Chris Hedges

traducción: Arrezafe

El imperio estadounidense está llegando a su fin. La economía de EE.UU. está siendo socavada por las guerras en el Medio Oriente y la gran expansión militar en todo el mundo, socavada por los crecientes déficits, los efectos devastadores de la desindustrialización y los acuerdos comerciales globales. Nuestra democracia ha sido secuestrada y destruida por las corporaciones que constantemente demandan más recortes de impuestos, más desregulación e impunidad judicial por los actos masivos de fraude financiero, al tiempo que saquean trillones del tesoro de los EE.UU. en forma de rescates. La nación ha perdido el poder y el respeto necesarios para exigir a sus aliados en Europa, América Latina, Asia y África que cumplan sus compromisos. Si a ello agregamos el creciente deterioro medioambiental causado por el cambio climático, obtendremos la fórmula para una distopía emergente. Supervisando este progresivo deterioro, tenemos en los niveles más altos de los gobiernos federal y estatal una colección heterogénea de imbéciles, estafadores, ladrones, oportunistas y generales belicistas. Y para ser claro, también me estoy refiriendo a los Demócratas.

El imperio seguirá renqueando, perdiendo influencia constantemente hasta que el dólar caiga como moneda de reserva mundial, sumiendo a los Estados Unidos en una paralizante depresión que forzará a una contracción masiva e instantánea de su máquinaria militar.

A falta de una revuelta popular repentina y generalizada, que no parece probable, la agónica espiral parece ya imparable, lo que significa que Estados Unidos, tal como lo conocemos, no existirá en una década o, como máximo, dos. El vacío global que dejamos atrás será ocupado por China, que ya se está estableciendo como un gigante económico y militar, o tal vez habrá un mundo multipolar dividido entre Rusia, China, India, Brasil, Turquía, Sudáfrica y algunos otros estados. O tal vez ese vacío se colme (como escribe el historiador Alfred W. McCoy en su libro En las sombras del siglo americano: ascenso y decadencia del poder global de Estados Unidos) por "una coalición de corporaciones transnacionales, fuerzas militares multilaterales, como la OTAN, y un liderazgo financiero internacional auto-seleccionado en Davos y Bilderberg” que "forjarán un nexo supranacional para reemplazar cualquier nación o imperio".

En todos los campos, del crecimiento financiero y la inversión en infraestructuras a la tecnología avanzada, incluyendo supercomputadoras, armamento espacial y guerra cibernética, los chinos nos están superando rápidamente. "En abril de 2015, el Departamento de Agricultura de EE. UU. sugirió que la economía estadounidense crecería casi un 50 por ciento en los próximos 15 años, mientras que China la triplicaría y estaría cerca de superar a Estados Unidos en 2030", señaló McCoy. China se convirtió en la segunda economía global en 2010, el mismo año en que pasó a ser la principal nación manufacturera del mundo, superando a los Estados Unidos que había dominado la manufactura mundial durante un siglo. El Departamento de Defensa emitió un sobrio informe titulado "Peligro propio: Evaluación de riesgos del Departamento de Defensa en un mundo post-primacía". Descubrió que el ejército de los EE. UU. "ya no disfruta de una posición inalcanzable frente a los competidores estatales" y que "ya no puede generar utomáticamente una superioridad militar local consistente y sostenida en ultramar". McCoy predice que el colapso llegará en 2030.

Los imperios en decadencia abrazan un suicidio casi voluntario. Cegados por su arrogancia e incapaces de enfrentar la realidad de su poder decreciente, se repliegan a un mundo de fantasía donde los hechos duros y desagradables ya no se inmiscuyen. Reemplazan la diplomacia, el multilateralismo y la política con amenazas unilaterales y el contundente instrumento de la guerra.


Este autoengaño colectivo indujo a los Estados Unidos a cometer el mayor error estratégico de su historia, un error que sonó como la sentencia de muerte del imperio: la invasión de Afganistán e Irak. Los arquitectos de la guerra en la Casa Blanca de George W. Bush y la variedad de idiotas útiles en la prensa y la academia, que eran sus cheerleaders [animadores], sabían muy poco sobre los países invadidos, eran increíblemente ingenuos sobre los efectos de la guerra industrial y fueron sorprendidos por el feroz retroceso. Afirmaron, y probablemente creyeron, que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva, aunque no tenían pruebas válidas para apoyar esta afirmación. Insistieron en que la democracia se implantaría en Bagdad y se extendería por Medio Oriente. Aseguraron al público que las tropas estadounidenses serían saludadas por agradecidos iraquíes y afganos como libertadores. Prometieron que los ingresos petroleros cubrirían el costo de la reconstrucción. Insistieron en que el golpe militar audaz y rápido, "conmoción y pavor", restauraría la hegemonía estadounidense en la región y el dominio en el mundo. Propició lo opuesto. Como señaló Zbigniew Brzezinski, esta "guerra de elección unilateral contra Iraq precipitó una deslegitimación generalizada de la política exterior de Estados Unidos".

Los historiadores del imperio llaman a estos fiascos militares, ejemplos de "micro-militarismo", una característica de todos los imperios tardíos. Los atenienses se involucraron en el micro-militarismo cuando durante la Guerra del Peloponeso (431-404 aC) invadieron Sicilia, sufriendo la pérdida de 200 barcos y miles de soldados, provocando revueltas en todo el imperio. Gran Bretaña lo hizo en 1956 cuando atacó a Egipto en una disputa por la nacionalización del Canal de Suez y luego tuvo que retirarse rápidamente, humillada, potenciando así una serie de líderes nacionalistas árabes, como el egipcio Gamal Abdel Nasser, y condenando el dominio británico sobre las pocas colonias restantes. Ninguno de estos imperios se recuperó.

"Mientras que los imperios en ascenso son a veces juiciosos, incluso racionales en su aplicación de la fuerza armada para la conquista y el control de los dominios de ultramar, los imperios decadentes tienden a exhibiciones de poder mal concebidas, soñando con audaces ataques militares que de alguna manera recuperarían el prestigio y el poder perdidos”, escribe McCoy. "A menudo irracionales, incluso desde el punto de vista imperial, estas operaciones micro-militares pueden producir graves hemorragias económicas o derrotas humillantes que tan solo aceleran el proceso que ya está en marcha".

Los imperios necesitan algo más que la fuerza para dominar a otras naciones, necesitan una mística. Esta mística –una máscara para el saqueo imperial, la represión y la explotación– seduce a algunas élites nativas, dispuestas a cumplir las órdenes del poder imperial o al menos a permanecer pasivas, y proporciona una pátina de urbanidad e incluso de nobleza con el fin de justificar ante los nativos los costos en sangre y dinero necesarios para mantener el imperio. El sistema parlamentario de gobierno que en apariencia reprodujo Gran Bretaña en sus colonias y la introducción de deportes británicos como el polo, el cricket y las carreras de caballos, junto con virreyes uniformados y la pompa de la realeza, se vieron reforzados por lo que los colonialistas consideraban la invencibilidad de su armada y su ejército. Inglaterra pudo mantener su imperio unido entre 1815 y 1914 antes de ser forzado a una retirada constante. La retórica de Estados Unidos sobre la democracia, la libertad y la igualdad, junto con el baloncesto, el béisbol y Hollywood, así como la propia deificación de los militares, cautivaron y intimidaron a gran parte del mundo a raíz de la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, tras la escena la CIA utilizó su bagaje de trucos sucios para orquestar golpes, amañar elecciones, llevar a cabo asesinatos, campañas de propaganda negra, difamación, soborno, chantaje, intimidación y tortura. Pero ya nada de esto funciona.

La pérdida de la mística es paralizante. Hace difícil encontrar sustitutos dóciles para administrar el imperio, como hemos visto en Iraq y Afganistán. Las fotografías de torturas, abuso físico y humillación sexual impuestas a los prisioneros árabes en Abu Ghraib inflamaron el mundo musulmán, alimentaron a Al Qaeda y más tarde al Estado Islámico con nuevos reclutas. El asesinato de Osama bin Laden y de otros líderes yihadistas, incluido el ciudadano estadounidense Anwar al-Awlaki, burló descaradamente el concepto de estado de derecho. Los cientos de miles de muertos y millones de refugiados que huyen de nuestras debacles en el Medio Oriente, junto con la amenaza casi constante de drones aéreos militarizados, nos muestran como terroristas estatales. En Oriente Medio hemos llevado a la práctica la inclinación de los militares estadounidenses por las atrocidades generalizadas, la violencia indiscriminada, las mentiras y los errores de cálculo, acciones que condujeron a nuestra derrota en Vietnam.


La brutalidad llevada a cabo en el exterior se combina con una creciente brutalidad en el propio país. Policías militarizados abaten mayormente a pobres de color desarmados y colman las cárceles de un sistema penitenciario que mantiene encarcelado a un disparatado 25 por ciento de los prisioneros del mundo, aunque los estadounidenses representan solo el 5 por ciento de la población mundial. Muchas de nuestras ciudades están en ruinas. Nuestro sistema de transporte público es un caos. Nuestro sistema educativo, en fuerte declive, está siendo privatizado. La adicción a los opiáceos, el suicidio, los tiroteos masivos e indiscriminados, la depresión y la obesidad mórbida, afectan a una población que ha caído en una aguda desesperación. La profunda desilusión y la rabia que condujeron a la elección de Donald Trump –una reacción al golpe de estado corporativo y debido a la pobreza que aflige al menos a la mitad del país– han destruido el mito de una democracia que funciona. Los tweets y la retórica presidencial celebran el odio, el racismo y la intolerancia y provocan a los débiles y vulnerables. En un discurso ante las Naciones Unidas, el presidente Trump amenazó con aniquilar a otra nación [RDPC] en un impúdico acto de genocidio. Somos objeto mundial de ridículo y odio. Lo que el futuro presagia se expresa en la masiva irrupción de películas distópicas, películas que ya no pretenden perpetuar las supuestamente excepcionales virtudes estadounidenses o el mito del progreso humano.

"La desaparición de los Estados Unidos como poder global preeminente podría llegar mucho antes de lo que nadie imagina", escribe McCoy. "A pesar del aura de omnipotencia que suelen proyectar los imperios, la mayoría son sorprendentemente frágiles, carecen incluso de la fuerza inherente de un modesto estado-nación. De hecho, un vistazo a su historia debería recordarnos que los más grandes son susceptibles al colapso por muy diversas causas, con las presiones fiscales como factor primordial. Durante la mayor parte de dos siglos, la seguridad y la prosperidad de del país ha sido el objetivo principal de la mayoría de los estados más estables, que prescindieron de aventuras foráneas o imperiales asignando a la defensa nacional no más del 5 por ciento del su presupuesto. Sin el financiamiento que surge casi orgánicamente en el seno de una nación soberana, los imperios son notorios depredadores en su búsqueda incesante de pillaje o lucro: lo atestigua la trata de esclavos en el Atlántico, la codicia belga en el Congo, el comercio de opio en la India británica, la destrucción perpetrada por el Tercer Reich en Europa o la explotación soviética de la Europa del Este".

Cuando los ingresos se reducen o colapsan, señala McCoy, "los imperios se vuelven frágiles".

"Tan delicada es su estructura de poder que, cuando las cosas empiezan a ir realmente mal, los imperios se precipitan regularmente con una velocidad terrible: solo un año para Portugal, dos años para la Unión Soviética, ocho años para Francia, once años para los otomanos, diecisiete para Gran Bretaña, y, con toda probabilidad, solo veintisiete años para Estados Unidos, contando desde el crucial año 2003 [año en el que Estados Unidos invadió Iraq]".

Muchos de los 69 imperios estimados que han existido a lo largo de la historia carecían de un liderazgo competente en su declive, habiendo cedido el poder a monstruosidades como los emperadores romanos Calígula y Nerón, en los Estados Unidos, las riendas de la autoridad pueden estar al alcance de los primeros en una lista de depravados demagogos.

"Para la mayoría de los estadounidenses, es probable que la década de 2020 se recuerde como una década desmoralizante de aumento de los precios, de salarios estancados y de una disminución de la competitividad internacional", escribe McCoy. La pérdida del dólar como moneda de reserva mundial hará que EE. UU. no pueda pagar sus enormes déficits vendiendo bonos del Tesoro, que se verán drásticamente devaluados. En ese momento, habrá un aumento masivo en el costo de las importaciones. El desempleo se desbordará. Los enfrentamientos internos –a los que McCoy irónicamente denomina "cuestiones insustanciales"– alimentarán un peligroso hipernacionalismo que podría transformarse [que se ha transformado ya] en un fascismo estadounidense.

Una élite desacreditada, sospechosa y paranoica en una era de decadencia, verá enemigos en todas partes. La gama de instrumentos creados para la dominación global, la vigilancia masiva, la restricción de las libertades civiles, las sofisticadas técnicas de tortura, la policía militarizada, el sistema penitenciario masivo, los miles de drones y satélites militarizados, serán empleados en la propia nación. El imperio colapsará y el país se consumirá a sí mismo y consumirá nuestras vidas si no arrebatamos el poder a quienes gobiernan el estado corporativo.

__________________________________________

El fin del Dólar americano y el colapso de U.S.A.





🌏 China da un paso decisivo para acabar con el petrodólar

🌏 La hegemonía del dólar en el sistema financiero mundial no puede durar eternamente. Tarde o temprano acabará, opinan varios expertos.


14 julio, 2018

“Vacaciones sin cámara no son vacaciones” (O la condición audiovisual del Turismo) – Isabel Escudero







Las señales más inequívocas que marcan la identidad del turista es que, independientemente de su sexo, edad, o condición, es un viajante que carga con una camarita de fotos o de vídeo, o las dos, alternativamente o al mismo tiempo. Se trata de ir visualizándolo todo y almacenándolo, aplazándolo para un futuro ideal donde aquello que se mira pero no se ve (porque desde luego el que mira difícilmente ve, pero más imposible es aún que vea si se filma o graba) pueda ser visto después ya desactivado de cualquier temblor o descubrimiento imprevisto, ya asimilado y domesticado, en condiciones inofensivas: tranquilamente en casa y en papel o pantallita para que así cualquier cosa, paisaje o rostro, sea lo más parecido al reclamo publicitario que ya aparecía en el anuncio o el folleto donde se te incitaba a ir al sitio que fuera. Con lo cual se ha conseguido cerrar el ciclo sin que pase nada: lo que se ha conseguido es reproducir por cuenta y gasto del viajante lo que ya estaba en el folleto y para lo cual no hubiera hecho falta que moviésemos un solo pié. En eso ha consistido básicamente su viaje, en la ilusión de un futuro vacío. Es como si los ojos ya hubieran perdido su función primordial de ver y tal función es sustituida por un mirar mediado a través de un vidrio o pantallita que aplaza la visión directa y el descubrimiento de cualquier cosa imprevista. 

Esta impostura, esta sustitución del viaje y las viejas curiosidades del mundo desconocido, por la apropiación audiovisual de cualquier cosa, ya se inició hace varias décadas con la imposición de la fotografía y la compra de cámaras fotográficas. Aquel primer slogan publicitario para nuestros padres “Vacaciones sin Kodak no son vacaciones” no ha hecho más que progresar y refinarse; y ya no se trata de aquello de la foto y el álbum para enseñar a los amigos, algo relativamente inocente si lo comparamos con la depredación actual de la captura audiovisual En mi último viaje a Roma me atreví a visitar de nuevo y no sin miedo la Capilla Sixtina tras veinte años desde mi última visita. El Vaticano, que es experto en los negocios del alma, sabe que, en el progreso del régimen tecno-democrático, las almas y sus cuerpos son entes audiovisuales por excelencia y así autoriza e invita –eso sí, sin flaxes– a la toma fotográfica y digital de la gloria eterna; porque si la fe de la vieja religión se asentaba en aquello de “creer en lo que no se ve”, la fe democrática actual bajo el imperio del Audiovisual, se fundamenta en “creer en lo que se ve”, de tal forma que hoy día visión y fe es lo mismos. La Realidad tal y como hoy se nos vende está perfectamente diseñada desde los intereses del Capital por la creación de necesidades falsas a través de la publicidad teniendo en cuenta esta relación indisoluble entre visión y fe.

Esa identidad y retroalimentación mutuas entre visión y fe es también la que mueve en gran parte a las oleadas de turistas de un lado para otro. Si existen Abisinia o Tomboctú, hay que verlo para creerlo, ir hasta allá y verlo con nuestros propios ojos, o sea no verlo sino ir a mirar y fotografiarlo, filmarlo, grabarlo y así ya tenemos los testimonios en conserva, pero eso sí fidedignos e irrefutables de que tales lugares existen ...Y de paso ¡esto en el fondo es lo primero! así me confirmo que yo existo, de que yo soy yo, fulanito o fulanita de tal, y ningún otro porque ¿recordáis aquello de la naranjita de Mairena?: el único modo de que yo sea idéntico a mi mismo es que sea el mismo aquí y acullá, porque es ese movimiento y desplazamiento de mí mismo lo que va a confirmar mi mismidad. ¿Cómo no voy a ser yo si desde Abisinia o Tomboctú llamo a mis parientes y les digo que “Estoy aquí” y así ellos se enteran de que yo, fulanita o fulanito de tal, soy más yo que nunca porque con tanta distancia y en medio de tanta –ahora lo llaman diversidad–siendo el mismo o la misma?

Era de esperar –así lo marcan los tiempos– que a estas alturas de la civilización y del progreso histórico el orden del individualismo personalizado propio de las Democracias desarrolladas el cuidado y hasta obsesión por la identidad personal requiera y use al máximo los mecanismos y operaciones que más contribuyan a la confirmación de esa identidad. Y desde luego no hay nada más eficaz que ese movimiento uniformemente acelerado de las masas de individuos personales sin descanso de un lado para otro. O sea el Turismo. Y a esa condición de Turista es a la que se destina a cualquiera habitante de este lado del mundo, del Régimen del Bienestar. Luego están los otros del otro lado que esos si se mueven en oleadas para alcanzar este paraíso del Bienestar son por razones muy distintas pero desde luego sean las sagradas que sean sus razones y necesidades serán aprovechados como muestras de la diversidad turística. Si no son devueltos como animales a sus míseros lugares originarios serán integrados y asimilados en las grandes Metrópolis como diversidades folklóricas para satisfacer ese otro movimiento del Turismo intraurbano que consiste en ir a comer a un “senegalés” a Lavapies, por ejemplo. Lo cual mueve también su dinerillo. No tanto desde luego como los grandes Tour Operator que son con mucho una de las más potentes maquinarias de mover Capital en el Régimen.

Sin este tráfico constante del ir y venir de las Almas democráticas, el Régimen se caería abajo. Es ese movimiento de dinero y personas el que lo sostiene. Incluso su poderío de ilusión mayoritaria ha llegado a cegarnos de su verdadero carácter de Trabajo. Pero eso sí por gusto y voluntad personal, y además como señal de bienestar y acomodo. Lástima da pensar que ahora que nadie trabaja ya de verdad y que entre esa balumba de cachivaches mecánicos y burocracias perezosas, la mayoría se escurría sin dar un palo al agua, tenga que venir ahora a imponerse el trabajo más cansado, el más disimulado con el envoltorio acaramelado del Turismo, cuando todos, o por lo menos bastantes, (no me digan que no), después de las obligadas y cortitas vacaciones que nos concede el Régimen, estamos deseando llegar a casita para descansar de ellas. Todos sabemos aunque no nos atrevamos a decirlo en voz alta que esto del Turismo es trabajos forzados y que el turista no es más que un esclavo de la última de las penitencias impuestas por el Régimen.
.







13 julio, 2018

viernes, sábado, domingo...



Desfilan ante vosotros y vosotras las fuerzas que os oprimen y lo celebráis vitoreándolas, saludando con admiración a sus mandos y  banderas. Es como tener lepra y rendirle homenaje al bacilo de Hansen.
.


Por qué va este matón tan protegido, cuando es al mundo
al que hay que proteger de él.
.
(Por el mar corre la liebre, por el monte la sardina)
.





Desde tiempo inmemorial, suele ser considerado merito y propiciado por las altas jerarquías el hecho de convertirse en un montón de chatarra amaestrada al servicio de la maquinaria del Estado.
.


“Nuestras derrotas lo único que demuestran es que somos pocos los que luchan contra la infamia. Y de los espectadores, esperamos que al menos
se sientan avergonzados.” Bertold Brecht
.


10 julio, 2018

Antes de que la lepenización de Goldman-Sachs nos robe todas las banderas – Rafael Poch


Ernesto Rodera




La política migratoria de la UE es síntoma de una tendencia y reto para una izquierda sin soluciones

En el lento tránsito de la Unión Europa hacia su fragmentada y disgregada inoperancia, asistimos a la coalición del neoliberalismo con la extrema derecha política. Es lo que bauticé como la “lepenización de Goldman-Sachs”. La cumbre de finales de junio adoptó una política de extrema derecha en materia de refugiados: 1– Refuerzo de las fronteras exteriores de la UE vía la ampliación de las competencias y el presupuesto de Frontex, la agencia europea competente, 2– incrementar la repatriación de emigrantes irregulares estableciendo campos de concentración en África del Norte y en el interior de la UE, instalaciones que llevarán nombres de camuflaje como “centros de control” o “plataformas de desembarco”.

Mientras los jefes de estado europeos alcanzaban –de madrugada e in extremis, como viene siendo habitual– estas resoluciones, la semana se saldaba con por lo menos 220 personas ahogadas en el Mediterráneo, según la estimación de la agencia de refugiados de la ONU. Desde 2014, 16.000 han perdido la vida tratando de alcanzar Europa, unas 35.000 desde el año 2000, según la misma agencia.

Lo peor está por venir

Aunque el actual flujo migratorio hacia Europa no es significativo para un conjunto de 500 millones de habitantes –y comparado con la situación en Líbano o Turquía es francamente insignificante– logra potenciar la “lepenización” política en muchos países a causa del encogimiento del estado social y de la competencia entre pobres autóctonos y pobres foráneos, hasta el extremo de alterar los mapas políticos nacionales.

Lo que comenzó siendo un fenómeno francés con el éxito del Frente Nacional de Le Pen, afecta ahora a muchos países europeos. La novedad es que esta “lepenización” se ha instalado en Alemania. La canciller Merkel, que en 2015 se marcó el brevísimo farol de acoger emigrantes por una mezcla de razones de imagen y de falta de mano de obra, ha visto como en dos años se formaba en su Bundestag el mayor grupo parlamentario de extrema derecha de Europa (92 diputados). La derecha alemana no ha tenido ningún problema en asumir el programa lepeniano, que ha llegado al poder en Italia, en Austria y otros países, bajo el impulso de la retrograda CSU, el partido que gobierna Baviera prácticamente sin interrupción desde antes de que el Partido Comunista Chino llegara al poder en 1949.

Las predicciones y proyecciones del calentamiento global sugieren que el actual problema migratorio dejará de ser anecdótico. Unido a los efectos del belicismo en Oriente Medio, del comercio injusto por doquier y del neocolonialismo bajo otras formas en África y otros lugares, el cuadro es inequívoco.

El vector de esta política apunta hacia una división del mundo en dos categorías, dos castas geográfico-sociales, en la que el estrato superior que podría implicar al 20% de la población del planeta podría vivir en un cuadro de relativa distribución, suficiente para generar un consenso y una fuerza militar capaz de mantener al 80% restante en una posición totalmente subyugada y paupérrima. Evocando este escenario, el sociólogo Immanuel Wallerstein observa con razón que, “el orden mundial que Hitler tuvo en mente no era muy diferente”.

Actuar sobre el conjunto

¿Qué vamos a oponer a eso?, ¿el Open Arms y el elogio infantil del mundo feliz sin fronteras, versión humanitaria de la mundialización neoliberal del capital? Mantenerse en esa posición ha sido, precisamente lo que ha llevado a millones de ciudadanos europeos a emigrar electoralmente a la extrema derecha, desde la izquierda y la socialdemocracia. En Francia y en Alemania (véase la discusión en el último congreso de Die Linke) se comienza a tomar conciencia de algo banal: por supuesto que es inaceptable la política de campos de concentración y el holocausto mediterráneo, pero el problema –no el actual, sino el que nos garantizan las proyecciones futuras y que conduce a esa especie de reedición del mundo hitleriano– es irresoluble sin actuar sobre el conjunto.

Acabar con el orden desorden neoliberal-belicista, dejar de participar en él y romper con las alianzas que lo promocionan, sería el primer artículo del decálogo para cumplir con el mundo.

El antibelicismo habría que conjugarlo con políticas contra el crecimiento crematístico que está en el origen de tales desastres, con el fin de las políticas comerciales basadas en la rapiña y el abuso así como con los regímenes emplazados en el Sur para garantizarlas, con la práctica del multilateralismo en la esfera diplomática, con la denuncia de los acuerdos y relaciones desiguales, con el coto al extractivismo y a la emisión desenfrenada de gases responsables del efecto invernadero, con el respeto y desarrollo de los acuerdos internacionales en la materia, con el cumplimiento del insuficiente compromiso de la ONU de dedicar el 0,7% del PIB a la ayuda al desarrollo, con la prohibición de la venta de armas y la sanción al colonialismo, con la promoción del desarme de los recursos de destrucción masiva comenzando por las cinco potencias nucleares del consejo de seguridad de la ONU, etc., etc.

Solo desde un programa político reformista y humanista que apuntara en esa dirección, podría un estado nacional cerrar sus puertas a los grandes flujos migratorios que están por venir, alegando su compromiso práctico con un mundo viable y la necesidad de preservar su estabilidad interna, sin la cual se pierde toda posibilidad de acción política.

Solo los gobiernos del Norte que cumplan con el mundo podrían cerrar sus puertas al emigrante sin sentir la vergüenza que suscita la presente política hipócrita de la Unión Europea, hablando por un lado de derechos y valores mientras se organizan centros de detención de emigrantes en África y se alimentan las hogueras globales con un modo de vida inviable para todos y sostenido por el militarismo.

La izquierda debería reflexionar sobre cómo abordar esto y dejar de parapetarse en el “open arms” y el “mundo sin fronteras” que nos vendieron los gringos junto con su globalización, un mundo en el que los estados son sustituidos por ONG´s y la política por la manipulable ideología de los derechos humanos.

De la misma forma en que la solución a la desigualdad no es la caridad, sino la nivelación social y una política fiscal acorde, el problema de los emigrantes debe enfocarse en el marco de programas de cambio general. Antes de que la lepenización de Goldman Sachs nos robe todas las banderas.

09 julio, 2018

Pamplona, 8 de julio de 1978 - ERRUDUNEI ZIGORRA!



Texto completo (pdf)→aquí.

Todo comenzó el 8 de julio. Atacaron en el corazón del pueblo navarro, Pamplona en plena fiesta de San Fermín. Al finalizar la corrida de toros, ningún aviso, ninguna advertencia, el comisario Rubio y medio centenar de policías antidisturbios irrumpen en la plaza, ante 20.000 personas atónitas por lo que veían, golpeando y disparando a la multitud hasta desalojar la plaza llena de personas aterrorizadas. Durante las manifestaciones que a continuación surgen espontáneamente en las calles de Pamplona, bajo una indiscriminada y brutal represión, cae muerto por las balas de la Policía Armada, Germán Rodríguez. Era el comienzo de la más grave provocación hasta ahora contra el pueblo de Euskadi. Después siguieron Donosti y Rentería.

El día 11, tras ser disuelta en San Sebastián una manifestación en solidaridad con Pamplona, una ráfaga de metralleta de la Policía Armada segó la vida de Joseba Barandiarián. El día 13 una compañía especial antidisturbios, asola, roba y destroza la localidad de Rentería.

Navarros, guipuzcoanos, vizcaínas y alaveses, todo el pueblo vasco se puso en pie para detener la provocación. Un grito, una exigencia unánime, recorrió las asambleas, manifestaciones y concentraciones, “¡CASTIGO A LOS CULPABLES!, ERRUDUNEI ZIGORRAL!” Conforme Euskadi era más acribillada, más fuerte era la protesta y más viva la llama de la exigencia de responsabilidades. Llama que se fue extendiendo día a día al resto de los pueblos de España.